Una noche agitada
«¡Veo como a través de la niebla!» gimió la rubia, tropezando y casi cayéndose en el umbral de la puerta de entrada. Cerrando la puerta con una mano y sosteniendo con la otra a su madre, Henry buscó el interruptor a tientas.
«Es porque son las tres de la mañana y porque la luz está apagada, mamá» respondió él divertido
La llegada de la luz fue rápidamente seguida de un gruñido de la sheriff.
«Jooo, mis ojos…ohhh buenos días a vos, ¿cómo está, belleza? Tienes clase, ¿sabes?»
Grace no pudo evitar echarse a reír al ver a su suegra intentando besar su propio reflejo en el espejo.
«Sí…cuando ha bebido un poco de más, mamá se vuelve un poco narcisista» le explicó Henry «cuestión de costumbre» le dijo él con un guiño
«Bien, mamá, te voy a llevar a tu cama, sé buena unos minutos antes de que…»
Henry no tuvo tiempo de acabar su frase, su segunda madre acababa de entrar en el hall, de manera menos acrobática que la rubia alcoholizada.
«¡Tú no me llevas a ningún lado! ¡Soy yo la que te lleva a tu cama, soy yo tu mamá! ¿eh, Grace?» preguntó Emma, intentando torpemente poner el pie sobre el primer escalón.
Incómoda, Grace no supo qué responder. Regina vino a su rescate, pasando el brazo de su compañera por su cuello para ayudarla a subir las escaleras.
«¡Deja a esta pequeña tranquila!» subió el primer escalón sosteniendo a Emma «y deja de decir tonterías, vas a ir a dormir, mañana te sentirás mejor»
«Yo no…cuen…to…tonte…rias, solo estoy…alegre» intentó responder la sheriff, a la que le costaba articular convenientemente.
«Completamente borracha es el término que mejor convendría» rio Henry tomando a Grace de la mano para llevarla hacia el salón
«¿Estás escuchando cómo me habla tu hijo?» gimió Emma «tenemos que hablar tú y yo seriamente, su educación deja mucho que desear» murmuró al oído de la morena dibujando signos con su dedo.
«Entendido, cariño…lo haremos, pero mañana, y sobre todo después de un buen cepillado de dientes» respondió Regina riendo.
Lo siguiente fue inaudible. Grace escuchó solo a su suegra extasiarse ante el hecho de tener una escalera de espuma, después refunfuñar explicando que habría sido un gesto tenerla al corriente de que un duende malva se había mudado a su pijama…
Henry se sentó confortablemente en el sofá, Grace se acurrucó contra él.
«¡Qué día…estoy rendida!» dijo ella abrazándose a su novio.
«Yo también» respondió él «El día ha sido largo, y mamá estaba…desmelenada…»
«Eso es seguro» rio Grace incorporándose «Nunca la había visto de esa manera. En fin, quiero decir, es Emma, ella es alegre y siempre ha sido un poco extravagante, pero de ahí…¡qué pasada!»
«Sí, ha estado particularmente desatada» respondió Henry sonriendo «Creo que mañana lo estará menos» añadió haciendo una mueca, imaginándose la cara de su madre al despertar. «Ella siempre está alegre en la fiesta del Recuerdo, pero esta noche se ha desatado más que de costumbre»
«Es porque está contenta de volverte a ver en este día de fiesta» respondió Grace cogiéndole la mano «¿Te das cuenta? Hace cinco años que volvisteis de Neverland. Cinco años que esa maldita guerra acabó…el tiempo pasa tan rápido»
«Sí» suspiró Henry «por desgracia demasiado rápido. Cinco años que nos encontramos para festejar el fin de esa carnicería y llorar a nuestros muertos» añadió él con los ojos llenos de lágrimas.
A pesar del tiempo transcurrido, Henry aún se emocionaba al pensar en todas las personas que habían perecido en esa guerra contra Peter Pan y su ejército de locos furiosos. Leroy y Happy habían perdido a todos sus hermanos, Granny, el Doctor Whale, Hook, Neal, Mulan y muchos otros habían muerto durante el enfrentamiento, el único alivio para él era haber podido matar a Greg Mendell con sus propias manos, lo que fue una dulce venganza después de lo que le había hecho a su madre.
«¿Hablan tus madres de lo sucedido?» preguntó Grace con tono preocupado
«No» respondió él «No en mi presencia en todo caso. Una vez las sorprendí hablando de Peter Pan, pero se callaron tan pronto como me vieron»
«¿Aún no sabes cuál de las dos lo mató?» preguntó Grace
«Fui yo quien lo mató» dijo Regina entrando en el salón.
Sorprendidos, los chicos se levantaron, no la habían escuchado bajar las escaleras.
«Fui yo quien acabó con él, después de que Rumplestilskin y Emma lo hubieran herido» añadió ella mirando a su hijo a los ojos.
Sentándose en el reposabrazos del sofá, se miró los dedos y giró de forma mecánica su alianza de bodas, como hacía siempre que estaba nerviosa.
«Tu madre y yo juramos no contártelo para no remover más la herida» dijo ella cerrando los ojos «Pero creo que hoy tienes el derecho de saber lo que ocurrió esa noche…»
