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Capítulo 12
Habían pasado algunos minutos... horas, tal vez... no estaba muy seguro ahora que no era capaz de prestarle atención a las luces, sombras y colores de la habitación
En su pupila... todo parecía gris, casi negro, con algunas figuras apenas distinguiéndose...
No reconocía nada, era como si hubiese enceguecido
...
En cambio, su sentido del oído se hallaba intacto, atento, listo a cualquier reacción
Juraría que escuchaba todo en la mansión: las pláticas de la servidumbre, las actividades en la cocina, en donde planchaban la ropa, en los lavabos, en aquella sala donde se hallaba reunida la familia entera
Distinguía a la perfección las palabras cálidas, las risas, ese palpitar en cada corazón y la respiración...
Por eso fue preciso el instante en que supo que la feliz pareja subiría a verlo
El eco de los pasos, su velocidad, la fuerza, el silencio que caracterizó el camino lo indicaba
Esperó, doblando las rodillas hasta abrazarlas contra su pecho, mirando fijamente la puerta
...
... unos leves toque se oyeron, enseguida del rechinido de la madera
-¿Alasdair?
Al primero que vio fue a él, con su cara de preocupació, extrañeza y la fina precaución de un experto... seguramente se preguntaba qué diablos disparó su "recaída" durante esas semanas y la manera en que se manifestaría
-¿Podemos pasar?
No dijo nada, tampoco asintió, pero fue claro que la cuestión fue meramente retórica, porque ya estaba entrando con lentitud
-¿Hermano?
Como predijeron sus cálculos, ella también vino a verlo, teniendo en la mirada ese brillo antiguo, opaco, melancólico de los días en que sólo vivía para cuidarlo
Venía rozándole la mano ligeramente al inglés, notando al segundo el brillo de la joya en su anular izquierdo
"Tan grande como una fresa" era la oración que describía perfectamente la imagen
Ambos se quedaron junto a la salida observándolo, estudiándolo: él probablemente pensaba opciones de medicamentos y terapias; ella no tenía que reflexionar nada, sabía por qué estaba así, pero maquinaba excusas
No quería escucharlas
-Alasdair, me alegra verte - Arthur no le hablaba como familiar, sino como psiquiatra. Qué inteligente maniobra -
¿Cómo te sientes?
No respondió. No se mostró amenazador
-Si estás de humor... -Gwyneth mostraba seguridad, una que nunca le conoció cuando hablaban. Que estúpida maniobra - Tal vez querrías bajar a la sala... ¿sabes? Brindaremos por una gran noticia
Uhn, vaya, que semblante tan espectacular tenía al decir eso, comparado sólo al del rubio, que a pesar de su evidente alegría, mantuvo la seriedad correspondiente
O su hermanita estaba siendo muy confiada, o creía que las cosas eran como antes
-¿Qué dices? ¿Te gustaría...?
...
...
-... no... -susurró, casi como terciopelo -Quiero... quedarme aquí
Pudo ver la decepción en las facciones de ella
Querida, no sabes lo que es sentirla
-Está bien - respondió él - Pero si cambias de idea, serás bien recibido
Abrió la salida con la misma delicadeza que antes, y proseguieron a marcharse
Fue cuestión de un segundo, de un impulso e instinto sin controlar
Se puso de pie
Camino a grandes zancadas antes de que cruzaran el portal
A él lo empujó hacia afuera, logrando que perdiera el equilibrio
A ella la jaló hacia el interior, al grado de que chocó contra la pared del otro lado
Movió sin problemas el armario junto a la puerta, creando un bloqueo lo suficientemente estable
Lo quería sólo un momento, y eso sería lo único que duraría, puesto que los gritos y golpes que el de afuera daba contra la madera llamarían bastante la atención
-¡A-Alasdair, por favor...! -se oía asustada, aunque no lo aparentaba - ¡Debes calmarte! ¡Esto no es...!
No lo soportó más
Con el hecho de tenerla ahí para él, como siempre debió ser, se entregó al deseo de besar los labios durazno que tanto recordaba en sus dulces sueños, y que lo atormentaban en sus pesadillas
El odio... y esta angustia... aunque los conocía, ya no era capaz de cargar con ellos
Pero ella se removió bruscamente, trató de impulsarse hacia atrás, se separó lo suficiente para que perdiera de vista la boca que tanto le gustaba
¿Podían el amor y el dolor existir al mismo tiempo? ¿Era lo que llamaban locura?
Rezumbaron en sus oídos las exclamaciones, el terror convertirse en oraciones... pero algo no encajó
Que repitiera "Arthur" una y otra vez
Solamente quería llevarla por el mundo
No controló la sádica bofetada que cayó sobre su mejilla y la hizo caer en el piso de lleno
Tampoco quiso, porque esta era la manera que tenía de hacerle ver lo que sentía
Sólo era un idiota por creer que podrían
Se colocó encima, volteándola para que observara lo que había provocado...
¿Ahora sentía lo que él cuando no hubo nadie quien le ayudara?
Apretó sus muñecas hasta que se pusieron rojas
La golpeó hasta lograr que sangrara
¿Ya sentía lo mismo cuando se encajaba las uñas para intentar dormir?
Y estaba enojado
¿Al fin podía ver lo que le exprimía desde que lo abandonó?
Esa sensación de falta de aire, de asfixia... ¿ya la estaría sintiendo?
Cernió sus grandes manos alrededor del blanco cuello de cisne, aprentado con gravedad
Notó inmediatamente la lucha que llevaba para recuperar el oxígeno
Muy enojado
Movía los brazos con desesperación... agitaba sus piernas... oyó la tela de su falda rasgándose por el movimiento...
Intentaba provocar compasión a través de sus fascinantes orbes que ya no brillaban
...
Era su oportunidad...
Si quería reparar todo esto, Gwyneth sólo debía decir su nombre... era lo único que necesitaba para dejarla ir y empezar de nuevo
No pediría explicaciones, ni la regañaría... podría poner su voz por encima de todas aquellas que le dijeron paso a paso cómo enfrentarla...
Le gritó con la mirada que lo dijera...
...
...
Pero... no lo hizo...
Sólo... dejó de luchar... dejó de mirarlo... dejó de respirar
...
... y se fue...
Se fue
...
...
El sonido del mueble cayéndose, de la puerta abierta, y los gritos de quienes lo descubrieron, le sonaron como aplausos
...
...
Su papel en aquel circo jamás sería olvidado
Jamás
Eso era todo lo que quería
...
...
Ahora ya podía tomar la inteligente resolución de volverse completamente demente porque, quizá, la verdadera locura no era otra cosa que la sabiduría misma cansada de descubrir las vergüenzas del mundo
... pero no importaba, ni ahora, ni nunca, ya que nunca volvería a dar otra función
El telón ya había caído bajo el sonido del aplauso
De los grandes, magníficos y majestuosos aplausos
