CAPÍTULO 15

Kurt pasó el resto de la semana evitando a su compañero. Ingería las comidas en diferentes turnos con algunos cadetes de su clase de Historia Militar y se aseguraba de usar sólo el simulador en la sala de tiro regular, evitando la zona de los Needlers a toda costa. Practicaba solo, y cuando terminaba, se duchaba en el baño comunal unido al gimnasio. Volvía a su habitación con el cabello mojado todas las noches para que así, sí Anderson dijera algo sobre ducharse, podría probar que ya lo había hecho. Pero Anderson nunca mencionó su cabello. De hecho, su compañero no le decía nada más que comentarios cortos, impersonales, ordenándole a Kurt recoger su toalla o que apagara las luces. Se dirigía hacia él como a un extraño en el cual no tuviera interés alguno. No más charlas sobre la posición de Kurt en los rangos y dejó de masajearle las manos con la crema especial cada noche. Incluso, no volvió a tocarlo, ni siquiera cuando dormían en la misma cama.

Al principio se dijo a sí mismo que no le importaba. Eso era lo que quería en primer lugar, ¿cierto? Que lo dejaran solo, que Anderson dejara de tocarlo todo el tiempo. Y aun así, aunque trataba de convencerse a sí mismo que estaba bien, sabía que extrañaba esas grandes, cálidas manos en su cuerpo. Extrañaba los fuertes brazos de Anderson a su alrededor en el simulador, extrañaba esa voz profunda en su oído mientras Anderson lo acariciaba. Extrañaba a su compañero a su espalda, en la ducha y en la cama.

Ahora, cuando se iban a dormir, Anderson le daba la espalda en vez de sostenerlo en la posición de cuchara a la cual Kurt se había acostumbrado. Las sábanas ya no parecían lo suficientemente grandes y siempre terminaba temblando en la fría habitación, deseando atreverse a cruzar esa solitaria pulgada del colchón entre ellos, para sentir la calidez de Anderson contra su piel, pero no podía.

Incluso empezó a tener sueños, pesadillas en realidad, que no podía recordar cuando se levantaba. Solo sabía que se levantaba cubierto de un sudor frío y con una erección tan intensa que se negaba a desaparecer.

La segunda vez que pasó, creyó escuchar a Anderson murmurar algo en su oído. Pero cuando se despertó totalmente, su compañero yacía a su lado, dándole la espalda y roncando suavemente. Así que obviamente la voz de Anderson había sido parte de su sueño. Kurt se giró sobre su lado y trató de sacarlo de su cabeza, solo para tener el mismo sueño nuevamente, fuera lo que fuese, al momento en que se quedó dormido.

La falta súbita de contacto físico parecía época de hambruna después de comer cada noche en un bufet. Si alguien le hubiera dicho que no sólo se acostumbraría a que Anderson lo tocara todo el tiempo, sino que también lo extrañaría cuando dejara de hacerlo, Kurt lo hubiera llamado loco. Pero ahora se encontraba observando a otros Needlers por el rabillo del ojo, notando la manera casual en que se tocaban y abrazaban, extrañándolo demasiado… No era como si amara al alto y desfigurado cadete que había sido su compañero por menos de un mes. De cualquier manera, tampoco amaba a Brittany. Kurt no admitía, ni siquiera para él mismo, que raramente pensaba en ella y que cuando se complacía a sí mismo no era su rostro el que acudía a su mente. Por mucho que tratara de evitarlo, siempre era el oscuro, marcado perfil de Anderson el que llenaba su mente en el momento del orgasmo, siempre su profunda voz diciéndole a Kurt que se corriera, era la que hacía eco en su cabeza.

No fue hasta el fin de la semana que Kurt decidió que debía hacer algo, no podía soportarlo más. Se disculparía, decidió mientras se enjabonaba bajo la ducha caliente del baño comunal. Le diría a Anderson que se había pasado, que no debió traer el nombre de Elijah a la discusión.

«Estaba asustado», admitiría ante el cadete mayor. «Sentí como si fuéramos muy rápido. No sé por qué hice lo que hice la otra noche contigo en la sala de los Needlers, pero sé que no soy así. No me gustan los otros hombres de esa manera». Y entonces, antes de que Anderson pudiera enojarse, agregaría rápidamente, «Pero entiendo que tú y yo debemos estar físicamente conectados para volar el Needle. Así que, si sólo pudiéramos regresar a como era antes…» Entonces Anderson aceptaría e incluso diría algo acerca de recuperar el tiempo perdido. Empujaría a Kurt sobre la cama y abriría su uniforme tomando su boca en un lento y ardiente beso, mientras esas grandes, conocedoras manos, se moverían sobre la polla de Kurt hasta que se corriera.

«O espera, podría decirle que lo siento, que lo siento tanto que quiero compensarlo», pensó Kurt entusiastamente. «Le diré que haré lo que sea… lo que sea menos eso. Le diré que incluso se la chuparé otra vez si eso es lo que quiere». Solo el pensamiento de volver a estar de rodillas frente al más alto y dominante hombre, estaba excitando a Kurt. Casi podía saborear el salado, amargo y delicioso sabor del semen de Anderson casi podía oler el almizcle, mientras su compañero follaba profundamente su boca…

Inconscientemente su mano enjabonada bajó hasta su mástil, moviéndola firme con el mismo ritmo que Anderson siempre usaba. Estaba solo en la gran sala cuadrada de duchas, sin paredes o divisiones, sólo los cabezales de las duchas localizados a intervalos de tres pies uno del otro, así que no le asustaba ser sorprendido masturbándose. Apretó sus párpados e imaginó que la mano acariciándolo era la de Anderson, imaginó esa calmada y profunda voz en su oído, diciéndole que estaba bien, que debía dejarse llevar y correrse. -Bueno, pero si es el marica que me rompió la nariz. ¿Qué tal te va, marica? ¿Ya te está follando Anderson o todavía se la sigues chupando?

Kurt giró, su erección totalmente desinflada, como si alguien hubiera vertido un balde de agua helada sobre ella. Su primer pensamiento fue que alguien, además de los Needlers, sabía lo que había hecho hace una semana en el salón. Entonces vio quién hablaba y tuvo un segundo pensamiento, que no importaba si alguien más además de los Needlers lo sabía o no, porque estaba en un buen lío.

Era Karofsky, por supuesto. Él y su grupo estaban reunidos en la entrada del baño y aún más alarmante, estaban totalmente vestidos. Era como si hubieran esperado hasta que Kurt estuviera desnudo y vulnerable, para tomar ventaja. «Como si seis en contra de uno, no fuera suficiente ventaja», pensó Kurt preocupado. Se dirigió hacia la puerta, pero dos del grupo de Karofsky se le adelantaron, sus botas resonando en el suelo. Con la salida cortada, no había nada que Kurt pudiera hacer más que mantenerse firme.

Respirando profundamente, agarró su delgada toalla y la envolvió alrededor de su cadera. Tenía que jugar cuidadosamente o su sangre terminaría regada sobre las blancas baldosas. Su única oportunidad era separar a Karofsky y hacerlo acceder a una lucha uno a uno. Kurt sabía que podía vencerlo, ya lo había hecho, después de todo. Pero si los seis le saltaban encima, bueno, tenía mejor probabilidad de sobrevivir en el espacio sin el equipamiento apropiado.

-Entonces, no tuviste suficiente y volviste por más, ¿eh Karofsky? -dijo, tratando de sonar confiado y sin miedo-. ¿Quieres que te rompa la nariz nuevamente, quizá para tratar de enderezarla? Porque se ve un poco torcida. Los chicos de la enfermería no debieron hacer un buen trabajo después que te partí la cara la última vez.

Esperaba que Karofsky se pusiera púrpura y se lanzara a luchar con él, pero el otro cadete no hizo nada parecido. Solo le sonrió a Kurt, sus ojos sobresaliendo. -Sigue hablando, marica -dijo suavemente, caminando hacia Kurt-. Solo sigue hablando así, y verás dónde te lleva. Kurt estaba turbado, pero aun así se mantuvo en su lugar.

-¿Te da miedo enfrentarme tú solo Karofsky? -preguntó, levantando el mentón-. ¿Tenías que traer a tus chicos contigo para asegurarte que no te patearan el trasero otra vez?

Karofsky se río, un sonido horrible y gutural que enfermó el estómago de Kurt. -Ese tipo de charla hubiera funcionado si viniera a pelear contigo marica -siseó-. Pero no es por eso por lo que estoy aquí.

Kurt esperó. Sabía que el otro cadete quería que preguntara para qué se encontraba allí, pero no le daría la satisfacción. Además tenía la desagradable sensación de que averiguaría pronto porqué Karofsky y su pandilla estaban allí, y no era para ayudarle en su tarea de Astrofísica. Se preguntó si quedaría lo suficiente de él para que enviaran a sus padres en la Tierra, o si La Academia solo se encargaría de sus restos y cubrirían su muerte tal como habían hecho con Elijah.

-Te estás preguntando si morirás esta noche -dijo Karofsky, interpretando correctamente el miedo que Kurt trataba de ocultar en su rostro-. Pero no te preocupes, marica. Como te dije, no estoy aquí para pelear contigo. Ni siquiera vine a matarte. Solo voy a hacer que desees estar muerto. Para eso estoy aquí.

-Me pones una mano encima y haré que lo pagues. No importa qué trates de hacerme, no lograrás hacerlo sin pagar con sangre -Kurt escuchó el temblor de su propia voz, pero se rehusaba a dejarse controlar por el miedo que trataba de engullirlo.

Karofsky sonrió, casi gentilmente, una expresión escalofriante en su rostro. -Oh no, marica, la única sangre que veremos esta noche será la tuya -dio otro paso hacia adelante y mientras lo hacía, dos de los otros cadetes se movieron para flanquear a Kurt-. Verás, escuché de un amigo mío que estabas pasando mucho tiempo lejos de tu compañero y los otros Needlers maricas. Escuché que venías aquí cada noche totalmente solo a tomar una ducha y sabía que debías estar solo y triste. Así que vine para darte compañía y aquello que has de extrañar tanto ahora que tú y tu novio no andan pegados de la cadera todo el tiempo.

-Acércate otro paso más y te arreglaré la cara, Karofsky -Kurt forzó la palabras hacia afuera, a través de una garganta súbitamente muy seca. Dio un paso hacia atrás, sus manos formando puños y alistándose a pelear. Lo único que podía era pasar a través de ellos y esperar poder salir y llegar al corredor, antes que pudieran atraparlo.

-No lo creo Hummel, no lo… -comenzó Karofsky y Kurt se lanzó. Trató de empujar a Karofsky hacia un lado y esquivar a los otros cadetes en su carrera por la libertad, pero no avanzó ni dos pasos. En un movimiento súbito, sus brazos fueron capturados y sujetos por los amigos de Karofsky, uno a cada lado de él, deteniéndolo en el lugar para lo que sea que Karofsky tuviera en mente.

-¡Suéltenme! -gritó Kurt, esperando que alguien lo escuchara, pero no hubo respuesta alguna, nadie asomó la cabeza en el baño para ver de qué iba la conmoción. Estaba solo.

-Te dejare ir, una vez tenga lo que vine a buscar -gruñó Karofsky. Adelantándose, quitó la floja toalla alrededor de las caderas de Kurt, dejándolo desnudo en el aire lleno de vapor-. Vamos marica, pregúntame para qué vine.

-Jódete -Kurt miraba fijamente a Karofsky, apretando la mandíbula. Ahora que lo tenían sujeto, sentía que su miedo se evaporaba dando paso a la ira. Luchó contra las manos que lo retenían, pero no había manera de liberarse. Los dos gorilas que lo sujetaban, lo sobrepasaban por lo menos en cincuenta libras cada uno. Aun así, no pretendía facilitarle las cosas a Karofsky, fuera lo que fuera lo que planeaba.

-No, marica -dijo Karofsky, dándole la misma escalofriante sonrisa-. No, jódete tú. Verás, a eso fue a lo que vine, para darte justo lo que quieres, lo que has estado extrañando.

-¿De qué estás hablando? -Kurt sintió que el frío se apoderaba de él, pero antes de que pudiera decir nada más, Karofsky había envuelto su propia toalla alrededor de su cuello, torciéndola como una soga.

- Pónganlo contra la pared - dijo, su voz sonaba ronca, con excitación pobremente oculta-. Veamos cómo le gusta que alguien más que su lindo compañero le dé por el trasero.

-¿Qué demo…? -fue todo lo que pudo decir Kurt, antes de ser presionado contra las blancas baldosas, la soga apretada en su cuello.

-Te va a encantar, marica -la respiración de Karofsky era caliente contra su cuello y olía a metal corroído-. Vas a rogar por ello. Y cuando termine, dejaré que todos tengan su turno contigo. Veremos qué tanto hablas después de meterte seis pollas por el trasero y éste te quede talla diez.

-Suéltame -jadeó Kurt, aunque casi no podía respirar con la toalla envuelta alrededor de su cuello-. Maldito y enfermo bastardo, no te saldrás con la tuya. No me importa quién sea tu padre.

-Oh, ¿entonces vas a acusarme? ¿Vas a hacerlo? -siseó Karofsky en su oído y Kurt escuchó el ominoso ruido de una cremallera bajando-. ¿Vas a ir directo a la directiva de La Academia y le dirás al General Werner, cómo el malo de tu superior te estiró el trasero? ¿Y qué más? ¿Les enviarás un video a Mami y Papi, llorando porque te violaron en el baño? ¿Sabes cuál será la parte graciosa de todo ello? -se río duramente en el oído de Kurt-. La parte divertida será explicarle a los amigos en casa, cómo te venían dando por el culo todo este tiempo, sólo que esta vez no querías. Y por eso fue que contaste.

Ahora estaba aplastado contra la espalda de Kurt, casi en la misma posición que adoptaba Anderson, cuando estaban en la ducha. Pero Kurt no sentía nada del deseo, nada de la anticipación que sentía cada vez que su compañero lo tocaba. Solo se sentía enfermo. Esto realmente pasaría y no había nada que pudiera hacer para detenerlo. Trató de apretar sus piernas pero Karofsky las separó fácilmente, sosteniendo su cara contra las blancas baldosas y quitándole el aliento con la toalla. El mundo empezó a tornarse gris y brillantes puntos de luz danzaban en la visión de Kurt.

«Quizá me desmaye antes de que lo haga»—, pensó desesperadamente. «Quizá ni siquiera lo sienta. Quizá no me despierte hasta que hayan terminado….»

-Es suficiente Karofsky, suéltalo -la helada voz que provino desde atrás pareció congelarlo todo. Karofsky aflojó su tirón sobre la toalla y Kurt se las arregló para girar su rostro. Detrás de Karofsky, de brazos cruzados sobre el pecho, estaba Anderson. Sonrió fríamente y señaló con la mano, como si quisiera interrumpir en un baile-. Dije, suéltalo ¿O eres lo suficientemente estúpido como para ignorar órdenes?

-¿Órdenes? -Karofsky lo miró estúpidamente, obviamente inseguro de cómo manejar la interrupción de sus planes.

-Me escuchaste -Anderson señaló la insignia en su pecho-. Piloto de Needle, ¿recuerdas? Te supero en rango y al resto de tu pequeño y miserable grupo. Así que hazte a un lado y deja a mi compañero en paz antes que mande todos sus traseros al puente.

La cara de Karofsky se tornó de un desagradable tono púrpura. -Hablas mucho, pero no funcionará esta vez, Halcón -moviendo su mentón en la dirección del desfigurado Needler, gritó-: ¡Atrápenlo!

Dos de su grupo se movieron vacilantemente a obedecer, pero Anderson era demasiado rápido para ellos. Hizo tropezar a uno y lo golpeó hábilmente en la base del cuello. El cadete colapsó y Anderson lo atrapó por debajo de los brazos. Lanzó el peso muerto del desmadejado cadete al otro, forzándolo a atrapar a su amigo y luego lo golpeó en el rostro. Ambos cayeron al duro suelo de azulejos en un montón, menos de diez segundos después de ir a por él. Anderson sonrió cómodamente e hizo un gesto de "ven" con una mano.

-¿Alguien más? ¿Karofsky, quieres tomarte un interludio en tu ocupada tarea de violación en grupo, para un round rápido?

-¡Idiotas! ¡Si todos lo atacan al mismo tiempo, no podrá escaparse! -señaló Karofsky a su remanente cohorte de tres, ninguno de los cuales se veía muy entusiasta por cumplir sus órdenes. Los dos que sujetaban los brazos de Kurt, le soltaron y empezaron a retroceder, evadiendo la furiosa mirada de Karofsky.

-¿Quién está tratando de escaparse? -sonrió Anderson agradablemente-. Sólo vine a recuperar a mi compañero. Así que ayúdame, Karofsky, si lo has herido de cualquier manera y sabes a qué manera me refiero, volverás a tu casa en un ataúd.

-Solo estás asustado de que le haga a tu nuevo chupapollas lo que le hice a Elijah -Karofsky apretó nuevamente su agarre sobre la toalla, haciendo que Kurt empezara a desvanecerse. Se agarró su propio cuello, tratando de obtener algo de aire.

-¿Qué dijiste? -Incluso en su estado de privación-de-oxigeno, Kurt podía escuchar la rabia sorda en la voz de su compañero. Pero Karofsky parecía ignorante al peligro.

-Dije, que tienes miedo que lo folle como a Elijah -Karofsky se río y tiró de la toalla, girando a Kurt hacia Anderson-. Vamos, atrápalo -dijo, empujándolo hacia adelante. Kurt tropezó y hubiera caído si Anderson no lo hubiera atrapado y enderezado cuidadosamente sobre sus pies. Pero los ojos del marcado Needler jamás abandonaron la desagradable figura de Karofsky durante todo el proceso.

-Me estás diciendo que tú… que tú… -sacudió su cabeza, sus ojos dorados enchanchándose hasta convertirse en reanuras fijas en Karofsky.

-Oh, ¿quieres decir que tu pequeño y precioso Elijah no te lo dijo? -Karofsky abrió los ojos en burlona sorpresa-. Bueno, y mira que yo pensaba que ustedes los Needlers maricas se decían todo el uno al otro -río-. Sí, yo y los muchachos lo atrapamos aquí. Creo que fue la semana anterior a la que murió. ¿No es cierto, Alzimio? -giró hacia uno de los cadetes que aún permanecía en pie y le guiñó el ojo. El cadete sacudió su cabeza, su rostro blanco de miedo. Mirando a la cara de Anderson, Kurt no se sorprendió. Incluso el dolor en su garganta, no podía distraerlo de la escena en frente de él.

El rostro de Anderson estaba oscuro y la zigzagueante cicatriz que corría hacia abajo en el lado derecho parecía un rayo. Sus profundos ojos dorados se estrechaban hasta rendijas llenas de rabia, y sus manos estaban apretadas en puños. Kurt nunca lo había visto de esta manera, como si la rabia lo estuviera consumiendo desde adentro hacia afuera, casi haciéndolo vibrar con ira suprimida. Y aun así, Karofsky no veía el peligro en el que se encontraba.

-Sí, lo follamos, cada uno de nosotros -presionó cerrándose el uniforme calmadamente como si tuviera todo el día-. También estaba apretado, lo segundo mejor -se río nuevamente, un desagradable sonido gutural que le paraba los nervios a Kurt-. Recuerdo cómo lloró y rogó, pero al final, cuando en la segunda ronda me llegó el turno, estaba muy callado. Creo que para ese entonces ya lo estaba disfrutando…

Eso fue lo más lejos que Karofsky llegó, antes que Anderson se lanzara sobre él. Lanzó a Karofsky contra el suelo en un fantasmagórico, silencioso y grácil movimiento, que recordó a Kurt una pantera derribando a un búfalo. Sin una palabra, colocó sus largos dedos en la garganta de Karofsky y empezó a exprimirle la vida.

-¡Anderson, no! ¡No! -Kurt avanzó estupefacto hacia donde Anderson sostenía al otro cadete contra el suelo y trató de mover sus dedos en vano-. ¡Anderson, detente, lo matarás! -gritó en el oído de su compañero, pero por el efecto que tuvo, podría haber estado susurrando. Aún desnudo y frotando su garganta, Kurt giró por ayuda.

Todos los cadetes de la pandilla de Karofsky hace rato se habían ido, incluso los que Anderson había noqueado, volvieron a sus sentidos y huyeron del baño. No había ayuda allí, todos eran unos cobardes aparentemente. Así que dependía de Kurt evitar que su compañero matara a Karofsky.

Por un minuto consideró dejar a Anderson hacerlo. Evidentemente Karofsky lo merecía por lo que había tratado de hacer a Kurt y por lo que había hecho a Elijah. Pero si dejaba que las cosas siguieran su curso, le levantarían cargos a Anderson y probablemente sería expulsado. Y la idea de ser emparejado con alguien más en La Academia era impensable.

Kurt se dio cuenta que quería a Anderson como compañero, a nadie más. Pero ya que su compañero tenía los dedos fijos sobre la garganta del otro cadete, tenía que hacer algo y hacerlo rápido. La cara de Karofsky se había tornado de un morado sin brillo y sus ojos sobresalían más de lo normal. Cada vez luchaba menos y los sonidos guturales que realizaba definitivamente eran más suaves. Por su parte, Anderson continuaba inquietantemente callado. No emitía sonido alguno, pero la expresión en su cara era de inmensa concentración. Era como si todo su universo entero se hubiera centrado en un sólo objetivo -matar a Karofsky- y no iba a estar satisfecho hasta que lo lograra. Kurt pensó en correr a buscar a uno de los instructores, pero sabía que para cuando volviera, Karofsky ya estaría muerto. Trató nuevamente de alejar los dedos de Anderson y gritar en su oído tanto como su lastimada garganta hinchada le permitía, pero el alto y marcado cadete era completamente impermeable. ¿Qué diablos iba a hacer? Mirando el baño rápidamente, dejó caer sus ojos sobre el gran botón rojo cubierto por una tapa de plástico. Era una alarma de O2, diseñada para encenderse si en la estación espacial se detectaba una fuga y la atmosfera se comprometiera. ¡Perfecto! Kurt corrió a la pared, quitó la tapa plástica y golpeó el botón rojo con su puño.

Inmediatamente una alarma fuerte y chillona, empezó a sonar. Los ecos que rebotaban en las paredes embaldosadas eran ensordecedores. Sabía que atraerían a algunos profesores y personal administrativo apuradamente al lugar de la alarma. Que uno de los instructores encontrara a Anderson con sus manos envueltas alrededor de la garganta de Karofsky no era una gran opción, pero al menos era mejor que dejar que lo matara. Sabiendo que sólo tenía un minuto o dos como máximo, regresó dónde Anderson y trató de detenerlo una vez más.

Para su gran alivio, vio que el alto y punzante sonido, lograba traspasar la barrera de concentración del alto Needler. Anderson pestañeaba como volviendo de un trance y Kurt pudo finalmente, zafar sus dedos de la garganta de Karofsky. Anderson murmuraba algo por lo bajo una y otra vez. Kurt se inclinó más cerca de su compañero y sobre el retumbante sonido de la alarma le escuchó decir. -No lo sabía, no lo sabía…

-Oye, Anderson… Blaine-dijo, colocando una mano sobre el ancho hombro de su compañero-. Está bien, hombre. Todo estará bien. Vamos, tenemos que salir de aquí - le dio a Karofsky una mirada rápida y notó que el otro cadete todavía respiraba, aunque se encontraba desmayado y frío en el suelo-. La administración llegará pronto y debemos estar bien lejos para cuando lo hagan.

Para su alivio, Anderson se levantó y se permitió ser conducido lejos. Kurt se detuvo a coger su uniforme y se lo colocó como pudo, a pesar de estar aún mojado y un poco enjabonado, antes de salir al corredor sin que nadie los notara. Una vez en la habitación, respiró con alivio. Y sólo un segundo después la alarma se detuvo. Habían regresado sin un momento de sobra.

-Uff -Kurt se sentó en la cama y corrió una mano por su húmedo cabello. Tendría que lavar el jabón en algún momento, suponía, pero en ese momento era la última cosa por la que debía preocuparse. Su garganta dolía, y probablemente para mañana tuviera un collar de moratones donde la toalla lo había apretado, pero el cuello alto del uniforme cubriría eso. Por un lado se sentía bastante afortunado por haberse escapado con tan poco. Tomó un profundo aliento. Sí, estaba trastornado, pero bien.

-Gracias por ir a buscarme -le dijo a Anderson, quien estaba sentado a su lado en la cama, con una mirada vaga en sus ojos dorados-. No sé cómo supiste que estaba allí pero, hombre, eso hubiera sido feo -tragó, su herida garganta protestando el movimiento con un dolor agudo-. Cuando pienso en la manera en que he estado actuando esta semana y luego tú vas a salvarme a pesar de todo, pues… -se detuvo cuando notó que nada de lo que estaba diciendo parecía registrarse en su compañero. -¿Anderson? ¿Anderson? Mira, si estás preocupado por lo que dijo Karofsky, no lo hagas. Estaba bastante enloquecido y estoy seguro que él y sus chicos probablemente estén muy asustados para admitir lo que sucedió, porque…

Anderson lo miró finalmente, sus ojos muertos. -Debiste dejarme matarlo - dijo, finalmente-. O dejarlo matarme. Uno de los dos debería estar muerto ahora - luego se levantó silenciosamente y entró en el cubículo del baño. Después de un minuto Kurt escuchó el agua corriendo, pero no oyó ningún otro sonido de Anderson ninguno en absoluto.