Capitulo 15. Enfrentamiento contra el basilisco.

Dumbledore salió de su despacho cerrándolo con el hechizo mas potente que conocía. Sabia que era exagerado, pero no quería correr ningún riesgo... Camino por los pasillos vacíos de Hogwarts. Era una estampa poco habitual durante el curso escolar y con todas las ultimas noticias, además bastante inquietante.

El diario que le había traído David era una prueba concluyente de que sus sospechas eran correctas. Voldemort había logrado hacer un Horrocrux, otra muestra mas de lo lejos que había llegado Tom. ¿Cuando había empezado su camino a la locura? ¿Cual había sido la causa?. Este descubrimiento planteaba mas preguntas... ¿Habría hecho mas? ¿Cuando lo había hecho este? ¿Quien habría sido su primera victima?

Pero algo mas ocupaba su mente ahora mismo. David Manning... un chico particular... Un metamorfomago sin ascendencia mágica en varias generaciones... con su Doppelganger activo y controlado... Esto ultimo era lo que mas le intrigaba. De los magos a los que se les activaba, no eran infrecuentes aquellos que conseguían controlarlo; pero si eran poco frecuentes, aquellos que lo hacían tan jóvenes y, aun mas, los que lo conseguían inmediatamente después de su activación. El mismo tuvo su propia experiencia con su Doppelganger cuando conoció a Grindelwald. Consiguió controlarlo de la forma mas cruel posible... con la muerte de Ariana.

Despejo su cabeza de esos pensamientos. Tenia que estar totalmente concentrado para poder sobrevivir al basilisco. Saco su varita... la varita de Sauco... iba a necesitar exprimir su legendario poder al máximo. Llego a la puerta del baño de las chicas de la segunda planta. El mensaje final de Tom producía escalofríos y mas si pensabas en que podía haberse hecho realidad. Allí le esperaban Minerva y Snape con cara de concentración absoluta y Gilderoy que miraba como un desesperado en todas direcciones buscando una salida que no existía.

- Severus, Minerva, Gilderoy. -les saludo cortésmente.- Tenemos un grave problema. Se donde esta la Cámara, la forma de entrar y lo que hay dentro de ella.

- Cuéntanos Albus. -pido McGonagall con el ceño fruncido. Dumbledore sonrió para sus adentros... Minerva siempre dispuesta, una digna Gryffindor.

- Los señores Manning y Potter me han informado que la entrada a la Cámara de los Secretos se encuentra en este baño.

- ¿Como es posible? -pregunto Snape.- ¿Como no se ha descubierto antes?. Albus... tu estuviste en la ultima inspección que se hizo cuando dirigía el colegio el director Dippet.

- Cierto Severus. -respondió Dumbledore.- Pero es necesario saber hablar pársel para poder acceder a ella. -la cara de Snape mostro un gesto de compresión junto a una sonrisa de complicidad.

- No me sorprende nada. -dijo el profesor de Pociones.- No existe mejor forma de guardar la entrada. - Gilderoy se acerco con un brillo de esperanza en los ojos... esta ultima información podría significar que no habría forma de acceder a la misma y el se libraría de este marrón.

- Entonces, señor director... no podemos acceder a la misma. -dijo colocándose su túnica magenta.

- Si, Gilderoy, si que podemos acceder a ella. Por suerte, tenemos a un hablante de pársel aquí mismo. -dijo señalando el Sombrero Seleccionador que traía en su mano izquierda.- ¿Verdad Salazar?

El sombrero se enderezo y una voz femenina salió de su interior.

- No soy Salazar... dice que solo va a ayudar a abrir la Cámara. Que no va a decir nada mas.

- Gracias Rowena. -respondió Dumbledore. Snape miro al sombrero con cara de extrañeza. -Luego Severus, luego te explico... Ahora toca enfrentarnos al basilisco.

- ¿Hay un basilisco en la cámara? -pregunto Lockhart asustado.

- Si, Gilderoy. Puede ser tu mayor aventura hasta la fecha... Piensa en los libros que podrás vender. -ironizo claramente McGonagall.

Dumbledore, varita en ristre, entro el baño flanqueado por McGonagall y Snape, mientras que Lockhart cerraba el grupo con los ojos entrecerrados.

- Myrtle. -llamo al fantasma el director. Esta apareció asustada al encontrarse con los profesores.

- Diga señor director. -respondió azorada.

- Queríamos saber como moriste hace cincuenta años.- El aspecto de Myrtle cambió de repente. Parecía como si nunca hubiera oído una pregunta que la halagara tanto.

- ¡Oooooooh, fue horrible! -dijo encantada.- Sucedió aquí́ mismo. Morí en este mismo retrete. Lo recuerdo perfectamente. Me había escondido porque Olive Hornby se reía de mis gafas. La puerta estaba cerrada y yo lloraba, y entonces oí que entraba alguien. Decían algo raro. Pienso que debían de estar hablando en una lengua extraña. De cualquier manera, lo que de verdad me llamó la atención es que era un chico el que hablaba. Así que abrí la puerta para decirle que se fuera y utilizara sus aseos, pero entonces... -Myrtle estaba henchida de orgullo, el rostro iluminado- me morí.

- ¿Cómo? - preguntó McGonagall.

- Ni idea -dijo Myrtle en voz muy baja.- Sólo recuerdo haber visto unos grandes ojos amarillos. Todo mi cuerpo quedó como paralizado, y luego me fui flotando... Y luego regresé. Estaba decidida a hacerle un embrujo a Oli... -se callo de repente como si aun fuera una alumna y se hubiera dado cuenta de que no tenia que haber hablado tanto.

- ¿Exactamente dónde viste los ojos? -preguntó Snape.

- Por ahí - contestó Myrtle, señalando vagamente hacia el lavabo que había enfrente de su retrete.

Los cuatro profesores se acercaron allí. El lavabo no parecía nada del otro mundo. Dumbledore hizo un par de movimientos con su varita y un leve brillo rojo apareció en uno de los grifos de cobre.

- Aquí hay restos de magia muy antigua y poderosa. -señalo el anciano profesor. Snape se adelanto, varita en ristre y examino el grifo.

- Hay una serpiente grabada en uno de los lados. -anuncio alejándose unos pasos. Dumbledore se acerco y afirmo con la cabeza cuando la vio.

- Es aquí. -dijo con total seguridad. -Salazar es el momento. - Puso el sombrero sobre el lavabo y de el salió una voz suave y siseante como el murmullo de las aguas de un pantano.

- ¡Ábrete! -dijo en un silbido desmayado. De repente el grifo brilló con una luz blanca y comenzó a girar. Al cabo de un segundo, el lavabo empezó a moverse. El lavabo, de hecho, se hundió, desapareció, dejando a la vista una tubería grande, lo bastante ancha para meter un hombre dentro. McGonagall musito unas palabras y transformo uno de los inodoros en un perro que se introdujo por el hueco.

Tras unos segundos de espera, el perro subió flotando por la tubería y volvió a transformarse en el inodoro.

- No hay peligro en bajar. El basilisco no nos espera en la sala que esta justo debajo. -confirmo la profesora. Al escuchar un leve chapoteo a sus espaldas, los tres se dieron las vuelta y apuntaron a Lockhart que intentaba escabullirse andando de puntillas.

- Gilderoy, por favor, usted primero. -pidió amablemente Dumbledore.

El profesor de Defensa contra las Artes Oscuras trago saliva y se arrojo al hueco, seguido de cerca por Snape. Dumbledore y McGonagall cerraban la comitiva. Era como tirarse por un tobogán interminable, viscoso y oscuro. Se podían ver otras tuberías que surgían como ramas en todas las direcciones, pero ninguna era tan larga como aquella, que se curvaba y retorcía, descendiendo súbitamente. Tras un par de minutos de vertiginoso descenso la tubería tomó una dirección horizontal, y cayeron del extremo del tubo a un oscuro túnel de piedra, lo bastante alto para poder estar de pie.

Los tres profesores lanzaron varias esferas de luz que se alinearon a lo largo del túnel, iluminando los primeros metros. El suelo estaba repleto de huesos de pequeños animales. Al fondo se podía ver una silueta. Snape hizo que una de las esferas doblara su tamaño y, con un giro de varita la situó encima de la silueta. La luz iluminó la piel de una serpiente gigantesca, una piel de un verde intenso, ponzoñoso, que yacía atravesada en el suelo del túnel, retorcida y vacía. El animal que había dejado allí́ su muda debía de medir al menos siete metros. Se acercaron con precaución hacia ella.

- Muda de piel de basilisco, sin duda. -dijo Snape examinándola mientras hacia extraños movimientos con su varita. - El animal tiene mas de 1000 años... es un macho... en excelente estado de salud. -iba diciendo según la piel se iba iluminando de distintos colores.

- Continuemos. -dijo Dumbledore mirando al frente. McGonagall no dejaba de apuntar a Lockhart.

Las esferas de luz seguían a los magos según iban avanzando. Tras unos pocos minutos llegaron enfrente de una gruesa pared en la que estaban talladas las figuras de dos serpientes enlazadas, con grandes y brillantes esmeraldas en los ojos. Dumbledore se quedo examinando la puerta mientras murmuraba extrañas frases unidas a giros de su varita. Se dio la vuelta con cara de circunstancias.

- Detrás de esta pared esta la sala central de la Cámara de los Secretos. Esta vacía, no hay rastro del basilisco ni de ningún otro hechizo de protección. Sin embargo, hay una fuerte ocultación mágica al fondo de la misma y una interminable red de tuberías que no he podido comprobar totalmente. -explico Dumbledore. -No sabemos si el basilisco saldrá de alguna parte de esta red. Es el momento de prepararse.

- ¡Muter sentia! -gritaron los tres a la vez apuntándose a los ojos. Estos se volvieron totalmente blancos. Gilderoy dio un grito al verlos.

- ¿Que es eso? -pregunto asustado.

- Es un hechizo de intercambio de sentidos. -le explico McGonagall perdiendo la paciencia.- Lo que produce es que podamos ver los sonidos, como hacen los murciélagos. Así la mirada del basilisco no es letal.- Snape no pidió permiso y le aplico el mismo hechizo a Lockhart que dio un bote al sentirlo.

- Salazar. -ordeno Dumbledore.

- Ábrete. -volvió a decir el Sombrero en pársel.

Las serpientes se separaron al abrirse el muro. Las dos mitades de éste se deslizaron a los lados hasta quedar ocultas. Apagaron las luces ya que, con el hechizo de intercambio de sentidos, eran inútiles.

- ¡Sonus unda! -dijo Snape. Las ondas de sonido se extendieron por toda la Cámara de los Secretos. Con los rebotes de las ondas sonoras pudieron ver donde estaban.

Se hallaban en el extremo de una sala muy grande, apenas iluminada. Altísimas columnas de piedra talladas con serpientes enlazadas se elevaban para sostener un techo que se perdía en la oscuridad, proyectando largas sombras negras sobre la extraña penumbra verdosa que reinaba en la estancia. Al llegar al último par de columnas, vieron una estatua, tan alta como la misma cámara, que surgía imponente, adosada al muro del fondo.

Tuvieron que echar atrás la cabeza para poder vislumbrar el rostro gigantesco que la coronaba: era un rostro antiguo y simiesco, con una barba larga y fina que le llegaba casi hasta el final de la amplia túnica de mago, donde unos enormes pies de color gris se asentaban sobre el liso suelo.

- Hay que reconocer que el trabajo es sobresaliente. -reconoció McGonagall al ver las estatuas.

- Sin duda. -afirmo Dumbledore.

- Fue mi obra maestra. -se escucho la voz de Salazar desde el Sombrero.

- Vale, dejémonos de alabanzas. -dijo Snape con el ceño fruncido.- ¿Donde esta el basilisco?

- No vendrá si no es llamado. -respondió Salazar.

- Pues ya sabes lo que toca. -dijo Snape cabreado.

- ¡Sal del nido, tu amo te llama! -siseo Salazar a regañadientes.

El gigantesco rostro de piedra de la estatua de Slytherin se movió y vieron como abría la boca, más y más, hasta convertirla en un gran agujero. El basilisco salió extendiendo todo su cuerpo y estirándose hacia el techo. Era de color verde brillante y media alrededor de quince metros de largo. La pluma escarlata de la cabeza confirmaba que era un macho. Abrió la boca y soltó un profundo siseo, los largos colmillos afilados del tamaño de espadas rezumaban de un veneno negro. Los ojos amarillos del basilisco refulgían en la sala. Los cuatro magos se escondieron tras las columnas de piedra. El basilisco olisqueo el aire y se dirigió velozmente hacia la columna donde se escondía Lockhart.

Dumbledore salió de su escondite y realizo un gran movimiento de varita. Varias de las serpientes de piedra talladas en su columna se abalanzaron sobre el basilisco enrollándose sobre su largo cuerpo. La serpiente detuvo su avance al sentir el peso de la piedra animada. Lockhart aprovecho el momento para escapar. Sin embargo, fue golpeado con la cola del basilisco que se retorcía para escaparse del pétreo abrazo. Gilderoy salió volando y se golpeo con la cabeza en la pared.

McGonagall se acerco a el y tras unos rápidos hechizos comprobó que solo estaba desmayado.

- ¡Déjalo Minerva! -grito Snape mientras esquivaba la cola de la serpiente que había conseguido destrozar las serpientes de piedra y liberarse. McGonagall lo desilusiono y lo saco de la sala levitando el cuerpo. Cuando quiso acercarse a Dumbledore y Snape, que habían creado una barrera que estaba siendo asediada por los terribles placajes de la bestia, empezó a perder la visión sónica.

- ¡Albus, perdemos visión sónica! -grito McGonagall.

- Debe ser la protección mágica de la sala que va anulando progresivamente cualquier hechizo. -dijo Dumbledore mientras mantenía la barrera activa.

-Tenemos que eliminar los ojos antes de que se agote el hechizo. -exclamo Snape. Dumbledore se desilusiono y se acerco a Minerva.

- Minerva necesito que mantengas su cabeza quieta durante un minuto o así. -le dijo Dumbledore. Esta afirmo con la cabeza. Corrió rápidamente hacia la enorme estatua de Salazar y empezó a realizar una serie de movimientos apuntándola.

- Va a tardar un poco. -grito McGonagall.- ¡Que no se me acerque!

Snape invoco un circulo de llamas que rodeo al basilisco. Aprovechando el momento de respiro, Dumbledore transformo el suelo en arenas movedizas que empezaron a tragarse al basilisco. Este alzo el cuerpo todo lo que pudo y consiguió salir de ellas con un par de potentes retorcimientos de su cuerpo. Snape lanzo un hechizo que golpeo en la boca del basilisco haciendo que empezara a congelársele la boca impidiendo que la abriera.

- ¡Ya esta! -grito la profesora de Transformaciones. Con un tremendo estruendo, la estatua de Salazar Slytherin cobro vida y se abalanzo sobre el basilisco. Con su fuertes brazos aprisiono la cabeza de la serpiente mientras se sentaba sobre el cuerpo.

- ¡Ahora Albus! -grito McGonagall.

Dumbledore, con un par de complejas florituras hizo que un par de hilos dorados conectaran su varita y la de Snape con los ojos del basilisco. La serpiente se libero del abrazo de la estatua de Salazar, destrozándola en decenas de pedazos, y se abalanzo sobre McGonagall que realizando un hechizo de velocidad sobre si misma, esquivo la embestida de la enorme serpiente. Esta levanto todo su cuerpo.

- No tengo suficiente precisión, Albus. -exclamo Snape.

- Lanza el hechizo mas potente que se te ocurra. ¡No fallaras! -le respondió señalando los hilos dorados que seguían conectando las varitas con los ojos.

Snape no perdió tiempo y levantando los restos destruidos de la estatua de Salazar formo una espada que envió hacia la serpiente. Esta siguió la trayectoria del hilo dorado y esquivando varias veces los movimientos del enorme cuerpo del basilisco se clavo en el ojo izquierdo. El rugido de la criatura que retumbaba en toda la sala fue interrumpido cuando una lanza flamígera salió de la varita de Dumbledore clavándose en el ojo que aun tenia sano. El tremendo dolor que sentia la serpiente provoco que bajara la cabeza hasta estar a unos metros del suelo.

- ¡Argentum gladio! -exclamaron los tres magos a la vez apuntando al mismo punto en el aire.

Una enorme espada plateada se formo en el aire y con un fluido movimiento simultaneo de los tres magos atravesó el cerebro de la serpiente saliendo por la parte trasera del cráneo.

Los tres magos se alejaron esquivando los estertores de la bestia, que movía todo el cuerpo de forma errática. Tras unos segundos, cayo a plomo sobre el suelo proyectando numerosos cascotes que Dumbledore transformo en plumas con un giro de varita. El silencio descendió sobre la Cámara de los Secretos. Tras un milenio de existencia su mortal morador había muerto. Dumbledore y Snape se acercaron a la serpiente mientras McGonagall salía de la sala para ver como estaba Lockhart.

Dumbledore extrajo, con un movimiento de varita, la mitad de los colmillos del basilisco.

- Seguro que son útiles para pociones. -comento Dumbledore al ver la mirada interrogante de Snape. Sin embargo, la verdadera razón era muy diferente. Salieron de la sala mientras se cerraban las puertas a su espalda. Se encontraron con McGonagall al fondo del pasillo justo debajo del final de la tubería de entrada. Lockhart estaba sentado apoyando su espalda en la pared... tenia la mirada perdida y sonreía tontamente.

- ¿Como estas Gilderoy? -pregunto Dumbledore acercándose a el.

- No me acostumbro a ese nombre. -respondió.

- ¿Que le ha pasado? -pregunto Snape.

- Ha perdido la memoria. -respondió McGonagall sin poder evitar una sonrisa irónica. - El golpe que se ha dado con la pared le ha provocado la amnesia.

- Golpeado por su propia espada... -dijo Dumbledore.- Ironías de la vida. Se elevaron por la tubería... Lockhart iba comentando durante el camino todo lo que veía hasta que Snape se harto de oírle y le durmió.

- Minerva, quiero que vayas a la enfermería para vigilar a los petrificados y ayudar a Poppy. Llévate a Lockhart y déjalo allí hasta que llamemos a San Mungo. -le dijo Dumbledore en cuanto salieron del baño. McGonagall apunto con la varita al cuerpo dormido del ex-profesor y lo mantuvo levitando al lado suya. - ¡Ah, se me olvidaba!. Pásate antes por las cocinas. Esto se merece un buen banquete.- Dumbledore se giro hacia Snape y le dijo:

- Severus, necesito que tu, Filius y Pomona vigiléis los pasillos una ultima noche. No quiero que haya ningún merodeador curioseando. -Snape empezó a andar. -¡Ah!. Déjale la vigilancia de las ultimas plantas a Filius. -concreto Dumbledore sonriente. Snape no pudo evitar un rictus de fastidio en su cara ante esta ultima orden.

Dumbledore comenzó a andar a buen ritmo hacia su despacho. Se sentia mucho mas ligero que antes. No por nada, habían eliminado un grave peligro para la escuela. Pero su cabeza no dejaba de darle vueltas al misterio que era David Manning. No cabía duda de que era un mago con un gran potencial. Sin embargo, no le preocupaba que pudiera pervertirse... había recibido una educación excelente y era de natural, una buena persona; sin contar, su especial relación con la señorita Quake. Estaba igual de seguro que era algo mas que una buena amistad como que el aun no se había dado cuenta. En realidad, lo que le intrigaba era que había notado en varias ocasiones que el chico actuaba como si ocultara algo... algo importante.

Sin apenas darse cuenta, sus pies le habían llevado a la puerta de su despacho. Dio la contraseña a la gárgola y subió por las escaleras de madera. Comprobó que nadie había intentado ni entrar ni salir de su despacho y dijo el contrahechizo para abrir la puerta. David estaba sentado en la silla con el cuerpo totalmente estirado y bostezando ostensiblemente; por el contrario, Harry estaba de pie dando vueltas inquieto y nervioso.

David se encogió en su silla cuando sitio como alguien le miraba. Dumbledore acababa de entrar en su despacho. Su túnica azul oscura estaba cubierta casi en su totalidad por el polvo. La sonrisa que se reflejaba en su rostro, indicaba que todo había salido bien.

- Me halaga comunicaros que el basilisco ya no será un problema. -dijo Dumbledore mientras se sentaba en su silla.

- ¿Como están Hermione, Jess y el resto de petrificados? -preguntaron los dos a la vez.

- La profesora McGonagall esta con la enfermera Pomfrey cuidándolos y aplicando la poción que ha hecho el profesor Snape. -respondió Dumbledore con una sonrisa. Los dos chicos le miraron con ojos anhelantes.- Vais a tener que esperar un buen rato. Las señoritas Granger y Quake serán las ultimas en recibir la poción ya que fueron las ultimas en ser petrificadas. Mientras tanto, me gustaría hablar con los dos por separado. Primero con el señor Potter. Si no le importa, señor Manning.

David salió del despacho y cerro la puerta dejando una pequeña rendija para poder escuchar lo que se decía allí dentro.

- Profesor, -se oyó decir a Harry después de un instante de silencio- el Sombrero Seleccionador me dijo que yo... haría un buen papel en Slytherin. Todos creyeron un tiempo que yo era el heredero de Slytherin, porque sé hablar pársel...

- Tú sabes hablar pársel, Harry, -dijo tranquilamente Dumbledore- porque lord Voldemort, que es el último descendiente de Salazar Slytherin, habla pársel. Si no estoy muy equivocado, él te transfirió algunos de sus poderes la noche en que te hizo esa cicatriz. No era su intención, seguro...

- ¿Voldemort puso algo de él en mí? -preguntó Harry, atónito.

- Mas de lo que el esperaba y quisiera. -pensó David recordando el trozo de alma enterrada en Harry.

- Eso parece. -respondió Dumbledore.

- Así́ que yo debería estar en Slytherin —dijo Harry, mirando con desesperación al director. - El Sombrero Seleccionador distinguió en mí poderes de Slytherin y...

- Te puso en Gryffindor. -dijo Dumbledore reposadamente.- Escúchame, Harry. Resulta que tú tienes muchas de las cualidades que Slytherin apreciaba en sus alumnos, que eran cuidadosamente escogidos: su propio y rarísimo don, la lengua pársel..., inventiva..., determinación..., un cierto desdén por las normas - añadió, mientras le temblaba el bigote.- Pero aun así́, el sombrero te colocó en Gryffindor. Y tú sabes por qué. Piensa.

- Me colocó en Gryffindor -dijo Harry con voz de derrota - solamente porque yo le pedí no ir a Slytherin...

- Exacto - dijo Dumbledore, volviendo a sonreír.- Eso es lo que te diferencia de Tom Ryddle. Son nuestras elecciones, Harry, las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades. -Harry estaba en su silla, atónito e inmóvil.- Si quieres una prueba de que perteneces a Gryffindor, te sugiero que mires esto con más detenimiento.

- Ya lo se profesor. David me enseño el nombre de Godric Gryffindor en la empuñadura... Usted estaba allí. -dijo Harry ligeramente mas animado.

- Es verdad. -dijo Dumbledore riendose. - La edad me empieza a afectar. ¿Podría saber como la conseguiste? -Harry sonrió al recordar el método de obtención.

- Pues, fue David en realidad el que provoco todo. -empezó Harry. Conto como había ocurrido todo, cuando llego a la parte en la que Godric le hablo Dumbledore sonrió aun mas visiblemente.

- No vuelvas a dudar nunca, Harry, eres un autentico Gryffindor. -dijo Dumbledore concluyendo la conversación. David sintió como le empujaban del hombro y le retiraban hacia un lado del pasillo. Levanto la vista cabreado y vio como Lucius Malfoy se abalanzaba sobre la puerta del despacho con una cara de enfado importante. Dobby le seguía justo detrás.

Harry se levantó y se dispuso a salir. Pero apenas tocó el pomo de la puerta, ésta se abrió tan bruscamente que pego contra la pared y rebotó. Lucius Malfoy estaba allí́, con el semblante furioso; y también Dobby, encogido de miedo y cubierto de vendas.

- Buenas noches, Lucius -dijo Dumbledore amablemente.

El señor Malfoy casi derriba a Harry al entrar en el despacho. Dobby lo seguía detrás, pegado a su capa, con una expresión de terror.

- ¡Vaya! -dijo Lucius Malfoy, fijos en Dumbledore sus fríos ojos.- Ha vuelto. El consejo escolar lo ha suspendido de sus funciones, pero aun así́, usted ha considerado conveniente volver.

- Bueno, Lucius, verá, - dijo Dumbledore, sonriendo serenamente- he recibido una petición de los otros once representantes. Aquello parecía un criadero de lechuzas, para serle sincero. Cuando recibieron la noticia de que la hija de Arthur Weasley había sido asesinada, me pidieron que volviera inmediatamente. Pensaron que, a pesar de todo, yo era el hombre más adecuado para el cargo. Además, me contaron cosas muy curiosas. Algunos incluso decían que usted les había amenazado con echar una maldición sobre sus familias si no accedían a destituirme.

El señor Malfoy se puso aún más pálido de lo habitual, pero seguía con los ojos cargados de furia.

- ¿Así́ que... ha puesto fin a los ataques? - dijo con aire despectivo.- ¿Ha encontrado al culpable?

- Lo hemos encontrado -contestó Dumbledore, con una sonrisa.

- ¿Y bien? - preguntó bruscamente Malfoy.- ¿Quién es?

- El mismo que la última vez, Lucius - dijo Dumbledore. -Pero esta vez lord Voldemort actuaba a través de otra persona, por medio de este diario. Levantó el cuaderno negro agujereado en el centro, y miró a Malfoy atentamente.

Harry, por el contrario, no apartaba los ojos de Dobby. El elfo hacia cosas muy raras. Miraba fijamente a Harry, señalando el diario, y luego al señor Malfoy. A continuación se daba puñetazos en la cabeza.

- Ya veo... - dijo despacio Malfoy a Dumbledore.

- Un plan inteligente - dijo Dumbledore con voz desapasionada, sin dejar de mirar a Malfoy directamente a los ojos.- Porque si el señor Manning... al cual se ha debido de encontrar esperándome en el pasillo, -el señor Malfoy dirigió́ una incisiva mirada de soslayo hacia la puerta- y sus amigos Harry, aquí presente, y el hermano de la señorita Weasley, Ron, no hubieran descubierto este cuaderno..., Ginny Weasley habría aparecido como culpable. Nadie habría podido demostrar que ella no había actuado libremente...

El señor Malfoy no dijo nada. Su cara se había vuelto de repente como de piedra.

- E imagine -prosiguió Dumbledore- lo que podría haber ocurrido entonces... Los Weasley son una de las familias de sangre limpia más distinguidas. Imagine el efecto que habría tenido sobre Arthur Weasley y su Ley de defensa de los muggles, si se descubriera que su propia hija había atacado y asesinado a personas de origen muggle. Afortunadamente apareció́ el diario, con los recuerdos de Ryddle borrados de él. Quién sabe lo que podría haber pasado si no hubiera sido así́. El señor Malfoy hizo un esfuerzo por hablar.

- Ha sido una suerte - dijo fríamente. Pero Dobby seguía, a su espalda, señalando primero al diario, después a Lucius

Malfoy, y luego pegándose en la cabeza. Y Harry comprendió de pronto. Hizo un gesto a Dobby con la cabeza, y éste se retiró a un rincón, retorciéndose las orejas para castigarse.

- ¿Sabe cómo llegó ese diario a Ginny, señor Malfoy? - le preguntó Harry. Lucius Malfoy se volvió́ hacia él.

- ¿Por qué iba a saber yo de dónde lo cogió esa tonta? - preguntó.

- Porque usted se lo dio - respondió́ Harry.- En Flourish y Blotts. Usted le cogió su libro de transformación y metió el diario dentro, ¿a que sí?.- Vio que el señor Malfoy abría y cerraba las manos.

- Demuéstralo - dijo, furioso.

- Nadie puede demostrarlo, - dijo Dumbledore, y sonrió́ a Harry- puesto que ha desaparecido del libro todo rastro de Ryddle. Por otro lado, le aconsejo, Lucius, que deje de repartir viejos recuerdos escolares de lord Voldemort. Si algún otro cayera en manos inocentes, Arthur Weasley se asegurará de que le sea devuelto a usted...

Lucius Malfoy se quedó un momento quieto, y Harry vio claramente que su mano derecha se agitaba como si quisiera empuñar la varita. Pero en vez de hacerlo, se volvió́ a su elfo doméstico.

- ¡Nos vamos, Dobby!

Tiró de la puerta, y cuando el elfo se acercó corriendo, le dio una patada que lo envió́ fuera. David cogió a Dobby antes de que cayera al suelo. El elfo agradeció con la mirada a David que le dejo en el suelo.

- ¿Que haces con mi criado? -pregunto Lucius con desprecio.

- Tratarlo como se debe. -respondió David mirándole a los ojos. -Es un ser vivo, tiene sentimientos... mas que usted ciertamente.

- ¿Como te atreves a hablarme así? -dijo Lucius acercándose amenazadoramente al metamorfomago.

- Tenga cuidado conmigo, señor Malfoy. Se cosas de usted que no se creería y poseo ciertos trucos que no le gustarían. -dijo sin amilanarse.- Pregúntele a su hijo si quiere saber mas.

- ¿Me estas amenazando? -pregunto con la cara roja de la furia.

- Solo le digo que tenga cuidado con lo que tiene debajo del salón. Quizás... -dijo dejando en el aire la continuación.

Dentro del despacho, Harry reflexionaba, y entonces tuvo una idea.

- Profesor Dumbledore, - dijo deprisa- ¿me permite que le devuelva el diario al señor Malfoy?

- Claro, Harry - dijo Dumbledore con calma.- Pero date prisa. Recuerda el banquete.

Harry cogió́ el diario y salió́ del despacho corriendo. Le guiño un ojo a David que seguía allí de pie, esperando apoyado en la pared; este al ver esto cambio su gesto se extrañeza por una sonrisa cómplice. Aún se oían alejándose los gritos de dolor de Dobby, que ya había doblado la esquina del corredor. Rápidamente, preguntándose si sería posible que su plan tuviera éxito, Harry se quitó un zapato, se sacó el calcetín sucio y embarrado, y metió el diario dentro. Luego se puso a correr por el oscuro corredor. David le siguió rápidamente. Los alcanzó al pie de las escaleras.

- Señor Malfoy, - dijo jadeando y patinando al detenerse- tengo algo para usted. Y le puso a Lucius Malfoy en la mano el calcetín maloliente.

- ¿Qué diablos...? -El señor Malfoy extrajo el diario del calcetín, tiró éste al suelo y luego pasó la vista, furioso, del diario a Harry. - Harry Potter, vas a terminar como tus padres uno de estos días. - dijo bajando la voz.- También ellos eran unos idiotas entrometidos. -Y se volvió́ para irse.- Ven, Dobby. ¡He dicho que vengas!

Pero Dobby no se movió. Sostenía el calcetín sucio y embarrado de Harry, contemplándolo como si fuera un tesoro de valor incalculable.

- Mi amo le ha dado a Dobby un calcetín. - dijo el elfo asombrado.- Mi amo se lo ha dado a Dobby.

- ¿Qué? -escupió el señor Malfoy.- ¿Qué has dicho?

- Dobby tiene un calcetín -dijo Dobby aún sin poder creérselo.- Mi amo lo tiró, y Dobby lo cogió́, y ahora Dobby... Dobby es libre.

Lucius Malfoy se quedó de piedra, mirando al elfo. Luego embistió a Harry.

- ¿Hay algún problema? -pregunto David apuntando con la varita a Lucius. Este no se amilano y siguió cargando.

- ¡Por tu culpa he perdido a mi criado, mocoso! - Pero Dobby gritó: - ¡Usted no hará daño a Harry Potter!

Se oyó́ un fuerte golpe, y el señor Malfoy cayó de espaldas. Bajó las escaleras de tres en tres y aterrizó hecho una masa de arrugas. Se levantó, lívido, y sacó la varita, pero Dobby le levantó un dedo amenazador.

- Usted se va a ir ahora. - dijo con fiereza, señalando al señor Malfoy.- Usted no tocará a Harry Potter. Váyase ahora mismo.

Lucius Malfoy no tuvo elección. Dirigiéndoles una última mirada de odio, se cubrió por completo con la capa y salió́ apresuradamente.

- ¡Harry Potter ha liberado a Dobby! - chilló el elfo, mirando a Harry. La luz de la luna se reflejaba, a través de una ventana cercana, en sus ojos esféricos.- ¡Harry Potter ha liberado a Dobby!

- Es lo menos que podía hacer, Dobby -dijo Harry, sonriendo-. Pero prométame que no volverá a intentar salvarme la vida.

Una sonrisa amplia, con todos los dientes a la vista, cruzó la fea cara cetrina del elfo.

- Sólo tengo una pregunta, Dobby - dijo Harry, mientras Dobby se ponía el calcetín de Harry con manos temblorosas.- Usted me dijo que esto no tenía nada que ver con El-que-no-debe-ser-nombrado, ¿recuerda? Bueno...

- Era una pista, señor - dijo Dobby, con los ojos muy abiertos, como si resultara obvio.- Dobby le daba una pista. Antes de que cambiara de nombre, el Señor Tenebroso podía ser nombrado tranquilamente, ¿se da cuenta?

- Bien - dijo Harry con voz débil.- Será mejor que me vaya. Hay un banquete, y mi amiga Hermione ya estará recobrada...

Dobby le echó los brazos a Harry en la cintura y lo abrazó con fuerza.

- ¡Harry Potter es mucho más grande de lo que Dobby suponía! -sollozó. Se giro hacia David y le hizo una ligera reverencia.- ¡El amigo de Harry Potter tambien es un gran mago!. ¡Adiós, Harry Potter y amigo!

Y dando un sonoro chasquido, Dobby desapareció.

- ¡Que forma mas rara tiene Dobby de ayudar! -exclamo David. Este le miro con cara de extrañeza.

- ¡Estas totalmente loco, David! -dijo Harry riéndose.

- Todos estamos locos, Harry. -le respondió pasándole el brazo por los hombros. -Ahora vamos a ver a todos a la enfermería. -Harry y David iban a dar un paso cuando la voz de Dumbledore resonó en el pasillo.

- Señor Manning, le recuerdo que tiene una conversación pendiente. ¿O ya no le interesa? -inquirió.

- ¡Es verdad! -dijo dándose la vuelta.- Harry te veo en el banquete, si Jess o alguno de los otros se despiertan antes de que explícales porque no estoy allí.

David entro en el despacho del director después de el y se sentó en la silla que había estado ocupando toda esta alocada tarde. La noche estaba apunto de llegar al castillo y los últimos rayos de sol daban un aire melancólico al despacho.

- Como le dije antes de afrontar la pequeña misión del basilisco, -bromeo Dumbledore.- le tengo que explicar lo que es el Doppelganger... si aun tiene interés, claro esta.

- Por supuesto, señor. -respondió sin dudar el metamorfomago. Dumbledore sonrió.

- Bien, muy bien... El Doppelganger es la representación física, aunque no posea un cuerpo físico como tal, de la parte oscura de un mago. Es como tu yo tenebroso. -explico Dumbledore.- Como ya sabrás. todas las personas, sean muggles, squibs o magos somos duales. Somos capaces de hacer lo mejor, lo peor y... añadiría de mi propia cosecha, a pesar de que no tenga nada que ver con el Doppelganger, lo mas estúpido. -dijo sonriendo.- El Doppelganger solo existe en los magos y posee un gran poder.

- ¿Por que?. -pregunto David.

- El Doppelganger es creado por la magia. A la mayoría de los magos jamás se les activa, si quieres llamarlo así, su Doppelganger.

- ¿De que depende?

- No se tiene una explicación absoluta sobre esto. En el Departamento de Misterios del Ministerio de Magia se estudia este tema. Uno de los interruptores mas comunes es una experiencia dolorosa para el mago el cual, normalmente piensa que es culpa suya que haya ocurrido o cree que podría haber hecho algo mas para evitarlo... también esta un fuerte sentimiento de frustración... pero son solo suposiciones. Es una de las representaciones mágicas mas desconocidas y mas difíciles de estudiar. -David escuchaba atentamente con la boca seca. Dumbledore continuo hablando. -Lo que si que se conoce demasiado bien, por desgracia, son los efectos que produce la dominación del mago por parte del Doppelganger.

Dumbledore miro intensamente a David. No quería imaginarse lo que podría haber pasado si el Doppelganger del chico le hubiera dominado...

- ¿Que efectos? -pregunto David sintiéndose incomodo al darse cuenta que Dumbledore se le había quedado mirando.

- Inevitablemente, el mago se convierte en la versión oscura de si mismo, eliminándose toda la bondad que tuviera antes. A lo largo de la historia, muchos de los conocidos como magos tenebrosos, eran magos que habían sido dominados por su Doppelganger.

- ¿Voldemort? -pregunto David. Dumbledore no pudo evitar una muesca de sorpresa en su rostro al escuchar al chico pronunciar el nombre.

- No le tienes miedo al nombre...

- ¿Por que habría que tenerlo? -pregunto David.- Es solo un nombre, nada mas. Jess y yo estamos de acuerdo en que es una estupidez tenerle miedo a un nombre. -Dumbledore sonrió ampliamente al escucharle.

- Me parece muy sabia esa reflexión. -admitió. -Felicite a la señorita Quake cuando la vea... Respecto a Voldemort, no lo sabemos; pero, en mi humilde opinión, creo que no. -David recordó la intrusión de Dumbledore en su mente y la cara de Jess que le hablaba.

- ¿Como lo hizo para eliminar su influencia?

- Es imposible para cualquier mago, por muy poderoso que sea atrapar al Doppelganger. No se puede, forma parte del mago. Para atraparlo, debes tener la ayuda del propio mago.

- ¿Como?

- En tu caso particular, lo que actuó como filtro fue tu amistad con la señorita Quake. -mintió en parte Dumbledore.- Esos recuerdos, esas vivencias, esos sentimientos, impidieron que el Doppelganger tomara control sobre ti y me ayudaron a reducirlo. A ese conjunto lo llamamos "filtro". Y es algo propio de cada mago. No hay dos filtros iguales. -Dumbledore dudo un momento y luego continuo hablando.- Lo mas interesante respecto del filtro es que, si este es lo suficientemente poderoso como es en tu caso, puede permitir aprovechar el poder puro que posee el Doppelganger pero sin que este te domine.

- Así que, fue por eso, por lo que conseguí derrotar al recuerdo de Tom tan fácilmente. -Dumbledore afirmo con la cabeza y miro su reloj.

- Bueno David. Creo que ya es hora de que acabemos con nuestra conversación. Seguro que esta deseando reunirse con sus amigos y disfrutar del banquete. Antes de irse, -dijo Dumbledore abortando el intento de David de levantarse por la silla.- es indudable que se merece una recompensa. -David le miro entre sorprendido e ilusionado. -Recibirás el Premio por Servicios Especiales al Colegio y cuatrocientos puntos para Gryffindor. - ¡Cuatrocientos puntos!, pensó el chico. El solo había ganado la Copa de las Casas este año. Tras pensarlo un segundo no se sintió bien con esto. Se había aprovechado de sus conocimientos... no se lo merecía...

- Pero le has salvado la vida a Ginny. -apunto Hermione en su cabeza.

- Es cierto, pero sabes igual que yo que Harry lo hubiera hecho. -reflexiono.- Y lo que tendría que haber pasado, si que hubiera sido digno de admirar. Además, de que daría mucho que hablar y me interesa pasar desapercibido lo mas que pueda.

- Haberlo pensado antes. -respondió Hermione con un leve tono de molestia.

- Sabes que no estaba en mi sano juicio, Hermione. -replico David. La chica no respondió... se había vuelto a marchar.

- Profesor Dumbledore, ¿puedo pedirle un favor?

- Dígame, señor Manning.

- No creo que sea justo el reparto de puntos. -dijo David.

- ¿Podría ser mas concreto? -pregunto Dumbledore interesado.

- Hermione fue quien unió todos los puntos y descubrió lo del basilisco; Harry, es el hablante de pársel... quien hablo con Ryddle a través del diario; además de ir con Ron al bosque a hablar con las arañas y adivinar que la victima de hace 50 años había sido Myrtle. Ellos se merecen mas que yo el premio; yo simplemente, tuve suerte. Estuve en el momento y lugar justos... nada mas. -Dumbledore le miro con curiosidad primero y luego, los ojos se le iluminaron de orgullo.

- Ahora que lo plantea así, señor Manning, puede que tenga razón. -razono Dumbledore.- Aceptare su petición y repartiré los puntos equitativamente. Cada uno de ustedes se llevara 100 puntos... pero déjeme que le diga una cosa... Ha hecho algo muy grande, señor Manning, siéntase feliz por ello.

Comentarios.

Hola a todos. Este es capitulo mas largo de todos los que he escrito. Aunque hubiera querido, no hubiera podido acortarlo, no sabría por que sitio cortar. Como veis al final la historia no cambia mucho respecto a como es originalmente.

David sigue queriendo estar en un segundo plano, pero como es obvio esto es difícilmente compatible con lo que ha hecho. Y Dumbledore pues sigue con sus sospechas sin un fundamento claro... aunque cuando le han hecho falta fundamentos claros a Dumby para investigar, jajajaja.

No se que os habrá parecido la parte de la pelea contra el basilisco. Espero que vuestros consejos, porque me van a hacer falta, ya que David estará en todos los fregados.

Y lo de siempre, espero comentarios, queja.s, preguntas y demas.

Un bratzo, xotug