NickyColferC: Lo sé! También me pasa cuando leo otros fics y es horrible!


Capítulo 16

Cuando despertó los golpes se habían detenido. Al principio Blaine no sabía qué pensar. ¿Dónde estoy? ¿Estoy muerto? Ciertamente se sentía muerto, deseaba estar muerto. El hoyo en su corazón donde había estado la mitad de su lazo y que le había dolido arrancarlo, ahora solo estaba vacío. Tenía esa sensación de nuevo, la misma que él había sentido cuando con Kurt había apagado la sintonía. Se sentía horriblemente solo en su piel sin nadie que lo amara. Solamente que esta vez era cien mil veces peor. Esta vez era para siempre. Kurt…Dios, lo siento tanto. Ya te extraño tanto. Desearía-

—Está muerto —Se oyó una voz familiar cerca de su oído.

—¿Estás seguro? Porque se ve como si aún respirara. Tengo una pistola en mi carro, una 44 la cargué con balas de plata. Podemos asegurarnos. —La segunda voz se oía como la de Thad.

—¡Dije que está jodidamente muerto! —La primera voz de nuevo. Ese era Sebastian, Blaine estaba seguro de eso.

—Bien, Bien. Entonces necesitamos llevárnoslo. El cuerpo quiero decir. ¿Quieres que lo tire a la basura? ¿O solo lo lanzamos al golfo?

—Yo me encargo de eso —Sebastian gruñó.

—Eso no sería como debe ser —Una voz femenina objetó. Santana, Blaine se dio cuenta. —Él es un lobo que murió en desgracia. De acuerdo a las leyes de la manada-

—Ni jodidamente te atrevas a decirme sobre las leyes de la manada, tu pinche puta —Sebastian rugió tan fuerte que Blaine casi se estremece. —Soy quien jodidamente escribió las leyes de la manada y hago los malditos cambios que quiera. Ahora saca tu jodida cara de aquí y déjame tratar con esto. Todos ustedes. Hubo algunos murmullos de ira y movimientos y entonces Blaine sintió que el cuarto estaba vacío. Bueno vacío a excepción de Sebastian y él.

—Blaine… —Sebastian se arrodilló junto a él y Blaine se atrevió a abrir un ojo. No es que pudiera abrirlo mucho. Estaba casi cerrado por lo hinchado. —Blaine…Blainey… —Sebastian estaba llorando, sus lágrimas caían sobre la cara de Blaine y ardían en los frescos cortes.

—¿Sebastian? —murmuró, tratando de sentarse.

—Shhh, sigue acostado. Solo sigue acostado un momento. Voy a asegurarme de que todo el mundo se haya ido.

—Tu… —Blaine se ahogaba. Cada parte de él dolía. —Pensé que ibas a matarme, mano.

—Debería pero…no pude. No pude dejarlos. —Sebastian se apartó y se secó las lágrimas con el dorso de su mano —ira cruzó su mirada.

—Joder, hombre… ¿por qué tenías que cambiar?

—No cambié, no realmente. —Blaine trató de nuevo de sentarse y no pudo. Estaba demasiado débil. Demasiado adolorido. —Siempre he sido de la misma manera. Solo…no podía admitirlo, hasta…hasta que Kurt me mostró cómo.

Sebastian colocó un dedo en su cara. —No hables una jodida de él ante mí. Él te alejó de mí. Él se robó a mi mejor amigo y lo convirtió en… en un…

—Anda adelante, dilo, lo dijiste antes. Soy un marica. Un maricon. Una mariposa. Soy gay. —Blaine se rio, y el sonido dolió al salir de su garganta. —Dios, he pasado tanto tiempo negando eso. Pensando que si no hacia esto o lo otro podría convertirse en realidad. Y ahora cuando me doy cuenta de lo que soy en realidad, eso ya no me importa.

—¿Por qué dices eso? —Sebastian olfateó y sacó una aguda pequeña navaja de su bolsillo. La movió expertamente sacando la hoja y empezó a trabajar en la cinta industrial alrededor de las muñecas de Blaine. —Te quitaré esto. —Dijo señalando la cinta, maldiciendo cuando los filamentos de plata se habían hundido en la carne sin protección. —Tan pronto como te quite la jodida cinta empezarás a sanar. Ni siquiera le dije a mi tío que tomé su cinta especial para torturas. Dios, no quieres saber dónde él las coloca cuando él quiebra a algún triste cabrón que cayó o va a ser expulsado.

Blaine seguía acostado, dejando que su ex-líder de la manada y mejor amigo trabajara en la cinta, dejando que las palabras de Sebastian le llegaran. Él estaba vivo. Él iba a despertar mañana y respirar, inhalando y exhalando y seguiría jodidamente vivo. No eso no era lo importante. Nada importaba ahora que él había roto el lazo. Me duele por él. Por la manera en que me tocaba. Por la manera en que se sentía en mi mente. Pero él se fue y nunca podré lograr que regrese. Ni siquiera sabía lo que le había sucedido a Kurt. La última cosa que él vio, era que parecía estar de pie frente al consejo y parecía que iba a ser juzgado por los otros vampiros que estaban esperando.

Levantando la vista, Blaine vio que la noche estaba oficialmente terminando. Afuera por la pequeña y sucia ventana el sol se elevaba, iba a ser otro caliente día en Miami. Por primera vez un frio miedo perforó su corazón. Kurt, ¿qué pueden ellos hacerte? ¿Estarás a salvo?

Deseó con todo su corazón poder ser capaz de enviar la pregunta a través del lazo, pero cuando él trató, eso se oía como un teléfono muerto. El lazo fue total y realmente roto, al menos en su lado. Él no había alterado el lado de Kurt, ¿estaría funcionando la parte del lazo de Kurt? Podrían hablar igual que con un Walkie-Talkie con solo una línea.

—Bueno ya está fuera —Sebastian dijo, cuando finalmente retiró toda la cinta de las muñecas y antebrazos de Blaine. —Tan pronto como todo el mundo se vaya. Solo sigue acostado unos minutos para que sanes.

Blaine quería levantarse e ir a buscar a Kurt pero no tenía elección, más que hacer lo que Sebastian le decía. Él aún seguía demasiado herido y débil para ir a cualquier lado. Pero pronto estaré bien y entonces te encontraré bebé. Incluso si es demasiado tarde para nuestro lazo, al menos puedo estar seguro de que estas a salvo.


—¡Tu estúpido, ignorante y desagradecido bastardo! —El padre de Kurt lo empujaba contra la pared del pasillo y lo golpeaba una y otra vez, sus mejillas estaban rojas mientras infligía dolor.

Kurt seguía ahí, en silencio, sin quejarse. ¿Por qué debería protestar o tratar de protegerse? La única razón que él tenía para vivir se había ido. Blaine había roto el lazo e incluso ahora probablemente estaría muerto sobre un sucio piso de una destartalada casa en donde la manada tenía su escondite.

—Burt, ¡detente! ¡Détente de una vez! —La voz de la madre de Kurt repentinamente estaba ahí, sosteniendo el brazo de su padre para evitar que lo golpeara. Pero el padre de Kurt no se iba a detener tan fácilmente.

—Este pequeño tonto nos ha ¡arruinado! Nunca seremos recibidos en la sociedad de la corte de nuevo. Seremos afortunados si se me permite conservar el título y pasárselo a alguien más.

—Esa no es su culpa —La madre de Kurt protestó. —¡Él está loco! Completamente loco, cariño. No hay otra explicación para su conducta. Ese horroroso were debió haberlo mordido y le causó algo. Algún tipo de enfermedad mental.

—No me importa si está loco. Él debe de pagar. —Su padre cerró las manos en un puño y vio de un lado a otro por el vacío pasillo. —¿Rastreador? ¿Dónde está el rastreador?

—Aquí, jefe. —El enorme vampiro hecho, repentinamente apareció de algún lado. —¿Qué necesita?

—Llévatelo y lánzalo en algún lugar a la luz del sol. Directamente bajo la luz del sol, quiero decir, nada de sombras. Y ve que no regrese al interior de la casa.

—Burt, ¡no! —La madre de Kurt protestó. —Kurt aún es nuestro hijo.

—Renunció al nombre de la familia y a mi título. Él me avergonzó frente a todo el consejo. Él ya no es mi hijo. —El padre de Kurt le dio una última mirada de disgusto y vio al rastreador. —Hazlo.

—Uh… —El inmenso vampiro se veía incómodo. —Podría, jefe, pero no soy nacido de la Sangre como ustedes. Soy un vampiro hecho y nosotros no tenemos tanta tolerancia al sol, somos más vulnerables que su tipo.

—Entonces busca a alguien que te ayude —El padre de Kurt bufó. —No me importa como lo hagas pero no quiero tenerlo bajo mi techo ni un momento más. —Se giró hacia la madre de Kurt y la tomó del brazo. —Vámonos, Elizabeth.

La madre de Kurt dudó un momento. Viéndolo. —Pero…

—Dije, vámonos. —La voz de su padre, tronó como un latigazo.

—Ve. Madre. —Kurt inclinó la cabeza débilmente hacia ella.

—No me importa lo que me suceda. Si Blaine está muerto, quiero morir también.

Por un momento pensó haber visto el brillo de lágrimas en los ojos de su madre. Entonces ella negó con la cabeza y tomó el brazo de su padre. Juntos salieron del pasillo. Sin duda de regreso a donde estaba el consejo para tratar de arreglar el daño que Kurt había hecho. Sintió algo de satisfacción al reconocer que esa tarea probablemente sería imposible. Nada importaba ahora que Blaine había salido de su vida. Si su padre no hubiera ordenado que lo sacaran a la luz del sol, probablemente él hubiera salido por voluntad propia. Al menos podría morir rápidamente. Incluso un vampiro nacido de la Sangre de una de las más antiguas líneas como la suya no podría sobrevivir estando afuera sin protección durante mucho tiempo, especialmente bajo el brutal sol de Miami.

—Vamos, niño, tenemos que irnos. El rastreador lo tomó del brazo y empezó a empujarlo por el pasillo, en la dirección opuesta a la que tomaron sus padres. De nuevo, Kurt no opuso resistencia.

Él se tambaleaba ante el agarre del rastreador, sintiéndose torpe y débil. Los brazaletes de plata aún seguían en sus muñecas quitándole fuerza y el doloroso hoyo en su interior donde había estado el lazo con Blaine estaba como una herida fresca, aún sangrando. Débil, me siento tan débil, puedo morir antes de que logre salir. El pensamiento no lo aterró. Nada lo aterraba ahora que lo peor había sucedido.

—Ah, están ahí. —Kurt levantó la vista y vio a Carole de pie, bloqueando el camino.

—Sí, aquí estamos pero ¿quién diablos eres? —el rastreador

gruñó.

—Me envió mi Lady Elizabeth. Ella dijo que necesitabas ayuda para sacar al niño. —Carole arqueó una delicada ceja hacia el gran rastreador.

—Gracias, pero puedo manejarlo. —Trató de pasar al lado de ella, pero Carole seguía firme. —Te digo que mi lady me dijo que me encargara desde aquí. Tu amo te necesita en el comedor formal, aparentemente hay algún tipo de problema con los otros huéspedes.

—¿Por qué infiernos no dijiste eso primero? —El rastreador empujó a Kurt y regresó por el otro camino. Cuando Burt Hummel decía salta, sus sirvientes obedecían y por una buena razón.

—Rápido. —Carole tomó el brazo de Kurt y lo jaló a la recamara principal en la parte de atrás de la casa. —No tenemos mucho tiempo.

—¿A dónde me llevas? —murmuró. Ellos no estaban avanzando rápidamente. Carole era fuerte pero él se apoyaba mucho en ella, mientras caminaban ella tanteaba su muñeca con una pequeña llave dorada en sus manos.

—A la cochera. Apúrate, ese gran idiota regresará pronto, cuando descubra que le mentí.

—¿Le mentiste? ¿Por qué? —Kurt se tropezó y casi cae pero Carole le quitó el primer brazalete de su muñeca y comenzó a sentirse fuerte. Ella comenzó a trabajar en el otro.

—Por el bien de tu madre. Ella no quiere que mueras, lo sentí a través de nuestro lazo.

—¿Su lazo? —Kurt frunció el ceño mientras ella liberaba su otra muñeca y lanzaba el brazalete a un lado. —Pero tu lazo está muerto, hace mucho que murió. Tú y mi madre han sido amantes por…

—Bueno, por dos cientos años — ella terminó por él. —Pero eso no importa ahora. Incluso cuando nuestro lazo murió, aún sigue un brillo -una muy débil chispa-especialmente cuando la persona con la que te enlazas es muy querida para ti. Yo amé a tu madre más que a mi propia vida, incluso aunque nosotras ya no nos comunicamos por la conexión de nuestra mente, aún puedo sentir lo que ella siente. Es muy débil, más como el eco de una emoción que algo real. Pero es suficiente como para saber que ella no desea tu muerte.

—Entonces, gracias por tratar de salvarme —Kurt dijo torpemente. —Pero creo que preferiría morir. Mi amado ha roto nuestro lazo; No tengo más razón para seguir con vida.

Carole golpeó ligeramente su mejilla. —¿Cómo puedes decir esas tonterías? Tu Coeur de Sang puede seguir con vida. ¡Debes ir por él!

—Yo…tú… —Kurt parpadeó sorprendido. —¿Tú crees en la leyenda del Coeur de Sang?

—Claro que creo en ella; Yo fui el Coeur de Sang de tu madre.

—¿Qué? ¿Estás segura? —Kurt apenas y podía creerlo. ¿Su propia madre había encontrado a la Sangre de su Corazón? ¿Y entonces la perdió? —No entiendo —dijo, mientras Carole lo empujaba hacia la amplia cochera de la casa principal.

—Nosotros íbamos a huir juntas. Veras, ella me descubrió después de la boda con tu padre. Pero…él descubrió nuestros planes y obligó a tu madre a romper nuestro lazo. —Lagrimas brillaban en los grandes ojos de Carole. —A ella se le permitió convertirme en compensación y me he quedado con ella todos estos años en recuerdo de nuestro amor. Nuestra relación ahora es un pálido eco de la ardiente pasión que una vez fue, pero eso es mejor que nada de lo que pueda tener con otro.

—Perdóname. Yo… yo no tenía idea.

—Claro que no la tenías. —Carole secó sus ojos y entonces fueron al tablero en donde había seis diferentes juegos de llaves colgadas. —Ten. —Ella le lanzó un juego de llaves. —Llévate el mío—es el Jaguar plateado y tiene mejor protección.

Kurt atrapó las llaves en el aire fácilmente, ahora que no tenía los brazaletes de restricción de plata, su fuerza y reflejos habían regresado. Pero él aún no sabía cuánto podría estar bajo el sol. A pesar de la protección extra en las ventanas del Jaguar. No pudo evitar recordar la última vez que se expuso a la luz del día y ni siquiera había estado manejando.

—Apúrate. —Carole entrelazó sus dedos nerviosamente. —Oigo que vienen.

—Gracias. —Kurt inclinó la cabeza hacia ella. —He estado profundamente equivocado contigo.

—No importa. Ve por tu amado—sálvalo si puedes. Sana lo que esté roto.

Kurt negó con la cabeza tristemente. —Temo que no puedo. Una vez roto el lazo es para siempre. La Nana me lo dijo.

Carole frunció el ceño. —Tu nodriza es una mujer sabia pero incluso los sabios no saben todo. Ha habido ocasiones en que he pensado que tu madre y yo podríamos sanar el desgarre entre nosotras, pero ella le tiene demasiado miedo a tu padre para intentarlo. Ve y has lo que puedas, Kurt. Donde hay vida, hay esperanza.

—Quizás tengas razón. —Kurt le quitó la llave al jaguar y se deslizó detrás del volante.

—Sé que la tengo. —Carole le dio una pequeña sonrisa y entonces presionó el botón para que se abriera la puerta de la cochera. —Buena suerte, Kurt. Siente la chispa y deja que te guie con tu amor. —Entonces, mientras la enorme puerta se abría y el letal rayo de sol se asomaba al piso de concreto, ella bajó la cabeza y rápidamente salió de la cochera.

Siente la chispa. Kurt encendió el carro, y lo dirigió hacia los cegadores rayos del sol. Vio en el espejo retrovisor unos lentes de sol D&G que reconoció que eran de su madre. Ella probablemente los dejo ahí para cuando ella salía en el carro de Carole en lugar del suyo. Kurt los tomó y salió por la puerta, justo cuando oyó el enojado grito que parecía ser de su padre, pero no esperó a ver si tenía razón. En lugar de eso presionó el acelerador y salió volando de la curva tomando el camino de grava blanca.

A pesar de los vidrios protegidos, el sol estaba cruelmente brillante y esta vez no tenía abrigo ni nada que le cubriera la cara Kurt podía sentir la bola de fuego en su piel, presionando como un gigantesco puño, tratando de secarlo, pero él trató de no pensar en eso. En su lugar se concentró en el último consejo de Carole. Si ella tenía razón, él aún debería ser capaz de sentir un eco desde donde estuviera Blaine con los remanentes de su lazo. Sí, es que, él aún seguía vivo. Kurt no había sido capaz de sentirlo antes, pero ¿quizás fue porque el dolor de que arrancara la conexión había sido muy intenso? ¿O quizás Blaine estaba inconsciente?

Kurt casi temía intentarlo, pero él sabía que tenía que hacerlo. Si había una oportunidad, cualquier oportunidad de que Blaine aún siguiera con vida, entonces él lo salvaría. Incluso si el lazo entre ellos estuviera muerto y sin esperanzas de revivirlo. Blaine aún seguía siendo el amor de su vida. Le prometí que iría por él, debo cumplir la promesa sin importar nada.

No podía arriesgarse a cerrar los ojos ya que estaba manejando entre el tráfico de Miami, pero tomó una profunda respiración y lo buscó en su interior, probando cuidadosamente por los restos de su lazo. Podía sentir el vacío lugar en donde había estado la mitad del

Lazo de Blaine, más como una sangrienta conexión que un hoyo donde una planta había sido arrancada de raíz. Ahí no había nada.

Kurt casi renuncia desesperado, pero pensó en sentir su propia mitad del lazo. El árbol plateado seguía aún ahí, sus ramas colgaban aparentemente muertas. Pero seguía ahí, donde Kurt podía tocarlo, sentía algo. Un pequeño hormigueo, como si hubiera encendido algo. ¿Podría ser la chispa de la que Carole hablaba? Él lo sintió de nuevo y esta vez un débil zumbido de sensaciones llegaron de algún lado… Dolor…desesperación…debilidad… Como Carole había dicho, eso era más el eco de una sensación que una real emoción, pero Kurt estaba seguro de que lo que sentía venia de Blaine.

Está vivo. ¡Estoy seguro de eso! Sí, Blaine estaba más que definitivamente vivo, pero ¿por cuánto tiempo? Debo llegar con él. El sol apuñalaba sus ojos a través de los lentes oscuros como cuchillos y podía sentir la luz de sol golpeándolo pero a Kurt no le importaba. Entrecerrando los ojos ante la luz del sol, él aceleró y llevó el Jaguar al límite.


—Creo que todo el mundo ya se fue para ahora. Probablemente podamos salir. —Sebastian ayudó a Blaine a ponerse de pie.

—Bien, seguro. —Blaine se estiró experimental y cautelosamente y vio que se sentía ligeramente mejor, al menos físicamente. En su interior seguía adolorida y pulsante la herida por la pérdida de Kurt. Pero al menos ahora que la plata no estaba en su metabolismo de were estaba comenzando a sanar.

—Te ves mejor. —Sebastian inclinó la cabeza inspeccionándolo. —Quiero decir tu cara aún se ve como una hamburguesa pero sabes, no habrá mucho cambio. Siempre serás un feo hijo de puta. —Se carcajeó y Blaine trató de carcajearse pero él no logró más que una débil risa. Ahora que él estaba sanando por fuera parecía que el dolor interior, el dolor de romper el lazo se estaba volviendo peor. Al parecer el dolor exterior lo distraía y ahora que estaba sanando no tenía nada que distrajera su mente de la agonía interior.

—Vamos. —Se enderezó con esfuerzo y se obligó a caminar hacia la puerta. —Necesitamos salir de aquí.

—¿Si? ¿Cuál es tu prisa? ¿Ir a cualquier otro lugar para conseguir sacar la mierda? —Sebastian caminaba detrás de él, con las manos en los bolsillos de sus holgados shorts, como si nada hubiera sucedido. Ahora que Blaine obviamente parecía estar bien, parecía que creyera que las cosas podrían regresar de algún modo a lo normal.

No, tengo que ir a salvar a mi amor, Blaine pensó pero no lo dijo cuándo abrió la puerta y salió al porche. Pero él no irritaría a Sebastian de nuevo y además, ni siquiera sabía si era la palabra correcta para referirse a Kurt, ya no más. No ahora que su lazo estaba roto. Pero si…

—Quédense ahí. —Alguien tomó y jaló su brazo hacia su espalda.

—¡Te dije que no estaba muerto! —Santana repentinamente estaba frente a él con una diabólica sonrisa en su cara. —Sabía que Sebastian realmente no lo mataría.

—Sí, tienes razón. —La voz detrás de él era de Thad. —Lo vas a hacer, hasta ahora, bebé.

—¿Qué jodidos? —Sebastian salió al porche. —Qué jodidos hacen ustedes dos aquí?

—Exponiéndote, líder de la manada. —Santana bufó sarcásticamente. —Sospechamos desde hace un tiempo para acá que algo sucedía entre Skulls y tú. ¿Por qué si no, lo favorecías sobre tu propia sangre? —Ella señaló con la cabeza a Thad quien seguía sosteniendo fuertemente a Blaine, tanto que apenas y podía respirar, mucho menos pelear en el débil estado en el que se encontraba.

—Yo favorecía a Blaine sobre mi propia sangre porque mi propia sangre es un tonto pendejo. Ahora suéltalo, él ha sido suficientemente jodido por hoy.

—No lo creo. —Los ojos de Santana brillaban. —Y no te acerques más, Sebastian —ella agregó cuando el líder de la manada avanzó hacia ella. —Tengo suficiente Veneno de Lobos bajo mis uñas para acabar con la manada entera, no digamos con el jodido maricon líder de la manada.

Pinche puta, vas a pagar por esto —Sebastian bufó pero se quedó en su lugar.

—No, ella no lo hará. Ella será la bruja oficial de la manada y mi pareja. Justo cuando entregues el liderazgo de las Locas a mí. —Thad apretó duro el cuello de Blaine, su codo le cortó el aire a Blaine por un buen momento.

—¿Entregarte el liderazgo? —Sebastian se rio enojado. —¿Por qué jodidos haría eso?

Santana contestó por él. —Porque si no Thad y yo le diremos al resto de la manada como tú y Skulls se han estado chupando la pinga el uno al otro durante años.

Los ojos de Sebastian se oscurecieron. —Eso es una jodida mentira.

Santana se encogió de hombros. —Puede ser. Pero realmente han sido tan cercanos que la manada lo creerá. Y ya no tienes a tu segundo lobo respaldándote. Voy a asegurarme de eso ahora.

Sonriendo diabólicamente ella se acercaba a Blaine. —¿Qué te parece unos amorosos rasguñitos papi? Algo para que me recuerdes. Y esta vez no habrá ningún jodido y amoroso vampiro para que te chupe el veneno.

—¡Aléjate de mí, bruja! —Blaine logró decir. Pero aunque luchaba no podía salirse del fuerte agarre de Thad en su cuello. Él estaba demasiado débil. La pequeña mano de Santana se acercaba a él, con el veneno en sus uñas como garras y no había manera de que pudiera alejarse…

—Un paso atrás, ahora, ¡perra! —Una nueva voz hizo que todos giraran la cabeza, incluso Blaine, tanto como fue capaz. Logró ver a su madrastra parada en el primer escalón del porche con un arma en su mano.

Era la de su papá, una escopeta de veinte milímetros con doble barril, era la que usaba su papá en los raros viajes a cazar a los Everglades y Elaine la manejaba como si supiera usarla.

—¿Qué jodidos? —Sebastian demandó. —Uh, ¿qué está haciendo aquí, señora Anderson?

—Estoy aquí por Blaine. —Ella subió los escalones lentamente sin dejar de apuntarles. —Lo llevaré a casa y ninguno de ustedes cabrones lo molestará de nuevo. ¿Les ha quedado claro?

—Estas jodiendo con la manada equivocada, lady —Santana bufó. —Deja de alardear y vete antes de que salgas herida.

—Oh no estoy alardeando, niñita. Esta arma está cargada con balas de plata. —Elaine movió el arma en dirección a Santana. —Ahora déjenlo ir.

—¡No! —Santana gritó cuando Thad empezaba a aflojar el agarre. Ella se giró de frente a Elaine. —No te creo, y de cualquier manera, no le temo a la plata. No soy un lobo.

—Pero yo lo soy. —Los ojos de Elaine repentinamente cambiaron al dorado del lobo y un profundo gruñido salió de su garganta. —¿Sabes lo que se dice de los animales salvajes? ¿Que nunca te debes meter con el cachorro de un oso o un lobo porque su madre te esperará hasta desgarrarte? Bueno así es como me siento acerca de Blaine. Él podrá ser mi hijastro, pero aun así es mío. Así que aléjate de él ahora, pequeña puta, a menos que quieras un hoyo del tamaño de la puerta en tu flaco trasero.

Santana repentinamente estaba pálida. —Joder, Skulls nunca dijo que tenía una loca perra de madrastra. —Ella vio a Thad. —Déjalo ir. Terminaremos esto después.

—¡Joder! —Thad se oía enojado pero no era lo suficientemente estúpido para discutir con una Elaine armada. Él dejó ir a Blaine y salió del porche con un solo movimiento.

—Hey, ¡espérame! —Sin la gracia de los were, Santana bajó los escalones, manteniendo una cautelosa mirada en Elaine mientras lo hacía. Blaine no estaba seguro si ella tenía más miedo del arma o de su madrastra. Podría haberse carcajeado si no le doliera tanto su interior.

—Wow, eso estuvo jodidamente cerca, mano. No sabía que tu mamá estaba tan loca. —Sebastian sonrió y se movió—solo para que lo detuviera la escopeta en su pecho. —¡Hey! —Vio el arma y a Elaine. —¿Qué estás haciendo?

—Apártate. —Elaine movió el arma. —No confió en ti más que en los otros dos.

—Pero señora Anderson…

—Apártate…ahora. —La mirada de Elaine era feroz, sus ojos aún estaban dorados. —No estoy bromeando, Sebastian, ya no más bromas como la de esa flaca pequeña puta que envenenó a Blaine. Apártate ahora o disparo.

—Pero Blaine y yo ¡somos los mejores amigos!

—Ya no más. —Ella movió el arma. —Déjalo.

Murmurando algo por lo bajo, Sebastian bajó los escalones y se dirigió a su camioneta. Blaine lo vio irse con una mezcla de pesar y alivio. Por muchos años Sebastian y la manada de las Lunas Locas habían sido su vida pero ahora eso había terminado. Él era libre. Sabía que se sentiría completamente feliz si solo siguiera teniendo el lazo con Kurt. Pero como estaba ahora, él ni siquiera sabía dónde estaba el vampiro ahora y si estaba bien. Aunque al menos ahora puedo encontrarlo.

—Gracias, mamá. —Se dirigió hacia ella y Elaine le dio un fuerte y apretado abrazo, tanto que lo hizo gemir. —¡Tómatelo con calma!

—¿Qué te sucedió? —ella preguntó, apartándose para verlo. —Te ves hecho una mierda.

—Lenguaje, Mamá. Mira, realmente no tengo tiempo para hablar de eso ahora. Tengo que encontrar a Kurt, él puede estar en problemas. —Él empezó a bajar los escalones y dirigirse a donde ella había dejado el carro. Por un momento, su corazón se sobresaltó cuando vio el Spyder. Entonces Elaine habló detrás de él.

—Espero que a tu amigo no le moleste, es más rápido que mi carro y pensé que era necesario llegar aquí rápidamente. Realmente te estuve buscando por lo que parecieron años, sabía que tu manada tenía un lugar por aquí, pero no sabía exactamente dónde.

—Uh, seguro, no hay problema. —Los hombros de Blaine se hundieron. Por un momento él realmente esperaba ver a Kurt a través de los vidrios protegidos del pequeño carro deportivo. Realmente había pensado que abriría la puerta y vería al hombre que amaba sentado ahí.

—Mon amour. Al fin te encontré.

Al principio no podía creerle a sus oídos. Pero entonces él levantó la vista y vio el Jaguar plateado acercándose. El vidrio de la ventana abajo y los ojos del conductor cubiertos por unos lentes de sol. Pero sin duda era Kurt.

—¡Kurt! —Blaine corrió hacia él, olvidándose del dolor. De ambos, el interno y el externo en su anhelo de ver al hombre que amaba.

—Blaine. —La piel de Kurt estaba incluso más pálida que lo usual y se veía terrible. —Traté de llegar aquí a tiempo. Me alegra… de que sigas con vida. Yo… —Se interrumpió y cayó sobre el volante del carro.

—¿Kurt? ¿Bebé? —alcanzándolo a través de la ventana con el vidrio abajo, Blaine lo tomó de los hombros y lo sacudió ansiosamente.

Pero sin importar lo que hacía o decía Kurt no reaccionaba.