CAPÍTULO 18
-¿Escuchaste sobre…
-Lo que le sucedió a Karofsky?
Thad y Wes miraban expectantes a Kurt y éste sintió como si un frío puño apretara su estómago. Aun así, intentó aparentar total tranquilidad mientras jugaba con su reconstituido almuerzo. Había algo rosa que lucía como ensalada de jamón en su bandeja, pero también podía confundirse fácilmente con gelatina de cereza con malvaviscos dentro. La Academia estaba demasiado lejos de la Tierra y los precios de los envíos eran demasiado prohibitivos como para ordenar comida fresca.
-No, ¿qué? -dijo, mientras observaba alrededor del bullicioso comedor con lo que esperaba pareciera desinterés. Esta era la última conversación que quería estar teniendo hoy. Después del almuerzo se suponía que se escaparía de sus lecciones de la tarde y se encontraría con Anderson en el muelle donde los Needles eran guardados. Les asignarían una nave y volarían por primera vez. O más bien, Anderson volaría, él se encargaría de manejar las armas. Pero estarían solos en el espacio profundo y por primera vez los objetivos a los que les dispararía serían reales y estos les dispararían también.
-Fue devuelto a la Tierra en una…
-Nave médica anoche. Alguien aplastó…
-Su tráquea.
Los ojos idénticos de Thad y Wes estaban completamente abiertos. Kurt dejó de intentar fingir que tenía interés en su almuerzo.
-¿Vivirá? ¿Saben quién lo hizo? -preguntó, a través de unos labios que se encontraban de repente resecos. Subrepticiamente pasó sus dedos por su garganta lastimada a través de la ligera tela de su uniforme. Tenía hematomas donde la toalla lo había estrangulado la noche anterior, sin embargo su voz sólo estaba ligeramente ronca. Los mellizos intercambiaron una mirada y se encogieron de hombros al mismo tiempo. -Nadie sabe quién lo hizo -dijeron al unísono.
-O si lo saben…
-La Administración no lo dice.
-¿Pero, vivirá? -Kurt preguntó nuevamente, con impaciencia. No estaba seguro de si quería que la respuesta fuera positiva o negativa, solo sabía que tenía que conocer el destino de su casi-violador.
Los mellizos volvieron a encogerse de hombros.
-Creen que vivirá. Y aún si no lo hiciera…
-No regresaría a la Letrina.
-¿Qué? ¿Por qué no? - Kurt empujó su bandeja a un lado y se inclinó sobre la mesa observando detenidamente al par de rostros frente a él buscando respuestas. Los mellizos volvieron a intercambiar miradas, obviamente no queriendo decir nada más. Finalmente uno de los mellizos, el Wes, habló.
-Cuando la gente escuchó que se había ido, algunos estudiantes de grados inferiores hablaron -dijo en voz baja-. Dijeron que…
-Karofsky y su pandilla los habían, este…, atrapado en las duchas y… -no dijo la frase completa y su mellizo no la finalizó por él.
Kurt se sintió enfermo. Así que no eran únicamente Elijah y él los que habían sido víctimas o posibles víctimas de Karofsky y sus lacayos. Se preguntó durante cuánto tiempo había estado ocurriendo esto. Cuántos otros cadetes habían sido acorralados y violados.
-¿Entonces ellos fueron…? -tampoco terminó la oración, pero los hermanos asintieron.
-Sí. Todos fueron expulsados y…
-Presentaron cargos en su contra.
-El padre de Karofsky probablemente le ayudará…
-Pero el resto de ellos seguramente irá a prisión.
-Cielos -Kurt sacudió su cabeza, sin saber qué decir. Mientras pensaba, el timbre señaló que era el final del tercer almuerzo.
-Ah por cierto, ¿hoy no es el día en el que…
-Tú y Anderson obtendrán su Needle? -los hermanos le miraron expectantes. Kurt sintió cómo el rubor crecía en sus mejillas pero sólo asintió.
-Sí, así es. De hecho, se supone que me reuniré con él ahora.
-Buena suerte -le dijeron los mellizos al unísono dedicándole idénticas sonrisas resplandecientes.
-Lo harás…
-Genial. No es nada…
-Para ti.
-Sí -Kurt intentó sonreír-; no es nada si tienes un hermano mellizo capaz de anticipar cada palabra y movimiento que haces. Es un tanto complicado para el resto de nosotros.
-Te irá bien -volvieron a decir al unísono. Poniéndose de pie al mismo tiempo, sonrieron a Kurt mientras tomaban sus bandejas.
-Rómpete…
-Una pierna, Hummel -y se fueron, dejándolo solo para pensar sobre la tarde que tenía por delante, y su primer vuelo en un Needle.
-Este es el muelle de embarque. Hay un tubo que baja desde el pasillo de nuestra habitación que nos conducirá aquí en menos de cinco segundos. Se supone que es únicamente para emergencias, pero los Needlers utilizan esos tubos constantemente para llegar a tiempo. Anderson señaló al espacio cavernoso que les rodeaba. Era tan grande que le recordaba a Kurt un hangar de aviones.
Mirando hacia abajo desde la plataforma donde estaban parados, podía observar una fila de brillantes y plateadas naves espaciales… los Needles. Cada uno tenía un diseño diferente en un costado que parecía pintado a mano y Kurt pensó que podía adivinar cuál era la suya… la que tenía un halcón marrón y blanco en vuelo, cayendo en picado como si cazara a su presa. Se preguntaba si Elijah había sido quien lo había pintado o si Anderson tenía algún lado artístico que estuviera ocultando. Sin embargo, había algo más que su compañero había dicho, algo que desvió su atención de las brillantes y decoradas naves espaciales de regreso al rostro del Needler.
-¿Emergencias? -preguntó Kurt en voz baja, observando a Anderson con incertidumbre. Sus voces rebotaban y hacían eco cuando hablaban, así que ambos hablaban en voz muy baja.
Su compañero asintió y colocó una mano en la barandilla de metal que recorría toda la plataforma con vistas al muelle. -En caso de que haya un ataque de los Saudeber durante nuestro turno. Por supuesto, la Flota de Needlers será la primera línea de defensa de la Tierra, pero ellos están estacionados en la cara oculta de Marte así que nosotros llegaremos ahí antes. Kurt le miró dudoso.
Por mucho que le importara el alto y marcado Needler, aún no comprendía la forma de pensar de Anderson ante la inevitabilidad de otro ataque de las Langostas. Se suponía que esa era la razón por la cual todos se encontraban en La Academia en primer lugar, pero todos sabían que la Letrina era el billete de ida para subir en el escalafón de la Flota. Aun así, su recuperada relación con Anderson estaba tan reciente que no quería decir nada que pudiera dañarla nuevamente.
-¿Entonces estas son las Needles? -preguntó en su lugar, dirigiendo su mirada a las naves puntiagudas que se encontraban abajo. Era fácil saber por qué habían obtenido ese nombre. Cada nave lucía como un largo tubo terminado en punta en uno de sus extremos, y con una turbina de hidrogeno para darle potencia continua que se veía como el ojo de una aguja, en el otro.
-Hermosas, ¿verdad? -los ojos dorados de Anderson se suavizaron-. Jamás pensé que volaría en una de nuevo, sabes. Nunca pensé que encontraría otro artillero con el que podría vincularme -colocó un brazo alrededor de Kurt y le acercó a darle un beso. Kurt le esquivó.
-Oye, estamos en público -dijo en susurros.
Anderson frunció el ceño. -No te preocupes, ojos azules. Este es territorio Needler tanto como el salón o la galería de tiro. Nadie que trabaje en esta área se inmutaría si te recostara sobre la baranda y te follara. Así que es perfectamente normal besarse.
-Aun así… -Kurt volvió a mirar a los pocos trabajadores, que vestían monos de trabajo blancos, quienes se movían muy ocupados por el espacio de abajo-. Se siente… mal -dijo, mientras se encogía de hombros y miraba indefenso a su compañero.
Esperaba que Anderson no lo fuera a tomar de mala manera, pero después de cómo se había sentido en la sala de los Needlers, no estaba ansioso por volver a mostrarse afectuoso en público, especialmente frente a aquellas personas que no eran Needlers-. Lo que quiero decir es que no me gusta hacerlo en público.
-¿Se sentía mal besar a tu novia en público cuando te encontrabas en la Tierra? -Anderson le lanzó una mirada penetrante que hizo que Kurt quisiera esconderse.
-No, pero eso era diferente. Eso era…
-¿Aceptado por la sociedad? ¿Normal? -Anderson alzó su ceja partida.
-Sí, ¿de acuerdo? -Kurt dejó caer sus hombros-. Mira, lo siento. Puedo aceptar… lo que hacemos cuando estamos solos tú y yo o tal vez frente algunos de los otros Needlers. Pero es algo difícil frente a otros -dijo frunciendo el ceño-. Además, no puedes actuar como si no te interesara quien lo sepa. Tienes una prometida en casa esperándote. No puedes decirme que ella sabe lo que sucede aquí arriba.
-Claro que lo sabe -Anderson le mostró una sonrisa sin humor-. Rachel sabe tanto como mis padres, lo que significa más o menos todo. Ella todavía quiere casarse conmigo por mi posición social -encogió los hombros-. Será un matrimonio estrictamente por conveniencia… ella se quedará en la Tierra y asistirá a fiestas y jugará a ser anfitriona de la enorme casa que mis padres están construyendo para nosotros, mientras yo estaré estacionado con la Flota en la cara oculta de Marte.
-Eso es enfermizo, hombre -Kurt frunció el ceño ante la punzada de celos que le atravesó, e intentó encubrirlos-. ¿No te molesta que todo tu matrimonio sea una mentira? -preguntó.
Anderson volvió a encogerse de hombros. -Al menos mis padres saben lo que soy. Lo que hago y con quien lo hago. ¿Se lo vas a contar a los tuyos? ¿O a tu novia?
Kurt sacudió su cabeza. -Mira, tus padres pueden ser lo suficientemente sofisticados con el hecho de que te gusten los hombres pero los míos no son así. Y en cuanto a Brittany, no lo sé. No he decidido aún qué hacer con ella.
Anderson dejó escapar un suspiro. -De acuerdo, eso es problema tuyo, pero deja que te recuerde algo, ojos azules -acercó a Kurt y le miró desde arriba, sus facciones parecidas a las de un halcón llenas de sentimiento-. No me gustan "otros hombres" como tú dices. Me gustas tú. Te quiero a ti y sólo a ti. Quiero acariciarte, chuparte, violarte y hacerte mío en cada forma posible -su voz era un sordo gruñido y la lujuria en sus ojos dorados era inconfundible.
Kurt sintió como su rostro comenzaba a calentarse por la vergüenza. Quería mirar alrededor para cerciorarse de que ninguno de los trabajadores vestidos de blanco hubiera escuchado las palabras de su compañero, pero al mismo tiempo podía sentir como su uniforme negro se estrechaba incómodamente alrededor de su polla.
-Maldición, Anderson -dijo entre dientes-; se siente extraño cuando me hablas de esa manera.
-¿De qué manera? -Anderson aún tenía esa mirada en sus ojos que hacía temblar a Kurt.
-No lo sé… -movió una de sus manos en el aire, tratando de pensar cómo expresarse-. Cuando me hablas como si fuera… como si fuera una chica que quieres follarte. Soy un hombre también, sabes. No estoy acostumbrado…
-No estás acostumbrado a ser montado -Anderson terminó la frase por él-. Pero te acostumbrarás. ¿Qué crees que he estado haciendo todo este tiempo, cuando te acariciaba en el simulador y te follaba con un dedo en la ducha? Montándote, Kurt. Preparándote… preparándote para volar una Needle.
Kurt sintió sus mejillas calentarse. -Dios, ¿tienes que decirlo tan fuerte? -dijo entre dientes.
Anderson le dirigió una seria mirada. -No estoy avergonzado de nada de lo que hemos hecho juntos o de nada de lo que te haré para lograr romper tus límites. Y tú tampoco deberías estarlo porque todo es por esto -señaló con una de sus manos a las filas de plateadas Needles y miró a Kurt-. Para lograr que funcione, tendrás que escuchar mis órdenes y hacer lo que yo te diga. Dentro del Needle, el piloto siempre está por encima del artillero. Y nuestras vidas pueden depender de cómo seamos de cercamos y qué tan rápido puedas seguir mis órdenes. ¿Me entiendes?
-Lo entiendo -Kurt asintió pero había un nudo de tensión formándose en sus entrañas. Tenía la idea que su relación sería de igualdad en cuanto abordaran juntos la Needle. No se le había ocurrido que Anderson aún sería su superior mientras volaban. Suponía que tenía sentido en cierta forma… alguien que tomara las decisiones finales. Pero aun así…
-Kurt -Anderson levantó su barbilla con un dedo, forzando a Kurt a mirar hacia arriba-, lamento si mi rudeza te molesta. Pero dime la verdad… -sus ojos volvieron a tornarse gentiles y su voz bajó íntimamente-. ¿Realmente odias tanto cuando te sujeto, cuando te fuerzo a estar quieto mientras te toco?
-No -Kurt quería alejar su mirada de Anderson, pero éste no le dejó-. No - susurró nuevamente a través de sus labios entumecidos-. Su-supongo que me gusta. Pero no debería. No debería quererlo… no debería ser de esta manera.
-No comiences otra vez -le cortó Anderson y luego dijo más suavemente-: cada hombre es en su interior de una u otra manera… de estar arriba o abajo. Los exámenes de La Academia son muy buenos para determinar cuál eres. ¿Crees que te hubieran reclutado, aún con tus habilidades extraordinarias, si no supieran que en el fondo te gusta tener a alguien más a cargo de ti? ¿Alguien que te diga qué hacer?
-No lo sé. Supongo que no -susurró Kurt. Era una cosa muy difícil de admitir de sí mismo… quizás mucho más difícil que el hecho de desear a ese alto y oscuro Needler que lo había cautivado con sus ojos en primer lugar. Parecía incorrecto de alguna manera. Poco varonil.
Anderson seguía estudiando su rostro, como si al hacerlo pudiera leerle los pensamientos a medida que pasaban por detrás de los ojos de Kurt. -Mientras estemos en nuestra habitación juntos, seremos iguales -le dijo a Kurt, su voz suave pero firme-. Pero cuando estemos en el muelle de embarque, o en el Needle, harás lo que te digo sin titubear. ¿De acuerdo?
Kurt se preguntó si lo más varonil, lo correcto, sería decirle a su compañero que se fuera al diablo y salir huyendo del muelle. Una parte de él quería hacerlo, la parte que había estado junto a él durante toda su vida… su orgullo masculino, supuso. Pero había otra parte, una más profunda, una parte escondida que no quería que lo hiciera. Era la parte que esos malditos exámenes de La Academia habían descubierto, suponía. Era la parte que le gustaba que lo sostuvieran, que le dijeran qué hacer. Y esa parte era la más poderosa… y lo sabía porque su miembro estaba dolorosamente duro, aun cuando luchaba con sus emociones.
-¿Está claro? -ladró Anderson de repente, forzándolo a responder.
-¡Si señor! -Kurt quería alejarse de la mano de su compañero, la cual aún estaba bajo su barbilla, pero por alguna razón no fue capaz de hacerlo.
-Bien -Anderson le mostró una sonrisa gentil y dejó caer su mano, pero aún había acero en sus ojos. Aparentemente tomaba la cadena de mando del Needle muy en serio-. Ahora, bésame -dijo suavemente, todavía mirando a Kurt-. No mires alrededor por si alguien nos está observando. Solo hazlo. -Queriendo terminar con eso, Kurt se acercó rápidamente y presionó sus labios en un beso casto contra la mejilla de su pareja. Anderson frunció el ceño. -Sabes bien que eso no era a lo que me refería, Hummel. Rodéame con tus brazos y bésame en la boca -le lanzó una mirada hostil a Kurt-. Y si continúas molestándome, haré que te hinques de rodillas frente a mí y me chupes la polla. Justo aquí y justo ahora, frente a todo el mundo, ¿entendido?
Kurt sintió una oleada de enojo, pero fue ahogada por la ráfaga de pura lujuria que pasó por encima de él. «Dios, ¿por qué esto me excita?». Le hacía sentir indefenso, vulnerable y aun así lo deseaba; y Anderson lo sabía.
-¿Y bien? -el otro Needler frunció el ceño-. Estoy esperando.
Sintiendo como si todo su cuerpo estuviera enrojeciéndose de color rojo-ladrillo, Kurt se acercó y colocó sus brazos alrededor del cuello de su pareja. Acercándose, besó a Anderson, presionando sus labios tentativamente contra esos labios sensuales…ofreciéndose.
Anderson no tardó en aceptar la oferta. Colocó una mano en la nuca de Kurt y saqueó su boca despiadadamente. Su lengua demandó entrar y una vez dentro, le exploró como si Kurt fuera su propiedad personal para hacer con él exactamente lo que quisiera.
Kurt podía sentir la polla de Anderson marcando a fuego su vientre y su propio mástil estaba duro y pulsante de necesidad mientras el beso siguió, y siguió y siguió. Al final, cuando Kurt estaba seguro que cada uno de los trabajadores del muelle de embarque había visto su exhibición, Anderson se apartó, rompiendo el beso.
-Vamos -gruñó tomando la mano de Kurt y guiándolo por la plancha metálica-. Nos desnudaremos y montaremos en el Needle. No puedo esperar a correrme por todo ese apretado culito tuyo.
