CAPÍTULO 13
-¿Una qué? -Kurt no daba crédito a sus ojos y oídos en esto. Smith estaba ya de rodillas con el grueso pene de Clarington frente a él. Estaba mirando el eje de su compañero sin ocultar su hambre y estaba claro que estaba ansioso por empezar.
-Una mamada -dijo con claridad-, incluso para un latente con tu obviamente limitada capacidad mental, pensaría que el significado quedaba claro.
Los otros Needlers se estaban reuniendo alrededor de él y mirando a Kurt, claramente preguntándose si iba a dar marcha atrás. Kurt se preguntaba lo mismo. No podía creer lo fácilmente que había caído en la trampa de Smith… todos los ojos estaban sobre él y sintió como si le hubieran golpeado en el estómago. La única persona que no parecía entusiasmado con la perspectiva de la "mamada" era Anderson. Tenía una neutra expresión ilegible en su cara, pero aferraba los hombros de Kurt con fuerza.
-Hummel, Kurt, escúchame -murmuró, sorprendiendo a Kurt al haber utilizado su primer nombre; ¿lo había hecho antes? Kurt pensó que no-. Escúchame -continuó Anderson-, nos vamos ahora. Tú no tienes que hacer esto.
Kurt sacudió la cabeza negando…
-No, él tiene razón Anderson… Blaine-dijo el nombre de su compañero casi con timidez, sintiéndolo formarse en su boca por primera vez-. Yo nunca… nunca te he correspondido. Ocupándome de ti como tú me cuidas a mí.
-Este no es el momento ni el lugar -los ojos dorados de Anderson brillaban en su rostro y bajó la voz diciendo con urgencia-. Nunca he dicho que tengas que hacer esto, Kurt. Sé cómo te sientes al respecto. Es lo mismo que yo sentí cuando llegué aquí al principio. No quiero que descubras esa parte de ti mismo a menos que estés preparado para ello. A menos que quieras.
-Pero sí que lo estoy. Sí quiero -dijo Kurt. Se sorprendió al darse cuenta de que las palabras eran ciertas. Se acercó un paso a Anderson, enlazando los ojos ámbar con los suyos-. ¿Puedes decir honestamente que no quieres que lo haga? ¿Que no has imaginado cómo sería si te tomo en mi boca? ¿Si te la chupo? -valientemente extendió su mano y acunó en ella la tensa dureza de su compañero sintiendo el contorno del grueso pene de Anderson a través de su uniforme.
-Kurt, no -pero su compañero no se apartó. En su lugar se inclinó y dio a Kurt un largo y moroso beso en la boca que envió un caleidoscopio de mariposas sueltas al estómago de Kurt-. Aquí no. No así -murmuró-, regresemos al dormitorio y si todavía quieres…
-No -Kurt sacudió la cabeza-. Tengo que hacerlo, aquí y ahora. Antes de que pierda el valor. Quiero hacerlo, lo he deseado durante mucho tiempo. Yo sólo… no sabía cómo hacerlo. Ahora sí -se dejó caer sobre sus rodillas frente a Anderson, todavía sosteniendo la mirada de su compañero.
«No hay nadie más en la habitación, salvo él», se dijo, aislándose deliberadamente de los murmullos de los otros cadetes y de la voz burlona de Smith preguntándole a qué estaba esperando.
-No tienes que hacerlo -dijo otra vez Anderson, acariciando su cabello suavemente mientras Kurt abría la cremallera del uniforme de su compañero-, no tienes que demostrar nada a Smith ni a nadie más.
-No se trata de eso -murmuró Kurt, bajando la cremallera lentamente manteniendo sus ojos clavados en los de Anderson-. No se trata de demostrar nada. Se trata de mostrarte cómo… cómo me siento -entonces bajó la mirada y un rubor caliente cubrió su cara. Él no se sentía tan avergonzado de lo que estaba a punto de hacer como de lo que había revelado. Se preguntó si Anderson pensaría que era un tonto. «Arrojándome a él como una colegiala estúpida», pensó, hurgando en el ajustado uniforme negro por el grueso pene sin circuncidar de su compañero. Ya podía oler el aroma de almizcle especiado en la piel de Anderson, parecía llenar su cabeza y confundirle aún más. «Pensará que soy un idiota. Se supone que sólo debemos hacer este tipo de cosas para fortalecer nuestra conexión. Nunca debí admitir que significaba algo más que eso para mí. Nunca debí…»
-Kurt -los largos dedos de Anderson bajo su barbilla le obligaron a mirar hacia arriba. Tenía miedo de lo que vería en esos ojos, pero para su sorpresa, Anderson lo estaba mirando con una calidez que nunca había visto antes. No dijo nada más, pero acarició suavemente la mejilla de Kurt, un gesto que pareció transmitir más emoción de la que Kurt había visto en él en todo el tiempo que había estado emparejado con el alto y reservado cadete.
-Estoy a tu servicio -suspiró, acariciando el largo y grueso eje en su mano y consiguiendo un gemido involuntario de su compañero-. Por fin a tu servicio, Blaine- entonces inclinó la cabeza y lamió experimentalmente las gotas perladas de presemen que se habían acumulado en la punta del pene de Anderson.
Anderson gimió de nuevo y pasó la mano por el corto cabello de Kurt con suavidad, instándole gentilmente a continuar. Pero Kurt no iba a apresurarse. Nunca había hecho esto antes, nunca había imaginado en sus sueños más salvajes ninguna situación en la que deseara chupar el pene de otro hombre. Y sin embargo, había algo en el alto hombre que era su compañero, admitió Kurt para sí mismo. Había algo en Anderson que le llamaba, y le hacía sentir como nunca se había sentido antes por nadie. Por eso quería tener esta experiencia en especial, para saborearla. Nada ni nadie existía para él en ese momento, sólo el hombre frente a él, el hombre que él… ¿amaba? Kurt no estaba seguro de eso, pero estaba seguro acerca de querer hacer esto, quería recompensar al hombre que lo tocaba, lo acariciaba y se la chupaba. El hombre que había dado tanto a Kurt sin pedir nada a cambio.
Volvió su atención una vez más hacia el grueso eje en su mano, observando cuan oscuro era, y cuan largo, latiendo en su mano con necesidad. Nunca había deseado mirar otro pene que no fuera el suyo, pero ahora memorizó el de su compañero, trazando la vena azul en la parte inferior primero con sus dedos y luego con su lengua, mientras el alto cadete gemía suavemente por encima de él. El prepucio de Anderson fue retirado, revelando la suave carne que era la cabeza de su pene y Kurt lo absorbió en su boca con entusiasmo, al igual que Anderson lo había hecho con él aquella primera vez en la galería de tiro.
«Delicioso», pensó sorprendido cuando el sabor almizcleño y salado llenó su boca. Fue como si la visión, el sabor y la sensación del pene de Anderson en su boca hubiera desbloqueado algo en él que había estado esperando para surgir todo el tiempo.
-Dios, Kurt -Anderson gimió suavemente cuando Kurt tomó tanto como pudo dentro de su boca. El grueso eje llenaba su boca frotándose contra su lengua y topando contra la parte posterior de su garganta, destilando gotas de caliente y salado presemen. Era una extraña sensación, pero se sentía bien, se sentía correcta de una forma que Kurt no podía definir. Era como si hubiera estado esperando durante años que esto sucediera y ahora que finalmente aquí estaba, no parecía tener suficiente. -Kurt… -el grueso pene de Anderson estaba deslizándose lentamente entre sus labios. Kurt nunca había chupado un pene antes, pero entendió instintivamente lo que se sentía bien, así que permaneció inmóvil y dejó que su compañero follara su boca. Había algo en todo esto, en la posición en la que estaba, sumiso, arrodillado, aceptando el duro eje del otro hombre en su boca, había algo en todo ello que lo volvía loco.
Comprendió con cierta sorpresa que él mismo estaba duro como una roca, que no estaba solamente soportando esto como una terrible experiencia, como hubiera hecho antes de venir a La Academia y conocer a Anderson. No, lo estaba disfrutando. Corriéndose de gusto. En alguna parte de su cabeza apareció la idea de que estaba mal estar amando el olor, el sabor y la sensación del pene de otro hombre en su boca, tanto que su propio eje estaba a punto de reventar fuera de su uniforme. Pero él estaba tan metido en la vivencia de estar sirviendo a Anderson, que ni siquiera tenía tiempo de sentirse culpable.
Esto simplemente se sentía tan bien, tan correcto, como para permitirse a sí mismo vivir el momento y dar placer a su pareja, y no poder pensar en nada que no fuera el mete y saca del ardiente y aterciopelado eje entre sus labios y el amargo, salado y delicioso sabor del presemen de Anderson en su lengua.
-Kurt… Dios… No puedo… Voy a… -hubo una baja y jadeante nota en la voz de Anderson, un sonido que Kurt nunca había oído antes y que le gustó mucho. Había pensado que su oscuro y melancólico compañero estaba tan distanciado, tan inaccesible que sería casi imposible obtener una reacción de él. Pero aquí estaba, reaccionando, empujando su pene profundamente en la boca de Kurt, follándole, con las dos manos deslizándose sobre su cabello corto, gimiendo, casi implorando para que Kurt lo hiciera llegar. Y Kurt estaba más que feliz de hacerlo. Su propio pene estaba tan duro que sabía que iba a estallar en cualquier momento, probablemente, al mismo tiempo que Anderson disparara su semen en la parte posterior de la garganta de Kurt. Y no le importó, dio la bienvenida a la experiencia.
Él asintió como pudo con su boca llena y levantó la vista para atrapar los penetrantes ojos dorados, tratando de expresarle lo que estaba sintiendo. Debió de haber tenido éxito porque Anderson acarició su mejilla y murmuró algo tierno antes de aumentar el ritmo de su follada.
Kurt estaba increíblemente caliente y apenas consciente de que Smith y Clarington habían terminado hacía algún tiempo, ganando técnicamente la competencia. Pero nada de eso importaba ahora. Todo lo que importaba era chupar a Anderson hasta que se corriera y tragar cada caliente y delicioso chorro de esperma de la punta de ese grueso pene sin circuncidar.
-¡Dios, Kurt… me corro! -Anderson repentinamente se quedó sin aliento y los largos dedos en la cabeza de Kurt se apretaron cuando la primera explosión de esperma caliente bañó la parte posterior de su garganta.
Kurt tragó ansiosamente, tomando todo lo que su pareja tenía para dar e implorando por más. «A tu Servicio. Estoy a tu servicio», pensó y de pronto tuvo una vívida imagen mental de sí mismo yaciendo boca abajo sobre la cama, sus piernas tentadoramente abiertas. Casi podía ver a Anderson abriéndole con su gran pene, colocando la amplia cabeza en forma de ciruela en la estrecha entrada del cuerpo de Kurt e impulsándose lento pero seguro dentro de él. La imagen mental, combinada con la sumisión deliciosa de estar de rodillas y el sabor del semen de Anderson mientras terminaba de follar la boca de Kurt, fue demasiado. Kurt pudo sentir su propio pene disparándose también, desbordando un chorro pegajoso tras otro dentro de su estrecho uniforme, mientras se abandonaba totalmente, dando todo lo que tenía a su pareja, demostrándole a Anderson exactamente cómo se sentía.
