Jafar

«¿Cómo sabes usted quién…?»

«Oh, todo el mundo conoce a la sheriff Swan y a la señora alcaldesa Regina Mills» respondió el hombre levantando la mano

Emma frunció el ceño y se acercó despacio.

«Sí…escuche, tengo que hablar con usted, tengo varias preguntas que hacerle, ¿señor…?»

«Ben Yahya…Jafar Ben Yahya»

«Ok, encantada Jaf…espere, ¿Jafar, como en el cuento de Aladdin?»

Emma se abofeteó mentalmente. Pues claro, ¿cómo no lo había relacionado antes? El Palacio de Jasmin, un hombre oriental con una perilla…

El hombre perdió su sonrisa y retrocedió unos pasos, volviéndole la espalda a la sheriff.

«Aladdin…si ha venido a insultarme, puede irse en seguida, señorita Swan»

«No, he venido para preguntarle por qué…»

Emma no tuvo tiempo de terminar su frase porque el hombre la interrumpió brutalmente.

«¿Por qué Regina Mills está mal? ¿Por qué su comportamiento cambia día a día?»

Emma estaba pasmada. Tenía dudas y preguntas que hacer, pero esta confesión la dejó sin aliento.

Jafar se sentó en un sillón de cuero negro que presidía el lugar en medio de las cajas de cartón. Con un gesto de mentón señaló el sillón cercano.

«Siéntese, se lo ruego»

«No gracias. Escuche» añadió Emma a la defensiva «no he venido para beber té, tengo preguntas que hacerle y…»

«No tengo ninguna intención de ofrecerle nada de beber» la cortó el hombre sentada ante ella «Siéntese, o váyase, la puerta está abierta»

La sheriff iba a replicar, per se contuvo, el hombre no tenía apariencia de querer transigir, sería mejor que aceptara su petición si quería obtener respuestas a sus preguntas. Se sentó en el sillón frente al comerciante, lo que le arrancó una gran sonrisa.

«Bien…entonces sheriff, ¿a qué debo el honor de esta visita?»

«Quería saber si…»

«Usted desea saber si tengo algo que ver con el cambio de humor de su compañera» dijo él maliciosamente alisándose la barba.

El hecho de no poder acabar sus frases comenzaba seriamente a enfadar a Emma. ¿Cómo aquel hombre tan gentil que le había vendido el broche durante la fiesta podía en realidad ser tan odioso?

«Pues bien, sí, todo es mi culpa» añadió separando los brazos y con una gran sonrisa en los labios «y puedo asegurarle que no es sino el comienzo de un largo descenso a los infiernos»

Emma se levantó súbitamente, apoyando su mano en su pistola

«No, no, no»

Jafar movía su dedo en signo de negación.

«Siéntese, señorita Swan…»

La sheriff se crispó y soltó el botón de su cartuchera

«He dicho…¡siéntese

Emma se encontró pegada al sillón, los brazos a los costados de su cuerpo, incapaz de hacer nada. Jafar la miraba a los ojos, un brillo dorado atravesando rápidamente su mirada.

«¡Qué falta de buenas maneras, sheriff! ¿Nunca le han enseñado a comportarse en una tienda, jovencita?»

«Suélteme y le mostraré lo que me han enseñado, pedazo de…»

«Señorita Swan, ¡sea educada o le arrancaré la lengua!»

Emma miró al hombre a los ojos. Comprendió que él no bromeaba cuando sintió su lengua comprimirse en su boca cuando Jafar inclinó su cabeza hacia un lado. Ella respiró profundamente y relajó su tensión. Al cabo de algunos segundos, sintió cómo la presión sobre ella se relajaba, se encontraba otra vez libre.

Prudentemente se inclinó despacio y preguntó

«¿Qué le ha hecho? ¿Por qué enfermarla de esa manera?»

«Oh, yo no quiero enfermarla, en absoluto»

Jafar se colocó más confortablemente en el sillón, alisándose delicadamente la barba.

«Quiero que ella vuelva a ser la que era antes. Quiero hacerla sufrir, hasta un punto que usted no puede imaginar…y por supuesto quiero destruirla…o más bien ver cómo usted la destruye»

Emma solo tenía ganas de una cosa, borrarle su sonrisa victoriosa a patadas, pero sabía que si hacía el más mínimo movimiento, se encontraría de nuevo bloqueada en el sillón. Incrédula, sacudió la cabeza, con lágrimas en los ojos.

«Pero, ¿por qué? ¿Qué tiene contra ella?»

La voz de Jafar cambió, haciéndose más ronca.

«¿Qué tengo contra ella? Veamos, mi joven amiga, esa mujer destrozó mi vida, ¡y yo le haré lo mismo!»

Emma se quedó callada, a la vez impresionada por esa revelación y enfadada por no poder actuar.

«¿Qué…qué ha podido hacerle ella para que la odie de esa manera?»

«Oh, nada en especial, solo mató a mi mejor amigo, colocó al hombre que mató a mi mujer en el trono del reino y me encarceló durante muchos años…nada malvado» respondió Jafar con una sonrisa de medio lado

«Yo…yo no entiendo. Es usted el malvado del cuento y…»

El hombre se inclinó hacia delante, la cólera mostrándose en su voz.

«¿En el cuento? Pero, ¿qué conoce usted de la historia joven descerebrada? ¿Lo que usted ha leído en sus libros que narran los cuentos de hadas desde el punto de vista de los vencedores?»

Emma farfullaba…es verdad que ella ha tenido muchas veces la evidencia de que el contenido de los libros de cuentos estaba a veces adulterado y que los malvados eran raramente cómo se los describía en las historias, Peter Pan era la mejor prueba de ello.

«La zorra de su mujer hizo un pacto con un diabólico hombre, Aladdin»

Al escuchar esas palabras, la sangre de Emma se reviró

«No hable de Regina de esa manera, pedazo de…»

Sin tener tiempo de acabar su frase, sintió su boca cerrarse violentamente, casi cortándole la lengua en dos.

«Llamo a esa zorra como me da la gana, pequeña idiota. Y créame, ese término es muy amable para ella»

El hombre se volvió a echar en su sillón.

«Se ha desplazado hasta aquí para verme, lo menos es que le explique mis motivaciones» dijo él sonriendo.

Jafar puso sus manos sobre sus rodillas, y con un parpadeo hizo aparecer una taza de té humeante. Bebió un gran sorbo, y después comenzó su narración.

«Entonces, le estaba contando que la zorra de su Reina apareció en mi vida cuando yo vivía con mi mujer, Jasmin, en el palacio de su padre, el sultán de Agrabah. Contrariamente a lo que cuentan los libros, yo no era visir, sino un sencillo comerciante que había encontrado el amor muy joven. Con el tiempo, el padre de mi mujer aprendió a aceptarme y vivíamos apaciblemente, sin pedir nada a nadie. Después, un día, un oscuro príncipe de un reino vecino, el famoso Aladdin visitó el palacio. Lo conocimos durante una ceremonia oficial, alrededor de una buena comida ofrecida por el sultán. Ese hombre me pareció extremadamente amable, y no me di cuenta que durante esa comida se había encaprichado de mi mujer. El tiempo pasó y Aladdin se convirtió rápidamente en un amigo, venía regularmente a hacernos una visita, y siempre con los brazos llenos de regalos, principalmente para Jasmin»

El hombre se detuvo en su narración y se encogió de hombros.

«¿Debería haberme dado cuenta de que algo no iba bien? Por supuesto. Pero como decía a menudo mi amigo y socio Yago, siempre tuve tendencia a confiar demasiado en la gente. Él me decía siempre que yo era demasiado amable»

Jafar hundió su mirada en la de Emma.

«Pero, no se preocupe, ese defecto ya lo he corregido» añadió él sonriendo

La rubia sintió cómo de repente la piel se le erizaba. Ese hombre la ponía mala.

«Bien, todo esto para decirle que un día, un hombre muy raro apareció en la ciudad, acompañado de una joven mujer morena. Se presentaron como un mago y su aprendiz, una reina de un reino que yo no conocía. Rápidamente comprendí que venían de otro mundo buscando un remedido para resucitar a alguien»

«La joven era magnífica» le guiñó el ojo a Emma «y confieso que si no hubiera estado casado con la mujer más bella del mundo, hubiera pasado algunos momentos a solas con ella»

Emma se contuvo de vomitar imaginando a ese viejo loco poner sus manos sobre Regina.

«Desgraciadamente ni el sultán, ni Jasmine, ni yo, ni nadie del palacio conocíamos cómo volver a la vida a una persona. Así que la zorra de su mujer y su maestro se marcharon a la búsqueda de brujos más allá de la comarca. Aladdin se enteró de esa petición tan particular, y concluyó un trato con el mago loco, que, lo supe más tarde, se hacía llamar el Oscuro. El príncipe tenía nociones de magia y sobre todo una lámpara, en la que vivía un genio, que él había robado algunos años antes a un muchacho que había encontrado ese objeto mágico en el desierto, y al que había degollado para que no le contara nada a nadie»

«¿El genio de la lámpara? ¿Sidney?»

«No, señorita Swan, el hombre al que usted llama Sidney Glass es un genio, pero no es el de Aladdin. Su poder es muy inferior al del que acompañaba al príncipe en todos sus desplazamientos. Sea como sea, Aladdin aceptó entregarle su lámpara a vuestra reina de los zoquetes a cambio del palacio del sultán y de la mano de su hija. Tramaron un plan que llevaron a cabo el día de la fiesta del Reino. Durante la ceremonia, el Oscuro y vuestra reina entraron en palacio y se dirigieron hacia la habitación del sultán para poner fin a su vida. Mi amigo Yago los vio merodeando por los aposentos del sultán y quiso pedirles que se fueran. La zorra de su mujer le arrancó entonces el corazón, bajo la risa diabólica de su mentor»

Emma tembló…esa era la técnica de Regina y de Rumple. Ella movió dulcemente la cabeza, intentando pensando en cómo podía salir de allí y sobre todo cómo podría bloquear al loco de la perilla que se había transformado en padre castor.

«No le llevó mucho tiempo a Aladdin tomar el control del palacio, ayudado por dos magos y su genio. Él mató al sultán y exterminó a su guardia cercana, así como a toda persona que le era fiel. Después quiso casarse con Jasmin, pero se dio cuenta rápidamente de que ella nunca sentiría nada por él. En un primer momento pensó en matarme, para hacerla cambiar de opinión, pero yo lo herí en el brazo el día de nuestro enfrentamiento. Herido y fuera de sí, quiso cortarme la cabeza cuando la reina Regina le sugirió una tortura mucho peor que la muerte. Bajo sus consejos, intentó arrancarle el corazón a Jasmin bajo mis ojos. Pero al no ser su magia tan potente como la del Oscuro y su aprendiz, no logró convertir el corazón en cristal…sacó un corazón sanguinolento y todavía latiendo del pecho de mi mujer, que murió algunos segundos después. Loco de rabia, prometí matarlo, y a esa reina malvada que le había sugerido la idea»

Emma se sintió triste por ese hombre, aunque pensaba aún en una manera de meterle una bala en plena frente sin que pudiera bloquearla nuevamente.

«Más tarde, el Oscuro se marchó con su aprendiz, al haberse dado cuenta de que la magia de la lámpara no podía volver un muerto a la vida. Aladdin dirigió el reino como un tirano, haciendo pasar hambre y masacrando a la población durante su reinado. Yo pasé más de diez años en prisión, al no querer el sultán matarme para que sufriera el mayor tiempo posible. Después de pasarme años tramando un plan, logré escaparme y le arranqué el corazón a Aladdin con mis propias manos, con una felicidad inconmensurable»

Emma no puedo evitar sentir escalofríos una vez más ante la sonrisa sádica y el brillo maléfico en los ojos de Jafar al mencionar esa terrible muerte.

«Después, una vez cumplida esa parte de mi venganza, recorrí cada villa, cada región, cada comarca de mi mundo para aprender magia, magia negra, la única que me permitiría cumplir mi venganza. Me llevo 25 años llegar a mi objetivo, poner a punto el sortilegio último que me permitiría hacer sufrir a la reina Regina tanto como yo había sufrido»

El hombre se inclinó hacia delante, sonriendo mostrando todos sus dientes podridos, haciendo que a Emma se le saltase un latido.

«Y ese momento ha llegado, querida»

«Pero…¿Por qué ahora? ¿Y cómo ha…?»

«¿Por qué ahora? Simplemente porque deseaba que la reina sintiera el sufrimiento más grande posible. ¿Y qué mejor para eso que esperar que tuviera una vida feliz, con hijo, mujer, familia? Si la hubiera matado durante la maldición de Storybrokke, ella no habría tenido gran cosa que perder…»

Emma comenzó a entrar en pánico, intentaba en vano respirar y reflexionar sobre un plan.

«¡No lo logrará! He descubierto todo y esta tarde hablaré con ella, con Rumplestilskin y os detendremos»

Jafar se echó a reír, una risa franca y malvada que hizo estremecerse a la joven.

«Querida, ¿no ha comprendido que todo ya ha sido puesto en marcha? La Regina que conocía ya no existe. Su lado malvado está tomando posesión de ella poco a poco y pronto usted no tendrá otra remedio que matarla antes de que sea ella la que la mate»

«Se equivoca. Regina ha descubierto que ella podía amar y sobre todo que era amada por todos. No cederá a sus…»

Jafar hundió su mirada en la de Emma, y lo que ella amaba llamar su super poder le confirmó que el hombre no mentía

«Pero ella ya ha cedido…ella ya ha matado a su joven secretaria y ha descuartizado a su amiga esta noche. Y se lo he dicho, esto no ha hecho sino comenzar»

Emma tuvo la sensación de recibir un puñetazo en la cara. ¿Ruby? ¿Ha sido Regina la que ha matado a Ruby? Fue presa de un temblor y no pudo evitar vomitar por encima del reposabrazos del sillón. Se limpió la boca con el dorso de la mano y se levantó, sacando su pistola y apuntando al mago loco.

«Es el broche, ¿verdad? ¿Es con el broche que la ha embrujado?»

Su mano temblaba, se arriesgaba a apoyar contra el detonador en cualquier momento.

«Eso es, querida. El broche que usted le regaló para demostrarle su amor»

Esa declaración atravesó el corazón de la rubia. Ha sido ella la que ha llevado a Regina a su pérdida…

«Voy a destruirlo. ¡Primero lo voy a matar, y después voy a destruirlo!»

«A ver mi querida amiga, ¿me cree tan estúpido para hacer que el hechizo se quedara encerrado en el broche? A partir del momento en que se lo trabó en su ropa, fue el final para ella. El broche servía de catalizador, para darle valor cuando ella no estaba todavía totalmente bajo la locura, pero ahora, ya no sirve para nada, si no es para recordarle a usted su papel en la bajada a los infiernos que va a vivir su mujer»

Las lágrimas corrían por las mejillas de Emma, sus temblores eran cada vez más fuertes, le costaba sujetar su arma.

«¿Co…cómo…cóm…?» balbuceó ella, sin logar formular la pregunta

«¿Cómo detenerla? Es sencillo, solo hay un modo, ¡matándola!»

La sheriff cayó de rodillas, llorando.

«No, es imposible, usted…usted miente, es…»

«Amiga mía, he recorrido el mundo para llevar a cabo mi venganza. He esperado pacientemente decenas de años, he descubierto secretos que estaban escondidos desde hace milenios…puede ver bien que he previsto todo para que nada pueda cambiar los hechos…»

Emma ya no lograba pensar. Tenía que hacer algo…pero, ¿qué? El dolor que sentía era tal que tenía la impresión de que le habían estrechado el corazón con un tornillo. Sin miramientos, apuntó su arma sobre Jafar y le disparó una bala en plena cabeza.

El hombre no se movió, la bala se desintegró a pocos centímetros de su frente.

«Ah, sí, he olvidado precisar dos cosas» dijo él riendo «La primera es que no puede matarme. El único modo es cogerme totalmente por sorpresa, cosa imposible. La segunda es que voy a dejar este mundo en los próximos minutos. La dejo tranquila saboreando la caída de su compañera, esperando que pueda masacrar el máximo número de personas antes de que decida matarla»

Jafar pasó al lado de Emma, que permanecía postrada en el suelo, con su arma colgando de su mano.

Al ver la daga en la bota de la sheriff, Jafar se inclinó despacio hacia ella, sus labios rozando la oreja de la rubia sollozante.

«Oh, y una última cosa…el único modo de matarla es clavándole una arma blanca en el corazón. Ni sus armas de fuego, ni ninguna otra cosa podrían arrancarle la vida. Espada, daga, cuchillo…la dejo elegir»

Él depositó un beso en la sien de Emma y desapareció en una nube de color añil.

Emma lloraba, su cuerpo presa de espasmos, las lágrimas deslizándose por sus mejillas.

«Gina…Gina…¿qué he hecho?»