Capitulo 2. La Madriguera.
David esbozo una sonrisa nostálgica al ver como el señor Weasley intentaba aparcar el viejo Ford Anglia enfrente de su casa. Por la cara de felicidad que traía Arthur, debía de ser una de las primeras veces que usaba el coche de forma normal. Bajo del coche y se acerco a la puerta de entrada donde le esperaban todos.
- Buenos días, señores Manning. -saludo alegremente.
- Buenos días, señor Weasley -respondió James.
- Oh, por favor, llamadme Arthur, el señor me hace sentir viejo. -dijo sonriendo. David se fijo que Ron había heredado el carácter abierto de su padre.
- Entonces, nosotros le pedimos el mismo trato. -dijo James también con una amplia sonrisa. Tamara se había quedado mirando el atuendo con el venia vestido el señor Weasley. Era cierto que podía pasar por muggle, pero no era del todo normal que, en el mes de julio, alguien paseara por la calle con lo que parecía un grueso jersey de lana. Debía de estar asándose de calor.
- Hola David, Jessica. ¿Que tal estáis? -pregunto el señor Weasley a los chicos.
- Bueno, tirando. -respondió David. Jessica no dijo nada, estaba absorta en sus pensamientos.
- ¿Lo tenéis todo preparado? -pregunto Tamara.
- Si, señora Manning. -respondió Jess despertando de su letargo. A pesar de que aceptaba que los padres de David la llamaran cariño, ella aun no podía llamarlos por su nombre de pila. No se sentía preparada.
James ayudo a Arthur a cargar los baúles en el maletero. Este se quedo de piedra cuando vio el tremendo espacio que había allí. Los dos baúles y las jaulas apenas ocupaban un cuarto del maletero. Arthur le mostro una sonrisa cómplice que hizo que James se diera cuenta de que el maletero había sido ampliado con magia.
- Cuida de Jessica. -pidió Tamara a su hijo aunque sabia que no era necesario.- Haz caso a los señores Weasley, pórtate bien y no les provoques problemas.- Se despidieron de los dos con un fuerte abrazo para cada uno.
- Nos veremos en King Cross. -aseguro James a los dos.
Jessica y David montaron en los asientos traseros del coche, había espacio suficiente como para que se tumbaran los dos y aun así sus pies no se tocaban. Se sentaron juntos en la parte derecha del coche colocando las jaulas de Aenea y Lis en el otro lado.
Arthur arranco a la primera el Ford Anglia y tomaron la segunda salida a la derecha mientras David y Jessica asomaban la cabeza por los cristales y decían adiós con la mano a Tamara y David.
- Chicos, ¿puedo pediros algo? -pregunto el señor Weasley. Al ver esa cara de ansiedad, David supuso que les iba a pedir permiso para poder hacer el viaje volando.
- ¿Que podemos hacer nosotros?. -inquirió Jessica desconcertada.
- No te preocupes, Jessica. Solo quiero pediros permiso para que podamos hacer el viaje hasta la Madriguera volando. -explico Arthur anhelante por obtener el si.
- ¿Este coche vuela? -pregunto Jess abarcando con la vista todos los detalles del coche.
- ¡Claro que vuela!. ¡Lo hechice para que pudiera volar!. -respondió entusiasmado.
- ¡Dale señor Weasley! -exclamo emocionada la chica.
El señor Weasley acciono un botón que David supuso que era la invisibilidad y acelero ligeramente. El coche empezó a elevarse a velocidad creciente haciendo que el aire entrara por las ventanas y despeinara a los tres ocupantes del mismo. David aprovecho para liberar a Aenea y Lis que extendieron las alas y se pusieron a volar al lado del coche mientras ululaban felices.
Jessica sonreía abiertamente mientras veía como volaban sobre zonas urbanas y atravesaba las nubes aprovechando la humedad para limpiar y refrescar el coche. Pero si alguien estaba realmente contento era Arthur Weasley. Le brillaban los ojos y cada vez que se elevaba o descendía se reía a carcajadas. David quiso hacer una prueba y saco la cabeza por la ventana cuando el coche encaraba otra nube. Al principio, la sensación era como cuando atraviesas una cortina de humo pero al introducirse mas en el interior de la nube fue como si estuviera zambulléndose de cabeza continuamente en una piscina.
Volvió a meter la cabeza en el interior del coche provocando que empapara su ropa. Jessica le miro y empezó a partirse de risa al ver como David agitaba la cabeza de lado a lado al igual que un perro para sacudirse el agua.
- Chicos, vamos a descender. Ya hemos llegado. -anuncio el señor Weasley mientras hacia que el coche cayera hacia tierra. La sensación de vacío en el estomago que provoco la bajada hizo que los chicos gritaran como si estuvieran en una montaña rusa. Aterrizaron, aunque David no creía que fuera el verbo adecuado para un coche, en una carretera secundaria que estaba desierta y tomaron el primer camino de tierra a la izquierda. Al fondo, se veía una extraña construcción de piedra que destacaba en el horizonte. Según se iban acercando, empezaron a vislumbrarse ventanas a varias alturas y varias chimeneas en el tejado. Arthur aparco el coche en un garaje justo a la izquierda de la casa.
- David, Jessica, ¿podríais no comentarle nada del vuelo a Molly?. No creo que este muy de acuerdo. -dijo antes de salir del coche mientras le guiñaba un ojo. Salió el primero e hizo levitar los baúles que entraron antes que ellos.
Los chicos examinaron la Madriguera. Era un edificio de varios pisos de altura hecho de piedra. Por el distinto color de la piedra parecía como si se hubiera construido en dos fases. La primera, con la piedra mas oscura, era el núcleo de la casa y la segunda, con piedra mucho mas nueva que parecía incorporada hace poco tiempo, era como una ampliación.
Varios magos con túnicas idénticas se aparecieron cerca de la puerta y entraron en la casa esquivando varias gallinas. Parecían muy ocupados y discutían constantemente. Arthur entro el primero seguido de los chicos que no dejaban de mirar a todos lados. En la cocina se encontraban los magos que habían entrado antes, junto a ellos estaba Molly Weasley que apuntaba con la varita un punto en un mapa proyectado en el aire. Cuando la pareció que todo estaba a su gusto salió de allí y se encontró con los tres en el salón.
- Hola David, Jessica. -dijo mientras se acercaba para abrazarlos y examinarlos detenidamente- Estáis un poco flacuchos.
- No empieces Molly. -dijo divertido el señor Weasley mientras le hacia un gesto a Jessica que entendió que era una manía que tenia la señora Weasley.
- ¿Y todo este follón? -pregunto David señalando a los dos magos que estaban en la cocina haciendo extraños movimientos de varita.
- ¡Oh!. Son los obreros mágicos que están terminando la reforma de la casa. Llevamos casi un mes con ella pero ya estamos terminando, solo queda la cocina. De repente, se oyó un ruido sordo y la pared del fondo de la cocina empezó a alejarse de ellos. Molly hizo un giro con la varita e insonorizo la cocina. Arthur la dio un beso en la mejilla y se dirigió a la chimenea. Cogió unos polvos de una bolsa que estaba en una repisa y los echo en el fuego que se volvió esmeralda. Grito "¡Ministerio de Magia!" y entro el fuego que lo engullo mientras giraba. Molly se llevo a los chicos al pie de la escalera que subía hacia las plantas superiores.
- Subid por las escaleras. Normalmente, Jessica dormiría en la habitación de Ginny en la primera planta y David con Ron, en la segunda. Sin embargo, podréis dormir los dos juntos en la antigua habitación de Charlie justo enfrente de Ginny. Los gemelos duermen en la tercera y nosotros y Percy en la cuarta. Vuestros baúles ya están allí. Luego si tenéis hambre, bajad y os prepare lo que queráis. -dijo sonriendo Molly.
David y Jessica entraron en la habitación. Era lo suficientemente grande para tres personas. Tenia las paredes de color blanco y la ventana daba a la parte derecha del jardín. Había varias estanterías vacías y en medio de las dos camas un poster de un dragón que volaba entre las montañas y lanzaba llamas de color azul brillante. Los baúles estaba al pie de las camas. Al lado de la ventana, se situaba una repisa donde estaban durmiendo Aenea y Lis.
Tras colocar la ropa en los armarios, bajaron al salón donde estaba Ginny, la menor de los Weasley. Estaba sentada en el salón viendo como su madre echaba la bronca a los obreros mágicos porque no lo habían hecho bien. A Jessica le pareció increíble que una mujer tan pequeña y de rostro tan bondadoso pudiera gritar tan alto y durante tanto tiempo.
- Hola Ginny. -saludo David mientras se sentaba en un sillón para observar el espectáculo.
- Hola David, ¿que tal el verano? -pregunto sin pensar. - ¡Oh lo siento!. ¡No me he dado cuenta! - dijo arrepentida al ver a Jessica.
- No pasa nada. -dijo quitándole importancia. - Ginny esta es mi mejor amiga Jessica. Jessica esta es Ginny, la hermana pequeña de Ron. Ambas se saludaron cariñosamente.
- ¡Que ojos mas chulos! -exclamo Ginny cuando se fijo en ellos. Jessica se turbo ligeramente, nunca habían descrito sus ojos como chulos. Lo normal era que dijeran que eran raros o como en el caso de David, que eran preciosos.
- A mi me encanta tu pelo. -dijo Jess devolviéndola el cumplido. Ginny volvió a fijarse en su madre que aun continuaba hablando con los obreros.
- ¿Donde están tus hermanos? -pregunto David.
- Oh, Ron y los gemelos están fuera desgnomizando el jardín y Percy encerrado en su habitación. Este verano esta mas soso de lo normal. -explico mientras se inclinaba en el sofá para escuchar mejor. -La han dejado coger ritmo y eso significa la muerte de tus oídos. -dijo señalando a su madre. Jessica y David se echaron a reír y tomaron nota del consejo de Ginny.
- Ginny, nos vamos a ver a tus hermanos. -la aviso Jess.
- Os acompaño. Esto se va calmando y pierde gracia. -dijo levantándose del sofá.
Los tres salieron al jardín esquivando las gallinas y vieron como los tres pelirrojos buscaban por el suelo del jardín y entre los altos parterres.
- Hola chicos. -grito Ginny.- Los tres se dieron la vuelta.
- ¡David!. ¡Jess!. ¿Cuando habéis llegado? -pregunto Ron acercándose a ellos y agitando a algo parecido a una patata que tenia cogido por lo que parecían unas piernas.
- Hace media hora. -respondió David.
- ¿Eso es un gnomo? -pregunto Jess señalando a lo que se agitaba en la mano del chico.
- ¡Suéltame! -grito el gnomo. Ron empezó a girar el brazo como si fuera un lazo y lo lanzo por los aires. El gnomo dio varias vueltas en el aire y aterrizo detrás del seto a unos ocho metros. -Si, es un gnomo. -dijo sacudiéndose las manos en los vaqueros. - No les duele la caída. Pero los tienes que dejar muy mareados para que no puedan volver a encontrar su madriguera. Aunque siempre terminan volviendo.
- ¿Podemos participar? -pregunto Jess mientras veía como Fred y George lanzaban varios gnomos a la vez, que caían a diferentes distancias.
- Claro, uniros a la fiesta. -dijo Fred mientras golpeaba a un gnomo contra el suelo para atontarlo un poco.- No tengáis piedad, tienen unos dientes muy afilados y si te muerden duele bastante. -les aviso George.
Los gnomos volaban por el aire sin parar. En cuanto se le pillaba el truco, era muy divertido, no solo por la competición entre ellos sino por la imaginación que tenían los gnomos para insultarlos. Hasta Fred y George apuntaron algunos insultos muy originales.
- ¡Guau! -exclamo Ron cuando vio como un gnomo lanzado por Jess aterrizaba a mas de treinta metros.- ¡Debe de ser record!
- Déjame que lo mire. -dijo Fred sacando una lista de un bolsillo. - A ver... record actual... George... veinticinco metros.
- Entonces es record. -exclamo David mientras felicitaba a Jess. George puso una fingida cara de derrota mientras Fred apuntaba el nuevo record.
- Primero las bolas de nieve, luego los gnomos... parece que se te da bien lanzar cosas, Jess -concluyo Ron provocando una sonrisa en la chica.
La vida en la Madriguera era muy tranquila. La magia estaba por todos lados. Era impresionante ver como Molly preparaba verdaderos banquetes con unos cuantos movimientos de varita. El señor Weasley hacia verdaderos interrogatorios a David y Jess sobre el mundo muggle. Casi se desmaya cuando David le explico lo que era Internet, al contarle cual era el trabajo de su madre. Le parecía increíble que con una caja y una pantalla se pudiera leer información de cualquier cosa que este en cualquier parte del mundo.
Las obras acabaron una semana después de la llegada de David y Jessica. Esa misma noche hicieron una fiesta en el jardín que acabo con una exhibición de petardos por parte de los gemelos. Cuando todos subían a la cama, Arthur separo a David del grupo y se lo llevo al garaje con la excusa de que quería enseñarle como funcionaban los nuevos faros que le había instalado al Ford Anglia. Entraron al garaje y Arthur hizo aparecer un par de sillas, una frente a la otra.
- David, quería darte las gracias por darme el boleto de lotería. Nos toco y con el premio pudimos reformar la Madriguera. Además, por fin tenemos dinero para poder comprar a nuestros hijos cosas que no sean de segunda mano. No se lo digas a Ron pero cuando vayamos al Callejón Diagon a por los nuevos libros para Hogwarts, le compraremos una varita nueva. -dijo Arthur. David se acerco a el y lo abrazo.
- No ha sido nada. Ron y los gemelos me ayudaron mucho en Hogwarts y quería darles la oportunidad para que nadie les vuelva a echar en cara la falta de dinero. Es algo despreciable. Son de las mejores personas. - Arthur lo miro emocionado por lo que oía. - Y si puedo hacer algo por mejorar la vida de las personas que aprecio, sea poco o mucho, lo hare. -afirmo con seguridad.- Y si de paso fastidio a Malfoy, mejor.
David se metió en la cama y antes de cerrar los ojos escucho la voz de Hermione en su cabeza.
- Esto que has hecho por los Weasley es muy bonito, David. -dijo Hermione con la voz quebrada.
- Simplemente se lo merecen. -pensó el metamorfomago.
Una brillante mañana de verano se alzo en la Madriguera. David y Jessica dormían plácidamente, aunque no por mucho tiempo.
- ¡PUES PODRÍAS SEGUIR SU EJEMPLO! -se escucho gritar a pleno pulmón a Molly haciendo que los dos se despertaran. Jessica se desperezo mientras le tiraba un cojín a David para ver si estaba despierto. Este impacto en la cara del chico haciendo que gruñera levemente.
- ¿Que habrán hecho los gemelos ahora? -pregunto Jessica levantándose de la cama y asomándose a la ventana. Por desgracia para ellos no se veía nada desde allí, así que las voces debían de venir de la puerta delantera.
- La verdad es que no me importa la razón, pero estarás de acuerdo conmigo en que no nos podemos perder las caras que estarán poniendo mientras aguantan el rapapolvo. -dijo mientras se levantaba, se ponía las zapatillas rápidamente y salía de la habitación. Jessica le siguió divertida. Se encontraron con Ginny en el rellano que también salía medio adormilada a ver que pasaba.
- ¿Te unes al grupo? -la pregunto Jess.
- Por supuesto. -respondió la pelirroja.- Siempre es divertido ver como mama le hecha la bronca a alguien.
Bajaron hasta el salón y se asomaron a la puerta. Fuera estaban Ron, los gemelos Weasley y... ¡Harry!.
- ¿Cuando ha llegado Harry? -pregunto Jess.- ¿Tu sabes algo Ginny? -se giro hacia ella, pero ya no estaba. Había desaparecido. -¿Ginny?
David se giro pero tampoco la vio.
- Que raro, ¿no?. Estaba aquí hace un momento. -dijo volviéndose a asomar por la puerta. Parecía que la bronca había acabado. Molly estaba hablando con Harry en un tono mucho mas cariñoso. Aun así el ojiverde parecía asustado. Se acercaron a la casa. David y Jess fueron rápidamente a la cocina para esperarlos allí y darle una sorpresa a Harry.
- ¡Sorpresa! -gritaron David y Jess echándose encima del moreno, tirándolo al suelo.
- ¡Jess!. ¡David!. ¿Que hacéis aquí? -pregunto mientras intentaba levantarse. Cuando lo consiguió abrazo a los chicos que sonreían.
- Cosas del trabajo de mis padres. -explico David escuetamente.
- Venga chicos a desayunar que Harry debe de estar hambriento. -dijo Molly mientras sacaba unas salchichas y con un golpe de varita empezaba a freírlas. Las miradas que echaba a sus hijos daban verdadero miedo y ninguno de ellos quería saber que era lo estaba diciendo entre dientes su madre.
- Por lo que veo tus tíos siguen sin darte de comer. -señalo Jess mientras Harry devoraba su desayuno. Este le contesto con un simple alzar de hombros.
- Creo que deberíamos ir un día a hacerles una visita, ¿no creéis? -pregunto David a los gemelos.
- Por supuesto. -respondieron los dos.
- ¡De eso nada!. ¡Ni visitas ni nada por el estilo! -respondió Molly apuntándoles con un cucharon. Sin embargo, David podía jurar que la había oído decir en un susurro "la visita se la hare yo".
- Estoy que reviento - dijo Fred, bostezando y dejando finalmente el cuchillo y el tenedor.- Creo que me iré a la cama y...
- De eso nada -interrumpió la señora Weasley.- Si te has pasado toda la noche por ahí́, ha sido culpa tuya. Así que ahora vete a desgnomizar el jardín, que los gnomos se están volviendo a desmadrar.
- Pero, mamá...
- Y vosotros dos, id con él -dijo ella, mirando a Ron y Fred. Tú sí puedes irte a la cama, cielo. -dijo a Harry.- Tú no les pediste que te llevaran volando en ese maldito coche.
Pero Harry, que no tenía nada de sueño, dijo con presteza.
- Ayudaré a Ron, nunca he presenciado una desgnomización.
- Eres muy amable, cielo, pero es un trabajo aburrido - dijo la señora Weasley.
- ¡Que va!. Si es muy divertido. -exclamo Jess entusiasmada. -Ven Harry, te enseñare como se hace.- dijo mientras le arrastraba del brazo hacia el jardín.
Pero Jess no tuvo tiempo de enseñarle nada a Harry, ya que en ese momento entro por la puerta el señor Weasley. Venia muy agotado del trabajo. Según contó había tenido una noche de locos con varias redadas y un intento de maleficio de Mundungus Fletcher (nombre ante el cual Molly torció el gesto).
Al ver el cariz que tomaba la conversación y, tras el ya clásico saludo entusiasmado que todo el mundo hacia a Harry tras conocerle por primera vez, los chicos se dirigieron hacia las escaleras para enseñarle el resto de la casa.
Comentarios.
Hola a todos. Bueno, ya sabeis el porque de todo el tema de la loteria. Creo que es algo que los Weasley se merecen.
Los agradecimientos de hoy van para AranaTokashi y Lianon por añadir este segundo año a sus alertas. No, si al final, hasta conseguire una pequeña legion de seguidores, jajajajaja.
Un bratzo, xotug.
