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Epílogo
El blanco nunca había sido su color favorito... era muy aburrido, chillón, pero no lo odiaba
Lastimaba los ojos cuando la luz se reflejaba, y era resultaba una catástrofe siendo que las paredes estaba pintadas de dicho tono
No recordaba exactamente cómo fue que su habitación terminó pintada así, ni la desaparición de los muebles, o la presencia de la cama con sábanas incoloras
No le eran familiares los larguísimos patios verdes que se veían por la ventana, ni las murallas en ciertos ángulos, o tantas enfermas, médicos y gorilas rondando por ahí
No sabía de dónde habían salido esas personas de blanco que actuaban como bufones de circo...
...
...
Trataba de recordar un poco de lo que fuera... algún pariente, una palabra, una imagen antes de su estancia en ese sitio le era ajeno, al igual que los motivos para estar ahí... sin embargo, no llegaba nada...
Bueno, no era como una prisión, sino un hospital... ¿estaría enfermo de gravedad? Quizá, porque a pesar de que se movía normalmente y razonaba también, tenía que tomar unas medicinas, platicar con un médico los martes, comer alimentos especiales, y estar siempre en ese cuarto, con poquísimas oportunidades de salir a respirar algo de aire... tal vez lo hacía por el hueco, pero que tuviera barrotes de metal le quitaba todo el encanto
¿Por qué habría esa protección si sólo era un hospital?
-Alasdair - le llamaron desde dicho hueco-Te ves muy serio
-No pienso en nada especial, si a eso te refieres -se acercó mientras mostraba los dientes con picardía - Tú pareces muy serio también, Angwyn
Angwyn era un niño de apróximadamente 8 años que conoció desde que recordaba estar ahí. Lo conoció cuando una vez le dejaron estar en el patio, y al verlo cuidar unos narcisos, no pudo resistirse a hablarle
Era un mocoso inteligente, despierto, aunque demasiado serio y apático, e irónicamente eso era lo que lo hacía un excelente interlocutor
Tenía la piel blanca, casi como mármol; talle pequeño pero resistente, extremidades finas, cabello rubio platino en forma de hermosos rizos, y unos ojos azules maravillosos con todo y esa inusual falta de brillo. Un niño así definitivamente se buscaba problemas si rondaba solo por un lugar como aquel, no obstante, en sus charlas le platicó que los patios anteriormente pertenecían a su familia, y ahora que lo habían abandonado, no conocía otro lugar para vivir
-¿En serio lo crees?
-No lo diría si no fuera así - acarició su cabello -¿Qué haces tan temprano?
-Quería mostrarte algo
-Vaya, así que encontraste otro tesoro... te los robas, ¿cierto?
-Es ofensivo que lo insinúes
-Claaaro~
Ese niño era fascinante por sí mismo, aunque más por su habilidad para encontrar cosas por el terreno, y debido a la calidad, le llamaba "tesoros"
Varias ocasiones le había enseñado unos aretes en forma de gota, pedazos de tela bien conservados, botones de vestidos, cadenas, o ese lindo prendedor hecho de cristal transparente con forma de narciso
-Bien, ¿qué has traído ahora?
Acercó su puño hacia la superficie de sobra que dejaba la ventana, y dejó caer el objeto...
...
Abrió los ojos con sorpresa
-¿De... dónde sacaste esto?
Era... un anillo... con un diamante adornándolo...
Como una fresa
-Lo encontré cerca de la muralla del lado norte - explicó impacible - Es una bonita joya de imitación
-... no creo que lo sea
"-¿Pero es cierto?
-¡SÍ! ¡... acaba de recibir una maleta y jura que vio la joya en el dedo...!
-¡Dice que era un diamante tan grande como una fresa!"
-... ¿Qué harás con él?
-Quedármelo - lo tomó otra vez - Me gusta
-... no seas inmaduro -frunció los labios - Si lo vendieras, conseguirías dinero para comprar un terreno, construir una casa... creo que te alcanzaría hasta para tu propio funeral
-Tal vez... pero está bien, me gusta así
-Podrías hacer una vida
-Ya tengo una aquí, contigo
Mientras parecía entretenido buscando un lugar para colgarlo, examinó su rostro con tonos oscuros por estar de espaldas a la luz
Eran muy agraciadas y finas, quizá demasiado para un niño...
Empero, lo que más llamó su atención, fue que a pesar de su posición, su cuerpo no daba sombra
-Listo, ¿qué te parece?
Al pasarle un listón por el hueco, logró hacer un collar que ya estaba atado a su cuello
La joya colgaba con gracia, como si fuese un caramelo
-No está mal
-Tal vez encuentre otro y pueda dártelo
-¡JA! ¿Y por qué no me das ese, en vez de hacerme esperar tan desconsideradamente?
-Por la simple razón de que este me gusta
-Qué maldito convenenciero
-Así te caigo bien
-No te creas especial
A pesar de que su cuarto estaba en un lugar visible para los guardias, nadie le hacía caso, ni le decía nada, como si no estuviese
-No lo creo, lo soy - sonrió levemente -También por la simple razón de que tú lo crees así
...
-¿Ahora lees mentes?
-No, pero te acabas de echar de cabeza
-Mocoso engreído
-No tanto
Bueno, no tenía que ponerle atención a esos detalles, sólo a que Angwyn era un niño muy lindo e inteligente
Se volvería loco de aburrimiento si no fuera por él
-Creo que hoy te dejarán salir al patio
-¿Cómo lo sabes?
-No sé, ¿instinto?
-Uy, sí, eso hace que me tranquilice
-Pero si tengo razón... ¿jugarás conmigo?
-Sí, ¿por qué no?
Y como si hubiese sido su voluntad, le llamaron desde la puerta diciendo que tenía una hora para ir afuera
Angwyn sólo sonrió
De la misma forma que ella solía hacerlo
¿"Ella"?
Intentó recordar mientras era guiado al patio... pero lo olvidó en cuanto el chico se acercó
¿Por qué los pájaros no salieron volando en cuanto pasó junto a ellos?
-Te dije que saldrías
Bueno, no importaba
Aun en esa carpa que no reconocía, entre tantos payasos blancos y animales sin color, podía disfrutar el espectáculo, porque el blanco, por más aburrido que fuera, no revelaba tragedia o dolor, sólo pureza
Deleite en sí mismo, sin manchas negras, grises, o alegres que se perdieran después
Tampoco había casas de espejos, juegos mecánicos o algo que pudiese confundirlo
El circo blanco era espectacular así, y con Angwyn, se apreciaba mejor, no importando que no sintiera su calor cuando le sujetaba la mano para guiarlo de un lado a otro
Al fin podía recorrer el lugar, mirar y fascinarse sin pensar los motivos
Ya podía... aplaudir
