El ABC Tokka


Disclaimer: ATLA no me pertenece, ni las canciones. Eso es propiedad del Copyright. La historia sí es mía :333

Bueno, otro cap de mi ABC, y es de una canción de RBD, me encanta *-*

Aquí, tendrá el POV de Toph, y se centrará en cuando ella ya tiene su trabajo de Jefa de Policía en Ciudad República, tiene a Lin (5… 6 añitos :3) y es amante de Sokka, el Consejal.

¡Oooooohhhhh sí! Todos pensamos que es su amante, ¿cierto? Porque yo creo eso. Así que Toph contará como se siente siendo su amante, y sintiéndose confundida al creer que el no siente amor por ella. Ya que estoy utilizando el término 'amante' no pondré muchas menciones sobre lo que hacen los adultos, pero si pondré como se siente Toph: feliz… enamorada… ilusionada, cosas así. Yo no escribo cosas adulteras xD

Ok, ya saben, nada de AU y nada de adolescentes. ¡Esto es entre Toph y Sokka adultos! Solo imagínenselos. Y una advertencia: Este cap, estará un poquito cursi al final… Jajaja x3 (no soy buena en lo cursi :P)

¡Al fin otro nuevo cap! Pero calmadosssss, que mi gripe ataca como si fuera el batallón de Sparta (¡THIS SPARTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA A!(?)) xD

¡Reeecomendacióoon!: La canción es hermosa, si desean, escúchenla mientras leen, les gustará :3

Bueno, ¡a leer! (y cantar ;))


Letra: E

Canción: Enséñame

Artista: RBD (Rebelde)

Es dolor el saber que lo nuestro se puede terminar

Porque simple y sencillamente nunca he sabido actuar

Y sé que

Mueres por mí, vives por mí

Y nunca me has dejado atrás

Aunque sabes que a veces yo soy solo miedo

Amantes.

Mi cabeza repetía y repetía esa palabra millones de veces.

A-man-tes.

Sinceramente, desde que era la niña de 12 años que ayudó al Avatar a terminar la guerra de cien años, jamás pensé que él estaría conmigo.

Jamás.

Ni cuando derrotamos a Ozai. Ni cuando se casó con Suki. Ni cuando tuve a Lin. Ni cuando me di cuenta que se peleó con Suki. Ni cuando me ayudó a cuidar a Lin… y tampoco cuando sentí sus alocadas vibraciones cada vez que está conmigo.

Esto es… demasiado para mí.


Mandé al diablo todo el trabajo y me dirigí a mi casa, en donde vivía con Lin. Tomé las llaves y abrí la puerta al llegar, siendo recibida por un bultito curioso que abrazaba efusivamente mis piernas. Sonreí, la amaba demasiado.

—¡Mami, adivina! ¡Me porté bien e hice los movimientos que me pediste!—exclamó mi retoño, yo sintiendo como saltaba con emoción. Reí y la cargué, llevándola conmigo hacia dentro.

—Muy bien, cariño. Ésa es mi chica—le dije, besándole la mejilla—¿No vino nadie? ¿Le abriste a algún extraño?—yo siempre le decía que no le abriera a nadie, aunque fuera Aang, Zuko o Sokka —exceptuando a Katara—, no quería que ella perdiera la concentración, los hombres la divertían de sobremanera.

Sentí como Lin agitó su cabecita en señal de que me había obedecido. Me encanta cuando lo hace, ella sabe las consecuencias si hace lo contrario.

—Bien. Vamos, acompáñame al cuarto—.

Me quité el uniforme de Policía y lo guardé, mediante metal-control. Estiré mis brazos bostezando y me tumbé en mi cama, dispuesta a dormir una eternidad, de lo cansada que estaba. Cuando escucho que Lin se va del cuarto y abre la puerta de la entrada. Ahí siento unos pasos conocidos.

Mierda.

Mierda, mierda, mi-er-da. Santo Rey de la Mierda.

Era Sokka.

—¡Tío Sokka! ¡Hola!—siempre Lin, ajena a mi inquietud por la culpa de ese… argh. Él siempre la distraía con su boomerang o espada. Lo trato de odiar pero no puedo.

—¡Mocosa! ¿Cómo estás, pequeña tejón-topo?—sentí cómo él la abrazaba. A veces pienso que le pone apodos por broma.

Me estremecí al oírlo preguntar por mí.

Maldito Rey de la Mierda.

Y Lin, tan inocente.

Me acomodé en la cama y fingí dormir, a ver si así se iba. Agudicé el oído y lo escuché reírse.

—Toma Lin, ve a jugar en tu cuarto, tengo que hablar con tu dormilona madre—le decía. Escuché como mi hija lo obedecía y la puerta se cerraba.

Empecé a rezar, orar, y suplicarle a los Espíritus de que él no me haga estremecer tan rápido.

Mierda.

Se me tiró encima y me quitó la sábana de la cara, empezando a besarme la mejilla.

Ay, mierda.

—Hola, Ojos-Muertos. ¿Cómo estás?—me saludaba, jugando con mi pelo suelto. Tranquila, Toph. No cedas, no te rindas, eres más fuerte que él, sólo controla tus malditas hormonas.

Maldita sea. Y eso era taaaan fácil.

—Cansada—dije, seca. Él se rió.

No sé como hizo para acomodarme debajo de él, sosteniendo mis muñecas, manteniéndome en una incómoda posición. Ay, mierda. Vamos, hormonitas lindas, no se vuelvan locas.

—Lo sé, siempre vienes cansada. Pero, ¿estás cansada de estar conmigo?—me dijo, con un dejo de tristeza en su voz. Mi maldito corazón se apiadó de él.

Obvio, de todos modos lo amaba, desde que era una niñita.

—No—le dije.

—¿Segura?—me besó repetidamente la cara. No pude evitar reírme ante el tacto. Ríndete, él es muy sexy. Y le pareces sexy, ¿qué más da?

Lo tomé de las mejillas y lo besé, atrayéndolo hacia mí. Enrollé mis piernas en su cintura y él me alzó, sentándome en su regazo, todavía besándome.

—Mmm… rico—mencionó él entre besos. Reí y ladeé mi cabeza a un lado, dándole permiso para besarme el cuello. Y así lo hizo. Él empezó a balbucear cosas que no entendía, mientras más abajo llegaba. En cuanto sentí que me dejaba dos o tres chupetones en la clavícula.

Mi punto débil.

Lo tomé de su colita de lobito guerrero y me tiré encima de él, besándolo apasionadamente. Sokka puso sus manos en mi cintura, apretándome a él.

—Te amo—me dijo. De pronto mi cuerpo dejó de funcionar y se paralizó. Sokka lo notó—…¿Toph?—tomó entre sus manos mi cara, diciéndome palabras lindas, tratando de sacarme de ese maldito trance.

Él me amaba, yo sé eso.

Pero jamás lo pude soportar. Por eso prefiero taparle la boca en las noches.

—Yo…—traté de hablar, pero nada más salió de mi boca, no sabía qué hacer. Hasta que mi hermosa hija me ayudó.

—Mamá, siente lo que… ¿Qué hacen?—…y se me olvidó que estábamos en una posición en la cual, la mente prematura de Lin no podía procesar.

Me separé de Sokka bruscamente, empujándolo y haciéndolo caer. Escuché quejidos antes de irme hacia Lin.

—Nada, cariño. No preguntes. ¿Qué necesitabas?—le pregunté, llevándomela afuera.

Justo por esta y por muchas razones más, amaba con todo mi ser a Lin.


Pero vives en mi, junto a mí

En mi interior, en este corazón confundido

Por eso te pido por favor.

No sabía amar.

¡Eso era lo que me carcomía por días enteros! ¡La razón por la cual ya no podía estar con Sokka sin antes pensar claramente! ¡Lo que me dejaba sin aliento y paralizada!

No sabía amar como era debido.

—Gracias, Katara—le dije a mi amiga, yéndome de la habitación sin que ella pudiera seguir hablando.

Tomé mis llaves mediante metal-control y cerré la puerta de Katara de un portazo, apretando los dientes.

Mierda.

Él me amaba, desde sus dieciséis, y yo no estaba enterada. Ya todo tenía sentido, los cables en mi cabeza al fin se habían desenredado y estaba confundida aún.

¡Maldición!

Solo había una persona en la cual podía expresarme, y me daría paz, mucha paz.

Pies Ligeros.


—¿Y de qué necesitas hablar, Toph?—me preguntó mi sabio amigo. Me acerqué a él y lo tomé de su túnica de maestro aire, acercándolo a mi cara.

—No sé amar—le dije, soltándolo.

Lo sentí parpadear, muy, muy confundido.

—¿A qué te refieres con…?—pausó, para emitir un sonido de entendimiento—Es por Sokka, ¿verdad? Oh Toph, sabes que en esto te puede ayudar Katara, ¡Sokka es su hermano! Y en esto de aconsejar mujeres no soy muy…—.

Lo tomé otra vez de la túnica y lo acerqué rápidamente a mi cara, mostrándole mis facciones amenazantes. Lo sentí tensarse y palmeó levemente mi mano, queriendo que lo suelte. Lo hice. Sólo porque era el Avatar. Luego no me culpen si el Avatar muere otra vez y reencarna en ¿qué? ¿Una chica? Sólo no averigüen quién lo mató.

—De acuerdo, de acuerdo. Te ayudaré en lo que pueda, no quiero que mis hijos se queden sin padre tan pronto ni el mundo sin un Avatar nuevamente—tomó aire—Veamos, ¿qué hizo Sokka o qué hiciste para saber que no sabías… ehhmm… amar?—preguntó suavemente.

—Él me dijo que me amaba, y fui con tu esposa—pausé—Me dijo que mi parálisis ante su declaración fue porque… no sabía amar—.

—Eso debió ser por tu encaprichamiento con él desde tus 12 años…—.

—Yo NO me encapriché con ÉL—le dije, amenazante. Lo sentí encogerse—Sentía esas mariposas… yo sé que no era encaprichamiento—dije, volteando la cabeza.

Mi amigo el Avatar suspiró: —Lo sé, y perdón por eso, Suki me había dicho…—.

—¡Al diablo con Suki! Hablamos de mí, no de ella—dije. Sentí a Aang alzar las manos en señal de inocencia.

—De acuerdo, pero no te enojes. Dejemos eso a un lado… ¿Dices que sentías mariposas?—yo asentí—Oh, bien. Veamos, yo cuando era pequeño… ¿recuerdas? Era un infante que no tenía ni idea de cómo actuar frente a Katara… era un tímido. Me cuestionaba una y otra vez: ¿Ella me ama? ¿Se sonroja porque me quiere? ¿Me protege por…? Esas dudas rompían mi pobre cabeza, pero eso no me solucionaba nada…—.

—¿A dónde demonios quieres llegar con esto?—pregunté, a punto de perder mi poca paciencia.

Aang suspiró: —A que yo también tenía mis dudas… Unas que me herían y yo creía que besando a Katara se solucionaría… pero no Toph, no. Tú en cambio, no sabías amar. Sentías las mariposas, te sonrojabas, lo protegías, lo golpeabas por afecto (y aún lo haces) y te guiabas del él cuando en serio estabas ciega. Eso era enamoramiento precoz…—alcé una mano, obligándolo a callar.

—Me estás diciendo qué… no sabía amar, ¿pero que me estaba enamorando? Explícate—ordené confundida.

Aang rió.—Enamoramiento precoz es que te enamores por primera vez, a esa edad. Lo descubrí en una charla de hombres con Gyatso antes de huir—.

Alcé una ceja. Luego escuché a mi amigo suspirar.

—Toph, lo que quiero decir es que, estás en la edad en la cual toda mujer sufre de confusión, y por eso no tengas miedo…—

—Yo NO tengo MIEDO.

—…Y si tuvieras miedo, no lo tengas, porque estás enamorada. Punto. ¡Estás enamorada!—.

Dirigí mi cara hacia él, me metí el dedo meñique al oído revisando si tenía cera en él y luego quité la cera del dedo, para alzar más la ceja.

La ceja se me saldría de la cara si el Avatarcito no se explicaba.

—¿Estoy… enamorada…?—dije.

—¡Sí!—literalmente, el saltó de la emoción.

—Me largo, salúdame a tu mujer—dije, me levanté, sacudí mi ropa y me fui, riendo un poco al sentir las confundidas vibraciones de mi amigo.

Eso le pasa por no ponerlo más claro.


Para la noche, ya en mi acogedora casa, con mi dulce retoño, y un plato de chocolates; me senté cómodamente en mi sofá, descansando de mi enredado nudo en la mente y del pesado día que tuve. Lin se acurrucó en mi regazo y tomó un chocolate, riendo.

Sonreí y le acaricié la cabecita, sintiendo lo realmente cómodo que era estar con ella.

—Mami—me llamó—¿Y el tío Sokka? Dijo que vendría con la cena—maldecí mentalmente y con todas mis fuerzas por ello. Le sonreí y le desordené el cabello.

—No te preocupes, Linny, él debe estar trabajando—le dije.

Suspiré al sentirla acomodarse, para dormirse en mi regazo.

Maldición, esto de "Aprender a amar" me está cansando.


Lin terminó durmiéndose, tal y como Sokka; con sueño pesado. Mierda, se parece cada vez más a Sokka… sacó de él su nariz, hambre y huesos fuertes (aunque eso es más parte mía). Odio esto.

La acosté en mi cama y me devolví a la sala, caí el sofá y me tapé los ojos con el brazo; descansando mis ojos y mi otro brazo en la barriga.

Cuando tocan el estúpido timbre. ¿Por qué dejé el timbre y no pude poner algo más silencioso? No, tuve que dejarlo porque mi flojera era grande. Gruñí y con la pierna, golpeé el piso provocando que la puerta se abriera con fuerza.

No quise saber ni quién era, ahora estaba harta del amor, pero bien harta.

¡Paw!

Alguien se tiró encima de mí y me aplastó, provocando que me cayera al piso junto con esa persona. Maldecí y toqué el piso, detectando al o a la infeliz que me aplastó.

Oh mierda…

Era Sokka otra vez.

Me paralicé de nuevo, y él me besó en la frente.

—Hola, Toph. Te traje algo…—antes de que siquiera moviera algún músculo, lo lancé hacia la pared, inmovilizándolo con mi metal-control.

—Tú… desgraciado… ¿Cómo se te ocurre tirarte encima de mí? ¿Qué quieres, matarme de un susto? Idiota—dije, aprisionándolo con el metal de la pared y cruzando los brazos sobre mi pecho. Estaba cabreada, y él sabía bien como sacarme de mis casillas.

—¡Era una sorpresa! Tú cuando me visitas, me lanzas al cielo con tu tierra-control… ¡Tenía que vengarme!—se defendió, buscando moverse de mi prisión de metal.

—Ja, me encanta hacerte eso—.

—Muy graciosa… pero por favor sácame, creo que no siento mis brazos y tengo que sacar de mi bolsillo tu regalo…—¿Qué?

¿Mi regalo…?

En su bolsillo, sentí algo pequeño, como tallado en un material de tierra, con formas que casi no podía sentir a la distancia. Di el siguiente paso acercándome a él y quitándole el objeto.

Era un collar… ¡un collar de compromiso!

—Sokka...—

Estaba tan asombrada que ya no pude seguir controlando el metal, Sokka se zafó de él y se acercó a mí, con ternura.

—He estado pensándolo… Toph… ¿Te quieres casar conmigo?—me pidió, colocándome el collar. Sentí con mis dedos el dije, explorando el dibujo de un boomerang y una roca. Sonreí.

—Claro, pero…

—¿Qué? ¿Te preocupas por ese cuento de no saber amar?—¿Cómo lo supo…? Argh, Pies Ligeros—Yo te enseñaré, y te prometo, que jamás te haré daño.

Me sonrojé, pero desvié la cara.

Nah, mi problema no era el no saber amar, sino; el necesitar a alguien que me enseñara.

Enséñame a quererte un poco más

y a sentir contigo, el amor que tú me das

desvanece el frío, quiero verte ya

Enséñame a quererte un poco más

y a vivir contigo

que no aguanto la ansiedad

de saberte mío, quiero ir donde vas.

—Oye Sokka...

—¿Mm?

—Lin es tu hija.

—¡¿QUÉ?!


xD

Largo, ¿no? Pues eso fue lo que me costó terminarlo… quería algo largo, y jodidamente lindo, y creo (creo), que lo logré. Espero les haya gustado… ahora, si me permiten… *agarra su pañito y estornude*

Pista del siguiente: Freak the Freak Out—Victoria Justice.

P.D: Si me tardo en actualizar el siguiente… sepan que será por falta de inspiración.

Nie~

*estornuda y tose*