*Capítulo Tres*
Discusiones por desplazamiento
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Un mes exacto desde que los Gemelos Dragones se mudaron a Magnolia. Muchas cosas habían cambiado. Para algunos de manera positiva, para otros era el peor acontecimiento en sus vidas. Para otros tantos, las cosas continuaban agradablemente normales.
La semana apenas comenzaba y en Fairy Tail se derrochaba la energía acostumbrada, desde muy temprano. Natsu y Gray estaban a la mitad de una casual pelea, a punto de terminar con la paciencia de Titania.
Lucy permanecía en la barra, mirando con una sonrisa. Aquello era Fairy Tail, su familia, su hogar. Estaba por sorber un poco de su té helado cuando la puerta del gremio fue abierta con un estrépito.
— ¡Rubi-Lu! Es hora de irnos, muévete. — gritó Sting desde la entrada, con una sonrisa burlona. Una venita furiosa punzó en la sien de la chica.
— ¡Te advertí que no volvieras a llamarme así, torpe! — el gremio quedó en silencio momentáneamente. Aquella escena ya comenzaba a ser habitual, pronto continuaron con lo suyo. Excepto Natsu, que al distraerse para fruncir el ceño, enfurruñado, dio la bienvenida al puño de cierto pelinegro en su mejilla.
— ¡Gray, bastardo! — gritó, para posteriormente mandarlo lejos de una sola patada.
Lucy, a pesar de ir resoplando, llegó hasta el molesto rubio. Con su mochila al hombro.
— ¿Lista para tu primera verdadera misión?— preguntó, contento. Pasándole un brazo por el cuello.
— Stingy. Ya he tenido verdaderas misiones. — respondió ella, sonriéndole.
— No me llames "Stingy", Rubi-Lu. — rezongó, encarándola.
— Pues no me llames Rubi-Lu, Stingy.
— ¡Que no me llames así!
— ¡Tú empezaste!
Se miraron enojados y viraron la mirada con orgullo hacia otro lado, soltando un infantil ¡Hmp! cada uno. Se quedaron en la entrada, cruzados de brazos, indignados con el otro.
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— ¿Pelearon de nuevo? — preguntó Cana, refiriéndose al rubio dueto.
— Pelearon de nuevo. — afirmó Mira.
— ¿No han notado a Natsu-nii algo irritable últimamente? — cuestionó Romeo, sentado junto a Cana, viendo al pelirrosa golpear a Gray, sin siquiera mirarle, pues tenía los ojos pegados en otro lado.
— Si con últimamente te refieres al último mes, sí. Todos nos hemos dado cuenta. — dijo la castaña antes de beber de su barril.
— ¿A qué creen que se deba? — preguntó Wendy. Iba llegando, pero había alcanzado a oír la conversación gracias a sus facultades de Dragon Slayer.
— Bueno, yo creo que es "eso"— murmulló la albina, tras la barra.
— ¿Eso? — repitieron los dos niños, sin comprender.
— ¿Te refieres a…?
— Sí.
— ¿Lo crees posible?
— No se me ocurre nada mejor. Además, ¿no sería lindo y emocionante? — chilló, aplaudiendo alegre.
— Aunque problemático, sin duda sería interesante. Esos tres. — susurró, viendo de nueva cuenta la escena que se desarrollaba más allá.
Tanto Romeo como Wendy permanecieron confundidos, rebobinando las palabras dichas por esas dos. Se miraron, como esperando que el otro supiera, echaron un vistazo en la misma dirección que Cana y de pronto entendieron.
— ¡Celos! — exclamaron al unísono, golpeando la palma de una mano, con la otra echa puño.
— Exacto.
— Pero si ese es el caso, ¿no está pasando lo mismo entre Gajeel-san, Levi-san y Rogue-san?— soltó al aire la pequeña peliazul.
Los demás cayeron en cuenta, de que Wendy tenía la boca llena de razón. Y para empezar, ¿dónde estaban esos tres?
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— ¿Ya te vas a disculpar, estúpido Sting?— replicó, sin mirarle.
— No tengo por qué hacerlo.
— ¡Claro que sí!— gritó, dando un zapatazo contra el suelo.
— No voy a disculparme sólo por ponerte un bonito apodo. No es culpa mía si no te gusta. — dijo, viéndola de frente, con firmeza y hasta seriedad— Además, esa es la manera de mostrarte mi maldito aprecio. Carajo. — calló en cuanto se dio cuenta de lo que acababa de admitir. Tomó la mochila que había dejado y le dio nuevamente la espalda.
— ¿Qué dijiste? — preguntó, atónita.
— Nada, ya vámonos. — tomó su mano y haló con suavidad de ella, para guiarla hasta la estación.
Lucy rió. Conmovida. No se negó y decidió seguirle el paso. Volvió la vista atrás, agitó la mano que tenía libre, despidiéndose. Recibiendo un "Vuelve pronto" de todos en el gremio. Todos menos, Natsu.
El dragón de fuego echó a correr tras ellos.
— ¡Lu, espera!
— ¿Qué pasa Natsu?— preguntó ella, mientras le regalaba una sonrisa.
— Dijiste que irías conmigo, con Happy, Gray y Erza a la misión en las Montañas Agrietadas. ¿Por qué te vas con él?— cuestionó, evidenciando su molestia, al apuntar acusadoramente con el dedo al susodicho.
— Natsu, eso es de mala educación. — regañó, dándole un manotazo — Estaré a tiempo para ir con ustedes, ¿vale?
— No vayas Lucy, por favor. — pidió. La veía con tanta angustia que la rubia no sabía cómo responder.
— No me tardo, te lo prometo. — quiso tranquilizarle.
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Dragneel no respondió a eso. Abrazó a Lucy con sobreprotección, ella soltó la mano de Sting y correspondió al abrazo de su amigo. Resultaba tan inusual. No era la primera vez que él la abrazaba, sin embargo, algo en él se sentía tan distinto en ese momento. Se preocupó por unos segundos.
— Él no puede cuidarte como yo lo hago. — susurró con una voz desconocida. Tan grave y formal.
— No necesita hacerlo, puedo salvarme a mí misma. No te preocupes. — dijo con el mismo volumen de voz. Acariciándole el rosáceo cabello. Sting los miraba dos pasos más atrás, irritado al sentir que su presencia había sido olvidada.
— Nee, Lu. ¿Por qué siento como si me hubieras cambiado por Sting? — musitó, aferrándose más al cuerpo de la chica.
— No digas estupideces. Yo no puedo cambiarte. Natsu Dragneel es mi mejor amigo, nadie más. — le dijo, con total seguridad.
— ¿Ya podemos irnos? El tren nos dejará. — gruñó el olvidado rubio.
— Vuelvo pronto. — se alzó de puntillas y depositó un dulce beso en la frente del pelirrosa.
Continuó su trayectoria, caminando junto al rubio que iba resoplando maldiciones. Dragneel le vio irse y confiando en lo que Lucy le había dicho, volvió al gremio con una enorme y enérgica sonrisa.
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— ¡Gajeel, por favor deja de quejarte! — vociferó, harta.
— No me estoy quejando, enana.
— ¡Sí lo estás! Si ibas a ponerte así, no hubieras venido con nosotros. — volvió a gritar, mientras caminaba al lado del grandulón.
— ¡Ustedes hubieran tardado semanas en acabar con ellos, sin mi ayuda!— rezongó, poniéndose a la par de la peliazul.
— ¡Por supuesto que no! Hubiéramos incluso terminado antes.
— Já, claro. Con lo torpe que eres incluso al caminar. — dijo, con un tono de superioridad.
Levy frunció el ceño más allá de los límites, infló las mejillas en su totalidad y gruñó furiosa al mismo tiempo que atinaba un puntapié al dragón de hierro.
— Además, a ti nadie te invitó a esta misión. ¡Cabeza de martillo!
— Maldito camarón.
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La peliazul quiso abalanzarse contra Gajeel en un intento de homicidio, pero Rogue, que por supuesto les acompañaba, la sujetó por la cintura para impedírselo. Se abrazó a ella por la espalda y la dio palmaditas en la cabeza.
— Levy, tranquilízate. — le dijo — Recuerda que Gajeel-san no tiene modales. — la chica dejó de removerse en su abrazo, miró al pelinegro un poquito y luego echó a reír.
— Cierto. — comentó entre risas.
El pelinegro mayor farfulló alguna maldición. En un principio Cheney no le molestaba en absoluto, es más, le era casi indiferente. Pero desde que había comenzado a meterse en su territorio, eso había cambiado.
Ya no era sólo el hecho de que se vieran casi todos los días para comer o almorzar algo, no era que fueran de compras a las librerías cada fin de semana. ¡No! Ahora, a causa de la alianza entre Fairy Tail y Sabertooth, se tenía permitido hacer algunas misiones en conjunto con los del gremio contrario. Y sí, Cheney, precisamente había escogido a la enana, su compañera, para trabajar.
Incluso eso podía tolerárselo, pero no que empezaran a entrenar juntos. Porque vamos, el único con las facultades para enseñarle al camarón cómo pelear, era Gajeel Redfox. ¿Verdad?
Humo empezó a salir de su cabezota. Estaba pensando demasiado en Levy… De nuevo. Y no sólo era él mismo el del humor afectado. Pantherlily estaba que no se aguantaba ni así mismo. ¿Culpa de quién? Frosch, claro.
¿McGarden los estaría sacando de su vida?
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Salió de su ensimismamiento cuando escuchó a dos ancianitas hablar.
— Míralos, ¿no son una dulce pareja?
— Es bueno ser joven, el amor es tan puro. — suspiraron ambas. Gajeel miró hacia donde las viejas arrugadas lo hacían. Y allí estaban otra vez, llevándose bien, riendo.
— ¡Suficiente!
Llegó hasta ellos y colgándose a Levy como costal al hombro se la llevó lejos de Rogue.
— ¿Qué pasa? ¡Bájeme, por favor! Sabes que odio que me cargues así. — pedía McGarden.
— Como sea. Hoy pasarás lo que resta del día conmigo y con Lily.— gruñó — Después de todo nos lo debes por abandonarnos.
No dijo más.
Entonces Levy comprendió la razón por la que Gajeel había estado más fastidioso de lo normal con ella. Se sentía desplazado. Sonrió ampliamente. Ella era importante para esos dos.
— ¡Nos vemos mañana, Rogue! — alcanzó a gritar, agitando la mano.
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Él la despidió de la misma manera. Su plan de pasar tiempo a solas con Levy se había echado a perder por culpa de Redfox. Pero había alcanzado a escuchar lo que aquellas amables abuelitas habían dicho de ambos y eso lo contentaba. Porque él y Levy se veían bien juntos. Porque él y Levy ya parecían pareja, aunque realmente no lo fueran y ni siquiera lo viera venir.
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— ¿Te gusta Natsu-san? — preguntó intentando no dejarse vencer por la náuseas y conservar su imagen de chico fuerte.
— ¿Perdón? — Lucy permanecía sentada en el asiente de enfrente y entonces lo miró, mostrando un rostro desprevenido.
— Que si te gusta- ugh. Natsu-san.
— ¿Por qué preguntas algo así? — argumentó a la defensiva.
— ¿Y por qué no? Sólo-uhg- tengo curiosidad.
— Pues entonces trágatela. — refutó, mirando ahora por la ventana. Queriendo ocultar su nerviosismo.
— ¿Has tenido novio?
— No.
— ¿Quie-res uno?— se tomó el estómago, obligándose a no vomitar. No cuando quería coquetear con ella.
— ¿Quieres callarte, Stingy?
— Lo haré sí… me dejas… dormir en tu regazo.
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Lucy lo observó detalladamente. Le pareció cómico que aún estando en una condición tan deplorable, quisiera hacerse el interesante y fastidioso. Sonrió, viéndolo con ternura.
— Bien, hazte a un lado.
Él obedeció sin rechistar y una vez que la rubia se hubo sentado, dejó caer su cabeza en las piernas de ella, percibiendo su tersura. Sintiéndose cómodo al instante. Sus náuseas se disiparon un poco y el perfume a vainilla le relajó.
— ¿Y si me mimas? He sido bueno. — susurró, algo adormilado, con esa voz infantilizada que sólo usaba con ella.
— Sí, sí.
Enredó sus delgados dedos en los dorados cabellos de su acompañante, peinando y despeinando con suavidad. A los pocos minutos escuchó los leves ronquidos provenir de la garganta de Sting, señal de que se había quedado dormido. Lo escudriñó.
— Incluso eres guapo cuando duerme, ¿no? — posó la chocolatosa vista en el paisaje, disfrutando de él.
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¡Lamento tanto la demora! Estuve en época de exámenes y pues apenas tiempo de respirar y leer uno que otro capítulo de los fics que me gustan. Aunque ni eso u.u
En fin. ¿Qué les pareció? Yo siento que quedó un poquito flojo, otra disculpa por eso, aún tengo llena la cabeza de lo que vi en mis evaluaciones. ¡Muchísimas gracias a todas las personitas que me dejaron sus comentarios! Soy feliz porque de nueva cuenta fueron bastantitos. No se preocupen que igual pienso responderlos. :DD
¡Procuraré subir pronto el siguiente!
Mil besos.
Rizel~
