Renuncia: Ni Kingdom Hearts ni sus personajes me pertenecen, todo de Nomura-san.
Notas: Tabla#2 Besos, del foro Imaginative Signature.
Pareja: SoraxKairi
Tabla besos- Beso corto
Invisible. Así se sentía Kairi en muchas ocasiones. Especialmente cuando estaba acompañada solo por Riku y Sora. No es que ellos la ignoraran, los tres eran grandes amigos, lo compartían prácticamente todo, no había secretos entre ellos y eran raros los días que no se veían al menos media hora. Eran los mejores y más unidos amigos de toda Islas Destino.
Aun así no podía evitar sentirse invisible. Riku y Sora tenían una conexión especial, una de esas tan especial que que hacía que las palabras sobraran entre ellos. Con una sola mirada o un simple gesto se decían todo lo que pensaban, no eran necesarias palabras. Era una habilidad especial que ella no tenía, y cuando ellos se miraban Kairi era invisible.
Aveces se sentía celosa. Celosa de esa complicidad. Celosa de lo cómodo y tranquilo que se encontraba Sora en cualquier situación mientras Riku estuviera a su lado. Celosa de como Riku se preocupaba y cuidaba de Sora sin que pareciera una madre histérica. Celosa de lo simple y fácil que les parecía todo cuando estaban juntos.
Pero todos esos pensamientos desaparecían cuando Riku rodeaba sus hombros con un brazo y la pegaba a él, mirandola con una mirada pícara.
–No estés seria, Kairi.
–Tú tienes la culpa. Riku, eres el chico más serio de toda la isla.
Y Sora se ponía justo enfrente de ella, poniendo caras raras con ayuda de sus manos para sacarle una sonrisa a la pelirroja. Podía ver su risa reflejada en la profunda mirada azul del castaño. Siempre conseguía hacerla reír. Entonces le empujaba y le quitaba de enfrente. Después se deshacía del agarre de Riku. Y dejaba de ser invisible.
–Los dos sois unos tontos –Decía sin dejar de reírse mientras señalaba a ambos chicos.
Los tres reían mientras jugaban persiguiéndose por la playa. Antes Riku siempre ganaba y era el más rápido de la isla. Ahora Sora casi le igualaba en victorias y rapidez. Pero últimamente Kairi era la que quedaba primera. Ella reía y fingía que no se daba cuenta de que sus amigos se hacían los despistados para facilitarla el juego. Ya no era invisible.
Cuando caía el sol se despedían. Sora siempre acompañaba a Kairi a su casa. Solo en esos momentos de intimidad, Sora se permitía el lujo de coger la mano de Kairi y entrelazar sus dedos. Ella esperaba por ese momento todos los días, desde que se despertaba por las mañanas. La calidez de su mano le recorría todo el cuerpo y hacía que sus mejillas se colorearan. Sora sonreía, sonreía para ella y por ella. No era invisible.
Al llegar a la casa de Kairi esperaban unos minutos en la puerta. Sin soltar sus manos, Sora se ponía enfrente de Kairi buscando sus ojos. Al encontrarlos volvía a sonreír para ella. Con la mano libre acariciaba la mejilla rosada de Kairi, se inclinaba hacia ella y besaba sus labios. Era un beso fugaz, un contacto ligero, pero ella cerraba los ojos y lo sentía como si el tiempo que sus labios estaban juntos fueran horas y no segundos. Un corto beso que cargaba tantos sentimientos y tanto amor que no hacía falta nada más. Cuando se separaban mantenían sus miradas. No era invisible.
–Mañana nos vemos –Decía Sora.
–Hasta mañana.
Y volvía a besarla de la misma forma rápida y tierna. Separaban sus manos alargando el contacto y veía como Sora se alejaba caminando solo. Ese beso era su conexión especial. Una distinta a la que tenían los chicos, la que hacía que se sintiera invisible y celosa. Sabía que el día siguiente volvería a sentirse invisible y celosa, pero esperaría ansiosa que por la noche Sora le cogiera la mano y la volviera a besar. Porque ese beso tan ligero y fugaz confirmaba que no solo no era invisible, si no que era alguien importante para él. Era especial para él.
