Capitulo 12. El diario de Ryddle.

David y Jess acompañaron a Harry y Ron a ver a Hermione a la enfermería. Cuando Jess pregunto porque estaba así, la chica invento una rápida excusa sobre una broma descontrolada de los gemelos. David intento metamorfosearse para imitar la cara de Hermione. No solo no lo consiguió si no que se llevo una mirada indignada de la chica.

- ¿Qué es eso? -preguntó Harry, señalando algo dorado que sobresalía debajo de la almohada de Hermione.

- Nada, una tarjeta para desearme que me ponga bien. -dijo Hermione a toda prisa, intentando esconderla, pero Ron fue más rápido que ella. La sacó, la abrió y leyó en voz alta:

A la señorita Granger deseándole que se recupere muy pronto, de su preocupado profesor Gilderoy Lockhart, Caballero de Tercera Clase de la Orden de Merlín, Miembro Honorario de la Liga para la Defensa Contra las Fuerzas Oscuras y cinco veces ganador del Premio a la Sonrisa más Encantadora, otorgado por la revista «Corazón de Bruja».

Ron miró a Hermione con disgusto.

- ¿Duermes con esto debajo de la almohada? Pero Hermione no necesitó responder, porque la señora Pomfrey llegó con la medicina de la noche.

- ¿A que Lockhart es el tío más pelota que has conocido en tu vida? -dijo Ron a Harry al abandonar la enfermería y empezar a subir hacia la torre de Gryffindor. Snape les había mandado tantos deberes, que a Harry le parecía que no los terminaría antes de llegar al sexto curso. Precisamente Ron estaba preguntando a Jess cuántas colas de rata había que echar a una poción crecepelo, cuando llegó hasta sus oídos un arranque de cólera que provenía del piso superior.

- ¿Filch? -intento adivinar David.

- Es Filch. -susurró Harry, y subieron deprisa las escaleras y se detuvieron a escuchar donde no podía verlos.

- Espero que no hayan atacado a nadie más - dijo Ron, alarmado.

Se quedaron inmóviles, con la cabeza inclinada hacia la voz de Filch, que parecía completamente histérico.

- ... aun más trabajo para mí. ¡Fregar toda la noche, como si no tuviera otra cosa que hacer! No, ésta es la gota que colma el vaso, me voy a ver a Dumbledore.

Sus pasos se fueron distanciando, y oyeron un portazo a lo lejos. Asomaron la cabeza por la esquina. Evidentemente, Filch había estado cubriendo su habitual puesto de vigía; se encontraban de nuevo en el punto en que habían atacado a la Señora Norris. Buscaron lo que había motivado los gritos de Filch. Un charco grande de agua cubría la mitad del corredor, y parecía que continuaba saliendo agua de debajo de la puerta de los aseos de Myrtle la Llorona. Ahora que los gritos de Filch habían cesado, podían oír los gemidos de Myrtle resonando a través de las paredes de los aseos.

- ¿Qué le pasará ahora? - preguntó Ron.

- Myrtle no necesita que le pase algo para llorar. -aclaro Jess.- Nos la encontramos muchas veces en los baños de las chicas que funcionan y casi siempre gimotea.

- Vamos a ver - propuso Harry, y levantándose la túnica por encima de los tobillos, se metieron en el charco chapoteando, llegaron a la puerta que exhibía el letrero de «No funciona» y, haciendo caso omiso de la advertencia, como de costumbre, entraron.

Myrtle la Llorona estaba llorando, si cabía, con más ganas y más sonoramente que nunca. Parecía estar metida en su retrete habitual. Los aseos estaban a oscuras, porque las velas se habían apagado con la enorme cantidad de agua que había dejado el suelo y las paredes empapados.

- ¿Qué pasa, Myrtle? - inquirió Harry.

- ¿Quién es? - preguntó Myrtle, con tristeza, como haciendo gorgoritos. -¿Vienes a arrojarme alguna otra cosa?

- ¿Por qué tendría que hacerlo? -pregunto Ron interesado.

- No sé - gritó Myrtle, provocando al salir del retrete una nueva oleada de agua que cayó al suelo ya mojado.- Aquí estoy, intentando sobrellevar mis propios problemas, y todavía hay quien piensa que es divertido arrojarme un libro...

- Pero si alguien te arroja algo, a ti no te puede doler -razonó Harry.- Quiero decir, que simplemente te atravesará, ¿no?

Acababa de meter la pata. Myrtle se sintió ofendida y chilló:

- ¡Vamos a arrojarle libros a Myrtle, que no puede sentirlo! ¡Diez puntos al que se lo cuele por el estómago! ¡Cincuenta puntos al que le traspase la cabeza! ¡Bien, ja, ja, ja! ¡Qué juego tan divertido, pues para mí no lo es!

- Tienes la sensibilidad de una piedra, amigo. -le dijo al oído

- Pero ¿quién te lo arrojó? - le preguntó Harry. Jess miro a David y le dijo en voz baja: - Este no tiene solución.

- No lo sé... Estaba sentada en el sifón, pensando en la muerte, y me dio en la cabeza - dijo Myrtle, mirándoles.- Está ahí, empapado.

- Mirad vosotros. -dijo David mientras le hacia una seña a Jess.- Nosotros saldremos a vigilar por si viene Percy... o peor.

Harry y Ron miraron debajo del lavabo, donde señalaba Myrtle. Había allí un libro pequeño y delgado. Tenía las tapas muy gastadas, de color negro, y estaba tan humedecido como el resto de las cosas que había en los lavabos. Harry se acercó para cogerlo, pero Ron lo detuvo con el brazo.

- ¿Qué pasa? - preguntó Harry.

- ¿Estás loco? -dijo Ron.- Podría resultar peligroso.

- ¿Peligroso? —dijo Harry, riendo—. Venga, ¿cómo va a resultar peligroso?

- Te sorprendería saber -dijo Ron, asustado, mirando el librito- que entre los libros que el Ministerio ha confiscado había uno que les quemó los ojos. Me lo ha dicho mi padre. Y todos los que han leído Sonetos del hechicero han hablado en cuartetos y tercetos el resto de su vida. ¡Y una bruja vieja de Bath tenía un libro que no se podía parar nunca de leer! Uno tenía que andar por todas partes con el libro delante, intentando hacer las cosas con una sola mano. Y...

- Vale, ya lo he entendido -dijo Harry. El librito seguía en el suelo, empapado y misterioso.- Bueno, pero si no le echamos un vistazo, no lo averiguaremos -dijo y, esquivando a Ron, lo recogió del suelo.

- Inconsciente. -mascullo Ron. De repente, David y Jess entraron con cierta prisa.

- Código rojo. - dijo David alarmado. Ron le miro con cara extraña.

- ¡David!. ¡Ron no lo entiende! -le echo la bronca Jess. - ¡Hay que salir pitando!. ¡Filch se acerca! -Salieron a toda prisa del baño y subieron a la sala común de Gryffindor.

Harry saco el libro del bolsillo de la túnica donde lo había guardado; vio al instante que se trataba de un diario, y la desvaída fecha de la cubierta le indicó que tenía cincuenta años de antigüedad. Lo abrió́ intrigado. En la primera página podía leerse, con tinta emborronada, «T.M. Ryddle».

- Espera, - dijo Ron, que se había acercado con cuidado y miraba por encima del hombro de Harry- ese nombre me suena... T.M. Ryddle ganó un premio hace cincuenta años por Servicios Especiales al Colegio.

- ¿Y cómo sabes eso? -preguntó Harry sorprendido.

- Lo sé porque Filch me hizo limpiar su placa unas cincuenta veces cuando nos castigaron -dijo Ron con resentimiento.

- Así que fue eso en lo que estuviste tan entretenido. -dijo David con sorna. De repente se golpeo con la mano en la frente. -Ron, ¿le dijimos a Harry lo que descubrimos en el castigo? -el pelirrojo le miro sin tener ni idea de lo que hablaba el metamorfomago. Este suspiro resignado mientras pensaba: "Menos mal que Ron evoluciona con el tiempo, porque mira que es lento ahora mismo."

- No lo sabes tu bien. -reafirmo Hermione en su cabeza. Harry les miro desconcertado.

- ¿Podéis explicarme de que estáis hablando? -pregunto molesto.

- La verdad es que yo también lo agradecería. -dijo Jess.

- Cuando estuvimos haciendo la limpieza de los trofeos, nos encontramos una placa y una foto de los campeones de la Copa de Quidditch de 1975. -dijo David entusiasmado.- ¡Harry, salía tu padre!

El moreno quedo paralizado por la noticia... por fin podría ver como era su padre en Hogwarts... además jugaba al quidditch como él... era tanto lo que no sabia sobre su familia. Jess se acercó a el y le abrazó cuando vio como los ojos del chico se nublaban de la emoción.

- Iremos a verlo mañana. Ya hemos tentado demasiado a la suerte esta noche. -dijo Ron.

Nada mas finalizar las clases de la tarde y pasar por la torre de Gryffindor para dejar todos los libros, los cuatro chicos fueron a la Sala de Trofeos para ver la placa y la foto. Harry pego su cara al cristal. Jess aprovechó el momento y le hizo una foto al chico.

- Deberíamos dejarle solo. -dijo Jess. -Ron intento negarse pero la intensa mirada de la chica le hizo comprender que este momento era solo de Harry.

Hermione salió de la enfermería, sin bigotes, sin cola y sin pelaje, a comienzos de febrero. La primera noche que pasó en la torre de Gryffindor, Harry le enseñó el diario de T.M. Ryddle y le contó la manera en que lo habían encontrado.

- ¡Aaah, podría tener poderes ocultos! -dijo con entusiasmo Hermione, cogiendo el diario y mirándolo de cerca.

- O no tener nada. -apuntó Jess.- ¿Cuantas veces hemos pensado en empezar un diario y nunca hacerlo? -Hermione afirmó con la cabeza la frase de Jess.

- Si los tiene, los oculta muy bien -repuso Ron.- A lo mejor es tímido. No sé por qué lo guardas, Harry

- Lo que me gustaría saber es por qué alguien intentó tirarlo -dijo Harry.- Y también me gustaría saber cómo consiguió́ Ryddle el Premio por Servicios Especiales.

- Por cualquier cosa -dijo Ron.- A lo mejor acumuló treinta matrículas de honor en Brujería o salvó a un profesor de los tentáculos de un calamar gigante. Quizás asesinó a Myrtle, y todo el mundo lo consideró un gran servicio...

- Y dale con Myrtle... ¿que te ha hecho a ti, Ron? -preguntó mosqueada Jess. -Si en los baños de los chicos no aparece...

- Bueno depende de lo que estés haciendo en esos baños. -dijo inconscientemente David recordando como Myrtle espiara a Cedric y a Harry en cuarto.

- ¿Como sabes eso? -pregunto Ron curioso. David se dio cuenta del error que acababa de cometer.

- Rumores que se oyen por los pasillos. -contesto intentando quitarle importancia.

Harry y Hermione estaban mirándose con la misma cara de interés, estaban pensando lo mismo.

- ¿Qué pasa? -dijo Ron, mirando a uno y a otro.

- Bueno, la Cámara de los Secretos se abrió hace cincuenta años, ¿no? -explicó Harry.- Al menos, eso nos dijo Malfoy.

- Sí... -admitió Ron.

- Y este diario tiene cincuenta años - dijo Hermione, golpeándolo, emocionada, con el dedo.

- ¿Y?

- Venga, Ron, despierta ya -dijo Hermione bruscamente.- Sabemos que la persona que abrió la cámara la ultima vez fue expulsada hace cincuenta años. Sabemos que a T.M. Ryddle le dieron un premio hace cincuenta años por Servicios Especiales al Colegio. Bueno, ¿y si a Ryddle le dieron el premio por atrapar al heredero de Slytherin? En su diario seguramente estará todo explicado: dónde está la cámara, cómo se abre y qué clase de criatura vive en ella. La persona que haya cometido las agresiones en esta ocasión no querría que el diario anduviera por ahí, ¿no?

- Es una teoría brillante, Hermione, -dijo Ron- pero tiene un pequeño defecto: que no hay nada escrito en el diario.

- Y que Ryddle es el propio heredero. -remarco Hermione en su cabeza.

- ¡Podría ser tinta invisible! -susurró la morena. Y dio tres golpecitos al cuaderno con la varita, diciendo: - ¡Aparecium!

Pero no ocurrió nada. Impertérrita, volvió a meter la mano en la bolsa y sacó lo que parecía una goma de borrar de color rojo.

- Es un revelador, lo compré en el callejón Diagon -dijo ella. Frotó con fuerza donde ponía "1 de enero". Siguió sin pasar nada. - Ya te lo decía yo; no hay nada que encontrar aquí. -dijo Ron.- Simplemente, a Ryddle le regalaron un diario por Navidad, pero no se molestó en rellenarlo.

- Lo que yo os dije. -dijo Jess mientras bajaba la cabeza y seguía escribiendo una carta.

El sol había vuelto a brillar débilmente sobre Hogwarts. Dentro del castillo, la gente parecía más optimista. No había vuelto a haber ataques después del cometido contra Justin y Nick Casi Decapitado, y a la señora Pomfrey le encantó anunciar que las mandrágoras se estaban volviendo taciturnas y reservadas, lo que quería decir que rápidamente dejarían atrás la infancia. Una tarde, Jess oyó que la señora Pomfrey decía a Filch amablemente:

- Cuando se les haya ido el acné, estarán listas para volver a ser trasplantadas. Y entonces, las cortaremos y las coceremos inmediatamente. Dentro de poco tendrá a la Señora Norris con usted otra vez.

Harry y Ron pensaban que tal vez el heredero de Slytherin se había acobardado. Cada vez debía de resultar más arriesgado abrir la Cámara de los Secretos, con el colegio tan alerta y todo el mundo tan receloso. Tal vez el monstruo, fuera lo que fuera, se disponía a hibernar durante otros cincuenta años. Ernie Macmillan, de Hufflepuff, no era tan optimista. Seguía convencido de que Harry era el culpable y que se había delatado en el club de duelo. Estas afirmaciones le costaron a David otro castigo y la retirada de quince puntos para Gryffindor al ser pillado in fraganti por McGonagall haciéndole al Hufflepuff un hechizo de Inmovilización Total.

Gilderoy Lockhart estaba convencido de que era él, quien había puesto freno a los ataques. Medio colegio le oyó exponerlo así ante la profesora McGonagall mientras los de Gryffindor marchaban en hilera hacia la clase de Transfiguración.

- No creo que volvamos a tener problemas, Minerva -dijo, guiñando un ojo y dándose golpecitos en la nariz con el dedo, con aire de experto.- Creo que esta vez la cámara ha quedado bien cerrada. Los culpables se han dado cuenta de que en cualquier momento yo podía pillarlos y han sido lo bastante sensatos para detenerse ahora, antes de que cayera sobre ellos... Lo que ahora necesita el colegio es una inyección de moral, ¡para barrer los recuerdos del trimestre anterior! No te digo nada más, pero creo que sé qué es exactamente lo que...

De nuevo se tocó la nariz en prueba de su buen olfato y se alejó con paso decidido.

- Lockhart tiene una idea... me temo cualquier cosa... -dijo Ron incomodo mientras David pensaba: "Ni te lo imaginas".

La mañana de San Valentín fue una de las mas vergonzosas que los chicos habían vivido en su corta vida. Por suerte para David, nadie le había enviado una tarjeta. Mientras andaba hacia la cabaña de Hagrid para cumplir su castigo, agradecía mentalmente no pasar mas tiempo del necesario en el castillo decorado con corazones y aguantando las miradas hoscas de los enanos... aunque estuvo a punto de hablarles para ver si podían hacer algo con Lockhart. El ladrido de Fang le despertó de sus fantasías; acarició al perro detrás de las orejas y llamó a la puerta. Nadie respondió. De repente, Hagrid asomo por el lateral de la casa llevando un enorme balde lleno hasta la mitad de agua.

- Hola David. ¿Otra vez metiéndote en líos? -pregunto con una gran sonrisa.

- Hola Hagrid. No es eso... solo que no aguanto que la gente se meta con mis amigos. -dijo con fastidio.- Supongo que habrás oído los rumores...

- Claro que lo he escuchado. Son una solemne tontería. Pero, si quieres mi consejo, haces mal en responder a ellos... es mas sabio hacer como que no los has oído. -dijo Hagrid con voz paternal. David tuvo que admitir que el semigigante tiene razón.

- Oye Hagrid, tu estabas en Hogwarts la ultima vez que se abrió la Cámara de los Secretos, ¿no?. -pregunto David, intentando sonsacarle información. Una sombra de dolor cruzo por el rostro normalmente alegre del guardabosques.

- Si, yo estuve. -respondió Hagrid.- Pero prefiero no recordarlo. -terminó en un tono que daba a entender que no iba a hablar mas del tema. Entro en la cabaña y salió al instante con una bolsa de tela llena de cosas que se movían.- Además, vienes a cumplir un castigo... no a charlar. ¡Sígueme!

David siguió a Hagrid bordeando el Bosque Prohibido, hasta que giraron para entrar en el mismo al pasar un curioso mojón de piedra de color morado. Tras unos minutos de camino, Hagrid se paro de repente y se giro hacia David.

- Bien. Hemos llegado. Ahora David, vas a ayudarme a conseguir unos bowtruckles para la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas del profesor Kettleburn. -explicó Hagrid.-

- ¿Bowtruckles? -pregunto David.

- Es un guardián de árboles. Suelen estar en aquellos cuya madera sirva para fabricar varitas mágicas.

- ¿Como los reconoceré?

- Son pequeños, alrededor de veinte centímetros, hechos de corteza y ramas y con dos pequeños ojos de color castaño. Aunque son muy complicados de detectar. Lo mejor es dejar en una zona muy frondosa como esta, -dijo señalando a su alrededor.- su chuchería favorita.- Hagrid abrió la bolsa y saco de ellas unas cochinillas que dejo en el suelo dentro de varias jaulas.

- No los solemos atrapar en jaulas, pero el profesor Kettleburn ya no esta para estas aventuras. -explico Hagrid. Los dos se escondieron entre los arbustos y vieron como, de los arboles, salían los bowtruckles. Eran tal y como se los había descrito Hagrid, excepto que este no había dicho nada sobre las afiladísimas ramas que formaban los dedos de la criatura.

- Si, hay que tener cuidado con ellos. Los cortes que provocan pueden ser muy profundos. -dijo Hagrid cuando David se lo comento. En cuanto cuatro o cinco bowtruckles estaban dentro de las jaulas, Hagrid le hizo una señal a David que las cerro con un giro de varita. El resto terminaron de comer tranquilamente y se marcharon tan silenciosamente como habían venido.

Salieron de detrás de los arbustos y se acercaron a las jaulas. Hagrid las cogió y se marcharon del bosque. David iba sorprendido de lo tranquilos que estaban los seres.

- En condiciones normales, seria imposible atrapar un bowtruckle de esta forma. Pero, los que viven a partir del mojón de piedra morado están ya acostumbrados a que los atrapemos, los usemos en las clases y los devolvamos al bosque justo después. Por eso ya no se asustan. Saben que no les vamos a hacer daño y, además, les damos un buen montón de cochinillas después de que los liberemos. -explicó Hagrid al ver la cara de extrañeza del chico mientras que los miraba fijamente.

Cuando David quiso darse cuenta, ya había anochecido. Volvió a la sala común de Gryffindor pensando que no había sido un castigo lo que había hecho esta tarde. Sin duda, había tenido suerte. Se encontró con que Harry se iba a dormir mas pronto de lo habitual y a los gemelos cantando una extraña canción sobre unos ojos en escabeche y algo de una pizarra. Al escuchar la letra mas detenidamente se dio cuenta de que esta era la noche en la que Ryddle le iba a enseñar a Harry las imágenes del diario. Subió rápidamente al dormitorio de los chicos. El moreno estaba sentado en la cama con el diario entre la piernas y se había inclinado para sacar una botellita de tinta.

- ¿Vas a estrenar tu el diario de Ryddle? -pregunto David en tono jocoso. Harry levanto la vista ligeramente perturbado... no se esperaba que nadie estuviera allí tan pronto.

- No lo se, David. Pero hay algo que no me cuadra. Me encuentro en un inodoro y cuando se seca las hojas no están abombadas ni arrugadas... se me rompe una botella de tinta y todos los libros menos este se manchan... -explico Harry mientras le mostraba el diario.

- La verdad es que yo también creo que hay algo mas oculto en el diario. -dijo David sentándose a la derecha de Harry.- Algo falla. Por mucho que Jess diga que a Ryddle, simplemente se le quitaron las ganas de escribir, no termina de convencerme.

Harry se desplazó para dejar que David se sentara bien en la cama. Mojó su pluma y dejó caer una gota en la primera página del diario.

La tinta brilló intensamente sobre el papel durante un segundo y luego, como si la hubieran absorbido desde el interior de la página, se desvaneció.

- Sabia que había algo mas. -dijo David emocionado.- Con la misma sensación que el metamorfomago, Harry mojó de nuevo la pluma y escribió: Mi nombre es Harry Potter.

- Y a mi que me den, ¿no? -refunfuño David. Harry mojo rápidamente la pluma y añadió su nombre.

Las palabras brillaron un instante en la página y desaparecieron también sin dejar huella. Entonces ocurrió algo. Rezumando de la página, en la misma tinta que había utilizado él, aparecieron unas palabras que Harry no había escrito:

- Hola, Harry y David. Mi nombre es Tom Ryddle. ¿Cómo ha llegado a vuestras manos mi diario?.

Estas palabras también se desvanecieron, pero no antes de que Harry comenzara de nuevo a escribir:

- Alguien intentó tirarlo por el retrete. -escribió Harry. Aguardó con impaciencia la respuesta de Ryddle.

- Menos mal que registré mis memorias en algo más duradero que la tinta. Siempre supe que habría gente que no querría que mi diario fuera leído.

- ¡Uy!. ¡Que fanfarronas son estas memorias. -comento David haciendo sonreír a Harry. -¿No serán del padre de Lockhart ?

- ¿Qué quieres decir? -escribió Harry, emborronando la página debido a los nervios.

- Quiero decir que este diario da fe de cosas horribles; cosas que fueron ocultadas; cosas que sucedieron en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

- Es donde estoy yo ahora. -escribió Harry apresuradamente.- Estoy en Hogwarts, y también suceden cosas horribles. ¿Sabes algo sobre la Cámara de los Secretos?- El corazón le latía violentamente. La réplica de Ryddle no se hizo esperar, pero la letra se volvió menos clara, como si tuviera prisa por consignar todo cuanto sabía.

- ¡Por supuesto que sé algo sobre la Cámara de los Secretos! En mi época, nos decían que era sólo una leyenda, que no existía realmente. Pero no era cierto. Cuando yo estaba en quinto, la cámara se abrió y el monstruo atacó a varios estudiantes y mató a uno. Yo atrapé a la persona que había abierto la cámara, y lo expulsaron. Pero el director, el profesor Dippet, avergonzado de que hubiera sucedido tal cosa en Hogwarts, me prohibió́ decir la verdad. Inventaron la historia de que la muchacha había muerto en un espantoso accidente. A mí me entregaron por mi actuación un trofeo muy bonito y muy brillante, con unas palabras grabadas, y me recomendaron que mantuviera la boca cerrada. Pero yo sabía que podía volver a ocurrir. El monstruo sobrevivió́, y el que pudo liberarlo no fue encarcelado.

En su precipitación por escribir, Harry volcó la botellita de la tinta. Por suerte, David estuvo rápido y la cogió antes que se derramara alguna gota.

- Ha vuelto a suceder. Ha habido tres ataques y nadie parece saber quién está detrás. ¿Quién fue en aquella ocasión?

- Os lo puedo mostrar, si queréis. -contestó Ryddle.- No necesitas leer mis palabras. Podrás ver dentro de mi memoria lo que ocurrió la noche en que lo capturé.

Harry dudó, y la pluma se detuvo encima del diario. ¿Qué quería decir Ryddle? ¿Cómo podía alguien introducirse en la memoria de otro? Miró asustado a David.

- ¿Que deberíamos hacer? -le pregunto. El chico medito por unos segundos y respondió:

- Creo que deberíamos de verlo, podría darnos una pista.

Cuando retornó la vista al diario, vio que aparecían unas palabras nuevas:

- Deja que te lo enseñe. -Harry meditó durante una fracción de segundo mientras miraba el rictus de concentración de David y luego escribió una sola palabra: Vale.

Las páginas del diario comenzaron a pasar, como si estuviera soplando un fuerte viento, y se detuvieron a mediados del mes de junio. Con la boca abierta, vieron que el pequeño cuadrado asignado al día 13 de junio se convertía en algo parecido a una minúscula pantalla de televisión. Las manos de Harry temblaban ligeramente hasta que David le cogió el brazo para tranquilizarle. Levantaron el cuaderno para acercarse uno a la ventanita, y antes de que comprendieran lo que sucedía la ventana se ensanchaba, y ambos dejaron la cama y eran absorbido por la abertura de la página en un remolino de colores y sombras.

Notaron que pisaban tierra firme y se quedaron temblando, mientras las formas borrosas que los rodeaban se iban definiendo rápidamente. David no se sorprendió de esto, pero era increíble el poder que albergaba este trozo del alma de Voldemort.

Enseguida se dieron cuenta de dónde estaban. Aquella sala circular con los retratos de gente dormida era el despacho de Dumbledore, pero no era Dumbledore quien estaba sentado detrás del escritorio. Un mago de aspecto delicado, con muchas arrugas y calvo, excepto por algunos pelos blancos, leía una carta a la luz de una vela. Ninguno había visto antes a aquel hombre.

- Lo siento -dijo con voz trémula Harry.- No quería molestarle...

- Harry, estamos en un recuerdo. No nos ve. No somos de esta época. -le advirtió David.

Pero el mago no levantó la vista. Siguió leyendo, frunciendo el entrecejo levemente. Harry se acercó más al escritorio y balbuceo:

- ¿Me-me voy?

El mago siguió sin prestarle atención. Ni siquiera parecía que le hubiera oído. Pensando que tal vez estuviera sordo, Harry levantó la voz.

- Lamento molestarle, me iré ahora mismo —dijo casi a gritos. David se acerco al mago y atravesó su cuerpo con la mano. Harry no pudo evitar dar un pequeño grito que el mago ignoró completamente.

- Te lo he dicho. -dijo acercándose a el.- No estamos aquí, somos meros espectadores. Nadie nos ve, nadie nos oye. -A Harry le costo creérselo, hasta que David atravesó la mesa varias veces.

Con un suspiro, el mago dobló la carta, se levantó, pasó por delante de Harry sin mirarlo y fue hasta la ventana a descorrer las cortinas. El cielo, al otro lado de la ventana, estaba de un color rojo rubí; parecía el atardecer. El mago volvió al escritorio, se sentó y, mirando a la puerta, se puso a juguetear con los pulgares.

Harry contempló el despacho. No estaba Fawkes, el fénix, ni los artilugios metálicos que hacían ruiditos. Aquello era Hogwarts tal como debía ser en los tiempos de Ryddle, y aquel mago desconocido tenía que ser el director de entonces, no Dumbledore.

- El diario debe de ser una especie de pensadero. -comentó David.

- ¿Un pensadero? -pregunto Harry. En ese momento, llamaron a la puerta.

- Luego te lo cuento. -dijo en voz baja David.

- Entre -dijo el viejo mago con una voz débil. Un muchacho de unos dieciséis años entró quitándose el sombrero puntiagudo. En el pecho le brillaba una insignia plateada de prefecto. Era mucho más alto que Harry pero tenía, como él, el pelo de un negro azabache.

- Debe de ser Ryddle. No me gusta. -comentó David sin poder reprimirse. Harry le miro extrañado.

- Ah, Ryddle -dijo el director.

- ¿Quería verme, profesor Dippet? - preguntó Ryddle. Parecía azorado.

- Siéntese -indicó Dippet.- Acabo de leer la carta que me envió.

- ¡Ah! -exclamó Ryddle, y se sentó, cogiéndose las manos fuertemente.

- Muchacho, -dijo Dippet con aire bondadoso.- me temo que no puedo permitirle quedarse en el colegio durante el verano. Supongo que querrá ir a casa para pasar las vacaciones...

- No, -respondió Ryddle enseguida- preferiría quedarme en Hogwarts a regresar a ese..., a ese...

- Le tiene tanto cariño como yo a Hogwarts. -apuntó Harry.

- Según creo, pasa las vacaciones en un orfanato muggle, ¿verdad? -preguntó Dippet con curiosidad.

- Sí, señor -respondió́ Ryddle, ruborizándose ligeramente.

- ¿Es usted de familia muggle?

- A medias, señor -respondió Ryddle.- De padre muggle y de madre bruja.

- ¿Y tanto uno como otro están...?

- Mi madre murió nada más nacer yo, señor. En el orfanato me dijeron que había vivido sólo lo suficiente para ponerme nombre: Tom por mi padre, y Sorvolo por mi abuelo.

- Y a tu padre lo matarás tu, cabrón. -pensó David mordiéndose la lengua.

Dippet chasqueó la lengua en señal de compasión.

- La cuestión es, Tom, -suspiró- que se podría haber hecho con usted una excepción, pero en las actuales circunstancias...

- ¿Se refiere a los ataques, señor? -dijo Ryddle, y a Harry el corazón le dio un brinco. Se acercó, con David como si fuera su sombra, porque no quería perderse ni una silaba de lo que allí se dijera.

- Exactamente. -dijo el director.- Muchacho, tiene que darse cuenta de lo irresponsable que sería que yo le permitiera quedarse en el castillo al término del trimestre. Especialmente después de la tragedia..., la muerte de esa pobre muchacha... Usted estará muchísimo más seguro en el orfanato. De hecho, el Ministerio de Magia se está planteando cerrar el colegio. No creo que vayamos a poder localizar al..., descubrir el origen de todos estos sucesos tan desagradables... - Ryddle abrió más los ojos.

- Señor, si esa persona fuera capturada... Si todo terminara...

- ¿Qué quiere decir? -preguntó Dippet, soltando un gallo. Se incorporó en el asiento.

- ¿Ryddle, sabe usted algo sobre esas agresiones?

- ¡Oh si!. Dos cosas. Una, lleva puesta mi ropa y dos, se llama Tom Sorvolo Ryddle. -ironizo mentalmente. Para su sorpresa, escucho la risa de Hermione en su cabeza.

- No, señor. - respondió Ryddle con presteza. Pero Harry estaba seguro de que aquel "no" era del mismo tipo que el que él mismo había dado a Dumbledore. Dippet volvió a hundirse en el asiento, ligeramente decepcionado.

- Puede irse, Tom. -Ryddle se levantó del asiento y salió de la habitación pisando fuerte. Los dos fueron tras él.

Bajaron por la escalera de caracol que se movía sola, y salieron al corredor, que ya iba quedando en penumbra, junto a la gárgola. Ryddle se detuvo y ellos hicieron lo mismo, mirándolo. Le pareció que Ryddle estaba concentrado: se mordía los labios y tenía la frente fruncida. Luego, como si hubiera tomado una decisión repentina, salió precipitadamente. No vieron a nadie hasta llegar al vestíbulo, cuando un mago de gran estatura, con el cabello largo y ondulado de color castaño rojizo y con barba, llamó a Ryddle desde la escalera de mármol.

- ¿Qué hace paseando por aquí tan tarde, Tom? -Harry y David miraron sorprendidos al mago. No era otro que Dumbledore, con cincuenta años menos.

- Tenía que ver al director, señor. -respondió Ryddle.

- Bien, pues váyase enseguida a la cama -le dijo Dumbledore, dirigiéndole a Ryddle la misma mirada penetrante que Harry conocía tan bien.- Es mejor no andar

por los pasillos durante estos días, desde que... -Suspiró hondo, dio las buenas noches a Ryddle y se marchó con paso decidido.

- La mirada de Dumbledore lleva cincuenta años dando mal rollo. -comentó Harry intentando aligerar el ambiente y calmar sus nervios.

- Y es de la misma opinión que yo. -comento David.- Tampoco se fía de Ryddle.

Ryddle esperó que se fuera y a continuación, con rapidez, tomó el camino de las escaleras de piedra que bajaban a las mazmorras, seguido por los chicos. Pero, para su decepción, Ryddle no lo condujo a un pasadizo oculto ni a un túnel secreto, sino a la misma mazmorra en que Snape les daba clase. Como las antorchas no estaban encendidas y Ryddle había cerrado casi completamente la puerta, lo único que Harry y David veían era a Ryddle, que, inmóvil tras la puerta, vigilaba el corredor que había al otro lado.

A Harry le pareció que permanecían allí al menos una hora. Seguía viendo únicamente la figura de Ryddle en la puerta, mirando por la rendija, aguardando inmóvil. Y cuando Harry dejó de sentirse expectante y tenso, y empezaron a entrarle ganas de volver al presente, oyó que se movía alga al otro lado de la puerta. Alguien caminaba por el corredor sigilosamente. Quien quiera que fuese, pasó ante la mazmorra en la que estaban ocultos ellos y Ryddle. Éste, silencioso como una sombra, cruzó la puerta y lo siguió, con los chicos detrás; Harry que se ponía de puntillas, sin recordar que no le podían oír y David que había sacado la varita, por si acaso.

Persiguieron los pasos del desconocido durante unos cinco minutos, cuando de improviso Ryddle se detuvo, inclinando la cabeza hacia el lugar del que provenían unos ruidos. Harry oyó el chirrido de una puerta y luego a alguien que hablaba en un ronco susurro.

- Vamos..., te voy a sacar de aquí ahora..., a la caja... -Algo le resultaba conocido en aquella voz. De repente, Ryddle dobló la esquina de un salto. Harry lo siguió y pudo ver la silueta de un muchacho alto como un gigante que estaba en cuclillas delante de una puerta abierta, junto a una caja muy grande.

- Hola, Rubeus -dijo Ryddle con voz seria. El muchacho cerró la puerta de golpe y se levantó.

- ¿Qué haces aquí́, Tom? .Ryddle se le acercó.

- Todo ha terminado. -dijo.- Voy a tener que entregarte, Rubeus. Dicen que cerrarán Hogwarts si los ataques no cesan.

- ¿Que vas a...?

- No creo que quisieras matar a nadie. Pero los monstruos no son buenas mascotas. Me imagino que lo dejaste salir para que le diera el aire y...

- ¡No ha matado a nadie! - interrumpió el muchachote, retrocediendo contra la puerta cerrada. Harry oía unos curiosos chasquidos y crujidos procedentes del otro lado de la puerta.

- Vamos, Rubeus - dijo Ryddle, acercándose aún más.- Los padres de la chica muerta llegarán mañana. Lo menos que puede hacer Hogwarts es asegurarse de que lo que mató a su hija sea sacrificado...

- ¡No fue él! -gritó el muchacho. Su voz resonaba en el oscuro corredor.- ¡No sería capaz! ¡Nunca!

- Hazte a un lado -dijo Ryddle, sacando su varita mágica.

Su conjuro iluminó el corredor con un resplandor repentino. La puerta que había detrás del muchacho se abrió con tal fuerza que golpeó contra el muro que había enfrente. Por el hueco salió algo que hizo a Harry proferir un grito que solo David pudo oír.

Un cuerpo grande, peludo, casi a ras de suelo, y una maraña de patas negras, varios ojos resplandecientes y unas pinzas afiladas como navajas... Ryddle levantó de nuevo la varita, pero fue demasiado tarde. El monstruo lo derribó al escabullirse, enfilando a toda velocidad por el corredor y perdiéndose de vista. Ryddle se incorporó, buscando la varita. Consiguió cogerla, pero el muchachón se lanzó sobre él, se la arrancó de las manos y lo tiró de espaldas contra el suelo, al tiempo que gritaba: ¡NOOOOOOOO!

Todo empezó a dar vueltas y la oscuridad se hizo completa. Harry y David sintieron que caían y aterrizaron de golpe con los brazos y las piernas extendidos sobre la cama de Harry en el dormitorio de Gryffindor, y con el diario de Ryddle abierto sobre el abdomen del moreno.

Antes de que pudieran recuperar el aliento, se abrió la puerta del dormitorio y entró Ron.

- ¡Estás aquí! -dijo. Al ver a David se extraño. Harry se sentó. Estaba sudoroso y temblaba.

- ¿Qué pasa? - dijo Ron, preocupado.

- Fue Hagrid, Ron. Hagrid abrió la Cámara de los Secretos hace cincuenta años. -casi grito Harry mientras giraba la cabeza para mirar a David que no había abierto la boca.

Comentarios.

Hola a todos. Bueno se acerca el final de la historia. No se que os estará pareciendo este segundo año... David empieza a tener pequeños deslices provocados por lo comodo que se siente como parte del grupo. Tal y como ya comente, es amigo de ellos pero no forma parte del trio dorado; unas veces porque el trio le omite (como el año pasado) y otras porque el mismo lo evita (vease el ejemplo de la pocion multijugos).

El agradecimiento de hoy es para LORDKUKUKU por haber puesto en favoritos el fic que he escrito sobre Guerra Mundial Z, el cual agradeceria que leyerais y comentarais (si ya se que esto es publicidad, jajajaja).

Voy a hacer un pequeño avance del final de este fic. Las cosas no seran como las conoceis... (...inserte risa maligna...). Aunque espero que os guste.

Un bratzo, xotug.