CAPÍTULO 6

-Tienes que estar bromeando. No hay manera de que tome una ducha contigo. Ninguna… jodida… manera -Kurt sacudió la cabeza, mirando incrédulo a su nuevo compañero. Había sido un largo día; desde que comenzó sus sesiones de práctica de tiro, cuando finalmente tuvo que aceptar que había sido emparejado con Anderson, le gustara o no, hasta el momento en que ambos regresaron a su alojamiento y empezaron a prepararse para dormir. Kurt estaba agotado por toda la emoción y la tensión a la que había estado sometido y también por la desorientación y la fatiga derivadas del largo viaje. Todo lo que quería hacer era tomar una ducha, solo, y tirarse en la cama. También solo. Pero parecía que no iba a hacer ninguna de estas cosas. Al menos no solo.

-Puedes y tomarás una ducha conmigo o nunca lo harás y vas a apestar. Y déjame decirte, Novato, que no dejo dormir a nadie que apeste en mi cama.

-No me importa -Kurt cruzó los brazos sobre su pecho y frunció el ceño-. Así que no voy a tomar una ducha y dormiré en el suelo. Me viene bien.

Anderson suspiró exageradamente y se hundió en un lado de la cama. -Tienes que desear la muerte. No puedo creer que ellos me asignaran otro compañero que...

-¿Que qué? -Kurt exigió saber, pero el alto cadete sólo negó con la cabeza.

-Nada. Escucha, Hummel-dijo, mirando hacia arriba, su cara parecía cansada-. Sé que piensas que sólo quiero tenerte desnudo y agredirte sexualmente, pero te prometo que esa no es mi intención.

-¿Qué otra intención puedes tener? -exigió Kurt-. Vi la manera en que esos tipos se miraban en el salón y sé porque lo hacían. Y no me importa lo que el idiota de Smith diga, yo no soy así. Así que no hay una maldita manera de que esté desnudo contigo en un espacio cerrado.

-Bien. Entonces supongo que no quieres volar un Needle después de todo.

-¿Qué? -Kurt lo miró con incredulidad-. ¿Estás bromeando? ¿Me estás diciendo que tenemos que estar juntos en el Needle y…?

-Desnudos -Anderson terminó por él y continuó-; Desnudos. Expuestos. Sin ropa. Despojados. Desvestidos.

-Lo entiendo, lo entiendo. -Kurt levantó una mano para detener la diatriba sarcástica de su compañero. Dios, parecía que en el momento en que creía conocer la situación, las cosas cambiaban y se ponían incluso peor. Sólo que no era una situación a lo que se iba a enfrentar, se recordó, sino a Anderson. O más bien, era Anderson el que iba a estar contra él. Desnudo.

-Lo siento -Anderson estaba reclinado en la cama con gracia-. Mira -dijo-, normalmente los cadetes tienen unos seis meses para acostumbrarse a la idea de estar atrapados en el Needle junto a su compañero, desnudos como el día en que nacieron. Tú, por desgracia, no tienes ese lujo. Tienes exactamente un mes para cambiar tu forma de pensar. Menos de un mes, ahora.

-Mira, Anderson, yo simplemente no puedo... quiero decir, yo no... -Kurt oía la desesperación en su propia voz y sentía rabia por ello. ¡No tendría que estar tratando con este tipo de mierda, maldita sea!

-Puedes y lo harás -Anderson se levantó de repente-. Ahora, desnúdate, Novato. O te desnudaré yo mismo.

-Ven e inténtalo -Kurt sintió que sus manos se cerraban en puños a sus costados, mientras la tensión que había estado acumulando todo el día, de repente se desbordaba.

Los ojos de Anderson brillaron. -Oh, Hummel, realmente no quieres que nosotros empecemos esto, justo ahora.

Pero eso era exactamente lo que Kurt quería. Quería destrozar los extraños sentimientos que le habían estado carcomiendo por dentro, y ya que no podía hacerlo, golpear la fuente de esos sentimientos parecía la mejor opción. Caminando a grandes pasos hacia adelante, lanzó un puñetazo directo al rostro del cadete mayor, exaltado por oír el crujido de los nudillos al colisionar contra la estructura ósea bien formada del hombre.

El crujido nunca llegó. En cambio, Anderson se apartó ágilmente hacia un lado con un movimiento tan elegante, que parecía un bailarín. El impulso del golpe envió a Kurt hacia la cama donde cayó como un cangrejo descoordinado.

En menos de un segundo, Anderson estaba sobre él, aplastándolo contra la cama. Kurt jadeó y forcejeó debajo del hombre mayor, pero fue inútil. Anderson se sentó directamente en la parte baja de su espalda y agarró los brazos de Kurt fijándolos tras él. Una vez más Kurt se sentía indefenso y otra vez sintió como su eje comenzaba a crecer por alguna extraña razón.

«Así es como será», pensó. «Sólo estaremos nosotros dos desnudos y él estará tendido encima de mí. Voy a sentir su pene restregarse contra mi culo desnudo y no habrá nada que yo pueda hacer excepto aceptarlo, aceptar cualquier cosa que él decida hacerme. Nada en absoluto. ¡Esto está mal, es tan jodidamente enfermizo!».

Y si esto estaba tan mal. ¿Por qué su pene estaba a punto de hacer un agujero en el colchón debajo de él? ¿Por qué la sensación de estar atrapado, sometido, indefenso en los brazos de otro hombre le hacía esto? Lo que le hizo preguntarse si la próxima vez que se masturbara, él estaría pensando en su novia… o en su nuevo compañero.

La extraña mezcla de excitación junto con la confusión y su creciente auto desprecio, por no mencionar la rabia que sentía hacia Anderson, de repente fue demasiado. Para su horror, Kurt sintió el caliente aguijonazo de las lágrimas tras sus parpados cerrados. «Oh, Dios, por favor no me dejes llorar. ¡No aquí, no ahora!».

Pero no parecía importar mucho que no quisiera llorar, las lágrimas iban a llegar de cualquier manera. Kurt las sintió correr por su rostro, mientras sus hombros se sacudían en silenciosos sollozos. Escondió su cara en el colchón, humillado de que Anderson lo pudiera ver así, y trató de dejar caer las lágrimas silenciosamente.

Esperaba un comentario sarcástico de su nuevo compañero, una burla acerca del pobrecito novato que estaba nostálgico y que si no podía con esto, tal vez era el momento de volver a la Tierra. Pero lo que no esperó fue sentir que Anderson le soltaba los brazos y acariciaba gentilmente su cabello.

-Déjalo salir -la voz del cadete mayor era tranquila y relajante-. Solo sácalo todo.

La inesperada amabilidad fue deshaciendo la rabia de Kurt. Aflojando los puños sobre la manta azul marino, dejó que la miseria se apoderara de él y lloró como nunca lo había hecho desde que era un niño pequeño. Durante todo ese tiempo Anderson le acariciaba la espalda y los hombros temblorosos, murmurando suavemente palabras sin sentido, pero apaciguantes de todos modos.

-Dios, lo siento -Kurt gimió al fin cuando hubo recuperado cierto control-. Lo siento tanto.

Anderson se deslizó de su espalda y se recostó junto a él en la cama. -¿Sientes haberme atacado o haber llorado? -su voz grave todavía sonaba suave, aunque había un matiz de diversión en ella.

Kurt sorbió y volvió su cabeza para enfrentar los ojos de su compañero. Ellos estaban cerca, tan cerca que él pudo oler la menta en el aliento de Anderson, pero estaba demasiado cansado para moverse. Demasiado cansado para preocuparse.

-Siento haber errado -dijo forzadamente-. Y me importa una mierda haberte atacado. Lo tenías malditamente bien merecido después de todo lo que me hiciste pasar hoy.

Inesperadamente, Anderson sonrió. No la fría y cínica sonrisa que Kurt había empezado a conocer, sino una sonrisa que realmente llegaba a sus ojos. ¿Podía ser que su nuevo compañero no fuera un completo bastardo después de todo?

-Tal vez lo merecía -dijo él-. Pero si me rompes la nariz, cabe la posibilidad de que tu mano también se rompa y no podemos permitir eso. Sin mencionar que yo ya tengo suficientes bellas marcas para el resto de mi vida -se tocó ligeramente la blanca cicatriz que estropeaba el lado derecho de su rostro.

-¿Cómo te la hiciste? -dijo Kurt, sintiéndose lo suficientemente temerario como para preguntar acerca de la cicatriz, ya que Anderson la mencionó-. ¿Fue tu último compañero, Eli…?

-Cuidado, Novato -de repente, la calidez desapareció de los ojos de Anderson y se sentó bruscamente-. Vamos, se está haciendo tarde. Tiempo para una ducha.

Kurt pensó en protestar acerca de que él no iba a bañarse con el otro hombre, pero entonces recordó, que en primer lugar, esto fue lo que había empezado toda la pelea. Y para ser honesto, él no tenía fuerzas para comenzar todo de nuevo. Se levantó torpemente de la cama y siguió a Anderson al cubículo de la ducha.

-Venga, vamos. ¿O tengo que hacer esto por ti? -el agua ya estaba corriendo, creando una nube de vapor, mientras el cadete mayor se despojaba del ajustado uniforme negro de La Academia, mientras se paraba sin el adherente tejido negro, revelando un magro físico musculoso que parecía obra de un escultor. Tenía hombros anchos, brazos musculosos y largas piernas salpicadas de vello tan castaño como el de su cabeza. Sus pezones eran un par de suaves y planos discos cobrizos, sin vello en el pecho y su pene...

«Cristo, ¿por qué estoy mirando su pene?». Kurt volvió rápidamente la cabeza, pero no antes de que Anderson hubiera visto dónde sus ojos se habían fijado.

-¿Satisfecho de que no tenga ganas de desflorar tu culo virgen, Hummel? -preguntó, indicando el estado flácido de su largo eje, sin circuncidar-. ¿No crees que si estuviera esperando a que se te cayera el jabón estaría al menos la mitad de duro de lo que estoy ahora?

-Lo que sea. Vamos a terminar con esto -murmuró Kurt mirando hacia abajo mientras se quitaba su propio uniforme. «Y pensar, que por un momento creí que él podía ser medianamente decente». El recuerdo de las manos de Anderson acariciando su espalda, acariciando su cabello y su profunda voz murmurando suavemente nada en concreto, aún permanecía, pero estaba empezando a preguntarse si aquello había sido algún tipo de alucinación producida por la tensión extrema que había sufrido. El hombre bajo y desnudo, con la sonrisa fría y arrogante en su rostro, no se parecía de ninguna manera al Anderson de hacía unos minutos.

-Bien. A la ducha, adelante, tú primero -Anderson señaló con una mano el pequeño cuadrado de la ducha, indicándole a Kurt que entrara.

-Supongo que yo tengo que ir primero, para que tú puedas estar detrás de mí -murmuró Kurt con rebeldía, incluso mientras daba un paso hacia el agua caliente-. ¿Habrá alguna situación en la que yo tenga que estar detrás de ti?

-¿Por qué? ¿Es esa una fantasía particular tuya? -la voz de Anderson era ligeramente sarcástica.

Kurt se sintió ruborizar hasta las raíces de su castaño cabello mientras el agua caliente le golpeaba la cara. -Tú sabes lo que quiero decir, bastardo. Me refiero a ¿por qué siempre tienes que estar tú a mi espalda?

Anderson suspiró. -Te lo digo por última vez: porque esa es la forma en la que vamos a estar en el Needle. Y porque hace que sea mucho más fácil para ti y para mi lavarnos.

Kurt casi saltó cuando sintió una mano cálida y enjabonada acariciando la piel desnuda de su espalda. Comenzó a girarse, pero Anderson puso la otra mano sobre el hombro de Kurt y lo sujetó fuertemente.

-Vista al frente, Novato. No voy a bajar de tu cintura. Solo estoy lavando tu espalda, por lo menos esta noche.

-No veo por qué tengo que permitir que me toques -Kurt dijo entre dientes-. ¡Joder, no quiero que me toques!

-¿Te molesta porque es una invasión de tu espacio personal? ¿O porque te provoco una erección? -la voz de Anderson era clínica y distante, mientras continuaba acariciando la desnuda espalda de Kurt con largos y sensuales movimientos.

-¡Hijo de puta! -Kurt trató de girarse de nuevo, pero otra vez el fuerte agarre en su hombro se lo impidió.

-Tú vas a acostumbrarte a tener mis manos sobre tu cuerpo, Ojos Azules -Anderson dijo fríamente-. No tienes elección, así que por tu bien, supéralo ahora.

-¿Por qué tienes que sacudírmela para volar el maldito Needle? -Kurt preguntó mordazmente.

-Porque si lo hiciera, eso fortalecería realmente nuestra red de conexión neuronal, pero tú podrías estar también un poquito distraído para disparar a los objetivos, si te hago correrte al mismo tiempo -dijo Anderson con total indiferencia, como si Kurt hubiera hecho una pregunta legítima-. Si bien tengo entendido, algunos de los pilotos Needlers, y probablemente no necesito decirte cuáles, han llegado a dominar la técnica de concentración durante un orgasmo.

-¡Jesús! -Kurt sintió como si se estuviera enfermando. Lo peor de todo era que incluso, a pesar de que había vuelto a odiar al cadete mayor, las manos de Anderson sobre su cuerpo lo hicieron reaccionar de nuevo. Y la manera en que su compañero le habló de hacerlo correrse, como si no fuera la gran cosa, empeoró la situación llenándole la cabeza con toda clase de imágenes en las que no quería pensar, pero parecía ser incapaz de deshacerse de ellas. Su pene estaba duro como una piedra y sintió como si hubiera estado excitado todo el día. Lo único que quería era un minuto a solas, infiernos, treinta segundos bastarían, para masturbarse. Pero no parecía que Anderson fuera a concederle algo de intimidad después de todo, y que le condenaran si iba a masturbarse con el otro hombre mirando. Especialmente cuando Anderson probablemente adivinaría la causa de su excitación, en primer lugar.

Como si le leyera el pensamiento, Anderson le dio una palmada en el hombro.

-Vamos, creo que estás suficientemente limpio ahora. En todo caso sólo tu cuerpo, ya que tu mente es una historia completamente diferente -salió de la ducha y cogió una toalla de la barra de metal atornillada a la pared y luego le tendió una a Kurt, mientras él también salía.

Kurt trató de sostener la toalla delante de su entrepierna para esconder su pene, que obstinadamente se negaba a bajar, pero Anderson sólo se rio y sacudió la cabeza.

-Sólo date prisa y sécate, Novato. ¿A quién le importa si tienes una erección?

Sintiendo su cara arder, Kurt secó el resto de su cuerpo con unos precipitados toques de la toalla y luego buscó el uniforme que se había quitado.

Anderson fue demasiado rápido para él. Con un solo movimiento tomó los dos negros uniformes de seda y los arrojó por el conducto rectangular de la lavandería que estaba debajo del estante de las toallas.

Kurt frunció el ceño. -¿Por qué has hecho eso? ¿Qué se supone que vamos a vestir ahora?

-El servicio de lavandería siempre trae trajes limpios a las cero seiscientas* cada mañana -Anderson ya estaba andando por el dormitorio. Kurt le siguió con cautela.

-Quiero decir, ¿qué es lo que vamos a usar para dormir? -preguntó. Pero tenía la desagradable sensación de que ya lo sabía.

-Lo estás viendo -Anderson indicó el estado actual de desnudez de ambos con un giro casual de su mano.

-Mierda. Supongo que debería haberlo sabido. Déjame adivinar... la razón por la que vamos a dormir juntos y desnudos es porque…

-El contacto de piel con piel aumenta el vínculo entre compañeros y se convierte en una estrecha red de conexión neural en el Needle -Anderson terminó por él. Luego le dedicó a Kurt una cansada mirada-. No te preocupes, Novato. Prometo no follar tu apretado y virgen culo mientras estés durmiendo.

-Bastardo -Kurt miró a su compañero, sintiéndose derrotado. Pensó en buscar revolviendo en el tocador de madera sintética para ver si había algún tipo de pijama guardado, por si cabía la posibilidad de que Anderson le estuviera mintiendo. Pero la expresión en el rostro del cadete mayor le dijo que era una esperanza inútil.

-Ven a la cama, Hummel -Anderson ya se había metido bajo la manta azul marino y dio unas palmaditas al espacio vacío frente a él y bostezó-. Es tarde y las cero seiscientas llegan terriblemente temprano en la mañana -suspiró-. Debemos cuidar tus manos, pero creo que podemos esperar hasta mañana por la noche para comenzar con eso. No tengo ganas de pelear contigo por más tonterías -murmurando una orden, las luces se apagaron, sumiendo la habitación en la oscuridad.

Kurt se arrastró a su lado de mala gana, buscando a ciegas el borde de la manta. Se aseguró de permanecer justo en el borde del colchón, así no estaría tocando a Anderson de ninguna manera.

-Esa es la manera en que quieres que sea, ¿cierto? -la voz del cadete mayor sonó aburrida-. Mejor, más espacio para mí. Pero no me culpes si en medio de la noche te caes de la cama por culpa de tus ridículas tendencias homofóbicas.

-¡No estoy siendo ridículo! -Kurt protestó-. ¡Y no querer dormir desnudo con otro hombre no me hace homofóbico, me hace normal! -pero su única respuesta fue un ronquido suave, Anderson ya estaba dormido.

Después de la agotadora jornada que había tenido, Kurt había esperado dormirse de inmediato. Pero tenía demasiadas imágenes perturbadoras en la cabeza y su pene aún estaba en alerta máxima. Pensó en tratar de masturbarse en silencio pero tenía miedo de hacer cualquier movimiento o sonido que pudiera despertar a su nuevo compañero y no podía aguantar más de los sarcasmos de Anderson por el momento.

Se quedó mirando el techo a oscuras durante un largo tiempo, sintiendo el calor del cuerpo de su nuevo compañero que se irradiaba a través de la estrecha franja de la cama que los separaba, y se preguntó cómo iba a sobrevivir.


*Cero seiscientas: 6:00am