CAPÍTULO 22
Reinaba el silencio dentro del Needle cuando aterrizaron y entonces Anderson colocó una mano en el hombro de Kurt. -Lo siento, ojos azules -susurró.
-¡No! -Kurt se encogió lejos de la consoladora mano, deseando poder alejarse completamente de su compañero pero eso era imposible en los confines limitados de la Needle-. Sólo… sólo sal de mí -soltó, intentando mantener sus emociones bajo control -. Sólo sal de mí y déjame solo.
En silencio, Anderson hizo lo que le pedía, dejando resbalar su gran eje flácido fuera del cuerpo de Kurt con un lento y uniforme deslizamiento. Kurt se estremeció de dolor cuando el invasor fue retirado e intentó sofocar un gemido. Por un momento pareció como si Anderson fuera a disculparse de nuevo, pero el momento pasó en silencio cuando trepó fuera del Needle. Kurt salió detrás de él, sintiendo como si sus piernas no pudieran funcionar bien. Estaba dolorido y todo lo que quería era regresar a su cuarto, tomar una ducha e ir a la cama. Solo. Era lo mismo que había sentido en su primera noche con Anderson, excepto el abrasador dolor, desde luego. La amarga ironía casi le hizo reír, que se sintiera de la misma manera la primera y la última noche de su relación parecía demasiado. Porque después de esta noche, lo que fuera que había tenido con el alto Needler desfigurado estaba oficialmente terminado, al menos para Kurt. No tenía que esperar otras tres semanas para disolver su asociación. En su mente había acabado en el momento que Anderson le había ordenado extender sus piernas.
-Bueno, bueno, aclamemos a los héroes victoriosos.- La afectada y sarcástica voz de Smith era la última cosa que Kurt deseaba oír. Levantó la mirada para ver al delgado artillero y su fornido piloto andando a zancadas hacia ellos en el resonante muelle de embarque.
-No puedo tratar con esto justo ahora -masculló pero antes de que pudiera quitarse de en medio, Smith y Clarington estaban de pie delante de ellos, bloqueando su camino al tubo de transporte.
-Excelente vuelo -Clarington le dio una palmada en el hombro y estrechó la mano de Anderson con entusiasmo-. Smith y yo estábamos viniendo por ese lado de la Luna y lo vimos todo.
-Pensábamos que ustedes dos estaban determinados a desaparecer cubiertos de gloria -Smith río tontamente-, aquello parecía como un movimiento suicida, a menos que tuvieran una conexión perfecta. -Su aguda mirada verde exploró el cuerpo desnudo de Kurt con interés, demorándose más de lo que parecía necesario en sus muslos. -¿Así que lo hiciste, Halcón?
-Eso no es de tu maldita incumbencia -gruñó Anderson. Su profunda voz hizo eco en el cavernoso espacio pero Smith aparentemente no pudo captar la indirecta.
-Porque nunca te he visto volar así antes y créeme, Hunter y yo hemos estado observándote, ¿verdad, cariño? -le dio un codazo a Clarington, quien asintió con la cabeza lentamente. -Así que dime, chico maravilla -dijo, mirando a Kurt de nuevo. -¿Perdiste tu cereza esta noche luchando con las grandes langostas malas?
-¡Te dije que eso no es de tu jodida incumbencia! -la voz de Anderson era un bramido apagado y dio un paso adelante, sus manos se cerraron en puños-. Te lo advierto, Smith, una palabra más y te arrancaré tu jodida cabeza.
-Hey, ahora -comenzó Clarington, interponiéndose entre Anderson y su artillero, pero Anderson simplemente lo echó a un lado, causando que el fornido piloto tropezara y casi cayera. Otros Needlers se estaban reuniendo ahora, viniendo hacia ellos para felicitarles, pero ninguno de ellos parecía dispuesto a intervenir en el creciente conflicto.
-Blaine, por favor! Contrólate. -Estaba claro que Smith estaba intentando sonar desdeñoso pero su voz salió en un agudo chillido y su cara estaba pálida.
-No, coloca una rienda en tu boca por una vez, Smith. -Anderson clavó un dedo en el afeminado artillero.- Piensas que puedes decir lo que quieras y esconderte detrás de Clarington, pero no te saldrás con la tuya esta vez. No molestes a Kurt o los joderé a ambos. -Kurt miró a su compañero con una sorpresa apagada. Él solo había visto al lacónico Anderson así de disgustado una vez, y fue durante la confrontación con Karofsky en la sala de duchas. Alguna vez, tener a su compañero interviniendo y defendiéndole de las pullas de Smith podía haber despertado alguna emoción en él, pero ahora solo se sintió desconectado.
-Sí, me folló. ¿Es eso lo que querías oír? -preguntó, mirando al estupefacto Smith y no importándole si todos los otros hombres en el muelle de embarque escuchaban sus resonantes palabras-. Estuvo follándome todo el tiempo mientras nos enfrentábamos a la nave nodriza y sí, fue mi primera vez. ¿Estás satisfecho ahora?
Smith le lanzó otra mirada lasciva de arriba a abajo y sonrió afectadamente. -Ni de cerca de cómo lo estás tú, cariño, estoy seguro.
-Se acabó. -Anderson dio un paso hacia delante, ya en marcha. Antes que Clarington, quien aún permanecía a un lado pestañeando estúpidamente, pudiera reaccionar, el puño de Anderson conectó con la mandíbula de Smith y el artillero cayó en el duro suelo metálico.
-¡No puedo creer que hicieras eso! -él levantó la vista atónito. Sus cuidadas puntas platino engominadas estaban desaliñadas y un delgado hilo de sangre estaba saliendo de su labio inferior roto-. Hunter, cariño, mira lo que hizo. -Miró de manera conmovedora a su piloto, quien empezó a dar un paso amenazador en dirección a Anderson. El marcado Needler levantó su mano.
-Esto no es asunto tuyo, Clarington. Es por tu compañero y su gran boca. Pero ven si quieres.
Kurt sabía que debería esperar a ver el resultado de la confrontación creciente en el muelle de embarque pero al parecer no podía preocuparse. Sentía los huesos cansados, su cuerpo doliendo de la tensión y dolor que él había soportado en el Needle, y su mente deseando el olvido del sueño para poder desconectarse de todo lo que le había sucedido. Girándose, se dirigió lentamente hacia el tubo de transporte, dejando que las voces enfadadas se desvanecieran detrás de él. Kurt había abierto la ducha a tope y estaba a punto de entrar en la humeante agua cuando Anderson entró en el cubículo. -¿Qué quieres? -preguntó Kurt, obligando a su boca a moverse. Sólo pronunciar las palabras ya supuso un esfuerzo.
-Cuidar de ti -dijo Anderson cortante-. Como hago todas las noches, ojos azules.
-Esta noche no. -Kurt entró a la ducha, encogiéndose apenas cuando el agua hirviendo golpeó su carne. Anderson frunció el ceño críticamente.
-El agua está demasiado caliente. Vas a escaldar tu piel.
-Quizás es lo que quiero. -Kurt cerró sus ojos e intentó ignorar la apagada maldición de su compañero.
-Jesús, Kurt, estás sangrando. -La voz de Anderson era aguda.
Él miró hacia abajo y vio los zarcillos carmesí descendiendo por sus piernas y arremolinándose en el desagüe de la ducha. Sabía que debería sentir algo por lo que estaba viendo, pero todo lo que podía pensar era la última vez que había visto sangre en la ducha, la manera en que él había golpeado la navaja de afeitar lejos de la mano de Anderson y el modo en que ellos se habían amado el uno al otro después de eso. Entonces había parecido que había algo entre ellos que no podía estropearse. Pero ahora su relación estaba rota, destrozada sin remedio, comprendió.
-¡Maldita sea, muévete! -Anderson entró en el pequeño cuadrado de la ducha a su lado y giró el indicador de temperatura hasta que el agua ya no estuvo escaldando. Entonces inclinó a Kurt por la cintura y extendió la mano entre sus piernas.
-No. -Kurt se puso tenso contra las manos de su compañero, sus músculos tensos. El letargo que le había protegido desde que había salido del Needle de repente se transmutó a pánico ciego y se sintió como un animal atrapado. -No me toques.
-¡Espera! -Anderson curvó un brazo alrededor de sus hombros y le sostuvo, su musculoso pecho presionándose fuerte contra la espalda de Kurt-. Tranquilo - murmuró al oído de Kurt-. Sólo estoy intentando ayudarte.
-Tratando de sujetarme para que tú puedas… puedas… -Kurt negó con la cabeza, incapaz de terminar. Oyó el terror en su propia voz pero fue incapaz de evitarlo. Todo lo que sabía era que no quería ser sometido de nuevo a todo lo que había sufrido en el Needle, especialmente no tan pronto mientras él estaba todavía tan dolorido.
-Relájate, Hummel. No voy a follarte. -Había algo que sonaba sospechosamente cercano a las lágrimas en la voz profunda de Anderson-. Solo quiero… sólo déjame limpiarte. Déjame intentar que te sientas mejor.
-No hay nada que tú puedas hacer para que esté mejor -dijo Kurt, pero podía sentir el terror desvanecerse con la promesa de su compañero. En su lugar el letargo emocional regresó flotando, el doble de intenso que antes. Todo parecía gris y muerto para él mientras permitía a Anderson inclinarle y lavarle con dedos largos y cuidadosos.
Se estremeció una o dos veces cuando sintió punzadas de dolor, y cada vez, Anderson acariciaba su descubierta espalda con una mano y murmuraba en su oído. Kurt no escuchaba lo que él estaba diciendo pero las palabras tenían un efecto calmante de todos modos y él se permitió ser lavado y explorado a conciencia. Cuando Anderson estuvo aparentemente satisfecho de haber hecho todo lo que se podía hacer, ayudó a Kurt a salir de la ducha y le secó, atendiéndole con tanto cuidado como la primera noche que le masturbó. Kurt intentó no pensar en eso mientras se dejaba llevar a la cama. Con un suspiro, se dejó caer de bruces. Estaba demasiado cansado para preocuparse de lo que pudiera pasar, se dijo. Ya no le importaba nada. Oyó a su compañero rebuscando en su lado del aparador de plasti-madera y entonces regresó, arrodillándose al lado de Kurt en la cama.
-Te has rasgado -dijo suavemente, una mano acariciando a través de los cortos y húmedos cabellos de Kurt-. Tengo algo aquí que ayudará. ¿Me dejas ponértelo?
-Supongo. -Kurt asintió con la cabeza, un lado de su cara aun presionando contra el colchón. Cerró sus ojos cuando sintió a Anderson abrir sus muslos y extender la vulnerable carne de su trasero. Estaba esperando algo fresco y resbaladizo como el lubricante que Anderson había usado en él esa noche más temprano, ahora parecía que hacía una eternidad. Así que se sorprendió cuando en lugar de eso sintió algo caliente y húmedo investigando la sensible área, lavando su rasgada carne.
-¿Que dem…? -Despegó su cabeza del colchón y estiró el cuello para ver a Anderson con su cara enterrada entre sus muslos. -¿Qué estás haciendo? -preguntó, oyendo la histeria en su voz pero incapaz de evitarlo.
-Besándolo mejor. -La voz de Anderson era profunda, sus ojos dorados entornados de dolor y deseo-. Saboreándote. Estoy a tu servicio. -Se inclinó de nuevo y Kurt jadeó al sentir el húmedo calor de la lengua de su compañero enroscándose alrededor de su sensible entrada y zambullirse dentro con cuidado, como si lamerla mejorara su herida.
La polla de Kurt estaba de repente como una piedra y presionando contra el colchón, anhelando aliviarse como si no se hubiera corrido hacía menos de una hora. La sensación de la lengua de su compañero explorando la parte más sensible y vulnerable de su cuerpo era el más increíble sentimiento que él hubiera tenido nunca. Él nunca había soñado hacer esto o que se lo hicieran a él, pero era increíble, sorprendentemente caliente. Era… No era suficiente, comprendió Kurt de repente.
-Detente. -Se dio la vuelta, rompiendo el íntimo contacto y sentándose en la cama. Acercando sus rodillas delante de él de modo protector, fulminó con la mirada a su compañero.
-Kurt, por favor -la voz de Anderson era chirriante y suplicante al mismo tiempo-. Solo déjame…
-No más -Kurt negó con su cabeza-. No más tocar, no más saborear, no más follar. No más nada. He terminado con esto. He terminado contigo, Anderson.
Los ojos dorados le taladraron. -No puedes, Hummel. O lo olvidaste, soy tu compañero.
-No, nunca más -Kurt se sintió como si una parte de él se estuviera rompiendo pero se obligó a sentarse derecho y miró al hombre mayor a los ojos-. O al menos tú no lo serás las próximas tres semanas. Tres semanas no son tan largas, ¿verdad, Anderson? Creo que podemos conseguir evitarnos durante al menos ese tiempo.
-Y una mierda lo haremos -gruñó Anderson-. ¡Maldita sea, Kurt, solo escúchame! Esta noche hice lo que tenía que hacer. Lo siento si te herí en el proceso, pero es que tú me hiciste enloquecer tan jodidamente y…
-¿Yo te hice enloquecer a ti? -Kurt negó con su cabeza incrédulo-. Me mentiste, Anderson. Me dijiste que nunca rompías una promesa pero lo hiciste.
-Prometí que no te follaría a menos que tú me lo pidieras o nuestras vidas dependieran de ello -la voz de Anderson era dura ahora, sus ojos se estrecharon en dos frías rendijas-. Mantuve esa promesa, Kurt. Nosotros nunca podríamos haber volado la nave nodriza sin una conexión perfecta. Hice lo que tenía que hacer.
-Y estoy seguro que el resto del mundo está pensando que eres un héroe por hacerlo -le escupió Kurt. El adormecimiento que había caído como una cortina sobre sus emociones en el momento que él salió del Needle se había ido de repente, reemplazado por un dolor tan profundo y grande que sintió como si se estuviera ahogando en él. Se sentía traicionado, herido, usado, y su único pensamiento era hacer sentir a Anderson tan mal como él, si eso era posible. -Ellos pensaran que eres un héroe pero yo sé la verdad -dijo, poniendo veneno en cada palabra mientras él miraba enfurecido a la oscura y cicatrizada cara que pensó que había llegado a amar-. Que tú no eres mejor que Karofsky y su tripulación. ¿No es gracioso cómo algunas personas son procesadas por violar mientras que otras son elogiadas por ello? Ellos probablemente te darán una condenada medalla por lo que me hiciste esta noche.
Vio el dolor grabado en las facciones de Anderson por sus palabras y sintió una repentina y amarga punzada de victoria. « ¡Dios! », pensó salvajemente, apretando su mandíbula. « ¡Ahora sabes lo que se siente! Eso te enseñará a tomar lo que no te quise dar. Te enseñará a dejarme ». Estaba arruinándolo todo, haciendo jirones los sentimientos que él y Anderson habían compartido. Pero no era suficiente, también buscaba verlos arder. Quería prender la mecha final que incineraría para siempre el amor que había sentido por su compañero. Mirando la cara de Anderson, remató el último clavo. -Ahora sé cómo debió haberse sentido Elijah.
Por un momento Kurt pensó que Anderson iba a intentar darle un puñetazo y casi deseó que lo hiciera. Fue demasiado, lo que él había dicho. Demasiado lejos. Deseó poder volver atrás las palabras. Incluso aunque la parte amargada de él estaba exultante por el dolor que vio en los ojos de su compañero, una gran parte le estaba pidiendo a gritos que tenía que parar, tenía que rogar a Anderson que le perdonara, intentar salvar alguna parte de su relación que podría dejarse…
Pero era demasiado tarde. Anderson negó con su cabeza, su cara cuidadosamente neutra, y se levantó de su lugar en el suelo. Sin decir una palabra, se volvió y dejó la habitación, permitiendo que la puerta se cerrase detrás de él con un suave zumbido.
«Se ha ido», pensó Kurt entumecido, mirando fijamente al lugar donde el otro Needler había estado, deseando que regresara. «Realmente se ha ido. Ido para siempre». De algún modo supo que era verdad.
