Capítulo 2: "Perderte de Nuevo"
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Después de la noche en que encontré a mi gatita mi vida ha sido completamente diferente, tuve que usar todas mis influencias e ingenio para averiguar quién eran ellos, donde vivían y todo lo que necesitara para seguirle la pista a mí amada gatita.
¡Dios me sentía un pervertido al haberme enamorado de una niña!
Pero a mi favor tengo que alegar que no me enamore de ella en si, sino lo que me hace sentir, de su inocencia, su obstinad, su ternura, su calidez, su sonrisa, la luz de sus ojos… bueno… creo que si estoy enamorado.
Después de una semana y mucho esfuerzo complete mi búsqueda, la familia se apellidaba Tsukino, vivían en Tokio en una casita muy pintoresca en un barrio de clase media alta, el padre era Kenji Tsukino, era periodista y estaba en el lago Suwa para realizar un artículo sobre el festival de los fuegos artificiales, la madre era Ikuko Tsukino, era maestra de preescolar y estaba de permiso para cuidar de mi gatita que se llamaba Serena Tsukino, tenía 3 años recién cumplidos.
Después de haberlos localizado pase cada noche pendientes de ellos o más bien de Serena, me sentía un intruso al observarlos tan detalladamente pero no tenía remedio, quería cuidar de cerca a mi gatita, ahora que la había encontrado no dejaría que le sucediera nada malo y si tenía que cuidar de ella cada noche, lo haría.
Así paso un mes, y debo decir que ha sido el mes más largo de mis 327 años, como quisiera que el tiempo pasara volando y que mi gatita creciera y así poder cortejarla, enamorarla y hacer cualquier cosa para que decidiera pasar el resto de la eternidad junto a mí, pero no, el tiempo caminaba cada vez más lento y la espera me estaba matando.
Muy a mi pesar decidí que era mejor regresar a la vida normal y ocuparme de mis obligaciones, tal vez así el tiempo pasara más rápido, lo mejor por el momento era alejarme de ellos, por mucho que me gustaría quedarme y cuidar de ella no lograba ningún avance salvo frustrarme solito.
Esta sería mi última noche que pasaría vigilando a mi gatita, había comprado un obsequio para ella y esperaba que ojalá y le gustara. Entre sigilosamente por la ventana abierta de la sala y me adentre en la casa, eran las dos de la mañana y obviamente a esta hora todos estarían dormidos, camine hacia las escaleras y seguí el olor de bebé, al llegar al segundo piso el olor me llevo a una puerta blanca con flores rosas pintadas sobre la superficie y con un letrero que tenía dos conejitos y en donde se leía "Serena", entre con el mayor sigilo, no quería que mi pequeña hadita se despertara y me encontrara ahí, ¿Qué explicación daría si me encontraban ahí?...
Al abrir la puerta la vi acostada en una camita más pequeña de lo habitual, estaba cubierta con un edredón de ositos rosa, y al parecer todo en la habitación era rosa, las paredes, las cortinas, el tapete bajo la cama. Serena estaba recostada de lado abrazando un peluche de un gatito negro, su piecito escapaba del edredón por lo que me acerque y la tape correctamente, ella solo se removió en sueños y siguió durmiendo.
Si al verla despierta era hermosa, al verla dormida era un angelito, sonreí ante la ironía, yo, una creación del demonio estaba enamorado de un ángel, eso sí era una paradoja, una ironía del destino. Agite mi cabeza de un lado a otro para borrar mis pensamientos y concentrarme en mi niña que descansaba en la cama frente a mí.
Me quede contemplándola embobado, ojalá y el tiempo volara para poder tenerla a mi lado como quisiera, pero no, por más que lo deseara eso no iba a suceder, todo en esta vida tiene su tiempo y es imposible acelerarlo.
Saque de mi chamarra la cajita que contenía mí el obsequio y lo deje sobre su almohada, era una pequeña cadenita con una hadita colgando, las halas de la hada eran del mismo azul de sus ojos, al verla en un aparador no pude evitar detenerme a comprarla para ella, ojalá y sus padres le permitieran conservarlo, después de todo, no aparecen regalos así como así y menos de la noche a la mañana pero era una forma de poder estar con ella.
Voltee al lado de la cama y vi mi primer regalo para mi niña, era una bola de cristal con una hada sobre una luna menguante dentro, en el agua había pequeñas mariposas que al agitarla volaban por el interior. La compre porque me apeteció que mi gatita la tuviera, esa vez la envolví para regalo y la deje en la puerta de entrada con una nota escrita con el nombre de Serena sobre ella. Los Tsukino creyeron que era un regalo atrasado para su hija que acababa de pasar su cumpleaños, no le dieron mayor importancia, ojalá y con este presente sean tan benévolos como con el anterior.
Me quede unos minutos observándola, quería grabarme de memoria todo de ella, eso me ayudaría a evocar su imagen en el tiempo que estuviéramos separados, al extender mi visión por toda la habitación encontré un pequeño portarretratos con una foto de Serena en el interior, no sé bien que me llevo a ello pero me guarde el cuadro en mi bolsillo trasero del pantalón, un pequeño recuerdo me dije.
Volví a acercarme a la cama, era hora de partir, no pude evitar agacharme y depositar un casto beso sobre su coronilla, Serena se volvió a remover en sueños pero siguió sin despertar, lo tome como señal de que debería de irme. Deshice mi camino y salí de la casa como había entrado.
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No vi motivo alguno para detener mi regreso a la vida real, aunque la separación me dolía, seguir cerca era una tortura, la ansiaba cada vez más y su cercanía no ayudaba en nada, regrese a Tokio a mis ocupaciones, no era mucho pero me distraerían y ayudarían a que el tiempo volara más y más rápido, tenía que ocupar el maldito tiempo en algo o me iba a volver loco, no sabía si había vampiros locos por el lento paso del tiempo, pero al paso yo sería el primero.
Llegue a la empresa y todos se sorprendieron de verme, solo me ausente unos días, ¿Cuál era la novedad?, ok, yo nunca me ausentaba, trabajaba 18 horas diarias los 7 días a la semana. Está bien, soy un trabajólico pero hasta alguien como yo necesitaba un momento a solas.
Entre en la oficina de presidencia y había reunión, Andrew, Lita, Haruka y Michiru estaban juntos y con cara de velorio, ok, mi muerte si les había afectado, pero tenía noticas y estas les agradarían.
—Hey chicos —llame su atención y todos voltearon inmediatamente, tenían cara de sorpresa—. Regrese.
— ¡Darien! —gritaron a coro y Michiru fue la primera en reaccionar, corrió a mi encuentro.
— ¿Cómo demonios te atreves a jugar así con nosotros? –me reclamo pero me tenía inmerso en un abrazo de oso.
— ¡Hermano! —Drew me envolvió en otro abrazo fraternal—. Pensamos… —sus ojos se veían abatidos.
— ¡Eres un idiota! —Me dijo Lits antes de propinarme un fuerte golpe en la cabeza para después abrazarme igual que los demás—. Me tenías tan preocupada. —sollozo.
— ¡Tengo ganas de matarte! –Le dijo con ojos llorosos Haruka, era una chica fuerte pero momentos como estos demostraba que también tenía sentimientos.
—Lo siento en verdad. –Dijo sentido Darien—. Pero tengo excelentes noticias –les dijo emocionado, no podía esperar para darles las buenas nuevas—. Encontré mi razón para vivir. –le comunico lleno de emoción. Las chicas y su amigo lo miraban igual de emocionados—. Pero…
Procedió a contarles toda la historia, su encuentro, su emoción, su culpa por saberla un bebé, sus ganas de cuidarla hasta del mismo aire, su imposibilidad por permanecer cerca de ella, su decisión de regresar y esperar a que el tiempo siguiera su curso para después poder reclamar lo que era suyo.
—Me parece lo más sensato… —medito Michiru—. La espera te mataría o te volvería loco.
—El chico ya está loco –le comento divertida Haruka, Darién la fulmino con la mirada.
—Me parece genial que hayas encontrado a tu pareja –le dijo serio Drew—. ¿Pero… estas seguro? Es solo una niña. –le comento al pelinegro.
—Lo estoy –le aseguro el hombre—. Con solo verla lo supe, estar lejos de ella me está matando. –su mirada contenía pesar. Lita se acercó para abrazarlo dándole confort.
—Pero es lo mejor. –Le dijo con pesar Lita—. Tenerla cerca es una tentación. –le aseguro—. Es mejor que la dejes por un tiempo.
—Y después puedes enamorarla e irla atrayendo a nuestro mundo. –le dijo Andrew y viendo de reojo a Lita, como recordando su relación.
—En eso tienen razón. Ten paciencia querido Darién. –Le pidió Mich—. Será una tortura pero es lo mejor. –se acercó para abrazarlo y reconfortarlo.
—Pero es tan difícil… —les dijo Darién con mucho pesar.
—Lo se hermano, pero es necesario. Tu amada es solo una nena, no la puedes tomar así. –le recordó para hacerlo entrar en razón.
—Piensa que al fin tienes algo por lo que vivir. –le animo Michiru sonriéndole.
—Pero… —Darién seguía queriendo debatirles.
—Hazlo por su bien. –Le aconsejo Haruka—. Piensa en ella y en ti. –le dijo con determinación—. ¿Qué harías con una nena de 3 años? ¿A qué tortura te someterías al tenerla junto a ti?
Darién se quedó pensativo, se encamino a la ventana de la oficina de gerencia y miro a la nada, todo lo que le decían era verdad, y lo que más le dolía es que él mismo ya lo había pensado, pero era tan difícil separarse de ella y esperar durante tanto tiempo. Su espera sería una tortura, una interminable tortura.
—Está bien… hare lo que dicen. –les dijo con una infinita tristeza reflejada en su mirada.
—Es lo mejor. –alabo su decisión Haruka.
—Estaremos aquí para acompañarte –se acercó a él Lita y tomo su mano.
—No te dejaremos solo. –lo abrazo por la espalda Michiru.
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Darien se encontraba sobre la cama de su habitación, las puertas del balcón estaban abiertas de par a par para dar paso a la brisa refrescante de la noche, el cielo estaba iluminado por una inmensa luna llena que parecía darle su bendición para reclamar lo que era suyo.
Al fin era el día…
El paso de los años lo habían descendido al quinto infierno, la espera había sido más allá de una tortura, tuve que concentrarse totalmente a su trabajo para evitar tomar el primer avión que lo llevara a su gatita, una y mil veces estuvo a punto de rendirse e irla a buscar pero se mantuvo en pie con el recuerdo de que tenerla a su alcance y no poder reclamarla era mil veces peor que saberla lejos, no había día o noche en que no pensara en esa pequeña niña que para la fecha de hoy cumpliera 18 años.
Era hora de regresar a Japón y reclamar a su compañera que compartiera su noche eterna.
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El viaje de regreso a Japón había sido interminable no solo por los contratiempos habituales de un viaje en avión sino porque el tiempo se le hacía eterno, más de lo habitual, ya había esperado inevitablemente 15 años y el esperar unas horas más era una maldición. Si por él fuera llegaría al lado de su gatita en un abrir y cerrar de ojos.
Había pedido que investigaran a su niña, en su casa de Tokio lo esperaba un informe detallado sobre Serena Tsukino, había pedido que investigaran todo de ella, su familia, sus amigos, su rutina, sus gustos y disgustos.
En el viaje de automóvil del aeropuerto internacional de Tokio a la casa que tenía en la ciudad pudo al fin relajarse, al final vería nuevamente a su gatita, en el transcurso de los años no pudo evitar imaginarse el cambio que Serena iba teniendo de pasar a ser una niña pequeña a convertirse en una mujer, que pronto sería su mujer.
Cerro los ojos y recostó su cabeza en el respaldo del sillón del asiento trasero del auto, evoco la imagen de una niña diminuta de ojos azules y cabello rubio, esta imagen había impedido que cayera en la locura con el paso de los años, a veces parecía que podía inhalar y sentir su aroma en el aire o cerrar fuertemente los ojos y oír su infantil voz.
Abrió los ojos y rebusco en el bolso de su chaqueta para encontrar un trozo de papel que alguna vez fue una fotografía, ahora estaba borroso y roto pero era el único recuerdo que tenía de su amor, sonrió al ver la imagen difuminada de una niña pequeña con un vestidito playero rosa y una sonrisa inmensa adornar su infantil rostro. Beso la fotografía y la regreso al bolsillo junto a su corazón.
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Darien subió a su habitación a dejar sus cosas y para poder descansar ya que estaba por amanecer, se dio una ducha rápida y se acomodó en la cama a pensar en cómo comenzaría a conquistar a su pequeña gatita, esperaba que no tuviera prejuicios con respecto a su supuesta edad ya que aparentaba 30 años y al lado de sus 18 años, si era una importante diferencia.
Con imágenes mentales de su gatita poco a poco cayó en el sueño profundo de su raza.
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El anochecer cayó y con el Darien se levantó impaciente, en la mañana había encontrado el informe de la investigación que había pedido pero como ya era muy temprano lo dejo para el anochecer y al llegar este lo dejo de lado por no aguantar las ganas de ver a su princesa, al regresar tendría tiempo de verlo, por ahora era más importante verla.
Agarro el regalo de Serena que había comprado para la ocasión, era un anillo con una mariposa en la parte superior, era una combinación entre oro blanco y oro amarillo, paseando por las calles abarrotadas de Paris lo encontró e inmediatamente lo compro, era un excelente presente para su princesa.
Tomo la cajita con el anillo dentro y lo guardo en el bolsillo del pantalón que meticulosamente había escogido para la ocasión, era un pantalón negro liso con una camisa azul índigo que según decían hacia resaltar sus ojos azules, peino hacia atrás su cabello negro y uso su loción favorita hecha de una combinación entre madera de sándalo y lavanda, esperaba que el olor agradara a Serena.
Salió de la casa con la dirección predispuesta, ya lo había planeado, esta noche solo la vería, vería con sus propios ojos como la gatita había crecido, vería su entorno y se saciaría de su imagen, esta noche no haría ningún movimiento, solo la admiraría y nada más. Ya habría noches en donde diera rienda suelta a sus planes de conquista.
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Atravesó la ciudad en un tiempo record y eso que se podía dar el lujo de ir caminando sin importar la distancia.
Llego al vecindario a eso de las 9 de la noche, está por demás decir que estaba lleno de impaciencia por verla, en el escaso camino que le quedaba para llegar a su casa hizo recopilación de toda su paciencia para tranquilizarse, llego a la esquina de su calle y al llegar a la casa de Serena la encontró vacía, en ese momento quiso pegarse un tiro, pero recordó que no servía de nada excepto para despertar su hambre por la sangre que fuera perdida.
Espero en el pequeño parque de la esquina contraria a que la familia Tsukino regresara, y con el paso de los minutos su impaciencia iba creciendo hasta convertirse en insoportable, a sus pies llego una pequeña bola de pelos gimoteando, se agacho a ver que era y dio gracias a dios por la distracción que el animalejo ofrecía, lo levanto y comprobó que era un gatito negro y al moverlo se corrigió, era una gatita negra, una sonrisa ilumino su rostro, este animalito completaba el regalo para su princesa, lo arropo entre su ropa y decidió que era mejor esperar acompañado que solo. El tiempo siguió pasando.
Cuando su paciencia había llegado a su final, tomó la decisión de irla a buscar por el centro de la ciudad, pero de pronto un pequeño auto dio vuelta en la esquina donde él se encontraba y en el asiento trasero pudo verla recargada en el asiento, su rostro era adornado por una inmensa sonrisa de felicidad y en ese instante su corazón se detuvo de golpe.
Ella… su gatita… Por fin…
Sus imágenes mentales de cómo llegaría a ser su gatita a los 18 años no le hicieron justicia a la chica que en ese momento bajaba del auto familiar, su cabello era igual de largo pero ahora iba suelto y el viento tenía la oportunidad de jugar con él, su cara se había alargado de cómo la recordaba, sus rasgos faciales se habían ido afilando con el paso de los años para dar como resultado el rostro de un ángel, pero lo que más le impacto fue la sonrisa que en ese momento le regalaba a su padre, con una sola sonrisa suya era capaz de alegrar el día más triste de su existencia. El pequeño cuerpo infantil había dado paso a un curvilíneo cuerpo níveo, pudo recorrer con su mirada desde la punta de su cabeza ovalada hasta la punta de sus dedos de los pies, pasando por unas kilométricas piernas blancas que eran cubiertas por una excusa de falda tableada negra, unas caderas hechas para poder posar sus manos, una cintura diminuta y un busto justo para ser cubierto por las palmas de sus manos que era cubierto por una camiseta de tirantes con una graciosa gatita blanca estampada al frente.
Se quedó sin respiración y sin ritmo cardiaco de la impresión, era una jovencita hermosa, su Venus personal.
Después de intercambiar sonrisas y una plática alegre la familia Tsukino entro a su casa y cerró la puerta tras de ellos, Darien inmediatamente quedo ajeno a lo que sucedía adentro, otra vez tenía que esperar a que la familia durmiera para explorar en lo que se había convertido su pequeña gatita.
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Si antes el paso del tiempo se le había hecho largo, estas horas se le habían hecho eternas, quería agarrar el reloj y apresurarlo para que el tiempo pasara con mayor rapidez, pero por más que lo hizo, el tiempo siguió su curso, las horas pasaron muy pero muy lentamente y al final dieron las 2 de la mañana, a esta hora ya debieron acostarse hace horas y era hora de su intromisión.
Se acercó a la casa sigilosamente y dio una vuelta alrededor para comprobar que todo estuviera bien, pero encontró una luz encendida en el estudio, se acercó a la ventana aprovechando que el pequeño árbol del jardín le servía para espiar sin ser visto.
Sentada en el sillón del escritorio encontró a su pequeño gatito enfrascada en un montón de libros y cuadernos, pasaba las hojas y esporádicamente se detenía a hacer una que otra anotación. Entre los sonidos de la noche escucho unos golpecitos en la puerta y esta se abrió lentamente para dar paso a Kenji.
Ahora se tomó el tiempo de verlo detenidamente, había cambiado, los años no habían pasado en balde sobre él, se le veía el rostro con una que otra arruga que hace 15 años no estaban, su cabello se había esparcido de canas por aquí y por ahí, pero en esencia era el hombre que había retado a su hija por haberse ido sin avisar.
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Cuando Kenji entro a la habitación encontró a Serena metida en los libros, esto si era raro en ella pero el propósito lo justificaba, la próxima semana su hija presentaba el examen de ingreso a la universidad para la carrera de Fotografía, por extraño que le parecía, quería seguir sus pasos y eso lo llenaba de orgullo.
—Serena, cariño, ¿Ya viste la hora que es? —le pregunto Kenji haciendo que Serena pegara un brinco de la sorpresa.
— ¡Papá! —le dijo amonestándolo—. Anúnciate, casi me pegas un susto de muerte. —le recrimino la rubia.
—Princesa toque la puerta pero al parecer no me escuchaste. ¿Qué no piensas dormir?
—Lo siento, perdí la noción del tiempo y me quede estudiando. —le dijo con la sonrisa que sabía que evitaría que su padre se enfadara.
—Pero cariño, aun tienes una semana más para estudiar, además tranquila, toma las cosas con calma, en una noche no pretenderás estudiar todo eso —dijo señalando el escritorio lleno de libros y libretas—. ¿O sí? —Serena miro todo el revoltijo que tenía y negó con la cabeza.
—Creo que no… —no pudo evitar un bostezo—. Será mejor que vayamos a dormir, hoy ha sido un día agotador. —le sonrió.
Padre e hija salieron de la habitación y se dirigieron cada uno a su lugar de descanso.
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Darien quedo asombrado por la información que acababa de oír, jamás imagino que su hadita tuviera ganas de ir a la universidad y menos que pasara media noche estudiando afanosamente para un examen que aún faltaba una semana para realizarse, pero lo que más le impacto fue su voz.
Aun recordaba esa vocecita de nena de hace 15 años, pero esta voz juvenil lo cautivo, tenía ese rico tono entre campanitas y música, era una voz cantarina que endulzaba su desarrollado oído.
Se quedó un tiempo más ahí escondido hasta que su oído no percibió sonido alguno de la casa, aprovecho que la gatita había dejado la ventana del estudio abierta para entrar por ella no sin antes comprobar que su pequeña acompañante no los delatara entró, el olor de la casa había cambiado pero ahora en vez de fresas y talco para bebé percibió un agradable olor a rosas, como inundaba la habitación cayo en la cuenta que el olor provenía de Serena, cerró los ojos e inhalo hondo, lleno sus pulmones de esa sutil fragancia y lo siguió escaleras arriba.
Camino sigilosamente por la casa y fue percibiendo los cambios que se habían efectuado en ella a través de los años, las paredes habían cambiado de color al igual que el mobiliario en general, y noto que había millones de fotografías esparcidas por toda la casa, se percató que era una familia dada a los recuerdos.
Al llegar al piso superior se volvió más sigiloso y al no ver obstáculo alguno para avanzar siguió su camino, la puerta de Serena no había cambiado con los años, aún era blanca con flores rosas, agudizo más su oído pero no percibió sonido amenazante alguno y decidió abrir la puerta, la pequeña camita había sido cambiada por una cama individual, ahora el cuarto era blanco en su totalidad junto con el mobiliario salvo que ahora los adornos eran de diferentes tipos de rosa.
Encontró a Serena recostada de costado dándole la espalda, eso lo desanimo por que evitaba que el la contemplara pero le dio oportunidad de ver su entorno.
Los estantes estaban llenos de cosas femeninas, maquillaje, frasquitos de colores, muñecos de peluche, cosas regadas por aquí y por allá, había fotos aquí también, en unas aparecía ella con los que supuso que serían sus amigos y en otras con un chico de cabello negro que al instante quiso destrozar con sus manos por el excesivo cariño que demostraba al abrazar a SU gatita; en otras aparecía sola, otra vez algo lo impulso a meterse una a su bolsillo trasero del pantalón.
Con la esperanza de ver pronto a su amada, dejo su pequeño regalo peludo sobre la cama para que le hiciera compañía, la gatita negra al verse perturbada de su cálido sueño protesto pero al verse nuevamente cómoda volvió a acorrucarse para seguir durmiendo, Darien sonrió con las gracias de la felina y saco su otro regalo, lo dejo junto y decidió marcharse no sin antes voltear a ver por última vez en esa noche a su compañera, cerro detrás de él la puerta de la habitación y deshizo sus pasos.
Tenía tantas cosas que pensar…
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Una vez de regreso en su habitación abrió el expediente que había dejado abandonado el día de ayer preso de la emoción, encontró dentro una redacción de varias hoja que supuso sería el informe que había pedido, dentro del sobre también había varias fotografías de su princesa, como en las de su casa, estaba acompañada de sus padres, del que debería de ser su novio, y de sus amigos así como varias fotografías donde aparecía sola.
Las vio una por una minuciosamente, en ellas aparecía una chica que a leguas se notaba alegre, animada, sonriente, cariñosa. Al ver las fotos en donde aparecía con el intento de novio no lo resistió y las hizo pedazos, no quería saber que su gatita estuviera equivocadamente enamorada, ella era de él y de nadie más.
Leyó el informe y descubrió que Serena era una estudiante promedio, si no le gustaba la escuela tampoco iba mal, confirmo sus sospechas del noviecito, se llama Seiya Kou y era su compañero de clases, tenían una relación estable, llevaban juntos poco más de un año y ambos tenían solicitud para la misma universidad, el informe decía que pasaban la mayor parte del tiempo juntos, su grupo de amigos era numeroso, no le pareció extraño ya que su gatita era una persona muy animada pero su mejor amiga era una chica llamada Molly.
En el tiempo que la siguieron disimuladamente concluyeron que era una chica muy inquiera y animosa, pasaba el día cantando y bailando, era una persona muy alegre.
Después de leído el informe tenía ideas contradictorias, por un lado veía a una Serena feliz con su vida que llevaba, era querida por su entorno, tenía amigos y padres que la amaban, un novio del cual no se separaba y una vida hecha y sueños por realizar.
¿Realmente era tan egoísta como para arrebatarle todo lo que tenía por tenerla en su compañía para siempre?
¿Ella estaría dispuesta a dejarlo todo por él? Alguien de quien no tenía idea de su existencia.
¿Él sería capaz de arrebatarle todo? ¿De un solo golpe? ¿Era capaz de obligarla a estar a su lado?
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No tengo escusa en la demora, pero es mejor tarde que nunca, espero que les haya gustado, nos leemos pronto, besitos.
Salyluna
Miércoles 1 de Octubre de 2014
