Renuncia: Ni Kingdom Hearts ni sus personajes me pertenecen, todo de Nomura-san.

Notas: Tabla#2 Besos, del foro Imaginative Signature.

Pareja: SoraxRiku

Tabla de besos – Beso en la frente

Si había algún plan que le gustaba a Sora ese era pasar la tarde pescando, sobretodo porque Riku siempre le acompañaba. Era algo que hacían desde pequeños, y siempre ellos dos solos. Le encantaba pasar tiempo con él, hablando de 'cosas de chicos' o simplemente sentados uno al lado del otro. Siempre comparaba las tardes de pesca con los partidos de Wakka y Tidus, y se preguntaba si Kairi se quejaba de ellos igual que lo hacía Selphie de los otros chicos.

Como siempre le pasaba, ya había perdido la noción del tiempo. Recostado sobre la arena con las manos en la nuca, se empezaba a quedar dormido. La mano de Riku zarandeandolo le saco de su trance. Le miró interrogante.

–Mira tu caña, ha picado –señaló la caña y sonrió–. Será el primero, hoy no estamos teniendo suerte.

Sora se levantó de un salto y cogió su caña para recoger el sedal. Lo enrolló con algo de difilcultad por la resistencia que ponía lo que fuera que estaba en el anzuelo. Cuando consiguió sacarlo del agua vio su pequeño pez dando fuertes sacudidas todavía colgado del hilo. Riku cogió uno de los cubos que llevaban, lo lleno de agua en la orilla y lo acercó a Sora, que peleaba con el pez para quitarle el anzuelo.

–No puedo quitarselo, se lo a tragado entero.

Se lo dio a Riku en cuanto dejó el cubo en el suelo. El pez se retorcía en las manos intentando escapar. Sora acercó su cara tanto como pudo para ver como le sacaba el anzuelo. Cuando por fin consiguió sacarlo, dejó el pez en el cubo y empezó a nadar en circulos. Aprovecho que tenía el pequeño gancho en la mano para pinchar otro gusano y se lo dejó a Sora.

–Eres un torpe,Sora – Suspiró y se dejó caer sobre la arena–. Es un poco pequeño, si no conseguimos otros más grandes lo soltamos.

–Claro.

Sora lanzó el sedal tan lejos como pudo y volvió a tumbarse al lado de Riku. Colocó las manos en la nuca y cerró los ojos. A los pocos minutos ya estaba quedandose dormido otra vez sobre la arena.

Despertó dando un brinco, con la respiración agitada y algo de sudor en la frente. Había tenido una pesadilla. Una horrible. Sus ojos derramaron lágrimas y empezó a hipar rompiendo el silencio de la habitación. Se tapó con las mantas todo lo que pudo y se encogió abrazandose las piernas.

–¿Sora, estas bien? –La voz de Riku le llegó desde la cama de al lado. Se levantó pesadamente y se acercó al gran bulto bajo las mantas que debía ser su amigo. Le destapó lentamente y comprobó que estaba llorando–. ¿Sora?

–Riku...Riku, estaba soñando y...y...

–¿Otra pesadilla? –el pequeño castaño asintió. Dando un gran suspiro, Riku se hizo hueco dentro de la cama para tumbarse junto a Sora, que no tardo en abrazarle tan fuerte como pudo, y tapó a ambos–. ¿Quieres contarmelo?

–Yo estaba en mi casa y había una tormenta enorme, entonces salí corriendo a la playa. Estaba todo muy oscuro, y había sombras que estaban vivas ¡me querían hacer daño! –hizo una pequeña pausa para tragar saliva– Tú también estabas, pero caiste dentro de toda la oscuridad y me quedé solo, con todas esas sombras atacandome. Al final salió una sombra gigante que también quería hacerme daño, pero ahí me desperté.

–Ya no tienes que preocuparte, solo era un sueño –Acarició la cabeza castaña tratando de tranquilizale.

–Pero Riku, querían quitarme mi corazón –Por sus mejillas se volvieron a deslizar lágrimas.

–¿Crees que yo permitiría eso? –Sora levantó su mirada cristalina y la enfrentó a la de Riku, le estaba sonriendo de forma amable. Ese tipo de sonrisas de las que solo Sora tenía permitido disfrutar.

Riku limpió las mejillas humedecidas con los pulgares mientras sujetaba con delicadeza la cara de Sora. Se acercó despacio a él, retiró el pelo de su cara y besó su frente suavemente. Al retirarse seguía sonriendole.

–Escucha, Sora: siempre voy a estar a tu lado para protegerte. Nada te va a dañar mientras yo este cerca.

Sora le devolvió la sonrisa y se acurucó contra él. Si Riku le protegía no tenía nada que temer, era el chico más fuerte de la isla, nadie podía ganarle. Entrelazaron sus manos. Además era su mejor amigo, siempre estarían juntos. Se quedó tan tranquilo y relajado con las palabras de Riku que no tardó en dormirse.

Abrió lentamente los ojos. Sobre el estaba el cielo azul, sin una sola nube. Enfrente el mar tranquilo. A su lado Riku estaba tumbado. No parecía haberse quedado dormido, solo miraba el cielo. Se restrego los ojos y bostezó estirando todo su cuerpo. Hecho eso, rodó por la arena hasta llegar a Riku, también rodó sobre él quedando a gatas encima de su amigo que le miraba algo sorprendido.

–¿Qué haces? –Dijo tranquilamente.

–¿Recuerdas aquella vez, cuando eramos pequeños, que tuve una pesadilla con sombras que querían quitarme el corazón? Tu te metiste conmigo en la cama para que no tuviera miedo.

–Sí, pero...¿A qué viene eso ahora?

Sora sonrió ampliamente y entornó los ojos. Lentamente se inclinó y besó su frente con delicadeza. Dejó las frentes juntas y se miraron a los ojos. Riku le dedicó una de esas sonrisas que tanto le gustaban a Sora, de las que eran solo para él. Los dedos del mayor se entrelazaron sobre nuca del otro y escuchó lo que estaba por decirle.

–No olvides que yo tampoco permitiré que nada te dañe. Riku,yo también te protegeré.