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Capítulo 9
Habían pasado 4 meses de aquella ocasión en el bosque y 3 desde que su hermano fue enviado a la Universidad de Edimburgo para continuar con sus estudios
No creyó que pasaría luego de todos los acontecimientos anteriores, pero por sus avances con las terapias y su constancia personal, Mr. Kirkland autorizó su educación y la falta de servidumbre que le cuidase, ya que más por orgullo que por convicción, Alasdair se medicaba sin falta, puesto que no soportaba que alguien le dijese qué hacer
Sí, una actitud muy típica de él
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Recibía sus cartas cada semana: le contaba sobre sus clases, la vida en el campus, los compañeros, maestros, figuras prominentes que daban seminarios especiales, y las reuniones aburridas de los ricos
"-Tener dinero es una molestia" -escribía "-Parece que es sinónimo de ser un estúpido mandilón sin carácter"
También narraba cómo era la ciudad, las personas que la recorrían y esos "agentes fastidiosos" de Inglaterra que vigilaban los asuntos de gobierno y educación de Escocia
Su estabilidad también era un punto a tratar: le informaba sus avances, sus "quejas", la frustrante curiosidad que despertaba en ciertos "imbéciles" que siempre estuviera tan al pendiente de unas "botellitas oscuras", etc.
Y a juzgar por algunas otras cosas, en ese aspecto parecía mantenerse comunicado con su psiquiatra, sospecha que fue confirmada cuando él mismo le comentó ciertos cambios que debía hacer con su medicina y horarios
Le extrañaba que el pelirrojo tuviera tiempo para escribirle -y la cantidad, cabe decir-, pero el rubio decía que era buena señal y un modo de sacar parte de su ansiedad, que parecía ser uno de los efectos secundarios de las inyecciones. Ella también lo creía, pues no sólo demostraba una gran coherencia en sus frases y anécdotas, sino que le parecía sano que se distrajera así
Capaz que pronto le salía conque había creado una novela...
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Empero, quien más despertaba su sorpresa, era el mismo inglés: con todo el trabajo que debía tener-era un gran figura de la comunidad médica-, la distancia de su hogar, los problemas de otros pacientes y el avance que llevaba con sus investigaciones, se daba las horas para analizar bien el caso de su hermano, concluir nuevas cosas, diseñar sus dosis y escribirle si se necesitaba
No era secreto que le pagaban bien -su esfuerzo lo ameritaba-, y a pesar de la reducción de su sueldo a raíz de que ya no se necesitaron con frecuencia sus consultas, seguía realizando una impecable labor
No había conocido persona más brillante, amable, y que le daba los asombros más gratos, de ahí que no fuera un sacrificio recibirlo, charlar o pasear con él cuando venía de visita
A su familia le agradaba mucho, incluso a Alasdair quien, aunque no entabló amistad, lo respetaba y obedecía profesionalmente hablando. En su caso, lo admiraba, estimaba y consideraba un amigo invaluable, por lo que disfrutaba sinceramente el tiempo que se daba para verla... no existía algo así como un calendario que indicaba cuándo vendría, pero por los telegramas que enviaba avisando, disponía la casa para una cómoda estancia. Sus mismos padres procuraban estar ahí y recibirlo
Podría decirse, entonces, que en cierto modo ya se había creado una rutina placentera y constante, una que agradecía tener
Luego de todo lo que pasó, lo que más imploraba era seguridad...
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Pero no podía evitar pensar por qué, en ese precisos meses, era que todo se volvió tan normal
Si lo analizaba, temía descubrir y darle la razón a varias ideas que, crueles, se colaban en su consciencia
...
Bebió un poco de su té mientras miraba la fina tacita con figuras de flores
Las mañanas en que podía disfrutar la cálida bebida habían aumentado desde la recuperación del de ojos verde botella...
Pero más desde que fue...
-"Detente" -se dijo con fría resignación - "Ya no pienses en eso"
¿Cuánto tiempo más podría seguir evitando el análisis? Quería decirse que por el que fuera necesario, no obstante, ahí radicaba la ironía
Lo necesitaba ya
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Suspiró, dejando la pieza en su bandeja
De entre todas las personas, no pensó que ella misma sería a la que más le costara salir de su irritante negación, una que se presentó desde aquella vez en el bosque
El encuentro fue la culminación de todos sus sentimientos y esperanzas, un increíble alivio porque el mayor demostró que recuperó muchas cosas que había creído deshechas
Tuvo una acumulación de amor, calidez, gratitud... sin embargo, aunque se fortaleció el cariño que le tenía, no fue de la manera que esperaba
Es como si se hubiese dado un tope en esa gama de emociones
No se arrepentía, y a la vez, supo que algo ya no encajaba
No lo hizo por los días que siguieron, o cuando Alasdair insistía en quedarse a solas con ella y darle ciertas muestras de cariño significativas
No las evitó, tampoco permitió que llegaran lejos
...
El amor seguía... con una única cara
La de hermanos
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Dios, ese era el punto que no quería analizar... pero lo sentía, sobre todo ahora que se había ido...
La sensación de seguridad que tanto buscó a su lado, en esos meses se dio con su ausencia y la normalización de su rutina
Era una mala mujer por pensar así
...
No, nunca fue una carga, de serlo, inmediatamente se hubiese alejado
Lo asistió porque era la persona que mejor la comprendió, que la cuidó y quien prometió explorar el mundo con ella; lo amaba, y mantenía la esperanza de que algo se pudiese hacer para recuperarlo, cosa que se logró cuando Mr. Kirkland lo tomó como paciente; los momentos que pasaron antes de su partida eran... como los de antes...
Casi
Siempre estaba la posibilidad de que recayera y se convirtiera otra vez en esa bestia irreconocible que se cortaba y gritaba en medio de la noche
Su enfermedad no se iría, sólo se controlaría
Nunca estaría segura con él... y no temía eso, si era el caso...
Temía ella misma volverse loca en un mundano intento de seguirlo y ver en él la figura que le diera balance
Se conocía, no era tan fuerte, no estaba dispuesta a hacer ciertos sacrificios que la hundieran en un mundo de dolor
Alasdair tenía razón en ese sentido: continuaba con sus inocentes fantasías de princesas, reinos desconocidos, dragones con magia, unicornios y seres tanto puros como viciosos del bosque
De niña, pensó que era ese caballero andante que podía cuidarla sin importar las circunstancias
Cuando comenzó su enfermedad, supo que debía protegerlo para que, algún día, regresara y tomara el papel que le correspondía
Ahora que las cosas parecían haber vuelto a su lugar, en el reino ya habían pasado 100 años, donde todo se quedó lleno de polvo y se pudrió
Intentó vivir como un siglo antes, pero velar tanto por el príncipe durmiente cambió su amor de mujer por uno maternal
Ella envejeció. Él tenía su disfraz galante con los ojos brillándole como una bestia
No tenía sentido un esfuerzo más cuando el mundo parecía tener sentido así
Ya no quería esforzarse...
¿Era una mala mujer por pensar así?
Por supuesto
...
Entonces, ¿por qué sentía tanto alivio?
-¡Gwyni! - le hablaron los gemelos desde la puerta de la sala - ¡Arthur ya llegó! ¡Está en el patio!
-A-Ah, sí
Se levantó y revisó su atuendo frente al gran espejo del lugar: portaba un bonito vestido color beige que llegaba un poco más abajo de su rodilla, con cuello mao y manga corta, no olvidando un chal más oscuro. Llevaba sus típicas botas de campo, porque tal vez a Mr. Kirkland le gustaría pasear. Su cabello estaba atado en una coleta a la altura de su nuca, y el flequillo de lado derecho acentuaba su casual peinado
-¡Ya, hermanita! Estás hermosa~ - Bryan se reflejó de su lado derecho - Si te sigues arreglando, ¡tendremos que cargar con todos los pretendientes que se agolparán en la puerta!
-¿O será que al único que quieres es a Arthur? - Ryan lo hizo del lado izquierdo, imitando la sonrisa pícara de su gemelo -¡No uses todas tus armas todavía! Lo vas a matar de toda la belleza que le mostrarás de golpe~
-No tengo idea de lo que hablan
-Seeeh, claaaaaro
La verdad era que... bueno, se sentía feliz cuando el inglés la halagaba... pero sólo se trataban de vanidades de mujer
-Como sea, ¡vamos!
-Sí
Una última mirada y acompañó a sus hermanos a la puerta
Era una mala mujer por distraerse con esas cosas
Lo trágico, es que no había remordimiento
