CAPÍTULO 3
-A sí que quieres ser artillero -la voz de Anderson era fría mientras observaba a Kurt colocar sus objetos personales en su lado del estrecho armario de madera sintética. Se habían llevado toda su ropa de civil y le habían dado sólo un uniforme, así que no le tomó mucho tiempo acomodarse.
-He nacido para ser artillero. Tengo una vista aguda y mi coordinación mano-ojo se sale de los gráficos -Kurt levantó su barbilla en actitud desafiante, mirando por encima de su hombro a su nuevo compañero, quien estaba descansando en la cama en una posición relajada. El hecho de que hubiera sólo una cama, y una no muy amplia, era un poco inquietante, pero se imaginó que habría otra cama plegable o un catre que él pudiera usar, en algún lugar. Anderson era atemorizante, irritante y fascinante, y Kurt no tenía deseos de dormir tan próximo a él, como lo permitía la cama individual.
En lo alto de una de las grises paredes de metal había un pequeño disco de plata que parecía algún tipo de alarma o detector. Anderson le había dicho que se dispararía en caso de otra invasión Saudeber, así que Kurt se sintió bastante seguro de que nunca lo vería en acción. El resto de la habitación estaba decorada con posters holográficos de Annihilation*, un grupo musical que los padres de Kurt odiaban. A pesar de lo rebelde que Anderson obviamente era, Annihilation no era lo que Kurt hubiese adivinado que escuchaba. Se preguntó si los posters no habrían sido dejados allí por el último compañero de Anderson y reprimió un escalofrío.
-Bueno, bueno, un artillero nato -Anderson esbozó una suave sonrisa-. Y veo que aún tienes tu lindo cabello también. No se deberían mezclar los dos, ya sabes, Ojos Azules. ¿No te ha dicho eso Marten?
Kurt tragó un nudo de resentimiento y terminó de guardar sus cosas. -El Coronel Marten dijo que tú decidirías si mi cabello te molesta mientras volamos -frunció el ceño-. Aunque no sé qué es lo que tiene que ver mi cabello con tu habilidad para pilotar. -Anderson giró sobre un lado y le frunció el ceño.
-Tiene que ver con que si puedo ver o no, por encima de tus ridículas greñas cuando volemos, Novato. Los dos tendremos mascaras de vuelo pero si tu cabello se mete por en medio… Mira, ¿no sabes siquiera cómo es el interior de un Needle? ¿O el exterior, en todo caso? Por supuesto que no lo sabes -respondió su propia pregunta antes de que Kurt pudiera abrir su boca-. Es información confidencial. Todo lo que sabes es que es plateado y sofisticado, la máquina más veloz jamás creada por el hombre, con un poder de fuego suficiente para volar una pequeña ciudad. ¿Estoy en lo cierto?
Kurt se encogió de hombros con inquietud. -Es confidencial, como tú dices -señaló, odiando admitir su ignorancia.
Anderson sacudió su cabeza y dejó escapar una corta risa. -Sí, el Needle es el arma secreta de la Flota, muy bien. Y la manera en que vuelas uno es el secreto más grande de la Flota.
-¿Qué quieres decir? -Kurt le frunció el ceño, cruzando los brazos sobre su pecho.
-Ya lo descubrirás, vamos -Anderson bajó de la cama con un rápido movimiento y se dirigió hacia la puerta.
-¿Adónde vamos? -Kurt odiaba arrastrase por detrás del cadete veterano como un cachorro perdido, pero el Coronel Marten le había dicho que se mantuviera pagado a su nuevo compañero, así que sentía que no tenía opción.
-Hacia el campo de tiro* -dijo Anderson por sobre su hombro-. Estás por aprender algunas duras verdades, Ojos Azules. Y veremos si puedes conservar tu lindo cabello.
El campo de tiro se parecía mucho a cualquier otro en que Kurt hubiera estado antes, y habían sido muchos. Su padre había empezado dándole lecciones de tiro, llevándolo de caza cuando tenía siete años y era lo suficiente grande para manipular su primera pistola de aire comprimido.
Era un largo y estrecho pasillo con cabinas regularmente ubicadas que daban al área oscura de tiro. No había ninguna protección para los oídos que Kurt pudiera ver, aunque si había unas elegantes gafas negras que parecían que le apretarían fuertemente la cabeza.
Anderson lo dirigió hacia el final de la galería así que había una gran cantidad de cabinas vacías entre ellos y los otros pocos tiradores. Pulsó un botón en una pared y un dispositivo de metal largo y negro surgió del techo y bajó hasta la altura de los hombros frente a Kurt.
-¿Qué es eso? -Kurt se quedó mirando, intrigado. Los costados de la negra máquina de metal parecían largas mangas con guantes adheridos, haciéndolo suponer que él tenía que deslizar sus brazos y manos en ellas, y había un visor en el centro a través del cual mirar.
-Éste es un SSAN, un Simulador del Sistema de Armas del Needle. Aquí -Anderson le lanzó un par de gafas y tomó unas para él. Con sus ojos cubiertos y el oscuro tirante de las gafas que dividía en dos su cicatriz, parecía extraño y un poco amenazante.
Kurt deslizó las gafas por su cabeza y se acercó a la máquina.
-¿Y necesitamos las gafas por qué…?
-Porque vas a estar usando rayos láser en vez de balas, Ojos Azules -Anderson sonaba un poco burlón-. Y a menos que quieras quemar tus retinas y arruinar esa coordinación mano-ojo fuera de los gráficos que tienes, necesitas ponerte un par cada vez que vengas aquí abajo. Lo que será mejor que sea en cada minuto de tiempo libre que tengas. La mayoría de los tiradores tienen meses de entrenamiento antes de que lleguen al menos a ver un Needle pero Marten te quiere en uno para el final del mes.
-Sí, eso es lo que me dijo a mí también -Kurt le dirigió a su compañero una mirada desafiante-. Tú no tienes que preocuparte. Aprendo rápido, así que no voy a avergonzarte.
Anderson dejó salir una risa corta y sin gracia. -¿Avergonzarme? No estoy preocupado por eso. Estoy preocupado porque nos mates a los dos -dio un paso hacia adelante y le dio unas respetuosas palmaditas al grasiento y negro simulador de armas-. Mira, afuera en el espacio, todo esto es real. Los objetivos no se sientan como un estúpido venado o una ardilla y solo esperan a que les dispares. Están en constante movimiento y disparan a su vez, algo así como el grupo de naves Saudeber cuando llegan. Las Langostas no estarán esperándote para ver si estás listo antes de atacar, ellas sólo te volarán en el espacio profundo si no los vuelas tú primero.
Kurt le echó un vistazo calculador. -Realmente crees eso, ¿verdad? ¿Que regresarán?
-No tengo absolutamente ninguna duda al respecto -dijo Anderson -Somos humanos, individuos. Tenemos una vida y una memoria relativamente cortas. Pero los Saudebers tienen una reina con espíritu de colmena, lo que significa que ellos nunca olvidan. Ellos querían colonizarnos, apoderarse de nosotros. Y solo porque los hayamos vencido una vez, no significa que ya no lo quieran. Un día estaremos patrullando el espacio y ahí estarán ellos, viniendo desde el lado más lejano de Marte. Entonces va a depender de ti y de mí, y de los otros Needlers imitar a Rodríguez y hacerlos explotar en el cielo.
Kurt sabía a qué se refería. Tony Rodríguez era el nombre del valiente piloto que había muerto destruyendo la nave nodriza en el centro del grupo de naves Saudeber, cincuenta años atrás, durante la primera invasión. Pero no conocía a nadie que creyera con tan absoluta certeza que las Langostas volverían para un segundo asalto. Su escepticismo debió notarse en su rostro porque Anderson frunció el ceño y sacudió la cabeza.
-No tienes que creerme si no quieres, Novato -le dijo, cruzando los brazos sobre su pecho-. Pero cree esto, aunque las Langostas no regresen, aún puedes morir ahí afuera. Tus exámenes finales serán reales y los objetivos no estarán disparando sólo al azar, estarán tratando efectivamente de matarte. Y a mí, ya que estamos. Ahora, a mí se me conoce por hacer algunas maniobras imaginativas de vez en cuando pero yo sólo puedo esquivar unos cuantos disparos. Va a depender de ti, y de esto -le dio unas palmaditas al simulador-, evitar que nos conviertan en polvo espacial.
-Está bien. Entiendo -Kurt asintió, con una sensación de pánico asentándose en la boca de su estómago. Se preguntaba si algún tipo de renuncia habría sido incluido en el montón de papeles que había firmado antes de subir al transporte que lo trajo a La Academia. Estaba completamente seguro de que nadie les había dicho a sus padres que, en realidad, él podía llegar a ser asesinado aquí arriba, pero obviamente eso había ocurrido. Vean si no, al anterior compañero de Anderson, Elijah. Él había comido una rebanada de pastel envenenado, aunque Kurt aún no conocía bien los detalles.
-Hey, Hummel -Anderson se acercó y miró a Kurt a los ojos, tanto como las gafas que ambos usaban lo permitían-. No quiero asustarte mucho -le dijo, con voz profunda y suave-. Las primeras veces que volemos, los objetivos no estarán activados en modo asesino. Pero necesito que estés preparado para cuando lo estén. Porque cuando volemos juntos, tu tendrás mi vida en tus manos del mismo modo que yo tendré la tuya en las mías. Los dos tenemos que ser buenos en nuestros trabajos, malditamente buenos, si queremos sobrevivir.
-Yo quiero hacer más que sólo sobrevivir -Kurt levantó la barbilla-. Quiero ser el mejor. ¿Cómo son las estadísticas por aquí, de todas maneras? ¿Quién encabeza las listas?
-Anderson retrocedió un paso, endureciendo su rostro. -Hasta hace un par de meses atrás ese era yo. Yo y Eli… mi antiguo compañero -se encogió de hombros-. Ahora son Smith y Clarington. Los conocerás luego.
-Los venceremos -dijo Kurt con más certeza de la que sentía-. Estaremos en la cima antes de que te des cuenta.
Anderson se permitió esbozar una pequeña sonrisa.
-¿Hambriento de gloria, Novato? Eso te habrá matado tan rápido como un dedo lento en el gatillo. Sólo vamos a meterte en el simulador para que tengas una idea antes de que salgas disparado hacia la cima.
-Bien -con la de ayuda de su nuevo compañero, Kurt deslizó sus brazos dentro de las mangas del simulador, sintiendo el chasquido del frío y oleoso metal acomodándose a su cuerpo como una cosa viviente. Los guantes al final de las mangas estaban llenos de sensores y tenían puntas afinadas para agarrar los botones de disparo dispuestos como gatillos a lo largo de las superficies ligeramente esponjosas.
-Sostenlos así -Anderson lo instruía, corrigiendo su agarre-. Cada parte de tu mano está involucrada. Cada dedo, cada punto de presión en tu palma está conectado a un conjunto diferente de armas. El Needle tiene trescientos sesenta grados de alcance de fuego al igual que trescientos sesenta grados de maniobrabilidad. Eso significa que la más valiosa ventaja de un artillero son sus manos, así que nos estaremos ocupando de ellas desde esta noche en adelante.
-Está bien -Kurt no estaba exactamente seguro qué significaba eso, pero parecía tener sentido. Quizás se suponía que debía usar guantes para ir a la cama o algo así.
-Ahora mira a través del visor -lo instruyó Anderson-. Voy a encender los objetivos. Despacio al principio para darte una oportunidad de que agarres el truco. Si parece que lo vas logrando, los aceleraré.
Kurt presionó su frente contra el frío y moldeado metal del visor y se sorprendió al sentirlo acomodarse ligeramente para adaptarse a la forma de su cabeza.
-Hey -se retiró un poco y miró a Anderson por una explicación.
-Continúa -su nuevo compañero asintió con la cabeza-. Esto es un metal inteligente y todo el Needle está hecho de él. Se adaptará a la forma exacta de tu cuerpo y te mantendrá en tu lugar mientras vuelas. Se siente extraño al principio pero te acostumbras a ello -frunció el ceño-. Hay un montón de cosas a las que deberás acostumbrarte para volar en un Needle.
Ignorando el comentario crítico, Kurt puso de nuevo su cara contra el visor y sintió el metal amoldarse a su cabeza una vez más. Esta vez la sensación no fue tan desconcertante y notó que podía concentrarse en el largo, oscuro y estrecho callejón del campo de tiro, esperando a que el primer objetivo apareciera.
Cuando vino, fue rápido. Una mancha de luz fuera del rabillo de su ojo que la habría perdido si todos sus sentidos no hubieran estado en un gatillo tan sensible. Instintivamente, Kurt torció su dedo meñique derecho y vio un similar rayo de luz acertar al blanco perfectamente. Hubo una silenciosa explosión y luego la oscuridad una vez más mientras esperaba a que el siguiente apareciera.
Detrás de él, oyó un leve murmullo que sonó como una aprobación de Anderson pero él no prestó atención. No le importaba si el cadete veterano lo aprobaba o no, lo que importaba era alcanzar los objetivos. Ya sentía como si el simulador de metal fuera parte de él y parecía saber, sin ni siquiera pensarlo, que grupo de gatillos presionar para disparar en cualquier dirección. Eso estaba bien, pero él quería mejorar, quería ser el mejor. Eso es lo que estaba pensando cuando los próximos cinco objetivos aparecieron zumbando desde todas direcciones. «Sé el mejor, alcánzalos a todos. Sé el mejor, alcánzalos a todos». Las palabras se convirtieron en un mantra en su cabeza antes de que Kurt fuera el arma que estaba disparando y todo su ser se concentró en aniquilar cada uno de los blancos que el simulador lanzaba hacia él.
Su concentración era perfecta y le estaba dando a cada blanco, aun cuando Anderson aceleró el simulador tan rápido que apenas podía ver a qué le estaba disparando. « ¡Lo estoy logrando, lo estoy logrando! » pensó eufóricamente. Entonces, justo cuando estaba tan concentrado que no sabía dónde terminaba su cuerpo y dónde empezaba el simulador, un par de cálidos brazos rodearon su cintura y sintió el pecho duro de su nuevo compañero apoyado contra su espalda. Pero eso no fue todo. También pudo sentir detrás de su cuello el cálido aliento de Anderson y el bulto de su polla presionando justo contra su trasero.
Kurt se cohibió con aprensión. « ¿Qué demonios estaba pasando? »
*Annihilation: Grupo de música.
