Yo sé que quieren matarme :)
*Capítulo seis*
Palabras intrincadas
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Amaba pasar horas y horas en la biblioteca del gremio, no obstante su cuerpo ya le pedía un cambio de aires. Y por supuesto algo de comer. Habían transcurrido alrededor de tres horas desde que llegaran Rogue y Fro con ella para hacerle compañía.
Y otros treinta minutos desde que éstos mismos tuvieran que marcharse de emergencia.
Terminó de subir la escalinata que conectaba el santuario de libros con el ala principal del edificio. Mirajane la saludó tan animada como siempre al verla dirigirse hacia la barra estirando los brazos por encima de su cabeza.
— ¿Has terminado ya, Levy-chan? — quiso saber.
— Sí, algo así, Mira.
— Por cierto, no ha aparecido en todo el día. —le comentó guiñando un ojo.
— ¿En ningún momento? — cuestionó nerviosa.
— Nop.
— Menos mal. — exhaló con alivio. Ya estaba más tranquila, sin embargo aún no se sentía preparada para enfrentarlo. Si es que había necesidad de ello.
Estaba por tomar asiento en el banco más cercano cuando las puertas fueron abiertas. Rogó internamente porque no se tratara de Gajeel. Pero las hadas ese día no estaban de su lado.
La albina tras el mueble se quedó callada, sólo observando. Si esos dos, en especial la peli azul, no querían contarle, tendría que sacar sus propias conjeturas. El Dragón de Hierro se detuvo detrás de ella.
— Necesito que me acompañes un momento, enana. — expresó, con gutural voz, inquietándola otro poquito. Tragó saliva y se dijo así misma se calmara. Mirándole de frente.
— ¡Que no me llames enana! — gritó empezando a caminar hacia el patio trasero, dándole entender que debía seguirla.
Gajeel marchó detrás de ella, de cerca. Se sentaron en la mesa de playa más olvidada. Aquella que quedaba junto a una esquina de la piscina. Él la miró y ella a él, intentando descifrar lo que había en las iris del otro.
Redfox rastreaba algún indicio de molestia, asco o repudio. Hallando sencillamente el cariño que Levy siempre le mostraba a través de sus ojos. Pero también titubeo y confusión. Contagiándose de eso último repentinamente.
Por otra parte, para McGarden era evidente que el moreno se sentía confuso, incluso contrariado. Por una parte se sentía desilusionada y por otra, le abrazaba el alivio.
Pero en esos momentos, sabía no tenía el derecho a decepcionarse o algo semejante. Debía escucharlo primero, quizá con ello su mente aterrizaría para poder pensar con claridad. Ese minúsculo beso le había venido a volcar el mundo entero, en el transcurso de unas horas. Pero, ¿eso no significaba algo? Si era el caso, ¿qué sería?
El pelinegro se rascó la nuca, y murmulló. En realidad no sabía por dónde empezar y menos qué decir. Gajeel era pésimo para eso. Más McGarden era paciente.
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— ¿Quieres hablarme sobre lo de ayer, Gajeel? — tanteó— Explicarme por qué lo hiciste, ¿es eso? — agregó, sonriéndole para darle confianza.
— Supongo…— soltó un leve gruñido, frustrado. El camarón le conocía tan bien— Enana yo… Creo saber por qué te… argh, ya sabes. ¡Eso!
La peli azul se enterneció, eran tan pocas las veces que había visto al Dragón Slayer sonrojarse. Y en ese preciso instante, su corazón martilleó fuertemente, primero con un ritmo calmo, después con desenfreno. Como… la primera vez.
— El beso, sí. — continuó ella, con la voz algo trastornada— ¿Por qué, entonces?
Optó por escoger bien sus palabras. Quería ser sincero porque sabía que el asunto era importante, para ambos.
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— Estaba celoso— admitió finalmente— Últimamente estás tanto tiempo con el idiota de Cheney que… Me haces falta, enana. A mí y a Lily, nos haces falta— Levy le escuchó sin poder creerlo, pero no le interrumpió— ¡Y es tu culpa por hacer que nos acostumbráramos a ti!— recriminó para terminar.
— Lo lamento, Gajeel. Yo no me había dado cuenta. — estaba consciente de su culpabilidad, pero no sabía con qué palabras exactamente remediarlo— No creí que llegaría a ser el caso… Ustedes dos siempre están cuidándome, protegiéndome, tan es así que me he llegado a sentir una molestia…
— No seas tonta, camarón. — la regañó, se movió de su asiento y se arrodilló frente a ella, suspiró— Escucha, si hacemos lo que hacemos por ti es por una obvia y vergonzosa razón.
McGarden enarcó una ceja.
— Pu-pues… Quiero decir… ¡Lo sabes!— Levy negó con la cabeza— Joder, porque eres nuestra familia, nos importas y… te queremos…
— De Lily te lo creo, pero… ¿Me quieres?— cuestionó entre incrédula y divertida, con el arrebol en sus mejillas. Sabía lo difícil que era para el dragón decir ese tipo de cosas, que para él eran innecesariamente penosas.
— Si no fuera así, ¿me molestaría en hacértelo saber? ¡Pero tampoco te hagas ideas tontas, ¿me oíste?! Es nuestro secreto. Punto. — se puso de pie y se encaminó de vuelta al gremio— Has lo que quieras con Cheney y su estúpida rana, pero acuérdate que nosotros te apreciamos más. Así que más te vale hacernos más caso, camarón.
La peli azul abrió los ojos con desmesura. Aquello había sido tan… Gajeel. Ahora estaba un poco más tranquila. Y creía las palabras del Dragon Slayer, ¿pero un beso? ¿Qué no se hiciera ideas tontas? Eso estaría complicado. Por el momento lo dejaría así.
Miró al cielo y pensó en su amiga Lucy y en el poco contacto que tenían desde hace semanas. Deseaba tanto poder hablar con ella, ¿qué estaría haciendo?
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Natsu se entretenía viendo a Happy y Lucy discutir. El Exceed alegando que por culpa de la rubia y sus alaridos todos los peces habían nadado muy lejos, huyendo. Ahora que le tenía allí a la vista podía sentirse más tranquilo. Casi como si las cosas fueran normales, como en la época en la que Sting estaba mejor en su posición como enemigo de Fairy Tail.
Y aunque supiera que ello duraría poco, porque él no era tan tonto… Prefería aprovecharlo al máximo. Porque aunque la idea ya no le parecía tan descabellada, era consciente de que retener a Lucy a su lado sólo provocaría un efecto que él deseaba tanto evitar.
Por ello se había convencido de que era mejor compartir el tiempo y cariño de Lucy con Eucliffe que entregarla totalmente.
Sonrió cuando el gato azul se arrojó fiero contra Heartfilia para hacerle cosquillas con sus diminutas y graciosas patas. Lucy hizo lo posible por quitárselo de encima, pero al ponerse de pie, trastabilló, cayendo sobre Natsu con la misma naturalidad vergonzosa de siempre y se lo llevó, como quien dice, de corbata. Los tres rodaron hasta el borde más alto de la colina, viviendo lo inevitable.
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Después de veinte vueltas en picada, finalmente aterrizaron en un lodazal. Se incorporaron como pudieron en el arcilloso sitio. Happy había terminado en un rincón, mientras la rubia intentaba despegar su mejilla de los pectorales de Natsu.
— ¿Estás bien, Lu?— preguntó, un poquitito nervioso.
— Se podría decir que sí— se levantó el torso por completo, encontrando la cara de su amigo al frente. Quien lucía un coqueto bigote de lodo sobre sus labios.
Los ojos chocolates se posaron en ese mustache y con toda la intención se rió en la cara del dragón de fuego. Natsu se la quitó de encima extrañado por su reacción y se asomó hacia un charco cercano, usándolo como espejo, y lo comprendió. Happy se había unido, de nueva cuenta, a Lucy.
Frunció las cejas, pero mostró sus colmillos en una de sus características sonrisas, acercándose amenazador, moviéndose como lo haría un dragón.
— ¡CORRE! — vociferó la muchacha halando al gato del morralito verde que siempre cargaba.
— ¡Ya verán cuando los atrape!
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Lucy empezó corriendo entre algunos arbustos, esquivando las ramas con agilidad. La adrenalina incrementó impresionantemente. Se estaba divirtiendo mucho, escuchaba los gritos de advertencia de Natsu y las risa de Happy.
— ¡Lucy más rápido!
— Agárrate fuerte, Happy.
No lo creyó posible de sí misma, pero pudo aumentar su velocidad otro poquito. De pronto recordó la carrera que aduras penas había mantenido en la misión del gorila. ¿La había ayudado a quebrantar sus límites? Pensando en ello se distrajo y casi cayó cuando tocó piso llano, había llegado a la calle principal, la cual conectaba directamente con el inicio del bosque.
— ¡LUUUUUCYYYY!
— ¡Allí viene!
— ¡Kyaa!
Retomó la marcha, son una gran sonrisa en el rostro. Estaba a punto de llegar al gremio cuando sintió como la tomaban y arrojaban al cielo. Se abrazó a Happy y cuando aterrizó en unos brazos fuertes, supo que era Dragneel quien había ganado el juego.
— ¡Te dije que los atraparía, Lu!— exclamó contento. Sosteniéndola aún.
— Jaja, sí, eso dijiste, Natsu. — ella despeinó el rosado cabello con cariño— Tengo hambre, entremos al gremio, ¿sí?
— Ahora que lo mencionas… — su estómago se hizo notar.
Él la puso en el suelo con cuidado, Happy estaba mareado y desorientado. La rubia lo acomodó mejor entre sus brazos para dejarle descansar. Escogió una mesa desocupada después de saludarlos a todos y esperó a que su amigo llevara algo bueno para saciar su hambre.
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— Oye Luce, corres más rápido. ¿Has estado entrenando?— cuestionó, llevándose un enorme bocado a las fauces.
— Algo así. En la misión que acabo de hacer, tuve que huir de un gorila gigante. — explicó raramente satisfecha.
— ¡Un gorila gigante! ¿No te pasó nada?— preguntó preocupado.
— No. De hecho, pude atraparlo yo solita. — contestó, haciendo con sus dedos una seña triunfal.
Dragneel frunció los labios algo descontento— Entonces estás lista para la misión de mañana, ¿cierto? ¡Será genial!
Recordó que eso les había prometido. Iría con su equipo como hacía algún tiempo no hacía. Desempolvó varias memorias, Gray socorriéndola, Erza al frente intentando abarcar lo más que pudiera del enemigo y Natsu siempre, siempre salvándola de la muerte. Por un pequeño instante se sintió mal, ¿siempre había sido tan plasta?
'Lo has hecho de maravilla, Lucy'
La voz de Sting se coló entre sus recuerdos. No, esta vez sería distinto. Era poco lo que había prosperado, pero ya no podía clasificarse como una completa inútil. Estaba segura de sus habilidades. Se propuso hacer la diferencia en esa importante misión.
— ¿Lucy, me estás escuchando?
— ¡Ah! No, lo siento Natsu. ¿Qué me decías?— dijo torpemente, volviendo en sí.
— Que salimos mañana a primera hora.— repitió, enérgico.
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El equipo más fuerte de Fairy Tail ya estaba listo y dispuesto para irse, con las mochilas a cuestas. Lucy esperaba poder ver a Levy-chan antes de partir, pero no la encontró por ninguna parte. Éste hecho la preocupó un poco.
— Lucy, en marcha. — le anunció Erza, que ya estaba en la gran puerta, con Gray a un lado.
— Voy.
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Tomó su mochila y dijo adiós a sus compañeros. Natsu lideraba la marcha con el mago de hielo a un costado, molestándolo. Scarlet andaba unos pasos más atrás con total tranquilidad.
— ¿Te ibas a ir sin dejarme un besito de despedida, Rubi-Lu?— Sting apareció junto a ella, deslizando su poderoso brazo por el largo cuello de la chica.
— ¡No aparezcas de repente, casi me da un infarto!— gritó, llevando una mano al corazón— Quería decirte, pero pensé que no estarías despierto tan temprano. Con lo dormilón que eres, Stingy.
— Pues aquí me tienes. Éste joven apuesto ha madrugado para llevar a su pequeña rubia a su primer día de escuela. — fanfarroneó con una sonrisa galante.
— ¡Qué detalle! Que ahora que te observo bien, me parece que sí te costó trabajo despegarte de las sábanas, si sólo con mirarte con ese cabello y las pantuflas de conejo… — soltó al aire, evidenciando la gracia.
El rubio se observó mientras caminaba. Su sombra mostraba el desorden de su cabellera trigo y con cada nuevo paso, el conejo de cada pie sacudía sus orejas. Enrojeció hasta la médula, luciendo tierno a los ojos de Heartfilia.
Se detuvo, obligándolo también a parar. Cara a cara usó sus dedos para aplacar un poco las hebras, lográndolo casi por completo.
— Listo. Con esto el problema de tu cabello está solucionado— le anunció con los labios curvados y los ojos dulces.
Eucliffe se limitó a hacer un puchero y volver a caminar.
Cerca de la estación, se dedicaron una significativa mirada.
— Demuéstrales de qué estás hecha, Rubi-Lu— susurró él, acariciando la cabeza de la chica, como lo hiciera en su misión— Y si necesitas que tu sexy porrista vaya a animarte o echarte una mano, házmelo saber con Leo, ¿entendiste?— agregó autoritariamente.
— ¡Hey! Que ni mi mamá me salía con eso— reprochó, pero la verdad es que le hacía feliz escuchar esas palabras por parte del rubio.
— Pues yo sí, así que te aguantas.
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El tren hizo sonar el silbato, comunicando su pronto partida.
— Es hora de irme— musitó— Prométeme que no te meterás en demasiados problemas.
— Esperaré hasta que regreses para que seas mi cómplice, no te preocupes— guiñó un ojo — Pero tú me prometes que les salvarás el trasero a esos tres, que volverás entera y dispuesta a pasar un día entero conmigo— sentenció Sting.
— ¡Como sí…!
— Promételo, Heartfilia.
— Bleh, está bien.
— ¡Lucy, que nos vamos sin ti!— amenazó Happy.
— Vuelvo pronto.
— Ten cuidado.
Sting se inclinó lo necesario para alcanzar la mejilla de Lucy, donde le dejó un indiscutible beso de buena suerte y un susurro: Si me necesitas, no dudes en llamarme. Iré corriendo por ti.
Retrocedió tres pasos y sonrió arrogante. Lucy le devolvió el gesto y llegó hasta su lugar en el tren, tocando incrédula su mejilla. Sentía que en cualquier momento la cara le explotaría de tan caliente que la sentía.
— ¡La cabeza de Lucy está humeando!— chilló Natsu.
— ¡Gray, rápido!— ordenó Erza.
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— ¿Levy?— tocó la puerta de la habitación cuatro veces, pero nadie le respondió. Miró a su izquierda, a su derecha, no había ninguna otra chica en los alrededores.
Volvió a la planta baja donde la casera estaba. Le había costado horrores lograr que la mujer le dejara siquiera poner un pie allí dentro.
— Disculpe, ¿no sabe si Levy fue algún lado? — preguntó preocupado.
— No. Al menos yo no la vi salir, a menos que fuera muy temprano en la mañana.
— Rogue, su ventana está abierta y la cama está tendida.— anunció Fro, llegando hasta su amigo.
— Qué extraño. Pregunté en el gremio y me dijeron que había vuelto a su habitación alrededor de las once. ¿Podría pasar a su habitación, señora?
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La mujer vio la urgencia en los rojizos ojos del chico, así que accedió sin más. Abriendo la puerta de la habitación de McGarden.
El pelinegro entró. El lugar estaba frío y no había ni rastro reciente de su aroma, la cama no había sido usada esa noche. Levy no estaba en Fairy Tail, no estaba en Fairy Hills y mucho menos en cada de Gajeel. Entonces, ¿dónde estaba?
Un mal presentimiento se le instaló en el pecho. Pero tenía que estar completamente seguro antes de alarmar a todos. Salió corriendo de allí, agradeciendo su ayuda a la casera. Volvió al gremio, la rastreó de inmediato. Allí estaba, el perfume de Levy, muy tenue. Siguió la débil pista, hasta dar con una suelo polvoso. Lo observó a fondo y debajo en él encontró, escrito aparentemente con magia el fragmento de una palabra: auxil…
Esa escritura era sin lugar a dudas, producto del Solid Script de la chica. Esa inquietud en el pecho se hizo tan grande y tan sólida, que sentía el corazón en la garganta.
— ¡Frosch avisa a Fairy Tail, yo seguiré el rastro!
A pesar de que el pequeño con traje de rana estaba aterrado y tenía ganas de llorar hizo caso a Cheney de inmediato. Voló a prisa, a pesar de que no era tan lejos y abrió las puertas como pudo. Entró corriendo sorprendiendo a quienes allí estaban. Y entre lágrimas gritó
— ¡Le-levy desapareció!
TTengo milenios sin actualizar éste fic, yo lo sé ): Sufrí un bloqueo, pero estoy de vuelta. Y puede que éste capítulo haya quedado algo flojo, pero me esforzaré para sacar los siguientes con mejor calidad.
Espero poder leer algún comentario, díganme lo que quieran, pero opinen, por favor, jaja.
Mil besos, Rizel~
