Un bello regalo
«¿Emma? ¡Emma, tu despertador!»
Regina sacudió a su compañera un poco más fuerte de lo que hubiera deseado. Hacía más de dos minutos que el timbre infernal resonaba en la habitación, sin que pudiera sacar a la rubia de su sueño.
«¿Eh? Mhmmm, todavía no, sueño, por fa» gruñó la rubia debajo del edredón.
Con un suspiro, Regina pasó por encima de su marmota preferida y toquetea las teclas del teléfono para conseguir apagar ese satánico timbre.
«Al menos podrías poner otra cosa que no fuera ese bip infernal» dijo ella besando a su compañera, sin saber si era una oreja, una mejilla o un ojo lo que se encontraba escondido entre el edredón y una masa de cabellos rubios.
La morena se estiró dulcemente, después se dirigió hacia la puerta de la habitación.
«Voy a preparar el desayuno, tienes cinco minutos para levantarte» dijo ella sonriendo
«Mmmm, síiii, ya voy, no te preocupes» refunfuñó Emma
«Por supuesto que me preocpo» respondió la morena encogiéndose de hombros «es el mismo circo todas las mañanas. Venga, muévete, si no…»
«¿Si no, qué?» gruñó la rubia desde debajo del edredón «¿me vas a mandar al perro que no tenemos? ¿Vas a llamar al sheriff? Creo que te diría que me dejaras dormir» añadió ella riendo dulcemente
«Si no » respondió la morena ya en las escaleras «¡abro mi regalo sin ti!»
«¿Tu regalo? ¿Qué…? ¡Ohhhh, no, no, no, no, de eso nada madame!»
Emma saltó de la cama, cogió su teléfono con una mano e intentó correr hasta la puerta de la habitación. Pero la ropa que había dejado tirada la noche anterior paró en seco la carrera, se deslizó sobre uno de sus calcetines amarillo, y la rubia se encontró cayendo, y dándose de nalgas contra el parqué con un ruido ensordecedor.
Ya en la cocina, Regina puso los ojos en blanco, una vez más su compañera demostraba su torpeza habitual. Sacando un bol del armario, no pudo evitar reírse
«Calcetín, uno, Emma, cero…»
Emma bebía su café haciendo muecas.
«¿Qué? ¿No está bueno?» preguntó la morena con tono inquieto
«¿Eh? Oh, no, no, está bueno» respondió Emma retorciéndose
«Entonces, ¿por qué pones esa cara?»
«¡Me duele el culo!»
Regina no puede evitar suspirar mirado a su compañera
«Emma, se dice "me duele el trasero" o "me duele las nalgas", pero no se dice "me duele el culo", es bastante poco elegante, sobre todo en la mesa»
«Sí, bueno, elegante o no, me duele el culo» gruñó la rubia llevándose la taza a la boca «Y déjalo ya, pareces mi madre…»
«Si tu madre te reprende por tu lenguaje, ella tiene toda mi simpatía» respondió Regina con una sonrisa. «Tienes que hacer un esfuerzo, tu pequeña hermana habla como un camionero por tu culpa. ¡Y si recogieras tus cosas, no te encontrarías en el suelo tres veces a la semana!»
Sintiendo que la conversación podría convertirse en una pelea, Emma se levantó de su silla y se balanceó hasta el salón. Regina no pudo evitar echarse a reír
«¡Qué forma de caminar tan sexy, cariño, pareces un cowboy que baja de su caballo después de un larga cabalgata»
Masajeándose las nalgas, Emma se dio la vuelta, los ojos relucientes
«Sí, eso me recuerda la noche en la que…»
Regina no la dejó acabar su frase, dejando caer pesadamente el bol en la mesa
«¡Emma!» dijo ella, poniéndose roja como un tomate.
La rubia despareció de su campo de visión riendo, después volvió rápidamente, una pequeña cajita de madera en las manos.
«Chachánnnnnnnn» exclamó poniendo la cajita delante de la morena.
Regina sonrió al ver la pequeña cajita. Era magnífica, un pequeño cofre de madera, adornado con cristales violetas, con pequeñas bisagras en latón y una cerradura en forma de trébol. Al darle la vuelta, Regina vio un escudo grabado a fuego, un escorpión con la cola cortada sobre el que había superpuestas dos letras, pero que no consiguió descifrar.
«¡Oh, cariño, gracias, es precioso!»
«¿Eh?» respondió la rubia atónita «No, no, eso es la caja, no vale nada, lo que hay dentro es el regalo» dice ella agitando la mano.
«Oh, perdón, lo siento»
Turbada, Regina abrió el cofre y su sonrisa se agrandó aún más. Apoyado en un pequeño cojín, un broche de oro resplandecía. Las manos temblorosas, Regina lo destrabó de su soporte y lo observó bajo la luz. El broche representaba un corazón en el que había incrustada una manzana roja y verde, seguramente, hecha de esmeraldas y rubíes.
Con lágrimas en los ojos, Regina besó a su compañera arrodillada ante ella
«¡Oh, Emma…es…es…es verdaderamente magnifico!»
«Sí, has dicho lo mismo de la cajita, te recuerdo» respondió ella poniendo una mueca
«Sí, porque el cofre también es muy bonito. Pero mucho, mucho más este broche. Dios mío, haz hecho una locura, ¿dónde lo has encontrado?» preguntó la morena con una gran sonrisa en los labios
«Lo he comprado en un puesto el día de la fiesta del Recuerdo» explicó Emma sentándose frente a su amada «Deseaba regalarte algo, pero todo lo que había encontrado no valía ni para la basura» dijo ella haciendo muecas, provocándole una risa a Regina «Y llegué a un pequeño stand muy mono, había muchos cofres, cajitas diversas muy hermosas, y de repente vi ese broche» señaló la joya en la mano de Regina «en seguida pensé que había sido hecho para ti»
La morena estaba en el cielo, esa joya era verdaderamente magnífica y el gesto de su compañera la conmovía enormemente.
«Voy a vestirme y me lo pondré, no me lo quitaré nunca» dijo ella, emocionada «¿Quién te lo ha vendido?»
«Oh, alguien que no conocía. Un hombre muy alto, de tez morena, de estilo oriental con un bigote muy fino. Realmente amable, un acento un poco ronco, a veces me costaba comprender lo que me decía, pero muy amable. Hablamos un poco, no es de Storybrooke, llegó hace menos de seis meses» añadió la rubia encogiéndose de hombros.
Regina intentaba hacerse un retrato mental de ese vendedor, buscando en sus recuerdos, pero ella no encontraba a nadie que se correspondiera con esa descripción. En realidad no se asombró. Desde que habían acabado con los fanáticos de Neverland, se había convertido más fácil pasar de un mundo a otro, y Storybrooke se había convertido en una tierra de acogida para muchas personas que querían huir de sus mundos devastados, o que deseaban solo cambiar de vida.
«¿Te ha dicho su nombre?»
«Hmmmm, no» pensó la rubia «solo sé que piensa abrir una tienda a la que llamará "El palacio de Jasmine" o algo parecido. ¿Por qué?»
«Oh, simple curiosidad» respondió Regina con una gran sonrisa.
«En todo caso, me ha dicho que era el regalo perfecto para una reina» añadió la rubia
Regina frunció ligeramente el ceño, y se apuntó en un rincón del cerebro investigar un poco sobre ese famoso vendedor…
«Voy a cambiarme» dijo ella dando un rápido beso a Emma en los labios «¡Ya vuelvo!»
Algunos minutos más tarde, Regina bajó vestida con uno de sus más bellos trajes chaqueta negro y blanco, subida sobre unos zapatos a juego. Se acercó a Emma, con su broche en la mano y se lo tendió
«¡Haz tú el honor, mi amor!»
Emma cogió la joya y la prendió a la chaqueta de la alcaldesa. Ella deslizó sus dedos por la manzana que brillaba en el centro del corazón.
«¡Qué hermoso es!» murmuró
Absorbida por el brillante rubí, no vio los labios de Regina fijarse en un mudo suspiro, ni sintió el temblor que la recorrió de arriba abajo.
Y desgraciadamente para ella, tampoco vio el velo violeta atravesar los ojos de su novia…
