Capitulo 3. Los dos callejones.
Harry bajaba por las escaleras bostezando, siempre era el que mas tarde se levantaba de todos. Ron también dormía mucho excepto cuando los gemelos le despertaban pronto, lo cual ocurría casi todos los días. David y Jessica dormían irregularmente. Muchas veces se despertaba uno de los dos con terribles pesadillas, siempre relacionadas con el accidente.
Entro el ojiverde a la cocina donde ya estaban sentados todos. Se coloco entre Jessica y Ginny. La primera le saludo con la boca llena y la pelirroja tiro el cuenco de gachas al suelo. Siempre tiraba cosas cuando Harry aparecía. Sin embargo, cuando no estaba el moreno, era una chica vivaracha que había heredado el carácter de su madre. En esos momentos, David comprendía perfectamente porque Harry acabaría enamorándose de ella. Poseía un espíritu ardiente.
El señor Weasley entro en la cocina y les dio a cada uno una carta de Hogwarts.
- Ya han llegado los libros. -dijo Molly tras echarles una ligera mirada. - A Dumbledore no se le escapa una. Fred, George, despertad. -dijo mientras les daba con sus cartas en la cabeza. Los gemelos se habían quedado dormidos con la cabeza apoyada en el bol de cereales. Levantaron la cabeza a la vez y cogieron las cartas. Nadie abrió la boca mientras las leían.
Los estudiantes de segundo curso necesitaran:
- El libro reglamentario de hechizos (clase 2), Miranda Goshawk.
- Recreo con la «banshee», Gilderoy Lockhart.
- Una vuelta con los espíritus malignos, Gilderoy Lockhart.
- Vacaciones con las brujas, Gilderoy Lockhart.
- Recorridos con los trols, Gilderoy Lockhart.
- Viajes con los vampiros, Gilderoy Lockhart.
- Paseos con los hombres lobo, Gilderoy Lockhart.
- Un año con el Yeti, Gilderoy Lockhart.
Fred hizo un recorrido por la cocina, mirando las cartas de todo el mundo.
- ¡A todos nos han mandado todos los libros de Lockhart! -exclamó-. El nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras debe de ser un fan suyo; apuesto a que es una bruja.
- Yo apuesto a que es el mismo. -apunto Jessica.
- ¿Eso es una proposición? -pregunto Fred acercándose a la chica.
- Diez sickles. ¿Te parece? -respondió ella desafiante.
- ¡Fred!. ¡Nada de apuestas! - aviso la señora Weasley. Harry se rio al ver la cara que había puesto el pelirrojo.
- ¡Oh!. Déjeme saquearlo, señora Weasley. -pidió Jessica con carita de pena. Molly no pudo resistirse y les dio permiso. David estaba seguro que lo había hecho porque quería ver a Fred perder.
- ¿Como lo has hecho? -le preguntaron todos los varones Weasley en voz baja.
- Habilidad femenina. -respondió Jessica misteriosamente mientras se colocaba su melena. Se la había dejado crecer desde el accidente y le llegaba a la altura de las axilas.
De repente algo parecido a un plumero gris entro por la ventana y se estrello contra uno de los armarios.
- ¡Errol!. dijo Ron. Se levanto y la cogió antes de que se cayera al suelo. Saco una carta del ala y la dejo apoyada en el escurridero. Era la lechuza vieja de los Weasley y parecía que en cualquier momento caería desplomada.
- ¿De quien es esa carta? -pregunto Harry.
- Es de Hermione. La escribí contándole que David y Jessica estaban aquí y sobre nuestra operación de rescate. -explico Ron mientras abría el sobre. Comenzó a leerla en voz alta.
Queridos Ron, Jess, David y Harry, si estás ahí:
Espero que todo saliera bien y que Harry esté estupendamente, y que no hayas tenido que saltarte las normas para sacarlo, Ron, porque eso traería problemas también a Harry ("Y dale con las normas, parece Percy" -exclamó George). He estado muy preocupada y, si Harry está bien, te ruego que me escribas lo antes posible para contármelo, aunque quizá seria mejor que usaras otra lechuza, porque creo que esta no aguantará un viaje más.
Por supuesto, estoy muy atareada con los deberes escolares ("¿Como puede ser?"- se preguntó Ron horrorizado. "¡Si estamos en vacaciones!"), y el próximo miércoles nos vamos a Londres a comprar los nuevos libros. ¿Por qué no quedamos en el callejón Diagon?
Contadme qué ha pasado en cuanto podáis.
Un beso de Hermione
- Podríamos ir todos ese día a comprar las cosas -dijo Molly mientras recogía el desayuno. Todos cogieron las escobas y salieron hacia un pequeño prado detrás de una colina para jugar al quidditch. Solo tenían una vieja quaffle, regalo de McGonagall a Charlie cuando gano la copa de Quidditch, la ultima de Gryffindor.
Se turnaban para usar la Nimbus 2000 de Harry que era sin duda, la mejor de todas. Jess se desmarcó como una más que decente voladora cuando le llegó el turno de usar de la Nimbus. Aunque no tenían bludgers, David demostró porque Wood le había puesto en la reserva golpeando a todo el mundo a base de lanzar manzanas. Parece ser que el karma no estaba muy de acuerdo con esta actitud, ya que su escoba acabo incendiándose provocando las risas de todos. Fue la anécdota de la cena y el señor Weasley afirmo que le había pasado lo mismo a Bill cuando tenia 13 años.
La señora Weasley les despertó temprano el domingo siguiente. Bueno, no a todos, David y Jess ya estaban despiertos cuando Molly se asomo a su habitación. David estaba metido en la cama de Jess y la abrazaba consolándola. Ninguno de los dos se había dado cuenta de la presencia de la matriarca de los Weasley.
- Los hecho de menos. -dijo Jess mientras lloraba apoyando su cabeza en el pecho del chico.
- Yo también les hecho de menos. -afirmo David con la garganta seca. -Pero debemos seguir adelante. Estoy seguro que tu madre está, ahora mismo, persiguiendo a tu padre en el Otro Lado, porque ha montado alguna. -dijo intentando animarla. Parece ser que tuvo efecto, ya que la chica levanto la cabeza y esbozo una sonrisa. Molly escuchaba con lágrimas en los ojos
- Si, y hasta puede que allí le alcance por primera vez y le de con el cucharón de la sopa. -dijo ella mas animada.
- Me imagino a tu padre, quejándose de que le ha dado muy fuerte y recibiendo otro golpe mientras tu madre le dice...
- ¡No seas crío! -completó la frase Jess riéndose.
Molly salió de allí sigilosamente y se puso a despertar al resto. Tras varios emparedados de beicon se acercaron todos a la chimenea, donde les esperaba el señor Weasley con un saquito lleno de un polvo verde.
- Estos son polvos flu. Sirven para viajar de chimenea a chimenea. -explico Arthur.- Supongo que David y Jess no saben usarlo. - estos confirmaron con la cabeza.
- Yo tampoco. -dijo Harry.
- Harry, míranos a nosotros. Así te quedaras como se hace. -dijo Fred.
Cogió de la maceta un pellizco de aquellos polvos brillantes, se acercó al fuego y los arrojó a las llamas. Produciendo un estruendo atronador, las llamas se volvieron de color verde esmeralda y se hicieron más altas que Fred. Este se metió en la chimenea, gritando: «¡Al callejón Diagon!», y desapareció.
- Tienes que pronunciarlo claramente, cielo —dijo a Harry la señora Weasley, mientras George introducía la mano en la maceta- , y ten cuidado de salir por la chimenea correcta.
- ¿Qué? - preguntó Harry nervioso, al tiempo que la hoguera volvía a tronar y se tragaba a George.
- Bueno, ya sabes, hay una cantidad tremenda de chimeneas de magos entre las que escoger, pero con tal de que pronuncies claro...
- Lo hará bien, Molly, no te apures —le dijo el señor Weasley, sirviéndose también polvos flu.
- Pero, querido, si Harry se perdiera, ¿como se lo íbamos a explicar a sus tíos?
- A ellos les daría igual - la tranquilizó Harry-. Si yo me perdiera aspirado por una chimenea, a Dudley le parecería una broma estupenda, así que no se preocupe por eso.
- Bueno, está bien..., ve después de Arthur —dijo la señora Weasley-. Y cuando entres en el fuego, di adonde vas.
- Y mantén los codos pegados al cuerpo -le aconsejó Ron.
- Y los ojos cerrados - le dijo la señora Weasley.- El hollín...
- Y no te muevas - añadió́ Ron.- O podrías salir en una chimenea equivocada... - Pero no te asustes y vayas a salir demasiado pronto. Espera a ver a Fred y George.
Harry echo los polvos en el fuego y desapareció girando como una peonza.
- Ahora ve tu Ron. -dijo la señora Weasley. Este echó más polvos y también desapareció girando entre las llamas. - Me quedaré yo la ultima con Ginny. Ir ahora vosotros.
Jess cogió los polvos y gritando "Callejón Diagon", giró elegantemente en las llamas. David cogió un puñado de polvos flu y se dirigió a la chimenea. De repente, se oyó hablar a Molly.
- Ginny, ¿por qué no te has puesto calcetines?. -Ginny se miro a los pies y levantó los hombros casi tan sorprendida como su madre. - ¿Te importa hacerlo tu solo? -le pregunto a David que negó con la cabeza. Molly le sonrió y desapareció de su vista con Ginny.
David encaro la chimenea y echo los polvos flu al fuego. Entró en el y gritó con todas sus fuerzas.
- ¡Borgin y Burkes! -empezó a girar a toda prisa mientras un rugido profundo le taponaba los oídos. Vio múltiples escenas hasta que la ceniza le entro en los ojos. Siguió girando descontroladamente hasta que cayo de culo y salió rebotado hacia afuera de la chimenea chocándose con Harry.
- ¡David!. ¿Que haces aquí? -pregunto Harry preocupado.
- Pues creo que lo mismo que tu. -dijo aun recuperándose del viaje. Harry examinó la tienda.
En un estante de cristal cercano había una mano cortada puesta sobre un cojín, una baraja de cartas manchada de sangre y un ojo de cristal que miraba fijamente. Unas máscaras de aspecto diabólico lanzaban miradas malévolas desde lo alto. Sobre el mostrador había una gran variedad de huesos humanos y del techo colgaban unos instrumentos herrumbrosos, llenos de pinchos.
- Creo que deberíamos irnos. -dijo Harry.
- ¡Mierda, es Malfoy! -le dijo David mientras señalaba al exterior de la tienda. El rubio se acercaba a la tienda acompañado de un adulto que no podía ser otro que su padre. La misma cara puntiaguda, el mismo pelo y los mismos fríos ojos grises.
Harry y David se escondieron en un gran armario negro. Cabían un poco apretujados y no pudieron cerrar la puerta completamente, así que podían ver todo lo que pasaba en la tienda.
El señor Malfoy cruzó la tienda y pulsó un timbre que había en el mostrador antes de volverse a su hijo y decirle:
- No toques nada, Draco. Malfoy, que estaba mirando el ojo de cristal, le dijo:
- Creía que me ibas a comprar un regalo.
- Te dije que te compraría una escoba de carreras - le dijo su padre.
- ¿Y para qué la quiero si no estoy en el equipo de la casa? - preguntó Malfoy, enfurruñado.- Harry Potter tenia el año pasado una Nimbus 2.000. Y obtuvo un permiso especial de Dumbledore para poder jugar en el equipo de Gryffindor. Ni siquiera es muy bueno, sólo porque es famoso. A todos les parece que Potter es muy inteligente sólo porque tiene esa maravillosa cicatriz en la frente y una escoba mágica...
- Me lo has dicho ya una docena de veces por lo menos -repuso su padre con una mirada fulminante—, y te quiero recordar que seria mucho más... prudente dar la impresión de que tú también lo admiras, porque todos lo ven como el que hizo desaparecer al Señor Tenebroso... ¡Ah, señor Borgin!
Tras el mostrador había aparecido un hombre encorvado, alisándose el grasiento cabello. Lucius se puso a hablar con él mientras Draco empezó a dar vueltas por la tienda examinando con cara aburrida lo expuesto.
Harry y David veían con aprensión como Draco se iba acercando hacia el armario donde estaban escondidos ellos.
- ¡David!. Malfoy se acerca, como abra el armario nos veremos en problemas. ¿Que hacemos? -susurro Harry.
- No se. Déjame pensar... -le dijo David. -Necesitamos que Draco se aleje de aquí o volvernos invisibles. -Harry, ¿tienes tu capa?.
- No, esta en mi baúl en la Madriguera. -respondió Harry en pánico.
- ¡Mierda!. Piensa... piensa... ¡Ya se!. ¡El ECOQ!. -saco la varita de la funda del brazo y dijo dos veces ¡Illusio vis! apuntando a Harry y luego a el mismo. Hubo dos brillos plateados. Harry iba a preguntar que era ese brillo pero David le puso la mano en la boca para que se callara. El propio David había soltado una exclamación de sorpresa al ver lo bien que le había respondido la varita. Era el primer hechizo que hacia desde que descubrió el "interruptor".
Malfoy llego enfrente del armario y lo abrió con violencia. Harry y David se petrificaron y aguantaron hasta la respiración. Draco se quedo mirando el interior del armario durante diez eternos segundos hasta que su padre le llamo.
- Draco, tenemos que irnos. -dijo severamente. - Que tenga un buen día, señor Borgin. Le espero en mi mansión mañana para recoger las cosas. En cuanto se cerró la puerta, el señor Borgin abandonó sus modales afectados.
- Quédese los buenos días, señor Malfoy, y si es cierto lo que cuentan, usted no me ha vendido ni la mitad de lo que tiene oculto en su mansión. Y se metió en la trastienda mascullando.
Harry y David salieron del armario tras esperar durante un minuto a que el señor Borgin no regresaba. Se escabulleron fuera de la tienda por la puerta delantera. Habían salido a un callejón lúgubre que, por lo que leyeron en un cartel de madera ennegrecido, se llamaba "Callejón Knockturn". Era como la versión tenebrosa del Callejón Diagon. Estaba lleno de tiendas que se dedicaban a las artes oscuras. No sabían por donde ir. David empezaba a arrepentirse de haber tomado la decisión de seguir a Harry a sabiendas de donde iba. Había sido un acto impulsivo.
- ¡HARRY!. ¡DAVID!. ¡¿Que hacéis aquí? -la voz de trueno de Hagrid retumbo en el callejón haciendo que los magos y brujas que habían empezado a acercarse a los dos chicos se alejaran.
- Nos perdimos por los polvos flu. -le explico Harry con cara de alivio. Hagrid los saco de allí inmediatamente y aparecieron en un calle al lado de Gringotts. Se encontraron con Hermione en las puertas del banco.
- Hola Harry, hola David. ¿Que tal el verano? -las muecas en las caras de ambos respondieron a esa pregunta. - ¿Vamos a Gringotts?.
- Veníamos con los Weasley, pero nos perdimos por los polvos flu. -explico escuetamente David. Harry se acerco a el.
- ¿Que ha pasado ahí dentro?. ¿Como es que Malfoy no nos ha visto? -le pregunto. David no le pudo responder ya que se acercaban corriendo por el callejón Jessica con todos los Weasley. La chica se abalanzo sobre el, golpeándolo repetidas veces en la cabeza. Molly estaba abrazando a Harry comprobando que estaba bien.
- ¿Donde estabas? -preguntó Jess.- ¿Por que no me has seguido?.
- Lo siento. -dijo David avergonzado.- Harry y yo nos confundimos y aparecimos en otra chimenea.- Jessica lo volvió a golpear.
- No sabes lo mal que lo he pasado. -siguió echándole la bronca. De repente su voz se quebró y se echó llorando a los brazos del chico. - Cuando no te he visto aparecer, creía que te iba a perder. Creía que me ibas a dejar sola aquí.
David se sintió como un despojo. Se había dejado llevar por un impulso infantil sin darse cuenta de que podía haberle hecho verdadero daño a la gente que le quería. No solo a Jess si no también a sus padres. Se prometió a si mismo que no volvería ocurrir. No arriesgaría su vida, si no fuera imprescindible.
- Lo siento, Jess, lo siento mucho. Te prometí que estaría siempre a tu lado y así lo hare. -la chica se calmó al oír estas palabras y se secó las lagrimas en la ropa del chico.
Harry había conseguido librarse de las atenciones de la señora Weasley que estaba hablando con los padres de Hermione.
- ¿A que no adivináis a quien he visto en Borgin y Burkes? - preguntó Harry a Ron y Hermione mientras subían las escaleras de Gringotts.- A Malfoy y a su padre.
- ¿Y compró algo Lucius Malfoy? - preguntó el señor Weasley, con acritud. - No, quería vender. - Así́ que está preocupado - comentó el señor Weasley con satisfacción, a pesar de todo. -¡Como me gustaría coger a Lucius Malfoy!
- A Draco ya le cogió David. -comento Ron.
- ¿Ah si? -pregunto el señor Weasley. Ron le conto todo el suceso del "Sharpshooter". Arthur se rio con ganas cuando escucho la respuesta de David a la amenaza de Draco de contárselo a su padre.
- ¡Buen golpe!. -dijo felicitando a David con un golpe en la espalda, tras el cual fue a reunirse con su mujer.
Entraron en el banco y los padres de Hermione fueron a una ventanilla a cambiar dinero muggle por mágico. El señor Weasley los acompaño entusiasmado mientras hacia preguntas a Hermione.
El resto fueron hacia otra ventanilla donde había un duende que respondió al nombre de Griphook. Parecía que era el duende que había ayudado a Harry el año pasado. Todo estaba correcto, hasta que llego el turno de Jessica.
- Señorita Quake, tengo aquí una carta la cual me indica que sus tutores legales son Tamara y James Manning, ¿es eso correcto?. -preguntó mientras se inclinaba para poder mirar a los ojos a la chica.
- Correcto. -respondió sin inmutarse.
- También he recibido otra carta de los señores Manning en la cual le dan permiso a acceder a su cámara de uso corriente. ¿Tiene usted la llave?. -Jessica saco de una cadena al cuello una pequeña llave de oro y se la entrego al duende.
- Todo esta correcto. Síganme por favor.
El viaje en los carros fue muy divertido para Harry y Jess que se reían en cada giro brusco. El resto se limitaba a soportarlo. Llegaron primero a la cámara de Harry. Griphook se bajó e introdujo la llave en la puerta. Harry entró en la cámara y lleno la bolsa todo lo mas rápido que pudo. Nunca le había gustado que la gente viera que tenia tanto dinero, y menos cuando sabia que su familia adoptiva no. Tras un corto viaje, llegaron a las cámaras de David y Jessica que estaban las dos juntas. Ambas tenían mas o menos la misma cantidad de dinero. La ultima parada fue la cámara de los Weasley. Cuando Griphook la abrió, el brillo dorado de una reluciente cantidad de galeones inundo a todos. Todos los Weasley, menos Molly, se habían quedado de piedra al ver tal cantidad de dinero. Solo David sabia la historia completa del dinero, Arthur le había confesado que Molly no sabia que había sido él, el que les había dado el boleto premiado.
Salieron de Gringotts con los bolsillos considerablemente más llenos de monedas y las cabezas de los Weasley aun mas llenas de preguntas. Fred quiso abrir la boca para preguntar pero la señora Weasley le interrumpió.
- Primero vamos a ir a Ollivander. Ginny necesita una varita nueva. -dijo Molly. Nadie se atrevió a replicar al ver su mirada seria. Entraron en la pequeña tienda.
La mayoría de los presentes sintieron un extraño cosquilleo cuando se sentaron en las sillas. Muchos recordaron la primera vez que había entrado allí para buscar su varita nueva. De repente, apareció el viejo mago de entre sus estantes. Al ver tanta gente allí reunida, sonrió con expectación.
- Buenos días, señora Weasley. Veo que ha llegado el momento de que la pequeña Ginny consiga su varita. -en cualquier otro momento Ginny hubiera torcido el gesto al escuchar como alguien la llamaba pequeña, pero estaba demasiado absorta mirando hacia los estantes llenos de cajas.
- Si, pero también mi hijo Ron viene a por su varita. -respondió Molly señalándole. Ron no se podía creer lo que acababa de escuchar.
- ¿Me... vais... a comprar... una… varita? -pregunto Ron tragando saliva después de pronunciar cada palabra.
- Claro, cielo. Ahora que podemos permitírnoslo -esta sinceridad encantó a David. - tienes que tener una varita propia.
- ¡Pues nosotros podíamos tener una escoba mejor! -preguntaron los gemelos. Molly se giro y les hecho una mirada asesina que hizo temblar a todos los que la vieron.
- No tentéis a la suerte. -dijo con una dulce voz que si cabe imponía mas miedo.
Ollivander miraba divertido la escena. No le sorprendía nada la actitud de la señora Weasley. Su varita era una de mas temperamentales que había construido nunca, así que cuando la varita la eligió supo que la niña que tenia delante se convertiría en una mujer de cuidado.
- Bien, empecemos por la señorita. Adelántate. -le dijo a Ginny. Saco su eterna cinta métrica que rápidamente se puso a medir, entre los comentarios chistosos de los gemelos callados rápidamente por Molly. Mientras rebuscaba entre los estantes, soltó su clásica explicación sobre los núcleos de las varitas.
- Normalmente, tendría que pensar en que tipo de núcleo seria el mas adecuado para ti. Pero ya he visto pasar por mi tienda a cinco Weasley y todos salieron con varitas de núcleo de pelo de cola de unicornio. Así que esta claro que tu, querida, no serás una excepción. -salió con cinco cajitas en la mano. Abrió la primera caja y le entrego la varita a Ginny.
- Arce y pelo de cola de unicornio. Treinta centímetros. Rígida.- Ginny la agitó y no sucedió nada.
- Olmo y pelo de cola de unicornio. Veinticinco centímetros. Bonita y flexible. -otro movimiento infructuoso por parte de Ginny. Ollivander se acerco para coger la tercera de las varitas, cuando de repente se paró. Giró la cabeza mirando a Molly y a Ginny y se introdujo a toda prisa entre los estantes.
- Es la primera Weasley después de muchas generaciones de Weasley hombres. Además es el séptimo hijo de la familia. No va a ser una bruja normal. -pensaba mientras rebuscaba entre las cajas hasta que dio con la que buscaba. Volvió a la entrada de la tienda con una caja en la mano.
- Toma, Ginny, prueba esta. -le dijo a la niña mientras le acercaba una nueva varita.
Ginny la cogió con precaución y la agito firmemente. De repente, la temperatura de la tienda se elevó y unas chispas doradas y rojas salieron de la punta. Estas dieron una vuelta por la tienda y se dividieron en dos haces de luz que golpearon a Fred y George en las manos, haciendo que se transformaran en pezuñas de caballo. Las risas inundaron la tienda al ver esto. Como era de esperar, los que mas se reían eran los propios gemelos, que empezaron a relinchar.
Ollivander sacó su propia varita y con un giro de muñeca regreso a la normalidad las manos de los gemelos.
- Álamo y pelo de cola unicornio. Veintiséis centímetros. Bonita y temperamental. Una varita muy poderosa. Además es una curiosa coincidencia.
- ¿Curiosa? -pregunto Ginny. -¿Por que?.
- Porque del unicornio que viene el pelo de tu núcleo es hijo del unicornio del que conseguí el pelo de la varita de tu madre. -explicó Ollivander envolviendo la varita en papel de embalar y metiéndola en la caja. -Bien pasemos a Ron.
La varita de Ron fue mas fácil de encontrar. Al segundo intento ya la tenia.
- Fresno y pelo de cola de unicornio. Treinta centímetros y medio. -anunció Ollivander encantado mientras le daba ambas varitas a la señora Weasley. Esta pagó doce galeones y un sickle.
Salieron al Callejón Diagon que estaba lleno de familias con sus hijos. Molly los reunió a su alrededor.
- En una hora nos vemos en Flourish y Blotts para comprar los libros. -miró a los gemelos.- ¡Ni se os ocurra estar a menos de cien metros del Callejón Knockturn!.- Se dio la vuelta y se alejó con Ginny hacia Madame Malkin.
- La verdad es que no pensábamos hacerlo. -reconoció George.- Ahora tenemos algo mas interesante que investigar.
- ¿El que? -pregunto Hermione. Fred y George la miraron con cara rara.
- Hermione no pretenderás que... -pero David les interrumpió. -Quieren saber como sus padres han conseguido tanto dinero. -Fred y George se quedaron con la boca abierta.
- ¿Como lo has sabido? -preguntaron a la vez.
- Solo quedaba esa opción. No ha pasado nada mas interesante en el ultimo mes que nuestra aventura en el Callejón Knockturn -dijo señalando a Harry y a el mismo-, excepto eso. Navaja de Ockham.
- ¿Navaja de que? -preguntó Ron.
- Entre dos teorías, la mas simple suele ser la correcta. -explicó Hermione.
- ¿Hay algo que no sepas? -preguntó Jess sonriendo. Hermione se sonrojó. Fred y George se acercaron a David y apoyaron todo su peso en los hombros del chico haciendo que se hundiera.
- Nos conoce bien. -suspiró resignado Fred.
- Si, demasiado. -confirmó George.
- ¡Oye soltadme! -grito David.
- ¿Por qué deberíamos hacerlo? -preguntaron los dos a la vez.
- Porque se como pasó. -respondió David. Al escuchar esto, los gemelos arrastraron a David hasta la terraza de la heladería de Florean Fortescue y le sentaron en una silla. Los demás se sentaron alrededor. Por sus caras parecían tan ansiosos por saber lo que había pasado como los gemelos.
- Explícate. -dijeron los gemelos. David suspiró.
- Todo empezó a finales del curso pasado, cuando recibí una carta de mi padre. En ella me pedía que le dijera números mágicos para un sorteo de loteria muggle. La carta también la leyó Ron que me aconsejó que le preguntara a Percy, ya que estaba dando Aritmancia. La cara que puso Ron cuando le explique de que iba la carta me dio la idea. Así que respondí a mi padre con lo que me había contado Percy y le pedí que comprara otro boleto extra. Cuando llegamos a King Cross desde Hogwarts se lo di a vuestro padre. Luego, simplemente os tocó. De ahí viene vuestro dinero. -todos le miraban con los ojos como platos, excepto Jess que le abrazo. Nadie se movía del sitio. - Antes de que empecéis a darme las gracias y todas esas cosas, quiero decir que no las merezco. Os merecéis esto. Nos ayudasteis mucho a Jess y a mi en nuestro primer año y nos habéis acogido en vuestra casa sin rechistar.
Nadie dijo nada en el resto de la hora que estuvieron haciendo las compras. Ron le comento, ya en la Madriguera que si su madre se enterara de que había hecho callar a los gemelos, era capaz de adoptarlo.
Se encaminaron hacia Flourish y Blotts junto a Percy que se les había unido por el camino. Llevaba un libro aburridísimo que se titulaba "Prefectos que conquistaron el poder".
- «Estudio sobre los prefectos de Hogwarts y sus trayectorias profesionales» - leyó Ron en voz alta de la contracubierta.- Suena fascinante...
- Si, todo un best-seller. -comento mordazmente Jessica.
Al acercarse a la librería, vieron para su sorpresa a una multitud que se apretujaba en la puerta, tratando de entrar. El motivo de tal aglomeración lo proclamaba una gran pancarta colgada de las ventanas del primer piso:
GILDEROY LOCKHART firmará hoy ejemplares de su autobiografía EL ENCANTADOR de 12.30 a 16.30 horas.
- ¡Podremos conocerle en persona! -chilló Hermione.- ¡Es el que ha escrito casi todos los libros de la lista!. -Jessica le echó una mirada de incredulidad a la morena, como si no se creyera que esa era la misma Hermione de siempre.
La multitud estaba formada principalmente por brujas de la edad de la señora Weasley. En la puerta había un mago con aspecto abrumado, que decía:
- Por favor, señoras, tengan calma..., no empujen..., cuidado con los libros...
A base de empujones y varios codazos consiguieron al fin entrar. En el interior de la librería, una larga cola serpenteaba hasta el fondo, donde Gilderoy Lockhart estaba firmando libros. Cada uno cogió un ejemplar de "Recreo con la «banshee»" y se unieron con disimulo al grupo de los Weasley, que estaban en la cola junto con los padres de Hermione.
- ¡Qué bien, ya estáis aquí! -dijo la señora Weasley. Parecía que le faltaba el aliento, y se retocaba el cabello con las manos—. Enseguida nos tocará.
David aprovechó para mirar el libro. Ocupaba casi toda la portada una fotografía de un mago muy guapo de pelo rubio ondulado y ojos azules y vivarachos. Como todas las fotografías en el mundo de la magia, esta también se movía. Le guiñó un ojo a David que resopló ostensiblemente y golpeo la foto haciendo que el mago se quejara.
- ¡Engreído! -comento Jessica al ver como el Gilderoy de su libro se atusaba el flequillo.
Gilderoy Lockhart lo oyó y levantó la vista. Vio a Ron y luego a Harry, y se fijó en el. Entonces se levantó de un salto y gritó con rotundidad:
- ¿No será ese Harry Potter? La multitud se hizo a un lado, cuchicheando emocionada. Lockhart se dirigió hacia Harry y cogiéndolo del brazo lo llevó hacia delante. La multitud aplaudió. David noto la mirada de auxilio de Harry; se le notaba la cara encendida cuando Lockhart le estrechó la mano ante el fotógrafo, que no paraba un segundo de sacar fotos, ahumando a los Weasley.
- Y ahora sonríe, Harry - le pidió Lockhart con su sonrisa deslumbrante-. Tú y yo juntos nos merecemos la primera pagina.
Cuando le soltó la mano, Harry tenia los dedos entumecidos. Quiso volver con los Weasley, pero Lockhart le pasó el brazo por los hombros y lo retuvo a su lado.
- Señoras y caballeros -dijo en voz alta, pidiendo silencio con un gesto de la mano.- ¡Este es un gran momento! ¡El momento ideal para que les anuncie algo que he mantenido hasta ahora en secreto! Cuando el joven Harry entró hoy en Flourish y Blotts, solo pensaba comprar mi autobiografía, que estaré muy contento de regalarle. —La multitud aplaudió de nuevo.- El no sabía - continuó Lockhart, zarandeando a Harry de tal forma que las gafas le resbalaron hasta la punta de la nariz- que en breve iba a recibir de mí mucho más que mi libro El encantador. Harry y sus compañeros de colegio contaran con mi presencia. ¡Sí, señoras y caballeros, tengo el gran placer y el orgullo de anunciarles que este mes de septiembre seré el profesor de Defensa contra las Artes Oscuras en el Colegio Hogwarts de Magia!
La multitud aplaudió y vitoreó al mago, y Harry fue obsequiado con las obras completas de Gilderoy Lockhart. Tambaleándose un poco bajo el peso de los libros, logró abrirse camino desde la mesa de Gilderoy, en que se centraba la atención del publico, hasta el fondo de la tienda, donde Ginny aguardaba junto a su caldero nuevo.
David que no soportaba mas tanta tontería, se acerco a la señora Weasley y le pidió que comprara los libros por ella mientras le daba el resto del dinero. Salió al callejón enfadado cuando se chocó con alguien. Era Draco Malfoy.
- ¡Mira a ver por donde vas, idiota!. -le increpo el rubio sin fijarse con quien había chocado.
- Vaya, parece que no has aprendido nada, "Sharpshooter" Malfoy. -su piel se volvió aun mas pálida al escuchar la palabra y confirmar con quien se había chocado -¿Quieres que lo repitamos?- pregunto mientras miraba a lo lejos como Lucius se acercaba. - Seguro que a tu padre no le importaría mirar como chillas como una rata. Hasta puede y todo que te aplique una llave nueva para honrar su presencia.
Malfoy entro humillado a la librería a la vez que Jessica salía de ella muy contenta.
- ¿Por que te has ido? -pregunto Jess al chico mientras dejaba paso a Lucius Malfoy.
- No soporto tanta gente junta y menos al presuntuoso de Lockhart. -dijo.
- Yo también creo que es un chulo, pero si ha hecho todo lo que dice, debe ser un buen profesor. Además me ha hecho ganar la apuesta. -dijo mientras le ensañaba los diez sickles. - Venga te invito a un helado. -miro hacia el interior de la tienda que estaba a reventar.- Creo que va para largo.
Fueron hacia la heladería y estuvieron un buen rato mirando los distintos sabores que había. Al final tiraron por los clásicos, como dijo Jess, nunca fallan. David eligió una tarrina de limón mientras la chica prefirió un buen cucurucho de stracciatella. Regresaban a la librería cuando vieron salir a los Weasley y a Hagrid de ella. Iban todos muy acalorados y la señora Weasley iba curándole el labio a Arthur con la varita.
- ¿Qué ha pasado? -pregunto Jess.
- Malfoy. Lucius y Draco. Ya te lo puedes imaginar. -contestó Ron.
- Vaya, parece ser que tendré que darle otra lección a Draco. -dijo resignado David mientras se les iluminaban los ojos a los gemelos. El señor Weasley se acerco con el labio brillando ligeramente debido al hechizo curativo.
- David, ¿podrías enseñarme alguno de tus trucos?. -le preguntó.
- ¡Arthur!. ¡Como puedes ni siquiera pensar eso! -le regaño Molly.
- Era un broma cariño. -se apresuro a corregir el señor Weasley mientras le guiñaba un ojo a David. Molly no parecía muy convencida de la explicación.
Los ánimos ya se habían calmado cuando el grupo llegó a la chimenea del Caldero Chorreante, donde todos y todo lo que habían comprado volvieron a La Madriguera utilizando los polvos flu. Antes se despidieron de los Granger, que abandonaron el bar por la otra puerta, hacia la calle muggle que había al otro lado. El señor Weasley iba a preguntarles como funcionaban las paradas de autobús, pero se detuvo en cuanto vio la cara que ponía su mujer.
David cogió los polvos flu y esta vez si que llego bien a su destino.
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Hola, hola. No se sonara muy Lockhart (jajajaja), pero creo que cada vez escribo un poco mejor.
Como habréis supuesto al leer este capitulo a Ron no se le romperá la varita cuando se estampe contra el Sauce Boxeador. Si alguno esta ahora lamentándose de que no habrá garrotazos por parte del árbol, que se tranquilice, el sauce repartirá estopa como siempre. Y si alguno se pregunta que pasara con Lockhart, y si se le ira la memoria, pues tendrá que esperar, muajajajaja, que malo soy.
No se que os habrá parecido la parte de Ginny consiguiendo su varita. Si os preguntáis el porque es como es, os explico. En el tema de la madera he seguido las pautas que usaba J.K para asignarla. Ella usa el calendario celta, en el cual cada árbol va unido a la fecha de nacimiento. Así Ginny tiene un varita de alamo.
Para la varitas de Jessica y David usé la información que ofrece Pottermore sobre las maderas y núcleos de varitas mágicas y elegí la que mejor describían a ambos.
Como veis a David tampoco le cae bien Lockhart, como os imagináis tiene mucho que ver lo que sabe...
Espero que os guste el capitulo y acepto sugerencias, palos, palmaditas en la espalda, patadas en el culo y vociferadores varios.
Un bratzo, xotug.
