*Capítulo cuatro*
Mariposas estomacales
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— ¡¿POR QUÉ DEMONIOS TENÍAS QUE PROVOCARLO DE ESA MANERA, STING IDIOTA?! — gritó colérica. Había escogido un mal día para no ponerse sus botas, esas sandalias de tacón le hacían correr más lento.
— ¡VAMOS, QUE ASÍ ES MÁS DIVERTIDO! — respondió, mostrando una sonrisa tonta, corriendo unos pasos más allá— ¡ACELERA O TE QUEDAS!
Lucy miró a su espalda. Mala idea. El enorme gorila que les perseguía prácticamente le tocaba los talones. Volvió a gritar y aumentó la velocidad, comenzando a sentir un desagradable hormigueo recorrer sus piernas. Estaba cansada y ya no podía más, pero quedarse y ser devorada no era una opción.
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El rubio miró en su dirección y percibió el rostro contraído de la chica, que se esforzaba todo lo que podía por no desfallecer. Se preocupó. Tal vez, sólo tal vez, se había pasado.
Pero es que aquella misión que escogiera no le parecía la gran cosa. Tenían que capturar al chango ese y llevarlo de vuelta con su dueño, porque sí, esa monstruosidad que corría tras ellos era la mascota de un millonario deschavetado y con un concepto sobre proporción muy retorcido. Su anuncio decía: Monito perdido, favor de traer a casa. Gran recompensa.
De monito, ¡nada! Lo habían encontrado oculto en el bosque a las afueras de ese pueblillo. Y aunque pareciera imposible, el estúpido mono ese, encajaba absolutamente con la descripción, sólo que el anuncio no decía que medía 4 metros de altura. Bah, sólo hay que amarrarlo y se lo llevamos. Punto. Le había dicho a Lucy. Era demasiado fácil, entonces al brillante Sting se le había ocurrido molestarlo para "ponerle sazón" al asunto.
Y de esa manera se encontraban en tan precaria situación.
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— ¡Basta!— la escuchó exclamar.
— ¡Sting-kun, Lucy-san ha dejado de correr!— le previno Lector, que se había aparecido ante ellos una vez bajaron de la estación. Él se detuvo en seco.
— ¡Puerta de Scorpio, ábrete!— conjuró sacando la llave — ¡No sé cómo, pero detenlo por favor!— chilló, agitando los brazos.
— Ésta tonta— masculló el rubio, llegando hasta ella — ¿Qué se supone que haces, rubia?
— ¡Lo que tú no quisiste hacer desde el principio!
— Me has quitado la diversión.
— ¡Como si me importara!
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Mientras parecía que estaban a nada de volver a pelearse, Scorpio hacía lo que podía para hacer retroceder al enorme gorila. Sin lograrlo realmente.
— ¡Lucy, el Cañón de Arena no sirve!— explicó el espíritu, apenado. Atacando de igual forma.
— ¡Sting-kun, allí viene!
— Regresa Scorpio, gracias. — le dijo con una sonrisa. Se alejó de Sting y sacó nuevamente sus llaves. — Si no quieres ayudar, hazte a un lado. ¡Puerta de la doncella, Virgo! ¡Ábrete!
— ¿En qué puedo servirle, princesa?— dijo la pelilila, inclinándose ante ella como acostumbraba.
— ¿Podrías hacerle caer en un pozo? ¡Por favor! — pidió.
— Eso es sencillo. De inmediato, princesa. — Virgo desapareció bajo la tierra, el gorila estaba a escasos 5 metros de distancia.
— ¿No le ayudarás, Sting-kun?— cuestionó el Exceed, que permanecía a su lado, preocupado por la chica.
— Puede hacerlo. Es más fuerte de lo que ella misma cree. — respondió, observando cada movimiento de Lucy, desde su lugar. La muchacha se había vuelto más fiera y aguerrida en poco tiempo. Valiente siempre había sido, pero le faltaba confianza en ella misma, aunque no lo admitiera. Y siempre dependía de Natsu, Gray o Erza. Él quería que eso cambiara, para hacerla crecer. — Llegará lejos.
Lector analizó cada palabra dicha por el dragón. Sting sólo era así de atento y observador con aquello a quienes apreciaba profundamente. Lo que quería decir sólo una cosa.
— A Sting-kun no sólo le gusta Lucy-san. ¡La quiere porque está enamorado de ella!— gritó, colocando ambas patitas sobre su boca. Y le dedicó una mirada llena de picardía. El aludido enrojeció hasta las orejas.
— ¡Eso no es cierto!— alegó totalmente avergonzado.
— Oh, sí que lo es. Qué adorable, Sting-kun. Estás en la edad después de todo. — aseguró para después echarse a reír. El rubio intentó callarle, pero el gato fue más listo y alzó el vuelo.
— ¡Estúpido, Lector!
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Mientras tanto, Lucy continuaba en su labor. Virgo había logrado hacer una fosa lo suficientemente grande y profunda como para derribar al enorme mono. El cual yacía algo desorientado en su interior.
— ¿Lo he hecho bien, princesa? ¿O me castigará?— preguntó la doncella, exponiendo su trasero para poder ser reprendida.
— ¡Deja eso! Lo hiciste fantásticamente. — le dijo con una sonrisa llena de agradecimiento— Ya puedes volver Virgo, gracias.
— Cuando lo necesite. Con permiso, princesa. — hizo una reverencia y desapareció.
— Ahora, ¿cómo lo llevamos? — soportó su mentón con los dedos, pensando. — ¡Lo tengo! ¡Fleuve d'étoiles! — sacó su látigo celestial y ató con él a la criatura que no hizo amago de zafarse. — Lo siento amiguito, pero tu dueño te espera.
Eucliffe se acercó para ver el trabajo recién terminado. Y Lucy lo miró a él con suficiencia.
— ¡Lo logré y sin tu ayuda, Stingy! — exclamó, emocionada y con una perlada sonrisa.
— Sí, me doy cuenta. — puso su enorme mano sobre el cabello de ella — Lo has hecho de maravilla, Lucy. — agregó sonriéndole y despeinándola un poco, con cariño.
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La mirada que le dedicó ese rubio idiota le removió las entrañas. Su corazón palpitó con mayor sonoridad de la acostumbrada. Se sintió nerviosa y al mismo tiempo, feliz. Se ruborizó sin reparar en ello.
— Gra-gracias. — balbuceó.
— Venga, hay que llevarlo y cobrar nuestro dinero para poder volver pronto.
— Sí.
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— ¡Levy!— exclamó Lily al verla entrar en la morada.
— Hola Lily. Con permiso. — pasó con cuidado entre el desastre que representaba la casa de Gajeel.
— Siéntate donde gustes, enana.
— O donde puedas. — inquirió el Exceed evidenciando más el desorden. La peliazul rió. Avanzó hasta lo que parecía ser la sala. Sentándose en un pequeño sillón apenas libre. — ¿A qué debemos tu agradable visita? — Pantherlily se dio el lujo de sentarse sobre el regazo de la chica, como había empezado a hacer desde tiempo atrás.
— Pues… — la verdad no sabía que decir— Gajeel me ha invitado a comer con ustedes, ya que todos estamos libre y no nos hemos reunido en los últimos días. — dijo por fin.
— Ya veo. ¡Hasta que haces algo bien, Gajeel! — reprochó, su humor aún estaba algo alterado y el dragón slayer tenía que pagarlo.
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El mayor sólo bufó y hurgó en las alacenas y el refrigerador. Azotó cada puertita con fastidio. ¡No había nada!
— ¿Vamos de compras?— sugirió Levy, a su lado. Con una auténtica sonrisa.
— Como sea.
— ¡Deja de estar de huraño! — regañó Lily.
— ¡Y me lo dices tú!
— Ya, ya. ¡Vamos!— atrapó al gato negro entre sus brazos y haló a Redfox del brazo hasta la salida.
— ¡Hey enana, que me tiras! — no se dio cuenta, pero estaba sonriendo. Contento de sentirla tan cerca de él de nuevo.
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Anduvieron hasta el mercado y las tiendas de ingredientes. Considerando que era una ocasión especial, Levy llenó los brazos del pelinegro con múltiples verduras y paquetes. Cocinarían en grandes cantidades, considerando el gran apetito del moreno.
McGarden se mostraba divertida y atenta. Debía admitir que había olvidado parcialmente lo que era disfrutar en compañía de Gajeel y Lily. Se detuvo a pensar un momento y pudiera que él tuviera razón. Los había abandonado y con descaro. Todo desde que Rogue apareció en su vida.
Pero, ¿por qué? También había dejado a Jet y Droy. A ellos por Gajeel y ahora a Gajeel por Rogue. ¿Le resultaba tan sencillo cambiar a las personas? Se asustó de esa posibilidad. Estaba consciente de que no era la niña buena y purista que todos creían, pero tampoco se consideraba tan… ¿maldita? Algo tenía que hacer.
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— ¿Levy? — llamó el pelinegro, agitando la mano frente a su cara. Repentinamente se había detenido y se había prácticamente congelado. Preocupándolos.
— ¡Eh!
— ¿Estás bien, enana?— cuestionó, haciendo evidente su inquietud.
— ¡Sí! Lo siento, no es nada. ¿Ya está todo?— sacudió la cabeza, despejándose.
— Hasta pagado.
— Entonces andando, que hay mucho que preparar. — afirmó, liderando la caminata.
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Ellos la observaron desde atrás. Tal vez fuera la imaginación de ambos, pero algo les decía que esa pequeña peliazul había cambiado, aunque fuera un poco. En qué, no sabían con exactitud. Quizá hubiera madurado más. No expresaron nada, sólo se miraron y optaron por no tocar el tema en ese momento.
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— ¡Gajeel, que eso se quema!— gritó, precipitándose a la estufa para apagarla.
— No ha pasado, estate tranquila.
— Llily, ¿está puesta la mesa? — interrogó. Levantó algunas ollas y cazuelas, moviéndolas de sitio.
— Ya casi.
— Gajeel, ¿me alcanzas esos vasos?
— Lo haría si no tuviera las manos ocupadas, camarón. — se hizo a un lado, para dejarla pasar. Levy le mostró la lengua, levemente enfurruñada. Le tomó del delantal y lo hizo trastabillar un poco.
Soltó algunas carcajadas. La imagen era cómica de por sí. Gajeel Redfox en delantal de holanes, con guantes de cocina, una bandeja llena de carne asada en las manos y el ceño fruncido más de lo normal. Se recompuso a duras penas y tomó los vasos.
— Venga querida, que el niño nos espera en la mesa. — le dijo al más grande, intentando engrosar su voz. Se escuchó la risa de Pantherlily desde el comedor y el moreno no puedo más que gruñir.
— Me las pagarás, McGarden.
— ¡Juras!
Se sentaron a la mesa. Cenando más que comiendo. Se les había ido la tarde entera en cocinar. Aún con lo desastrosa que había quedado la cocina habían logrado preparar platillos por demás deliciosos.
Los minutos pasaron a ser horas. Muy amenas. Entre riñas, chistes, tonterías y demás. Terminando de devorar lo que habían hecho, se tumbaron en la sala, que habían ordenado un poco antes, Levy les leía una serie de historias cortas. Increíble pero cierto, incluso Gajeel le prestaba absoluta atención.
La voz de Levy era dulce, muy relajante y expresaba cada detalle de la trama. Se sentía tranquilo en ese ambiente. Aquello era nuevo, pero le gustaba. Odiaba admitirlo tan abiertamente, pero la había extrañado más de lo que creía.
Lily, sentado en las piernas de la peliazul, se había quedado dormido.
— Es tarde, creo que debo irme. — susurró para no despertar al Exceed. Se levantó con cuidado, con él en brazos y lo depositó en su pequeña cama.
— Te acompaño hasta Fairy Hills. — dijo.
— No es necesario. — denegó ella, apenada.
— Es peligroso. — llegó hasta la puerta, donde la esperó. Levy no replicó más e hizo caso. Antes de poner un solo pie fuera, un enorme abrigo le cubrió. — Hace frío y no es bueno que te enfermes. Te pones muy mal cuando eso pasa.
— Gra-gracias, Gajeel. — era raro que el moreno se portara tan atento, pero se le antojó agradable.
Anduvieron en silencio hasta el edificio donde ella vivía. Observó la entrada, dándole la espalda al dragón de hierro.
— Nos vemos mañana en el gremio. Gracias por lo de hoy. — sonrió y se viró hacia él. Topándose de lleno con los labios de Redfox. Que se había inclinado a su altura.
Allí estaba su primer beso. Siendo tomado por la boca de Gajeel.
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¡Perdón de nuevo! Me demoré más de la cuenta y creo que quedó un poco corto. Espero comprendan.
¡Muchísimas gracias a las personas que me dejaron sus comentarios! :) Y a las personitas que leen en disculpo con antelación si hay faltas de ortografía D; En fin. Yo espero les haya gustado, un poquito de GaLe para quien lo esperaba, si es que lo esperaban, jajaja.
Nos leemos pronto.
¡Besos!
Rizel~
