The Dark Angel UK
Hola! Perdón la demora! Aquí esta finalmente el tercer capítulo! Espero que les guste! Espero comentarios, recomendaciones, de todo! (MENOS INSULTOS Y AMENASAS DE ASECINATO!) IMPORTANTE! Quiero agradecerle a mi beta Knoblauch, que a pesar de no ver Hetalia, ni que le gusta muchos los animes, y mucho menos el yaoi, me escucha y entiende y está comenzando a acostumbrase a estas locuras mías e incluso me ayuda a escribir el fic! MUCHAS GRACIAS KNOBLAUCH!
Advertencias:Alfred, Arthur, Francia, Ludwig (con mucha cerveza en la escena y un Feliciano), también Lovino (de mal humor) y Antonio (lo que pone de mal humor a Lovino). Y MÁS! Aquí comienza la verdadera acción. No llega a ser lemon, pero tiene toques, si ya me entienden…
Disclaimer:Lamentablemente los personajes no son míos, son propiedad de Himaruya-sensei. Sin embargo aquí los tomo prestados para cambiar un… poco… la historia y hacer obvio lo que ya era obvio! VIVA USUK!
~ Capítulo 3 ~
In these days of cool reflection / En estos días de fría reflexión.
You come to me and everything seems alright / Tú vienes a mí y todo parece bien.
In these days of cold affections / En estos días de frío afecto.
You sit by me and everything's fine / Te sientas a mi lado y todo está bien.
This could be heaven for everyone / Este podría ser el cielo para todos.
This world could be fed, / Este mundo podría ser alimentado,
This world could be fun / este mundo podría ser divertido,
This could be heaven for everyone / Este podría ser el cielo para todos.
This world could be free, / Este mundo podría ser libre,
This world could be one / Este mundo podría ser uno.
~ Heaven for Everyone – Queen ~
Alfred se paró de la cama como un resorte, y fue directo hacia Arthur, y lo abrazó.
- Gracias Arthur, es el mejor regalo que alguien me ha dado nunca. No sabes lo que significa para mi. Y la canción, es perfecta. – dijo Alfred, medio entrecortado, las ganas de llorar lo invadían.
- No es nada, Alfred, en serio. Es simplemente un regalo para mi mejor amigo. – murmuró el oji verde, algo avergonzado por la cercanía de su amigo.
- Entonces yo también te haré un regalo. – sentenció Alfred, apartándolo un poco para ver sus ojos verdes. Al ver tales jades, el americano tuvo una idea. Ya sabía que le regalaría.
- No tienes que regalarme algo, Alfred. – dijo Arthur, mirando el suelo, más rojo que nunca.
- No digas nada, será el mejor regalo del mundo, y de paso te cuento un pequeño secreto. – murmuró Alfred en el oído del oji verde.
- Está bien, esperare con ansias. – susurro Arthur, separándose de Alfred de manera juguetona, estaba demasiado cerca, luego de un rato añadió. – creo que será mejor que me vaya, se está haciendo tarde.
- Te acompaño a la salida. – contestó Alfred, caminando hacia la puerta de si habitación, abriéndola. Fue entonces que se dio cuenta que habían estado los dos, solos, en su habitación, encerrados. No sabía porque, pero esa idea le hacía sonrojar, aunque ya tenía la vaga impresión de saber que era lo que sentía.
- Alfred, pasa algo? – preguntó Arthur, mirando a un estático americano.
- No, nada. – contestó Alfred, nervioso, mientras salía de la habitación apresurado.
Cuando llegaron a la salida del edificio se encontraron con una gran sorpresa. Estaba cayendo un diluvio. No era la lluvia normal de , era mil veces peor.
- A cuantas cuadras está la parada de bus? – preguntó Alfred, el siempre iba caminando al colegio, no le gustaba subirse a los buses que pasaban por sus casa.
- Como a seis cuadras. – respondió Arthur, preocupado.
- No te puedo mandar con una lluvia así, te dará una hipotermia. Mejor llamemos a un taxi, tienes dinero? – dudo el oji azul, cerrando la puerta y volviendo a su departamento, seguido por el oji verde.
- Sí, tengo suficiente. – contestó el inglés, mirando su billetera. Al escuchar esto, Alfred asintió. Cuando llegaron, fue directo al teléfono. Pero después de varios intentos, colgó.
- No hay línea. Parece que hay tormenta eléctrica. – dijo el americano pasando su mano por su rubio cabello, desordenándolo un poco más de lo que estaba.
- Ahora que hago. – murmuró Arthur para sí. La verdad es que no le molestaba la idea de quedarse con el americano, pero si sería un poco… incomodo.
- Parece que vas a tener que quedarte. – dijo Alfred, algo sonrojado, sin mirar al inglés.
- Estas seguro? – dudo el oji verde, mirando el suelo.
- Sí, tengo un pequeño colchón extra, puedo dormir allí y tú duermes en mi cama. – contestó el oji azul.
- No puedo hacer que duermas en el suelo. – dijo Arthur, algo irritado, haciendo reír a Alfred.
- Se nota que eres inglés, pero estás en mi casa y tienes que seguir las reglas de mi casa. Y una de ellas es que el invitado duerme en mi cama y yo en el suelo. – dijo el americano, riendo un poco más, el ambiente tenso se había roto con la leve furia de su amigo.
- Lo que digas. Pero cuando vayas a dormir en mi casa tendrás que seguir mis reglas también. – dijo Arthur, sin pensar mucho en lo que decía, se dio cuenta un poco tarde, acababa de invitar a Alfred a dormir a su casa, esperaba que no se diera cuenta.
- Eso significa que puedo dormir en tu casa? – dijo Alfred, muy tarde, si se había dado cuenta.
- Si, si puedes, después de todos somos amigos, no? – murmuró Arthur, algo sonrojado, pero feliz.
- Si, el próximo fin de semana me paso por tu casa! Será muy divertido! No espera, mejor dentro de un mes, así te doy tu regalo! – gritó Alfred, muy feliz.
- Está bien, dentro de un mes te vienes a mi casa a dormir. – dijo Arthur, enternecido por el rostro de alegría de Alfred.
- Bien, comenzaré a hacer la cama! Vemos películas? – preguntó el americano.
- Está bien. Te ayudo. – dijo Arthur. Tenía un amigo muy especial.
Durante la maratón de películas, Alfred cayó dormido en el colchón, junto a Arthur, quien lo miraba enternecido. No podía creer que ese chico tan alocado e hiperactivo pudiera hacer su corazón ir a mil por hora. Aunque no era su culpa, nunca le habían gustado las mujeres, sobre todo por su madre. Lo que recordaba con más fuerza era el rostro de su progenitora mirándolo con desprecio, mientras cogía a otros tres niños de las manos, probablemente ellos serían sus hermanos, pero no lo sabía, ni quería saberlo, lo único que deseaba era estar junto a Alfred. "Esto podría ser el paraíso" pensó. Su presencia lo tranquilizaba, tanto que podría caerse dormido ahí mismo, sin ninguna preocupación, sin derramar ni una sola lagrima, como todas las noches. Cosa que hiso, cayó dormido sobre el pecho de su amigo y enternecido por el calor que este emanaba, durmió no en los brazos de Morfeo, si no en los de Alfred.
A la mañana siguiente Alfred despertó, su pecho estaba apresado por un leve pero cálido peso. Abrió poco a poco los ojos, encontrándose con el rostro dormido de Arthur. Más tierno no podía estar. Fue entonces que se dio cuenta que su brazo abrazaba la cintura de Arthur, mientras que las manos del inglés estaban apoyadas en su pecho. Era lo más conmovedor y vergonzoso que había visto (o vivido) en su vida. Nos sabía qué hacer, podía hacerse el dormido hasta que su amigo se despierte, o podía despertarlo el mismo. Pero estaba tan cómodo así. Después de unos segundos, Alfred F. Jones tomó una decisión que cambiaría su vida. Esperaría un momento y después lo despertaría, quería ver como su amigo reaccionaría al verse en tal estado.
Cuando el oji azul tomó la decisión de despertar a Arthur, ya había pasado media hora. Levemente puso su mano sobre su hombro y lo sacudió con ligereza, no tan fuerte como para asustarlo, pero si lo suficiente para despertarlo. Cuando el oji verde abrió los ojos creyó que seguía soñando (si, estaba soñando con Alfred). Lo primero que vio fueron los labios del americano, seguido de sus potentes ojos azules. Ahora que estaba sin lentes se los veía mejor, y sobre todo por la cercanía. Así fue como se dio cuenta que no era un sueño, que se había dormido con Alfred. Su rostro pasó del blanco de la sorpresa al rojo de la vergüenza y con un rápido movimiento se alejó de Alfred.
- Perdón, parece que me quedé dormido sobre ti. – dijo, muy nervioso.
- No te preocupes, no pasa nada. – dijo Alfred, acariciando la cabeza del rubio de ojos verdes. El estaba feliz, que mejor que despertarse con la vista de la persona que había que tu corazón se acelerara?
- Voy al baño, ahora vuelvo. – dijo Arthur, mientras se paraba tan rápido que se mareo. Después de quedarse un rato parado para evitar caerse, se fue directo a esa pequeña pero reconfortante habitación en el cuarto de su amigo. Había estado demasiado cerca!
~ Fin tercer capítulo ~
América: Alfred F. Jones
Inglaterra: Arthur Kirkland
Francia: Francis Bonnefoy
Alemania: Ludwing Beilschmid
Italia N: Feliciano Vargas
Taiwán: Lin Ying Ling
Prussia: Gilbert Beilschmid
Italia S: Lovino Vargas
España: Antonio Fernando Carriedo
