Renuncia: Ni Kingdom Hearts ni sus personajes me pertenecen, todo de Nomura-san.

Notas: Tabla#2 Besos, del foro Imaginative Signature. Aquí el último capítulo del fic, espero que os guste y sea una buena despedida :_D. Quiero agradecer a todas las personas que me han leido, los fav y follow, y en especial a AidenT12, Pandileta, Raiden y Vrieris por sus comentarios (n_n)/ No tengo mucho más que decir, disfruten la lectura. Nos leemos :D

Pareja: VanitasxXion

Tabla besos – Beso en el cuello

Después de pasar la mayor parte del día leyendo sola en casa, Xion salió a pasear, aprovechando los últimos rayos del sol, para despejarse un poco y estirar las piernas. Hizo un pequeño alto en el camino para hacerse con un helado de sal marina. Gracias a Roxas había desarrollado una mala adicción a ese sabor. Se aproximó a la papelera más cercana para tirar el palito, ya sin ningún resto pegado a el. Antes de seguir andando vio a dos chicos discutiendo a lo lejos, que no tardaron en llegar a las manos. Nunca le había gustado que la gente se peleara o se hiciera daño, pero ella no podía meterse en una pelea a separar a dos chicos, ni siquiera había nadie en los alrededores para pedir ayuda por lo que decidió cambiar su rumbo y evitarlos. Preparó sus talones para girarse, pero en ese momento uno de los chicos captó su atención; era Vanitas. Ya no podía irse tan alegremente. Quizás fuera capaz de separarles. Mientras decidía cómo actuar, vio como Vanitas tiró al otro chico al suelo, se sentó sobre el a horcajadas y comenzó a golpearle sin control. Sin pensarlo mucho más corrió hacía los chicos.

–¡Para, Vanitas!

Cuando le empujó para quitarle de encima de aquel chico, este aprovecho la confusión para escapar cojeando. Antes de irse ella pudo ver su cara marcada por los golpes. Dirigió la mirada a Vanitas y le vio levantarse y sacudirse el polvo de la ropa. Su ceja izquierda y su labio inferior estaban partidos y sangrando. En el pómulo derecho tenía la marca entre rosada y morada de un fuerte golpe.

–Gracias, Xion la justiciera –Dijo con cierta ironía.

– ¿No crees que ya tenía bastante? –miró como se acercó y se inclinó sobre ella para estar a la misma altura. Trago saliva.

–Te agradeceré que me dejes esa decisión a mi en el futuro, pequeña Xion –Le dio un toque en la cabeza y se dio la vuelta para irse pero ella le sujetó del brazo.

–Espera – soltó un gran suspiro –, no puedes ir con esa cara a tu casa, ven a la mía que no hay nadie para escandalizarse y te ayudo con esas heridas.

Vanitas rodó los ojos, pero aceptó a regañadientes. Ya en la solitaria casa de Xion, ella le llevo a la sala y le dejó sentado en el sofá mientras ella buscaba el botiquín. Al volver se sentó en una silla enfrente de el con la pequeña caja en sus piernas. Limpió con cuidado las heridas con una gasa húmeda mientras el de ojos ámbar rozaba sus rodillas con las de ella poniéndola nerviosa. A pesar de que Vanitas no paraba de buscar el contacto visual no lo conseguía. Y cuando lo lograba Xion apartaba la mirada rápidamente. El silencio se estaba convirtiendo en algo incómodo.

– ¿Por qué estabas peleando con ese chico? –Dijo Xion intentando romper el silencio.

– ¿De verdad quieres saberlo?

–No, supongo que no...

Otra vez silencio. Las heridas ya estaban limpias. Comenzó a rebuscar algo en la caja de sus piernas. Vanitas la miraba fijamente, vio como su cara estaba adquiriendo un tono rosado. Movió sus rodillas para rozar las piernas de ella, lo que provocó que enrojeciera más todavía. Aun así no le miró.

–¿Qué te pasa con mis ojos? –Preguntó curioso.

–¿A qué te refieres?

–Me estas evitando.

–No es verdad.

–¿No?

–No.

–Demuéstralo.

Levantó la cabeza decidida y enfrento su mirada dorada. Pasaron unos segundos que le parecieron horas. Se aferró a la caja que todavía sostenía en sus piernas. Los ojos de Vanitas empezaron a bailar de sus ojos a sus labios, y vuelta. Xion no lo aguantó más y apartó la mirada, pero antes de darse cuenta una mano sujetaba su mejilla enrojecida y la obligaba a cruzar miradas nuevamente. Esta vez él se acercó lentamente a su cara y ella cerró los ojos esperando un roce de labios que nunca llegó. La nariz del chico se apoyo en la suya y sin romper el contacto se deslizó por su mejilla y mandíbula hasta llegar a su cuello. Allí sintió una suave respiración sobre su pálida piel y poco después los labios se posaron. Todo su cuerpo se tensó. Su pecho subía y bajaba con energía. Vanitas sonrió contra su cuello y siguió recoriendolo con besos. Cuando le pareció que con los labios no era suficiente rozó algunas partes con sus dientes dando pequeños mordiscos que, para nada eran dolorosos, si no todo lo contrario. Podía ser un chico delicado si se lo proponía. No tardó en empezar a juguetear con su lengua. El tacto húmedo y a la vez cálido seguido por el frescor que provocaba al chocar su aliento hizo que toda su piel se erizara y un escalofrío recorriera su espalda.

–Vas a hacer que colapse... – susurró Xion en su oído.

–¿He hecho algo mal? –La miró directamente a los ojos mientras se relamía los labios.

–Yo...yo... –Se levantó bruscamente girándose y titando al suelo el botiquín y su contenido. Vanitas se agachó a recogerlo y lo colocó en una mesa cercana –Mis padres van a volver...y...y...

–Tranquila, ya me voy –se acercó a ella, le puso la mano en la cabeza y ella se giró a mirarle –. Gracias por hacerme de enfermera.

–No hace falta que me lo agradezcas – le siguió con la mirada mientras se acercaba a la puerta y la abrió para salir –. ¡Oye! si..si quieres mañana... –Dijo nerviosa jugueteando con sus dedos.

–Vendré a buscarte a las siete. Y Xion –La miró con su sonrisa burlona, esa que tan nerviosa la ponía –Quizás te deberías tapar eso que te ha salido en el cuello.

Echo mano rápidamente a su cuello y le miró algo asustada. Vanitas contestó con un gesto de la mano y salió de la casa entre risas. Corrió al espejo más cercano para comprobar la marca que quedó en su piel. Una mancha morada con bordes rojizos. Había una regla no escrita que trataba de la prohibición de dejar marcas. Vanitas la ignoró completamente. Pasó sus dedos por encima y sonrió mirándola a través del espejo.