Renuncia: Ni Kingdom Hearts ni sus personajes me pertenecen, todo de Nomura-san.
Notas: Tabla#2 Besos, del foro Imaginative Signature. Gracias a AidenT12 por comentar o3o.
Pareja: KairixIenzo
Tabla besos – Beso en la mejilla
Desde que encontraron a Xehanort, tirado en la plaza de de Vergel Radiante, y se unió a la investigación, a Ansem le quedaba bastante tiempo libre. Por suerte, el nuevo miembro del equipo de científicos estaba muy interesado en la investigación que estaban llevando a cabo sobre los corazones, la luz y la oscuridad. Además era muy hábil.
Normalmente aprovechaba para pasear con Ienzo, el pequeño del grupo, y solían tomar helados al llegar a la plaza. Ienzo todavía era un niño y, como tal, no era lo mejor para él estar todo el día en el laboratorio, rodeado de adultos, aunque se viera feliz participando en los experimentos y jugando a ser un gran científico.
En uno de sus largos paseos algo llamó la atención del pequeño y se paró a observar. Ansem, siempre sujetando la mano de Ienzo, también paró y siguió su mirada hasta llegar a una pequeña niña, con el pelo rojo y un vestido blanco, jugueteando con las flores. El mayor sonrió, a pesar de que la niña parecía menor que Ienzo, decidió que sería una buena compañía para él.
Andó en dirección a la pequeña, tirando de la mano de Ienzo y obligandole a seguirle.
–Hola pequeña –comenzó a hablar Ansem–. Dime, ¿Cuál es tu nombre?
–...Kairi.
La pequeña dudó unos instantes antes de contestar, en un primer momento no estaba cómoda con la presencia de aquel hombre, que no conocía de nada, tan cerca. Su abuela siempre fue muy clara en este tema: "Nunca hables con extraños".
–Un nombre precioso, Kairi –se dio cuenta de la incomodidad de la niña y sonrió amablemente–. No te asustes, no te haré nada malo –Ienzo se asomaba tímidamente de detrás de su maestro, pero fue obligado por este a salir de su escondite–. Vamos, preséntate.
Al ver salir al pequeño sonrió, ya no tenía miedo. No veía muchos por allí y a ella le gustaba tener amigos. Por el contrario, Ienzo era algo introvertido, pero al ver la sonrisa de Kairi, le dedicó otra a ella.
–Me llamo Ienzo, tengo siete años.
–¡Oh! Yo tengo cuatro, pero mi abuela dice que dentro de poco cumpliré cinco.
Kairi le mostró su mano, con todos los dedos entendidos, señal de que ya era una niña mayor. Ansem no pudo reprimir una carcajada ante la ternura de los pequeños. Estos, al escuchar la risa le miraron interrogantes.
–Parece que seréis buenos amigos –buscó en sus bolsillos y sacó unas monedas que puso en la mano de Ienzo–. ¿Qué te parece si hoy comes helado con ella?
Ienzo guardó las monedas y afirmó con un gesto de cabeza. Kairi a su lado no paraba de reír, estaba feliz por comer helado y tener un amigo nuevo.
Ansem se despidió después de asegurarse de que Ienzo acompañara a Kairi a su casa y volviera al castillo antes de que se hiciera de noche. Cuando le perdieron de vista andaron hasta la plaza para comprar los helados de sal marina, por supuesto.
–Debe ser genial vivir en un castillo. Mi casa es pequeña.
–No sé, no puedo entrar en la mayoría de las habitaciones hasta que sea mayor.
–No lo entiendo. ¡Espera! Si vives en un castillo tienes que ser un príncipe.
–En realidad yo no...
–¡No puede ser! Si vives en un castillo eres un príncipe, ¿es que no sabes nada? ¿Puedo...ser tu princesa?
Como dijo Ansem, rápidamente se hicieron amigos. Ienzo era extremadamente torpe relacionándose con la gente, pero Kairi se esforzaba mucho para que el estuviera bien, por lo que podía hablar con cierta facilidad con su nueva amiga.
La tarde pasó rápido. Los pequeños estaban en la puerta de la casa de Kairi, siguiendo las instrucciones de Ansem, Ienzo no la dejó volver a casa sola.
–Mañana podríamos jugar otra vez, le pediré dinero a la abuela para helados, ¿vale, Ienzo?
–Vale.
Kairi dio un saltito de alegría y se acercó a él, demasiado cerca para Ienzo, que enrojecía por momentos según ella se acercaba más y más, hasta que besó su mejilla. Al separarse, ella también tenía las mejillas rojas, pero rió divertida, mientras que el corazón del mayor parecía que fuera a salir volando.
–Pu-pues mañana...n-nos vemos...
No pudo evitar que su voz temblara al ver la sonrisa que Kairi le regalaba. Finalmente se despidieron agitando sus manos. Ienzo camino rápido para llegar antes de que el sol se escondiera y volvió a enrojecer al pensar que tendría que contarle a Ansem y los demás sobre su nueva amiga.
