CAPÍTULO 4

-¡Oye! ¿Qué diablos? -Kurt trató de girar y golpear al bastardo en la cara, pero el simulador no soltaba su agarre sobre él. Estaba atorado, atrapado-. ¿Qué mierda piensas que estás haciendo? -preguntó, aun luchando contra el indeseado e inesperado abrazo.

-No lo que crees que estoy haciendo, así que relájate, Novato -la voz de Anderson sonaba casi aburrida, como si hiciera esto todos los días de su vida. Recordando la escena en el corredor cuando Karofsky había insultado al cadete, Kurt pensó que quizá si lo hiciera.

-Lo juro por Dios, hombre, sino me sueltas de inmediato… -amenazó, pero Anderson lo interrumpió tranquilamente.

-¿Sabes qué es lo que te matará más rápido que cualquier otra cosa afuera en el espacio? -preguntó, su aliento rozando el cabello a un lado del cuello de Kurt.

-Sé que es lo que va a matarte a ti. ¡Suéltame, tío! -ahora Kurt se sentía al borde del pánico. Este hijo de perra de Anderson lo tenía y obviamente no iba a dejarlo ir. Peor, la proximidad al cuerpo largo y musculoso del otro hombre, parecía estar haciendo algo extraño a su propio cuerpo. Algo malo y antinatural.

-Los límites -continuó Anderson, como si Kurt no estuviera rígido entre sus brazos, demandando ser liberado-. Tus límites personales, son los que seguramente harán que te maten, más que cualquiera de tus objetivos o incluso que un grupo de naves Saudeber. Porque si no puedes liberarte de tus límites, no puedes hacer tu trabajo. ¿Cuántos objetivos crees que has fallado desde que puse mis brazos a tu alrededor?

-Y un diablo si lo sé, ni me importa tampoco -gruñó Kurt-, ¿y qué tienen que ver los límites personales con lo bien que dispare?

-Has fallado cerca de cincuenta objetivos, cualquiera de los cuales podría habernos matado si estuviéramos afuera en el espacio -le informo Anderson-. Y tienes que liberarte de tus límites personales, porque esta es la manera en la que estaremos encimados dentro de la cabina de mando del Needle.

-¿Qué? ¿De qué estás hablando? -Kurt tenía un vago recuerdo de David diciéndole que el Needle era bastante pequeño por dentro, pero nadie mencionó nada acerca de tener otro hombre encima, rodeándole, todo el tiempo que estuviera en el espacio.

Anderson suspiró en su oído, causando que un escalofrío recorriera la espalda de Kurt.

-Estoy hablando del modo en que el Needle está diseñado -dijo pacientemente-. Existe una red neuronal que nos encierra a ambos y permite que nuestros reflejos se coordinen perfectamente. Así que mientras yo estoy dirigiendo la nave, tú le disparas a lo que yo veo y mientras tú estás disparando, yo esquivo cualquier posible peligro que tú veas. Somos casi como un solo hombre, o dos hombres en una sola piel.

-Un Needler comparte su vida con su esposa, pero su piel con su compañero -murmuró Kurt, recordando la extraña frase de David del día anterior. Ahora tenía un horrible significado. ¡Dios, él no podía creer que en verdad esto estuviera sucediendo! No podía creer que fuera a estar encerrado en un extraño e íntimo abrazo con otro hombre cada vez que volara en un Needle. Sólo el pensamiento le hacía sentir como si alguien le hubiera arrojado un cubo de hielo en su estómago.

-Veo que no eres completamente ignorante del concepto -dijo Anderson-. Y puesto que así es como va a ser, debes acostumbrarte a ello.

-Yo… Yo no sé si podré -Kurt tragó con fuerza, tratando de no prestar atención a la sensación en la mitad inferior de su uniforme negro de una pieza-. Quiero decir… ¿No puedo al menos estar encima? Umm… ¿Detrás de ti? Es decir, no me gusta… -pero no pudo terminar la frase. No podía decir que le molestaba estar cubierto por otro hombre, sentirse tan indefenso, tan vulnerable.

-¿Quieres estar arriba, hmm? -hubo un susurro de risa en su oído, que envió otro escalofrío a lo largo de su columna-. Me temo que no, Ojos Azules. La cabina de mando está diseñada para que el piloto esté directo detrás del artillero. Siempre. Y antes de que preguntes, no, no puedes ser piloto. No tienes las habilidades para serlo y yo no tengo los reflejos para ser un artillero, así que no intercambiaremos puestos sólo para aplacar tus tendencias Neandertales homofóbicas.

-¡No soy homofóbico! -protestó Kurt, incluso aunque tenía la idea que quizá lo fuera, al menos un poco-. Tengo amigos, amigos hombres quiero decir. Incluso a veces los abrazo y esas cosas. Es que yo nunca… ya sabes -se encogió, sintiendo la tensión mientras sus hombros se presionaban contra el ancho pecho de Anderson, a lo largo de todo su cuerpo, hasta sus pies.

-Lo sé -murmuró Anderson en su oído-. Y tu reacción es comprensible. Porque tú nunca vas a estar tan cerca de alguno de tus amigos, como tú y yo lo estaremos. Vamos a dormir en la misma cama, bañarnos al mismo tiempo, comer, dormir y respirarnos el uno al otro, hasta que tus límites desaparezcan completamente, Ojos Azules, porque esa es la única manera de garantizar que estés pensando en el objetivo al que vas a disparar nuestro Needle, en lugar de pensar en mí, justo detrás de ti, susurrando en tu oído.

Kurt tomó un aliento profundo y tembloroso, tratando de aceptar todo.

-Yo… Yo no sé si puedo hacer esto -admitió por fin-. Es decir, mierda, hombre, ni siquiera te conozco, Anderson. Y estoy bastante seguro que cuando te conozca, no vas a agradarme.

Anderson soltó una risa baja, sin humor, que revolvió el cabello de Kurt. -Sí, soy un desagradable hijo de perra, ¿cierto, Novato? Pero no tenemos que ser amigos para salvarnos la vida el uno al otro. Puedo ver que esto es difícil para ti y lo siento, pero yo quiero vivir, más de lo que quiero que te sientas cómodo.

-Yo sólo… yo no… -Kurt movió sus pies incómodo y sintió el bulto de la polla del cadete mayor presionando contra su trasero nuevamente. Anderson no dio ninguna indicación que hubiera sentido el contacto y tampoco lo evitó. Kurt no podía adivinar si su compañero estaba medio duro por la posición en la que estaba o si tenía un caso de erección mañanera, lo cual tampoco era desconocido para Kurt. Justo como ahora, se dijo a sí mismo, su pene estaba tan duro que estaba a punto de reventar el delgado y sedoso material de su uniforme, pero eso no significaba nada, ¿cierto? ¿cierto?

-Lo que tienes que recordar -dijo Anderson, interrumpiendo el curso de sus pensamientos-, es que no tiene por qué ser una relación sexual.

Un arrebato de incrédula risa se escapó de los labios de Kurt, mientras miraba fijamente sin ver el campo de tiro.

-Qué demonios, hombre. Tu polla está medio metida en mi culo, ¿y me dices que esto no es sexual?

-Créeme, si estuviera dentro de ti, follándote, lo sabrías, Novato -la voz de Anderson sonaba afilada en su oído, mientras la polla detrás de él se frotó brevemente contra su culo, como aclarando ese punto. Kurt se tragó un gemido-. Pero el punto es que a pesar de que nos estemos tocando el uno al otro, no tenemos que avanzar más allá -continuó Anderson-. Ahora mismo tu cuerpo probablemente esté excitado, pero eso es porque eres joven y respondes rápido. Estás reaccionando al calor y cercanía de mi cuerpo presionado contra el tuyo, pero no significa nada.

-¿Qué… qué estás tratando de decir? -demandó Kurt, furioso porque el cadete mayor conocía su vergonzoso secreto, el hecho de que su polla latiera al ritmo de su corazón, cada vez que sentía a su nuevo compañero moverse detrás de él, le había dejado descolocado.

-Estoy diciendo que esto -los dedos de Anderson rozaron ligeramente el bulto que se apretaba contra la delantera del uniforme de Kurt-, no es tu culpa y no hace de ti alguien equivocado o extraño o estropeado de ninguna manera.

-¡Mierda! -Kurt saltó ante el ligero toque, tratando de alejarse de la mano de Anderson, sólo para presionarse más firmemente contra la erección en su espalda-. No hagas eso -advirtió-. Te lo digo desde ahora, no bateo en ese sentido. Yo… Yo tengo una novia en casa y todo eso.

-Yo también -respondió Anderson inesperadamente-. Mi prometida, Rachel. Hemos estado prometidos los últimos cuatro años y si algún día salgo de La Letrina voy a casarme con ella -no sonaba muy feliz acerca del proyecto, pero Kurt tenía más cosas en su cabeza que la salud emocional de su compañero.

-Pero yo pensé… pensé…-

-¿Pensaste que todo lo que estaba diciendo Karofsky ayer era cierto? -Anderson sonaba divertido otra vez-. ¿Pensaste que todos los Needler son maricas?

-No exactamente, pero yo…

-No te mentiré, Hummel-dijo Anderson, su voz inesperadamente seria-. Eso intensifica la conexión. Cuánto más contacto se tenga, mejor será el vínculo y mejor podrá unirlos la red neuronal. Algunos de los otros tripulantes de Needle, y no voy a decir cuales, van por ese camino.

-¿Y tú? ¿Con tu antiguo compañero? -Kurt no supo por qué preguntó, pero la pregunta salió antes de poder evitarlo. Detrás suyo sintió cada músculo del cuerpo de Anderson tensarse y apretarse.

-Eso no es de tu maldita incumbencia -cada palabra se sentía como un cubo de hielo sólido, separada, diferente y escalofriantemente helada. Luego Anderson respiró profundo-. Al igual que nada de mi relación contigo es problema de nadie -dijo, su voz un poco menos rígida.

-Jesús -Kurt casi gimió-. No te conozco ni siquiera por veinticuatro horas y ya tenemos una relación. Esto es demasiado jodidamente raro para mí, tío, estoy hablando en serio.

-No seas tan niña -disparó Anderson-. No hablo de corazones y flores, ni de caminatas en la playa o cenas a la luz de las velas. Relación, compañerismo, llámalo como quieras, pero para bien o para mal, estamos atrapados en esto. Ambos firmamos los papeles y ellos nos pusieron juntos. Y yo te prometo, Novato, que nada excepto la muerte podrá separarnos.

-¿Es eso lo que pasó con tu último compañero? -al momento que salió de su boca, Kurt supo que estuvo mal decirlo, pero era demasiado tarde para retractarse. Rápida como una serpiente, la mano de Anderson estaba en su entrepierna otra vez, pero su toque de ninguna manera era gentil o ligero.

Kurt sintió una ruda mano apretar sus testículos, a través de la tela suelta de su uniforme y Anderson murmuró en su oído:

-¿Qué fue lo que dijiste?

Kurt abrió su boca para soltar una respuesta ingeniosa, pero entonces la mano que le sujetaba empezó a apretar.

-Dios… yo… nada -jadeó, torciendo su pelvis tratando desesperadamente de alejarla de la dolorosa presión. Su pene, que había estado duro como una roca hasta hace pocos segundos, empezó a desinflarse rápidamente. Ser sostenido inmóvil y tocado por otro hombre parecía tener un extraño efecto en él, pero el dolor, definitivamente, no era excitante.

-Nada, es correcto, Novato -gruñó Anderson en voz baja-. Déjame decirte algo sobre Elijah, no eres lo suficientemente bueno ni para lamer sus botas. ¿Piensas que eres un as como artillero? Él te hubiera ganado por años luz. Ahora él se ha ido y yo tengo que lidiar contigo, pero eso no significa que tengas que gustarme. He tratado de ser suave contigo hasta ahora, pero déjame advertirte algo justo en este momento, al comienzo de nuestra relación, si dices algo, y quiero decir cualquier cosa, sobre mi anterior compañero, más te vale estar preparado para comer tus tiernos y pequeños testículos en el almuerzo. ¿Entendido?

-¡Dios, sí! -jadeó Kurt, mientras la mano que sujetaba sus bolas, apretaba aún más-. Entendido hombre. Está fuera de cuestión, entiendo.

-Bien -la mano que lo sostenía se retiró, y pronto Anderson tuvo sus dos brazos alrededor de su cintura una vez más-. Entonces podemos continuar con tu lección ahora que tu promedio de disparos se fue al demonio.

-¿Qué? -Kurt no podía creerlo-. ¿Quieres decir que todo el tiempo que estuvimos hablando, mi promedio ha ido bajando? ¿Entonces esta sesión realmente cuenta?

-Todo cuenta, Novato -la voz de Anderson era áspera-. Recuerda eso. Nada en La Letrina es gratuito. Ahora concéntrate en tu tiro y trata de olvidar que estoy aquí.

Kurt quería decirle al cadete mayor que se jodiera, pero un instinto de supervivencia evitó que lo hiciera. Anderson era peligroso, podía sentirlo en el cuerpo firme y tenso enrollado detrás de él, y escucharlo en la voz suave y amenazante que susurraba en su oído. Era mejor no provocarlo aún más.

Una docena de opciones cruzaron su cabeza, pedir un traslado, enviarle a sus padres un video informativo dejándoles saber lo que sucedía en La Academia; diablos, podía incluso llamar a uno de esos programas de contarlo todo y ayudarlos a exponer lo que pasaba en el lugar.

Excepto… excepto que ¿De verdad creía que nada de eso había sido intentado antes?

Seguramente no era el primer nuevo recluta que se veía a sí mismo en esta situación. Diablos, La Academia hasta había tapado la muerte de uno de sus estudiantes. Kurt no había escuchado nada sobre la muerte de Elijah, ni por rumores ni en las noticias antes de haber firmado su contrato, y estaba bastante seguro que si moría en el cumplimiento del deber, nadie oiría sobre su muerte tampoco.

No, le gustara o no, su nuevo compañero estaba en lo cierto. Estaban atascados en esta situación y tenía que aprender a vivir con ello. Pero eso no significaba que no quisiera golpear la arrogante cara de Anderson. ¡El muy bastardo!

-Toma tu rabia y úsala -una voz baja murmuró en su oído-. Imagina mi cara en cada objetivo si quieres. Vuélame miles, miles de veces. No me importa cuánto me odies mientras sepas lo que estás haciendo una vez estemos afuera en el espacio.

-¡Tú, hijo de puta! -Kurt dijo densamente. Entonces, casi con un esfuerzo sobrehumano, regresó su atención a los velocísimos objetivos y empezó a disparar. Pero no importó cuan fieramente se concentró o qué tan duro intentó no pensar en ello, aún podía sentir el ancho pecho de Anderson en su espalda, podía oír las suaves observaciones que el cadete mayor hacía en su oído de vez en cuando, cuando le daba o fallaba el objetivo. Más que nada, aún podía oler la cálida, almizcleña y masculina esencia que emanaba de la otra persona -un hombre- que estaba dentro de su espacio personal, y no tenía intención alguna de irse.

Anderson le hizo seguir por casi otra hora, disparando sin misericordia a los veloces objetivos, de los cuales falló cerca de la mitad. Lejos estaba la sensación de pertenencia a la máquina, y aún más lejos se había ido la hábil precisión que Kurt siempre había dado por sentada. Él simplemente no podía concentrarse con el hombre presionado tan apretadamente contra él, no podía mantener su mente en el campo de tiro, cuando las manos de otro hombre vagaban lentamente sobre su cuerpo, cuando el pene de otro hombre estaba duro contra su trasero.

Anderson no volvió a tocar su entrepierna, no tenía que hacerlo. Kurt era una masa de confusión, dolorosamente duro incluso aunque sus bolas temblaron por el rudo apretón que habían recibido. ¿Qué diablos estaba mal con él? Nunca había querido tanto asesinar a alguien en su vida y aun así, nunca había estado tan excitado. Sentía que se moriría si no podía alejarse de Anderson y al mismo tiempo sentía que se moriría si su nuevo compañero dejaba de tocarlo. Desgarrado entre los dos impulsos, su promedio de disparo-acierto se fue derecho al infierno y no parecía que hubiera nada que pudiera hacer.

-Bueno, creo que eso es suficiente -dijo Anderson, después de lo que pareció una eternidad-. No lo hiciste tan mal para tu primera vez, pero vas a tener que trabajar en ello si no quieres ser el último de la lista de artilleros para siempre.

-Pero… apesto -Kurt le disparó a otro objetivo y falló, justo como para probar su punto-. Soy terrible. No parece que pueda….

-No parece que puedas concentrarte cuando estoy tan cerca -terminó Anderson por él-. Eso no es para sorprenderse, Novato. Como te dije, todo es sobre los límites. Hasta que pierdas los tuyos, tu rango va a ser más pequeño que el pito de un saltamontes. Y eso es bastante corto.

Kurt se sorprendió a sí mismo con un brote de risa. Ese último comentario no parecía como algo que su frio y sarcástico compañero pudiera decir y lo muy inesperado de ello le hizo destornillarse de risa.

-Límites -repitió Anderson, sonando un poco divertido de sí mismo y luego su voz se volvió seria en el oído de Kurt-. Voy a liberarte del simulador ahora y vas a tener la urgencia de alejarte de mí lo más rápido y lejos que puedas.

-Tienes razón -Kurt respiró, apretando sus manos en puños sobre los mandos JP, apagando todas sus armas de una sola vez.

-No -el tono de Anderson era severo-. Quédate aquí conmigo y déjame sostenerte sin el simulador lo más que puedas -suspiró-. No te haría pasar por todo esto, pero sólo tenemos un mes. Un mes antes de que entremos en el Needle y todo esto sea real. Piensa en eso, Hummel. Tu vida y la mía dependen de lo bien que puedas tolerar esta situación y aun así realizar tu trabajo. ¿Entiendes?

-Yo… -Kurt respiró profundo, con cada músculo de su cuerpo tenso-. Sí, lo entiendo, joder -dijo exhalando finalmente.

Anderson se rio. -Es un comienzo, supongo -dijo-. A la cuenta de tres te liberaré. ¿Preparado? Uno…dos…tres.

Kurt sintió el metal inteligente retirarse de su rostro al mismo tiempo que las despiadadas mangas de metal soltaron sus brazos y manos. Salió del simulador con movimientos rápidos y torpes. Su primer impulso fue girar y golpear al hombre que lo había atormentado durante la última hora y media, pero la advertencia de Anderson resonó en su cabeza. Tu vida y la mía dependen de lo bien que puedas tolerar esta situación y aun así realizar tu trabajo.

Respirando profundo, Kurt se obligó a mantenerse quieto, aun cuando su compañero lo seguía sosteniendo por detrás, presionado firmemente contra él.

-Muy bien, Ojos Verdes -murmuró Anderson suavemente en su oído-. Relájate. Solo relájate… Deja caer tu cabeza sobre mi hombro.

La orden fue dada en un tono suave y persuasivo, pero los músculos de Kurt se sentían como hierro debajo de su uniforme. Súbitamente se preguntó si alguien más estaba observando este horriblemente embarazoso momento. Giró rápidamente su cabeza hacia la izquierda, pero no había otros cadetes a la vista. Anderson y él estaban solos en el área de práctica.

-Vamos, Hummel-había más dureza en la voz del alto cadete ahora, pero aún estaba pidiendo más que ordenando.

-Yo no… no puedo… -Kurt sentía que iba a explotar por la fiera tensión acumulándose dentro de él. La última vez que dejó que otro hombre lo sostuviera, tenía cinco años, se había lastimado la rodilla y su padre estaba curándolo. Cada instinto le gritaba que esto estaba mal, que debía alejarse de los fuertes brazos a su alrededor y de la profunda voz en su oído. Pero de alguna manera, se las arregló para permanecer quieto.

-Sí puedes -murmuró Anderson-. Y lo harás. Y cuando lo hagas, te dejaré ir. Lo prometo. Y una cosa que debes saber sobre mí, es que no rompo mis promesas. Nunca.

-Está… está bien -con un esfuerzo de voluntad sobrehumano, Kurt forzó sus músculos a liberar algo de tensión y permitió que su cabeza cayera contra el hombro del hombre más alto.

-Bien. Eso está bien -murmuró Anderson. Avanzó hacia adelante y presionó su rostro contra un lado de la mejilla de Kurt-. Límites -respiró en su oído-. Vas a perderlos todos, Hummel. Pero puedes mantener tu cabello, me gusta -hubo un suave roce de labios contra la mejilla de Kurt y súbitamente Anderson lo liberó y estuvo de pie por sí mismo.

-¡Dios! -suspiró, no muy seguro si debía reírse o llorar, o arañar a su nuevo compañero en la cara. Giró para enfrentar a Anderson, quien estaba de pie con las manos flojas a los lados, obviamente listo en caso que Kurt decidiera ir a por él.

-No, sólo soy yo -se burló Anderson-. ¿Estás listo para irnos?

-¿Adónde vamos ahora? -Kurt demandó, pensando que sería mejor que no fuera otro lugar donde pudiera ser sometido y manoseado.

-A comer -dijo Anderson con suavidad-. ¿No estás hambriento?