*Capítulo cinco*
Sospechosa confusión
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— Hasta mañana. — dijo sin más. Acarició la blanca mejilla, dio media vuelta y se marchó a paso lento y pesado.
Ella se quedó allí mismo, mirándolo sin realmente ver. La cara le quemaba y el frío de la noche había desaparecido. ¿Qué había sido eso? Respiró hondo, aparatosamente; como quien emerge del agua buscando oxígeno después de estar a nada de ahogarse.
Sacudió la cabeza por segunda vez ese día. Queriendo despejarse. Fue inútil.
— ¿Por qué?— jadeó, confundida.
El cielo comenzaba a nublarse. Miró una última vez en la dirección por la que él se fuera, volvió a negar y entró de una vez por todas a Fairy Hills.
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— ¡Venga ya, flamita!— exclamó Gray— Has estado de aguafiestas todo el maldito día. ¿Qué es lo que te pasa? ¿Acaso tienes indigestión por tragar sólo carbón?— bromeó, intentando provocarle.
— Déjame en paz, idiota.
— ¿Qué sucede?— cuestionó Titania, sentándose frente a Natsu, que yacía desparramado sobre la mesa junto a su malhumor.
— Estoy aburrido sin Lucy. —expresó.
Ambos compañeros le miraron, con comprensión. Para ellos resultaba casi similar. Sin embargo, era evidente que para el peli-chicle era aún más abrumador. Erza le palmeó la cabeza con cariño.
— No tarda en volver. — le recordó.
— No creo que ese sea el detalle que más le irrite, Erza.
— ¿Te refieres a "él"?
— ¡Ni lo mencionen!— gritó, molesto.
Dragneel se levantó de golpe, azotando las manos en la madera, agrietándola. Bufó y se salió del gremio refunfuñando. Ambos le miraron entre preocupados y divertidos.
— Natsu "Celostino" Dragneel. — se mofó el mago de hielo.
— ¡Hey, que no es el único! — le dijo la pelirroja, con una sonrisa.
— ¿Qué insinúas?
— Nada. ¿No es esa Juvia? ¡Y del brazo con Lyon!— exclamó, mirando sorprendida por la ventana.
— ¡Ese bastardo! — gruñó, volteando en la misma dirección. Hallándose con la calle vacía.
— ¡Natsu no es el único!— gritó Erza, antes de desaparecer por la puerta trasera.
Gray enrojeció. ¡Eso no demostraba absolutamente nada! Pero a todo eso… ¿Dónde estaba su dolor de cabeza? Hacía más de tres días que no le había ofuscado con sus tonterías de siempre. Al darse cuenta de ello, cierta inquietud se instaló en su fornido y desnudo pecho.
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— ¿A dónde vamos, Natsu?— preguntó Happy, volando sobre la cabellera rosada.
— A la estación. Vamos a recoger a Lucy. — explicó, con su humor renovado. Sonriendo como siempre.
— ¡Ya quiero ver a Lucy!— exclamó el gato azul caminando a su lado.
En el preciso instante en el que ponía un pie en la estación de servicio, donde habitualmente tomaban el tren para ir a donde fuera, divisó dos cabelleras rubias. Una que se alegraba tanto de ver y otra que hubiera preferido se quedara en el lugar donde llevaran a cabo su misión.
Pero respiró profundo. Decidiendo que eso no arruinaría su humor. Se acercó más, hasta casi alcanzarlos.
— Anda Sting, ya llegamos. ¡Ponte de pie! — exclamó Lucy, intentando sostener el cuerpo casi inerte del muchacho. Éste balbuceó palabras sin sentido.
— Lucy-san, por allá hay una silla. ¿Por qué no lo dejas allí? — dijo una vocecita a su lado.
— Dámelo, yo lo llevo. — dijo una voz conocida para ambos. La rubia levantó la mirada, encontrándose de frente a su escandaloso amigo.
— ¡Natsu! ¡Qué alegría verte! — exclamó Heartfilia, sintiendo un peso menos sobre sus hombros, literalmente.
— ¡Qué hay Lu, ¿cómo te fue?! — preguntó el muchacho, arrastrando a Eucliffe hasta el banco. Lo dejó caer sin ningún cuidado y concentró su vista en la chica.
— A pesar del caos, tuvimos éxito. Así que no tendré problema para pagar el alquiler.
Natsu sonrió, podía percibir en su amiga una mayor fortaleza y una renovada confianza. Haciendo uso de sus neuronas, que no es que estuvieran nuevas, pero usaba sólo en contadas ocasiones, creyó llegar a una conclusión: la razón de ese cambio en Lucy era sin lugar a dudas gracias al imbécil niñato Eucliffe.
¿Cómo era que de no prestarle mucha importancia al rubio, ahora lo detestaba con la sola mención de su existencia? Sencillo. Y molesto, por supuesto. Porque el mago del Ice Maker tenía razón.
El estómago se le retorcía de celos.
Estaría incluso enojado con Heartfilia, porque no era del todo inocente. Ella ahora dividía su atención entre el pelirrosa y el rubio. Por no mencionar que allí mismo tenía que incluir al resto del equipo y a Levy.
Sin notarlo había arrugado totalmente las cejas, juntándolas iracundo en el nacimiento de su nariz.
— ¿Natsu?—el timbre preocupado de Lucy le forzó a aterrizar.
— Dime.
— ¿Estás bien? Te has quedado callado de pronto. — explicó.
— Tengo hambre, eso es todo. — dijo con cierta seriedad— ¡Vamos a pescar! ¡Y tú vienes con nosotros Lucy!
— ¡Aye Sir!— exclamó el Exceed emocionado, disimulando la inquietud que le provocaba ver a Natsu comportándose distinto.
— ¡No se la pueden llevar! ¿Qué hago yo con Sting-kun?— gritó Lector sentado en las costillas del inconsciente chico de cabellos dorados.
— Es verdad, chicos. No puedo dejarlos así como así.
— Si me encargo de dejarlo en su casa, ¿no nos molestaría el día de hoy?— cuestionó al gato rojizo.
— Dalo por hecho, Natsu-san.
No se dijo más. Se lo echó al hombro y caminó despreocupado y feliz hacia donde sabía estaba la casona de los Gemelos Dragones.
— ¿Qué diantres le sucede?
— Ni te imaginas, Lucy. — susurró Happy, acomodándose como pudo en los brazos de la muchacha, que también cargaba a Lector.
Ella enarcó una ceja. Aquello se le antojaba demasiado sospechoso.
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Rogue caminaba tranquilo, como era su costumbre, hacia Fairy Tail. Había acudido a su propio gremio, encontrándose con la sorpresa de que tenía el día libre. Por así decirlo. Por lo que ahora iba en busca de su pequeña amiga de cabello azulado.
Al despertar esa mañana se había percatado que en lo primero que pensaba al salir de la cama, era en la sonrisa de la ratoncita y lo primero en su cabeza al acostarse, eran sus olivos ojos.
Claro está, eso no era una verdadera novedad. Pero la frecuencia desde que vivían en Magnolia y convivía con ella, prácticamente cada día, era colosal.
— Así que… estoy verdaderamente enamorado. — susurró, dibujando una diminuta sonrisa en su pálido rostro — ¡Qué predicamento!
Soltó con fingida resignación.
— Rogue-kun, ¿no abrirás?— quiso saber la "ranita" a su lado.
— Ya voy, no impacientes.
Empujó las enormes puertas, llamando como siempre la atención de aquellos que no estaban de misión en alguna parte. Unos cuantos le saludaron amablemente mientras se dirigía a la barra donde sabía, encontraría Mirajane-san.
Porque sabía que McGarden no estaba precisamente a la vista. Sus fosas nasales no se habían llenado de su dulce aroma al entrar.
— ¡Ara! Buenos días. Rogue-kun, Fro-chan.
— Buenos días. — corearon.
La albina les indicó con la mano que se acercaran a ella lo más que pudieran.
— Está en la biblioteca. — susurró en el oído del pelinegro— Por alguna razón, que no me dijo, no quiere ver a Gajeel.
Rogue se irguió, sorprendido. ¿Tendría que ver con…? Tal vez. Dio las gracias y se dirigió a donde le había indicado la mayor. Al descender las escaleras, ahora sí que pudo apreciar su perfume. Esa encantadora mezcla que se producía entre su champú y la fragancia natural de su piel.
La buscó, siguiendo el consejo de su nariz. Encontrándola en la mesa más recóndita. Apenas un mechoncillo azul asomaba por entre las torres de libros. Se acercó despacito, pidiéndole a Frosch no hiciera ruido.
Se sentó a su lado y la observó fijamente, sin inhibición.
— ¿Por qué no quieres ser encontrada, Levy?— preguntó directamente.
McGarden se sobresaltó de inmediato, tirando el libro con un golpe sordo sobre la mesa. Su expresión se relajó, sólo un poco, cuando se dio cuenta de quién le acompañaba.
— ¡No vuelvas a hacer eso, Rogue! Y no es que me esté escondiendo. — susurró, ruborizándose enseguida.
— ¿Pasó algo con Gajeel-san? Mira-san me dijo que…
— ¡No! O bueno… No exactamente. — ella tomó el dobladillo de su vestido con fuerza, desviando la mirada.
¿Cómo contarle de ello a Rogue? No es que no le tuviera confianza, todo lo contrario. Pero sentía que estaba fuera de lugar.
— Recuerda en qué habíamos quedado. Puedes contarme lo que sea.
— Lo sé. — dijo finalmente, decidida a verle a los ojos— Es un poquito… raro… delicado.
— Está bien, ¿y qué es?— no debía admitirlo. Pero cualquier cosa que tuviera que ver con ella y con el dragón de hierro era de su incumbencia.
— Recuerdas que pasé el resto del día de ayer con Gajeel y Lily. — el pelinegro asintió y ella se sintió repentinamente cohibida, dudando si continuar— Él me acompañó a casa anoche y al despedirse…
— Al despedirse… — moría de curiosidad y rogaba que no fuera lo que él estaba pensando.
— Me besó— soltó en una exhalación angustiada, nerviosa y difícil.
¡Kaboom! Lo que más temía. Quiso poder dejar su expresión serena, pero se le hizo difícil. Frunció levemente los labios, gesto que para Levy no pasó desapercibido. El corazón le latía frenético entre las costillas y le preocupó en demasía la reacción de su amigo.
— ¿Ro-Rogue?
— ¿Te forzó?
— No… Incluso fue dulce. Me tomó por sorpresa. — explicó, volviendo a respirar regularmente.
— Menos mal. — dijo él, sonriendo. — Quizá le atraes. ¿A ti te gusta él, no?— preguntó, conversando un tono suave y relajado. Aunque en realidad por dentro se sintiera de mil maneras, menos, relajado.
— Sí… — musitó— O eso creía. Ya no lo sé. — clavó sus aceitunados orbes en los de él— Cabe la posibilidad de que empiece a gustarme alguien más.
Cheney sonrió. Dado por entendido que la bajita se refería a él. ¿A quién más? Los ojos de Levy hablaban por ella. Se reclinó hacia la peliazul y plantó un beso su mejilla. Dulce, sincero.
— ¿Leemos juntos un rato?
La chica salió de su estupor, sintiendo un peculiar cosquilleo donde el tacto de los labios del moreno permanecía, y asintió.
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Redfox caminaba inquieto y enfurruñado por la sala de su hogar. Rascándose la nuca de vez en vez; suspirando su molestia.
¡¿Qué había hecho?! ¿Besarla? ¡Oh no, no, no, no! Había metido la pata y hasta el fondo. Ahora no sabía qué cara poner delante de ella. Había sido estúpido, estaba avergonzado y lo peor, ¡le había encantado!
Claro estaba que el camarón querría explicaciones. Y él no sabía cómo dárselas. Aunque era evidente que tendría que discutir el tema más temprano que tarde sabiendo que Cheney merodeaba sigiloso.
Pensar demasiado le daba jaqueca. Se dejó caer sobre el sofá que chirrió al recibir su peso. Se llevó la mano a los ojos y se quedó dormido.
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Se había despertado en su habitación, sólo con Lector a su lado. Ni rastro de Rogue, ni rastro de Frosch y ni rastro de ella.
Su maleta estaba bien acomodada a un lado del ropero. Al respirar hondo, percibió el olor de Dragneel en su ropa. Arrugó la nariz. Pero el olor a vainilla se desprendía de su cabello. Claro. Había vuelto a dormir en su regazo. Sonrió ante el recuerdo.
Se tiró de nuevo sobre la almohada. Lucy no le había contestado, cuando de nueva cuenta, le había preguntado si quería un novio. Él no estaba bromeando. Sting Eucliffe siempre hablaba en serio… Bueno, algunas veces.
Quizá había sido el hecho de haberlo preguntado en el peor de los momentos. Cuando él se encontraba derrotado por las estúpidas náuseas. ¡Eso no importaba! Quería saber la respuesta de Heartfilia. De cualquier manera, ella había aclarado que no tenía sentimientos románticos por Natsu-san. ¿Eso le daba luz verde, no? Volvió a sonreír.
Fuera como fuera, Lucy Heartfilia sería su eterna compañera. Así lo ansiaba él. Lector se arremolinó a su costado, la brisa que acompañaba al atardecer le crispó la piel, por lo que decidió acurrucarse de nuevo, hundiendo la cara en su almohada. Procurando que su cabello cayera cerca de su nariz para poder disfrutar de lo que quedaba del perfume de Rubi-Lu en él.
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¡No tengo perdón de los dioses ni de nadie, lo sé! U.U Sufrí un terrible bloqueo con ésta historia, y como no quise que el capítulo saliera forzado, preferí darme el tiempo para recuperar la inspiración. ¡Y finalmente ha sido el caso!
Muchísisimas gracias a las personitas que me dejaron sus comentarios en el capítulo anterior. Y si tienen amenazas para mí en esta ocasión, adelante, yo las recibo. Sin mucho que decir, a parte de mil disculpas, espero éste capítulo les haya gustado.
Por cierto, hay un detallito que me gustaría aclarar. La historia está planeada para que se incline por el StiCy y el RoLe. El NaLu y el GaLe son, por así decirlo, como condimentos secundarios. Espero no haber roto muchas ilusiones con ésta aclaración u.u ¡Mátenme si gustan! D'x
Otra cosa más: ¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo! (Aunque sea fuera de tiempo, ya xD)
Espero nos leamos pronto, ahora SÍ.
Besos, Rizel~
