―3―
El bus avanza tan lento por la carretera que Ron está seguro de que llegarán a su destino en, por lo menos, tres horas más. Se dirigen a Wisemans Ferry, un pueblo costero ubicado a poco más de sesenta kilómetros de Sidney, donde se supone que están (o estaban) viviendo los padres de Hermione. Ella le explicó que, cuando les modificó sus recuerdos, aparte de hacerles creer que debían viajar a Australia, les hizo desear desesperadamente conocer ese pueblo en específico para así poder tener un punto de partida al momento de iniciar su búsqueda.
Se acomoda lo mejor que puede en el asiento y mira a Hermione. Sigue concentrada en unos folletos y una revista para turistas que compraron antes de subirse al bus. Después mira por la ventana y contempla el paisaje que no ha variado mucho, salvo las construcciones que evidentemente ya no son propias de una ciudad. Se fija en el pavimento mojado debido a la intensa lluvia de anoche y en lo iluminado que está el día a pesar de que está totalmente nublado. De repente todo le parece demasiado costero, y piensa que eso es estúpido porque de hecho, están en la costa. Específicamente en la costa sureste del país. Estira el cuello e intenta hallar algún rastro del mar, pero desde la posición en la que está lo único que alcanza a ver es la muralla de edificios que rodea a Sidney.
Apoya su cabeza en la ventana y piensa vagamente en los padres de Hermione. Donde sea que estén, deben estar viviendo sus vidas como si nada. Ni siquiera se deben imaginar que su hija bruja, de la que ni siquiera recuerdan su existencia, próximamente golpeará la puerta de su casa y les devolverá la memoria. Se pregunta si los encontrarán rápidamente o si tendrán que iniciar una búsqueda más extensa. Confía en que será la primera opción. Después se pregunta qué se sentirá que te lancen un hechizo y te arranquen los recuerdos. ¿Existirá un instante, una milésima de segundo, en que antes de olvidar, sepas lo que está pasando? ¿Existirá? Si es así, debe ser terrorífico, piensa. Piensa, piensa ¿desde cuándo piensa tanto? Gruñe por lo bajo y vuelve a acomodarse en el asiento. Está harto de pensar en eso de la memoria y la magia. Es como si su mente, sin ningún motivo, se empeñara en analizarlo y hacerse preguntas que no tienen respuesta, al menos para él. Bufa. ¿Cuánto falta para llegar?
―En unos veinte minutos más llegamos―dice Hermione de repente, como si le hubiera leído el pensamiento. Él da un respingo.
―¿Estás segura? Esta cosa avanza más lento que tía Muriel cuando se torció un tobillo―dice y no puede evitar reírse al acordarse de la escena―. La hubieras visto intentando llegar a la cocina por una taza de té…
Ella alza las cejas, entre divertida e indignada. ―No me digas que ni siquiera le ofreciste ayuda.
Ron suelta una risita. ―Oh, por supuesto que sí ¿por quién me tomas? Otra cosa es que ella no quiso aceptarla y prefirió arrastrarse por el suelo―. Hermione ríe y niega con la cabeza. Él también ríe, pero después suspira e intenta estirar las piernas, sin éxito. ―Si tan solo pudiéramos aparecernos y así no perder el tiempo yendo de un lugar a otro…
―Pero no podemos―lo interrumpe Hermione―. No conocemos ningún lugar para aparecernos y definitivamente no podemos arriesgarnos a…―Bufa―. ¡Ya lo sabes!
―Sí, lo sé―. Ron suspira de nuevo y señala los folletos y la revista que están sobre su regazo. ―¿Encontraste información que nos pueda servir?
Hermione abre la revista y la hojea, pensativa. ―Wisemans Ferry es un pueblo costero rodeado de parques nacionales. Al norte se encuentra el Dharug, al noroeste el Yengo, al este el Cattai y al sur está el Marramarra.
Ron la mira confundido. ―Ya, ¿y nos sirve de algo saber eso?
―Bueno, no―dice Hermione y cierra la revista con brusquedad, frustrada. Apoya la cabeza en el respaldo y cierra los ojos. Ron nota la tensión en su rostro y, con cuidado, comienza a acariciarle el cabello. Sabe que eso la relaja.
―Te gusta hacer eso―comenta ella sin abrir los ojos, sonriendo complacida.
―¿Qué cosa?
―Acariciarme el cabello―murmura.
Ron sonríe. ―A ti también te gusta que lo haga. ¿No te has dado cuenta que ya soy un experto luchando con tus risos? ―. La sonrisa de Hermione se ensancha y él la contempla feliz. Le gusta hacerla reír y hacer que se relaje, que por un momento se olvide de las cosas y que no se preocupe tanto. Aunque, ¿cómo se sentiría él sabiendo que está próximo a encontrarse con sus padres y que estos ni siquiera sabrán quién es él? Por más que intenta ponerse en la situación, le resulta muy difícil. Apenas se la imagina. ¿Molly y Arthur desconociéndolo? Para que eso funcione prácticamente tendrían que borrarle la memoria a toda su familia, incluyendo a tía Muriel. De pronto, una pregunta que no se le había pasado nunca por la cabeza comienza a inquietarlo.
―Hermione… ¿puedo hacerte una pregunta? ―susurra sin apartar sus dedos de su cabello. Ella asiente. ―Eh, cuando tú… hechizaste a tus padres y los mandaste aquí, sin saber de ti ni del mundo mágico… ―Duda―. ¿Nadie más, aparte de ti, los iba a echar de menos…? O sea, ¿qué hay del resto de…? ¿Tienes más parientes o…? ―. Hermione abre los ojos y lo observa fijamente. Ron por un segundo piensa que no debió haberlo preguntado, pero ella al final responde.
―Sí.
―¿Sí? ―repite―. ¿Sí qué?
―Que sí tengo más parientes.
―Nunca nos hablaste de ellos―murmura Ron, intentando recordar si alguna vez mencionó a sus abuelos, primos o lo que sea, pero solo la recuerda hablando de deberes, teorías para salvar al mundo y una que otra anécdota, pero nada realmente personal. Nada sobre ella, sobre su vida.
―Supongo que no.
―Pero…―. No comprende. Algo no calza. ―¿Dónde están? ¿Qué pasa si quisieran hablar con tus padres y descubren que…? ―. De repente hay tantas preguntas que no sabe cuál formular primero. ―¿Saben que eres una bruja?
Hermione se muerde el labio. ―No saben. Bueno, saben, pero… no exactamente.
Ron sonríe para darle confianza. ―Estoy seguro de que esa es la respuesta más imprecisa que alguna vez has dado.
Hermione sonríe levemente. Nota la expectación en los ojos de Ron y se siente ligeramente feliz porque se interese en cosas sobre ella en las que nadie suele interesarse. Su familia es una de esas cosas, porque honestamente ¿a quién le interesaría saber sobre la familia mugglede una bruja? A ojos de los magos, no tienen nada de interesante, sobre todo la suya. Todo es demasiado cotidiano y muggle,demasiado "normal". Intenta ordenar sus ideas, pero se siente extraña. Las únicas veces que habló de su familia fue con la profesora McGonagall y una vez cuando Ginny le preguntó si sus abuelos estaban vivos, nada más, pero supone acertadamente que Ron no se contentaría con tan poco.
―Mis padres y yo somos los únicos Granger que vivimos en el Reino unido―comienza sin poder evitar sentirse rara. Ron se acomoda en el asiento para verla mejor, dispuesto a escuchar la historia de toda su familia remontándose a siglos atrás―. La familia de mi papá vive en Francia. Esto incluye a mis abuelos y a sus dos hermanos que están casados. Por parte de ellos tengo dos primas y un primo―. Se muerde el labio―. Ellas son un par de años mayores que yo y él es menor por tres años. Los he visto un par de veces desde que entré a Hogwarts, exactamente entre primero y segundo, y un par de días en las vacaciones de navidad de quinto, pero después pasó lo de tu padre en el Ministerio y volví. No los he vuelto a ver desde entonces, pero no importa. Nunca fuimos cercanos. Ellos no saben que soy una bruja…―. Hace una pausa como si se hubiera acordado de algo, pero después sigue. ―Los padres de mi mamá vivían en Estados Unidos. Mi abuela murió cuando tenía nueve años, y mi abuelo un par de meses después. Mi mamá tiene una hermana, con la que nos veíamos mucho, pero cuando murieron los abuelos se fue a vivir a la casa que dejaron, por lo que después solo mantuvimos contacto por teléfono. Sé que se casó y que tuvo dos hijos, pero no los conozco.
Ron la observa como impresionado. De repente le surge un sinfín de preguntas sobre los Granger; ese grupo de personas del que, tontamente, hasta ese día nunca había pensado su existencia. También quiere saber más sobre ella, sobre su vida antes de descubrir que era una bruja. ¿Cómo había sido su estadía en un colegio muggle? ¿Quiénes habían sido sus amigos? ¿Los habría vuelto a ver? ¿Siempre había sido una sabelotodo? ¿Sospechaba que era una bruja? ¿Cómo se enteró de que lo era? ¿Cómo reaccionó…?
―Entonces, debido a ese contexto y lo separada que se mantiene mi familia, es muy baja la probabilidad de que alguno de sus miembros tuviera la intención de buscar a mis padres en persona―continúa explicando Hermione y él asiente en silencio, escuchándola con mucha atención―. Así que solo me preocupé de pensar en una solución para cuando quisieran comunicarse con ellos por teléfono.
Ron alza las cejas. Nunca dejará de sorprenderse de que Hermione siempre piense y planee todo, hasta el más mínimo detalle. ―¿Y cuál fue la solución?
―Encanté el teléfono de mi casa y los celulares de mis padres para que cuando llamara algún pariente o cualquier persona indeseada, se desviara la llamada o se contestara automáticamente―. Hermione se muerde el labio. Decirlo no suena para nada complicado, incluso ahora le parece estar oyendo el plan demasiado infantil para ser verdad. ―Para el último caso realicé, con otro hechizo, una imitación creíble de las voces de mis padres, seleccioné preguntas de rigor y grabé las respuestas…
―Guau―exclama Ron, admirado―. ¿Por qué nunca nos contaste eso?
―¿Para qué? No tenía sentido. Ya lo había hecho y teníamos que concentrarnos en la búsqueda de los horrcruxes―dice ella y se estremece ligeramente al pronunciar la última palabra.
―Bueno, sí…―. Ron se encoge de hombros, pero lamenta un poco no haber podido servirle de ayuda mientras planeaba todo eso, o por último, de compañía.
―De todas formas, el plan tiene muchas fallas y existe un gran riesgo de…
Él niega con la cabeza. ―¿Ya te he dicho que eres la persona más brillante que he conocido? ―. Hermione sonríe. ―El plan es genial. Nadie lo hubiera pensado y concretado mejor que tú.
Hermione vuelve a sonreír y suspira. Después apoya su cabeza en su hombro y él le toma la mano y comienzan a jugar con sus dedos. La conversación se desvía, aunque Ron tiene la intención de volver a indagar en el tema de su familia y preguntarle directamente por su vida muggle, pero el chófer anuncia que están próximos a llegar para que arreglen sus pertenencias. Hermione sujeta el bolsito de cuentas y Ron coge la única mochila que llevan, medio vacía, donde meten sus identificaciones falsas, revistas para turistas y otras cosas que podrían necesitar tener a mano.
Cuando el bus se detiene en la parada, Ron baja de un salto los escalones y luego se vuelve y le tiende la mano a Hermione para ayudarla. Ella sonríe y alza las cejas, complacida. Él suelta una risita. Le encanta que Hermione reaccione así cuando es atento, porque sus ojos como que brillan divertidos y sarcásticos, pero a la vez emocionados, como si apenas pudiera creer que Ronald Weasley efectivamente puede comportarse como un caballero. Le da un fugaz beso en los labios y envuelve su mano con la suya. Aspira profundamente y siente el aire fresco invadir sus pulmones. Caminan. El terreno bajo sus pies es escarpado y arenoso. Cae una leve llovizna, tan imperceptible que no se molestan en sacar los paraguas.
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El aire está cada vez más helado. Ron lo siente colarse por debajo de su ropa y lo único que atina a hacer es subirse el cierre de la chaqueta porque no quiere cerrar la ventana. La brisa que le llega desde afuera es agradable, le alborota ligeramente el cabello y trae consigo una leve esencia marina que lo relaja. Está seguro de que si no fuera por la espesa neblina que de repente se instaló en todos lados, podría ver perfectamente el mar, inmensamente azul y tranquilo. Lo que es ahora, desde la perspectiva en la que está solo ve las sombras de los cerros medianos que rodean al pueblo, que tienen como un aire fantasmal porque no se pueden ver las cimas porque están ocultas tras las nubes bajas que a ratos se confunden con la niebla. Los árboles, que según él están demasiado tupidos y verdes para ser invierno, también adoptan una apariencia fantasmagórica entre tanta bruma, además de que están caídos y como ausentes, rodeados de sombras y terrenos baldíos. Lo único que parece fuera de lugar en esa escena casi sobrenatural es la carretera, que a esa distancia parece más una delgada e insignificante línea de polvo. Tiene la impresión de que podría borrarla con el dedo o de un mísero soplido. La verdad es que ahora que está mirándolo todo desde lejos le cuesta creer que en medio de ese paraje hay un asentamiento humano, aunque más le cuesta creer que él está ahí arriba, ajeno a todo eso, pero a la vez tan presente, analizándolo mientras está inclinado sobre una ventana en un restaurante construido arriba de un cerro. No, nunca se imaginó que estaría ahí arriba.
Se acomoda en la silla de madera y observa a Hermione. No necesita ser adivino para saber que aparte de cansada, se siente frustrada y decepcionada, y mentiría si él dijese que no se siente igual. Estuvieron toda la tarde recorriendo el pueblo buscando posibles pistas que les ayudasen a dar con el paradero de los Wilkins (el apellido falso con el que los Granger residen en la zona), pero tardaron demasiado tiempo en ubicarse, mucho más del que habían previsto; cuando se bajaron del bus y se internaron en el pueblo, de repente se sintieron perdidos, sin saber a dónde ir a pesar de que conocían de antemano un centenar de nombres de calles y lugares a los que podían acudir. Solo recién se dieron realmente cuenta de que estar físicamente por primera vez en un lugar a pesar de haberlo estudiado antes, es muy diferente a verlo en las revistas y mapas. Así, vagaron sin destino un par de horas, familiarizándose con ese pueblo que a veces tenía más aspecto de ciudad y otras de la zona más rural del planeta. Varios edificios, un montón de casas y cabañas, un par de granjas con corrales de gallinas que cuando Ron vio no pudo evitar añorar su hogar. Avenidas pavimentadas, pasadizos sin salida y caminos de barro que conducían a nada. Al final desertaron del plan que habían ideado inicialmente de recorrer las calles prácticamente al azar y hurgar en las cuadras las posibles direcciones que tenían previstas, porque aquello sería un trabajo demasiado largo y cansador y posiblemente en vano, porque todavía no podían descartar la posibilidad de que los Wilkins se hubieran mudado a otro lugar. Para descartarla de una vez por todas, decidieron que lo mejor era dirigirse de inmediato al registro del pueblo, dónde están los registros de cada uno de los habitantes de la zona y sus datos. Lamentablemente cuando dieron con el lugar, este atendía solo hasta el mediodía por lo que tendría que regresar mañana.
Y ahora ahí están.
Ron estira una de sus manos por sobre la mesa para alcanzar la izquierda de Hermione y le acaricia el dorso con el pulgar. Busca su mirada para infundirle confianza y tranquilidad. Mañana los buscaremos de veras, Hermione. Era de esperar que nos pasara esto, primero teníamos que orientarnos. Mañana estaremos descansados y tendremos el tiempo suficiente para dar las vueltas que queramos, preguntarle a quien sea o hacer lo que se nos ocurra. ¿Ya?
Hermione sonríe levemente, captando el mensaje. Ahora ella le acaricia el dorso de la mano con el pulgar. Ron sonríe.
La camarera aparece y comienza a poner los cubiertos sobre la mesa, obligándolos a separar sus manos y erguirse en sus sillas. Después pone los platos que pidieron y dos botellas de coca-cola.
Hermione observa a la camarera alejarse. El piso de madera cruje bajo sus pasos hasta que se pierde tras la puerta de la cocina. Después mira su plato y a pesar de estar tan cansada y no haber comido nada en todo el día, no tiene apetito. En ese momento su estómago está ocupado por un enorme vacío producto de la decepción y angustia. Una parte de ella, la más irracional, había esperado desesperadamente hallar a sus padres ese mismo día, pero no pudo ser así (¿de verdad creía que lo sería?) y todavía ni siquiera podían tener la certeza de que estaban en el lugar correcto, porque ¿y si no les gustó el pueblo y apenas llegaron se fueron? ¿Cómo darían con ellos? ¿Por dónde partirían buscándolos? Se siente nerviosa y tensa, como cuando uno quiere algo con tantas fuerzas, pero mientras más cerca se está de conseguirlo, algo falta y se te escapa de las manos. Algo así. Mira por la ventana y observa los mismos cerros que antes captaron la atención de Ron y recuerda que leyó que por detrás de estos se encuentra el parque nacional Yengo, una de las principales atracciones turísticas de la zona y más al norte el Dharug, pero ¿en realidad de qué le sirve saber todo eso si le ayuda en nada a encontrar a sus padres?
―¿No vas a probar el pescado? ―. La voz de Ron la saca de sus cavilaciones. Lo mira y nota que él la observa con mucha atención y siente como si le hubiera leído todos sus pensamientos y estuviera al tanto de sus más profundos malestares. Se apura en agarrar el tenedor y probar el pescado. Está sabroso.
―¿Te gusta?
―¿Qué? ―pregunta ella, dudosa―. ¿El pescado?
Ron ríe y niega con la cabeza. ―Está delicioso, pero no me refiero a eso, sino que a… esto.
―¿Esto? ―repite confundida.
Él se encoge de hombros. ―Sí, esto. El lugar, o sea, el paisaje. Es bonito. ¿No crees?
Hermione tarda un par de segundos en comprender. No puede evitar sonreír. Ron es muy observador o… bueno, es Ron.
―Sí, es… bonito.
Ron la mira de reojo. ―Como tú―dice como si nada, pero no pudiendo evitar sonreír al ver el cambio en su expresión. Hermione siente como sus mejillas se ruborizan.
―Ya, gracias.
Ron suelta una risita. ―¿Gracias?
―¿Qué? ¿No te puedo dar las gracias? ¿Qué quieres que te diga?
Ron se encoge de hombros, sonriendo de lado. ―No sé, tal vez un… tú también eres lindo, Ron―responde con voz aguda en un intento por imitar la suya. Hermione entorna los ojos y lo mira de una manera que no sabe cómo interpretar.
―Por Merlín, nunca creí que llegaría a hacer eso―agrega refiriéndose a su penoso intento por imitarla y por fin Hermione se echa a reír con ganas.
Ella se acomoda unos risos detrás de la oreja y lo observa feliz. La sensación de angustia que sentía hace un momento ahora le parece casi ajena. Es increíble como Ron puede influir de manera tan positiva en su estado de ánimo. Realmente ¿qué hubiera hecho en ese lugar, en ese país, sin él? Suspira y mira hacia la ventana. Alcanza a ver los últimos y débiles vestigios de la luz del sol desaparecer bajo el grueso manto de nubes negras, amenazantes. Es muy probable que vuelva a llover con la misma intensidad que la noche anterior.
―Tenemos que buscar un lugar para quedarnos―dice casi en un susurro, pero él la escucha sin problemas; el lugar estaría en completo silencio si no fuera por el ruido de platos en la cocina―. Mejor nos apuramos.
Ron asiente y se lleva un enorme trozo de pescado a la boca.
―Había una hospedería en la otra calle, frente al registro―dice después de tragar― Quedémonos allá; mientras más cerca estemos del registro, mejor―. Hermione asiente. ― Apenas nos levantemos vamos y averiguamos de una vez si los Wilkins están aquí o no, y si lo están, también aprovechamos de averiguar su dirección―. Ahora Hermione niega con la cabeza.
―A no ser que seamos enviados de alguna institución reconocida, no están autorizados a darnos la información, porque se respeta el derecho de privacidad de las personas. Además, no podemos llegar como dos completos extraños solicitando ese tipo de información. Para cualquier persona sensata que esté a cargo resultaría sospechoso.
Ron frunce el ceño. Es cierto. No pueden llegar y solicitar explícitamente que les proporcionen los datos de dos personas, mucho menos si se supone que vienen del extranjero y que no tienen ninguna relación con ellos. Sin embargo, no le cabe en la cabeza la posibilidad de no poder resolver el asunto cuanto antes, porque pueden hacerlo.
―¿Y para qué tenemos nuestras varitas? ―pregunta. Hermione lo mira como si no comprendiera y él se siente ligeramente exasperado―. Les lanzamos un hechizo a los encargados de turno para despistarlos y confundirlos por un rato y les preguntamos tranquilamente si los Wilkins viven aquí. Hay dos opciones: no viven aquí o sí viven aquí. Si viven aquí, les preguntamos la dirección y nos la darán sin problemas y asunto arreglado.
Hermione tarda un segundo en contestar. ―¿Nos la darán sin problemas? ―repite parpadeando rápidamente―. No creo que no tendrán problemas, ¡estarán aturdidos o…!
―¿O qué? ―gruñe Ron poniéndose a la defensiva. No cree que su idea sea tan descabellada. Es más, serían idiotas si no utilizan la magia, el único recurso a favor que tienen. ¡Son magos, por las barbas de Merlín! Tal vez Hermione se toma demasiado en serio su papel de muggle o siente un terror injustificable a que algo salga mal.
―Nada―dice al final Hermione y se muerde el labio. Intenta ordenar sus ideas y pensar en otra solución, pero la única que parece factible y expedita es la que propone Ron. Si no utilizan la magia podrían verse vagando durante días en busca de alguna pista que posiblemente los lleve a nada, pero por más que lo intenta no puede imaginarse hechizando a un par de muggles para interrogarlos sobre el paradero de sus padres. Va en contra de sus principios o no se siente capaz. En realidad, si es muy, pero muy sincera consigo misma, se daría cuenta de que casi inconscientemente está intentando de evitar lo más que pueda el hacer uso de la magia, porque desde que su varita se perdió en la mansión de los Malfoy y a pesar de que ya la remplazó por otra del mismo fabricante y con características muy similares, siente que algo no calza. Y no es porque algún hechizo o encantamiento le haya resultado mal o algo por el estilo, de hecho, la nueva varita obedece pulcramente cada una de sus órdenes y hasta parece que canaliza mejor su poder. Así, nada dentro de la lógica podría indicar que algo anda mal, pero precisamente eso es lo que le asusta y le hace sentirse insegura: el hecho de sentir que algo anda mal cuando, en efecto, nada anda mal. Aquel inquietante pensamiento no la deja tranquila, y la única explicación razonable que encuentra para justificarlo es que su antigua varita es irremplazable, y que al perderla, perdió para siempre una parte de sí misma. Está comprobado que los magos desarrollan un profundo vínculo con sus varitas, en especial las brujas, por lo que al momento de tener que crear un nuevo vínculo con otra varita, es esperable que se sientan extrañas e incluso incómodas.
Sin embargo y sin saber por qué, por más coherente que es la explicación, no le es suficiente. Lo que siente va más allá de toda explicación, es un presentimiento de algo. Es como si algo le dijera, algo que tampoco sabe qué es, que hay más cosas detrás del asunto de su antigua varita y de la nueva varita, cosas que, si tuviese el tiempo de seguir pensando y deduciendo las descubriría, y al descubrirlas la maravillarían, pero mucho más la aterrorizarían, porque se daría cuenta de inmediato de que si continúa así, haciéndole caso omiso a esa inquietud que a ratos se dispara, irrevocablemente terminará en el fondo de un terrible y oscuro abismo…
Lamentablemente, ni siquiera se le alcanzan a ocurrir semejantes teorías porque Ron interrumpe el fluir de sus pensamientos al llamarla con un tono de voz totalmente distinto, que pone en alerta inmediata a todos sus sentidos
―Hermione…―murmura. Ella lo mira y su corazón se acelera. Algo pasa, algo pasa. Se fija que está mirando por encima de sus hombros. Su expresión refleja una mezcla de emociones. Asombro, incredulidad, alivio y hasta en cierto grado, temor. Se voltea discretamente, pero no hay nada extraordinario detrás de ella, solo un par de personas que acaban de sentarse para cenar y… Tarda un segundo en reconocerlos.
Son sus padres.
Rápidamente vuelve de nuevo la cabeza y mira a Ron sin saber qué hacer o decir. Está atónita. Nunca pensó encontrarlos así, pero ahí están, tan ellos como siempre pero sin saber de su existencia. Son sus padres, son sus padres. Están ahí, están ahí. Tan cerca, pero tan lejos. Siente las manos de Ron sobre las suyas y logra frenar el angustioso impulso de abalanzarse sobre ellos y abrazarlos, llorar y contarles toda la verdad
