Detonante

Emma fue la primera en llegar al lugar. Cuando David llegó unos diez minutos más tarde, Leroy había tenido tiempo de ponerla al corriente de lo que había pasado y el príncipe encontró a su hija sentada en el suelo apoyada en el pared del restaurante, los ojos rojos y las mejillas empapadas de lágrimas. El enano estaba a su lado, con la mirada en el vacío.

El príncipe se acercó dulcemente a la sheriff, arrodillándose a su lado.

«¿Emma? ¿Lo puedes aguantar?»

Cuando se dio cuenta de que su padre estaba a su lado, la rubia le saltó a los brazos y se puso a llorar

«¡Está muerta, papá, muerta!»

David acarició tiernamente los cabellos de su hija, no pudiendo evitar llorar él también. Todavía le costaba creer que era de Ruby de quién estaban hablando.

«Es horrible…nunca había visto tal masacre. Ella no se merecía eso, ¡dios mío, no se lo merecía!»

Emma temblaba completamente, su respiración comenzaba a hacerse difícil. Al comprender que empezaba a tener una crisis de angustia, el príncipe la tomó en sus brazos como si fuera una niña pequeña y la llevó más lejos. Se detuvo a la altura de Leroy, que no había hecho el mínimo movimiento desde su llegada

«Hey, ¿estás bien? Quizás deberías irte»

El enano movió la cabeza

«No, me quedo. Yo…no puedo dejarla, así como así»

David asintió, golpeando el hombro de su amigo y se alejó unos diez metros para dejar a Emma apoyada en un árbol.

Las horas pasaron, el cuerpo de Ruby fue llevado a la morgue por el equipo médico forense y el doctor Whale se había quedado en el lugar, así como el doctor Hopper para ayudar a las numerosas personas que habían acudido tan pronto como la noticia había empezado a divulgarse.

Emma estaba aún apoyada en el árbol en el que David la había dejado. Su madre estaba a su lado, acariciando dulcemente la mano de su hija desde hace algunos minutos. El anuncio de la muerte de su mejor amiga la había destrozado, pero ella debía mostrarse fuerte por su hija. Ella había perdido a tantos amigos a lo largo de su vida que había aprendido a tener perspectiva en esos momentos de dolor. Snow sabía que se derrumbaría, pero por el momento, lo único que la preocupaba era saber cómo iba a anunciar a su pequeña que su madrina había muerto. Inmersa en sus pensamientos, fue sacada de ellos bruscamente por un sobresalto de Emma.

«¡Regina! No he llamado a Regina para avisarla»

La rubia se levantó súbitamente, hurgando en su bolsillo buscando el teléfono.

«Ya la hemos llamado nosotros» le dijo calmadamente su madre, poniendo la mano sobre el teléfono de su hija.

Ante la mirada asombrada de Emma, ella añadió

«Ella no respondió, le hemos dejado un mensaje pidiéndole que nos llame» dijo ella acariciando el brazo de Emma «Pasé está mañana por vuestra casa, pero ella no estaba. No podemos hacer otra cosa si no esperar que oiga el mensaje»

Emma se sintió aliviada al saber que Regina había sido avisada, pero se preguntaba dónde podría estar su compañera a esa hora tan temprana. Unos segundos más tarde, fue sacada de su reflexión por la misma Regina.

«¡Emma!»

La morena se lanzó hacia su novia, estrechándola fuertemente a ella.

«Oh, Emma, lo siento tanto» le dijo ella con los ojos llenos de lágrimas «He venido en cuanto he escuchado el mensaje de Snow»

Con una mirada le señaló a su hijastra que se lo agradecía, y que necesitaban estar solas. Snow asintió con la cabeza y se alejó despacio.

«Cariño, estoy…yo…yo ni siquiera sé qué decir» dijo la morena con voz temblorosa «No tengo palabras para describir este horror»

Emma hundió su rostro en el cuello de su novia y dejó escapar el llanto. Se quedaron así un momento, antes de que Emma se enderezase. Debía mostrarse fuerte por su amiga que había sido asesinada esa noche.

Con un gesto de la mano secó sus lágrimas que corrían por sus mejillas, besó a Regina en la frente y retrocedió despacio.

«Debo ir a investigar, voy a encontrar al cabrón que ha hecho esto»

Regina asintió, pero cuando su compañera se alejaba despacio, ella la retuvo por el brazo

«Yo…yo quiero ver»

Emma quiso responderle que no tenía por qué ver la escena de horror, que no soportaría la impresión…después ella recordó que tenía delante a la mujer más fuerte que nunca haya conocido. Había sido testigo, y a veces protagonista, de muchos más horrores de los que Emma verá nunca en su vida, podría soportarlo. Y sobre todo, ella tenía el derecho a conocer las circunstancias de la muerte de su amiga.

La sheriff cogió a la morena por la mano, y la llevó hasta la puerta del restaurante. El cuerpo de Ruby había sido retirado, pero las huellas de la masacre, la sangre y los restos del cuerpo estaban todavía presente. La violencia y el horror del asesinato eran perceptibles, incluso sin cadáver para atestiguarlo.

Regina respiraba profundamente, analizando cada detalle de la escena que se presentaba ante sus ojos. Cada esquina, cada marca de sangre era registrada en su mente. Sin saber por qué, todo eso le parecía tan…familiar. De repente, un flash le vino a la mente. Vio a una mujer morena ser propulsada a través de la sala y estrellarse contra la pared. Su corazón comenzó a latir más rápido, y un segundo latido se superpuso al que sentía en su interior. Esa sensación le era ahora familiar y ella reconoció en seguida la procedencia de ese ruido tan particular. Su mente hizo aparecer otra imagen, esa vez ella distinguía perfectamente el rostro de Ruby, a la vez sorprendida y asustada por verse maltratada de esa manera por una de sus más cercanas amigas.

Vio un brazo tenderse hacia ella, y al ver la alianza de pedida en su anular, comprendió que era su mano la que estaba viendo aparecer brevemente, antes de observar cómo se hundía en el vientre de la morena que hundió su mirada llena de terror y de incomprensión en la suya. Vio su mano retirarse del cuerpo muerto de la joven camarera, después contempló sus dedos de un rojo vivo.

Emma miraba a su compañera sin comprender lo que pasaba. La morena movía su mano en todos los sentidos, contemplando algo imaginario, pero que al parecer le gustaba pues ella enarbolaba una sonrisa de satisfacción, pero sobre todo, extrañamente sádica.

La rubia se acercó, apoyando su mano sobre el hombro de su compañera.

«¿Regina? Cariño, ¿estás bien? Pareces…»

La alcaldesa giró entonces la cabeza en dirección a su novia que retrocedió rápidamente

«¡Todo va muy bien querida!»

Emma gritó de estupor, los ojos de Regina estaban violetas y una sonrisa malsana destacaba en sus labios. De repente la morena, se derrumbó en el suelo.

«¿Cómo está?» Emma saltó de la silla al ver llegar al doctor Whale.

El médico levantó las manos para tranquilizar a la sheriff y a su adjunto que esperaban, perdiendo la paciencia, desde hace una hora.

«Ella está bien, no os preocupéis. El desmayo se debe al impacto del anuncio de la muerte de Ruby y a la visión de la sangre en la escena del crimen. No debieron llevarla hasta allí» dijo él calmadamente.

«Yo no quería que lo viera, pero ella insistió» respondió Emma moviendo la cabeza, en cólera contra ella misma.

David estrechó a su hija contra él

«Cariño, tú no podías saberlo, ella es fuerte, no podías imaginar que iba a desmayarse»

«Sí, ella es fuerte» añadió el doctor Whale «No se preocupen. Le he dado un calmante para que duerma algunas horas, le hará bien. Pasen a buscarla al final del día, estará mucho mejor» terminó él sonriendo.

Emma le sonrió a su vez.

«Gracias, Doctor…muchas gracias. Voy a verla un momento y…»

David la interrumpió acariciándole la mejilla

«Tómate tu tiempo. Yo voy a buscar a Leroy e intentaremos reconstruir la jornada de Ruby para saber lo que hizo el día de ayer. Quédate con Regina, las dos necesitáis estar juntas»

Emma no respondió sino con una simple sonrisa, que quería decir mucho más que las palabras. Con un movimiento de cabeza, ella asintió, después dejó al doctor Whale y a su padre en la sala de espera, y se fue a ver a Regina a la habitación.

La morena estaba inmersa en un profundo sueño, una fina sonrisa iluminando su cara. Emma tomó sitio a su lado, sentándose en el borde de la cama. Le cogió la mano y le acarició dulcemente la frente.

«Me has asustado, ¿sabes?» dijo ella poniendo hacia atrás un mechón que escondía los párpados de su amada.

«Y no solo con este desmayo» añadió ella crispándose ligeramente «He visto tus ojos, Gina…tengo miedo, no he visto esa mirada desde que dejamos Neverland…»

La sheriff apoyó su cabeza en el pecho de Regina, y cerró los ojos algunos minutos, dejándose acunar por la respiración de su compañera, lenta y regular. A veces, tenía la sensación de que escuchaba dos latidos de corazón, pero lo achacó a la fatiga y al estrés.

Emma se quedó a la cabecera de su novia durante dos horas, después, aún inmersa en sus temores, decidió ir a ver a una persona que podría, quizás, ayudarla a comprender lo que pasaba. Besó tiernamente a la bella morena, le acarició la mejilla y le prometió que vendría a buscarla al final del día.

«¿Papá? He salido del hospital, quería avisarte de que no voy a unirme a ustedes inmediatamente, tengo que ir a ver a alguien antes. Llámame cuando oigas mi mensaje, por favor, querría tener noticias de mamá»

Emma metió su teléfono en el bolsillo y tocó a la puerta de la consulta. Esperó un minuto largo antes de que el Dr. Hopper le abriera. Él estaba delante de ella, la expresión seria, lágrimas en los ojos, frotándose despacio el ojo derecho. Incómoda, Emma hizo una señal con la mano indicándole que no quería molestar.

«Oh…yo…yo me pasaré más tarde, no quería…»

Ella no encontraba las palabras para decir lo que sentía. Hopper era amigo de Ruby, pero no se esperaba encontrarlo en lágrimas en su casa. Se sentía terriblemente estúpida al no pensar que los amigos de la morena estarían de duelo y que Archie no estaría de humor para hablar.

«¿Qué? Oh, no, no, quédese Emma, quédese, no es lo que usted cree» respondió él secando una lágrima que salía de un ojo.

Ante la expresión inquisitiva de la rubia, él la invitó a entrar.

«Estaba cepillándome los dientes cuando ha tocado. El ruido me sorprendió y me sobresalté, y acabé metiéndome pasta de dientes en el ojo» dijo él rascándome el párpado.

Emma no pudo evitar sonreír al imaginarse la escena.

«Es fresco, pero pica» añadió él señalándole que se sentara «Siéntese, vuelvo en seguida»

Emma lo vio desaparecer tras la puerta que daba seguramente a la parte privada de su consulta. Sentándose en el sofá, vislumbró el paraguas de Hopper dentro de una porta paraguas con forma de grillo. Siempre se había preguntado de dónde venía esa fascinación por esos bichos, antes de darse cuenta de que él era en efecto el famoso Pepito Grillo. Pero ese asunto del paraguas siempre le intrigaba. Divertida, se puso a imaginar lo que podía hacer el doctor con ese objeto una vez sus pacientes hipnotizados, a su merced…

Emma comenzó a reír ella sola, perdida en sus pensamientos cuando el doctor reapareció en la sala.

«Siento la espera»

Tendió una taza de café a Emma y se sentó en el sillón.

«¿Cómo está, Emma? ¿Cómo lo lleva?»

La rubia bajó la mirada, bebió un sorbo del café caliente y le respondió intentando sonreír.

«Digamos que de momento todo marcha» dijo ella encogiéndose de hombros «La impresión ha pasado y hago lo posible por pensar en la investigación y no directamente en Ruby. Pero creo que la noche será dura en casa»

El Dr. Hopper asintió, dejando su taza en la mesa

«Comprendo, para mí es lo mismo. Esta mañana la noticia me ha…conmocionado. No le voy a esconder que me tome algunas pastillas para calmarme un poco, pues probablemente hubiera entrado en una crisis de angustia. El poder ayudar a la gente me ha hecho mucho bien»

Emma sonrió dulcemente, en cierto sentido la tranquilizaba ver que no era la única que intentaba olvidar el horror de la mañana para concentrarse en otra cosa.

«Archie, no estoy aquí por Ruby» dijo ella bebiendo un nuevo sorbo de café «Desearía hablarle de Regina»

«¿Regina? Oh, sí…por supuesto…¿cómo está ella?»

«Mejor. Está en el hospital, descansará ahí todo el día»

«Eso está bien» respondió el doctor sonriendo «Lo necesita»

Emma asintió y dejó la taza en la mesa. Se inclinó hacia delante, apoyando sus codos en las rodillas.

«Archie, he venido a verle porque ayudó mucho a Regina en la época en que ella quiso cortar todo contacto con la magia»

El Dr. Hopper movió suavemente la cabeza

«Antes de la llegada de su madre a Storybrooke, sí, efectivamente. Intenté ayudarla, pero realmente conseguimos resultados a partir del momento en que la amenaza de Pan fue erradicada. ¿Hay algún problema?»

Emma no sabía qué responder

«Un problema…sí y no. Digamos que…la encuentro rara estos últimos días y tengo la sensación de que ese cambio de comportamiento está ligado a la magia»

«¿Qué le hace pensar así?»

Archie se había inclinado hacia delante, el ceño fruncido. Es revelación le ha sorprendido mucho.

«Desde hace algunos días, ha cambiado su forma de actuar, de hablar, de vivir…tengo la impresión de encontrarme al lado de la Regina de hace diez años. En medio de la cena de ayer, se volatilizó en un arrebato de cólera, cuando no había utilizado la magia desde hace años. Y esta mañana…ella…»

El doctor Hopper hundió su mirada en la de Emma, sin decir una palabra. No quería cortarla en su discurso, pero ella comprendió que tenía toda su atención.

«Esta mañana, antes de desmayarse, sus ojos eran violetas»

Archie retrocedió en su sillón, fuertemente impactado por esa revelación.

«¿Los ojos violetas?» él dejó sus gafas y se masajeó los párpados «Emma, cuando los ojos cogen el color de la magia, es que un hechizo muy fuerte está siendo lanzado, que un esfuerzo muy grande es reclamado… Siempre que he visto que la mirada de Regina adquiere ese color, no traía nada bueno»

El rostro de Emma se puso casi lívido. Ella sabía que no era algo bueno, pero que Archie fuera tan categórico sobre el tema la sorprendió en gran medida.

«¿Desde cuándo ha observado esos cambios de comportamiento?»

«Todo comenzó hace unos días…»

Emma contó con detalle los días precedentes, desde el día de la fiesta del Recuerdo hasta la noche precedente en la que había encontrado a su compañera durmiendo tranquilamente en su cama, mientras que ella la buscaba por todo el pueblo.

Archie no decía nada, inmerso en sus pensamientos, mordisqueándose suavemente la punta de los dedos. Así como el de Emma, su cerebro giraba a doscientos por hora, intentado comprender lo que pasaba.

«No veo nada que pueda explicar concretamente esos cambios…a no ser la ceremonia del Recuerdo que habría podido hacerle recordar cosas dolorosas»

«No lo sé» respondió la rubia un poco desilusionada «yo…no creo que esté ligado a eso. De hecho, comenzó a cambiar la noche en la que…»

Emma se detuvo, levantó el busto, los ojos vagando rápidamente de derecha a izquierda.

«¿En la noche en que habéis…?»

«¡Por la noche, justo después de que le regalé ese broche!»

Emma se levantó de un salto, y se dirigió a la puerta, dejando al Dr. Hopper sin voz

«¡Gracias Archie, muchas gracias! ¡Es usted genial!»

La rubia desapareció de la consulta sin que el psicoanalista pudiera decir nada. La había aparentemente ayudado, pero sin comprender cómo. Encogiéndose de hombros, se levantó, se puso su sombrero y decidió sacar a pasear a Pongo.

«El Palacio de Jasmin…¡es aquí!»

Emma se paró en la calle junto a la tienda. Con un gesto rápido, salió del coche y entró en la tienda, golpeando la puerta.

En medio de un montón de cajas, un hombre de unos cincuenta años estaba sentado, contemplando una foto que le traía aparentemente buenos recuerdos a la mente, dada la sonrisa fija en su rostro.

«Buenos días, no sé si se acuerda de mí, le compré un broche el otro día en…»

El hombre se levantó, dejando delicadamente la foto en una caja y su sonrisa se transformó, de una feliz paso a una casi maléfica.

«Señorita Swan, la esperaba. ¿Cómo está Regina?»