Chicos acá están los últimos dos capítulos! Disfruten del final.. :)
CAPITULO 23
Las siguientes tres semanas fueron las más difíciles que Kurt había tenido que soportar. Él y Anderson eran héroes. La Academia entera estaba alborotada por su milagrosa actuación. A cualquier lugar que fuera, la gente quería palmearle la espalda y estrechar su mano. Nuevos vídeos de la Tierra fueron enviados a un gran costo para obtener entrevistas exclusivas con los dos jóvenes que habían salvado el planeta de una destrucción segura. La tensión alcanzó su punto álgido cuando se filtró que la Flota hubiera llegado demasiado tarde si Anderson y Kurt hubieran seguido órdenes y los hubiesen esperado. Aparentemente, los Saudebers habían dejado varias docenas de escuadrones en la cara oculta de Marte, dividiendo efectivamente a la Flota y manteniendo a los Needlers profesionales alejados de donde necesitaban estar para detener el ataque.
A pesar de todo, Kurt tuvo que pretender que estaba modestamente orgulloso de lo que él y Anderson habían logrado, cuando en realidad se sentía como si se estuviera muriendo por dentro. La familia de Anderson vino unos días antes de que la programada ceremonia de graduación se celebrase, y llegó a conocer a Rachel, la prometida de su antiguo compañero. Era una morena esbelta con frías y aristocráticas facciones que hacían juego con las de Anderson y se colgó de su brazo durante todo el día, echándole miradas venenosas a Kurt antes de que ella y los padres de Anderson fueran conducidos hasta las habitaciones de invitados. Kurt quería decirle que no tenía nada de lo qué preocuparse. ¿No podía darse cuenta de que él y el otro Needler eran historia? ¿Que cada palabra que se decían el uno al otro era fría, forzada y en beneficio de cualquier otra persona que estuviera observando en la habitación? Todo esto le hacía sentirse enfermo, como si alguien hubiera empujado una bola de plomo fundido en su estómago y la hubiera dejado allí para quemar un agujero hasta su corazón. Pero incluso contemplar cómo Anderson le daba un frío beso de despedida a su prometida y observar la forma posesiva en la que Rachel lo abrazaba, no fue tan malo como lo que ocurrió después.
El día antes de la graduación, el Almirante de la Flota en persona vino a La Academia para conocerlos. Le ofreció a Anderson en el acto un puesto de los más altos y le dijo a Kurt, que un puesto similar le estaría esperando cuando se graduara. Incluso trajo a un nuevo compañero para Anderson, un alto y guapo artillero llamado Jeremiah Mason, con un cabello rubio claro y unos conocedores ojos color verde. El propio piloto de Mason había dejado recientemente la Flota, dejándolo abandonado y en necesidad de un nuevo compañero, explicó el Almirante. Y aunque Anderson acababa de salir de La Academia, no podía pensar en una pareja mejor para uno de sus mejores artilleros. «Yo puedo pensar en una pareja mejor», pensó Kurt observando cómo su ex—compañero se daba la mano con su nuevo artillero. Podía decir, por la mirada en los ojos de Mason, por la manera en que hizo una franca valoración sexual de Anderson mientras su mano permanecía demasiado tiempo en el apretón de manos, que no le importaría ser montado por el castaño y desfigurado piloto. Mason no se contendría a sí mismo de ninguna forma o acusaría a Anderson de tomar lo que no quería dar, no, él lo daría libremente. Demonios, por la lasciva mirada de sus ojos, no le habría importado dejarse caer de rodillas y hacerle una mamada a su nuevo piloto en el acto, pensó Kurt con amargura. Intentó detener los celos que atormentaban su alma como una rata, pero era imposible, y el flujo de pensamientos amargos continuó. «No hay nada latente en él», señaló su mente mientras se quedaba mirando hacia Mason. Era obvio que el nuevo artillero estaba seguro de su masculinidad y su sexualidad al mismo tiempo, completamente opuesto a Kurt. A él no le importaría si alguien dijera que era Gay o le llamara maricón. Él, probablemente no tenía una novia esperándole en casa por la que ya no se sentía atraído. Y él no rehusaría admitir lo que era, pensó Kurt amargamente. No cabía duda de que Mason se lanzaría de lleno en una relación con otro hombre y le diría al mundo que se fuera a la mierda si no le gustaba.
Vio como Anderson asentía a su vez y sonreía, sosteniendo la mano del otro hombre con la suya y manteniendo su mirada, la promesa de lo que estaba por venir creciendo entre ellos. Los observó juntos y no pudo hacer otra cosa, salvo asentir y sonreír, asentir y sonreír, como el idiota que era. No importaba que la sonrisa plasmada en su cara se sintiera falsa y plastificada y que los músculos de su mandíbula dolieran por mantenerla en su lugar. No importaba que quisiera gritar. Que quisiera darle un puñetazo en la boca al nuevo artillero de Anderson y pisarle la cabeza. Nada de eso importaba, era más importante tener una buena fachada y pretender que no le importaba, incluso a sí mismo, el que Anderson se estuviera yendo. O eso era lo que Kurt se dijo a sí mismo. Una y otra vez. La noche antes de la ceremonia de graduación se sentó en su cama y se quedó mirando sus manos deseando tener todavía la navaja que había tirado al conducto de la lavandería la noche que se la había quitado a Anderson. Así, al menos, hubiera tenido una forma de terminar su dolor. El dolor que se decía a sí mismo que no sentía aunque le estuviera comiendo por dentro. Anderson hacía mucho que se había ido, habiéndose mudado a una nueva habitación semanas atrás a petición propia. Era un héroe ahora, podría tener casi cualquier cosa que quisiera, y una habitación individual aparentemente no era mucho pedir. Kurt sabía que podría haber obtenido cualquier cosa que quisiera también, desde comidas especiales o un viaje a la Tierra para ver a su familia, pero no podía obligarse a desear nada. Nada excepto Anderson. «No me importa que se haya ido», pensó Kurt por millonésima vez e intentó hacérselo creer. «Lo que hizo fue inexcusable… imperdonable. Me hiere y me abandona. Y que me condenen si me siento aquí y lloro por eso». Poniéndose en pie, decidió trabajar en la sala de gravedad cero. Solo había estado allí en una ocasión con Anderson, ya que estaba reservada exclusivamente para los alumnos de clases superiores, pero ahora era un héroe y ninguna puerta estaba cerrada para él. «Bien podría aprovecharlo mientras dure», pensó con tristeza. Casi había llegado a la puerta de su habitación mientras se disponía a salir cuando escuchó una voz extrañamente familiar justo fuera de ella.
-Vaya, hola, maricón -dijo, el tono nasal subiendo para enfatizar la última palabra-. Eres justamente la persona que quería ver.
Kurt frunció el ceño. «No puede ser quien creo que es, ¿No? ¿Qué demonios está haciendo aquí?»
-Hola, Karofsky, ¿Qué estás haciendo aquí? Pensé que estabas en la Tierra tomando unas largas vacaciones… en prisión.- La otra voz era sin lugar a dudas la de Anderson y Kurt sintió un repentino aleteo en el estómago. ¿Qué estaba haciendo su ex—compañero en la puerta de su habitación? ¿Sólo estaba pasando por allí o había olvidado algo en la habitación que solía compartir con Kurt? Y si había venido a recuperarlo, ¿Estaría dispuesto a hablar, a decir algo más que las pocas y frías frases que habían intercambiado en las últimas tres semanas?
-A ti te gustaría eso, ¿No? -gruñó la voz de Karofsky, sacando a Kurt de su fantasía -. Te encantaría oír que estoy encerrado en algún lugar siendo tomado por el culo, ¿No es así, Halcón?
-Personalmente, Karofsky, yo sería feliz si nunca más escuchara hablar de ti. ¿Cómo has conseguido llegar hasta aquí, de todos modos?
-De hecho, estoy aquí gracias a ti, Anderson. Ya ves, todos los que son alguien en el Consejo han venido aquí para la graduación y para felicitar tu lastimoso culo de maricón por salvar la Tierra, incluido mi padre. Así que viajé de polizón en su transporte privado porque quería verte una última vez
—Vaya, ¿Pero no es tan dulce? Discúlpame si no me importa una mierda -Anderson sonó impaciente. -Ahora, ¿Te importa salir de mi camino? Necesito hablar con mi compañero.
«Compañero, ¡Me ha llamado compañero!» A pesar de todo, Kurt sintió a su corazón saltar. Incapaz de esperar más, agitó la mano delante del sensor, esperando impacientemente para que se abriera. Mientras lo hacía, escuchó a Karofsky hablar de nuevo.
-Saldré de tu camino tan pronto como te dé tu regalo de graduación, Anderson.- Le dijo, su voz llena de ira. Se escuchó un chisporroteo eléctrico, un sonido que Kurt había oído solo una vez cuando estaba en la galería de tiro con su padre y alguien tras de ellos había probado un nuevo rifle de pulsos electromagnéticos. Entonces escuchó un grito de dolor y una alta y triunfante carcajada.
Mientras la puerta se deslizaba para quedar abierta, aparentemente a cámara lenta, Kurt vio cómo la larga y delgada forma de su compañero impactaba en el suelo metálico del corredor. Había un humeante agujero quemado en el cuadrante izquierdo superior del uniforme de Anderson y un charco de sangre que se extendía bajo su cuerpo inmóvil.
-¡Dios! -Kurt se puso de rodillas, resbalando en la sangre mientras intentaba acoger a Anderson entre sus brazos. Era vagamente consciente de que Karofsky seguía allí, de pie por encima de él con un arma en una mano, pero eso no parecía importar. La única cosa que importaba era la desfallecida figura en sus brazos.
-Anderson… Blaine -susurró, acariciando la pálida mejilla de su compañero con una mano. -¡Anderson! Por favor, Dios… no.
-Vaya, pero si es la pequeña mascota marica del Halcón.- Karofsky obviamente se regodeaba. Sus saltones ojos y la cara roja por debajo del cabello oscuro cortado a ras del cráneo, eran tan feos como Kurt recordaba.
-Hijo de puta -dijo con dificultad, pero no tenía tiempo para discutir con el lunático de pie frente a él, comprendió. Si lo hacía, Anderson podría morir. Si no estaba muerto ya. Quería correr por el largo corredor metálico y buscar ayuda, pero temía que si dejaba a Anderson solo, Karofsky podría volver a dispararle.
-Solo le di lo que se merecía -los ojos saltones de Karofsky empequeñecieron mientras miraba la silente forma de Anderson en los brazos de Kurt-. Desde el primer minuto en el que llegué aquí, él me robó todo lo que yo quería. Él llegó a ser un Needler y yo no. Pensé que estaba acabado cuando me follé a su primer compañero, pero entonces llegaste tú -le escupió a Kurt-: La pequeña mascotita de Anderson, me expulsaste de La Letrina y entonces vosotros, maricones, tuvisteis el valor de ir y salvar a toda la jodida Tierra de una invasión alienígena. Ahora sois algún tipo de putos héroes y yo me tengo que quedar en la Tierra yendo a esas estúpidas sesiones de asesoramiento tres veces a la semana que los abogados de mi padre acordaron para no tener que meterme en prisión. Yo estoy allí abajo mientras Anderson está aquí arriba, llevándose todo lo que debería haber sido mío.
Kurt lo miró con asombro, sin estar seguro de cómo responder, preguntándose si atreverse a llamar por ayuda. Pero Karofsky estaba llegando al final de su perorata, su cara estaba casi púrpura de rabia.
-Debería haber sido yo quien volara ese Needle -gritó, pequeñas gotas de saliva volaban desde sus gruesos labios-. Yo, quien volara a la nave nodriza. Yo, quien salvara el planeta. ¿Me has oído? ¡Debería haber sido yo!
Bajo el rifle de pulsos y apuntó cuidadosamente a Kurt, aunque difícilmente podría fallar a tan corta distancia. Kurt se quedó mirando el cañón. El agujero del final parecía tan ancho como un túnel de metro y tan oscuro como el espacio exterior fuera de La Academia. «Dios mío», pensó, su cerebro se entumeció, «Va a hacerlo. Realmente va a hacerlo»
Se inclinó sobre el cuerpo inerte de Anderson, intentando protegerlo con el suyo aunque sabía que era demasiado tarde. Así que iba a morir en brazos de su amante después de todo, alcanzó a pensar mientras observaba cómo el dedo de Karofsky se tensaba en el gatillo. Solo que no sería en los estrechos confines del Needle, luchando contra hordas alienígenas. No, sería aquí en las salas color gris de La Academia, a manos de un loco que culpaba a Anderson y a él de todos sus problemas…
-¡Se fue por aquí!
El grito desde el otro extremo del corredor fue suficiente para alejar la atención de Karofsky de su víctima. Kurt observó aturdido como sus saltones ojos se desorbitaban y miraba temerosamente sobre su hombro. Un sonido de pasos apresurados resonaba en los pasillos de metal y de repente dos personas del equipo de seguridad de La Academia estaban encima de ellos con las pistolas láser fuera y preparadas, ambas apuntando hacia Karofsky.
-¡No disparen! ¡No disparen!
Karofsky dejó caer el rifle de pulsos de sus dedos aparentemente flojos y cayó de rodillas, el miedo llenando sus ojos. Uno de los guardias se agachó para coger el rifle abandonado mientras el otro corrió hasta donde Kurt seguía abrazando la desmayada figura de Anderson.
-¿Está bien? -exigió saber, mientras sacaba el comunicador de su cinturón.
-N…no lo sé.- Kurt se sintió impotente. Había estado tratando de taponar la sangrante herida con su mano desde que había abrazado a su compañero, pero el charco de sangre continuó creciendo. Ahora estaba sentado en ella, su pegajoso calor empapaba la mitad de su uniforme y Anderson seguía sin moverse. -Por favor -susurró-. Es mi compañero. El equipo médico…
Pero el guardia ya lo estaba llamando. Kurt observó aturdido cómo se llevaban a un sometido y sollozante Karofsky, mientras una camilla de emergencia era traída para Anderson. Cuando llegó el momento de cargar la delgada y musculosa forma en la camilla, no quería dejarla ir. Viendo el estado en el que se encontraba, el equipo médico le permitió ir con él hasta la enfermería. Pero una vez allí, Anderson fue llevado hasta la sala de operaciones y la puerta fue cerrada firmemente en la cara de Kurt. Se sentó en una incómoda silla de plástico de la sala de espera durante lo que le parecieron horas, preguntándose qué había ocurrido. Preguntándose si Anderson estaba muerto o iba a morir. Preguntándose cómo pudo haber sido tan idiota.
«Él me hizo daño», discutió parte de él. «Rompió su promesa… me convirtió en algo en lo que yo no quería convertirme».
«Él hizo lo que pensó que debía hacer», algo que sonaba sospechosamente como la voz de la razón discutió a su vez en su cabeza. «Y lo de convertirte en algo que no querías ser… sé realista, Kurt. ¿No querrás decir que él te hizo afrontar lo que eres? Nadie puede hacerte gay o hetero. Anderson solo te hizo darte cuenta por primera vez».
«Sí, pero iba a irse. Iba a tomar un puesto en la Flota con ese jodido Mason».
« ¿Puedes culparlo? ¿Después de todo lo que le dijiste? Él estaba intentando disculparse, Kurt. Intentando hace lo mejor. Y tú le dijiste la peor cosa que podrías decirle. Tú le hiciste trizas, deliberadamente».
«Yo estaba dolido. Quería hacerle daño también»
«Y mira qué bien lo hiciste. Tú sigues dolido y Anderson puede estar muerto o muriendo. Probablemente no lo vuelvas a ver de nuevo. Así que disfruta el destrozo que has provocado, Kurt. Hiciste la cama y ahora tendrás que dormir en ella… solo»
-Solo -susurró en voz alta-. Siempre solo.
Le habían dicho que La Academia estaba ya estudiando candidatos para ser su nuevo piloto, pero ahora Kurt sabía que no sería capaz de volar con nadie más. Después de la ceremonia de graduación, iba a solicitar su traslado al Cuerpo de Ingenieros. No volvería a entrar en una Needle, nunca volvería a sentir esa sensación vertiginosa de la perfecta conexión de la red neuronal, no si no podía sentirla con Anderson.
«Anderson … oh, Dios, Anderson . ¿Cómo pude ser tan idiota?» El aturdimiento que sintió durante el encuentro con Karofsky se había ido, reemplazado con un lacerante dolor tan intenso que pensó que moriría. Sus anteriores celos eran como un pinchacito comparado con esto, y su ira hacia Anderson parecía un estúpido desperdicio. Le había costado las últimas tres semanas que podría haber tenido con su compañero. Le habían cegado para lo que debía haber sabido todo el tiempo… que amaba a Blaine Anderson con todo su corazón, mente y alma. Qué preferiría morir antes que estar sin él.
-Está preguntando por ti.- La áspera voz del técnico médico lo despertó de un sueño profundo. Kurt miró hacia arriba medio dormido, sin estar seguro de si era un sueño o no.
-¿Qué?- Pasó una mano por su cabello irregular, preguntándose si había escuchado bien al hombre o no.
-He dicho que está preguntando por ti. ¿Estás despierto?
-Eh, sí.
Kurt se pasó una mano sobre su cara y entonces se dio cuenta de que estaba cubierto de sangre seca que se deshizo como si fuera un oxidado y colorido polvillo cuando cerró los dedos. Su uniforme estaba impregnado en ella también y dejó una oscura mancha marrón rojiza en la silla de plástico cuando se levantó.
-Estoy hecho una porquería -dijo haciendo una mueca-. ¿Está seguro de que ha preguntado por mí y no por su familia, o su prometida? Están en las habitaciones de invitados, por la graduación.
-No, eres tú al que quiere ver. Tú eres Kurt Hummel, su compañero. ¿No es cierto?
Kurt sintió a su corazón saltar. -Sí. Soy yo -entonces su estómago dio un giro repentino-. Él está… ¿Estará bien? No está preguntando por mí porque está… está muriéndose. ¿No?
-Va a estar bien -el técnico médico sacudió la cabeza y Kurt se dio cuenta de los círculos oscuros bajo sus ojos-. Hemos trabajado en él durante horas, tuvimos que hacerle tres transfusiones. El rayo destruyó todo el lóbulo de su pulmón izquierdo, por lo que tuvimos que volverlo a hacer crecer… solo evitó su corazón por un par de centímetros. Afortunadamente, o habría estado muerto antes de que pudiéramos atenderlo. Frunció el ceño hacia Kurt.-No tardes mucho, todavía no está en su mejor condición.
-No lo haré.- Kurt ya estaba de pie y moviéndose, pasando por la puerta que antes había sido cerrada en su cara, buscando el área de recuperación, que sabía por propia experiencia que estaba hacia la izquierda. Retiró una cortina verde y allí, en una de las camillas sensoriales que mantenían al tanto de los signos vitales, vio la pálida y marcada cara de su compañero.
-¡Anderson! ¡Blaine!- Corrió el resto del camino y sólo el temor de herir más a su compañero lo detuvo de estrechar a Anderson entre sus brazos y abrazarlo con fuerza. Tuvo que contentarse con tomar una de las manos del Needler y entrelazar sus largos dedos.
-Oye, ojos azules -la profunda voz de Anderson sonaba como un susurro y su cara se veía tan pálida como la almohada sobre la que estaba tumbado-. Te he echado de menos.
-Yo también te he echado de menos. Pensé que te habías ido -Kurt escuchó las lágrimas en su voz e intentó contenerlas. Puso una mano sobre la mejilla marcada de Anderson, descubriendo lo fría que estaba, antes de quitarla de nuevo con timidez-. Pensé que te habías ido para siempre -susurró. Las lágrimas vinieron entonces, y no pudo pararlas, tuvo que dejarlas fluir aunque no quisiera. Puso una mano sobre sus ojos, sin importarle la sangre seca en sus dedos, e intentó recobrar su autocontrol.
-Hey, todo está bien, todavía sigo aquí. Hace falta algo más que un imbécil como Karofsky para tumbarme.- Las palabras de Anderson eran fuertes, pero su voz estaba llena de emoción. Kurt levantó la vista y vio los familiares ojos negros, sospechosamente brillantes.
-Supongo que la mayor parte de esto es mío, ¿Eh? -preguntó Anderson, señalando la sangre seca que cubría a Kurt.
-Sí. Habías caído cuando salí al pasillo.- Kurt respiró profundamente y secó sus ojos, tratando de recuperarse. -¿Por qué has preguntado por mí? ¿Por qué no por tus padres o tu prometida?
-Pregunté por quien quería ver, y ese eras tú -dijo Anderson suavemente-. Tenía la esperanza de que tú también quisieras verme.
-Quería. Quiero -Kurt pasó una mano sobre su cabello e intentó respirar-. Quiero decir, he estado allí fuera en la sala de espera toda la noche, o el tiempo que haya tardado. Ni siquiera sé qué hora es. Estaba seguro de que estabas muerto -escuchó como su voz se rompía en la última palabra y tragó saliva-. Tenía tanto miedo de no volverte a ver.
Anderson frunció el ceño. -Te dije que hace falta algo más que un imbécil como Karofsky para ponerme seis metros bajo tierra -miró fijamente a Kurt, apretando su mano-. Tú estuviste conmigo casi desde el momento en el que apretó el gatillo. Yo estaba bastante ido pero recuerdo cómo me sostenías. Podrías haber huido de vuelta a tu habitación y bloquear la puerta. ¿Por qué te quedaste?
Kurt bajó la mirada. -Karofsky todavía tenía el rifle apuntándote. Quería ir a por ayuda pero no me atrevía a irme por miedo a que te disparara de nuevo.
-Eso fue una estupidez -la voz de Anderson se endureció-. Deberías haberme dejado. Podrías haber sido asesinado.
Kurt sintió un estallido de cólera en algún lugar en medio de su pecho.- No, lo que fue una estupidez fue casi dejar que te graduaras y te fueras sin decirte antes cómo me siento realmente acerca de ti.
Anderson estaba serio. -Creo que sé cómo te sientes, y no te culpo. Yo lo tomé de ti, Kurt. Tomé algo que no estabas preparado o dispuesto a dar, y lo siento por ello. En aquel momento, pensé que el fin justificaba los medios. Ahora… -sacudió la cabeza, su cabello castaño se arrastró por la almohada-. Ahora no estoy tan seguro.
-No estoy hablando sobre eso -Kurt sintió como si las palabras fueran a estallar si no las decía. Por el rabillo del ojo vio al técnico médico observándolos, asegurándose de que no molestaba mucho a Anderson, pero ya no le importaba. No le importaba quién observara o quién lo supiera-. Estoy hablando acerca del hecho de que te amo -dijo mirando directamente a los ojos ámbar de Anderson-. Nunca me he sentido de esta forma antes, nunca pensé que pudiera con otro hombre. Pero… no puedo evitarlo. No quiero evitarlo.
Anderson alcanzó a acariciar su mejilla.-Yo tampoco quiero que lo evites, ojos azules. Porque yo me siento de la misma manera.
