DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: HOWL'S MOVING CASTLE ES PROPIEDAD DE WYNNE JONES DIANA.
Capítulo 13. En donde hay un reencuentro.
Un silencio pesado inundó el Castillo Ambulante, de tal manera que hasta se podían oír los engranajes de la cerradura moviéndose al ser girado el pomo. Los rostros de todos se volvieron hacia la puerta, con tal suspenso como si se tratara de alguna escena de terror donde todos se quedan inmóviles a la espera de la llegada del asesino.
—¡Ahora sí debe ser Howl! —exclamó Martha volviéndose hacia Sophie— ¿Qué vas a hacer?
De inmediato las miradas retornaron a Sophie, a la espera de su reacción. Ella se quedó inmóvil, no muy segura de qué hacer. Debía perdonar a Howl, y probablemente eso era lo que todos esperaban, aunque ella preferiría que fuera en privado, y no frente a toda su familia.
La puerta terminó -finalmente- de abrirse revelando al mago Howl, devolviendo la atención de los presentes a la puerta. Su aspecto lucía un poco… desaliñado a diferencia como costumbre, pero seguía luciendo tan atractivo como siempre. Se había teñido el cabello de rubio de nuevo, ya pasado su luto por la muerte de la señora Pentstemmon, y lo llevaba cortado al nivel de la barbilla. En cuanto a su atuendo, llevaba unos simples pantalones negros y zapatos del mismo color, estos últimos un poco enlodados en las suelas. En el torso llevaba una camisa blanca, y encima un saco gris cuyas mangas parecían más largas que nunca, y había una ramita enredada en una de ellas pero el mago parecía no darse cuenta de ello. Huelga decir que lucía algo cansado.
A Sophie se le encogió el corazón al verlo. Le había considerado un cobarde, incluso había pensado que se había ido cuando Maleena llegó para no afrontar la situación. Pero allí estaba, de nuevo, y no parecía que fuera a irse otra vez. Una oleada de pensamientos chocaron en su mente. ¿Sabría él sobre la historia de Maleena y aquel teniente? Y si así era, ¿podrían arreglar las cosas entre ellos? ¿la perdonaría por haber desconfiado de él y haberle acusado sin siquiera haber investigado antes?
—Buenas tardes —saludó una voz, sacando a Sophie de sus pensamientos. Era una voz masculina, un poco altiva y áspera, pero con un matiz juvenil que indicaba que su dueño no era muy mayor.
Sophie se quedó muda de la impresión. Y sus hermanas también.
Howl le dio paso a su acompañante, revelando a un hombre joven, quizás uno o dos años mayor que Howl (Howl tenía 27). No era muy alto, como de 1, 65 metros de altura, pero su mirada y porte te indicaban que era una figura de autoridad importante a quien debías darle el debido respeto.
Sin necesidad de presentaciones, todos supieron quien era.
Bajo la elegante gorra blanca de ala negra, se podía apreciar el cabello negro. Aunque estaba ligeramente cortado al estilo militar hacia la nuca, varios mechones le caían en la frente al nivel de las delgadas cejas, y los ojos eran de un azul tan claro como un hermoso cielo primaveral. Los rasgos eran finos, tenía la nariz recta y los labios delgados, pero su mirada le daba un aspecto severo que casi te hacía olvidar por completo sus atractivos rasgos. Colgado a la espalda llevaba una bolsa verde de lona que parecía llena de cosas. Llevaba unas botas marrones que le llegaban casi a la rodilla, y un traje militar verde oliva (con detalles dorados en los bordes de las mangas y los bolsillos y algunas insignias), pero tenía ese toque elegante que te hacía pensar que representaba un rango importante.
Y de hecho, así era.
—Teniente, por aquí por favor —indicó Howl una vez dentro del Castillo.
Al momento en que el visitante entró y vio a todos los presentes, su mirada cambió. Ese matiz de dureza se disolvió en cuanto posó sus ojos en Maleena. No era una expresión de sorpresa la que se dibujó en su rostro, sino una de dicha. En cuanto a Maleena, sonrió ampliamente, y sus ojos dorados tomaron un brillo de sorpresa y absoluta felicidad que los hizo parecer más grandes de lo que eran. Y, sin pensarlo dos veces y olvidándose de que había más gente alrededor suyo, se lanzó a los brazos del recién llegado. Éste dejó caer la bolsa de lona al piso como si no importara, y recibió a Maleena de inmediato, estrechándola con fuerza como si temiera que se desvaneciera.
—¡Lance! —exclamó ella sin dejar de sonreír y le acarició el rostro como si aun no creyera que estaba allí y quisiera asegurarse de que él era real— Estás aquí… pero ¿cómo?
—El mago Pendragon fue hasta la base a buscarme… dijo que estabas aquí —explicó él tomando con devoción la mano que le acariciaba el rostro.
—Gracias, Howl —sonrió Maleena, verdaderamente agradecida. Howl en respuesta solo asintió con la cabeza—. Bueno —dijo a continuación dirigiéndose al resto del grupo, como si acabara de recordar que seguían allí—, este es mi esposo, el Teniente Lance Lieuteanant.
Maleena se separó del abrazo de Lance, pero se quedó a su lado entrelazando su mano derecha con la izquierda de él, dejando la derecha libre para que las hermanas Hatter la estrecharan mientras se presentaban. Incluso le presentaron a Calcifer, quien llameó animadamente desde la chimenea, al parecer bastante satisfecho de que dos personas en un solo día no se hubieran puesto histéricas con su presencia.
—Es un honor tenerlo aquí con nosotros —dijo Lettie al notar que Sophie se había quedado muda.
—No, gracias a ustedes por cuidar a Matthew mientras mi esposa estaba de viaje, espero que no les haya causado muchos problemas todos estos días.
Las hermanas intercambiaron una mirada incómoda, Matthew solo había estado ese día con ellos, y por lo visto el Teniente Lance no tenía ni la más mínima idea.
Lettie estaba a punto de intervenir diciendo algo en respuesta que sonara amable y no revelara la verdad, pero Maleena se le adelantó.
—De hecho, solo se ha quedado un día con ellos… —le explicó volviéndose a él, alzando la cabeza debido a la diferencia de altura— Angie lo trajo hasta acá…
No se necesitaron más explicaciones. De inmediato el Teniente lo entendió todo, y al ver las miradas de los presentes pudo confirmar lo que pensaba. Su cuñada había dejado al niño allí, aunque Maleena lo había dejado a su cargo. Lance conocía toda la historia de Angie y Maleena, y como la primera había asumido que el pequeño Matthew era hijo de Howl. Cosa que era imposible, porque el pequeño había nacido casi un año luego de que se casaran y era innegablemente parecido a él. Sin embargo su (alocada) cuñada seguía pensando que no era así y que él estaba siendo engañado por Maleena. Su rostro se endureció por un momento, enojado ante los hechos. En primer lugar Angie había dejado a su hijo en la casa de un desconocido, y segundo, probablemente ahora Matthew estaría confundido sobre quien era su verdadero padre. Pero una cosa era segura, Lance le retorcería el cuello a Angie en cuanto la viera.
—Siento que esto esté sucediendo —se disculpó apenada Sophie avanzando hasta donde Lance y Maleena estaban—. Me temo que las cosas se han complicado un poco… Matthew ahora piensa que Howl es su padre.
Decirlo le costó un gran esfuerzo, porque solo le recordaba cómo se había sentido y cómo había desconfiado de inmediato en Howl y eso le hacía sentir ganas de llorar de nuevo.
—Es mi culpa —admitió Lance para sorpresa de todos—. Nunca he estado con él lo suficiente…
—¿Pero ya Matthew lo había visto? —inquirió Martha con curiosidad, pues hasta donde Michael y ella habían averiguado del pequeño, Matthew nunca había tenido una figura paterna a su lado. Lettie le dirigió una sutil mirada de advertencia, temiendo que su hermana sonara imprudente, pero ni a Maleena ni Lance pareció molestarles la pregunta.
—Solo unas pocas veces —explicó Lance con naturalidad—. La última vez fue cuando tenía cuatro años, pero fue por tan poco tiempo que temo que me haya olvidado.
—Lance no ha podido alejarse del campo de batalla por mucho tiempo —añadió tristemente Maleena—. Y las últimas veces que le dieron permiso para salir, le dije que los usara para visitar a su madre en Montalbino, ella ha estado muy enferma últimamente…
Un pequeño silencio siguió a la explicación de Maleena. Sophie pensó que había sido muy noble de su parte sacrificar el poco tiempo que tendría para compartir con su esposo, para que éste pudiera estar con su madre en una tierra tan lejana. Así que, decidió ir a buscar a Matthew, así al menos, podría pasar unos cuantos minutos con su padre antes de que éste regresara a la base.
—Bueno, con el permiso de ustedes, buscaré a Matthew —se excusó Sophie—. Michael lo ha estado vigilando, y me temo que el pobre no sabe cuidar niños muy bien…
Sophie se retiró de la sala, aliviada de poder alejarse unos momentos de allí, pues el ambiente empezaba a tornarse… incómodo.
Al no encontrarlos en el patio, subió hasta las habitaciones. Escuchó ruido desde la habitación de Michael, y cuando la abrió, de no sentirse tan aturdida hubiera estallado en risas ante el estado del muchacho.
Michael estaba despeinado, tenía la camisa por fuera de los pantalones, una de sus mangas se había descocido un poco como si le hubieran jalado el brazo con fuerza, y en una de sus muñecas se podía apreciar un semicírculo, con la piel rojiza alrededor. Presumiblemente de una mordida.
—¡Oh Sophie! —exclamó Michael aliviado casi arrojándose a sus pies— ¡Qué bueno que llegaste! ¡Ya no sé qué hacer, no puedo controlarlo!
En el otro extremo de la habitación, saltando en la extremadamente desordenada cama, estaba Matthew como si nada. Había cojines a su alrededor, y el edredón estaba tirado en el piso en un revoltijo. También había papeles tirados por doquier, rayados con garabatos propios de un niño de cinco años. Y esos no eran los únicos garabatos. La pared junto a la puerta aparentemente también tuvo un ataque "artístico".
De todas las mentiras en la carta de Margareth, ejem, Angie, la de lamentarlo mucho si a Matthew se le daban dulces era verdad. Y el pobre Michael fue el primero en comprobarlo. Definitivamente esas galletas debían contener mucha azúcar.
—Matthew, tesoro —dijo Sophie alzando la voz para que el aludido la oyera—, tu madre está abajo y te tiene una sorpresa.
La palabra "sorpresa" tuvo el efecto deseado. Lo siguiente, fue como un borrón. En un momento Matthew estaba saltando en la cama de Michael, y luego solo se vio el vistazo fugaz del niño corriendo hasta donde estaba Sophie. Michael respiró aliviado, y siguió a Sophie y a Matthew fuera de la habitación y luego a la sala, arreglando sus ropas y cabello en el camino.
Al llegar a la sala, todos parecían enfrascados en una conversación unos con otros. Howl desapareció por un momento, el mago Sulliman observaba todo en silencio junto a Calcifer, Lance y Maleena estaban en su propio mundo, poniéndose al día con lo que había sucedido ese agitado día.
—¡Mami! ¡Mami! —las exclamaciones de alegría de Matthew llamaron la atención de todos. Sophie soltó la mano del pequeño, quien una vez libre corrió directo hasta su madre.
El rostro de Maleena se iluminó de alegría al ver a Matthew, pues hacía una semana que lo había dejado con su hermana y ya empezaba a extrañarlo. En cuanto a Lance, la autentica expresión de sorpresa entremezclada con alegría se dibujó en su rostro, relajando sus facciones. Era la primera vez que veía a Matthew en mucho tiempo, y en su interior se moría de ganas por cargarlo y revolverle el cabello. Pero para Matthew las cosas eran un poco diferentes. Después de todo, para él, su padre era el mago Howl Pendragon.
—Fanfiction, 12 de Marzo de 2014.
