Solo quiero agradecerles sus lecturas y comentarios (en especial a a DULCE, que no tiene una cuenta para responderle de manera más extensa). Gracias a otros tantos por sus mensajes de apoyo, por amenazarme y acosarme para que me apure en escribir *ríe* ¡no saben cuánto me alegran y me impulsan a seguir! :)


En el capítulo anterior…

Hermione abre los ojos y mira a Ron directo a los ojos. Él la observa expectante, esperando una señal que le indique que todo está bien y que ahora solo deben esperar, pero al no recibirla, su expresión cambia y al cabo de un segundo es de pura preocupación.

Algo salió mal.


6

―¿Qué? ―. Ron pregunta casi gritando. Hermione desvía la mirada y baja la varita. Le tiemblan y le sudas las manos. ―Hermione, ¿qué pasa? ―insiste Ron acercándose a ella y buscando su mirada.

―Yo… no sé…―murmura ella. Siente la adrenalina fluir por sus venas y se obliga a respirar con calma. Está demasiado alterada como para decir algo coherente y extrañamente es consciente de ello. Tal vez está en algo así como un estado de shock.

―¿Hermione…? ―vuelve a preguntar Ron con cautela. Ella lo mira. Está tan pálido como una hoja de papel.

―Estoy bien―responde de inmediato para tranquilizarlo. Él frunce el ceño.

―Voy a ir a…

―No, quédate aquí―. Hermione lo retiene y lo insta a que se siente a su lado. En el otro sofá, sus padres permanecen imperturbables, ajenos a todo lo que ocurre a su alrededor. Ron espera a que Hermione diga algo más, pero al notar que no tiene intenciones de hablar, vuelve a insistir:

―Hermione―dice con seriedad y ella niega con la cabeza.

―Sentí una sensación extraña y me asusté.

―¿Una sensación… extraña? ―. Ron la mira inquieto.

―Un escalofrío, o algo muy parecido.

Ron frunce el ceño e intenta recordar y repasar mentalmente cada una de las conversaciones que tuvieron referentes al momento exacto en el que ella debiese haber practicado el hechizo. Al cabo de un minuto alza la vista, preocupado.

―Se supone que no debieras haber sentido nada―murmura, tratando de apagar las alarmas que comienzan a sonar en su interior. Hermione asiente en silencio.

―Es que… me puse demasiado nerviosa.

―¿O sea que… esa sensación extraña fue solo por los nervios?

Hermione ríe, aunque su risa suena más como un aullido de pájaro histérico, y asiente.

―Sí.

―Ya―. Ron se queda pensativo, tratando de hallar alguna otra explicación que sea lo suficientemente coherente con la situación, pero no encuentra ninguna y eso le molesta e inquieta. Siempre se había quedado tranquilo con las explicaciones de Hermione, pero en esta ocasión, no sabe por qué, siente que algo no termina de calzar. Además, resalta a simple vista que ni ella misma parece creer en su propia explicación.

Se quedan en silencio durante varios minutos, asimilando la extraña situación y sopesando sus opciones. Al final, Ron toma la mano de Hermione para llamar su atención.

―Será mejor que vayamos a dormir―dice con tono tranquilizador, poniéndose de pie. Hermione asiente y también se pone de pie. Por ahora no pueden hacer nada más que esperar. La única manera de saber si el hechizo salió bien es al día siguiente, cuando sus padres despierten y, aunque al principio estén confundidos y desorientados, la reconozcan y comiencen a pedirles mil explicaciones.

Suben las escaleras en silencio. Se detienen en la habitación de Hermione y ella lo mira, un tanto vacilante.

―¿Vienes conmigo? ―pregunta casi en un susurro, parecido a una súplica―. Dos gotas del somnífero son suficientes para hacerlos dormir hasta pasado el mediodía, así que mis padres no se darán por enterados―añade con rapidez. Ron sonríe, asiente en silencio y va a su cuarto a buscar su pijama y a asearse.

En circunstancias normales, habría sonreído y habría alzado las cejas con picardía, sin poder evitar sentirse excitado ante la perspectiva de dormir con Hermione estando a un palmo de distancia del señor y la señora Granger, pero dada extraña la atmósfera de incertidumbre y tensión que los rodea, aquella petición no hace más reavivar la preocupación que a duras penas había conseguido aplastar.

Cuando ya está listo para dormir se dirige a la habitación de Hermione, pero se detiene a medio camino. Baja las escaleras y llega al salón. Los padres de Hermione siguen en la misma posición en la que los dejaron. Un poco temeroso, saca su varita y los levita con mucho cuidado hasta su habitación en el segundo piso. Los acomoda sobre la cama y los tapa con una manta que halló tirada en un rincón. Los mira con detenimiento, como si esperara encontrar algún indicio de que algo efectivamente salió mal en el hechizo o por el contrario, que todo está marchando bien, aunque ninguna de las dos posibilidades podría preverla solo observándolos. En ese momento, sea lo que sea que estuviese pasando, está pasando en el interior de sus cabezas y los resultados se evidenciarán mañana cuando despierten. Un poco perturbado, decide alejar esos pensamientos de su mente y regresa al cuarto con Hermione.

―¿Hermione…? ―susurra empujando la puerta con suavidad. Al no obtener respuesta, la abre por completo. Hermione ya está dormida. Se queda mirándola desde el umbral de la puerta y lo invade una cálida y reconfortante ola de emociones al fijarse en su expresión, tan radiante y serena, como si nada en lo absoluto le hubiera preocupado hace un par de minutos. Ron suspira y avanza hacia el interior de la habitación, tratando de hacer el menor ruido posible, pero choca con el borde del velador.

―Ron… ¿Ron?―murmura Hermione, adormilada, y el corazón de Ron da un salto.

―¿Sí?―susurra invadido por una ternura que, no sabe por qué, le duele.

―Ya acuéstate.

Ron obedece y se mete en la cama con cuidado. Hermione se acomoda con torpeza y lo mira con los ojos entrecerrados, sonriéndole de una manera tan tierna que ni aunque le lanzasen mil obliviates, Ron podría olvidarse de ese gesto. Hermione cierra los ojos y su sonrisa se ensancha.

―Creo que estoy teniendo la mala costumbre de… aprovechar cada situación para… dormir contigo―dice con voz casi imperceptible, provocando que el pecho de Ron se contraiga de alegría.

―No es una mala costumbre, para nada.

Hermione ríe con suavidad y le da un casto beso en el hombro antes de acomodar su cabeza sobre él. Ron se queda estático, preguntándose cómo Hermione podría quedarse dormida con los potentes latidos de su corazón tan cerca de su oído. Se acomoda con cuidado para no molestarla y se concentra en la agradable sensación de tener su cuerpo junto al suyo, evitando a toda costa que sus pensamientos se desvíen hacia cualquier cosa que tenga que ver con sus padres, pero no lo consigue. La última cosa en la que piensa es en qué harían si algo efectivamente hubiera salido mal…

.

.

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Se despierta cansado, como si no hubiera dormido en toda la noche. Los párpados comienzan a pesarle, pero se resiste a la tentación de seguir durmiendo. Siente una extraña sensación de inquietud. Está seguro de que justo antes de despertarse, estaba soñando algo no muy agradable, pero no recuerda qué. De repente, un destello de escenas de la noche anterior lo asalta: los padres de Hermione, el somnífero, el hechizo, la imborrable expresión de preocupación en el rostro de Hermione y la incertidumbre de si algo salió o no mal. ¿Y Hermione? ¿Dónde está Hermione?

Se levanta de un salto y baja casi corriendo a la cocina. Hermione está apoyada sobre el mesón, con gesto pensativo mientras espera que el agua de la tetera hierva. Lo mira y le sonríe.

―Buenos días.

―Buenos días. ¿Cómo dormiste?

―Bien―miente Ron, sin poder evitar mirarla con más detenimiento del habitual. Hermione pone varias torrejas de pan en el tostador, aleja la tetera del fuego y prepara dos tazas de té que pone sobre una bandeja. Ron la mira con curiosidad.

―Pensaba llevarte el desayuno―dice Hermione, sonrojándose―, pero ya que estás aquí…

Ron sonríe aliviado, como si esa respuesta fuese lo único que necesitaba para sentirse tranquilo.

―Gracias―sonríe acercándosele para besarla con suavidad. Siente que lo rodea con sus brazos y le corresponde el abrazo de inmediato.

―¿Cómo te sientes? ―pregunta enterrando su nariz en sus risos.

―Bien…―susurra Hermione, insegura―. Gracias por dormir conmigo.

Ron ríe. ―Gracias por pedírmelo.

Hermione también ríe y lo abraza con más fuerza.

―Hermione…

―¿Qué?

―Se están quemando las tostadas.

Hermione se sobresalta y se zafa del abrazo para apagar el fuego y salvar las tostadas, mientras Ron usa el paño de cocina para disipar el humo. Después se miran y se echan a reír, olvidándose de que en cualquier momento el señor y la señora Granger podrían despertar y revelar al fin si el hechizo surgió efecto.

Se sientan a desayunar mientras conversan sobre temas banales y coquetean. Ron apoya su mano sobre la de Hermione y juguetea con sus dedos. Ella sonríe y sigue el juego, pero el repentino ruido de pasos bajando por la escalera hace que su expresión risueña cambie a una cercana al pánico. Los dos se irguen de inmediato en sus sillas y contienen la respiración.

―¡Buenos días! ―exclama el señor Granger feliz, mirándolos a los dos sin mucho detenimiento. Hermione lo mira con ansiedad, esperando que se fije solo en ella y que note por fin la familiaridad en su rostro y caiga en la cuenta de que es su hija, pero él pasa de largo a la cocina sin dar ninguna señal de haberla reconocido.

―¡Buenos días a todos! ―. La señora Granger se estira y les dedica una sonrisa radiante.

―¿April, dónde dejaste el café anoche…? ¡Ah, ya lo encontré!―pregunta el señor Granger desde la cocina. Ron y Hermione se sobresaltan y se miran alarmados, sin poder ocultar la sorpresa y tensión en sus rostros: el señor Granger acaba de llamar April a Hermione, lo que quiere decir que no la ha reconocido y por lo tanto, que el hechizo no funcionó. Hermione apenas puede respirar.

―¿Qué les pasa? Parece como si acabasen de ver un fantasma―dice la señora Granger mirándolos con preocupación―. ¿Acaso parezco un fantasma? ―pregunta alarmada―. ¿Tengo aspecto de fantasma…? ¿Wendell…?

―Claro que no―ríe su marido uniéndose a ellos, trayendo consigo dos tazas de café―. ¿No es así, Brandon?

―Claro que no, señora Wilkins…―responde Ron, sintiéndose cada vez más perturbado y sin atreverse a mirar a Hermione.

―April, ¿qué tienes? Pareces enferma. Tal vez la mantequilla te cayó mal. Nunca me ha gustado mucho la mantequilla que venden aquí, es como si estuviese rancia o…

―No se preocupe, estoy bien…―murmura Hermione con una voz casi imperceptible―. Solo estoy cansada, no dormí muy bien.

―¡Qué injusto!, porque yo hace mucho tiempo que no dormía tan bien―comenta el señor Granger―. ¡Ni siquiera me acuerdo cómo llegué a la cama! ―bromea, y Ron tiene el fugaz impulso de gritarle que se calle y explicarle que no se acuerda de haberse ido a la cama porque él lo levitó hasta allí. Busca la mirada de Hermione, esperando encontrar alguna señal que le indique qué hacer a continuación, pero solo halla incertidumbre, preocupación y mucha tristeza. Siente que se le aprieta el corazón. La mira a los ojos, tratando de infundirle tranquilidad y confianza, pero le resulta difícil porque son cosas que ni él mismo siente en ese momento. ¿Qué salió mal? Se estremece solo al imaginar las posibles respuestas.

El señor y la señora Granger, ajenos por completo a la situación, se sientan con ellos a la mesa para desayunar y comienzan a hablar con entusiasmo de un montón de cosas que ni Ron ni Hermione se esfuerzan por escuchar. Después de veinte interminables y tortuosos minutos, Ron decide que puede retirarse. Se pone de pie y sube la escalera con lentitud, con la esperanza de oír algo que le indique que las cosas podrían mejorar, pero no pasa nada. Hermione lo alcanza en el pasillo.

―Hermione…―comienza Ron, ansioso, pero ella lo interrumpe.

―Ya lo sé, no me lo digas.

Ambos se miran, inquietos.

―Tenemos que salir de aquí―dice Hermione con voz temblorosa.

―¿Qué? ―pregunta Ron alarmado.

―No podemos discutir libremente sobre esto con mis padres dando vueltas por todos lados―aclara. Ron asiente.

―Pero, ¿a dónde podemos ir un domingo por la mañana?

―No lo sé.

―¿No podemos solo ir a caminar?

Hermione niega con la cabeza. ―Podría ser sospechoso.

Ron no insiste, pero se siente muy frustrado. Piensa que están cayendo en la exageración al mantenerse tan correctamente alejados el uno del otro aun siendo que no se conocen, porque tal como fingen no conocerse, podrían comenzar a fingir que comienzan a hacerlo, pero después de todo supone que es mejor que se mantengan alejados de cualquier situación que pudiere hacer sospechar al matrimonio Granger de que ambos no son más que simples "compañeros de intercambio" que nunca se habían visto hasta hace un par de días y cuyo interés el uno por el otro no es más que compañerismo. Las políticas del programa estudiantil de intercambio son muy estrictas en ese punto.

Después de intercambiar unas cuantas palabras y miradas más, se dirigen a sus respectivas habitaciones. Ron se encierra en su cuarto y se sienta en un puf que acaba de descubrir en un rincón. Trata de tranquilizarse y mantener alejado de su mente todos los pensamientos negativos y preocupantes que comienzan a amenazar con nublarle el juicio, pero estando ahí, solo y entre cuatro paredes desconocidas, siente que en cualquier momento destrozarán todas sus defensas.

¿Qué salió mal? ¡¿Qué?!, y… ¿qué tan mal salió? Se comienza a desesperar. Un montón de preguntas comienzan a atosigarlo. Piensa en Londres, en la Madriguera y en su familia. Piensa en Harry y por un segundo tiene la resolución de escribirle contándole todo y pedirle ayuda, pero después descarta la idea. Es demasiado precipitado escribirle en ese momento, cuando ni siquiera ha discutido la situación con Hermione.

No sabe cuánto tiempo permanece ahí sentado, dándoles vueltas a todo cuando tocan la puerta. Es Hermione.

―Ven, vamos a salir.

Ron no dice nada y la sigue en silencio.

―¿Qué les dijiste a tus padres? ―pregunta cuando ya hubieron salido de la casa. El cielo está nublado, pero increíblemente no hace frío.

―Que vamos a reconocer el camino que debemos seguir mañana. Acuérdate de que… mañana comienzan las clases en la facultad.

Ron asiente y su frustración aumenta. Se le había olvidado por completo que si no lograban devolverles la memoria a sus padres durante el fin de semana, los próximos días tendrían que fingir que iban a la universidad. Prácticamente había dado por hecho que al día siguiente de haber practicado el hechizo, arreglarían sus maletas y volverían a Londres felices y tranquilos.

Caminan en silencio por las calles vacías. Ron observa las pocas casas del vecindario y experimenta una amarga sensación de tristeza. ¿Cuánto tiempo tendrán que permanecer allí sin poder regresar a la Madriguera? ¿Un día, dos, tres, tal vez cuatro? ¿Una semana? No sabe qué esperar.

No tardan en llegar al camino que une el pueblo con la carretera. Se sientan en el único haciendo de la parada de buses, la misma que los vio llegar hace un par de días, y se quedan en silencio durante varios segundos. Al final, Ron es el decide comenzar a hablar.

―¿Es posible que… volvamos a intentar el hechizo esta noche?

―No―responde Hermione, categórica. ―Primero tenemos que saber qué es lo que falló. Si actuamos como si no pasó nada y volviéramos a intentarlo, sería como… comenzar a echarle ingredientes a una poción cuya composición desconocemos. No podríamos predecir nunca lo que ocurrirá.

Ron asiente en silencio.

―Anoche estuve revisando―comienza Hermione de nuevo, pero él la interrumpe.

―¿Anoche?

―Mientras tú dormías.

Ron frunce el ceño.

―¿Y por qué no me despertaste?

―Porque no… quiero decir, ¿para qué?

Ron la mira indignado. ―¿Para qué? ―repite molesto―. ¡Para ayudarte! Oye, tienes que entender que vine hasta aquí para ayudarte y… estar contigo, no para dormir. Dormir no es una prioridad en estos momentos, ¿sabes?―dice con seriedad―. Así que cada vez que vayas a hacer algo, por favor no lo hagas a escondidas de mí. No estás sola en esto, maldita sea.

Hermione se sonroja y desvía la mirada.

―Lo sé…―murmura y se abraza a sí misma, conteniendo las lágrimas que amenazan con barrer sus mejillas―. Lo siento mucho.

―Ahora dime qué estuviste revisando―pide él con suavidad, abrazándola.

Hermione se aclara la garganta.

―Estuve revisando mis notas y reestudiando los capítulos que hablan sobre el obliviate. No alcancé a leer todo, pero… mientras releía, creo que me di cuenta de algo―murmura y se muerde al labio con nerviosismo. Ron comienza a inquietarse―. Bueno, es algo tan obvio que ni siquiera es necesario que esté escrito en los libros. De todas maneras, ¡estoy segura que está escrito en alguna parte! No sé cómo no lo pensé antes…

―¿Qué cosa? ―pregunta Ron con impaciencia.

Hermione no responde, en cambio, del bolsillo de su abrigo saca su varita. Ron la mira frunciendo el ceño, sin comprender.

―¿Qué vas a hacer?

Hermione inhala profundamente antes de responder.

―Esta no es la varita con la que les practiqué el obliviate a mis padres―dice mirándolo azorada―. Ya sabes, la varita con la que lo hice la perdí en la mansión de los Malfoy cuando…

―No tienes que recordarme eso―la interrumpe Ron con brusquedad. Todavía no se siente capaz de hablar de aquel horrible suceso sin sentir una gélida opresión en su pecho―. Bien, entonces… Quieres decir que el hechizo no resultó porque debe realizarse con la misma varita con la que se realizó la desmemorización―dice frunciendo el ceño.

―Bueno, sí, pero es solo una teoría―se apresura a decir Hermione.

―Que proviniendo de ti, es más que probable―corta Ron, turbado―. Pero, ¿de verdad es posible que… la varita tenga que ser la misma para realizar el contra-hechizo?

―Solo para una determinada clase de contra-hechizos―responde Hermione, meditabunda―. Por ejemplo, es sabido que los hechizos que involucran a la mente, específicamente a la memoria, están muy lejos de los estándares y métodos tradicionales de la magia, pero el obliviate es Pensé que… ¡Oh, debí investigar mucho más!― exclama con voz aguda, cada vez más indignada consigo misma.

―Hermione―la interrumpe Ron con cautela―, no creo que nos sirva de algo que…

―Muchas veces tuve el presentimiento de que algo no calzaba, pero no tenía ningún sentido―. Ella sigue hablando, atropellando las palabras―. Quiero decir, desde que tengo esta nueva varita nunca me ha fallado, pero yo sentía que… que… Cuando les lancé el contra-hechizo a mis padres y sentí que…―. Hermione se calla abruptamente y no termina la frase, como si de repente algo la hubiera dejado muda. Se queda perpleja, mirando fijamente la varita que tiene entre sus manos. Después de la guerra, una de las primeras cosas que hizo fue destruir la varita de Bellatrix Lastrange y contactarse con Ollivander para conseguir una nueva. La varita la escogió al primer intento y resultó ser casi idéntica a la antigua: treinta centímetros, flexible, madera de vid con nervio de dragón en su interior. De hecho, está segura de que ni siquiera notaría la diferencia sino fuera por ese inquietante sentimiento que la ha perseguido desde que llegó a Australia. Es como si su antigua varita se hubiera llevado una parte de ella, o de algo, que ahora más que nunca intuye que es esencial para resolver el problema, pero no logra descifrar qué es.

Ron la mira confuso, tratando de darle algún sentido a todas las frases incompletas que acaba de decir, pero no lo consigue. Está demasiado concentrado pensando en el asunto de las varitas como para prestarle atención a algo que parece no decir nada. Por el momento, lo único que tiene sentido es la idea de que, por alguna razón que él desconoce y que no podría entender, pero no por eso menos cierta, que la varita actual de Hermione no sirve para devolverles la memoria a sus padres y la que se perdió, sí lo hará.

―Tenemos que encontrar tu antigua varita―dice con energía, pensando que es la solución más inmediata y obvia, pero ¿cómo demonios la encontrarían? Se estremece al pensar que el primer lugar que tendrán que visitar es la mansión de los Malfoy. Es allí donde se perdió la varita, por lo que allí tendrán que poner el punto de partida a la búsqueda, pero ¿y después qué? ¿Cómo la rastrearían? Por un instante siente pánico, pero luego piensa que si fueron capaces de encontrar los siete horrocruxes de Voldemort, ¿cómo no podrían encontrar un objeto que ni siquiera ha sido escondido a propósito?

Ron alza la vista y sus ojos se encuentran con los de Hermione. Ella asiente en silencio, indicándole que está de acuerdo con que encontrar su antigua varita es la única solución razonable por el momento. Sin embargo, no puede dejar de sentirse inquieta. Algo le dice, cada vez con más fuerza, que el problema es mucho más grande como para poder ser solucionado con un simple cambio de varita. Si analiza la situación con detenimiento y frialdad, el hecho de que tras haberle lanzado el contra-hechizo a sus padres y que no haya resultado como debía, no significa necesariamente que no resultó…

Algo debe haber ocurrido, pero ¿qué? Hermione contiene la respiración al recordar el extraño escalofrío que la recorrió apenas terminó de pronunciar "etaivilbo". Se estremece. ¿Cuál o cuáles son las consecuencias de un contra-hechizo de obliviate mal realizado…? No sospecha que están a solo un paso de averiguarlo.


Notas de la autora: ¡por fin ya estoy de vacaciones! Ahora dispongo total tiempo para escribir. Intentaré avanzar lo más posible con la historia, los he hecho esperar demasiado y no me lo perdono. Espero que les siga gustando.

¡Muchas gracias por leer :)!