Hola! Aquí viene un capítulo extra! Quiero que sepan cual es la historia de Feliciano y Ludwig, y de paso la de algunos otros personajes. Pronto escribiré más capítulos extras para que sepan la verdad detrás de cada personaje. Nuevamente le agradezco a mi beta Knoblauch por apoyarme en todo momento!

Advertencias:Alfred, Arthur, Francia, Ludwig (con mucha cerveza en la escena y un Feliciano), también Lovino (de mal humor) y Antonio (lo que pone de mal humor a Lovino). Y MÁS! Aquí comienza la verdadera acción. No llega a ser lemon, pero tiene toques, si ya me entienden…

Disclaimer:Lamentablemente los personajes no son míos, son propiedad de Himaruya-sensei. Sin embargo aquí los tomo prestados para cambiar un… poco… la historia y hacer obvio lo que ya era obvio! VIVA USUK!

Ludwig Bleischon se despertó una mañana. Miró a su costado, a su hermano mayor. Que tranquilo se veía, no como cuando lo protegía de sus padres. Si, sus padres. Que dolor sentía con solo pensar sobre ellos. Todos los días era igual. Gritos, golpes, dolor, sufrimiento, y más dolor. Ellos dos no habían hecho nada malo para recibir tal castigo. Bueno, tal vez si, si es que nacer se podía ver como pecado.

Vivian los cuatro en un pequeño departamento. Su padres en una habitación y el y su hermano en otra. Una pequeña sala comedor y una cocina aún más pequeña. Ese era el escenario de su drama y angustia. Un lugar repleto de cuchillos y sangre. Si, sangre. La sangre de su hermano al recibir los golpes que él merecía. No sabía porque, pero él los merecía. Nadie más que él, pero su hermano siempre lo protegía y se ponía frente al látigo de su padre y el cuchillo de su madre. Ese maldito látigo y ese maldito cuchillo. Ahora el látigo era suyo y el cuchillo de su hermano. Ya no le pertenecían a sus padres. Ellos ya no estaban. Ellos estaban solos en ese pequeño departamento repleto de sangre y dolor. Sangre por todas partes, locura por todas partes, muerte por todas partes. La muerte de su padre estaba en sus manos, y la de su madre en las de su hermano.

Que iban a hacer ahora? Huir? Entregarse? Vivir? Morir? O simplemente seguir entre los vivos como hombres muertos? No lo sabía. Pero tenían que comenzar de nuevo, era una nueva oportunidad. Se mudarían a , tendrían un pequeño departamento. Vivirían una vida relativamente normal. Si, nunca sería normal, sería una vida falsa. Tendrían que ocultar sus actos, sus vidas pasadas. Ya no eran Gilbert y Ludwig Bleischon, ahora eran Gilbert y Ludwig Beilschmidt. Irían por el sueño americano. Un sueño lleno de falsedades, al igual que sus nuevas vidas, pero al menos era un sueño. Una meta, era esperanza en ese mundo tan negro y rojo que tenían por hogar. No, hogar no era, era una prisión, una prisión llamada Berlín. Pero no sabían que cuando llegaran no encontrarían ese sueño false, solo encontrarían un campo militar. Y todo esto cuando solo tenían 9 y 8 años.

Después de tres años sufriendo los maltratos de los generales y capitanes, Ludwig y Gilbert escaparon. Nadie sabe cómo, ni ellos mismo. Tal vez Dios les había sonreído por primera vez, pero no sería la última. Fueron recogidos por un orfanato, el cual los crio y les enseñó cómo era Norte América. Aprendieron rápido, gracias a la disciplina que tuvieron que adquirir en el campo de batalla. Dos años pasaron y se fueron del orfanato, donando un poco del dinero que habían ahorrado como agradecimiento. Buscaron un pequeño departamento y vivieron ahí, tranquilos. Buscaron un pequeño colegio y encontraron uno relativamente barato y bueno. "Clinton New Way", así se llamaba su nuevo colegio. El nombre les venía perfecto, "New Way", nuevo camino, un nuevo inicio. Gilbert rápidamente hiso nuevos amigos. Chicos como Roderich Edelstein, Elizabetha Héderváry y Antonio Fernando Carriedo. Pero el no, el no tenía amigos. No hasta que un italiano muy extraño se le acercó un día. Se presentó como Feliciano Vargas. Le contó que tenía un hermano gemelo mayor, llamado Lovino Vargas. Que chico tan extraño, como era que no se asustaba igual que todos los demás? Acaso no le tenía miedo a sus potentes ojos celestes o a su enorme tamaño o por último sus grandes músculos? Al parecer nada asustaba al niño, o tal vez confiaba mucho en que no le haría nada, cosa en la que tenía razón. Su hermano no era tan tranquilo, era muy arisco, y siempre lo insultaba. Con el paso del tiempo se fue abriendo a su nuevo amigo y comenzó a andar con él, y con su hermano, de paso. Llegó a tercero de secundaria y Lovino ya estaba de enamorado con Antonio. Le parecía un poco raro, pero no tenía nada en contra de eso. Después de todo, quien era él para preguntarse sobre el amor? Después de todo el había ido aumentando su afecto a Feliciano. Ya no lo quería como su amigo, si no como algo más.

Fue durante unas vacaciones de verano en las que había ido a la casa del italiano, cuando todo cambió. Habían estado hablando toda la noche cuando Feliciano le preguntó sobre el amor. Como siempre él se había sonrojado mucho, y después de unos segundos le había respondido que él tenía una persona especial, pero que no sabía cuáles eran los sentimientos de esta persona. Al ver que el italiano se ponía triste decidió mandarle una indirecta muy directa. Le había dicho que era una persona a la que le gustaba mucho la pasta, que era muy despistada y cobarde, pero era dulce y sabía escuchar. Era muy especial para él. Feliciano, que no era ningún tonto en los asuntos del amor, se había abalanzado sobre él y le había plantado un gran beso. Diciéndole que a él también le gustaba una persona, que parecía ser muy dura y estricta, pero que podía ser muy dulce y tierna y que no era nadie más ni nadie menos que ese alemán. Desde entonces estuvieron juntos, más enamorados que nunca. Ludwig le contó su pasado y vio llorar a Feliciano por primera vez, al cual había silenciado con un rápido beso. No podía verlo llorar, ni por él. Desde entonces su italiano había estado muy atento con él y siempre que podía le demostraba todo el amor que sentía por ese alemán tan grande. Hubieron peleas, se separaron por bastante tiempo, pero siempre volvían a estar juntos, no importaba que pasara, siempre sus mirabas se volverían a buscar y entre susurros y besos se pedirían perdón, y entre otras cositas más, pero eso ya es privacidad de pareja.

Mientras Ludwig vivía esa felicidad, Gilbert estaba con un dilema. Estaba enamorado infinitamente de Elizabetha, pero esta no parecía devolverle los sentimientos, parecía verlo solo como un amigo. Nada podía hacer, y lo peor de todo era que tenía un rival. Nadie más ni nadie menos que Roderich. Ese chico que había sido su amigo le había declarado la guerra. Y así estaban, hasta el día de hoy, luchando por el amor de esa mujer proveniente de Hungría.

Los años habían pasado y ya habían crecido. Gilbert se fue por el lado de los números, Elizabetha por la historia, Roderich por la música, Feliciano por la enfermería, Lovino por la literatura, Antonio por el español y Ludwig por los deportes. Todos trabajaban en el miso colegio: "Clinton New Way".