DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: HOWL'S MOVING CASTLE ES PROPIEDAD DE WYNNE JONES DIANA.
Capítulo 6. En el que vemos que pasó con Howl
Fuera del terreno del Castillo Ambulante, fuera del reino de Ingary, fuera de aquel mundo, y dentro del nuestro, el temido a igualmente admirado mago Howl se encontraba de regreso a casa.
El ambiente era muy distinto a las tranquilas calles de Market Chipping, ni siquiera podía compararse al de la capital de aquel particular reino. Porque allí, como un pequeño mundo detenido en el tiempo, en una época ya lejana para nosotros donde predominaba el romanticismo y la vida era sencilla, no había nada de lo que este nuevo escenario mostraba. Los carruajes no se movían por sí solos ni producían extraños sonidos ni dejaban humo negro tras sí. Las personas vestían ropas más coloridas y elegantes, no trajes grises que parecían ser demasiados ajustados para poder moverse. Y tampoco se hablaba un idioma cargado de fricativas que podían causar que terminaras mordiéndote los labios por accidente si se hablaba muy de prisa.
Sí, definitivamente Ingary, y Gales, eran dos lugares muy diferentes. Con razón pertenecían a mundos distintos.
Lo único, que ambos sitios tenían en común, era al mago Howl.
Howell Jenkins, como era su nombre real, no había nacido en Ingary. Su país natal ni siquiera se encontraba en aquel mundo. Gales era su país natal.
Y allí fue a donde lo llevó la puerta del Castillo Ambulante cuando salió.
Como las otras veces, al abrirse la puerta con el pomo mirando hacia el color negro, el exterior lucía negro. Sophie solía llamarlo "la nada", pero esa "nada" apenas tendría dos dedos de espesor. Con un solo paso que Howl dio, se encontró de pie sobre un camino de cemento que llevaba hacia la puerta de un jardín.
El ambiente lucía frío, nublado y gris. Como una tarde de final de otoño, cuando ya el invierno empieza a tocar la puerta con lluvias suaves y brisas enfriadas. No había edificios cerca, solo una calle a un lado con casas cuadradas de grandes ventanas. Sin duda alguna, era un ambiente como para sentarse en el jardín, o en el mismo pórtico de la casa, con una taza de chocolate y un buen libro para leer.
Howl retrocedió sus pasos, como si fuera a entrar de vuelta al Castillo. Pero la llave que sacó de uno de sus bolsillos no abriría la puerta que conducía al Castillo, sino la de aquella casa de donde pareció haber salido. La puerta abrió con uno solo giro de la llave, revelando el interior de aquella casa. Era muy diferente a cualquier casa de Ingary, incluso Kingsbury.
En el vestíbulo había una especie de caja negra con botones y de cuya parte trasera salía una especie de cuerda de plástico o goma, negro también, y su otro extremo parecía estar dentro de la pared de algún modo. También había unos sillones alrededor, estanterías con libros y una amplia alfombra en el suelo. Howl pareció contrariado por encontrarse solo allí, y estaba por seguir su camino hasta lo que parecía ser la cocina, cuando sintió que se le arrojaban encima.
—¡Tío Howl! —exclamó con alegría una voz infantil y aguda. Pertenecía a una niña pequeña, de cabello oscuro y ojos azules.
—¡Mari! —respondió el mago con alegría, aun en medio de su… depresión—. ¿Cómo has estado cariño? ¿Está tu madre en casa?
La niña negó con la cabeza.
—No, salió y todavía no ha regresado.
Howl parecía decepcionado.
—¿Y tu padre no ha regresado tampoco?
—No. Solo estamos Neil y yo. Pero está jugando y no quiere que lo molesten… —añadió como advertencia. Neil era su hermano mayor, y se molestaba mucho cuando lo interrumpían en medio de sus juegos. Siempre que alguien lo hacía se enojaba y decía cosas como "¡me has echado a perder la partida!", "¡ahora tendré que recuperar de nuevo la experiencia perdida!", o si no, "¡mira lo que has hecho, ahora tendré que empezar de nuevo!".
—Entonces supongo que tendremos que interrumpirlo —dijo el mago en respuesta, tomando de la mano a la pequeña y encabezando el camino hacia unas escaleras de madera que conducían a una segunda planta.
Las escaleras los condujeron a un pasillo que llevaba a varias habitaciones, de una de las cuales se escuchaba ruido. Aquella puerta estaba cerrada, pero a Howl eso no pareció detenerlo. En cambio, sin tocar siquiera, la abrió.
—¡Neil! —llamó Howl en voz alta apenas hubo entrado.
—Ahora no —siseó el aludido en respuesta sin siquiera fijarse a quien la hablaba, y sin despegar la vista de una caja similar a la de la sala, pero ésta era de color blanco y mostraba unas imágenes y recuadros que se movían, además de que había más cuerdas extrañas también unidas a la pared y otra caja pero de forma rectangular.
Y Howl, que no estaba de humor para esperar a que su sobrino terminara lo que estuviera haciendo para que le prestara atención, avanzó de una zancada hasta la pared y arrancó sin piedad el manojo de cuerdas. La caja pareció dejar de funcionar con ello, porque de inmediato las imágenes y cuadros con palabras se desvanecieron en negro.
—¡AAARRRGGGHHH! —chilló el muchacho con tal desesperación que cualquiera creería que acaban de decirle que alguien importante para él ha muerto. Se llevó las manos a la cabeza mientras chillaba, y por un momento se pareció al hombre de la pintura "el grito"—. ¿¡Por qué hiciste eso!? —le gritó a Howl cuando se giró y lo encontró a sus espaldas—. ¡Ya me faltaba muy poco para hacer rampage!
Howl lo miró con indiferencia, y esta vez ni siquiera se molestó en intentar sobornar al muchacho con un juego nuevo, sino que fue directo al grano.
—¿Neil, donde están las llaves de mi auto?
—Mi mamá las escondió —respondió el muchacho encogiéndose de hombros, bajando el volumen de su voz. Algo le indicó que no era el momento para hacerle perder tiempo a su tío.
—¡Porque Neil quería conducirlo! —intervino la pequeña Mari con total inocencia. El muchacho le dirigió una mirada como diciendo "chismosa", y la niña sintiéndose amenazada se refugió en las piernas del mago.
—Vaya, vaya —dijo Howl enarcando una ceja con ironía—. Entonces querías conducirlo.
—Esto… yo… —al pobre Neil se le trabó la lengua. Porque, mientras trataba de dar una respuesta, se encontró con la mirada de Howl. Neil pensó que nunca antes había visto tal expresión tenebrosa, incluso podía jurar ver una sombra larga, negra y aterradora extendiéndose por el suelo desde los pies del mago y subiendo por la pared.
—¿Howell eres tú? —inquirió una voz femenina desde el piso inferior. Neil se sintió tan aliviado que dejó caer los hombros y soltar un suspiro—. Howell…
—Ah, hola Megan —saludó el mago indiferentemente.
—¡Mami, mami! ¡El tío Howl vino a vernos! —exclamó Mari con alegría, corriendo en dirección hasta su madre, para posteriormente jalarle del borde del vestido y conducirla a la habitación de Neil.
—Mira que aparecerte sin avisar… —le reprochó la mujer una vez entró en la habitación y se percató de que en efecto, el mago estaba allí. Su nombre era Megan Parry, y era la hermana mayor de Howl. Se parecía mucho a él, pero tenía el cabello oscuro y los ojos azules, y era la madre de los niños presentes en la habitación.
—Megan, ¿podrías decirme donde están las llaves de mi auto? —Howl fue directo al punto. No tenía tiempo para perder.
Megan, al notar en la mirada de su hermano que algo serio sucedía, pasó por alto su repentina aparición, su aspecto desaliñado, y demás cosas que la sacaban de quicio; y se apresuró a darle lo que pedía.
—Las tengo yo —fue su respuesta—. Tómalas —continuó mientras metía las manos en su bolso de mano—, y no vuelvas a dejarlas tiradas —le reprochó recordando que la última vez las había dejado en el borde de la mesa del comedor, del cual se cayeron después y el perro casi se las come.
Howl recibió las llaves, y Megan se retiró de la habitación sin decir nada más. Neil se quedó en su sitio, en silencio, intentando convencerse de que todo estaba bien. En cuanto a Mari, se quedó junto a Neil esperando que Howl les invitara a comer helados como solía hacer antes.
—Debo irme —dijo Howl inclinándose para quedar a la altura de Mari—. Esta vez no puedo llevarte conmigo, tesoro. Pero la próxima vez, la tía Sophie y el tío Michael vendrán con nosotros —intentó componer una sonrisa, y la pequeña Mari sonrió ampliamente ante la promesa, y asintió enérgicamente con la cabeza para luego darle un corto abrazo que le provocó un gran rubor en sus pequeñas mejillas—. Toma —le dijo a su sobrino—, conéctalo a la computadora cuando inicies sesión de nuevo, y tendrás un mago que te reabastecerá de maná y puntos de impacto cuantas veces quieras, además de que puedes resucitarlo las veces que sea necesario—. Y con eso le aventó a las manos un objeto pequeño y alargado de color gris.
Neil ni siquiera pudo decir "gracias", porque cuando atajó en el aire el aparatito justo antes de que cayera al suelo y se reincorporó, Howl no estaba allí. Había desaparecido como la niebla.
Todos los personajes mencionados son canon, todos excepto Howl son exclusivos del libro.
En el libro se nos muestra que Howl es de origen galés, y de hecho es allí donde vive su familia. Por lo que podemos inferir que Ingary está en otro mundo, algo así como Narnia pero sin tanto desbalance con el tiempo…
