Capitulo 11. Sentimientos.

El tren que llevaba a los alumnos de Hogwarts de vuelta a sus casas para pasar la Navidad iba casi tan lleno como en el viaje de inicio de curso. Entre los Gryffindor apenas se habían quedado en el colegio Harry, Ron, Hermione y los Weasley.

David y Jess iban en uno de los vagones centrales del tren. Compartían compartimento con Hannah, Terry, Ernie y Neville. Como no podía ser de otra manera el único tema de discusión eran los ataques a alumnos y fantasmas.

- Seamos serios chicos. -intento razonar David con los demás.- Si Dumbledore no ha creído que Harry sea el responsable; como nosotros que sabemos mucho menos que el tenemos el descaro de acusarle.

- Por favor, no seas ciego David. -respondió Ernie.- Conoces las pruebas tan bien como nosotros. La gata de Filch le molesta y cae la primera; Colin no deja de perseguir a Harry, el siguiente; Justin provoca indirectamente que todos sepamos que Harry habla pársel...

- ¿Y Nick? -pregunto Jess apoyando la teoría de David.- Porque no creo que ni siquiera tu, Ernie, seas capaz de encontrar una razón para ese ataque.

- Podría estar en el momento y lugar equivocados. -contesto el chico.

- No sabes la suerte que ha tenido Justin. Si no fuera porque Nick estaba allí, ahora tendríamos un cadáver y no una estatua de piedra. -pensó David.

- Lo del pársel tampoco prueba nada. -continuo Jess.

- ¿Que quieres decir Jessica? -pregunto Terry.

- Es sencillo. El pársel es solo una habilidad de una persona, es como el jugar bien al quidditch o ser bueno en Trasformaciones. Por si sola, no significa nada.

- ¿Como que no significa nada? -pregunto indignado Ernie.

- Entiendo por donde quiere ir Jess. -comento Neville.- Las habilidades de una persona no quieren decir nada sobre la persona, es el uso que se le dan a esas habilidades lo que indica como es esa persona.

- Exacto. -dijo Jess sonriendo al chico.

- En eso llevan parte de razón, Ernie. -comento Hannah conciliadora.- Fíjate en Finch, el de quinto de nuestra casa. Es muy bueno jugando a quidditch pero no hay quien le soporte. -Ernie le dio la razón a regañadientes a la chica.

- Sin embargo, no estamos hablando de algo inocuo. Ha habido ataques y, esperemos que no, pero no descartaría alguna muerte. -recalco Ernie cabezón.- Sigo sospechando de Harry hasta que no hayas pruebas mas concluyentes.

- Si tienes razón me voy a sentir mucho mas tranquilo. -comento David como el que habla del tiempo que hace hoy.- Si Harry es el atacante, no tengo que preocuparme. Soy su amigo y no pienso hacerle nada que le moleste. Es mas, si te sientes mas seguro, cuando le escriba estas navidades le pediré que no te ataque. - Ernie le miró visiblemente cabreado y salió del compartimento sin mirar a nadie.

- Eso no ha sido muy educado. -le regaño Hannah.

- Lo se, pero nadie acusa a Harry delante mía de algo tan grave sin pruebas concluyentes. -finalizo David cortante.

Todos agradecieron que el viaje no dudara mucho mas. El aire se podía cortar con un cuchillo. David detuvo a Jess antes de cruzar la barrera del anden nueve y tres cuartos.

- Jess, será mejor que no les comentemos nada a mis padres. No quiero que se alarmen. -Jess le miro pensativa.

- Si, yo también creo lo mismo que tu. No seria lo mas inteligente.

Cruzaron la barrera y salieron al mundo muggle. Como a primera vista no veían ni a James ni a Tamara, avanzaron entre el gentío de la estación de King Cross, intentando vislumbrar alguna cara conocida. De repente, unas fuertes manos les cogieron de los hombros. David y Jess se dieron la vuelta asustados y vieron que esos brazos pertenecían a Alex, el tío de David, que se reía a carcajadas.

- Venid aquí granujas. -dijo Alex abrazándolos.

- ¡Tío Alex! -exclamaron los dos. El hombre les cogió a la vez y les alzó en el aire.

- ¿Como es que estas aquí? -pregunto David mientras salían de la estación.

- Me han dado vacaciones en la empresa. Ya sabes en la rivalidad que tengo ahora... se supone que me han lesionado. Cosas del kayfabe. -respondió con una sonrisa en la cara. Saco de su bolsillo una extraña llave y pulso un botón. A unos diez metros de donde se encontraban sonó un pitido y se iluminaron las luces traseras de un coche amarillo.

- ¿Os gusta mi coche nuevo? -les pregunto Alex mientras metía los baúles en el maletero. Viendo que no cabían los dos dentro, abrió la puerta trasera y bajo uno de los asientos para poder meterlos. Cuando cerro la puerta vio como los chicos miraban con interés el coche. -Veo que os ha gustado. -comento alegre.

- Es diferente. No recuerdo haber visto ninguno igual antes. -comento David mientras entraba con Jess en los asientos traseros.

- Es un Chevrolet Camaro. Me lo he traído de América en avión. Casi me ha costado mas el traslado que el coche en si mismo. -exagero Alex mientras lo arrancaba. El motor del coche rugió como si quisiera demostrar de lo que era capaz.

El trayecto fue corto. Cuando llegaron, no había nadie en casa. David entro en la cocina tras colocar los baúles en su habitación y vio una nota que estaba encima de la encimera. La letra era su madre.

Hola David y Jess.

Sentimos mucho no haber podido ir a buscaros a King Cross, pero el trabajo no perdona. Espero que estéis bien. Estoy deseando veros para que nos contéis que tal todo. Llegare sobre las ocho y tu padre un poco mas tarde. Tenéis comida en el frigorífico por si os entra hambre.

Un beso enorme, Tamara.

David subió a la habitación donde Jess estaba asomada por la ventana mirando el exterior. Se fijo en la dirección hacia la que miraba la chica.. era el cementerio de Chelsea, donde estaban enterrados sus padres. David se acerco a ella guardándose la nota en el bolsillo para enseñarla mas tarde. La abrazo por la espalda.

- Si quieres podemos ir a verles y así les contamos lo que pasa. -dijo en voz baja el chico. Jess se dio la vuelta, unas pequeñas lagrimas bajaban por sus mejillas. David se las seco con la manga de la camiseta. La chica no respondió, solo afirmo con la cabeza.

Bajaron al salón donde Alex estaba sentando viendo la televisión. David se puso en medio de la pantalla para llamar su atención.

- Tío, queremos ir a ver a los padres de Jess. ¿Nos puedes llevar? -Alex miro a la cara a su sobrino. Lo que vio en sus ojos le provoco sentimientos contradictorios; orgullo, por lo responsable, sencillo y sensible que era David; tristeza, porque se dio cuenta que aquel niño que se quedaba horas escuchando embobado sus batallitas de luchador y se reía por casi todo, se había perdido con la muerte de los padres de su mejor amiga y el sufrimiento de ella.

- Claro que os llevo. -respondió en un susurro de voz.

Alex apenas podía disimular el pesar que sentía en el pecho cada vez que miraba por el espejo interior del coche y veía la escena en su asiento trasero. Estaban los dos chicos sentados cogidos de la mano, uno junto al otro. David tenia gesto serio y su mirada perdida atravesaba la ventanilla; pero era mas duro ver a Jess. Iba con la cabeza baja y hacia un ímprobo esfuerzo por no llorar. Según avanzaba el viaje, la fuerza con la que la chica cogía de la mano a su sobrino aumentaba como si fuera el cabo que la mantenía amarrada a puerto, a salvo de la tormenta de tristeza que se abatía sobre su joven espíritu.

Llegaron a la puerta de hierro forjado del cementerio. Alex quiso entrar con ellos, pero un gesto de David le indico que les dejara solos. El asintió con la mirada y se quedo allí, apoyado en la tapia; cerrando firmemente el cuello de su abrigo para hacer frente al húmedo viento invernal que azotaba Londres mientras recordaba a su manera a Thomas y Lyra Quake.

David y Jess andaban entre las tumbas tan silenciosamente que cualquiera pensaría que eran los fantasmas de alguno de los que reposaban allí. Todos los arboles del cementerio mostraban sus ramas desnudas como si quisieran estar acorde al pesar que allí se respiraba. Al acercarse a las tumbas de Thomas y Lyra Quake vieron como el árbol que les daba sombra, aun mantenía todo su follaje. Impertérrito, eterno. David se fijo en que las hojas tenían un extraño tono dorado. En ese momento lo comprendió todo. El árbol se nutria del agua dorada que había echo brotar Dumbledore el día del entierro. Gracias a ella y a la magia que poseía, las hojas no se habían caído. Quiso contárselo a Jess, pero ya no estaba a su lado; tan absorto se había quedado con la visión del árbol que no se había dado cuenta que su amiga se había soltado de su mano.

Jess estaba sentada enfrente de las tumbas de sus padres y lloraba desconsoladamente. No sabia el por que pero el metamorfomago sentía que no debía de acercarse a ella para consolarla; que ese momento era solo de Jess; que ciertas cosas se deben vivir en soledad. Se mantuvo a unos metros de las tumbas, mientras oía el llanto inconsolable de la chica. Tras unos angustiosos y eternos minutos, Jess dejo de llorar y se levanto de la hierba. Miro a David y este no necesito mas para acercarse y cogerle la mano con fuerza.

- Hola papa, hola mama. He venido a veros. Os hecho de menos -hablo Jess con la voz entrecortada.- Estoy bien, David y sus padres me cuidan como si fuera de su familia.

- Es que lo eres Jess. -le interrumpió David. Al escuchar esto, la chica no pudo seguir hablando y se derrumbo en los brazos del metamorfomago que la abrazo con delicadeza. Al ver que la chica no podía hablar, tomo el la palabra.

- Hola Thomas, hola Lyra. Soy David. Yo también os hecho de menos. -confeso.- Estoy aquí al lado de Jess, tal y como la prometí, como siempre hare. Su hija es una chica fuerte. Estoy seguro que están orgullosos de ella. En Hogwarts las cosas están un poco raras y ciertamente peligrosas. Han habido misteriosos ataques y varios alumnos han sido petrificados. Pero están los profesores, esta Dumbledore y, por si todo esto falla, tenemos a Harry, Ron y Hermione, que son expertos en descubrir y resolver sucesos extraños.

Aunque si tengo que ser sincero, la que mas me preocupa es Jess. El otro día, en el club de duelo, no tuvo piedad conmigo y me desarmo sin compasión. Además, para desconcentrarme, uso un truco del que estaríais ambos orgullosos. -comento intentando animar a la chica que tenia la cara enterrada en su pecho. Algo consiguió, ya que Jess levantó el rostro y volvió a mirar hacia las tumbas de sus padres.

Ninguno de los dos dijo nada mas, simplemente se quedaron allí observando las tumbas y como las bengalas eternas y el agua dorada provocaban maravillosos reflejos en la superficie de las mismas.

- Adiós. -dijo Jess como despedida mientras atravesaban las puertas del cementerio y se reunían con Alex.

La mañana de Navidad amaneció lluviosa. La nieve caída en los últimos días se había derretido. Era el típico tiempo londinense. Perfecto para quedarse en casa con un bol gigante de palomitas, una buena peli y arropado con una manta hasta el cuello.

David se despertó el primero o eso creía él, sus padres ya llevaban media hora levantados. Salió de la habitación sin hacer ruido para no despertar a Jess. Que durmiera todo lo que quisiera, los regalos podían quedarse sin abrir todo el día si era necesario. No lo fue. La chica bajó apenas diez minutos después.

- Cielo, ¿podemos abrir ya los regalos?. -pregunto James como si fuera un niño pequeño. Tamara le sonrió... todos los años era igual. Con un gesto de la mano les dio permiso.

Cumpliendo el ritual anual, James se abalanzó, como si estuviera poseído, a por sus regalos y rápidamente, el papel que los envolvía fue literalmente destruido. Había recibido una grabadora nueva para su trabajo de parte de David y Jess y una colonia de parte de Tamara.

Tamara solo recibió un regalo, era un anillo de oro blanco un pequeño rubí engarzado. Era de parte de los tres. Se lo puso en el dedo con lagrimas en los ojos.

- Es precioso. -dijo mientras los abrazaba a los tres.

- No pude regalarte el anillo que te merecías cuando te pedí la mano. -dijo James recordando con amargura como las penurias económicas de aquella época le impidieron ofrecerle la boda que su mujer se merecía.- Tamara, te quiero. -completo cogiéndola de las manos y dándole un beso en los labios. David y Jess evitaron mirar la escena con una media sonrisa.

- Hay varios regalos para ti hoy, Jessica. -dijo Tamara.- Este es de parte mía y de James. Espero que te sea útil. -le acerco un pequeño paquete cuadrado. Era un funda para la varita. Jess se acerco a Tamara y le dio un abrazo.

- Gracias Tamara, gracias a los dos. -dijo emocionada. Busco con la mirada algo mas pero no encontró nada. Se giro hacia David con mirada decepcionada.

- Jess, mi regalo te lo daré cuando subamos a nuestra habitación. -dijo David aclarando la situación. La chica cambio su gesto por uno de inquieta espera.

El regalo de David fue la colección completa de las novelas de Juego de Tronos.

Después de desayunar, David y Jess subieron a la habitación. El chico sentó a Jess en su cama mientras sacaba los regalos de una mochila. Eran dos grandes libros encuadernados en piel negra. David se los entrego.

- Estos son mis regalos. Espero que te gusten. -dijo nervioso el metamorfomago. Jessica cogió el menos grueso de los dos y lo abrió. Era un álbum de fotos. La primera pagina solo tenia ocupados dos huecos. En ellos se podían ver las dos fotos que se habían hecho en Hogwarts. Jess se quedó mirando fijamente durante unos minutos ambas fotos mientras sonreía. Cerro el álbum y cogió el segundo de los regalos.

Era mas pesado y estaba sin duda mas lleno que el anterior. Era otro álbum de fotos. Cuando vio las primeras fotos, se quedo con la boca abierta y el corazón encogido. Era el álbum de fotos de su madre, en que había dejado en su antigua casa. Estaban todas las fotos que sus padres la habían hecho desde que había nacido. Se la veía a ella de bebe, cuando únicamente lloraba, comía y movía los bracitos y las piernas. Sus primeros pasos, sus cumpleaños, su primeros días de colegio... toda su vida estaba plasmada en aquellas fotos. Cuando pudo recuperarse de la impresión inicial, se fijo en que todas las fotos eran en movimiento. Jess no se lo creía. Estaba segura que las fotos nunca habían tenido movimiento. Habían sido hechas con una cámara de fotos muggle. Siguió pasando paginas... y se paro en una foto en la que estaban las personas mas importantes de su vida.

En ella se podía ver a sus padres, a David y a ella. Ellos dos llevaban un cono de helado en la mano. Al fondo se podían vislumbrar las rojas vías de una montaña rusa. Su madre la abrazaba por la espalda mientras su padre hacia como que estrangulaba a David. Todos sonreían excepto David que se había metido tan bien en su papel de estrangulado que ponía cara de estar ahogándose.

Ahora que era en movimiento, se podía ver el proceso de estrangulamiento de David y como Jess y Lyra dejaban de mirar a la cámara y se echaban a reír al contemplar la escena que se desarrollaba a su lado.

- Me encanta esta foto. -susurro Jess emocionada. David la miro y cogió el álbum con delicadeza. Empezó a pasar hojas con cuidado, hasta que encontró la foto que buscaba. La saco de la funda protectora y se la paso a Jess.

- Esta es mi foto favorita. -le confesó el metamorfomago.

Jess la miro con detenimiento. Casi ni se acordaba de ella. Se podía ver un rojo atardecer. Jess estaba sentada a la orilla de un lago y tenia las piernas introducidas en el agua hasta los tobillos. Vestía con una camiseta de manga corta blanca y unos piratas vaqueros que le llegaban a la altura de la rodilla. Estaba de espaldas a la cámara pero, al añadir el movimiento, se podía observar como el viento movía el pelo de Jess mientras que las aguas eran agitadas por el balanceo de sus piernas.

- Es sencilla. -comento Jess sonriendo al mirar a David.

- Por eso me gusta. Eres sencillamente tú. -respondió el chico ligeramente azorado.

Jess guardo con todo el cuidado del mundo la foto en su sitio y cerro el álbum dejándolo encima de la cama. Se levantó de la misma y se echo encima de David abrazándolo. El impulso de la chica hizo que él impactara su espalda con la pared. No le importo. La sonrisa en el rostro y el brillo que se veía en los ojos de Jess bien valían todos los golpes que se diera.

- ¿Como lo hiciste? -le pregunto mientras volvía a sentarse en la cama.

- Cunado fuimos a tu casa y vi como no te llevabas ninguna foto, sentí que en algún momento podrías necesitar ver estas fotos... Por eso le pedí a mi madre, cuando ella y mi padre entraron a bajar tu maleta de tu habitación, que buscara este álbum. Desde ese momento lo he estado guardando siempre cerca de mi.

- ¿Por que se mueven las fotos? -pregunto curiosa.

- Es el negocio que tenia con Colin. -reconoció David.

- Así que por eso no nos lo podías decir... -se dio cuenta Jess. David afirmo con la cabeza.

- Al ver a Colin por ahí con su cámara y escucharle decir que si las fotos se revelaban con una poción adecuada se verían en movimiento, le pedí que si podía buscarme algo igual pero para fotos ya hechas. Y lo encontró. -el chico se puso triste al recordar a Colin.- Y ahora esta petrificado.

Comentarios.

Hola a todos los que sigais leyendo esto. Se que a lo mejor voy a decepcionar a muchos al no escribir nada sobre la infiltracion, via multijugos, del trio dorado en la base de las serpiente; pero no habia forma de introducir a David o a Jess sin romper la esencia de la historia.

No se porque, pero me cuestan mucho menos, me gustan mas y creo, en mi humilde opinion, que estan mejor escritos los capitulos en los cuales hay sentimientos profundos de por medio, y tengo escritos ya unos cuantos... pero no adelantemos acontecimientos.

Tengo miedo de que este capitulo me haya quedado demasiado sentimental, agradeceria opiniones totalmente sinceras sobre esto (en realidad, las agradezco siempre, pero en esto concreto mas aun).

Me gustaria poder responder a cientos de comentarios y resolver decenas de dudas, pero no es asi. No se si es porque nadie lee mi historia o porque lo de los fics en verano baja...

Un bratzo, xotug.