Un primer paso hacia el vacío

Escuchar el sonido del timbre a una hora tan temprana en la mañana sorprendió a Ruby. Normalmente sus primeros clientes llegaban una buena media hora más tarde. Dejó su desayuno para dirigirse hacia la barra para acoger a su cliente tan matutino.

«¡Oh, Regina! ¿Cómo estás?» dijo Ruby, al encontrar a la morena delante de la barra.

La alcaldesa sonrió y se acercó a la loba para darle un beso.

«Muy bien, ¿y tú? ¿Te molesto?»

«Nooo, en absoluto, nunca me molestas» le respondió ella con un guiño «Solo me sorprende encontrarte aquí tan temprano. ¿Te has caído de la cama?»

Regina se sentó en un taburete, y miró el expositor donde estaban expuestos las diferentes variedades de donuts, buñuelos y otros pasteles, todos bien alineados.

«Casi» dijo la morena con una gran sonrisa «No, de hecho he venido más temprano para comprar algunos pasteles antes de ir al ayuntamiento, tengo algo que hacerme perdonar» añadió ella haciendo una mueca.

«Ohhh…¿una pequeña pelea con la rubia?» preguntó Ruby colocando una taza de café caliente frente a Regina.

«Gracias…No, ningún problema con Emma. Solo es que no estuve muy simpática ayer por la tarde con mi secretaria, así que quiero pedirle disculpas»

Regina se quitó su chaqueta y la depositó delicadamente sobre el taburete de al lado.

«¡Qué buena intención, señor alcaldesa!» dijo Ruby saboreando su café «¡Qué jefa atenta eres!»

«Hmmm, después de cómo la traté, es lo menos que puedo hacer» confesó Regina avergonzada «La pobre acaba de llegar al puesto y la trato como una apestada.

Ruby se echó a reír.

«Bien, si me hubieran dicho que nuestra reina malvada un día se preocuparía del bienestar de sus empleados…pienso que me habría ahogado de tanto reír»

Ese comentario hizo reír a Regina

«Querida, si alguien me hubiera dicho hace diez años que un día estaría aquí, sentada y hablando a una amiga, mientras que mi novia, la hija de mi peor enemiga desayuna tranquilamente en mi cocina…» ella interrumpió su frase para beber un poco de café «…hubiera pensado que esa persona no estaba en sus cabales…» terminó ella riendo.

Ruby se echó a reír imaginándose la situación.

«Es verdad que hemos recorrido un gran camino desde entonces» dijo Ruby melancólica.

«La echas de menos, ¿verdad?» preguntó dulcemente Regina «Todos la echamos de menos, ¿sabes?...»

Ruby puso su mano sobre la de la alcaldesa, una sonrisa emocionada en el rostro

«Lo sé Regina…Granny tenía un carácter del demonio, pero ella era tan…amable, imprevisible, testaruda…»

«Ahora sé a quién te pareces» le dijo la alcaldesa con un guiño

Ruby la golpeó con el paño antes de ver el broche en su camisa.

«Woww, ¿qué es esa maravilla?» preguntó la morena con asombro

«Un regalo de mi novia» dijo con orgullo Regina «Es magnífico, ¿verdad?»

«Magnífico es la palabra» respondió Ruby deslizando sus dedos por la brillante manzana «¡Y te representa muy bien! ¿Dónde ha encontrado esta pequeña joya?»

«Lo ha comprado el día de la fiesta a un mercader que se instaló allí, especializado aparentemente en antigüedades»

«Oh, eso no le va a gustar al amigo Gold» exclamó Ruby frunciendo el ceño.

«Sí, no se mucho, quizás no vendan el mismo tipo de objetos…Iré a ver un día de estos» respondió Regina acariciando dulcemente su broche con el pulgar. «Bien…» dijo motivándose a levantarse «voy a coger algunos pasteles y me marcho»

Regina se acercó al expositor «Veamos…¿Qué le gusta a esa muchacha?» se preguntó mordiéndose el labio.

«Buena pregunta» dijo Ruby «¿No conoces sus gustos?»

«No, en realidad no, solo está ahí desde hace una semana» respondió Regina un poco incómoda «He hablado muy poco con ella desde su contratación»

«¿Cómo se llama?» preguntó la loba

«¡Anastasia!»

«¿Anastasia?...mmm, desconocida a la vista. ¿Es una recién llegada al pueblo?»

«Sí, hace unas semanas que ha llegado. Es la hermanastra de Ashley, es ella la que me pidió que la ayudara a encontrar un trabajo» explicó Regina «Ellas retomaron el contacto cuando Ashley se mudó a Boston, pensó que eso la ayudaría a volver a trabajar» añadió la alcaldesa mirando los dulces, como si esperara que ellos mismos le sugirieran cuáles comprar

«¿Quieres decir que tienes como empleada a la hermanastra de Cenicienta?» replicó Ruby divertida por la situación.

«Sí» respondió Regina riendo «¿Qué hay de malo?»

«¡Qué pareja perfecta, la Reina Malvada y la Hermana Malvada!» rio Ruby frunciendo la nariz.

«¿Qué quieres? Siempre me he sabido rodear bien» replicó Regina con un guiño «¡Venga, me llevo uno de cada!»

«¡Marchando!» respondió Ruby, metiendo los dulces en una bolsa de papel «Voilà, señora alcaldesa, ¡le deseo un buen apetito!»

Regina se volvió a poner su chaqueta, y cogió la bolsa.

«Gracias Ruby. Que tengas un buen día y si te cruzas con Emma, recuérdale que no regrese muy tarde, tenemos a Henry y a Grace esta noche en casa»

«Ningún problema, lo haré» respondió ella con una gran sonrisa.

Al llegar al despacho, Regina se sentó en su escritorio y comenzó a ojear sus emails.

Cuando Anastasia llegó, unos diez minutos más tarde, la alcaldesa se disculpó por su comportamiento del día anterior y le propuso compartir un café. La muchacha, en un primer momento, se sorprendió, pero se sintió igualmente conmovida por la atención. Su hermana le había dicho que la Evil Queen había cambiado, pero ella no se esperaba poder disfrutar de un desayuno en su compañía. La charla transcurrió amigablemente y poco a poco la joven secretaria se encontró más a gusto y le contó a su jefa algunos detalles de su vida.

Regina estaba feliz de haber podido corregido el error con la joven y volvió a trabajar con el corazón más ligero. La mañana pasó relativamente bien, entre llamadas hacia las diversas administraciones fiscales, la planificación de trabajos en las calles del pueblo, la discusión sobre el presupuesto para la reparación del viejo reloj, hasta que Regina se levantó para ir a buscar unos papeles que había dejado en el coche.

Al salir del despacho, se encontró a Anastasia en plena conversación telefónica. Regina comprendió en seguida que no era una llamada profesional cuando la joven enrojeció y se dio prisa en colgar. En no importa qué otra ocasión, Regina habría sonreído y eso no la habría molestado en absoluto, pero hoy, sin saber por qué, esa situación la enfado en grado sumo.

«¡No le pago para que se pase el día a parlotear por teléfono!» gritó colocando las dos manos sobre la mesa de su secretaria «¡Qué no se vuelva a producir o a la calle!»

Impactada, la joven no tuvo tiempo de responder, la alcaldesa ya se había dado la vuelta y entrado en su despacho, los tacones golpeando fuertemente en el suelo.

Sentándose en el sillón, Regina comenzó a juguetear de forma mecánica con su anillo de pedida. Se sentía nerviosa, casi loca de rabia por una tontería. No lograba entender por qué un suceso tan fútil podía enervarla hasta ese punto.

Mordiéndose el labio, decidió ir a excusarse una vez más, cuando el teléfono sonó

«Regina Mills. Sí. Muy bien, gracias Señor Morrow. Sí, sí, yo me encargo, gracias»

Colgó y sacó una carpeta de su cajón. Sin darse cuenta se había olvidado completamente del enfrentamiento con la joven Anastasia y se puso a trabajar.

Varias veces más en el día, Regina se encontró hundida en sus emociones contradictorias. Bien enfadada, bien cansada y desmotivada, sin realmente saber por qué. Relacionó sus saltos de humor con la falta de sueño, que debía a su agitada noche con Emma. Ese pensamiento la hizo sonreír y se preguntó si la rubia tendría todavía dolor de espalda.

Cogiendo el teléfono, tecleó el número de la sheriff.

«Sheriff Swan» respondió la voz en el teléfono

«¿Cómo estás, amor?» preguntó dulcemente Regina «Pensaba en ti»

«¡Oh, qué suerte tengo!» murmuró Emma

«No estás sola, me imagino»

«Hum, hum» respondió la rubia moviendo la cabeza

Regina golpeteó su bolígrafo sobre la mesa «Me preguntaba si todavía te duele por todas partes» dijo con una sonrisa de lado

«No te puedes imaginar» replicó la rubia

Enderezándose en su sillón, la alcaldesa decidió jugar un poco.

«¿Cómo estás vestida? Estoy segura que llevas tus vaqueros ceñidos»

Emma comenzó a toser, asombrada por la pregunta de su compañera

«Sí, sí eso es, exactamente» respondió ella incómoda, mirando alrededor.

«¿Y tus braguitas? ¿De qué color son?»

«Sí, eso es» respondió la sheriff «Un coche rojo. Sí, sí, rojo»

«Mmm, la roja, con encaje, ¿esa?»

«Exactamente, sí, eso mismo»

«¿Sabes lo que me gustaría hacer con esas pequeñas braguitas en este momento…?» susurró dulcemente Regina

«No, en realidad, de hecho estoy buscando información» respondió la rubia, entrando en el juego.

«Me gustaría deslizar mis dedos por dentro para ver lo que podría encontrarme ahí…»

La rubia comenzaba a sentir olas de calor

«Oh, sí, efectivamente caso a punto» respondió ella suspirando

«Después me gustaría bajarlas despacio, a lo largo de tus muslos…dejarlas caer por tus tobillos»

«Ah, sí…sí sí, es interesante»

«A continuación, las utilizaría para atarte a tu silla, dejándote a mi merced, las piernas abiertas»

Emma estaba roja como un tomate. Ni siquiera se atrevía a mirar a su alrededor, por miedo a que alguien adivinara el tema de su conversación.

«Tengo tantas ganas de saborearte, ahora en seguida, que creo que mi lengua no tardaría mucho tiempo en encontrar la zona caliente y agradable para lamer» añadió la morena.

Los suspiros de Emma al otro lado del hilo telefónico hicieron aparecer una sonrisa depredadora en el rostro de la Reina. Había logrado su fin, Emma estaba fuera de sí y tenía ciertamente mucho calor.

«Ahora cariño, te voy a dejar. Pienso que debes estar sudando con ese calor. Por mi parte, te confieso que también ha sido tórrido. Es más, si esta mañana me hubiera puesto bragas, estarían completamente mojadas…»

Ante esas palabras, el corazón de Emma se saltó un latido, los temblores que la atraviesan la dejan sin palabra. Tartamudea sin saber muy bien qué responder.

«¡Hasta esta noche, señorita Swan!»

Regina colgó calándose en su sillón. Sonreía, imaginándose la cara de Emma al otro lado del pueblo. La velada se anunciaba caliente, muy caliente…

Algunos minutos más tarde, tocaron a la puerta del despacho.

«Entre» dijo Regina, molesta por haber sido interrumpida en sus pensamientos cachondos.

La puerta se abrió despacio, dejando aparecer la cabeza de Anastasia por el hueco, algo a disgusto por lo que había pasado un poco antes.

«Regina, quería excusarme por…»

«Señora Mills, o Señora Alcaldesa» interrumpió Regina con un tono seco.

«Perdón» balbuceó la joven «Señora Mills, desearía excusarme por mi comportamiento de antes, estoy de verdad…»

«Uno no se excusa a uno mismo» soltó la morena incorporándose en su sillón «es una señal de mala educación»

La secretaria se encogió un poco más sobre ella misma. Si hubiera podido hundirse en el suelo para desaparecer, lo habría hecho ya desde hace tiempo

«Yo…yo…yo le ruego que me excuse, señora alcaldesa, siento mucho lo que pasó hace un momento, le prometo que no volverá a pasar»

Regina se enterneció ante la expresión desolada de Anastasia. Se pregunta una vez más cómo había podido enfadarse hasta ese punto por una simple llamada de teléfono. Mierda de emociones contradictorias…

«Escuche, Anastasia, no se quede ahí así como así, entre, siéntese» dijo ella con un tono más dulce. Debía presentar sus disculpas a esa mujer, era necesario.

La secretaria, sorprendida por ese cambio de humor, se sentó en la silla, con la cabeza baja y lágrimas en sus ojos.

«Yo no quería decepcionarla señora Mills, ha sido tan amable conmigo esta mañana, de verdad me avergüenzo de haber abusado y...»

Regina se levantó despacio y rodeó el escritorio, paso a paso, con una manera muy lasciva. Tenía el poder sobre esa pequeña, y sin saber por qué, le gustaba enormemente. Cuanto más aumentaba ese sentimiento de superioridad, más sentía una pulsación golpear su pecho. Con un gesto mecánico, puso su mano sobre su broche, y lo sintió vibrar bajo sus dedos. Un halo violeta atravesó sus ojos, que cerró rápidamente, respirando fuertemente como para aspirar la energía de alrededor de ella. Su cabeza giraba, de repente se sentía eufórica.

Hundió su mirada en la de su secretaria, que temblaba de miedo, preguntándose si iba a ser castigada o si su jefa iba a disculparse. Sus cambios de humor repentinos la asustaban mucho.

Sentir ese miedo en los ojos, en los movimientos de la joven rubia excitaba a Regina. No supo decir por qué, pero de repente tuvo ganas de esa mujer. No de manera amorosa, no, sino un deseo de sexo brutal, agresivo. Quería hacer de ella su objeto, para su único disfrute.

Al pasar por detrás del asiento de la joven, Regina se inclinó ligeramente hacia delante. La cabellera rubia de Anastasia le recordó a la de alguien, pero sin lograr poner nombre a esa imagen. Llevo su boca a los cabellos de la joven, respirando a pleno pulmón. Sus manos se posaron en sus hombros, después se deslizaron dulcemente hacia el pecho de la joven que estaba aterrorizada.

«Señora Mills, ¿qué está haciendo? Pare, yo…»

«Chuuuut, cállate, pequeña idiota» sopló Regina cerca de su oreja «Eres mía, déjate hacer…»

Depositó un beso en el hueco del cuello de la rubia, su mano deslizándose por el costado de la joven, después bajo su sujetador. Deslizó su lengua desde el nacimiento de la nuca hasta el lóbulo de la oreja, agarrando con toda la mano el seno redondo de la joven que se movía al ritmo de la respiración entrecortada de la joven.

«Voy a hacer de ti la sirviente más feliz del mundo»

Anastasia se levantó precipitadamente, retrocediendo algunos pasos

«¡Déjeme, usted está loca! ¡Déjeme tranquila!»

Las lágrimas descendían por sus mejillas

«¡Yo…voy a llamar a la policía, déjeme!»

Regina no pudo evitar echarse a reír

«¿La policía? ¿De verdad? Yo controlo a la policía, así como controlo el pueblo, pequeña. Soy la Reina, ¿lo habías olvidado?»

«Usted ya no es la Reina» respondió la joven con expresión de asco «Usted ha cambiado, es la alcaldesa, todo el mundo lo dice» añadió asustada

¿Quién era esta pequeña zorra para atreverse a contrariarla? Regina ya había matado a sirvientes por menos que eso. Loca de rabia, elevó la mano y cerró el puño.

La joven se encontró entonces suspendida a unos diez centímetros del suelo, sin poder respirar

«Regii…Reginaaa…»

La fuerza invisible alrededor de su cuello se estrechaba cada vez más, un velo negro comenzaba a aparecer delante de sus ojos. La morena estrechaba cada vez más el agarre. Quería hacer sufrir a esa pequeña insolente, que suplicara que la dejara con vida.

De repente Regina tuvo un flash. El rostro de Anastasia se difuminó y se transformó en el de Emma. Ante ella ya no tenía el cuerpo de su joven secretaria, sino el de la mujer que amaba por encima de todo, el de aquella que compartía su vida y su felicidad. Presa del pánico, la morena soltó su agarre, dejando caer al suelo a la joven que se estrelló violentamente contra la mesa.

Regina corrió a su lado, tirándose de rodillas, pegando el rostro de la joven a su cuerpo.

«Lo siento Emma, lo siento» las lágrimas corrían por sus mejillas en un llanto ininterrumpido «Perdóname, cariño, lo siento tanto»

«Yo…no soy…Emma» murmuró despacio Anastasia, llevándose las manos al cuello.

Regina dejo a la joven en el suelo y retrocedió arrastrándose, hasta chocar contra la pared negra y blanca del despacho.

«¿Qué…qué he hecho?»

Asustada, ella se encogió sobre sí misma mientras que la joven intentaba con dificultad ponerse en pie.

«Lo siento muchísimo Anastasia, muchísimo. No sé lo que me ha pasado…yo…he perdido la cabeza…yo…»

Regina estalló en llanto, aterrorizada por lo que acababa de hacer. Había intentado matar a una mujer inocente, incluso había deseado violarla, sin ninguna razón. Se daba tanto asco. Por un momento se había convertido en la Evil Queen, la mujer innoble que había sido todos esos años, la que había enterrado para siempre desde el regreso de Neverland. Con los ojos cerrados, apoyada contra la pared, lloraba con todo su cuerpo, llamado a Emma para que la salvase…

Anastasia logró ponerse en pie, tosiendo y respirando con dificultad. Debía salir de ahí, ir al hospital, llamar a la policía. Logró caminar hasta la puerta, queriéndola abrir despacio para no hacerse ver por Regina, pero el ruido llamó la atención de la mirada de Regina.

«Anastasia, espere, por favor. No se vaya» dijo ella levantándose «Voy a ocuparme de usted, ya no tiene nada que temer»

Muerta de miedo, la joven retrocedió despacio hacia el pasillo.

«¡Quédese donde está!» gritó ella alargando la mano «¡No se acerque, no se mueva!»

El miedo dio paso a la cólera, Regina lo vio en seguida en sus ojos. Le tendió la mano para que viera que ya no tenía nada que temer.

«Lo siento mucho, mucho…venga conmigo, voy a…»

«No hará nada en absoluto» gritó la rubia «Voy a ir a ver a la policía y les contaré todo lo que ha pasado. Está acabada, loca, ¡acabada!»

Dando la vuelta, se puso a correr titubeando, el aire apenas pasaba por su garganta.

Regina cerró los ojos. Escuchó a su corazón latir en su pecho. Boum…boum…boum.

Ella había perdido la cabeza…boum…boum…

Ella iba a perder todo lo que le había costado tener…boum…boum…boum.

Anastasia iba a contarle todo a la policía…a Emma…boum…boum…boum…

Iba a perderlo todo, todo…boum…boum…

Su hijo…su mujer…su vida…boum…boum…

Sus pensamientos se volvieron hacia Emma…ya veía su decepción cuando supiera lo que había pasado…boum…boum…boum…

Imaginaba su rostro lleno de lágrimas, los ojos rojos, asustada ante la idea de que su compañera hubiera vuelto a ser la Evil Queen…boum…boum…

Regina no se dio cuenta de que los latidos que escuchaba venían de un corazón, pero no del que habitaba en su pecho…No, ellos procedían del corazón de oro en el que brillaba una manzana roja y verde…boum…boum…

Iba a perderlo todo…todo…boum…boum…

¡No! No permitiría que eso pasase, no permitiría que una pequeña zorra rompiera todo lo que le había costado conseguir…boum…boum…boum…

En un movimiento, se materializó algunos metros más lejos, en el pasillo del ayuntamiento que comunicaba con la salida.

Anastasia escuchó un ruido detrás de ella, no se atrevió a darse la vuelta, su respiración era dificultosa, sus latidos rápidos y caóticos…boum, boum, boum, boum…de repente ya no logró seguir adelante. Sus pies se despegaron una vez más del suelo, supo que esa vez ya no sobreviviría.

Cerró los ojos, llorando, esperando el momento de dejar de respirar, boum, boum, boum, boum. Después sintió su corazón encogerse…boum, boum, boum, boum, boum, boum…encogerse más…boum… boum…boum, después un inmenso dolor la atravesó, su corazón explotó en un último latido, arrancándole un grito de agonía.

Cayó al suelo con un ruido sordo, el pecho manchado de sangre. Y en una nube de partículas rojas y negras, desapareció.

Regina estaba algunos metros detrás, una sonrisa satisfecha en el rostro.

Acababa de sentir un placer olvidado hace mucho tiempo, un placer que su corazón multiplicaba por mil a cada pálpito…

El placer último, el de quitar una vida. Boum…boum…boum…