Capitulo 6. Castigo.

David se levanto aun preguntándose porque había aceptado sin pensar el nuevo horario de los entrenamientos de quidditch. Le gustaba jugar pero le gustaba mas dormir un numero de horas suficiente como para considerarse descansado. La cara de Harry hacia suponer que el pensaba lo mismo. En el exterior el sol coloreaba el cielo con múltiples tonalidades de rojo y la niebla lo cubría prácticamente todo.

- ¡Estas no son horas! -se quejo Harry con la poca fuerza que tenia. David solo afirmo con las manos. El paseo hasta el vestuario fue silencioso. Se encontraron con Fred y George que tenían aun peor cara que ellos, saludándose a base de bostezos.

El resto del equipo de Gryffindor ya estaba en los vestuarios. El único que parecía realmente despierto era Wood. Fred y George se sentaron junto a Alicia Spinnet, de cuarto curso, que parecía que se estaba quedando dormida apoyada en la pared. Sus compañeras cazadoras, Katie Bell y Angelina Johnson, sentadas una junto a otra, bostezaban enfrente de ellos.

- Veamos, quiero deciros unas palabras antes de que saltemos al campo, porque me he pasado el verano diseñando un programa de entrenamiento completamente nuevo, que estoy seguro de que nos hará mejorar. -dijo Wood emocionado.

Wood sostenía un plano de un campo de quidditch, lleno de líneas, flechas y cruces en diferentes colores. Sacó la varita mágica, dio con ella un golpe en la tabla y las flechas comenzaron a moverse como orugas. En el momento en que Wood se lanzó a soltar el discurso sobre sus nuevas tácticas, a Fred Weasley se le cayó la cabeza sobre el hombro de Alicia Spinnet y empezó́ a roncar.

Le llevó casi veinte minutos a Wood explicar los esquemas de la primera tabla, pero a continuación hubo otra, y después una tercera. Harry se adormecía mientras el capitán seguía hablando y hablando.

- Bueno - dijo Wood al final, sacando a Harry de sus fantasías sobre los deliciosos manjares que podría estar desayunando en ese mismo instante en el castillo.- ¿Ha quedado claro? ¿Alguna pregunta?

- ¿Podemos volver a la cama? -le dijo David en voz baja a Angelina que se sonrió ligeramente.

- Yo tengo una pregunta, Oliver - dijo George, que acababa de despertar dando un respingo.- ¿Por qué no nos contaste todo esto ayer cuando estábamos despiertos?

A Wood no le hizo gracia.

- Escuchadme todos, - les dijo, con el entrecejo fruncido- tendríamos que haber ganado la copa de quidditch el año pasado. Éramos el mejor equipo con diferencia. Pero, por desgracia, y debido a circunstancias que escaparon a nuestro control...

Harry se removió en el asiento, con un sentimiento de culpa. Durante el partido final del año anterior, había permanecido inconsciente en la enfermería, con la consecuencia de que Gryffindor había contado con un jugador menos y había sufrido su peor derrota de los últimos trescientos años.

Wood tardó un momento en recuperar el dominio. Era evidente que la ultima derrota todavía lo atormentaba.

- De forma que este año entrenaremos más que nunca... ¡Venga, salid y poned en práctica las nuevas teorías! - gritó Wood, cogiendo su escoba y saliendo el primero de los vestuarios. Con las piernas entumecidas y bostezando, le siguió́ el equipo.

Habían permanecido tanto tiempo en los vestuarios, que el sol ya estaba bastante alto, aunque sobre el estadio quedaban restos de niebla. Cuando saltaron al terreno de juego, David vio a Ron y Hermione en las gradas. Avisó a Harry que se acerco a ellos.

- ¿Aún no habéis terminado? -preguntó Ron, perplejo.

- Aun no hemos empezado -respondió́ Harry, mirando con envidia las tostadas con mermelada que Ron y Hermione se habían traído del Gran Comedor.- Wood nos ha estado enseñando nuevas estrategias.

- Mas bien, nos ha soltado un rollo infumable al nivel de los de Binns. - dijo David.

- ¿En serio? -pregunto Ron con cara de incredulidad.

- Bueno quizás no tanto. Binns es insuperable. Pero se ha acercado mucho. -apuntilló Harry.

Montaron en la escoba y, dando una patada en el suelo, se elevaron en el aire. A Harry, el frío aire de la mañana, le azotaba el rostro, consiguiendo despertarle bastante más que la larga exposición de Wood. Dio una vuelta por el estadio a toda velocidad, haciendo una carrera con Fred y George mientras esquivaban las bludgers que les lanzaba David.

Llevaban cinco minutos de entrenamiento cuando Alicia dio un quejido.

- Wood, los Slytherin están aquí. -dijo acercándose al chico mientras señalaba a la entrada del campo.

- ¡No puedo creerlo! -dijo Wood indignado.- ¡He reservado el campo para hoy! ¡Veremos qué pasa!.

- Dame la orden y les mando una bludger. -comento David haciendo sonreír al capitán.

Wood se dirigió velozmente hacia el suelo. Debido al enojo aterrizó más bruscamente de lo que habría querido y al desmontar se tambaleó un poco. Harry, Fred y George lo siguieron.

- Flint, -gritó Wood al capitán del equipo de Slytherin- es nuestro turno de entrenamiento. Nos hemos levantado a propósito. ¡Así que ya podéis largaros!

Marcus Flint aun era más corpulento que Wood. Con una expresión de astucia digna de un trol, replicó:

- Hay bastante sitio para todos, Wood.

Angelina, Alicia y Katie también se habían acercado. No había chicas entre los del equipo de Slytherin, que formaban una piña frente a los de Gryffindor y miraban burlonamente a Wood. David llego al grupo después de meter la bludger en la caja.

- ¡Pero yo he reservado el campo! - dijo Wood, escupiendo la rabia.- ¡Lo he reservado!

- ¡Ah!, - dijo Flint- pero nosotros traemos una hoja firmada por el profesor Snape.

"Yo, el profesor S. Snape, concedo permiso al equipo de Slytherin para entrenar hoy en el campo de quidditch debido a su necesidad de dar entrenamiento al nuevo buscador."

- ¿Tenéis un buscador nuevo? - preguntó Wood, preocupado.- ¿Quien es?

Detrás de seis corpulentos jugadores, apareció un séptimo, más pequeño, que sonreía con su cara pálida y afilada: era Draco Malfoy.

- ¿No eres tú el hijo de Lucius Malfoy? - preguntó Fred, mirando a Malfoy con desagrado.

- Es curioso que menciones al padre de Malfoy. - dijo Flint, mientras el conjunto de Slytherin sonreía aun más- Déjame que te enseñe el generoso regalo que ha hecho al equipo de Slytherin.

Los siete presentaron sus escobas. Siete mangos muy pulidos, completamente nuevos, y siete placas de oro que decían «Nimbus 2.001» brillaron ante las narices de los de Gryffindor al temprano sol de la mañana.

- Ultimísimo modelo. Salió el mes pasado - dijo Flint con un ademán de desprecio, quitando una mota de polvo del extremo de la suya.- Creo que deja muy atrás la vieja serie 2.000. En cuanto a las viejas Barredoras, —sonrió mirando desdeñosamente a Fred, George y David, que sujetaban sendas Barredora 5- mejor que las utilicéis para borrar la pizarra.

Durante un momento, a ningún jugador de Gryffindor se le ocurrió qué decir. Malfoy sonreía con tantas ganas que tenia los ojos casi cerrados. Ron y Hermione cruzaban el césped para enterarse de qué pasaba.

- ¿Qué ha ocurrido? - preguntó Ron a Harry.- ¿Por qué no jugáis? ¿Y qué está haciendo ese aquí?- Miraba a Malfoy, vestido con su túnica del equipo de quidditch de Slytherin. - Soy el nuevo buscador de Slytherin, Weasley. - dijo Malfoy, con petulancia.- Estamos admirando las escobas que mi padre ha comprado para todo el equipo. Ron miró boquiabierto las siete soberbias escobas que tenia delante. - Son buenas, ¿eh? - dijo Malfoy con sorna.- Pero quizás el equipo de Gryffindor pueda conseguir oro y comprar también escobas nuevas. Podríais subastar las Barredora 5. Cualquier museo pujaría por ellas. El equipo de Slytherin estalló de risa.

- Pero en el equipo de Gryffindor nadie ha tenido que comprar su acceso - observó Hermione agudamente.- Todos entraron por su valía.

Del rostro de Malfoy se borró su mirada petulante.

- Nadie ha pedido tu opinión, asquerosa sangre sucia -espetó él.

Sus palabras provocaron de repente una reacción tumultuosa. Flint tuvo que ponerse rápidamente delante de Malfoy para evitar que Fred y George saltaran sobre él. Alicia gritó «¡Cómo te atreves!», y Ron se metió́ la mano en la túnica y, sacando su varita mágica, amenazó «¡Pagarás por esto, Malfoy!», y sacando la varita por debajo del brazo de Flint, la dirigió́ al rostro de Malfoy.

- ¿Otra vez Malfoy? ¿Que pasa que no te enseñe nada el otro día? -pregunto David interponiéndose entre Ron y el rubio.

- Un sangre sucia no puede enseñarme nada. -insistió Malfoy. La reacción de David fue instantánea.

- ¡Engorgio! -dijo apuntando a la cabeza de Malfoy. El hechizo le golpeó y la cabeza empezó a crecer a una velocidad alarmante. El resto del equipo de Slytherin sacaron sus varitas apuntando a David que de repente se vio rodeando de varias varitas que le defendían. El resto del equipo de Gryffindor junto a Hermione y Ron habían sacado sus varitas apuntándolas a los Slytherin. Estos al ver que estaban en inferioridad numérica, se marcharon del campo. Las risas de todos los leones llenaron el campo al ver como Malfoy tenia que pedir ayuda para sujetarse la cabeza, que había empezado a alcanzar un tamaño considerable.

- ¡Magnífico!. -exclamo Wood emocionado mientras todos felicitaban al metamorfomago haciendo que su pelo se volviera rojo. - ¡Venga volvamos al trabajo!.

Debido al buen humor que había provocado el agrandamiento de la cabeza de Malfoy, el entrenamiento salió mejor que nunca. Ron y Hermione vitoreaban en las gradas cada tanto de las cazadoras o acción de los gemelos y David. Wood los reunió en el centro del campo para practicar uno de los nuevos ejercicios que se le habían ocurrido.

- Vamos a dividirnos en dos grupos. En el primero estarán los gemelos Weasley con Harry.

- Nosotros cuidaremos de ti. -dijo Fred mientras se acercaban al moreno.

- ¡Eso es precisamente lo que no quiero que hagáis!. -grito Wood.- ¡Escuchad!. Quiero que os llevéis una bludger y la snitch. Harry, -dijo mirándole.- tu misión seguirá siendo la misma, pero vosotros -señalo a los gemelos- tenéis la misión de derribarle con la bludger. ¡Quiero que seáis implacables!. Con esto Harry aprenderá a esquivar cualquier bludger incluso cuando este totalmente concentrado en buscar o perseguir la snitch y vosotros dos os acostumbrareis a los cambios de ritmo y dirección de los buscadores. ¿Entendido? -dijo con voz autoritaria. Ninguno de los tres aludidos respondió, limitándose a realizar el ejercicio mandado.

- Nosotros seremos el segundo grupo. -dijo Wood.- El ejercicio es sencillo. Chicas, de una en una, tendréis que marcarme goles y tu, David tendrás que impedir como sea que ellas lo consigan. -cogió al chico por el hombro.- ¡Tampoco quiero piedad por tu parte!. ¡Vamos!

El ejercicio era difícil para David. No por nada Alicia, Katie y Angelina eran, sin discusión, las mejores cazadoras de todas. Parecía que habían nacido sabiendo como evitar las bludgers mejor golpeadas. Era impresionante ver sus tirabuzones y loopings. No había manera de pararlas. Era cierto que conseguía golpearlas alguna vez con la bludger pero no llegaba ni mucho menos a lo que el consideraba un porcentaje satisfactorio.

Wood acabo el entrenamiento satisfecho con todos, hecho que no dejo de reseñar Fred Weasley denominándolo una de las señales que indicaba el inminente Apocalipsis. Después de ducharse en los vestuarios, Harry y David, acompañados por Ron que comentaba entusiasmado alguna de las jugadas, se dirigieron hacia la sala común. Una ingente cantidad de deberes les esperaba. Al poner un pie en el vestíbulo, oyeron una voz.

- ¡Que casualidad! -dijo la profesora McGonagall.- Justo a los tres que estaba buscando. -al escuchar esto ninguno de los tres se creyó que McGonagall estuviera allí por casualidad.- Potter, Weasley, tendrán que cumplir esta noche sus respectivos castigos por su aventura voladora.

- ¿Que tendremos que hacer? -pregunto Ron temeroso.

- El señor Potter ayudara al profesor Lockhart a responder las cartas de sus admiradoras. -contesto McGonagall con un tono que daba a entender que era una absoluta perdida de tiempo.- Mientras el señor Weasley limpiara la Sala de Trofeos sin magia.

- ¿No podemos cambiárnoslo? -preguntaron con pánico los dos a la vez. En cualquier otro momento David se hubiera reído de la similitud, pero McGonagall había dicho que también le quería ver a el y eso no lo gustaba.

- ¡No!. El profesor Lockhart ha sido muy explicito en su petición. Quiere al señor Potter. -explico McGonagall.- Por cierto señor Manning, tengo entendido que ha habido un pequeño duelo entre usted y en el señor Malfoy en el campo de quidditch cuyo resultado ha sido el agrandamiento de la cabeza del señor Malfoy. ¿Me equivoco?.

- No profesora. -se sincero David.

- Como habrá podido suponer esto conlleva un castigo. Pero antes me gustaría conocer los motivos por los cuales se ha producido el duelo.

- ¡Llamo sangre sucia a Hermione, profesora! -salto Ron indignado. McGonagall se quedo mirando a David esperando la confirmación de este.

- Es cierto, profesora. El equipo de quidditch de Slytherin vino esta mañana a entrenar porque tenían una autorización del profesor Snape. Decía que necesitaban el campo porque tenían un nuevo buscador.

- El señor Malfoy. -aseveró McGonagall. Los tres asintieron con la cabeza.

- El desencadenante de todo fue que el equipo de Slytherin nos enseño las nuevas Nimbus 2001 que el padre de Malfoy había comprado para el equipo. Al ver esto, Hermione comento con brillantez que en Gryffindor nadie había tenido que comprar su acceso al equipo. Que todos se lo habían ganado por su valía. En ese momento Draco insultó a Hermione llamándola sangre sucia. Al escuchar esto, le lance el encantamiento agrandador. -explico David sin parpadear.

McGonagall se le quedo mirando con una mezcla de orgullo y enfado, o eso le pareció al metamorfomago.

- Por muy desagradable e hiriente que fuera el adjetivo usado por el señor Malfoy y por muy noble que fuera el acto de defender a una compañera; usted, señor Manning ha incumplido una de las normas del colegio. Por lo tanto, será castigado. Así pues, esta noche ayudara al señor Weasley en la limpieza de la Sala de Trofeos. Todos estáis llamados a las ocho en punto.

- Profesora, ¿será castigado el señor Malfoy? -pregunto Harry intentando buscar alguna causa de alivio.

- No lo se, señor Potter. Si hubiera estado presente, delo por seguro. Pero como no ha sido así, entra dentro de la jurisdicción del jefe de Slytherin el aplicar el correspondiente castigo. -dijo McGonagall para después darse la vuelta en dirección a la sala de profesores.

Los tres entraron al Gran Comedor con una mezcla de sensaciones entre el fastidio por el tipo castigo de cada uno y el hambre que tenían. Hermione les esperaba en la mesa de los leones leyendo "Un año con el Yeti" mientras comía.

- Filch me tendrá allí toda la noche - dijo Ron apesadumbrado.- ¡Sin magia! Debe de haber más de cien trofeos en esa sala. Y la limpieza muggle no se me da bien.

- Te lo cambiaría de buena gana - dijo Harry con voz apagada.- He hecho muchas prácticas con los Dursley. Pero responder a las admiradoras de Lockhart... será una pesadilla.

- Estoy con Harry. Prefiero limpiar los trofeos que aguantar a Lockhart y toda la cantidad de chorradas que tendrá preparada para soltarte. -dijo David con un escalofrio.- Además Ron, estaremos mano a mano. Seguro que lo haremos mas rápido.

- ¿Porque te han castigado a ti? -pregunto Hermione a David cerrando el libro.

- Por su éxito agrandando cabezas. -explicó Ron mientras atacaba el tercer plato de arroz con verduras.- McGonagall le ha castigado.

- Y eso que le ha parecido un acto... ¿como ha dicho? -pregunto Ron.

- Un acto muy noble ante unas palabras muy indignas e hirientes. –le recordó Harry.- Aunque a Malfoy no le van a castigar.

- ¿Y eso? -pregunto Hermione.

- Según McGonagall, al no estar presente en el momento de la infracción, ella no tiene capacidad de castigar a alguien que no sea de su casa. Lo tendría que hacer Snape. -explico David aburrido mientras buscaba una fuente de pate con la que untar su panecillo.

- Vamos que se libra. -apuntilló Harry.

- Si pero la imagen de Malfoy agarrándose su cabeza del tamaño de un aro del campo de quidditch no se me olvidara en la vida -dijo Ron mientras se reía a carcajadas.

- Oye Hermione, ¿donde esta Jess? -preguntó David.

- Terminando el trabajo sobre las mandrágoras. -respondió la morena.- ¿Vamos esta tarde a ver a Hagrid? - los tres respondieron afirmativamente.

- No se como has llegado al metro y medio de redacción sobre las mandrágoras con tu letra enana. -decía Jess a Hermione mientras los cinco caminaban hacia la cabaña de Hagrid.- He conseguido llegar justa a los 75 centímetros que pedía la profesora Sprout.

- ¡Oh, por favor!. ¡Es sábado! ¿Queréis dejar por un instante de hablar de deberes? -dijo David haciéndose el molesto. La dos chicas le asesinaron con la mirada.

Para suerte del metamorfomago ya llegaban a la cabaña. Harry se adelanto y llamo a la puerta con dos golpes en la madera.

- ¡Ya voy! -se oyó una voz retumbante dentro. Hagrid abrió la puerta y sus ojos negros se iluminaron al ver a los cinco.- ¡Hola chicos!. ¿Que tal? Pensaba que ibais a venir esta mañana.

- Hola Hagrid. -respondió Jess por todos mientras entraban. Al oír a la chica Fang se levanto y empezó a dar vueltas alrededor de la chica. Todos rieron ante esta situación, a pesar de estar mas que acostumbrados a ella.

- Cada vez que te ve se comporta como si volviera a ser un cachorrillo. -comentó Hagrid complacido. -¿Por que os habéis retrasado?.

Harry y Ron contaron a grandes rasgos lo que había pasado con Malfoy. Cuando llegaron a la parte de la sangre sucia, Hagrid soltó un gruñido de enfado.

- ¿Y que hicisteis? -pregunto el semigigante.

- Le agrandé la cabeza. -contesto David con la misma naturalidad con la que hablaría sobre lo que desayuna por la mañana. La carcajada de Hagrid al escuchar esto resonó por toda la cabaña haciendo que algunos objetos temblaran.

- Bien hecho. -dijo Hagrid mientras la daba una palmadita en la espalda. Palmadita con la que casi tumba hacia delante al chico.- ¿Qué tal las clases?

- En general bien. Pero Lockhart es insufrible. -comentó Harry con desagrado cuando recordó el castigo.

- Se lo que es eso. -dijo Hagrid torciendo el gesto.- Me le he encontrado esta mañana mientras estaba limpiaba el pozo de duendes. Quería enseñarme como hacerlo. Además me soltó un rollo infumable sobre sus aventuras. Si ha hecho algo de lo que dice en esos libros, me como a Fang. -dijo mirando al perro que estaba anestesiado mientras Jess le acariciaba en la cabeza.

- Creo que sois injustos. Obviamente, el profesor Dumbledore ha juzgado que era el mejor para el puesto y... –le defendió Hermione.

- Era el único para el puesto - repuso Hagrid. Y quiero decir el único. Es muy difícil encontrar profesores que den Artes Oscuras, porque a nadie le hace mucha gracia. Da la impresión de que la asignatura está maldita. Ningún profesor ha durado mucho.

- Al menos una buena noticia. -comentó Jess.- Nos lo quitaremos al final de curso.

- ¡O incluso antes!. Quirrell no duró todo el curso. -recordó Ron esperanzado.

- ¡Fijaos que hora es! -exclamo Hermione viendo el reloj de madera de Hagrid.- ¿Vosotros no tenéis el castigo a las ocho?

- ¡Es verdad! -exclamo Harry.- Bueno Hagrid tenemos que irnos, volveremos otro día.- Los cinco se levantaron y salieron por la puerta.

- Podéis volver cuando queráis, ya lo sabéis.

Al llegar al castillo, eran las ocho menos diez así que se dividieron casi sin despedirse. Ron y David llegaron a la Sala de Trofeos donde les esperaba Filch que sonreía.

- ¡Bueno, pequeños gamberros!. Tenemos toda la noche. Así que quiero que limpiéis a conciencia cada trofeo, no saldréis de aquí hasta que yo compruebe que se ha hecho como se debe. -se acerco a ellos y les dio a cada uno un trapo y un frasco de limpiametales.

Era el trabajo mas tedioso del mundo. David estaba acostumbrado a limpiar en su casa pero lo hacia mientras escuchaba música, lo cual era bastante más llevadero. Además Filch nunca les daba el visto bueno hasta que no pudiera verse reflejada en cada uno de los trofeos.

- ¡Vándalos!. -grito cuando oyó un estruendo en una de las clases de la planta. -Debe de ser Peeves, querida mía. -dijo a la Señora Morris.- Bien pequeñas ratas, ¡seguid limpiando!. Tengo que ir a investigar que ha hecho ese poltergeist. -David y Ron esbozaron una pequeña sonrisa.- No os riais tanto, la Señora Norris se quedará vigilando. Todo lo que hagáis y lo que no hagáis en mi ausencia lo sabré cuando vuelva. -dijo amenazándolos con la fregona. Se dio la vuelta y salió de la Sala de Trofeos.

La gata de Filch se había quedado allí firme como una estatua y los vigilaba con un celo inusitado. Sus ojos gatunos brillaban con ansia, como si esperara que los chicos hicieran algo mal.

- ¡Mira Ron! -exclamó David mientras señalaba una foto de un equipo de quidditch.- ¡Tenemos que enseñárselo a Harry! - Ron se acercó y vio la foto y la placa negra que señalaba David. En la placa estaba escrito con letras rojas y doradas brillantes:

Campeón de la Copa de Quidditch de 1975: Gryffindor.

Cazadores: James Potter, Katherine Mungs, Layla Dirroh.

Guardián: Kevin Fether.

Golpeadores: Gideon Prewett, Fabian Prewett.

Buscadora: Sophia Moody

- ¡Está el padre de Harry!. ¡Y mis tíos!. ¡Y una hermana de Ojoloco!. -exclamó Ron mientras iba leyendo los nombres.

- ¿Tus tíos? ¿Ojoloco? -preguntó David.

- Fabian y Gideon Prewett eran hermanos de mi madre. Fueron asesinados por cinco mortifagos durante el régimen de Quien-tu-sabes. Mi madre siempre dice que los gemelos han salido a ellos. -explico Ron mientras miraba con ojos brillantes como sus tíos alzaban los bates en la foto.

- En lo de ser golpeadores seguro. -apuntó David.

- Y en las bromas, también. Papa siempre cuenta que le volvían loco cada vez que iba a visitar a mama a su casa.

- ¿Quien es Ojoloco? -preguntó leyendo el nombre de la buscadora.

- Es un auror. Cazador de magos oscuros. -explicó al ver la cara de desconcierto de David. - La mitad de los que están en Azkaban los capturó el. Le llaman Ojoloco por que tiene un ojo mágico, pero no sabía que tenia una hermana.

Era tan tarde que la sala común de Gryffindor estaba prácticamente vacía y Ron y David se fueron derecho al dormitorio. Harry no había regresado todavía. Se pusieron el pijama y se echaron en la cama a esperar. Mientras tanto Ron le contaba a David cosas sobre sus tíos. Media hora después llegó Harry, con el brazo derecho dolorido y una cara que ninguno supo reconocer a que podía deberse.

- ¿Que tal con Lockhart? -pregunto Ron.

En voz baja, para no despertar a Neville, Dean y Seamus, Harry le contó a los dos con toda exactitud lo que había pasado. Resumió la parte del correo con un "una maldita tortura" y paso a contar lo de la voz en las paredes.

- ¿Y Lockhart dijo que no había oído nada? -preguntó Ron. A la luz de la luna, Harry podía verle fruncir el entrecejo.-¿Piensas que mentía? Pero no lo entiendo... Aunque fuera alguien invisible, tendría que haber abierto la puerta.

- Lo sé -dijo Harry, recostándose en la cama y contemplando el dosel.- Yo tampoco lo entiendo.

- Bueno, lo de Lockhart no debería de sorprenderos. No es precisamente una mente brillante. -dijo David mientras bostezaba. Harry y Ron sonrieron mientras cerraban las cortinas con dosel y se arropaban para dormir.

Comentarios.

Hola a todos los que estéis por ahí. Espero que os estén gustando los capítulos. Yo por lo menos me divierto mucho escribiéndolos.

Gracias a Yessica por su review de la historia y no, no dejaste un review en el fic del año uno, jajaja. Respecto a tu pregunta sobre con quien voy a dejar a Harry, la verdad es que no la entiendo muy bien. Si te refieres al tema amoroso-festivo será como en los libros, primero Cho y luego Ginny. No habrá cambios en eso. Si era otra cosa, vuelve a preguntar. XD

Como veis queria hacer un pequeño homenaje a ciertos personajes que aparecen solo de pasada en los libros como son los gemelos Prewett o de los cuales no sabemos mucho como Moody. ¿Que os ha parecido que Ojoloco tuviera una hermana?

Un bratzo, xotug.