Capitulo veteado por Teresa Saravia Serrano, Beta FFAD www Facebook com / groups / betasffaddiction
Bella POV
—¡Muévete! —me gritó Conciencia al percatarse de que todavía no hacía nada útil. Edward seguía parado en el mismo lugar, viéndome con ojos afligidos mientras yo seguía colgada del borde de su pantalón en un vago intento de detenerlo.
Después de aproximadamente cinco segundos de estar colgada de él, medité pros y contras sobre decirle a Edward quién era yo o por lo menos hacer un intento. Los pros ganaron, pues no podía ser tan malo que él lo supiese, ¿verdad?
—¡Muévete! —volvió a gritar mi impaciente conciencia y, esta vez, posiblemente la primera y última vez en mi infame vida, le hice caso, separándome de Edward. Corrí hacia fuera, tanto como mis diminutas patitas me lo permitían.
Al parecer, el clima aquí, donde sea que estemos, no estaba muy bueno últimamente, pero hoy hacía un bonito día.
Aunque el sol no brillaba con mucho ímpetu y el frío era tal que podía helarle la sangre a cualquier ser viviente, la vista que nos daba aquel frondoso bosque era hermosa, con sus grandes y espesos árboles a nuestro alrededor, el césped tan verde y suave como el de nuestra pradera y la nieve que caía con toda la calma del mundo y se extendía desde el tope de los árboles hasta varias partes del pasto. Edward salió de la cabaña arrastrando los pies como si les costase caminar, su rostro seguía contrariado de dolor mientras seguía avanzando hacia mí.
—No se cómo, pero me entiendes —me dijo, y echó un vistazo a la arrugada hoja de papel que tenía en su mano derecha, la carta.
—Cuídate —me miró por unos instantes con añoranza y luego apartó la vista. Iba a voltearse y echarse a correr pero lo detuve dispuesta a actuar de una jodida vez.
—¡No! —grité fuerte. Edward inmediatamente me miró sorprendido. Aprovechando esto, me moví rápidamente y con mis diminutas patas delanteras comencé a escribir sobre la nieve. Primero haciendo una "S", luego continué con la "o", y así seguí con las siguientes letras hasta que llegué a la última, una bastante inclinada "a" y legible, creo.
Allí mismo, al frente de mí, había dos cortas palabras un poco deformes escritas en la nieve, con una escritura relativamente entendible resaltaban leyéndose fácilmente "Soy Bella".
"Muy ingeniosa" dijo de pronto mi conciencia. ¡Dios, como la odiaba! pensé, pues nunca parecía callarse del todo. "Tú tampoco me caes muy bien" me discutió. Rodé los ojos y la ignoré para luego alzar la vista y poner mi atención en Edward, quien miraba mi escrito atónito, con sus ojos abiertos de par en par, releyéndolo una y otra vez y creyéndolo imposible.
Más pálido que nunca, Edward se acercó y con toda la calma del mundo se agachó quedando en frente de mí y de las dos palabras, de las cuales no despegaba la vista.
De pronto, la brisa sopló fuerte y temblé al sentir el frío calar en mí. ¡Demonios! ¿En qué momento el clima cambió tanto? Me pregunté al apartar la vista de Edward para ponerle atención a lo que ocurría a mi alrededor.
¡Qué extraño! De un momento a otro el clima había cambiado considerablemente pasando a ser una posible ventisca. Temblé de anticipación cuando otra ráfaga de brisa helada pasó pegando de lleno en mi pequeño cuerpecito. ¡Estúpida Madre Naturaleza! pensé viendo como Edward apartaba la vista de mi escritura para ponerla en mí.
Sus ojos ya no eran de un espeluznante negro si no del color ámbar que tanto amaba, pero no por eso dejaron de reflejar aquella tristeza que albergaba. Me perdí en ellos, era inevitable.
Aquellas dos esferas doradas me atraían e hipnotizaban, no importaba cuantos años pasaran, siempre lo hacían. Todavía perdidas en sus ojos pude distinguir todas esas emociones que guardaba dentro, nunca se me había hecho tan fácil leer sus expresiones como ahora. Dolor, tristeza, sorpresa, amor, esperanzas…
Edward extendió su brazo derecho y con excesivo cuidado me cogió en ellos y me atrajo hacia él. Me sentí en casa, por primera vez en mucho tiempo me sentí en casa. Me gustó la sensación de seguridad que de pronto me albergó, fue tan placentera que quise sentirme siempre así, segura y serena.
Volví a temblar debido a otra ráfaga y, esta vez, era mucho más helada que la otra, al parecer el tiempo empeoraba con el paso de los minutos.
Edward notó como mi cuerpo de gatito se estremecía, frunció el ceño y con mucho cuidado se levantó y caminó hacia dentro de la cabaña. Parecía temer caerse aunque, en cierto modo, aquello era más que imposible.
Al traspasar la puerta, la calidez de la cabaña me invadió, todavía tenía frío y los brazos helados de Edward no ayudaban mucho que digamos, pero prefería morir de hipotermia antes que alejarme de él. Lamentablemente Edward no opinaba lo mismo. Se separó de mí, muy rápido para mi gusto, colocándome sobre su cama.
Definitivamente, no estar en contacto con su piel y la acogedora cabaña favorecían de gran manera para calentarme aunque, sinceramente, lo que más quería en ese instante era estar en su brazos.
"Pero él no quiere eso, porque si fuese así no te habría dejado en el bosque", volvió a hablar mi conciencia. ¿Es que nunca se callaba? ¿No debía animarme y no desalentarme?
¡Maldito Fabián! Se suponía que era un brujo y hacía hechizos entonces, ¿por qué siempre todo lo referente a la magia le salía mal? Para empezar, mi transformación debía ser indolora y no convertirme en un fenómeno. Segundo, el día después de mi cambio me había atrapado en un maldito espejo. Después de eso, al tratar de sacarme volví con mi piel azul.
Así seguía una larga lista de incidentes hasta llegar a los dos últimos. Una semana antes de mi "fatídico accidente", a mi queridísimo hermano se le ocurrió la magnífica idea de colocarme una conciencia porque, según él, yo actuaba de forma inconsciente y, de vez en cuando, irresponsable. Desde aquel día tenía una maldita vocecita fastidiosa en mi cabeza que, teóricamente, me decía lo que estaba bien o mal. Después le había amenazado con tirar toda su colección de ropa si no se ponía una conciencia él también.
—Bella —me llamó Edward. Inmediatamente dejé mis recuerdos a un lado y me giré hacia él. Edward abrió mucho los ojos y entreabrió sus labios sorprendido. De todas las cosas que esperaba estaba segura que responder a mi nombre no estaba entre ellas. (esta frase no está muy clara, será: Estaba segura que de todas las cosas que él esperaba que yo respondiera, mi nombre no era una de ellas ¿?) ¿Qué estaría pensando? No tenía ni la menor idea de lo que estaría pasando por su cabeza y creo que nunca la había tenido. Todo lo referente a él era muy confuso, especialmente ahora que no estaba al tanto de nada referente a su vida.
Después de pasar la sorpresa inicial, Edward comenzó a dar vueltas por la habitación jalándose el cabello en señal de frustración. Su mirada, que por un momento se había apartado de mí, volvió esta vez viéndome con esperanza pero también con confusión, mucha confusión. Después de eso, hizo algo que de verdad no esperaba… Se fue.
Simplemente se encaminó rápidamente a la puerta y salió de la cabaña cerrándola con más fuerza de la necesaria. Se había marchado y la verdad era que no sabía si iba a volver.
Edward POV
Me estaba volviendo loco. "Sí, eso debía ser" me dije al darme cuenta de que nada tenía sentido. Según Alice, mi Bella había desaparecido hace ocho años. Al no recibir pistas del paradero de mi amor la dieron por muerta a los pocos meses, pero nunca se confirmó nada, así que en realidad existía una pequeña posibilidad de que estuviese con vida. Si así era tenía que encontrarla, asegurarme de que estaba bien.
Por un momento pensé en irme de Alaska y comenzar a buscarla, pero luego pensé en la gatita… "¿Y si era Bella?" Imposible, no podía ser ella, una persona no podía convertirse en gato, de eso estaba seguro, creo…
Por otro lado, eso explicaría el olor a fresas que desprendía su cuerpo, el brillo y color de sus ojos tan parecidos a los de ella y, por supuesto, tendría sentido su inteligencia. Ningún animal podía entenderme como ella lo hizo, asintiendo en casa afirmativo y negando en caso contrario.
Además, también explicaría el hecho de que su instinto no funcionase correctamente. Ella debía estar huyendo como cualquier animal hacía cada vez que él se acercaba más de lo necesario. En lugar de eso, ella se veía cómoda junto a él, al igual que hacía su Bella.
"Vamos Edward, no puedes estar pensando de verdad en eso. Es imposible" volví a decirme con la esperanza de entrar en razón. Pero aquello no se me iba de la cabeza, dado que todo, por más loco que sonase, apuntaba a que así era.
Ella misma lo había escrito… "Soy Bella" y había respondido a ese nombre con total naturalidad. "Los gatos no razonan y mucho menos escriben" habló mi razón. Eso era vedad, lo gatos no hacían aquella cosas, pero de igual manera los humanos no se convertían en animales.
Eché la cabeza hacia atrás y terminé de recostarme en el césped, más que frustrado. El clima había empeorado desde que salí de la cabaña y me adentré al bosque, la nieve comenzó a caer cada vez más y lo más probable es que el frío hubiese aumentado de gran manera, pudiendo helar a un humano que no tuviese lo requerido para estas condiciones.
Por obvias razones, yo no sentía frío, pero deseaba hacerlo, deseaba sentirme humano una vez más, poder derramar todas aquellas lágrimas necesarias para liberar el dolor que me comía vivo, ahora más que nunca. No sabía nada de Bella, sólo que había desaparecido y las perspectivas de encontrarla con vida no era buenas; hasta Charlie, quien la amaba profundamente, la dio por muerta.
Solté un sollozo y sentí mis ojos humedecerse, apenas una pequeña muestra de toda aquella tristeza que albergaba. De pronto, la imagen de mi dulce Bella inundó mi mente. Sus hermosos ojos marrones brillando de alegría, su cabello castaño alborotado cayendo por su espalda hasta su cintura, su pequeña cara pálida con forma de corazón y su nariz respingona un poco roja a causa del frío que hacía en Forks. Sonreí ante la imagen, era tan hermosa. ¿Era posible que un ángel como ella estuviese muerta?
Después de poder admirar aquella imagen por bastante tiempo, mis pensamientos se dirigieron al pequeño felino. Era un gatita hermosa, con pelaje blanco como la nieve y con una suavidad y pureza increíbles. En sus ojos chocolates se podía notar la compresión cada vez que le hablaba y su inteligencia al actuar pero, sobre todo, tenía aquel brillo que sólo podía pertenecerle a mi amor. "¿Y si es ella?" volví a preguntarme, pero no lo creí posible a menos que…
Inmediatamente un recuerdo muy vago, de hace muchas décadas atrás, vino a mi cabeza. Éste era de mi vida humana junto a mi madre, yo no siendo más que un chiquillo de nueve años…
…
—Mami, ¿qué pasa cuando una persona muere?¿Es cierto que mi tía Clary se fue al cielo porque Dios la necesitaba? —le pregunté a mi mami recordando lo que mi papi me había explicado.
Ella se giró hacia mí con sus hermosos ojos verdes aguados tratando de contener las lágrimas ante el recuerdo, sonrió tristemente y con dulzura se acercó a mí, me acarició los cabellos con toda la ternura del mundo.
—Mi amor, no pienses en eso. Tu tía estará bien sea donde sea que esté. Además, algún día volveremos a verla —me dijo mi mami inclinándose un poco para estar a mi altura.
Yo sonreí con inocencia. ¿Iba a volver a ver a mi tía Clary? ¿Eso quiere decir que volverá a arrullarme en las noches y me contara cuentos antes de dormir? Yo quería mucho a mi tía.
—¿Y cuándo la volveré a ver? —le pregunté esperanzado.
—No lo sé —me contestó frunciendo el ceño levemente—. Pero, de alguna forma, todos nos volvemos a encontrar en otra vida —me explicó—. Hay muchas teorías. Tal vez papi tenía razón y Dios se la llevó porque necesitaba un nuevo angelito allí en el cielo pero, ¿sabes algo? —me preguntó y, sin previo aviso, una pequeña lágrima se deslizó por su mejilla, inmediatamente alcé mi manita y se la limpié. No me gustaba verla llorar, ella debía ser feliz. Mi mami volvió a sonreír, esta vez su sonrisa abarcó más su cara y eso me gustó.
—Ella siempre estará con nosotros, en nuestros corazones. Sé que te sientes mal porque no vas a volver a verla. Yo también pasé por algo similar cuando tu abuelo murió. Lloré por días. Lo extrañaba mucho, pero después la abuela me contó que él estaba feliz allí arriba y que algún día volvería a bajar por medio de la reencarnación —me relató mi mami atrayéndome a ella.
—¿Reencarnación? —le pregunté extrañado. Nunca había escuchado eso.
—Así es pequeño, reencarnación. Cuando una persona tiene buen corazón, Dios le da la oportunidad de volver a nacer.
—¿Y cuándo va a volver? —pregunté de verdad emocionado.
—No lo sé. Tal vez en unos años, o posiblemente ahora, pero eso no lo sabemos. Su aspecto podría ser igual que antes o completamente diferente, e incluso muchos dicen que es posible volver en animales. Eso ya es de otro mundo, un mundo que todavía no conocemos. Lo que sí te puedo asegurar es que tía Clary está bien, ya sea allí arriba en el cielo o con una nueva familia en alguna parte —me explicó mi mami todavía sonriendo. De pronto se escuchó un portazo y varias pisadas que cada vez eran más cercanas.
—¡Papi! —grité feliz al verlo entrar. En seguida fui a abrazarlo, me cogió en sus brazos y me dio un beso en la frente.
—Hola pequeño, ¿qué has hecho hoy? —me preguntó mi papi acercándose a mi mami, dándole un pequeño y casto besito en la boca. Yo me senté en medio de ellos feliz y comencé a relatarles mi día, olvidándome del tema anterior…
…
Jamás había tenido un recuerdo tan claro de mi vida como humano, mucho menos siendo tan pequeño. De vez en cuando, tenía flashes de mi vida anterior. No eran ni la mitad de nítidos que este, nunca pude ver a mi madre y a mi padre tan claramente. Además, no había estado tratando de buscarlo si no que éste había llegado a mí de forma inesperada.
Últimamente, nada tenía sentido. Me quedé pensando en las palabras de mi madre. Reencarnación… ¿Era posible? Había leído algo de eso. Tenía entendido que las personas malas podían reencarnar en animales y las buenas en personas, pero eso sólo había sido en sitios web nada seguros. Tal vez podría preguntarle a Carlisle, pero sinceramente aquello no era algo que uno pudiese responder con seguridad. Nadie podía pues habría muerto y obviamente no puede volver para decir que así era, por lo que solo quedaban las supersticiones que se habían creado de una vida después de la muerte.
Después de un rato noté como el cielo comenzó a oscurecerse. Apenas sentía como si hubiesen pasado minutos, pero para que cielo llegase a ese punto debían haber transcurrido unas seis horas e incluso más.
Era hora de irme, la soledad me había ayudado a aclarar un poco mi mente, pero ya ansiaba la presencia de la gatita. Comencé a correr a velocidad vampírica. Primero hacia el pueblo, ya debían estar cerrando algunos negocios pero con un poco de suerte conseguiría un lugar donde vendiesen comida. Si de algo estaba seguro es de que Bella no iba a comerse la que es de gatos. Ojalá también estuviera abierta la biblioteca, tenía que investigar sobre el tema.
El pueblo todavía no oscurecía del todo pero, a pesar de eso, ya habían prendido la mayoría de las luces que iluminaban la ciudad para que ésta no se quedase en completa oscuridad.
Las calles ya empezaban a estar deshabitadas, por lo que avancé rápidamente al primer lugar que con seguridad cerrarían primero, la biblioteca. Ésta estaba conformada por un local bastante grande, había docenas de estantes donde se ordenaban los libros en orden alfabético divididos por cortas distancias.
Comencé mi búsqueda en la "r" esperando encontrar un libro que dijese reencarnación o algo parecido. Afortunadamente encontré uno con ese título en el decimosexto estante. El libro en sí era más que antiguo pero bien conservado, su carcasa estaba muy deteriorada y con dificultad se podía leer el título. Las páginas, al menos, parecían intactas y lo más importante, la información también.
En seguida tomé el libro y me dirigí con la recepcionista esperando que me anotara para poder largarme de un vez. Gracias a Dios, la chica lo ingresó en un sistema rápidamente por lo que sólo tuve que volver a tomar el libro e irme.
La ansiedad ya estaba haciendo acto de presencia. Deseaba ver a la gatita, quería poder sentir su pequeño cuerpo e inhalar su dulce fragancia, pero primero debía comprarle algo de comer, quién sabe cuando fue a última vez que se alimentó.
Caminé unos locales después de la biblioteca y elegí un puesto donde vendían parrilla, la carne serviría para Bella, a ella le gustaba. "Ella no es Bella" de pronto me corregí, no podía hacerme ilusiones y pensar que era ella, pues en caso de que no fuese así, me desilusionaría fuertemente. Así que sólo podía rogar que así fuese, no es que deseara que mi Bella se hubiera convertido en un gato, pero era tan egoísta que prefería aquello, siempre que yo la tuviera a mi lado…
Bella POV
Habían pasado horas y Edward no había regresado. Porque iba a volver, ¿verdad? Diablos, hacía sólo un día que lo había encontrado y al siguiente ya se iba. "Bueno, ¿qué esperabas? Para él nunca fuiste nada" habló mi conciencia. Quise contradecirla y ponerme a discutir con ella, pero no pude. La maldita tenía razón. Yo no era nada para él, por eso me había dejado, porque no me amaba. Luego recordé la forma en que Edward se había desmoronado al saber la noticia de mi "muerte". Si no hubiese sido algo para él posiblemente se lamentaría, pero no hubiese actuado de aquella forma tan desgarradora, como si de verdad fuese todo para él.
—Bella —me llamó Edward. Me sobresalté y de inmediato me giré. Edward avanzaba hacia mí con el ceño fruncido, sus ojos dorados tenían una pizca de alegría y esperanza que no había podido ver desde mi encuentro con él. Sonreí, me gustaba verlo feliz. El también me sonrió lo que hizo que mi sonrisa aumentara.
Hablando de sonreír, ¿cómo mierda estaría sonriendo? Es decir, ¿los gatos sonreían? Ni idea.
—¿Eres tú, Bella? —me preguntó Edward inseguro, sentándose a un lado de la cama. Asentí en respuesta. Edward frunció el ceño, más no pareció sorprendido, al parecer ya lo estaba asimilando.
—¿Sabes quién soy? —Rodé los ojos. Por supuesto que lo sabía, ¿en serio creía que lo había olvidado?
—Por tu reacción deduzco que fue una pregunta estúpida —dijo y asentí de acuerdo.
—¿Cómo ocurrió? —me preguntó acostándose boca abajo, su rostro cerca del mío esperando cualquier contestación de mi parte.
Esto estaba difícil, claramente no podía hablar y explicárselo, tampoco es que pudiera escribirlo afuera, debía estar haciendo un frío infernal y dentro no tenía nada con qué hacerlo. Así que opté por la opción más sencilla, encogerme de hombros restándole importancia. Edward frunció el ceño más notablemente y quiso seguir insistiendo, pero mi estómago gruñó en protesta pidiendo alimento.
¡Maldición! Siempre pensé que moriría por un ataque de rabia producido por mis hermanos, pero estaba equivocada, moriría de hambre.
Edward escuchó como mi estómago pedía comida. Se levantó y tomó la bolsa amarilla que había traído, de ella sacó una bandeja de aluminio. El vampiro la destapó y en seguida un olor inundó la habitación, carne…
No esperé mucho y en cuanto Edward colocó la bandeja sobre la cama me lancé a ella y comencé a devorarla. La comida humana jamás me supo tan sabrosa, si me preguntaban ahora diría sin dudar que estaba divina, no sé si era por el hecho que era lo único que había comido en casi cuatro días o de verdad lo estaba.
En un abrir y cerrar de ojos la bandeja ya estaba vacía y yo me comía el último pedazo de carne que había en ella.
—¿Estabas hambrienta, no? —rio Edward. Sonrió con aquella sonrisa torcida que tanto amaba pero entrecerré los ojos porque no lo encontraba nada divertido. ¡Por poco me muero de hambre! Edward volvió a soltar una risita, se veía feliz y relajado por primera vez desde hace más de ocho años, me gustaba esa faceta serena de él.
Edward alzó la mano y suavemente me acarició. Yo simplemente apoyé mi cabeza en su mano incitándolo a que siguiera. Él, al ver que me gustaba, se volvió a acostar y esta vez me atrajo a su cuerpo y me montó encima de su pecho perfecto. Gustosa me acomodé allí junto a él, sentía como el cansancio se apoderaba de mí al mismo tiempo que notaba una suave caricia por su parte. —Eres tú —Le oí susurrar antes de dejarme llevar por el cansancio y caer en un profundo sueño.
Edward POV
Ella era Bella, no tenía duda alguna. Sus ojos y sus gestos me decían todo; además, ella misma había entendido mis palabras y había asentido confirmándolo. Todavía no sabía cómo era posible, pero lo descubriría. Tal vez estaba en lo correcto y era la reencarnación, pero en tal caso, ¿por qué en un animal? Ella no merecía eso, ella merecía ser feliz, merecía todo y yo iba darle todo lo que estuviera al alcance.
Mientras veía como el pequeño cuerpo de mi amor descansaba, comencé a divagar sobre otras opciones… La reencarnación no lograba convencerme del todo. "La magia" pensé de pronto, ¿aquello existía? ¿Porqué no? Existían los vampiros. ¿Por qué no un brujo o hechicero o como sea que se llamen esos seres que hacen magia?
Aquello era un posibilidad, pero existía otro interrogante… ¿Por qué que había andando más de un siglo sobre la tierra y nunca había sabido de uno? Carlisle tampoco me había hablado de eso, pues nunca había surgido el tema ni me había interesado. "Quizás podría llamarle y preguntarle" fue mi primera idea.
Luego lo pensé mejor y me di cuenta de que llamar a Carlisle, después de más de dos años sin hablar con él, y preguntarle precisamente acerca de brujos y magia, un tema para nada normal, sería extraño. En seguida me preguntaría el porqué de mi duda y, si de algo estaba seguro, era de que si le decía la verdad me tomaría por loco y vendría él mismo a darme terapia.
Dadas las circunstancias deseché la idea y me limité a quedarme donde estaba. Primero me aseguraría de qué era lo que había pasado y luego investigaría sobre el tema, movería cielo y tierra para que mi Bella volviera a ser como antes, porque simplemente ella era mi todo…
Fabián POV
—Mucho gusto Alice, yo soy Fabián Swan —Me presenté estrechándole la mano.
—¿SWAN? ¿Estás seguro? —me preguntó Alice abriendo los ojos sorprendida. En realidad mi apellido era "Writeck", pero dado que no me gustaba y que Bella y yo nos hacíamos pasar por hermanos mellizos ante los humanos, había acogido su apellido. Para todo el mundo ambos éramos Swan, y Alex era nuestro primo de visita, con un apellido inventado, Newck.
—Sí, estoy seguro de que me sé mi apellido —dije divertido.
—Sí, sí, claro. Sólo me hizo acordar de una amiga, tiene tu mismo apellido —dijo ella con añoranza, parecía que no la había visto en mucho tiempo y la extrañaba.
Me sentí mal por la vampiresa, así que decidí animarla buscándole conversación, tal vez podría invitarla a casa para que conociera a Alex y a Bella… Detuve mis pensamientos abruptamente al recordar que mi hermana no estaba en casa, aquello me hizo borrar la sonrisa de inmediato. Por un momento pensé que cuando llegara a casa discutiría con Bella por la ropa y luego veríamos películas junto a Alex en el sillón mientras le cepillaba el cabello, siempre solíamos hacer eso los sábados.
—¿Pasa algo? —me preguntó la vampiresa al ver como mi humor había cambiado considerablemente.
No, qué va, sólo convertí a mi mejor amiga y casi hermana en un gato. Después, por dejar siempre las cosas tiradas por ahí, ella atravesó un portal enviándola posiblemente a un lugar completamente desconocido con el cuerpo de un gato. Por lo demás, nada… Por el momento no quería que se enterara de que era un mago, si es que podía llamárseme así, por lo que opté por responderle parte de la verdad.
—Lo siento, uno no debe andar contándole sus problemas a un extraño. Pero estoy preocupado, mi hermana Isabella desapareció hace dos días.
—¿Isa-bella? —preguntó tartamudeando. La miré confuso, ¿es que iba a repetir todo lo que decía?
—Sí, Isabella Swan, pero odia su nombre así que le decimos Bella —le conté.
Alice abrió su boca haciendo una perfecta "o". De verdad parecía asombrada pero, ¿porqué? Después de pasar la sorpresa inicial la vampiresa frunció el ceño con una mezcla de confusión y preocupación en el rostro. De pronto me agarró del brazo y me sentó junto a ella en el banco de al lado, la chica en sí era un poco impulsiva.
—¿Pero, está bien? ¿No sabes nada de ella? ¿Hace cuánto desapareció? —me preguntó Alice atropelladamente. Tuve que poner toda mi atención en sus palabras para poder entenderlas.
—¿Por qué te importa tanto? —le pregunté confundido a la vampiresa. Se veía preocupada y ansiosa. ¿Qué le importaba a ella si mi hermana estaba desaparecida o no? "Tal vez la conoce" pensé, pero nunca había escuchado a Bella hablar de una Alice Cullen. Aunque Cullen me resultaba conocido.
Alice entrecerró los ojos pensativa, iba a responderme, pero de un momento a otro sus ojos perdieron por completo el brillo y se quedaron fijos en un mismo sitio mirando al vacío.
—¿Alice? ¿Estás bien? —le pregunté sacudiéndola. Por más que la sacudía, seguía sin responder.
Vale, esto era extraño. "No estaba muerta, ¿verdad?" pensé buscando su pulso, pero en seguida recordé que ella era un vampiro y, en cierto modo, estaba muerta, así que obviamente no tenía pulso. Volví a sacudirla, pero nada. "Mierda" pensé, "¿por qué todo lo extraño siempre me sucede a mí?" Antes de que pudiera intentar cualquier otra cosa se despertó; sus ojos brillaron con vida e incertidumbre nuevamente. Tan rápido como cualquier rastro de vida había desaparecido, había vuelto.
—¿Estás bien? —volví a preguntar. No me respondió, y en lugar de eso sacó de su bolso un celular último modelo, de esos iPhone 10. La vampira comenzó a marcar desesperada.
—¿Qué pasa? —Volví a preguntar de verdad confundido. Veía como se pegaba el aparato al oído escuchando como comunicaba, más no contestaba. A ella no parecía importarle el hecho de que no la atendieran y en vez de esperar y llamar más tarde volvió a intentarlo ansiosa.
—Por el amor de Dios, ¿quisieras responderme? —dije molesto al ver como me ignoraba. Tenía que insistirle, aquel apellido de verdad me sonaba. Estaba casi seguro de que lo había oído y de que Bella era quien lo había mencionado hace años…
—¿Y a ti, qué te importa? —Me contestó de mala gana volviendo a marcar.
—Hace un momento me preguntabas por mi hermana y ahora me ignoras —le critiqué. La vampiresa suspiró y despegó el teléfono de su oreja.
—Lo siento, es verdad. Es sólo que mi hermano Edward está a punto de hacer algo muy, pero muy estúpido —dijo la vampiresa viendo de mala gana el teléfono al ver que por más que llamaba nadie le atendía.
Si era su hermano, quería decir que su apellido era el mismo, Edward Cullen. ¡Maldición! ¿Por qué no lo descifre antes? Era más que obvio, aquella vampiresa era la hermana del vampiro que años atrás le había hecho tanto daño a mi hermana. No sólo eso, ella seguía sufriendo por él, lo amaba a pesar de todo el daño que le había causado. De pronto, un profundo odio hacia aquel chico me dominó, lo mataría por haberle causado tanto pesar a mi hermanita.
—¿Puedo ayudarte en algo? —dije mostrándome generoso. Tenía ganas de conocer al maldito capullo ese, pero primero tenía que encontrar a Bella, a no ser claro que… Por supuesto, ¿por qué no lo pensé antes? Si el espejo te llevaba junto a una persona deseada y, muy a mi pesar Bella seguía enamorada de Edward, lo más probable es que ella esté con él o cerca suyo.
—No, está bien. Tengo que irme a Alaska, no tengo mucho tiempo —dijo la vampiresa yéndose y marcando nuevamente el teléfono.
Ya tenía un lugar en donde buscar, Alaska. Si Bella no había cambiado sus sentimientos, como yo sospechaba, entonces estaría allí. Sin pensarlo mucho imité a la vampiresa y saqué el celular que Alex me había regalado el mes pasado, rápidamente marqué el número dos de marcación rápida y me lo pegué a la oreja.
—Alex, empaca tus cosas, nos vamos a Alaska.
….
Ya tenia listo el capi desde el jueves pasado pero estaba esperando que me lo entregaran corregido. Ya empecé el capítulo siguiente apenas tienen tres páginas pero en cuanto lo tenga lo subo esta vez no esperare tanto…bueno gracias por leer y muchos más por la personas que se toman el tiempo y comenta es muy animador saber que a personas le gusta mi historia...
Si eso es todo prometo tener el capítulo listo para el domingo…..
