Capítulo 17.

Salieron de la clínica dos días después. Nerumi estaba completamente recuperada y con plenas facultades para continuar con la pequeña aventura. Caminaban hacia el puerto en busca del bote del pecoso cuando el moreno se acordó de algo.

-Oi, Neru.-por un momento se paró en medio de la calle rodeada de tiendas y puestos, y empezó a rebuscar en su mochila.

-¿Qué pasa?-la peli castaña se acercó curiosa al pirata. Más aun cuando el moreno sacó de su mochila una caja roja con un lazo y se la tendió.

-Te lo compré hace un par de días y se me ha olvidado por completo dártelo antes.

-¿Es un regalo para mí?-él asintió.- ¡no tenías porque!-lo regañó aunque mirara la caja una enorme ilusión.

-Cógelo y ya está…-ella obedeció y él siguió caminando intentando parecer despreocupado.

-¡Espérame!-Nerumi lo alcanzó colocándose a su lado, mientras se entretenía en quitarle el lazo a la cajita. Ace la miraba de reojo con una sonrisa divertida y las manos en los bolsillos.

Cuando por fin pudo quitar el lazo, abrió la caja con sumo cuidado y quitó el papel que había sobre la tela rosa claro. Nada más hacerlo, sacó el bonito pañuelo de aquel color y semitransparente con pequeños puntos de hilo rosa. Sus ojos se agrandaron ante la sorpresa y la felicidad.

-¡Me encanta!-sonrió radiante y Ace suspiró satisfecho.

-Es para el pelo.-la orientó. Ella asintió y de pronto se paró en medio de la calle y miró a su alrededor en busca de algo. Ace se giró observándola extrañado. Más aun cuando la joven se acercó a uno de los puestos que había en la calle. "Las mujeres eran realmente incomprensibles en algunas ocasiones" se dijo.

Minutos más tarde, la muchacha volvió del puesto y ahí fue cuando él lo entendió todo. Las mujeres no eran extrañas, él era el tonto que no las entendía, pensó con resignación. Y por un instante se acordó de cómo Marco se lo había mencionado más de una vez sin que él fuera capaz de reconocer tal hecho.

-¿Qué tal me queda?-Nerumi lo miró feliz, y él por un momento la contempló boquiabierto.

-Te sienta realmente bien.-era cierto. Nerumi estaba verdaderamente guapa.

-Gracias-esta vez fue ella la que se echó a andar y él el que tuvo que alcanzarla.

-Me alegra que te haya gustado.

-Muchas gracias de verdad. Hacía tiempo que no me regalaban algo así, gracias-le sonrió risueña para luego acercarse a él y besar rápida y fugaz la mejilla. Ace volvió a quedarse plantado en el sitio y tocándose la zona donde lo había besado como un bobo.- ¿Vamos o qué?-Al decir la joven aquello, reaccionó a tiempo de seguir caminando hasta alcanzarla…

Llevaban dos horas surcando el mar en busca de Luffy sobre todo, y de Kurohige. Ace observaba divertido a la peli castaña analizar un mapa con detenimiento, y cuando la vio gruñir por quinta vez, no pudo más que soltar una enorme carcajada. A la cual ella respondió con una terrible mirada asesina.

-Acéptalo.-le aconsejó el moreno.-o eres una pésima guía o el Log Pose es el más eficiente que he tenido en mi vida.

-¿Estás poniendo a prueba mi capacidad?-le preguntó ofendida y enfadada.

-Estoy poniendo en duda que sepas donde estamos en ese maldito mapa. Llevas más de media hora dándole vueltas, no lo niegues.-rió.

-Idiota…-bufó la chica.- ¡Está bien lo dejo! ¡Me doy por vencida!-arrugó el papel en una bola y lo tiró al mar.

-¡Ei!-el moreno lo observó perderse entre las olas con resignación.- ¡que me costó dinero!

-¡¿Para qué quieres un mapa?-le preguntó cruzándose de brazos.- ¡tenemos mi maravillosa intuición y sentido de la orientación!-aquello hizo reír al pecoso con creces.- ¡¿De qué te ríes? ¡Eres insoportable!-le gritó.-es la última vez que intento ayudarte…-con dificultad, el pecoso se dejó de reír.

-Lo siento…sé que lo haces con la mejor de las intenciones, pero si no tienes idea de…

-Déjame en paz…-soltó un puchero infantil.

-¡Oh es verdad! Se me olvidaba que hablaba con mi pequeña de tres años.

-¡Ace!-volvió a gritar ofuscada. Él rió.

-Vale, vale solo era una broma.-y de nuevo el silencio se hizo en aquel bote, hasta que minutos más tarde, ella lo rompió.

-Oye Ace…-habló con suavidad.

-¿Mm?

-Con respecto a lo de Teach…-por un instante Ace la observó. Miraba culpable el maldito suelo del bote cuando todo era un error suyo.-yo…

-No hables más del tema, la culpa fue mía por no cumplir con mi deber. Así que olvídalo…que por dejarlo escapar en aquella ocasión no pasa nada…estoy seguro de que la próxima vez será diferente.-Nerumi se mordió el labio angustiada. Por un instante al pensar en lo que aquel hombre le había hecho a ella, no se quiso ni imaginar lo que le había hecho a uno de sus compañeros de tripulación para matarlo por una Akuma no mi…tenía un terrible presentimiento cuando la imagen de aquel pirata se le cruzaba en la cabeza, y por un momento sintió un tremendo miedo…un miedo sobrenatural a perderlo…

-Ace…-lo volvió a nombrar. Él la observó serio.-tengo miedo…-confesó.

-¿Miedo?-Ace arqueó una ceja extrañado.

-Sí…tengo un mal presentimiento con ese pirata. Mató a un amigo tuyo, casi ha estado a punto de acabar conmigo… ¡¿y si a ti…?-lo miró alarmada, pero él la interrumpió.

-¿Ahora quién sobrevalora mis capacidades?-le sonrió tranquilizador.-no soy el segundo comandante de Shirohige por nada Nerumi…

-Lo sé…pero eso no quita de que tenga miedo de que te pase algo.

-¿Tienes miedo por mí?-ella asintió y él sintió como un nuevo vuelco le sobrecogía el corazón y una enorme calidez le embriagaba el alma.-no te preocupes…-la miró con suma tranquilidad.-soy más fuerte de lo que piensas. Además conozco a mi rival.-ella suspiró.

-Ten cuidado al menos…

-Lo tendré…y gracias por preocuparte por mí…

-Te lo debo.-sonrió.

El sol casi se escondía en el horizonte cuando amarraron el bote en otro muelle de otra isla con otro pueblo.

-Bueno, busquemos un sitio donde cenar y dormir. Esta es la última isla antes de llegar a Arabasta.

-¿Arabasta?

-Exacto. Es una enorme isla con un reino en medio del caluroso desierto. Te encantará.-rió.

-Sí, parece un lugar ideal para tomar el sol.-le siguió el juego con aquella ironía.- ¿Y Luffy estará allí?

-Más le vale.-el pecoso chistó con la lengua pensando en lo condenadamente escurridizo que era su hermano pequeño en el mar. Y eso que él se había intentado dar toda la prisa del mundo.-espero que con el tiempo que estuviste en la clínica, él haya podido llegar allí.

-¿Y si pasa por otra isla?

-Es imposible…si le echamos un ojo al mapa, es una isla bastante grande y por la que se suele pasar para ir al Red Line.

-Ahm…-Nerumi asentía mirándolo con curiosidad.- ¿Y si lo encontramos allí?

-Te quedarás con él. Es lo que dijimos ¿recuerdas? No puedo llevarte conmigo, es demasiado peligroso.

-Ya…-la joven miró apenada el suelo y Ace se dio cuenta al echarle una pequeña ojeada.-Pero ahora tengo una Akuma no mi ¿no? Podrías enseñarme a controlarla y te sería de gran ayuda.-lo intentó. Quería ir a toda costa con él, lo deseaba. Tenía su gran motivo para querer ir con él.

-Lo sé, pero el problema es que no tengo tiempo Neru. Entiéndeme. Tengo que darle caza antes de que termine de reclutar a esa tripulación y se haga más fuerte.-sería imposible convencerle…pensó. Si algo caracterizaba al pecoso era su gran cabezonería y orgullo.

-Es una enorme temeridad enfrentarte a todos ellos tu solo… ¿cuándo vas a darte cuenta?-de nuevo la preocupación en su garganta.

-Cálmate y confía en mí, ¿quieres?-la miró dolido.-no soy un debilucho maldita sea…

-Lo que tu digas…yo sigo pensando que es una locura.

Ambos se habían parado delante de una taberna, en la que, tras terminar de hablar, entraron. Y nada más hacerlo, todos los presentes dejaron de hablar y los observaron con detenimiento, algunos asustados, otros con sonrisas maliciosas, otros asesinos. Nerumi sintió un horrible escalofrío por la espalda.

-Ace…-lo llamó bajito.

-Cálmate.-le susurró de la misma manera.-vamos.-se aventuró hacia la barra decidido. Nerumi lo siguió sintiéndose terriblemente observada por los de su alrededor. Nada más llegar a la barra, el tabernero, gordo y feo, se acercó de mala gana.

-¿Qué va a ser Portgas?-lo conocía. Al parecer Ace era realmente famoso. Por instante Nerumi lo observó con admiración.

-Me apetece una cerveza para empezar.-soltó seco. El tabernero sonrió de medio lado con perversidad. Para luego mirarla a ella y volver a preguntarle al pecoso.

-¿Y tú zorra?-ante aquel horrible e hiriente adjetivo Nerumi estaba dispuesta a objetar pero, una mano alzada de él se lo impidió. Y al fijarse pudo comprobar como Ace había alzado un poco la vista y había fruncido el ceño. Sus ojos tenían un brillo particularmente frío y asesino.

-Mucho cuidado amigo…no quiero estar en el bando contrario así que vuelve a llamarla así y tendrás problemas…-lo amenazó con una sonrisa desafiante.

-Muchos de los que están aquí pertenecen a mi bando Portgas…Shirohige no es plato de buen gusto para todos…

-¿Crees que me importa tu opinión o la de estos inútiles sobre mi padre?-sonrió suficiente. Aquello se calentaba, Nerumi lo comprobó por momentos. El tabernero estaba dispuesto a retarlo y Ace había aceptado aquel absurdo duelo con gusto.

-¡Jah! ¡¿Habéis oído chicos? ¡Alguien quiere recibir una lección!-de pronto, el acero que llevaban algunos se oyó desenfundar, seguido de risitas siniestras. La de ojos verdes miró con nerviosismo el panorama.

-Creo que os estáis equivocando…-quería evitar el enfrentamiento a toda costa, pero más que nada, porque ella estaba presente. Sin embargo, su interior ardía en deseos de luchar. Volver al salvajismo y a la temeridad, a la destrucción y al escarmiento de los que pretendían sobre pasarle con meras palabras, y que luego durante la pelea caían en saco roto. Sí, tenía ganas de acción. Al fin y al cabo era su profesión.

-Me temo que no…-sonrió el tabernero más si cabe.

-Neru…-la ojos verdes, lo miró asustada.-cuando te diga "ya" te vas al suelo y sales de aquí a rastras o como sea… ¿entendido?-ordenó tajante, y la joven asintió sin rechistar.-voy a mostrarte mis temibles capacidades.-sonrió de medio lado con suficiencia.

-Te creo Ace no hace falta que…-le susurró pero de nuevo fue interrumpida por su mano alzada. De pronto, alguien le dio un disparo al techo. Ella gritó del susto, y Ace le exclamó:

-¡Ya!-nada más pisar el suelo, la pelea empezó y millones de cosas empezaron a salir despedidas por los aires. A duras penas y cubriéndose en más de una ocasión como pudo, la joven salió del local resoplando. Y nada más tocar la calzada se levantó del suelo, pero en aquel momento, un pirata achicharrado salió disparado por la ventana y estuvo casi a punto de darle.

-¡Malditos piratas!-gritó enfadada y sucia por haber tenido que arrastrarse.- ¿Qué demonios les pasa?-de nuevo una silla salió volando por el cristal ya roto y Nerumi tuvo que apartarse como pudo.

-¡Muchacha!-una voz a su espalda y un agarre de su antebrazo echándola hacia atrás la hicieron reaccionar.- ¿estás bien?-al girarse, la joven vio que había sido alejada por un anciano de aspecto apacible y simpático.

-Sí estoy bien señor, muchas gracias.-le contestó ella todo lo agradable que pudo dada la situación.

-Esos piratas ya están haciendo de las suyas.-el anciano miró el local preocupado.-no sé que haremos como sigan así… ¿estaba usted dentro sola con esos salvajes?

-No…estaba con mi hermano, que por cierto sigue dentro.-se cruzó de brazos ofuscada.

-¡¿Qué? ¡Pobre muchacho!-el abuelo se alteró.- ¡Rápido llamemos a los marines!-la agarró del brazo y empezó a tirar de ella.

-¡¿Qué?-Nerumi se resistió al agarre.-no hace falta señor… ¡estoy segura de que se las apaña bi…!-pero no terminó de hablar cuando oyó su voz.

-¡Oiga!-el anciano paró de andar.- ¡Será mejor que la suelte!-Ace lo amenazó sin ton ni son. Había salido del bar sin siquiera un mero rasguño, mientras que dicho local se había desmoronado por completo entre algunas llamas.

-¿Es su hermano señorita?-el anciano miró señaló al pecoso asombrado.

-Exacto.

-¡¿Me ha oído?-Ace se acercó furioso, pero Nerumi se puso delante en cuanto el abuelo la soltó.

-Cálmate no es una mala persona.-la joven lo frenó y lo miró rogándole para que no hiciera ninguna tontería más. Él pareció serenarse.

-¿Estás segura muchacha?-el viejo los miró extrañado mientras se llevaba la mano al mentón. Ace miró la situación sin comprender.

-Sí,-Nerumi se giró.-es mi hermano mayor.-ante la afirmación Ace suspiró, empezaba a odiar que lo llamara así.

-Discúlpeme, pero tengo que decirle que no se parecen en nada.-apuntó a la vez que los analizaba.

-Los genes.-mintió la joven, para intentar convencerlo. Al moreno le empezó a parecer una situación de lo más divertida.-él salió más a mi padre. A nuestro padre…-rectificó sonriendo de medio lado.- ¿Y se ha dado cuenta? Ha salido perfecto de la taberna. ¡Sin ningún rasguño!-la joven le dio al moreno unas palmaditas en el hombro.-no creo que sea necesario hablar con la Marina, ¿no cree?-en aquel momento Ace comprendió de que iba la situación y reconoció que Nerumi no lo hacía nada mal.

-Mmmm…-el anciano los miró sospechoso. Pero luego soltó una enorme carcajada que hizo a Nerumi dar un botecito del susto.-Permítame decirle joven que tiene una hermana pequeña encantadora.

-Vaya…-Ace sonrió de medio lado con suficiencia. El viejo había caído en las redes de Nerumi a la perfección.

-¿Qué les parece si los invito a cenar? Tengo una taberna unas calles más arriba.

-¿Sería tan amable?-Nerumi sonrió radiante y entusiasmada, de manera que el hombre asintió con alegría.

-Será un placer acoger en mi casa a buenas personas.-el anciano le tendió el brazo a Nerumi que lo agarró al instante encantada mientras le guiñaba un ojo al pecoso, el cual negó con gracia. Sin duda Nerumi tenía un maldito don con cualquier hombre.-jovencita, ¿te han dicho alguna vez que eres encantadora?

-¡Vaya muchas gracias!-sonrió.

-En mis tiempos cuando era joven…

Minutos más tarde, ambos disfrutaban de una estupenda cena en la taberna del anciano. Y lo mejor de todo, al menos para Ace, es que era gratis.

-¡La comida de su mujer está riquísima!-agasajó la de ojos verdes.

-¿Verdad que sí? Dora es una excelente cocinera.-sonrió contento.

-Oiga viejo,-el pecoso habló.- ¿su taberna tiene habitaciones? Nerumi y yo necesitamos pasar la noche en algún sitio.

-Por supuesto que tenemos joven y creo que nos quedan pocas. Permíteme que las mire.-se giró para ir a la barra, cuando de pronto frenó su ida.- ¿dos habitaciones?

-No, con una para los dos basta, si no es mucha molestia.-contestó el pecoso dándole otro enorme bocado a la carne.

-Ninguna.-sonrió.-ustedes han ayudado al pueblo con esos piratas, es lo menos que podría hacer.-y siguió su camino.

-¿No crees que es fantástico que le caigamos así de bien a la gente?-Nerumi le sonrió.

-Sí, pero daña mi reputación.-bromeó el otro. Ella se cruzó de brazos.

-Perdona, se me olvidaba que hablaba con un salvaje.-ironizó.

-Oi, deja de imitarme.-se quejó.

-Es verdad, lo siento chico malo.-susurró con picardía y de pronto a Ace sintió un escalofrío por la espalda.

-Si quieren una sola habitación, solo me queda una con una cama de matrimonio.-el abuelo se volvió a acercar mientras examinaba unos folios.

-Perfecta, nos la quedamos.-soltó el moreno antes de que ella pudiera exigir otra habitación.

-Perfecto. Una habitación para dos hermanos.-colocó la llave sobre la mesa.-que descansen y gracias por todo.-Nerumi le sonrió a duras penas.

-A usted por la hospitalidad.-luego se volvió hacia él que terminaba de beber.- ¿estás loco?

-Tranquila dormiré en el suelo si hace falta, pero casi no nos queda dinero y algo le tendremos que dar, al menos por la habitación.-Nerumi suspiró.

-Está bien…

Media hora más tarde, ambos entraron en el acogedor cuarto de ambiente rústico. Nerumi encendió las luces tenues que hacían a la habitación mucho más hogareña. Ace soltó su mochila y la observó.

-Entro al baño ¿vale?-Nerumi asintió para soltar también su equipaje e investigar un poco el apacible cuarto. Luego se sentó sobre el colchón y dio un par de botecitos. La cama era realmente cómoda y aquellas mantas y sábanas blancas parecían de lo más calentitas. Al parecer en aquel pueblo refrescaba un poco por las noches. Al poco el moreno salió del baño.

-Voy yo.-sonrió la de ojos verdes entrando en el susodicho con la mochila al hombro. En aquel momento, Ace observó el enorme sillón que había al lado de la cama en una de las esquinas de la habitación. Fue hacia él y se sentó. Para su sorpresa el sillón era realmente cómodo.

-Bien, un lugar perfecto para dormir.-se dijo sonriente. Y en aquel instante Nerumi salió del baño con su pijama puesto. Dio la casualidad de que era del mismo color que el pañuelo que aun llevaba en el pelo y por un instante el pecoso miró sorprendido lo guapa que estaba.

Tras quitarse el resto de abalorios la joven fue hacia el lado izquierdo de la cama y se sentó.

-¿No duermes?-le preguntó cuando lo pilló mirándola desde el sillón de enfrente.

-Estoy en ello.-sonrió.

-¿Qué? ¿Vas a dormir ahí?

-¿Y dónde quieres que lo haga? ¿En el suelo?-Ace arqueó las cejas extrañado.

-¡No!-se quejó ella.-en la cama.

-Pero dijiste que…-lo interrumpió.

-Hay…sitio suficiente para los dos…así que vamos…-el moreno tragó saliva, se levantó y fue hacia el lado derecho, que si algo no quería era dormir en el suelo así que mientras ella lo hubiese dicho, él no tendría la culpa de nada. Se quitó las botas y el pantalón para quedarse en ropa interior y meterse entre las mantas. Nerumi lo miró sorprendida.

-¿No te pones nada?

-¿Qué quieres que me ponga? Estoy cómodo así. Además no estoy desnudo no hace falta que te espantes de esa manera, mujer…-la de ojos verdes se incorporó, fue hacia la mochila del moreno y sacó el pantalón del pijama.

-¡Póntelo!-se lo tiró a la cara. Ace sonrió con picardía, al parecer Nerumi se estaba poniendo nerviosa por momentos.

-Eres una exagerada.-se burló mientras se colocaba la ropa.

-Y tu un pervertido.-la joven se echó al fin en su lado de la cama y se tapó hasta el cuello con las mantas.-hace un poco de frío ¿no?-susurró, después de haber apagado la luz.

-Acércate a mí si quieres…suelo ser una estufa cuando hace frío.-el moreno sonrió con la poca luz de la noche y de la luna que entraba por la ventana de fondo. Y sin saber porqué Nerumi se acercó. Y nada más hacerlo, Ace le pasó un brazo por los hombros y ella se acurrucó en su pecho.

-Es cierto…tu Akuma no mi es perfecta cuando hace frío…-y de pronto silencio.

Casi de forma inconsciente, Ace le acarició el pelo ondulado y revuelto, mientras que la otra mano se entretenía en rozar su brazo derecho. Pero, cuando ella se percató verdaderamente de su situación, el corazón empezó a acelerar sus pulsaciones. Se mordió el labio nerviosa. Tenía que alejarse de él lo antes posible o acabaría diciendo algo que no debía. Así que, con suma delicadeza intentó apartarse de su cuerpo, pero él se percató.

-¿Estás incómoda?

-Un poco…-mintió. Por supuesto que no estaba incómoda, totalmente al contrario. Hacia muchísimo tiempo que no dormía así de bien y menos con alguien. Sin embargo, el orgullo y la mente eran mucho más fuertes a veces que su endeble corazón, así que se apartó de él hacia su lado de la cama.

-Perdona no quería molestarte.

-Y no lo has hecho, al contrario.-se le escapó. Y para su desgracia el moreno estuvo totalmente avispado a su error.

-Oye…no voy a comerte, así que no te hagas la esquiva conmigo.-Ace sonrió y la agarró de la cintura atrayéndola.-ven aquí, ¡estás helada!

-Ace para por favor…-la muchacha intentó zafarse del agarre.

-¿Qué te pasa?-el moreno se incorporó apoyando su peso en un codo. Y en aquel momento sus pupilas volvieron a encontrarse. A la luz de la luna y entre sus sábanas, Nerumi era la mujer más bella que había visto en sus pocos años de vida. Y entonces tragó saliva, nervioso. Sin embargo, no lo dejó disfrutar del encanto de sus ojos ya que al momento, los desvió.

-Nada.-volvió a mentir. Parecía que aquella noche y en aquella situación no tendría más remedio. Aunque en realidad no le gustase para nada hacerlo. No obstante, el moreno no la miró convencido y le agarró la barbilla para volver a sus ojos.

-Nerumi… ¿qué te pasa?-el corazón de la joven latía desbocado, aquella resistencia no duraría mucho. Un escalofrío le recorrió el cuerpo sofocado. Debía apartarse, y tenía que hacerlo ya.- ¿estás temblando?-Ace se asustó y fue a encender la lámpara de la mesita de noche pero ella lo frenó.

-Estoy bien. No enciendas la luz por favor.-el calor estaba sofocando sus mejillas y si encendía aquella luz sería totalmente descubierta.-solo quiero dormir en mi lado, ¿vale?-le dijo lo más suave que pudo.

-¿Seguro que estás bien? ¿No tendrás fiebre de nuevo no?-el moreno le tocó la frente. Y al contacto la chica se mordió el labio.

-Estás ardiendo.-el pecoso se incorporó un poco más decidido a encender la luz, estaba alarmado.

-No, para.-ella tiró de su collar de bolas y por un instante su nariz rozó la suya llena de pecas. Sentía su respiración en las mejillas. Poco a poco Nerumi llevó una de sus manos a su pecho y sintió a la perfección como el corazón del pecoso también corría su particular carrera. Pero contra todas las posibilidades que él tenía en mente para que pasaran, Nerumi optó por la más contradictoria a sus gestos con él.-aléjate de mi…no me toques, no me mires, no hagas nada…solo aléjate de mi…-casi suplicó.

-¿Por qué?-le preguntó mirándola serio desde su posición.-hace dos días estuve a punto de perderte para siempre…no quiero desperdiciar la oportunidad de acercarme a ti…

-Pero no de esta forma…-susurró con la respiración un tanto agitada.

-No sé lo que habría hecho si…-esta vez él juntó su frente con la de ella.-si te hubiese perdido yo… ¿qué sería de mi existencia?

-Sería exactamente la misma hasta antes de encontrarme.-la joven lo empujó del pecho para dar distancia a la conversación.

-No…me hubiese vuelto loco…

-Por Dios Ace, no digas tonterías…eres un pirata…no está en tu ley enamorarte y tener debilidades…tu mismo me lo dijiste.

-He cambiado de opinión…

-No puedes enamorarte de mí…

-¿Por qué?-le acarició la mejilla derecha con ternura.- ¿por qué no puedo enamorarme de ti?

-Porque no quiero hacerte daño.

-Soy un pirata…aguantaré cualquier tipo de dolor solo con poder tenerte…-aquello se calentaba de una forma especial por momentos, y su mente gritaba salir huyendo de allí, pero su corazón imploraba por más…

-¿Y por qué me quieres?-Ace suspiró y sonrió amplio.

-Porque jamás había sentido tantas sensaciones buenas por otra mujer, porque eres preciosa, porque haces que confíe en ti hasta mis más despreciables secretos, porque me vuelves vulnerable y débil, porque te preocupas por mí como nadie lo había hecho hasta ahora. Siempre he sido yo el que se preocupaba por vosotros, el mayor. Pero ahora tu…-se acercó a su oído.-lo haces a diario…porque sin darte cuenta haces todo tipo de cosas que me enamoran, desde enfadarte y coger berrinches hasta mirarme de la forma en que lo has hecho antes…y que me resultes inalcanzable y me pongas las cosas difíciles me gusta. Soy un hombre de retos.

-Conseguirme no es un juego.

-No, es verdad.-el moreno volvió a sonreírle.-es una aventura muy arriesgada y yo quiero llegar a la meta de esa aventura haciéndote mía, bajando tu bandera a mis pies…-de nuevo sus mejillas se encendieron y su respiración empezaba a descontrolarse. Aquella muralla se desmoronaba por completo poco a poco. Y fue entonces cuando hundió sus dedos en su pelo oscuro, cuando cegada, esta vez por su corazón, habló sin pensar.

-Me gustas…-se controló un poco.-me gustas demasiado…-Ace sonrió complacido ante la confesión.-siento que el corazón se me va a salir del pecho cuando me miras a los ojos…que el simple hecho de que me acaricies la piel o el pelo hacen que me vuelva loca…loca por ti…-respiró hondo para controlarse. No podía soltarlo, no podía hacerlo…se mordió el labio para no gritar que le quería. Así que no tuvo más opción que pedirle aquello que tanto deseaba.-bésame…-el corazón le dio un vuelco al pecoso que entrelazó sus dedos con los de ella apoyados sobre la almohada. Aquello parecía formar parte de un maravilloso sueño. Así que, ávido de que no lo fuera, tuvo que preguntar.

-Hace un instante querías que me alejase de ti, ¿por qué ahora…?

-Porque el deseo ha vencido a mi razón…porque quiero cometer esta locura aunque luego me haga daño…

-Yo sería incapaz de hacerte daño…-ante aquella afirmación, Nerumi volvió a la realidad de golpe. Y sin pensárselo dos veces se apartó de él con brusquedad.

-Nerumi…-Ace la miró sin comprender.

-Lo siento, se me ha ido la cabeza…-trató de calmar su respiración.-no sé en qué demonios estaba pensando para pedirte eso…No puede ser, no puedo estar contigo, es una tremenda locura…-el moreno resopló.

-¿Por qué eres tan cabezota? ¡Sabes a la perfección que me quieres!

-¡No!-le gritó enfadada. Pero más consigo misma que con él.-no te quiero.

-¿Entonces a qué viene esto? ¿Por qué me das tantos rodeos? ¿Acaso juegas conmigo? ¿Te divierte seducirme?

-Yo no juego contigo.-se defendió aun sabiendo que no tenía defensa alguna.

-¿Entonces por qué?-la miró serio esperando su gran respuesta.

-Porque…porque…-se quedaba sin palabras, sin recursos. Ace chistó con la lengua y se incorporó de la cama con la clara intención de levantarse e irse, pero ella fue más rápida y lo abrazó por la espalda antes de que se fuera.-escucha…-Ace volvió a sentarse. La decepción recorría su mente orgullosa-¿quieres saber qué me pasa?-él asintió sin girarse y ella suspiró. Era hora de confesar sus miedos. Estaba cansada de mentirle…de mentirse…-Estoy confusa.-soltó.-sé que siento algo muy fuerte por ti es verdad, pero no estoy segura de lo que es. Si deseo, capricho o amor…déjame ordenar la mente. Solo te pido tiempo, aunque sea un poco. Hoy…ahora…me ha invadido el deseo. Y si tu deseabas hacerme tuya yo te deseaba mío…-suspiró.-Pero tengo miedo…tengo mucho miedo Ace. Fíjate bien en nuestras situaciones,-el moreno entrelazó sus manos y miró el suelo con tristeza.- ¿qué pasará después cuando te marches? ¿Qué haré si me enamoro de ti y no vuelvo a verte? Viviría atormentada con todos estos recuerdos…te lloraría cada noche…-la joven apoyaba la frente en su espalda ancha mientras hablaba. Él sabía que por desgracia tenía razón-si te digo que te quiero, tendría que afrontar una serie de situaciones a las que no sé si estoy preparada. O lo mismo eres solo un capricho de mi mente, una atracción física demasiado fuerte pero que luego será totalmente olvidada cuando te vayas…-suspiró.-Escucha…yo no quiero confundirte. No quiero que te ates a mí porque yo sería tu debilidad. Y sé que cualquiera que se entere podrá jugar con eso a su antojo con tal de conseguir lo que quieran de ti…eso supondría que te harían daño por mi culpa…yo no podría aceptarlo. En el mar no hay sitio para los que tienen debilidades o enseguida te comerán vivo cual oveja sin protección, tú me lo enseñaste.-el moreno se mordió el labio con resignación.-Y sé a la perfección que cualquier cosa me pase o me digan hará que te vuelvas loco y te descontroles. Hoy en el bar por ejemplo. Imagínate que sales mal parado por eso o por cualquier otra cosa así…yo me moriría si me entero que te ha pasado algo…no lo soportaría…-Ace chistó con la lengua para luego girarse y observarla abatido. Ella miraba las sábanas sentada sobre el colchón. Se notaba que la tristeza la invadía.

-Muy bien…si necesitas tiempo…te daré hasta que me marche…-Habló con la mayor endereza que tenía en aquel momento. ¿Qué más podía decirle? Ya lo había intentado prácticamente todo…pensó. La joven lo miró con los ojos verdes llorosos, y simplemente asintió y se echó en su lado de la cama. Al contrario que ella, él se levantó y fue hacia la puerta.-voy a tomar el aire un rato. Estoy aquí al lado, si necesitas algo avísame.

-Vale.-la oyó contestar y él salió de la habitación.

Nada más hacerlo se apoyó en la puerta y se llevó las manos al rostro. Resopló y suspiró una y mil veces. Luego se llevó la mano al puente de la nariz para masajeárselo y chistó con la lengua. La cabeza le dolía a horrores. Sabía perfectamente que Nerumi tenía toda la razón del mundo. Sabía que no podía permitirse el lujo de tener una debilidad tan grande siendo quien era. Pero su corazón y a veces su estúpida cabeza no pensaban lo mismo. Lo peor de todo era que no sabía cómo parar aquellas emociones hacia Nerumi cuando nunca antes las había sentido en aquella proporción. Aquello le provocaba el maldito dolor de cabeza que parecía intensificarse. Así que, de muy mal humor, en pijama y descalzo, salió hacia un balcón que daba a un patio interior de la taberna. Se apoyó sobre las barandas y cerró los ojos. El aire que se colaba por el techo abierto parecía despejarle un poco las ideas.

No había opción, tenía que resignarse o aceptar que ella era realmente inalcanzable. No podía agachar la cabeza constantemente o seguir hiriendo su orgullo como si nada. Había llegado al culminen, a un punto límite. No rogaría más. Ese nunca fue su estilo con las mujeres y a partir de aquel momento dejaría de serlo con Nerumi. Él ya había jugado sus cartas y poco más podía hacer. De todas formas aunque no rogase, seguiría insistiendo. Pues aun tenía la clara intención de salir victorioso en aquella pelea aunque se le presentaba tremendamente difícil. Sabía que ella sentía algo, de hecho se lo acababa de confesar, y sabía que no era cualquier cosa. Conocía a las mujeres que no se enamoraban, y sabía a la perfección que ante una contrariedad o cualquiera que se les pasara por delante mucho mejor que él, saldrían totalmente huyendo. Sin embargo, Nerumi se había mantenido ahí. La noche de la fiesta tuvo la oportunidad de irse con otro y sin embargo prefirió no hacerlo y cuando lo encontró a él con aquella mujer…no huyó. Además se preocupaba, sentía celos, le dolía sus cosas malas y le hacían feliz las buenas, le había abierto su corazón…era totalmente imposible que no estuviese enamorada de él…

No había vuelta atrás. Ambos se pertenecían el uno al otro muy en contra del destino desafortunado, pues en poco tiempo se tendrían que separar. Y entonces, ella podría conocer perfectamente a otro, y quizás él podría conocer a otra, o simplemente a nadie y seguir con su vida. Acordándose todos los días de cada momento que desaprovechó con ella…

Ofuscado, se revolvió el pelo oscuro enfadado consigo mismo y sus pensamientos desconcertantes y contrariados. Odiaba estar con aquella horrible incertidumbre. ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Esperar? ¿Intentarlo de nuevo? Resopló y de pronto el corazón le dio un maldito vuelco al pensar en ella…de nuevo se llevó las manos al rostro, aquello no tenía vuelta de hoja. Era totalmente incontrolable. El daño se lo haría estuviese o no con ella…

De nuevo se le vino a la mente el terrible pensamiento de estar día y noche acordándose de todos los momentos que dejó atrás y que no aprovechó con ella…

Y entonces reaccionó, miró al cielo y asintió para tener confianza consigo mismo. Luego se giró y con paso decidido caminó por el pasillo hasta llegar a la puerta que abrió al instante. Lo supo sin dudar. Si ella respondía a él ahora, no le hacían falta ningún tipo de palabras, pues sabría a la perfección que no solo le gustaba, sino que era algo más. Algo muchísimo más especial…

Se subió a la cama y se sentó sobre las sábanas. La joven parecía dormida, pero supo al instante que fingía de una forma horrible. No era la primera vez que la había visto dormir. Así que sin pensárselo dos veces, la agarró de la muñeca y tiro de ella hacia él. Nerumi abrió los ojos desconcertada ante el tirón y lo observó un tanto asustada.

-Ace que…

Él la acercó aun más a su cuerpo agarrándola de la cintura, ella se dejó llevar aun totalmente perdida por los movimientos del moreno. Ace se acercó a su oído y le susurró.

-No finjas…-ella iba a responder cuando sintió su mano agarrando su nuca y unos labios ajenos juntándose con los suyos. Con pasión, amor y ternura. Delicadeza y una chispa de lujuria, con cariño y respeto. Con imprudencia pero con decisión a la misma vez…

Y ella simplemente se agarró a su espalda con demanda y correspondió al beso como si no hubiera un mañana por conocer, como si el tiempo se detuviese, como si jamás hubiese besado a otro,..

Una hora más tarde dormía entre sus brazos con una enorme sonrisa. No habían pasado de besos o meras caricias. No era el deseo de Nerumi llegar a más y lo respetaría, la respetaría por encima de todas las cosas…Además, mejor era así…Sin embargo, él lo había comprobado y sonreía feliz. Nerumi le quería. Estaba tan enamorada de él que correspondió a sus besos como si después de esa noche no volviera a tener la oportunidad. Tal y como él pensara minutos antes. Besó su frente con ternura y ella pareció sonreír en sueños…

"Si nos tenemos que separar nos enfrentaremos a ello aunque tengamos miedo. He comprobado que no existe la libertad sin ti. Ahora sé que no puedo evitarlo. No dudes que te quiero y te querré siempre de aquí en adelante aunque me duelas…" fue lo último que pensó el pecoso antes de que el sueño cerrase sus párpados por completo…