*Capítulo Dos*

Explicaciones innecesarias

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¿Qué hacen ustedes dos? ¡Lucy, ¿no dijiste que sólo lo ayudarías con la mudanza?!— acotó el pelirrosa, con las cejas muy juntas sobre su nariz.

Y es lo que estoy haciendo, Natsu. — respondió ella con simpleza. Apartando a Sting y levantándose en seguida.

Pues no parece. — agregó el escandaloso chico, cruzándose de brazos y haciendo un pronunciado puchero.

No entiendo a qué viene el berrinche, Natsu-san. La rubia y yo sólo estábamos tomando un descanso. — alegó Sting, con una arrogante sonrisa en los labios, recargando su codo en el hombro de Lucy.

¡Su nombre es Lucy, no rubia!

¿Y reclama el torpe que me llamó Luigi cuando me uní al gremio? — dijo ella suspirando con resignación nada más acordarse.

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El dragón de la luz soltó una carcajada y el pelirrosa se avergonzó al instante. Era cierto, pero convenientemente lo había dejado en el olvido.

No importa. Happy y yo morimos de hambre. Y tú nos prometiste prepararnos la cena como recompensa por portarnos bien en la última misión. — se acercó a ella, enterneciendo al máximo su expresión, mostrando sus brillantes ojitos y con las manos pegadas al pecho a manera de súplica.

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Heartfilia reparó en cada detalle del rostro de Natsu, sintiendo su voluntad repentinamente menguada. ¡Ese niño podía con ella! Suspiró de nuevo. Y era cierto, les había hecho una promesa y a ella le gustaba cumplir con su palabra.

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Okay, vamos. — respondió con una sonrisa sincera. Natsu estuvo a nada de arrojarse a su cuello para abrazarla cuando desapareció súbitamente de su trayectoria.

¿Puedo ir Lucy-neesan? — preguntó el rubio presente, con una ridícula, cómica y aniñada voz, colgándose de su brazo.

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Natsu cayó de bruces al suelo. E infló los mofletes, cabreado.

¿Qué diablos te pasa, Sting?— cuestionó incrédula.

¡Tengo hambre! ¡Y quiero ir a casa de Lucy-neesan!— rezongó, tironeando de ella. — ¡Por favor, por favor, por favor!

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Casi se arrojó al piso y pataleó. Pero era Sting Eucliffe, su forma de hacer las cosas y sobretodo conseguirlas, era otra. Bien, esa no había sido la más elegante de sus jugadas. Pero Lucy era fácil de persuadir si se trataba de lidiar con "niños" y él sabía comportarse como uno.

¡Lucy-neesan! — berreó.

¡Moh! ¡Está bien, puedes acompañarnos! — gritó.

¡No! ¡Sí! — se escuchó simultáneamente por parte de ambos dragones slayer.

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Eucliffe la liberó. Caminó hacia Natsu, que rechinaba los dientes, aún de barriga contra el piso y le tendió una mano. Regalándole una sonrisa triunfante. El pelirrosa la aceptó, molesto. La chica sintió que el aire a su alrededor se calentaba y mirando a los dos revoltosos que la acompañaban, le pareció ver un aura oscura. Lo dejó pasar.

¿Ahora qué haría? Volvió a suspirar, por tercera ocasión.

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Levy-chan, ayuda. — susurró con pesar.

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¿Y bien? — gruñó.

¿Y bien qué, Gajeel?

¿Me vas a explicar qué haces colgada del cuello de éste? — dijo, señalando a Rogue con la cabeza.

¿Hay necesidad de hacerlo? Obviamente le estoy abrazando. — respondió ella, impasible. — ¿O cómo se llama esto, Rogue?

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El pelinegro no supo qué responder. Estaba conmocionado, aunque no lo demostrara. Se sentía como el amante que arrastra a la esposa de un conocido a cometer la deliciosa infidelidad. Sudó frío. Aunque el hecho de que Levy no se apartara, le gustaba.

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¿Rogue?

Sí Rogue, ¿por qué no nos dices? — dijo Gajeel, intentando imitar el agudo tono de la peliazul, en son de burla. Pero dedicándole una mirada hostil al aludido.

Es un abrazo, Gajeel-san. — respondió finalmente, a voz monocorde.

¡Allí está! — exclamó Levy — No es como si estuviera haciendo migas con el enemigo o peor aún, intentando seducirlo. — agregó.

"De eso último no estoy tan seguro, Levy" pensó el dragón de las sombras.

¡Já! ¿Seducir? ¿Tú? Buena broma, camarón. — dijo, para después romper en carcajadas.

McGarden borró la sonrisa que había estado sosteniendo satisfecha. Infló las mejillas y su ceño se frunció. Soltó a Rogue, pero permaneció a su lado, mirando entristecida y un tanto decepcionada al idiota frente a ellos.

El pelinegro se molestó. Intuía que a Gajeel le interesaba Levy, y que la manera de expresárselo era molestándola, pero a su parecer, había límites. Y Redfox ya los estaba quebrantando.

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¿Qué es eso para lo que necesitan a Levy en el gremio, Gajeel-san?

El tal Freed quiere consultarle no sé qué estupidez. Pero no te incumbe, Cheney. — acotó.

¡Ah, es verdad! Prometí que le ayudaría con un nuevo tipo de runas. — dejó de lado su reducido ánimo y sonrió al recordarlo. Cuando el peliverde llegó a ella con aquél libro tan misterioso, se ganó su atención de inmediato. — ¿Me disculpas si me retiro ahora, Rogue?

Para nada. ¿Nos vemos mañana?— quiso saber, formulando la pregunta con un tono simpático y una sonrisa.

Sabes que sí. — respondió ella, devolviéndole el gesto.

Redfox los observó, detenidamente. Ese dragoncillo de sombras, algo se traía entre manos y no le gustaba para nada.

Ya dejen de parlotear. Muévete enana. — la tomó de la muñeca y haló de ella hacia la puerta.

¡Conozco el camino, no necesito que seas mi niñera! ¡Idiota!— alegó, soltándose.

Los vio avanzar escalaras abajo, hacia la salida. Un impulso impropio le hizo moverse y hablar.

¡Levy!— se acercó a la baranda y asomó la cabeza hacia abajo, para mirarla.

¿Qué pasa? — sonrió.

Puedo, uhm, ¿acompañarte? — balbuceó, mostrándose apenado. Hecho que sorprendió a ambos magos de Fairy Tail.

La peliazul dejó escapar una limpia y dulce risotada. Aún le faltaba mucho por conocer de Rogue Cheney. Pero ahora tenía tiempo de sobra para darse a la tarea de conocerle a fondo.

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Baja ya. O me voy sin ti.

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Rogue sintió que avanzaba por buen sendero. Volvió a la habitación, cerrando todas las ventanas y puertas, tomó en brazos a Frosch, que se había quedado dormido en el sofá y les dio alcance.

Emprendieron la marcha hacia la cede de Fairy Tail. Levy escoltada por ambos pelinegros, ambos Dragón Slayer. Sosteniendo al exceed entre sus brazos, como si de un infante se tratara. Platicaba muy contenta con Cheney, quien le regalaba constantes sonrisas y tiernas miradas. Gajeel se percató y sintió unas repentinas náuseas. ¿La razón? Aquellos dos y el estúpido gato verde escenificaban el cuadro de una bonita familia recién formada: el padre, la madre y el bebé, producto del amor de los dos primeros.

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¡Qué coño!— bufó por la bajo. Decidiendo ignorarlos.

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¿Te ayudo con algo, rubia? — preguntó desde el marco de la puerta.

No te preocupes, puedo con ello. — dijo, sonriendo.

Tardarás milenios en terminar todo esto y yo ya desfallezco de hambre. — se acercó a la barra, junto a Lucy, que cortaba vegetales. — Agradece que soy considerado, podría estar en la mesa gritándote "Dame de comer, mujer", como uno de esos maridos que no son más que pelmazos.

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Heartfilia rió ante la ocurrencia del chico. Sting tenía un interesante sentido del humor. Siempre conseguía hacerla reír, hasta desarmarse. Y entonces se le ocurrió imaginarlo como esposo, dentro de unos diez años, tal vez un poco más.

Una rara imagen se le formó en la cabeza. Y sintió que a pesar de lo retorcido y molesto de su personalidad, llegaría a ser un esposo atento, un padre cariñoso y un hombre trabajador. Irónico, pero no se le antojaba imposible.

La mujer que se case contigo será muy afortunada. — susurró sin ser consciente, mientras mezclaba la sopa.

¿Te gustaría tener su lugar? — musitó, a sus espaldas, junto a su oído.

¡Gyah!

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Lucy, asustada, arrojó el cucharón a quién sabe qué lugar de la cocina. Y se giró ruborizada hacia la persona que la había espantado.

¡Grandísimo idiota!— aulló agitada.

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Natsu escuchaba los gritos de Lucy y las risas de Sting desde la habitación de la chica. Tumbado sobre la cama de ésta, contemplando el techo, se preguntaba por qué le irritaba tanto verlos jugar, pelear, reír, divertirse…

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Me está quitando a Lucy… — concluyó.

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¡Freed! — llamó Levy nada más entrar al gremio. Con Gajeel y Rogue a sus espaldas y Frosch en sus brazos, ya despierto.

¡Oh, Levy! Lamento interrumpir tus actividades.

Descuida, no hay problema. ¿Encontraste algo nuevo?

Sí, ven.

La condujo a una mesa desocupada del fondo y allí la entretuvo. Fro se acomodaba en los brazos de la chica, cada cierto tiempo, muy contento.

Rogue fue hasta la barra, donde Mirajane le recibió con un alegre saludo y una taza de café negro. Como lo había estado haciendo toda la semana. .

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Fairy Tail y Sabertooth habían arreglado sus diferencias y ahora estaban en proceso de formar una sólida alianza y amistad. Sobre todo teniendo en cuenta que el nuevo maestro del gremio de los tigres era Sting.

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¿Cómo van con la mudanza, Rogue-kun?

Bien, sólo nos faltan una o dos habitaciones. Gracias por su ayuda, Mirajane-san. — dijo con mucho respeto, estaba consciente del poder de aquella aparente inofensiva mujer.

¡Qué alegría!

¿Otra vez él en los brazos de Levy? — se quejó Lily, que apenas aparecía en la barra.

Ara, ara. ¿Alguien está celoso?— canturreó la albina.

No es eso, Mira. Yo sólo… me malacostumbré a ser mimado. — respondió, avergonzado.

No te preocupes, Lily. Levy te sigue queriendo más que a nadie. — le aseguró, palmeándole dulcemente la cabeza. — Y no hay necesidad de hacerse el duro, reclámale atención. — sugirió, guiñando un ojo.

¿Puedo?

No tiene nada de malo.

Ya veo. — respondió y se encaminó hacia Gajeel que permanecía en la otra mesa.

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Cheney observaba la convivencia entre el peliverde y su chica favorita. Cuando vio que éste la abrazaba por los hombros, se le antojó de pronto, muy cercana. Demasiado.

¡Oh, esto son los celos! Pensó, dándose cuenta de ello.

Se dedicaron unas sonrisas más, chocaron las palmas de manera triunfal y se separaron.

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McGarden se acercó a él, con Fro tirado de pancita sobre su azulada cabeza.

Frosch tiene hambre. — dijo divertida.

¿Y tú? —preguntó él.

También. — admitió al tiempo que sus tripas gruñían. Rogue sonrió, por sepa Mavis qué ocasión en el día.

¿Nos vamos a cenar algo? Invito, como agradecimiento por ayudarme hoy con los libros. — propuso.

Me encantaría. ¡Espera! Soy yo quien debe darte las gracias — la miró confundido — Hoy… me diste un regalo maravillo, ¿recuerdas?— dijo, mostrándole el libro.

Si no es nada.

¿Qué no es nada? Es uno de los mejores obsequios que he recibido en toda mi vida. — aseguró firmemente, con nuevos lagrimones en los ojos. De sólo recordar lo que aquél libro implicaba para ambos. El pelinegro se enterneció.

Vale. Invitas el café. — cedió.

Perfecto. — salieron del gremio — ¡Hasta mañana! — gritó desde afuera, agitando la mano.

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¿No vemos a Levy en compañía del chico pelinegro de Sabertooth muy seguido, últimamente? — preguntó Cana, con tono pícaro. Llegando hasta la barra, donde Mira sonreía, extasiada.

¿No son lindos? — dijo la albina.

Ya lo creo.

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¡Levy-chan! — gimotearon Jet y Droy, de rodillas en el piso.

No puede estar pasando. — dijo Jet.

¡Primero Gajeel, y ahora Rogue! — chilló Droy. Redfox le dedicó una mirada asesina.

¿Qué tiene Levy con los Dragón Slayers?— balbucearon ambos. Sumergidos en su desdicha.

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Gajeel mascó el trozo metálico que sostenía en una mano, haciéndolo rechinar. Sin quitar la vista de la puerta por donde aquellos dos se había retirado.

Maldito. — bramó.


¡Uwaah! Lamento un poquito la demora, tenía pensado subirlo hace dos días, pero no tenía nada. Primero agradecer sus comentarios, son tan lindos. Por leer, por todo *llora*

Espero éste nuevo capítulo les haya gustado. Muero de sueño así que no me debrayaré en esta ocasión.

Se aceptan comentarios sus comentarios :3 Y una disculpota si hay errores ortográficos.

¡Besos!

Rizel~