Capitulo 13. Usando el Santuario.
Harry, Ron y Hermione siempre habían sabido que Hagrid sentía una desgraciada afición por las criaturas grandes y monstruosas. Durante el curso anterior en Hogwarts había intentado criar un dragón en su pequeña cabaña de madera, y pasaría mucho tiempo antes de que pudieran olvidar al perro gigante de tres cabezas al que había puesto por nombre Fluffy. Harry estaba seguro de que si, de niño, Hagrid se enteró de que había un monstruo oculto en algún lugar del castillo, hizo lo imposible por echarle un vistazo. Seguro que le parecía inhumano haber tenido encerrado al monstruo tanto tiempo y debía de pensar que el pobre tenía derecho a estirar un poco sus numerosas piernas. Podía imaginarse perfectamente a Hagrid, con trece años, intentando ponerle un collar y una correa. Pero también estaba seguro de que él nunca había tenido intención de matar a nadie.
Harry casi habría preferido no haber averiguado el funcionamiento del diario de Ryddle. Ron y Hermione le pedían constantemente que les contase una y otra vez todo lo que había visto, hasta que se cansaba de tanto hablar y de las largas conversaciones que seguían a su relato y que no conducían a ninguna parte. Por suerte para el, la carga era compartida con David, que también había estado en la escena del crimen; por lo que el bombardeo de preguntas era compartido.
- A lo mejor Ryddle se equivocó de culpable. -decía Hermione. -A lo mejor el que atacaba a la gente era otro monstruo...
- Yo lo expondria por otro lado. ¿Y si lo que nos enseño Ryddle no fuera verdad? -dijo David. Todos le miraron sorprendidos. Ninguno había pensado en ello.
- He oido hablar de que puedes modificar tus recuerdos, pero es algo muy complejo y dudo que un alumno de quinto pudiera hacerlo. -explico Hermione.- Estoy convencida de que es verdad lo que mostro.
- No niego que no sea verdad. Pero, ¿y si Ryddle nos enseño solo la parte de los recuerdos que le interesan?. -insistio el metamorfomago.- Este año, por ejemplo, hemos visto criaturas mortales como las mandragoras en Herbologia. No seria sorprendente que alguna criatura de las que estudian en cursos superiores se escapara o algo así y matara a la alumna.
- ¿Por qué ocultarlo entonces? -pregunto Jess interesada.
- Prestigio. -sugirió David.- Quizás el director tenia miedo de que, si salía a la luz de que una alumna había muerto por culpa de un descuido de algún profesor, la reputación de Hogwarts se echara a perder y eso provocara el descenso de alumnos matriculados.
Ron intentó verlo de otro modo.
- Ryddle me recuerda a Percy. Pero ¿por qué tuvo que delatar a Hagrid?
- El monstruo había matado a una persona, Ron. -contestó Hermione.
- Y Ryddle habría tenido que volver al orfanato muggle si hubieran cerrado Hogwarts -dijo Harry.- No lo culpo por querer quedarse aquí.
Ron se mordió un labio y luego vaciló al decir: - Os encontrasteis a Hagrid en el callejón Knockturn, ¿verdad?
- Dijo que había ido a comprar un repelente contra las babosas carnívoras - dijo Harry con presteza.
- Se me ocurre otra cosa. -dijo Jess de repente.- Hermione, la leyenda de la Cámara de los Secretos dice que tanto la cámara como el horror que habita en ella, solo podría ser usada por el heredero de Slytherin, ¿no?.
- Así es. -respondió la chica.
- ¿Y vosotros creéis que Hagrid puede ser el heredero de Slytherin?. ¿Un Gryffindor?. -termino la chica.
- ¿Hagrid fue un Gryffindor? -preguntaron Harry y Ron sorprendidos.
- Si, me lo dijo al principio de curso. Un día que salimos a pasear con Fang. -explico Jess.
Se quedaron en silencio. Tras una pausa prolongada, Hermione tuvo una idea elemental.
- ¿Por qué no vamos y le preguntamos a Hagrid?
- Sería una visita muy cortés -dijo Ron.- Hola, Hagrid, dinos, ¿has estado últimamente dejando en libertad por el castillo a una cosa furiosa y peluda?
- Imposible. -dijo David.- Ya intente sonsacarle algo cuando estaba cumpliendo el castigo con el y fue imposible... Bueno, tampoco es que me sorprenda si le expulsaron de Hogwarts por culpa de ese incidente. No debe de ser muy agradable tener que recordarlo.
Durante las vacaciones de Semana Santa, los de segundo tuvieron algo nuevo en que pensar. Había llegado el momento de elegir optativas para el curso siguiente, decisión que al menos Hermione se tomó muy en serio.
- Podría afectar a todo nuestro futuro —dijo a los cuatro mientras repasaban minuciosamente la lista de las nuevas materias, señalándolas.
- Lo único que quiero es no tener Pociones -dijo Harry.
- Imposible -dijo Ron con tristeza.- Seguiremos con todas las materias que tenemos ahora. Si no, yo me libraría de Defensa Contra las Artes Oscuras.
- ¡Pero si esa es muy importante! - dijo Hermione, sorprendida.
- No tal como la imparte Lockhart - repuso Ron.- Lo único que me ha enseñado es que no hay que dejar sueltos a los duendecillos.
- Bueno, gracias a eso te enseñe el hechizo Electro. -recordó David.- Por cierto, ¿lo usaste el otro día con Filch, no?.
- Si. Le acerté en todo el culo. ¿Viste el bote que dio del chispazo? -dijo Ron con nostalgia en la voz.
- Un éxito total. -afirmo David.
Neville Longbottom había recibido carta de todos los magos y brujas de su familia, y cada uno le aconsejaba materias distintas. Confundido y preocupado, se sentó́ a leer la lista de las materias y les preguntaba a todos si pensaban que Aritmancia era más difícil que Adivinación Antigua. Dean Thomas, que, como Harry, se había criado con muggles, terminó cerrando los ojos y apuntando a la lista con la varita mágica, y escogió las materias que había tocado al azar. Hermione no siguió el consejo de nadie y las escogió todas, sin que esto sorprendiera a nadie.
Harry sonrió tristemente al imaginar lo que habrían dicho tío Vernon y tía Petunia si les consultara sobre su futuro de mago. Pero alguien lo ayudó: Percy Weasley se desvivía por hacerle partícipe de su experiencia. Esto provoco que múltiples variaciones de la palabra presumido aparecieran a intervalos regulares en su insignia de prefecto; obra y gracia de Fred y George y el toque maestro con el ECOQ de David.
- Depende de adónde quieras llegar, Harry -le dijo.- Nunca es demasiado pronto para pensar en el futuro, así́ que yo te recomendaría Adivinación. La gente dice que los estudios muggles son la salida más fácil, pero personalmente creo que los magos deberíamos tener completos conocimientos de la comunidad no mágica, especialmente si queremos trabajar en estrecho contacto con ellos. Mira a mi padre, tiene que tratar todo el tiempo con muggles.
-Descarta esa. -dijo Jess que también escuchaba con atención a Percy.- Tu te has criado con muggles, así que no te pueden enseñar nada; además de haber adquirido gracias a su generoso trato, una reserva inagotable de paciencia. -Harry se echo a reír descontroladamente. Cuando pudo parar, Percy continuo con su charla.
- A mi hermano Charlie siempre le gustó el trabajo al aire libre, así́ que escogió Cuidado de Criaturas Mágicas. Escoge aquello para lo que valgas, Harry.
Pero lo único que a Harry le parecía que se le daba realmente bien era el quidditch. Terminó eligiendo las mismas optativas que Ron, pensando que si era muy malo en ellas, al menos contaría con alguien que podría ayudarle.
Para David la elección fue sencillísima. Adivinación y Cuidado de Criaturas Mágicas. No iba a desaprovechar la oportunidad de valerse de su conocimiento para tener dos asignaturas sencillas de aprobar y poder centrarse en las verdaderamente importantes. Jessica, por su parte, eligió Aritmancia y Cuidado de Criaturas Mágicas. David no se sorprendió nada al conocer esas elecciones. A Jess siempre le habían gustado y se le daban muy bien los números y tenia mano con los animales. También ayudo en esta ultima elección, que se hubiera quedado fascinada cuando David conto sus experiencias con los bowtruckles.
Despertaron al día siguiente con un sol intenso y una brisa ligera y refrescante.
- ¡Perfectas condiciones para jugar al quidditch! -dijo Wood emocionado a los de la mesa de Gryffindor, llevando los platos con los huevos revueltos.- ¡Harry, levanta el ánimo, necesitas un buen desayuno!.
Harry había estado observando la mesa abarrotada de Gryffindor, preguntándose si tendría delante de las narices al nuevo poseedor del diario de Ryddle. Hermione lo intentaba convencer de que notificara el robo, pero a Harry no le gustaba la idea. Tendría que contar todo lo referente al diario a algún profesor, ¿y cuánta gente sabía por qué habían expulsado a Hagrid hacía cincuenta años? No quería ser él quien lo sacara de nuevo a la luz. David y Jess estaban de acuerdo. Además, el primero se había tomado como algo personal el encontrar al culpable. En realidad, David quería tener una excusa para poder vigilar a Ginny sin que los Weasley le cortaran la cabeza.
David y Jess salieron detrás de Harry, Ron y Hermione hablando sobre las asignaturas nuevas. De repente, Hermione se dio la vuelta y les paso corriendo como si la vida le fuera en ello. David y Jess alcanzaron a los chicos que tenían la misma cara de sorpresa que ellos.
- ¿Que le pasa a Hermione? -pregunto Jess.
- No lo sabemos. -respondió Ron.- Únicamente, Harry ha vuelto a escuchar la voz misteriosa y Hermione nos ha dicho que ha comprendido algo y ha salido a todo correr a la biblioteca.
- Extraño, ¿no? -continuo la chica. Harry se alzo de hombros.
- Sea lo que sea, nos lo dirá después. -dijo el moreno.
- ¡Harry! ¡El partido! -exclamo David.- ¡Wood te mata! -Harry al escuchar esto salió corriendo hacia la torre de Gryffindor para coger su escoba. Ron, David y Jess se encaminaron hacia las gradas del estadio de quidditch para coger un buen sitio.
Los equipos saltaron al campo de juego en medio del clamor del público. Oliver Wood despegó para hacer un vuelo de calentamiento alrededor de los postes, y la señora Hooch sacó las bolas. Los de Hufflepuff, que jugaban de color amarillo canario, se habían reunido para repasar la táctica en el último minuto.
Harry acababa de montarse en la escoba cuando la profesora McGonagall llegó corriendo al campo, llevando consigo un megáfono de color púrpura.
- El partido acaba de ser suspendido -gritó por el megáfono la profesora, dirigiéndose al estadio abarrotado. Hubo gritos y silbidos. Oliver Wood, con aspecto desolado, aterrizó y fue corriendo a donde estaba la profesora McGonagall sin desmontar de la escoba. Quiso hablar con ella pero la profesora McGonagall no le hizo caso y continuó gritando por el megáfono:
- Todos los estudiantes tienen que volver a sus respectivas salas comunes, donde les informarán los jefes de sus casas. ¡Id lo más deprisa que podáis, por favor!
Algunos de los estudiantes que había alrededor de David y Jess rezongaban por la suspensión del partido y otros parecían preocupados. La chica dio un golpe a David y le señalo como McGonagall salía del campo acompañada de Harry y Ron.
- ¿Por que se les lleva a los dos? -pregunto la chica a David.
- Me temo lo peor. -respondió David.
- ¿Otro ataque? -pregunto con miedo Jess.
- No se me ocurre otra razón por la que se pudiera suspender el partido. -medito el chico.
- Pero, ¿por que se lleva McGonagall a Harry y a Ron?.- de repente la chica puso cara de haber comprendido lo que pasaba. -¿No habrán atacado... -le costaba decir el nombre que tenia en mente.- a Hermione?
- Esperemos que no. -mintió David mientras abrazaba a la chica que había empezado a temblar ligeramente.
Por desgracia, las sospechas de Jess se confirmaron cuando Harry y Ron entraron en la sala común de Gryffindor acompañando a la profesora McGonagall. Esta les explicaba visiblemente afectada las nuevas normas.
- Todos los alumnos estarán de vuelta en sus respectivas salas comunes a las seis en punto de la tarde. Ningún alumno podrá dejar los dormitorios después de esa hora. Un profesor os acompañará siempre al aula. Ningún alumno podrá entrar en los servicios sin ir acompañado por un profesor. Se posponen todos los partidos y entrenamientos de quidditch. No habrá más actividades extraescolares.
Los alumnos de Gryffindor, que abarrotaban la sala común, escuchaban en silencio a la profesora McGonagall, quien al final enrolló el pergamino que había estado leyendo y dijo con la voz entrecortada por la impresión:
- No necesito añadir que rara vez me he sentido tan consternada. Es probable que se cierre el colegio si no se captura al agresor. Si alguno de vosotros sabe de alguien que pueda tener una pista, le ruego que lo diga.
La profesora salió por el agujero del retrato con cierta torpeza, e inmediatamente los alumnos de Gryffindor rompieron el silencio.
- Han caído dos de Gryffindor, sin contar al fantasma, que también es de Gryffindor, uno de Ravenclaw y otro de Hufflepuff -dijo Lee Jordan, el amigo de los gemelos Weasley, contando con los dedos.- ¿No se ha dado cuenta ningún profesor de que los de Slytherin parecen estar a salvo? ¿No es evidente que todo esto proviene de Slytherin? El heredero de Slytherin, el monstruo de Slytherin... ¿Por qué no expulsan a todos los de Slytherin? -preguntó con fiereza. Hubo alumnos que asintieron y se oyeron algunos aplausos aislados. Harry se inclino cuando Ron le hizo una seña.
- ¿Qué vamos a hacer? -preguntó Ron a Harry al oído.- ¿Crees que sospechan de Hagrid?
- Tenemos que ir a hablar con él -dijo Harry, decidido.- No creo que esta vez sea él, pero si fue el que lo liberó la última vez, también sabrá llegar hasta la Cámara de los Secretos, y algo es algo.
- Pero McGonagall nos ha dicho que tenemos que permanecer en nuestras torres cuando no estemos en clase...
- Creo -dijo Harry, en voz todavía más baja- que ha llegado ya el momento de volver a sacar la vieja capa de mi padre.
David sabia que Harry y Ron iban a usar la capa invisible así que hizo gala de todo su poder de convicción para llevarse a Neville, Dean y Seamus antes a la cama y así dejarles vía libre a los dos.
Cuando la noticia de que Dumbledore no estaba se confirmo, el miedo se había extendido más aún, y el sol que calentaba los muros del castillo parecía detenerse en las ventanas con parteluz. Apenas se veía en el colegio un rostro que no expresara tensión y preocupación, y si sonaba alguna risa en los corredores, parecía estridente y antinatural, y enseguida era reprimida.
Había una persona, sin embargo, que parecía disfrutar plenamente de aquella atmósfera de terror y recelo. Draco Malfoy se pavoneaba por el colegio como si acabaran de darle el Premio Anual. Harry no comprendió por qué Malfoy se sentía tan a gusto hasta que, unos quince días después de que se hubieran ido Dumbledore y Hagrid, estando sentado detrás de él en clase de Pociones, le oyó regodearse de la situación ante Crabbe y Goyle:
- Siempre pensé que mi padre sería el que echara a Dumbledore -dijo, sin preocuparse de hablar en voz baja.- Ya os dije que él opina que Dumbledore ha sido el peor director que ha tenido nunca el colegio. Quizá ahora tengamos un director decente, alguien que no quiera que se cierre la Cámara de los Secretos. McGonagall no durará mucho, sólo está de forma provisional...
Snape pasó al lado de Harry sin hacer ningún comentario sobre el asiento y el caldero solitarios de Hermione.
- Señor, -dijo Malfoy en voz alta.- señor, ¿por qué no solicita usted el puesto de director?
- Venga, venga, Malfoy -dijo Snape, aunque no pudo evitar sonreír con sus finos labios.- El profesor Dumbledore sólo ha sido suspendido de sus funciones por el consejo escolar. Me atrevería a decir que volverá a estar con nosotros muy pronto.
- Ya. -dijo Malfoy, con una sonrisa de complicidad.- Espero que mi padre le vote a usted, señor, si solicita el puesto. Le diré que usted es el mejor profesor del colegio, señor.
Snape paseaba sonriente por la mazmorra, afortunadamente sin ver a Seamus Finnigan, que hacía como que vomitaba sobre el caldero.
- Me sorprende que los sangre sucia no hayan hecho ya todos el equipaje -prosiguió Malfoy.- Apuesto cinco galeones a que el próximo muere. Qué pena que
no sea Granger...
La campana sonó en aquel momento, y fue una suerte, porque al oír las últimas palabras, Ron y David habían saltado del asiento para abalanzarse sobre Malfoy, aunque con el barullo de recoger libros y bolsas, su intento pasó inadvertido.
- Dejadme -protestó Ron cuando lo sujetaron entre Harry y Dean.- No me preocupa, no necesito mi varita mágica, lo voy a matar con las manos...
- No Ron. -dijo David que a duras penas era calmado por Jess.- Primero, lo torturare a base de sumisiones hasta que se quede afónico de tanto gritar y luego ya te lo dejo para que lo remates. Asqueroso cabrón... hijo de...
El profesor Snape acompañó a los alumnos al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras. Harry y Ron se rezagaron un poco para hablar sin que los oyeran. David hizo lo mismo.
- Tenemos que recurrir otra vez a la capa para hacernos invisibles -dijo Harry a Ron sin darse cuenta de que David estaba allí-. Podemos llevar con nosotros a Fang. Hagrid lo lleva con él al bosque, así que podría sernos de ayuda.
- De acuerdo -dijo Ron, que movía su varita mágica nerviosamente entre los dedos.- Pero... ¿no hay..., no hay hombres lobo en el bosque? -añadió, mientras ocupaban sus puestos habituales al final del aula de Lockhart.
- ¿Y que?. Mientras no queráis entrar en el bosque en luna llena. -dijo David en un susurro.
- ¡David! -dijeron los dos mas alto de lo que hubieran querido.
- Me da igual lo que hagáis. -respondió el metamorfomago. -Como os dije antes de Navidades, prefiero saber cuanto menos mejor. Pero si necesitáis mi ayuda para algo que no sea punible, decídmelo. -Volviendo al tema del bosque prohibido, Harry dijo:
- También hay allí́ cosas buenas. Los centauros son buenos, y los unicornios también.
Ron no había estado nunca en el bosque prohibido. Harry había penetrado en él en una ocasión, y deseaba no tener que volver a hacerlo.
Lockhart entró en el aula dando un salto, y la clase se lo quedó mirando. Todos los demás profesores del colegio parecían más serios de lo habitual, pero Lockhart estaba tan alegre como siempre.
- ¡Venga ya! -exclamó, sonriéndoles a todos.- ¿Por qué ponéis esas caras tan largas?
Los alumnos intercambiaron miradas de exasperación, pero no contestó nadie.
- ¿Es que no comprendéis, -les decía Lockhart, hablándoles muy despacio, como si fueran tontos- que el peligro ya ha pasado? Se han llevado al culpable.
- ¿A quién dice? -preguntó Dean Thomas en voz alta.
- Mi querido muchacho, el ministro de Magia no se habría llevado a Hagrid si no hubiera estado completamente seguro de que era el culpable -dijo Lockhart, en el tono que emplearía cualquiera para explicar que uno y uno son dos.
- Ya lo creo que se lo llevaría -dijo Ron, alzando la voz más que Dean.
- Estoy con Ron. -añadió Jess aun mas alto.- Todos sabemos como son los políticos. Les importa la imagen mas que nada. -el agradecimiento surgió en la mirada del pelirrojo.
- Me atrevería a suponer que sé más sobre el arresto de Hagrid que ustedes, señores Weasley y Quake —dijo Lockhart empleando un tono de satisfacción. -Ron comenzó a decir que él no era de la misma opinión, pero se paró en mitad de la frase cuando Harry le arreó una patada por debajo del pupitre.
Pero la desagradable alegría de Lockhart, las sospechas que siempre había tenido de que Hagrid no era bueno, su confianza en que todo el asunto ya había tocado a su fin, irritaron tanto a David, que sintió deseos de tirarle Una vuelta con los espíritus malignos a su cara de idiota. Harry sentía exactamente lo mismo. Pero en lugar de eso, se conformó con escribirle a Ron una nota, que le paso a través de David, ya que Lockhart apenas le quitaba el ojo de encima. El metamorfomago aprovecho para echarle un vistazo rápido: "Lo haremos esta noche."
Aquellos días, la sala común de Gryffindor estaba siempre abarrotada, porque a partir de las seis, los de Gryffindor no tenían otro lugar adonde ir. También tenían mucho de que hablar, así que la sala no se vaciaba hasta pasada la medianoche.
Para empeorar las cosas, esta noche parecía que Ginny se había centrado cabezonamente en mirar a Harry casi sin pestañear y Fred y George estaban especialmente interesados en jugar al snap explosivo con ellos. Aprovechando un descanso entre partida y partida, Ron se acerco a David.
- David, ¿puedes hacernos un favor? ¿Podrías quitarnos de encima a mis hermanos? -pregunto intentando disimular su nerviosismo.
David se levanto y se sentó en el sillón justo al lado de Ginny. Sabia como echarla de allí pero no le iba a gustar hacerlo.
- Hola Ginny. -saludo David.
- Hola David. -respondió sin mirarle.
- Oye Ginny, me he dado cuenta de que tienes unas ojeras horrorosas y estas mas pálida de los normal. ¿Te pasa algo? -la chica se giro temblorosa temiendo que la hubieran descubierto.
- No me pasa nada. Solo que no duermo muy bien últimamente. -respondió la pelirroja sin convicción.
- Entonces deberías de aprovechar para dormir. -le aconsejo David. Esta, aprovechó la salida que le había dado el metamorfomago para escabullirse de la conversación y anuncio que se iba a la cama.
Ron miro a David sorprendido y le hizo un gesto de asentimiento con el dedo. David se quedo pensando en alguna forma de hacer que ellos se retiraran a su dormitorio. Estuvo unos diez minutos dándole vueltas a la situación sin encontrar ninguna situación plausible. Nada, excepto una, pero requeriria forzar mucho los conocimientos que tenia. Sin embargo, el tiempo apremiaba, así que se acerco a los gemelos.
- Oye chicos. -les dijo metiendo su cabeza entre las de ellos.- Tengo algo que deciros. Es importante. -Fred y George se levantaron y acompañaron al chico a una de las esquinas de la sala común mas apartadas de la chimenea.
- Dinos, pequeño cambiante. -dijeron los dos.
- Se vuestro secreto. -comento de forma misteriosa David mientras sonreía.
- ¿Que secreto? -preguntaron también sonriendo.
- Algo llamado el Mapa del Merodeador. -respondió con una sonrisa mas grande. La sonrisa de los gemelos desapareció rápidamente.
- ¿Como lo sabes? -preguntaron nerviosos. Era la primera vez que David los veía así y le hacia gracia.
- A ver muchachos, sois los reyes de las bromas, pero deberíais tener cuidado cuando dejéis ciertas cosas encima de la mesa de la biblioteca. ¿Y si hubiera sido Filch el que se lo encuentra?.
- ¿No lo borraste? -pregunto Fred a George.
- No me pareció conveniente. -respondió intentando explicarse. - Solo me separe unos segundos.
- Los suficiente como para que David se diera cuenta de lo que era. -respondió mientras le daba un pescozón.- ¿Por que te diste cuenta?
- ¿De que es un mapa de Hogwarts donde salimos todos reflejados y en que sitio estamos en cada momento? -pregunto irónicamente.- Si, creo que si.
- ¿Y que quieres? -pregunto Fred preocupado.
- Solo que me enseñéis a usarlo y que me lo dejéis esta noche y de vez en cuando. -dijo David.- Creo que es justo.
Los gemelos se alejaron unos metros de David y discutieron entre ellos en voz baja. Al cabo de unos minutos, volvieron a acercarse a David.
- Nos parece mas que justo. -respondió George.- Además, si te hemos acogido bajo nuestra ala; tarde o temprano teníamos que revelarte este secreto. Ven, síguenos.
David acompaño a los gemelos hasta sus dormitorios. Fred abrió un baúl el doble de grande de lo normal... parecía que los gemelos lo compartían. El pelirrojo introdujo la mano en el baúl y saco un gran pergamino que extendió encima de la cama. Toco con su varita el pergamino y dijo:
- Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
Del punto donde había tocado la varita empezaron a salir líneas de tinta que iban formando el mapa de Hogwarts. Pequeños carteles mostraban la ubicación de todos los habitantes del castillo. David echo una mirada furtiva comprobando como Harry y Ron ya habían salido de la sala común.
- ¿Y como se borra? -pregunto David rápidamente para evitar que Fred y George se dieran cuenta de ello.
- Tienes que decir, tocando el mapa con la varita: Travesura realizada. -dijo George mostrándolo. Las líneas de tinta se borraron tan rápido como se habían formado, dejando el pergamino como si acabara de ser comprado.
Fred lo cogió y se lo entrego a David mientras decía solemnemente:
- David... a partir de ahora formas parte del selecto grupo de merodeadores. Lunático, Canuto, Colagusano y Cornamenta...
- Remus Lupin, Sirius Black, la rata y James Potter. -dijo en su interior el metamorfomago.
- ... grandes hombres que nos legaron esta impagable herramienta. Ahora también es tuya. Úsala con responsabilidad. -termino irónico.
David se despidió de ellos con un saludo militar que los gemelos aceptaron complacidos. Subió a su cuarto y se metió en su cama tras correr el dosel de su cama para ocultarse de posibles mirones. Abrió el Mapa del Merodeador encima de la cama.
- Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas. -dijo en voz baja apuntando con su varita. -¡Lumos! -susurro haciendo que su varita se encendiera.
David empezó a buscar a Harry y a Ron por todo el mapa. Los encontró justo antes de salirse del mapa en la zona del Bosque Prohibido. No se sorprendió por esto. Era normal que los merodeadores no conocieran todo el bosque. Al igual que cuando intento buscar la Sala de los Menesteres, tampoco la encontró. Hacían la ronda nocturna, Filch en la sexta planta con su inseparable Señora Norris en la segunda, cerca del baño de Myrtle; McGonagall rondaba por la tercera y cuarta planta; Lockhart vigilaba las dos primeras plantas y Snape estaba de centinela en la puerta principal.
Salían reflejadas en el mapa las salas comunes de Gryffindor, Ravenclaw y Hufflepuff, que estaba justo al lado de las cocinas. Tras un par de horas, vio como Harry y Ron volvían a aparecer en el mapa. Rápidamente salieron del Bosque Prohibido y entraron en el castillo haciendo continuas detenciones cada vez que uno de los centinelas se acercaba a su posición.
Cuando escucho como ambos abrían la puerta del dormitorio, apago la varita, borro el mapa y se quedo escuchando en silencio. Tras unos minutos en los que no se oía nada, salvo los ronquidos de Neville, Harry llamo a Ron.
- Ron -susurró en la oscuridad.- ¡Ron!
Ron despertó con un aullido como los de Fang, abrió unos ojos desorbitados y miró a Harry.
- Ron: la chica que murió. Aragog dijo que fue hallada en unos aseos -dijo Harry, sin hacer caso de los ronquidos de Neville que venían del rincón.- ¿Y si no hubiera abandonado nunca los aseos? ¿Y si todavía estuviera allí́?
- ¿Estas pensando en Myrtle, Harry? -pregunto David corriendo el dosel provocándoles un buen susto a los dos.
- Tu quieres que nos de un infarto, ¿no? -se quejo Ron mientras se acercaba al borde de la cama. Harry miro a David pidiéndole explicaciones.
- No podía dormir. -explico sin ponerle mucho énfasis a la respuesta.- Bueno, ¿tengo razón o no?
- Si, estaba pensando en Myrtle.
Al día siguiente, durante Transformaciones, sucedió algo que por primera vez en varias semanas les hizo olvidar la Cámara de los Secretos. A los diez minutos de empezar la clase, la profesora McGonagall les dijo que los exámenes comenzarían el 1 de junio, y sólo faltaba una semana.
- ¿Exámenes? -aulló Seamus Finnigan.- ¿Vamos a tener exámenes a pesar de todo?
Sonó un fuerte golpe detrás de Harry. A Neville Longbottom se le había caído la varita mágica, haciendo desaparecer una de las patas del pupitre. La profesora McGonagall volvió a hacerla aparecer con un movimiento de su varita y se volvió hacia Seamus con el entrecejo fruncido.
- El único propósito de mantener el colegio en funcionamiento en estas circunstancias es el de daros una educación -dijo con severidad.- Los exámenes, por lo tanto, tendrán lugar como de costumbre, y confío en que estéis todos estudiando duro.
- ¡¿Estudiar duro? -exclamo Ron todo lo bajo que pudo.
- Es imposible concentrarse con todo lo que esta pasando. -susurro Jess. David no pudo mas que darle la razón silenciosamente mientras hacia como que meditaba la mejor forma de transformar los conejos de su mesa en zapatos.
- Las instrucciones del profesor Dumbledore fueron que el colegio prosiguiera su marcha con toda la normalidad posible -dijo ella.- Y eso, no necesito explicarlo, incluye comprobar cuánto habéis aprendido este curso.
Tres días antes del primer examen, durante el desayuno, la profesora McGonagall hizo otro anuncio a la clase.
- Tengo buenas noticias -dijo, y el Gran Comedor, en lugar de quedar en silencio, estalló en alborozo.
- ¡Vuelve Dumbledore! -dijeron varios, entusiasmados.
- ¡Han atrapado al heredero de Slytherin! -gritó una chica desde la mesa de Ravenclaw.
- ¡Vuelven los partidos de quidditch! -rugió Wood emocionado. Cuando se calmó el alboroto, dijo la profesora McGonagall:
- La profesora Sprout me ha informado de que las mandrágoras ya están listas para ser cortadas. Esta noche podremos revivir a las personas petrificadas. Creo que no hace falta recordaros que alguno de ellos quizá pueda decirnos quién, o qué, los atacó. Tengo la esperanza de que este horroroso curso acabe con la captura del culpable.
David salió del Gran Comedor entre los gritos de alborozo y los diversos comentarios que poblaban el Gran Comedor. Se dirigió a la biblioteca para estudiar los antídotos de realización nocturna. Se iba a saltar Defensa contra las Artes Oscuras pero ya le daba igual. Sobre las diez y media de la mañana salió de la biblioteca y volvio a la sala común en busca de Mil Hierbas y Hongos que se lo había dejado en el baúl.
Cuando bajo a la sala común se encontró con la profesora McGonagall que le miraba angustiada.
- Menos mal que le encuentro, señor Manning. Tiene que acompañarme. -David se sorprendió mucho al escuchar el tono preocupado de la voz de la profesora de Transformaciones y ver como blandía su varita. Salieron de la sala común andando a gran velocidad. Hablando con voz entrecortada David pregunto:
- ¿Que pasa profesora? -McGonagall se freno repentinamente y se giro para mirar a los ojos al metamorfomago.
- La señorita Quake ha sido atacada. -la frase cayo como el mazo de un juez dictando sentencia.
Comentarios.
Hola a todos. Hasta ahora, este es el capitulo que he escrito con mas ganas de terminarlo; pero no por si mismo, sino porque estaba deseando subir el siguiente.
Respecto a este capitulo, pues como dice el titulo... David ha sacado partido a lo que sabe. Creo que todos hariamos lo mismo, respecto a la eleccion de las asignaturas, si estuviéramos en el lugar de David. Como veis el final del capitulo ya empieza a cambiar algo la historia normal. En el proximo capitulo, esto se acentuara.
Un bratzo, xotug.
