Capítulo 16
El médico entró en la habitación de buena mañana y bastante animado, iba acompañado de una enfermera con una especie de bandeja. Ace, lo miró de soslayo bajo su sombrero, serio. Apenas eran las 10 de la mañana pero él llevaba despierto casi 4 horas.
-Muchacho, ¿cómo ha pasado la noche Nerumi?-le preguntó el doctor amable.
-Mal.-contestó seco. Le molestaba aquella maldita alegría del practicante en un momento así.
-Bien…-respondió simplemente. Ace se levantó el sombrero con el ceño fruncido. Básicamente no podía creérselo. ¿Cómo podía alegrarse de que su paciente se estuviese muriendo sin más? Por un momento el odio hacia aquella persona que la trataba casi lo hace perder los papeles. Sin embargo debía controlarse, por ella…-me temo que tiene que salir de la habitación-sentenció mientras apuntaba algo en unos informes. ¿Salir? ¿Qué demonios le pasaba al médico?, se preguntó el moreno.
-No voy a salir. No voy a dejarla sola…-"antes acabaría con su vida doctor…" le faltó decir, pero de nuevo, se controló. ¿Dándole órdenes a él? Ni hablar.
-Como su médico exijo inmediatamente que salga de la habitación y se vaya a descansar. ¿O a caso quiere que también le tenga que tratar por falta de sueño?-habló sin mirarlo mientras seguía apuntando. "¿Tú a mí tratarme? No eres más que un incompetente…ni por todo el oro del mundo me pondría en tus manos…", pensó Ace que lo miraba molesto.
-He dicho que me quedo y lo hare.-contestó firme.
-Muy bien en ese caso no tratare a la joven y la dejaré morir. Total, el mundo no se pierde nada y el gobierno me estaría agradecido. Al fin y al cabo son piratas, ¿o me equivoco?-para su desgracia el estúpido doctor era listo. Resoplando y de muy, muy mal humor se llevó la mano al sombrero para ajustárselo mientras salía de la habitación.
-Que conste que lo hago por ella…no porque usted me lo haya dicho.-terminó por decir orgulloso a la vez que cerraba la puerta tras de sí. "Valiente médico chantajista…" pensó.
…
Casi era la hora de la cena de aquel tercer día. En el horizonte el sol se ponía bajo un cielo lleno de colores cálidos. Caminaba por la calle en dirección a la clínica. En sus manos una pequeña cajita envuelta. Se había pasado por el mercado aquella tarde para hacer tiempo. El médico no le había dejado volver a entrar en todo el día. Así que decidió salir para despejarse, que falta le hacía. Y de vuelta de la taberna donde había pagado la habitación y "los destrozos", se pasó por el mercado. Y allí encontró algo que a Nerumi le encantaría. Era una especie de pañuelo trasparente rosa claro para colocárselo en el pelo como si fuera una cinta. Estaba seguro de que le gustaría muchísimo. Alguna vez había visto a Hanon con un pañuelo similar y se dijo que le sentaba bien. Así que ¿por qué no a la hermana?
Nada más llegar subió las escaleras después de pasar por la recepción para ir derechito a la habitación de Nerumi y cantarle las cuarenta a aquel médico que no lo había dejado entrar en toda la tarde. Pero para su suerte, cuando iba por el pasillo se encontró con una de las enfermeras.
-Muchacha.-la llamó.- ¿Y el médico?-la joven lo miró sorprendida.
-¿Eras tú el que acompañaba a la señorita D. Mero?-por un instante aquella pregunta le sonó muy rara. Y por un momento, un terrible presentimiento le sobrecogió el alma.
-¡¿Qué ha ocurrido?-el joven la cogió de los antebrazos y la zarandeó sin pensárselo dos veces. La joven lo miró asustada por un momento. Y calló. Al ver que no decía nada, el pecoso la soltó casi dejándola caer y corrió hacia la habitación como si la vida le fuera en ello…
Nada más abrir y con el corazón encogido, miró estupefacto al médico que le sonreía.
-Al fin te han encontrado muchacho, ¿dónde te habías metido?-observó a Ace que lo miraba nervioso desde la puerta, aterrado.
-¿Y Neru…?-pronunció con un hilo de voz, acongojado. El médico sonrió.
-Ahí la tienes…puedes verla tu mismo…-poco a poco y con una sensación terrible en el cuerpo y en su garganta, se acercó a la cama. Y nada más llegar abrió los ojos sorprendido. Aunque de pronto, el nudo desapareció, y todo tipo de tristeza se esfumó por completo. En su rostro una sonrisa, como hacía tiempo que no se le dibujaba y ese terrible escozor en los ojos…
Allí estaba ella, totalmente seca y con los rizos alborotados, en su piel ningún tipo de vena azul, y su respiración tranquila y calmada. Nada que ver con como había estado la noche anterior. Había recuperado el color de la piel un poco, aunque aun tenía ojeras y pequeños temblores.
-Aun tiene fiebre.-dijo el médico acercándose a él.-y prefiero tenerla en cama un par de días más. Pero esta fuera de peligro.-contestó sereno.-se pondrá bien, ya verá como cuando se despierte es incluso capaz de levantarse.
Ace miró al médico feliz, y no pudo evitar llevarse las manos a la cara y reír tranquilo por primera vez en tres días. Era fantástico. Dios existía y quería a Nerumi con todas sus ganas. Bendita suerte. Después de momentos pasados terribles, parecía que la vida no era tan mala con él al fin y al cabo. Tras desatar un poco su euforia, que el resto la desataría en cuanto ella despertara, se dirigió hacia el médico con una enorme sonrisa.
-No sé…no sabe hasta qué punto le estoy agradecido. ¿Qué tipo de recompensa quiere? Pídame lo que sea y se lo conseguiré.-el doctor lo miró complacido.
-Salvar vidas es la mayor recompensa que existe para alguien de mi profesión.-le contestó. Ace no podía creerlo. ¿De dónde demonios había salido esa suerte? El destino estaba de su lado sin duda. Jamás se había sentido tan feliz. Nunca…
-¿Cómo? ¿Cómo lo ha hecho?-preguntó sin creérselo aun. Mirando de nuevo a Nerumi para comprobar que aquello que vivía era una auténtica realidad y no un mero sueño.
-Ayer por la noche di con un antibiótico tras leer y estudiar el caso a fondo. Fuerte pero a la vez eficaz. Esta mañana se lo suministre a su cuerpo. Era mejor que no estuvieses delante pues fueron unas cuatro horas terribles. Vómitos, convulsiones, desmayos, gritos de dolor…Incluso tuve que reanimarla una vez. Estaba realmente débil, destrozada. Sin embargo, con el paso de las horas, conseguí el efecto deseado. Esa fruta que comió no era del todo mala, pues es verdad que a partir de ahora manejara el agua a su antojo y no podrá volver a nadar. Pero, es "defectuosa" no ha terminado de crecer. De ahí su tamaño, de ahí la enfermedad. Menos mal que es una joven fuerte, si llega a ser otra persona no hubiese aguantado ese antibiótico que quema por dentro. Y mucho menos hubiese sobrevivido a estos tres días de espera con esos síntomas. Esa mujer…está hecha de otra madera…-sonrió al fin.
-Gracias.-Ace le tendió la mano.-Estoy en deuda con usted de por vida.
-¿Portgas D. Ace en deuda con un viejo como yo?-rió mientras le estrechaba la mano.-eso podría tener grandes ventajas. De todas formas como ya he dicho, la quiero un par de días más en esa cama. Aun tiene fiebre y la cara pálida, pero es normal. Además lleva durmiendo más de 9 horas seguidas, ha sido demasiado esfuerzo…
-Está bien, aquí estaremos dos días más y los que hagan falta-sonrió, el médico se encaminó hacia la puerta para dejar algo de intimidad en aquel feliz momento.-Oiga, ¿Puedo quedarme con ella entonces?-preguntó el pecoso.
-Por supuesto, si se levanta avise a la enfermera para que suba algo de comer, estoy seguro de que estará hambrienta. Volveré en un rato.-y salió de la habitación.
Ace se sentó al borde de la cama con una enorme sonrisa de felicidad en el rostro, y por primera vez en tres días, le acarició el pelo totalmente seco y alborotado. Dormía, dormía como si no hubiese pasado nada. Como si aquel sufrimiento no hubiese existido nunca. Dormía como una niña pequeña a pesar de las décimas de fiebre. Sonrió. Y de pronto, la observó removerse de forma graciosa en la cama y él amplió su sonrisa. Después simplemente la observó extasiado, casi perdiéndose en la infinidad de su rostro. Y entonces se hizo la pregunta… ¿desde cuándo él se comportaba así? ¿En qué instante Nerumi lo había hecho cambiar sin siquiera proponérselo? Porque era cierto, había cambiado algunas cosas, aunque otras no tanto. Sin embargo, aquel cambio le gustaba. El poder dejar de ser el tipo duro delante de ella a veces, le gustaba…mirarla, le gustaba…acariciarle la piel, le gustaba…todo aquello le encantaba. Pero lo más raro era que aquella sensación solo la había sentido con ella y por eso se dijo que era especial. Que no solo le gustaba como mujer, Nerumi se había convertido en algo más. Una debilidad, un desorden en su mente poderosa, un pie del que cojeaba, una flaqueza demasiado grande y que, estaba seguro, en tiempos venideros le pasaría factura si ella seguía a su lado. Y ese fue el momento en el que se dio cuenta definitivamente…había perdido por completo la libertad…ya no era solo suya, sino también, aunque de forma inconsciente, la de ella…
….
Abrió los ojos. Débil, borrosa y pesarosa. Así era aquella mirada que intentaba atinar algún tipo de figura entre tanta luz a su alrededor. Se llevó la mano al rostro y gruñó molesta. Hasta que por fin, después de un rato abriendo y cerrando los párpados empezó a enfocar. A su alrededor, la habitación de la clínica en la que sabía que estaba. A su derecha aquella aguja pinchada en su antebrazo que le suministraba el suero pertinente. A su izquierda, él…
Sonrió, débil y cansada, apenas podía moverse muy bien y todo gesto cotidiano como girarse, le suponía un tremendo esfuerzo. Así que, después de varios intentos desistió girando solo un poco la cabeza. Lo observó...allí estaba el comandante, de brazos cruzados y con el sombrero tapándole el rostro, que perfectamente se podía adivinar dormido…Y por un instante, se mordió el labio con dolor y de sus ojos se escaparon dos rastros de lágrimas. Sabía lo que era estar en el papel del que estaba allí sentado, ella misma lo había vivido muchos meses atrás. Y por eso, se sentía terriblemente culpable. Siempre, siempre que lo había intentado ayudar, conseguía todo lo contrario. Era terrible. A saber cuánto tiempo llevaba sentado en aquella silla.
Lo volvió a mirar mientras se sorbía la nariz. "¿Qué he hecho para merecerte?" pensó. No le cabía en la cabeza como siendo quien era, aun estaba allí. "Los piratas no son así…no son así…" se repitió. Tenía conocimiento acerca de cómo se comportaba un bucanero en el mar, de hecho había visto a muchos piratas, y siempre habían sido violentos, salvajes, destructivos, no solo se conformaban con robar, sabía que necesitaban la sangre y la adrenalina que se sentía cuando alguien perdía la vida entre sus manos. Ya fuera bueno o malo. Pero Ace…no era así…Imponía en contadas ocasiones y sabía de su naturaleza, pero en el fondo, aquello solo era una fachada de hombre fuerte y audaz en un mundo de lobos hambrientos, un mundo al que ella no pertenecía y en el que podía ser devorada en cualquier momento…Sin embargo, él era más que todo lo que suponía ser un pirata, mucho más. Quizás el mundo de la piratería que su tía le había descrito siempre no era del todo así. Allí estaba la prueba delante de ella. Él. Ace no la había dejado ni un solo segundo sola en aquellos instantes, no la había dejado en un lugar seguro para él poder continuar con su vida, la había sacado de su mundo terrorífico para llevarla a otro al que ya no tenía miedo. Y lo que era más, aquel pirata estaba enamorado de ella, y sabía perfectamente que ella también estaba enamorada de él…
Pero los prejuicios estaban. Y sabía que si seguía así ella se convertiría en su debilidad. En un blanco fácil para poder destruirlo sin pensar. Y eso era lo último que quería. Que le pasase algo malo por su culpa. Aquello era horroroso. No había otra solución. Tenía que ocultárselo a toda costa. No sabría jamás sus sentimientos. Al revés, tenía que guardarlos en el cofre con más candados del mundo y debían encontrar a Luffy cuanto antes. Porque sabía que mientras más tiempo pasara…más candados de ese cofre podrían abrirse… ¿Y si le preguntaba el porqué se negaba? No mentiría, "no puedo estar contigo…porque no quiero hacerte daño…"
Suspiró y empezó, sin saber porqué, a volver a sentirse más débil de lo que estaba. La respiración se le entrecortaba aun y sentía una enorme sequedad en la garganta. Todo lo contrario de días anteriores. Con esfuerzo, pero no tanto como antes, la joven llegó al pantalón del pecoso para darle un pequeño tironcito. Sin embargo, él no movió un musculo. Volvió a suspirar recordando el sueño pesado del moreno. Aun así volvió a intentarlo. Esta vez incluso con un poquito más de fuerza. El moreno en esta ocasión si se movió un poco. Pero seguía dormido como si la cosa no fuera con él. La joven se mordió el labio con frustración. Así era imposible. Tenía que incorporarse un poco para tener más movimiento así que, con esfuerzo y apoyada sobre una mano, la joven intentó acercarse más al filo de la cama, para de nuevo sacar la mano, y esta vez, más cerca de su rodilla, consiguió atinarle un pellizco fino y doloroso. El moreno se despertó con un quejido de dolor y totalmente desorientado.
Al ver que por fin le haría caso, la joven respiró con un poco de dificultad, para luego cansada, cerrar los ojos un instante y luego hablar.
-Ace, tengo hambre…-susurró muchísimo mejor que cuando intentaba pronunciar palabra estando enferma. El moreno que pareció ubicarse, la observó despierta y enseguida se sentó en el borde de la cama con una enorme sonrisa.
-¿Estás bien Neru? ¿Te duele algo?-la joven negó divertida. El comandante estaba perdido en ella.
-Tengo hambre.-repitió con una amplia sonrisa y Ace soltó una carcajada de felicidad.
-No me puedo creer que estés bien…-le confesó.-hacía tiempo que no me hacía tan feliz una noticia como esta. Tienes a la maldita fortuna de tu lado.-sonrió y le acarició la mejilla. Ella no pudo más ante tantísimo cariño que le demostraba el pecoso, y casi sin querer, se mordió el labio y volvió a llorar cual niña pequeña.
-Gracias…-sollozó.-gracias por quedarte conmigo…-la respiración se le entrecortaba.
-Shh…calla. Tienes que estar tranquila...no me des las gracias…yo…-le besó la frente con ternura.- ¿te lo prometí recuerdas?-sonrió separándose lo justo de ella.-te prometí que te quedarías aquí conmigo…-sin embargo la de ojos verdes no podía tranquilizarse.-todo está bien Neru…todo ha salido bien…cálmate…
-No te vayas…-confesó nerviosa.
-Aquí estoy…
-Lo…lo siento tanto…
-No es el momento Neru…ahora tienes que estar tranquila y contenta ¿vale?-Ace la miró feliz.-por favor.-la joven asintió.-bien. Entonces llamaré a las enfermeras para que traigan la cena y que comamos juntos, ¿te apetece?-ella volvió a asentir más sosegada.-dame un minuto.-el pecoso se incorporó y se asomó al pasillo.-me tendrás que dar tres Nerumi.-le sonrió. Ella intentó corresponderle entre tanta lágrima. Él simplemente cerró la puerta saliendo de la habitación y ella cerró los ojos un instante para descansar la mente de tanto lío emocional…
….
Entró en la habitación seguido del doctor y con un par de bandejas de comida en las manos. Nada más entrar, sonrió con creces. Una de las enfermeras estaba quitándole aquel dichoso suero a una Nerumi incorporada sobre almohadas.
-¿Ves? Incorporada para la hora de la cena, tal y como te dije.-Ace soltó las bandejas en la cama de al lado a la vez que sonreía amplio.- ¿Cómo está mi paciente?-el doctor se acercó para hacerle un mini chequeo.
-Mucho mejor, gracias.-contestó ella con una sonrisa.-aunque tengo hambre.
-Por eso te estamos quitando el suero.-tras terminar con la exanimación, sonrió.-es impresionante el resultado de ese antibiótico. Estás realmente bien.-le tocó la frente a la joven.-nada de fiebre…-volvió a sonreír.-perfecto entonces. Si mañana estás todo el día bien, no tendré ningún problema en darte el alta.
-Muchas gracias.-volvió a sonreír la de ojos verdes algo pálida todavía.
-Bien, dejo que cenen.-el doctor miró a un complacido Ace.-volveré después.-y tanto él como la enfermera salieron de la habitación.
-Tú cena.- el pecoso le colocó la bandeja sobre las rodillas. Nerumi miró la comida con ilusión.
-Gracias.-volvió a repetir mucho más contenta y animada que antes de que él saliera de la habitación.
-¿Estás mejor?-Ace se había sentado en la silla de antes con su bandeja correspondiente. La miró con preocupación.
-Sí…y perdona por lo de antes…estaba algo mal todavía y bueno…
-No te preocupes.-el moreno se llevó un trozo de carne a la boca.-lo importante es que a partir de ahora estés bien.-terminó después de tragar. Ella asintió y ambos se pusieron a comer rodeados de un extraño silencio y un ambiente de felicidad, en el que de vez en cuando el pecoso alzaba la vista para observarla comer. Le encantaba cada movimiento gracioso o cada carita que ponía al hacer cualquier cosa. Y por un instante se dijo a sí mismo que aquella debilidad se estaba pasando más de la cuenta.
Tras terminar, el moreno le retiró la bandeja y ella se recostó.
-Oye Ace…-el nombrado volvió a sentarse.
-¿Si?
-Gracias por todo…-Nerumi bajó la mirada culpable.
-No me las des.
-Tengo que hacerlo. Sé perfectamente lo complicado que es estar ahí sentado día y noche con la angustia en el cuerpo. Lo sé perfectamente…he vivido eso…-Ace la miró comprensivo.
-¿Te refieres a alguien?-acertó avispado. Ahora era el momento. Era el momento de saber que había en el corazón de aquella mujer. Que sufrimiento había en él, para que se negara a aceptar lo evidente. Quién era el que había estado antes que él ahí…
-Sí…-suspiró.-es una historia muy larga…-susurró con tristeza.-y no quiero…
-¿No confías en mí?-le preguntó manteniendo una sonrisa.
-Por supuesto que sí…tú me has confesado muchas cosas al fin y al cabo…-volvió a suspirar.-pero es…-se mordió el labio nerviosa-me resulta algo duro…
-Aquí estoy. Sea lo que sea no pasará nada. Peor es que sepas mi verdad…
-No es porque me juzgues bien o mal…es por la situación en sí…
-Hasta donde quieras entonces. Cuéntamelo hasta donde tengas fuerzas. Sin detalles, sin nada…no me importa. Solo quiero apoyarte si alguna vez te sientes mal por eso…-"Solo quiero ver que hay dentro de tu corazón…" pensó para sí el moreno. Nerumi volvió a suspirar solo que esta vez, habló…
-Verás…cuando vivía en Libertad me enamoré de alguien que supuestamente estaba prohibido para mí…-el pecoso la escuchó atento.-se llamaba…Jake…-al instante de pronunciar aquel nombre, Ace observó cómo sus ojos se enrojecían y sus manos se entrelazaban nerviosas. Él simplemente las agarró para calmarla. Nerumi lo observó un instante. En los labios del moreno había una sonrisa tranquilizadora y reconfortante. Aquello la hizo seguir con su discurso.-cometí muchas, muchísimas locuras por él…me entregué al máximo en todos los aspectos, no en vano era el primer chico del que estaba prendada, el primero que me robó un beso, o el primero que me tocó…-se mordió el labio nerviosa, mientras un par de lágrimas resbalan por sus mejillas.-incluso acepté su absurda propuesta de matrimonio…-Ace abrió los ojos sorprendido.-aunque fuese en secreto…jamás nos importó…-quiso sonreír.-…aquella tarde lluviosa, totalmente mojados y buscando el refugio de su casa, me colocó en el dedo un anillo que era incapaz de permitirse…y yo acepté…recuerdo como aquella noche ni siquiera dormimos…-sonrió con amargura. Ace la observó afligido, sabía a lo que se refería. Y por un instante no se sintió para nada celoso, como se sentiría normalmente, si no que por sus venas fluía otro sentimiento, la envidia. Envidia hacia ese hombre que había alcanzado tanto de ella…-…pero al tiempo…-continuó y lo sacó de sus pensamientos-después de hacernos mil y una promesas que parecían hacerse realidad a cada momento que pasaba…y mi soledad y mi vida dentro de aquellos fríos muros parecían tener algún sentido…una fuerza mucho mayor que el amor se apoderó de nuestras vidas…y a partir de ahí fueron unos tres meses de horribles padecimientos…-suspiró para coger fuerzas.-…la muerte me lo arrebató al cabo de ese tiempo…-Ace agachó la cabeza desolado y apretó por un instante el agarre a sus manos. Ahora lo entendía todo.-fue a él a quién visitamos en el cementerio antes de marcharnos…Sabía a la perfección que me iba para no volver por eso lo necesité tanto…Aunque siempre dijo que…-la joven no podía parar de llorar.-que odiaba las despedidas o decir adiós, que con un hasta luego bastaba…-suspiró para calmar los constantes sollozos e intentar continuar.-después de aquello mi vida dejó de tener sentido. Un fin concreto…un rumbo fijo…un motivo por el que levantarme cada mañana y pensar que hay algo más allá…Y me pase los meses vestida de negro, con la mirada ausente, deje de tener lágrimas con las que llorar, dejé de sonreír…-y de nuevo silencio.-…hasta que llegaste tú…-lo miró aun con el rostro mojado y las mejillas sonrosadas. Ace volvió a observarla sorprendido.-y me devolviste la esperanza, la felicidad, la vida…-hablaba sin pensar. En aquel instante el amor la cegaba de nuevo y hablaba por ella sin regodeos. El amor hacia el hombre que tenía delante de sus narices. Pero se negó, no podía dar rienda suelta a aquel sentimiento. Había aprendido la lección y lo había hecho con el paso del tiempo…no volvería a cometer tales errores.-por eso estar yo aquí y tu ahí…sé que te habrá resultado difícil y más cuando yo he estado a punto de…-esta vez la interrumpió por primera vez en su discurso.
-Seguir su camino…-suspiró.-ni hablar, no iba a dejar que se quedara contigo allí arriba-sonrió decidido. Nerumi lo miró sorprendida, dejando de llorar al instante.-ahora te quiero viva para poder conquistarte yo…sería injusto si te marcharás ¿no crees?
-Ace…
-Le envidio por haberte tenido así.-confesó.-Pero ahora quiero que él me envidie a mí donde quiera que este. Y estoy seguro de que estará de acuerdo conmigo, porque ahora sonríes…porque yo seré tu futuro y porque te haré feliz…
...
Hasta aquí el capítulo! :)
Zilion: Gracias por tus comentarios ^^, esta tarde noche en un ratito me leo lo que has actualizado de fic :D
Kona kana lee: Gracias por las molestias que te has tenido que tomar para mandarme tu comentario! ^^ y no te preocupes puedes hacerlo cuando quieras :)
Capítulo dedicado a todos mis lectores y lectoras! Gracias por estar ahí!
Un besitooooo!
