Lali-ho~ Aquí con el nuevo capítulo. Muchas gracias por su comentarios.
Cualquier falta ortográfica, una disculpa.
*Capítulo siete*
Puño de justicia
.
.
.
— ¡Le-Levy desapareció!— gritó con un nudo en la garganta, y aquellos que estaban en el gremio, ahogaron la expresión de sorpresa— ¡Por favor!
— ¿Cómo lo sabes, Fro-chan?— interrogó Mirajane, yendo a su encuentro, cargarlo e intentar tranquilizarle.
— Ro-Rogue y yo la estábamos buscando, para ir a desayunar juntos como siempre… Ella no estaba aquí y no estaba en su cuarto, no había rastro de ella— las lágrimas se le saltaron de sus grandes ojitos— Y cuando volvimos, Rogue encontró su aroma muy débil, lo siguió y se encontró un mensaje de auxilio y… ¡Tenemos que encontrarla!
Frosch se abrazó a la peliblanca, llorando desgarradoramente como un niño pequeño.
— Maestro…
— Ya oyeron, hijos míos. Tenemos que encontrar a Levy, hacer pagar a quien se la haya llevado y traerla de vuelta.
— ¡Enseguida!
Fairy Tail se movilizó de inmediato.
— Cana, trae a Gajeel y a Lily. Mira y Lisanna pidan ayuda a Sting. Mientras más seamos, mejor. — dictó.
— El resto, sigan a Fro al lugar donde encontraron la pista. ¡Nadie se mete con Fairy Tail!
— ¡Ossu!
Divididos de esa manera, las hadas pusieron manos a la obra. Alberona corrió apresurada a donde sabía que encontraría al par. Detrás de la casa que compartían, unos pequeños montes rocosos se alzaban. Era cotidiano encontrarles entrenando como idiotas en el lugar, a esas tempranas horas de la mañana. Se adentró con cuidado pero sin perder la prisa. En lo alto, la figura de Redfox se alzaba imponente, y delante a él, la musculosa silueta de Pantherlily le hacía frente.
— Ah genial. ¿Cómo se supone que llegue allá arriba para hoy mismo?— resopló indignada. No. Esa no era la opción. Prefirió llenarse los pulmones con el máximo de aire, y llamarles a gritos— ¡GAJEEL, LILY, ES URGENTE, BAJEN!
Para suerte suya, le escucharon a la primera. Saltaron a su costado, haciendo retumbar el suelo. Cana se movió a un lado en un brinco, asustada.
— ¿Qué pasa?— preguntó el pelinegro con su característica hosquedad. La castaña se puso seria y eso alertó al par de amigos.
— Parece ser que Levy ha sido secuestrada. — no dio explicaciones, no había más que decir, se encaminó por el mismo lugar por el que había llegado, sabiendo de sobra, que la seguiría.
— ¿Por qué siempre la enana?— gruñó, preocupado.
— Debe haber algún motivo. Lo importante ahora Gajeel, es hacer lo posible por traerla de vuelta sana y salva. — le recordó el Exceed, volviendo a su compacta forma.
El Dragón de Hierro no objetó. Era tal la furia y la preocupación que se enfocó en guardar la calma. Cuando los encontraran, bien podría desquitarse sin pena.
.
.
.
.
.
Les había tomado su tiempo llegar al gremio amigo. Estaban por entrar cuando escucharon la voz de Sting charlando con Lector. Se viraron veloces, casi emboscándolo.
— ¡Sting-kun, necesitamos tu ayuda!— exclamó la Strauss menor.
— Bien, pero… ¿Qué pasa?— preguntó arqueando una rubia ceja.
— Secuestraron a nuestra amiga Levy…
— ¡La pequeña de Rogue, ¿él ya lo sabe?!— volvió a preguntar, ahora alarmado. Las Strauss se miraron entre divertidas y nerviosas.
— A decir verdad, fue él quien se ha dado cuenta. — explicó la mayor, avergonzada ante ese hecho.
— Ese idiota ha de estar vuelto loco— musitó— Lector, diles a Rufus y a Yukino que están a cargo, y quédate.
— ¡Pero yo quiero ir contigo!
— Lo sé, pero es peligroso. Enviaré de regreso a Frosch, ¿vale? Tendrás que cuidar de él.
— Está bien. Ten cuidado, Sting-kun. — asintió el gato rojo, decidido.
— ¡Soy yo después de todo, no te preocupes! Andando—dijo a las mujeres y les siguió en la dirección indicada.
— Ahora entiendo por qué Lucy está tan fascinada contigo— canturreó a su lado.
Eucliffe no pudo evitar ruborizarse al menos un poco, pero sonrió satisfecho ante las palabras de la maga clase S.
— Supongo también entenderás por qué estoy yo embelesado con ella, ¿no, Mirajane-san?— preguntó retóricamente. La mujer asintió y aceleró la carrera.
.
.
.
.
.
— ¿Ya estás despierta, pequeña y linda hadita?— una voz tenebrosa y un desagradable aliento le chocaron contra la cara.
Levy abrió los ojos por obligación. Frente a ella estaba el líder del gremio que la había secuestrado. Maldijo su suerte y su escuálida resistencia por milésima vez. Les había hecho frente, vaya que sí. Pero estaba en obvia desventaja, empezando porque ellos eran siete.
Le quedó viendo fijo, enfurruñada y con claras intenciones de no contestar absolutamente nada. No iba a llorar, ¡oh no, no, no, no! Jamás.
— ¿Por qué no platicamos un rato, preciosa?— dijo sentándose a su lado en la desvencijada cama— Nos conocemos mejor…— con sus afilados dedos acarició el azulado cabello— Y me cuentas cómo derrotar a los Dragón Slayer, ¿mn?— con su pegajosa lengua dibujó un corazón en la mejilla de la chica, que aunque quisiera, prefirió no darle el gusto de moverse siquiera— ¿No piensas hablar? ¡Bien!
Le estampó enfurecido el dorso de la mano en la cara. McGarden fue derribada de nuevo en la cama y dejada en ese mohoso cuarto de nueva cuenta. Apenas llevaba unas cuantas horas allí y ya había sufrido varios maltratos. Como pudo se volvió a sentar y respiró hondo, intentando aliviar el dolor sólo con el pensamiento.
— Esto no es nada comparado con el entrenamiento de Gajeel. Esto no es nada. Puedo resistir. — con eso en mente la punzada fue menguando hasta desaparecer.
Entonces le recordó a él, a todos. ¿La estarían buscando? No había ido a desayunar con Rogue y Fro, ¿se habrían dado cuenta de que desapareció? ¿Habría alguien encontrado su mensaje? Ansiaba que fuera así. Pero también era consciente de que si no era el caso, tenía que apañárselas por sí misma. Estaba dispuesta, pero… ¿Podría lograrlo?
— Diablos. — tenía que pensar en algo, primero, librar sus manos de esos malditos grilletes que contrarrestaban la magia. —Podría…
.
.
.
.
.
Rogue estaba desesperado. Le hubiera encantado seguir por su propia cuenta, pero tenía que esperar. Cuando llegaron sus aliados explicó lo extremadamente poco que había encontrado. Makarov los había vuelto a dividir y justo antes de partir hacia el rescate pareció Cana con Gajeel y Lily siguiéndola de cerca, detrás de ellos llegó Sting con las dos hermanas Strauss.
El rubio se acercó preocupado a su amigo, que parecía pantera enjaulada. Posó una mano en el hombro contrario, apoyándolo.
— La encontraremos en seguida. ¿Dónde está el siempre tranquilo e insípido Rogue? Tienes que permanecer con la cabeza fría. — le recordó Eucliffe.
— Ya sé, ya sé. ¿Cómo estarías tú si fuera Lucy?— preguntó exasperado.
— No hubiera avisado y estaría destruyendo el bosque entero intentando encontrarla, golpeando hasta el desmayo al fulano que me pareciera sospechoso. — afirmó sin vergüenza y con su santurrona sonrisa— Pero no eres yo, así que…
— Tenemos a nuestro favor el olfato de tres DS. Que cada grupo tome como guía a uno. Algunos me acompañarán de vuelta al gremio, permanecerán como refuerzos. Muévanse con discreción. Warren, estarás a cargo de la comunicación, permanece en un punto intermedio e intenta contactar con Levy.
— ¡En marcha!
Aún se percibía una muy leve fragancia, se dividieron Rogue al norte, Sting a Sur y Gajeel al Oeste. Makarov acompañada de algunos cuantos como había dicho, volvieron al gremio. Aunque desearan ayudar, no podía descuidar Magnolia.
Warren se puso en un lugar donde tuviera una buena "recepción" Se concentró en la pequeña McGarden, tratando de hacer contacto con ella. Pero nada.
Por su parte, Gajeel seguía la única pista que tenían. Los bastardos esos, que quién sabe quiénes era y lo que querían, no eran tontos, lo sabía porque la esencia de Levy había sido esparcida en todas direcciones, por muy sutil que fuera. Observó a sus alrededores apenas prestando atención al pequeño grupo de compañeros que le seguía de cerca. Éstos estaban alertas a cualquier otra pista que pudiera serles de utilidad.
.
.
.
.
.
Habían transcurrido alrededor de casi cuatro horas desde que empezaran el rastreo. Seguían avanzando y el olor no desaparecía, sin embargo no encontraban fin.
— Su proceder ha sido extraño— reflexionó Rogue— ¿Warren-san?
— ¿Qué pasa?
— ¿Puede conectarme con el resto, por favor?— por disparatado que fuera, era mejor si ponía al tanto de sus sospechas al resto.
— Listo.
— Quieren ser encontrados— soltó— Pareciera lo contrario, porque no dejaron ninguna amenaza o algo así. Sin embargo, ¿por qué molestarse en distribuir el aroma de Levy? Ella…
— ¿Ha sido tomada como carnada?— preguntó Sting.
— Es lo más probable. — concordó Mira.
— Pero, ¿por qué hacer el juego tan largo?— cuestionó Ever.
— ¿Y a quién quieren atrapar? — inquirió Reedfox.
— Al único capaz de seguir una pista de esta naturaleza. — sentenció Freed.
— Por supuesto… Un Dragon Slayer— musitó Cana, cayendo en cuenta de la obviedad.
— ¿Gajeel o Rogue?— se preguntó Elfman.
— Ambos— afirmaron los aludidos pelinegros. Si a ellos buscaban, perfecto, porque los tendrían.
— ¡Rápido!
.
.
.
.
.
— Felsblock, hazlos llegar— ordenó su jefe.
— De inmediato. — en cuclillas sobre el techo de la cueva en la que se resguardaban, desplegó su magia, removiendo los laberintos invisibles en los que sus invitados no sabían permanecían— Listo, Messer-sama.
— Zeit, ¿cuánto falta para que lleguen los asistentes?
— Una hora menos quince, Messer-sama.
— Perfecto, perfecto. Todo de acuerdo al plan. — su estruendosa voz vibró en una risotada malvada — ¿Hadita, ya me contarás cómo matas a los Dragon Slayer? — entró al lugar, en penumbras, no había ruido, pero era de esperarse por la obstinación de esa maldita enana.
Cuando llegó a la cama no había nada, no había nadie. Extrañando buscó por todo sitio, en algún punto de la alcoba sus pies chocaron con algo metálico y pesado, al momento de recoger el objeto descubrió que eran los grilletes. Pateó encabritado la cama, rompiéndola. Encontró la ruta de escape de la maga.
— ¡LEID, BUSCA A LA DESGRACIADA DE FAIRY TAIL!— aulló y salió de allí azotando la puerta.
Levy escuchaba atenta el alboroto desde su verdadero escondite. McGarden 1, Absolute Crime 1.
.
.
.
.
.
La cuidad era tan colorida y animosa que era difícil creer que padecía de desapariciones. Niños, con mayor exactitud. Era una población relativamente grande, y cada dos noches al menos tres niños desaparecían. Según los testimonios, atraídos por una suave melodía.
— ¿Algo así como el flautista de Hamelin?— preguntó Lucy, extrañada.
— Así mismo, señorita. — acotó la matriarca del frondoso pueblo.
— Lo importante ahora es instalarnos e investigar más acerca de esto. — dijo Erza.
— Pueden quedarse en mi casa si así lo desean. Después de todo han sido tan amables de aceptar nuestra petición.
— Muchas gracias.
La pelirroja fue guiada por la mujer, y tras ellas venía el resto del equipo. Lucy miró la calle antes de entrar al hogar, si lo analizaba mejor, sí, todo estaba tan animado como podría suponerse era normal, no obstante, los pocos niños que estaban a la vista, jugaban nerviosos, mirando en rededor con miedo.
— Tenemos que encontrarlos cuanto antes. — susurró entristecida.
— Lo haremos, Lu. — le dijo Natsu, animándola con unas palmaditas en la cabeza.
— Sí.
Si era posible, esa misma noche les harían caer el puño de justicia de Fairy Tail.
