Capitulo 10. Sospechas.

Ginny Weasley, que se sentaba junto a Colin Creevey en la clase de Encantamientos, estaba consternada, pero Fred y George se equivocaban en la manera de animarla. Se turnaban para esconderse detrás de las estatuas, disfrazados con una piel, y asustarla cuando pasaba.

- ¡A ver, panda de tarugos! -exclamaron David y Jess a la vez apuntando con su varita a los gemelos Weasley.- ¡Dejadla en paz!

- ¡Petrificus totalus! -exclamo dos veces la chica cabreada. Los gemelos esquivaron los hechizos y salieron corriendo mientras se reían. - ¡La próxima vez no fallare! -les grito.

- ¿Estas bien Ginny? -pregunto David mientras veía como empezaban a notarse los efectos del diario. Tenia mas ojeras y su piel estaba un poco mas pálida. El chico frunció el ceño preocupado.

Durante la segunda semana de diciembre, la profesora McGonagall pasó, como de costumbre, a recoger los nombres de los que se quedarían en el colegio en Navidades. Harry, Ron y Hermione firmaron en la lista; habían oído que Malfoy se quedaba, lo cual les pareció muy sospechoso.

- ¿Os quedáis este año? -preguntaron a David y Jess.

- No, este año nos vamos a casa. Ya disfrutamos el año pasado de una Navidad al estilo Hogwarts y queremos pasar esta con la familia. -respondió Jess. David tuvo que hacer un gran esfuerzo para evitar que se notara en la cara que le había emocionado que la chica le considerara su familia.

- Lo que tenemos que hacer -dijo animadamente Hermione, cuando se acercaba la doble clase de Pociones de la tarde del jueves- es distraerle con algo. Entonces uno de nosotros podrá entrar en el despacho de Snape y coger lo que necesitamos. -Harry y Ron la miraron nerviosos.

- ¿Acabo de oír que hay un plan para montar follón en clase de Snape? -preguntó David interesado por lo que escuchaba.

- Mejor me voy. -dijo Jess dándose la vuelta dirigiéndose a la habitación de las chicas.

Harry, Ron y Hermione miraron a David con expresión de interés. No había que ser muy listo para adivinar que estaban pensando en usar al metamorfomago como conejillo de indias. Obviamente, David lo sabia pero era mas seguro que fuera el quien montara el follón, que arriesgar lo mas mínimo a que castigaran alguno de los tres.

- ¿Quieres echarnos una mano? -pregunto Ron sonriendo.

Las clases de Pociones se impartían en una de las mazmorras más espaciosas. Aquella tarde de jueves, la clase se desarrollaba como siempre. Dos docenas de calderos humeaban entre los pupitres de madera, en los que descansaban balanzas de latón y jarras con los ingredientes. Snape rondaba por entre los fuegos, haciendo comentarios envenenados sobre el trabajo de los de Gryffindor, mientras los de Slytherin se reían a cada critica. Draco Malfoy, que era el alumno favorito de Snape, hacia burla con los ojos a Ron y Harry. David esperaba una señal de Hermione para empezar a actuar. Cuando Snape estaba revisando el extraño contenido del caldero de Neville y empezaba a echarle la bronca al pobre chico, Hermione le miro y con un gesto de la cabeza le dio vía libre.

Agachándose rápidamente, sacó la bengala del Doctor Filibuster que le había pedido a Lee Jordán por la mañana. La encendió con un disimulado golpe de varita y sin perder tiempo la lanzo. La bengala voló describiendo una parábola y aterrizo con un sonoro ¡plop! en el caldero de Goyle.

La poción de Goyle estalló, rociando a toda la clase. Los alumnos chillaban cuando los alcanzaba la pócima infladora. A Malfoy le salpicó en toda la cara, y la nariz se le empezó a hinchar como un balón; Goyle andaba a ciegas tapándose los ojos con las manos, que se le pusieron del tamaño de platos soperos, mientras Snape trataba de restablecer la calma y de entender qué había sucedido. A pesar de que David había tenido tiempo de sobra para esconderse detrás del caldero y así evitar las salpicaduras de la poción, prefirió que le afectara ligeramente en las manos para así evitar sospechas por parte de Snape, que en estos momentos se dirigía hacia un pequeño armario al fondo de la mazmorra en busca del antídoto.

- ¡Silencio! ¡SILENCIO! -gritaba Snape.- Los que hayan sido salpicados por la poción, que vengan aquí para ser curados. Y cuando averigüe quién ha hecho esto...

David, que ya había recibido el antídoto, intentó contener la risa cuando se cruzo con Malfoy, que se apresuraba hacia la mesa del profesor, con la cabeza caída a causa del peso de la nariz, que había llegado a alcanzar el tamaño de un pequeño melón. Mientras la mitad de la clase se apiñaba en torno a la mesa de Snape, unos quejándose de sus brazos del tamaño de grandes garrotes, y otros sin poder hablar debido a la hinchazón de sus labios, Harry vio que Hermione volvía a entrar en la mazmorra, con un bulto debajo de la túnica y levantando el dedo pulgar en dirección a David como señal de que todo había salido bien.

Cuando todo el mundo se hubo tomado un trago de antídoto y las diversas hinchazones remitieron, Snape se fue hasta el caldero de Goyle y extrajo los restos negros y retorcidos de la bengala. Se produjo un silencio repentino.

- Si averiguo quién ha arrojado esto, -susurró Snape- me aseguraré de que lo expulsen.

David comprobó sin sorprenderse como Snape no le quitaba el ojo de encima a Harry en los diez minutos que quedaban de clase. En cuanto estuvieron lejos de Snape, Harry, Ron y David chocaron las manos con satisfacción.

- Nos ha salido redondo. -dijo Ron entusiasmado.

- Y tanto, Snape no ha dejado de sospechar de mi en el resto de la clase. - se rio Harry.

- Nada novedoso, entonces. -interrumpió Hermione.- Por cierto, chicos tenemos que seguir. -dijo con un leve cambio en el tono de voz.

Harry, Ron y Hermione entraron en el baño de Myrtle para terminar de añadir los últimos ingredientes a la poción multijugos.

- ¿Por que no le hemos contado nada a David?. Nos ha ayudado a conseguir lo que nos faltaba. -apunto Ron.

- Y el año pasado, recupero mi capa invisible de la torre de Astronomía y nos ayudo con Neville la noche en que fuimos a detener a Quirrell. -añadió Harry haciendo memoria.

- Creo que es justo que sepa lo que hacemos. -reafirmo Ron. Hermione les miró a los dos un momento antes de seguir echando la piel de serpiente arbórea africana en la poción que burbujeaba intensamente.

- Haced lo que creáis oportuno. Esperemos no tener que atenernos a las consecuencias. -reflexiono Hermione con cara de preocupación.

Los tres salieron del baño de Myrtle a intervalos espaciados para no levantar sospechas. Entraron en la sala común decididos, por lo menos Harry y Ron a hacer participes a David de sus planes. Se lo encontraron rellenando un mapa de Astronomía del planeta Marte.

- Hola chicos. -dijo David al verlos acercarse a el.- Oye Hermione, échame una mano. De las dos lunas de Marte, Fobos y Deimos, ¿cual es la mas exterior de las dos?.

- Deimos. -respondió la chica sin dudar. David cogió la pluma y escribió el nombre en el lugar correspondiente.

- David, queríamos hablar contigo. -comento Harry. El chico enrollo el pergamino y levanto la cabeza para mirar al moreno.

- Vosotros diréis. -dijo estirándose en la silla.

- Bien... lo que queríamos decirte... es... por lo que hemos montado follón en clase de Snape. -reconoció Ron.

- Ron, no quiero saber nada. Se que tiene algo que ver con una poción y que no creo que sea precisamente una de las legales, si para ello necesitabais un libro de la Sección Prohibida y montar una distracción para que Hermione entrara en el armario privado de Snape. -dijo David bajando la voz. Los tres le miraron sorprendidos.

- ¿Y no te pica la curiosidad? -pregunto Harry impactado.

- Sin duda. -confeso David.- Pero si nos pillan a alguno y empiezan a unir los puntos, yo prefiero no saber nada. Así, si me preguntan, solo me pueden castigar por haber tirado una bengala en clase de Snape. Protección.

Hermione le miro impresionada por lo acertado de su razonamiento. Era una magnifica forma de evitarse problemas.

- ¿Por que os creéis que Jess se fue antes cuando lo comentasteis y que no me ha preguntado nada de lo que ha pasado en Pociones? -inquirió David. - Además, así ya me debéis dos favores: el de la capa y este otro. -termino soltando una risotada. Se levanto de la mesa recogiéndolo todo.

- Si me disculpáis, tengo un negocio que atender. -dijo subiendo las escaleras hacia la habitación de los chicos dejando al trio dorado con mucho sobre lo que pensar.

- Es acojonante. -comento Ron en cuanto David desapareció por la escalera.- ¿Como lo hace para enterarse de todo?

- Nos debió ver el día que fuimos a por el Moste Potente Potions. -reflexiono Hermione.- Y la verdad, su forma de encararlo es muy inteligente. Nos ahorra problemas a todos.

- ¿A todos? -pregunto Harry mirándola de lado.

- Claro. Estoy segura de que si le contamos todo querría acompañarnos. Este tipo de cosas cuantas mas gente la sepa, mas posibilidades de que se descubra.

Una semana más tarde, Harry, Ron y Hermione cruzaban el vestíbulo cuando vieron a un puñado de gente que se agolpaba delante del tablón de anuncios para leer un pergamino que acababan de colgar. Seamus Finnigan y Dean Thomas les hacían señas, entusiasmados.

- ¡Van a abrir un club de duelo! -dijo Seamus.- ¡La primera sesión será esta noche! No me importaría recibir unas clases de duelo, podrían ser útiles en estos días...

- ¿Por qué? ¿Acaso piensas que se va a batir el monstruo de Slytherin? - preguntó Ron, pero lo cierto es que también él leía con interés el cartel.

- Podría ser útil - les dijo a Harry y Hermione cuando se dirigían a cenar.- ¿Vamos?

Harry y Hermione se mostraron completamente a favor, así que aquella noche, a las ocho, se dirigieron deprisa al Gran Comedor. Las grandes mesas de comedor habían desaparecido, y adosada a lo largo de una de las paredes había una tarima dorada, iluminada por miles de velas que flotaban en el aire. El techo volvía a ser negro, y la mayor parte de los alumnos parecían haberse reunido debajo de él, portando sus varitas mágicas y aparentemente entusiasmados.

- Me pregunto quién nos enseñará - dijo Hermione, mientras se internaban en la alborotada multitud.- Alguien me ha dicho que Flitwick fue campeón de duelo cuando era joven, quizá́ sea él.

- Por desgracia para todos, he visto a Lockhart acercarse hacia el Gran Comedor varita en mano. -comento Jess apareciendo de la nada a la derecha de Ron.

- Y yo tengo mejores noticias. -ironizó David que asomo su cabeza entre los dos chicos.- Le acompaña el amigo de todos, Snape.

El bufido de Harry acompañó la entrada de los dos profesores al Gran Comedor. Lockhart rogó silencio con un gesto del brazo y dijo:

- ¡Venid aquí, acercaos! ¿Me ve todo el mundo? ¿Me oís todos? ¡Estupendo! El profesor Dumbledore me ha concedido permiso para abrir este modesto club de duelo, con la intención de prepararos a todos vosotros por si algún día necesitáis defenderos tal como me ha pasado a mí en incontables ocasiones. Permitidme que os presente a mi ayudante, el profesor Snape —dijo Lockhart, con una amplia sonrisa—. Él dice que sabe un poquito sobre el arte de batirse, y ha accedido desinteresadamente a ayudarme en una pequeña demostración antes de empezar. Pero no quiero que os preocupéis los más jóvenes: no os quedareis sin profesor de Pociones después de esta demostración, ¡no temáis!

- ¿No estaría bien que se mataran el uno al otro? - susurró Ron a Harry al oído.

- Mi sueño hecho realidad. -comentaron Jess y David que también habían oído a Ron.

En el labio superior de Snape se apreciaba una especie de mueca de desprecio. Harry se preguntaba por qué Lockhart continuaba sonriendo; si Snape lo hubiera mirado como miraba a Lockhart, habría huido a todo correr en la dirección opuesta. Lockhart y Snape se encararon y se hicieron una reverencia. O, por lo menos, la hizo Lockhart, con mucha floritura de la mano, mientras Snape movía la cabeza de mal humor. Luego alzaron sus varitas mágicas frente a ellos, como si fueran espadas.

- Como veis, sostenemos nuestras varitas en la posición de combate convencional -explicó Lockhart a la silenciosa multitud.- Cuando cuente tres, haremos nuestro primer embrujo. Pero claro está que ninguno de los dos tiene intención de matar.

- Yo no estaría tan seguro - susurró Harry, viendo a Snape enseñar los dientes.

- Una..., dos... y tres. Ambos alzaron las varitas y las dirigieron a los hombros del contrincante. Snape gritó: ¡Expelliarmus!

Resplandeció un destello de luz roja, y Lockhart despegó en el aire, voló hacia atrás, salió de la tarima, pegó contra el muro y cayó resbalando por él hasta quedar tendido en el suelo.

- Nunca pensé que diría esto pero Snape se merecería un aplauso. -comento Seamus.

- Estoy de acuerdo. -apunto Lee Jordán.

- Este hechizo me lo apunto. -exclamo David sonriendo.

- ¡Fijaos! -exclamo Jess.

- No me digas que se ha despeinado, por que no me lo creo. -dijo Fred interrumpiendo a la chica, provocando risas ahogadas.

- No tiene la varita. -apunto la chica señalando hacia un punto a los pies de Lavender.

Lockhart se puso de pie con esfuerzo. Se le había caído el sombrero y su pelo ondulado se le había puesto de punta.

- ¡Bueno, ya lo habéis visto! -dijo, tambaleándose al volver a la tarima.- Eso ha sido un encantamiento de desarme; como podéis ver, he perdido la varita... ¡Ah, gracias, señorita Brown! Sí, profesor Snape, ha sido una excelente idea enseñarlo a los alumnos, pero si no le importa que se lo diga, era muy evidente que iba a atacar de esa manera. Si hubiera querido impedírselo, me habría resultado muy fácil. Pero pensé que seria instructivo dejarles que vieran...

- Si claro, y yo el año pasado aprobé Pociones. -dijo Neville en voz baja a Jess. David le miro sorprendido. No se había dado cuenta pero el chico había empezado a ganar en confianza en si mismo. Es cierto que durante las clases con Snape siempre se sentía intimidado, pero el resto del tiempo empezaba a demostrar cosas.

Lockhart noto que Snape parecía dispuesto a matarlo porque dijo:

- ¡Basta de demostración! Vamos a colocaros por parejas. Profesor Snape, si es tan amable de ayudarme...

Lockhart se acerco a ellos ondeando su túnica y recolocándose el pelo.

- Señorita Quake, usted se colocara con el señor Manning. Espero que su amistad no le impida actuar como si fuera un duelo de verdad. -Jess se limitó a asentir con la cabeza y empezó a alejarse de David la distancia necesaria para el duelo.

- ¡Poneos frente a vuestros contrincantes - dijo Lockhart, de nuevo sobre la tarima- y haced una inclinación!

David y Jess inclinaron la cabeza sin dejar de vigilarse, ninguno de los dos tenia intención de perder.

- ¡Varitas listas! - gritó Lockhart.- Cuando cuente hasta tres, ejecutad vuestros hechizos para desarmar al oponente. Sólo para desarmarlo; no queremos que haya ningún accidente. Una, dos y... tres.

Jessica y David se pusieron en guardia y pasaron unos segundos de tanteo. De repente, Jess miró a los ojos a David y le sonrió. El metamorfomago, al ver esto, perdió un segundo la concentración y cuando volvió a centrarse en el duelo escucho: - ¡Expelliarmus!

El rayo rojo salió de la varita de Jessica y golpeó a David sin que tuviera tiempo de esquivarlo. El chico salió volando hacia atrás mientras su varita lo hacia justo en la dirección opuesta. David cayó golpeándose la pierna derecha contra la fría roca. Se incorporó a duras penas quedándose sentado en el suelo mientras intentaba enfocar su visión borrosa debido al golpe. Jess se acercó a él con las dos varitas en la mano derecha. Riéndose le ayudó a levantarse y le devolvió su varita.

- Creo que te he ganado. -dijo risueña.

- Si, pero ese truco no te volverá a funcionar. -dijo David ligeramente molesto.

- ¿Te ha molestado que te ganara? -preguntó Jess.

- No. -respondió rápidamente el chico. Era una verdad a medias. No le molestaba que Jess le hubiera ganado. En realidad, estaba molesto consigo mismo por haber caído en un trampa tan burda.

Cuando regresaron con el resto de los alumnos, vieron como Lockhart estaba intentando enseñar a Harry a desviar hechizos.

- Veamos, Harry, - dijo Lockhart- cuando Draco te apunte con la varita, tienes que hacer esto.

Levantó la varita, intentó un complicado movimiento, y se le cayó al suelo. Snape sonrió y Lockhart se apresuró a recogerla, diciendo:

- ¡Vaya, mi varita está un poco nerviosa!

Snape se acercó a Malfoy, se inclinó y le susurró algo al oído. Malfoy también sonrió. Harry miró asustado a Lockhart y le dijo:

- Profesor, ¿me podría explicar de nuevo cómo se hace eso de interceptar?

- ¿Asustado? - murmuró Malfoy, de forma que Lockhart no pudiera oírle.

- Eso quisieras tú - le dijo Harry torciendo la boca. Lockhart dio una palmada amistosa a Harry en el hombro. - ¡Simplemente, hazlo como yo, Harry!

- ¿El qué?, ¿dejar caer la varita?. Pero Lockhart no le escuchaba.

- Tres, dos, uno, ¡ya! - gritó. Malfoy levantó rápidamente la varita y bramó: - ¡Serpensortia!

Hubo un estallido en el extremo de su varita. Harry vio, aterrorizado, que de ella salía una larga serpiente negra, caía al suelo entre los dos y se erguía, lista para atacar. Todos se echaron atrás gritando y despejaron el lugar en un segundo.

- No te muevas, Potter - dijo Snape sin hacer nada, disfrutando claramente de la visión de Harry, que se había quedado inmóvil, mirando a los ojos a la furiosa serpiente. -Me encargaré de ella...

- ¡Permitidme! - gritó Lockhart. Blandió su varita apuntando a la serpiente y se oyó un disparo: la serpiente, en vez de desvanecerse, se elevó en el aire unos tres metros y volvió a caer al suelo con un chasquido. Furiosa, silbando de enojo, se deslizó derecha hacia Finch-Fletchley y se irguió de nuevo, enseñando los colmillos venenosos.

Harry no supo por qué lo hizo, ni siquiera fue consciente de ello. Sólo percibió que las piernas lo impulsaban hacia delante como si fuera sobre ruedas y que gritaba absurdamente a la serpiente: «¡Déjale!» Y milagrosa e inexplicablemente, la serpiente bajó al suelo, tan inofensiva como una gruesa manguera negra de jardín, y volvió los ojos a Harry. A éste se le pasó el miedo. Sabía que la serpiente ya no atacaría a nadie, aunque no habría podido explicar por qué lo sabía. Sonriendo, miró a Justin, esperando verlo aliviado, o confuso, o agradecido, pero ciertamente no enojado y asustado.

- ¿A qué crees que jugamos? - gritó, y antes de que Harry pudiera contestar, se había dado la vuelta y abandonaba el salón. Snape se acercó, blandió la varita y la serpiente desapareció en una pequeña nube de humo negro.

- Seguidme. -les dijo Hermione a David y a Jess. Los dos siguieron a la castaña y se unieron con ella a Harry y Ron. El pelirrojo arrastraba a Harry que era la viva imagen del desconcierto. Nadie abrió la boca hasta llegar a la sala común de Gryffindor, que estaba vacía. Entonces Ron sentó a Harry en una butaca y le dijo:

- Hablas pársel. ¿Por qué no nos lo habías dicho?

- ¿Que hablo qué? - dijo Harry.

- ¡Pársel! - dijo Ron.- ¡Puedes hablar con las serpientes!

- Lo sé - dijo Harry.- Quiero decir, que ésta es la segunda vez que lo hago. Una vez, accidentalmente, le eché una boa constrictor a mi primo Dudley en el zoo... Es una larga historia... pero ella me estaba diciendo que no había estado nunca en Brasil, y yo la liberé sin proponérmelo. Fue antes de saber que era un mago...

- ¿Entendiste que una boa constrictor te decía que no había estado nunca en Brasil? - repitió Ron con voz débil.

- ¿Y qué? - preguntó Harry.- Apuesto a que pueden hacerlo montones de personas.

- ¡Eso! ¿Que mas da que Harry hable con las serpientes?. Se supone que somos magos, debe de ser habitual. -defendió Jess a Harry que la miro agradecido.

- Desde luego que no - dijo Ron.- No es un don muy frecuente. No es bueno.

- ¿Que no es bueno? - dijo Harry, comenzando a enfadarse. - ¿Qué le pasa a todo el mundo? Mira, si no le hubiera dicho a esa serpiente que no atacara a Justin...

- ¿Eso es lo que le dijiste? -pregunto Ron.

- ¿Qué pasa? Tú estabas allí... Tú me oíste. –se defendió Harry.

- Hablaste en lengua pársel, - le dijo Ron- la lengua de las serpientes. Podías haber dicho cualquier cosa. No te sorprenda que Justin se asustara, parecía como si estuvieras incitando a la serpiente, o algo así́. Fue escalofriante.

- A ver... a ver... a ver... -dijo David en voz alta sobresaltando a todos.- Hagamos memoria un momento de lo que ha pasado, ¿de acuerdo?. -pregunto a todos.- Empiezo yo y si se me pasa algo lo decís.

David carraspeó ligeramente y comenzó a hablar.

- Esto comienza con que Malfoy invoca una serpiente con su varita mágica. Todos de acuerdo, ¿no? -los cuatro afirmaron con la cabeza.- Entonces el tarugo de Lockhart en vez de chamuscarla, congelarla o hacerla desaparecer... la manda por los aires y, como es obvio, cuando la serpiente aterriza en el suelo esta de mal humor. ¿Correcto?.

- Si, pero no llames tarugo al profesor Lockhart. -exclamo Hermione con voz chillona.- Ha sido un pequeño error.

- Otro para añadir a la lista. No va a ver ni tinta de pergamino para apuntarlos todos. -bromeo Jess intentando aligerar el ambiente. Harry y Ron sonrieron ligeramente al escuchar esto.

- Seguimos. La serpiente encara a Justin en posición de ataque y con los colmillos dispuestos para morder. Y es, en ese preciso instante, cuando Harry hace ese sonido tan raro que vosotros afirmáis que es pársel.

- Que por cierto, se parece mucho a lo que hace el padre de David cuando se atraganta con un langostino. -interrumpió Jess. David se echo reír al escuchar esto porque era verdad.

- Bueno, dejando de la lado a mi padre. Cuando Harry habla en pársel, la serpiente se calma y se queda mas mansa que la lechuza de Jess. -finalizó David. Hermione se acerco a el y le puso la mano en el hombro.

- Tienes toda la razón David. Pero el resto del colegio no va a analizar tan fríamente lo que ha ocurrido y se va a quedar nada mas con que Harry habló con la serpiente. -dijo Hermione.

- ¿Me quieres decir qué hay de malo en impedir que una serpiente grande y asquerosa arranque a Justin la cabeza de un mordisco? -preguntó.- ¿Qué importa cómo lo hice si evité que Justin tuviera que ingresar en el Club de Cazadores Sin Cabeza?

- Sí importa, - dijo Hermione en un susurro- porque Salazar Slytherin era famoso por su capacidad de hablar con las serpientes. Por eso el símbolo de la casa de Slytherin es una serpiente. Harry se quedó boquiabierto.

- Exactamente -dijo Ron.- Y ahora todo el colegio va a pensar que tú eres su tatara-tatara-tatara-tataranieto o algo así.

- Pero no lo soy - dijo Harry, sintiendo un inexplicable terror.

- Te costará mucho demostrarlo - dijo Hermione.- Él vivió hace unos mil años, así́ que bien podrías serlo.

- Hay algo peor que eso. -dijo Jess lívida.- Antes, que eras el heredero de Slytherin y, por tanto, quien ha abierto la Cámara de los Secretos; era solo un rumor. Ahora, tras lo de esta noche, todo el colegio lo va a considerar un hecho.

- ¿Y eso es un problema? -pregunto David provocando el shock de todos.

- ¿Cómo dices David?. -inquirió Ron alucinado por lo que acababa de escuchar.-

- Lo que has oído Ron. A mi me da tranquilidad, si es que es cierto que Harry es el heredero de Slytherin. Ahora si que puedo ir por los pasillos tranquilo, por que se que Harry no me va a atacar, ¿verdad amigo?. -dijo abrazándole en un intento de que se sintiera mejor. Harry sonrió levemente intentando ocultar la presión que tenia en el pecho.

Comentarios.

Como veis David sigue con su plan de permanecer en la sombra ayudando al trio dorado. Y... la verdad... no hay mucho mas que comentar de este capitulo. Aunque espero que, vosotros fieles lectores, le saquéis punta a todo y me lo comentéis.

Un bratzo, xotug.