Capitulo veteado por Teresa Saravia Serrano, gracias teresa

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Bella POV

¡Puta ventana! —Pensé cuando la luz se filtró por ella y me dio de lleno en el rostro. ¿Por qué siempre se me olvidaba voltearme al lado contrario de la maldita ventana? Desesperada intenté tapar mi rostro con las cobijas, pero en el intento me di cuenta de que no estaba en mi cama, sino sobre algo frío y duro. Desconcertada fui abriendo poco a poco los ojos, acostumbrándome a la luz del sol. Con esfuerzo logré enfocar la habitación, dándome cuenta de que lo ocurrido estos últimos dos días no había sido un sueño, sino que en realidad estaba pasando.

El mentecato de Fabián me había convertido en un estúpido gato de mierda, había atravesado un portal con apariencia de espejo, me había encontrado con el amor de mi vida que años atrás destrozó mi corazón y ahora estaba descansando en su pecho donde al parecer había dormido toda la noche. Por si fuera poco, él me miraba fijamente con sus ojos dorados que reflejaban ternura y con una sonrisa torcida encantadora. Al notar esto mi corazón empezó una marcha acelerada, el susodicho sonrió más notablemente e incluso se río. Maldito vampiro con oído supersónico.

—Tu corazón late rápido —dijo pasando sus dedos suavemente por mi cabeza.

Instintivamente ronroneé y estrujé mi pequeña cabecita contra su mano. —¡Maldito instinto felino! —Pensé. Odiaba cuando aquellos instintos animales controlaban mi razón, me hacían parecer más un gato.

—¿Sabes? Todavía me cuesta creer que realmente eres tú —habló Edward mientras seguía con su caricia.

Mi "yo gatuno", como había decidido llamar a mi instinto felino, respondía complacido. Definitivamente en cuanto pudiera haría trizas a Fabián y quemaría toda su ropa, pero esta vez tenía que recordar sacarla de la casa primero, no fuera a pasar lo de la última vez…

Al cabo de unos cuantos minutos me alejé de Edward, la caricia era relajante y placentera, pero sinceramente odiaba actuar como un puñetero gato.

—"Bueno, ahora eres uno, ¿qué esperabas?" —habló mi conciencia siempre molestando en los mejores momentos. Ya decía yo que estaba muy calladita—. "Se supone que debo decirte lo bueno y lo malo, la realidad y la fantasía. Aquí la verdad es que eres un gato y yo soy una jodida vocecita que te estará mortificando toda tu existencia" —dijo ella. Le di la razón en lo de ser una jodida voz, pero lo de mortificarme mi existencia no sonaba tan bien…

—¿Adónde vas? —me preguntó Edward al percatarse de que me alejaba de él y me paraba a un lado de la cama con la intención de pegar un salto y bajarme de ella. Me encogí de hombros, pues otra respuesta además de asentir y negar era imposible.

No pensaba pasarme todo el día en la cama, para empezar tenía hambre, así que tenía que buscar algo de comer y luego… ¡Demonios! No tenía nada, era más que obvio que tenía que encontrar a Fabián. Podía pedirle ayuda a Edward pero, ¿cómo? No es como si pudiera hablar, así que solo me quedaba una opción.

De inmediato miré hacia la ventana, estaba nevando y muy fuerte, ¿pero qué mierda? Hace un momento había sol. Jamás había visto el clima cambiar tan repentino a ser que… ¡Fabián! —Pensé rápidamente. Una vez había realizado un hechizo de transportación hacia Forks y había visto como el clima cambiaba y también como el sol estuvo en el cielo por más de 5 días seguidos, algo que en Forks era más que extraño. Mi viaje debía haber alterado el clima, pero sólo había sido yo, es decir, que la magia no era tanta y no debía modificar el clima demasiado. ¡Que extraño!…

—El clima ha estado un poco extraño últimamente —comentó Edward frunciendo el ceño al ver como la nieve cada vez caía más fuerte.

Algo me decía que no saldría de aquí muy pronto. Siempre pasaba algo nuevo, la mala suerte me perseguía, y a este paso me quedaría como un gato para siempre. Este pensamiento bajó mis ánimos considerablemente y temblé de miedo ante aquella posibilidad. Debía tener fe. Fabián y Alex debían estar buscándome y, por bruto que fuera, Fabián solucionará esto. Siempre lo hacía, empezaba haciendo un desastre pero de alguna u otra forma lo solucionaba, esperaba que esta no fuese la excepción.

—¿Estás bien? ¿Tienes frío? ¿Quieres una manta? —preguntó Edward con ansiedad cuando notó como me estremecía. Sonreí con todas mi ganas sintiendo como una calidez bastante agradable se extendía por mi pequeño cuerpecito. Era reconfortante ver que Edward seguía cuidándome de aquella forma suya, tan protectora, como si de verdad le importara, como si de verdad me quisiera… De pronto el ánimo tan optimista con el que había despertado se esfumó al darme cuenta de la realidad.

—"¡Por Dios! ¿Es que no te das cuenta de nada? ¿Acaso no viste como reaccionó al creerte muerta, la esperanza en sus ojos cuando le dijiste quien eras o la forma en que te mira y se preocupa por ti? ¡Abre los ojos! ¡Ese chico te ama!" —Conciencia habló tomándome desprevenida.

Me sorprendí, aquello realmente no me lo esperaba. Desde que a Fabián se le había ocurrido ponerme conciencia, ésta había estado peleando todo el tiempo conmigo. Esta vez parecía que había hablado con razón, muy segura de lo había visto y no para mortificarme o llevarme la contraria.

¡Qué extraño! —Pensé ante su actitud, pero lo que de verdad me sorprendió fueron sus palabras. ¿Sería verdad? ¿Edward me amaba? ¿Por eso se preocupaba tanto por mí? ¡Joder! ¿Porque todo tiene que ser tan confuso? Ve el lado bueno, al parecer Conciencia trata de ayudarte, ella no miente me dije.

—"¿Ves? No soy tan mala como pensabas" —dijo ella. Quien sabe, posiblemente podríamos llevarnos bien y convivir juntas, si es que Fabián no se deshacía de ella primero—. "¡Convivir juntas!" —bufó Conciencia—"¡Si ya estás pensando en deshacerte de mí! Buena suerte con eso" —se quejó verdaderamente ofendida. Toda esperanza de cualquier buena relación se esfumó tan rápido como apareció.

—Bella ¿qué pasa? —escuché la voz de Edward impregnada de preocupación. Sorprendida, puse mi atención en Edward, me había olvidado de él y de cualquier ser viviente. Fabián siempre se quejaba de eso, en un momento estábamos hablando entretenidos y al siguiente estaba con la mirada en la nada, pensando en quién sabe qué y olvidándome de todo a mi alrededor.

—¡Bella! —me llamó Edward alzando la voz más de lo necesario, haciéndome reaccionar de una vez por todas. Edward frunció el ceño— ¿Estás bien? —volvió a preguntar por milésima vez.

Asentí a duras penas, un poco desorientada y pensativa al ver cómo me miraba con aquella preocupación latente. De inmediato me pregunté de nuevo si Conciencia tendría razón. Edward me miró inseguro no muy convencido de mi respuesta. Cada vez me sorprendía más lo sobre protector que era, eso quería decir que para él yo era importante pero… —¿Qué grado de importancia me daba? —Me pregunté mirándolo con atención.

Mi vampiro estaba tan pálido y perfecto como siempre, llevaba encima una remera negra unicolor y unos jeans bastantes desgastados. Si Alice le viera le daría algo, me dije divertida todavía analizando su vestimenta. Hasta el punto que me perdí de lleno en él. A pesar de llevar ropa para nada favorable, ésta no le hacía lucir mal, sino que seguía igual de sexy que siempre.

—¿Ves algo que te guste? —me preguntó Edward con un toque de burla. Todavía podía percibir parte de ansiedad en él pero, al menos la preocupación había desaparecido.

Negué apenada. Ya me había pillado mirándolo, no iba admitir que la vista desde aquí era más que espléndida. Al menos no me podía sonrojar, porque sino ya estaría descubierta.

—Voy a hacer como que te creo —se rió acostado boca abajo para quedar a mi altura y solo a unos diez centímetros de mi rostro—. Dime, ¿qué te gustaría hacer hoy? —preguntó sonriendo de aquella forma que me derretía.

Estaba de muy buen humor, al contrario de los días anteriores que parecía triste y depresivo. —¿Qué lo habrá hecho cambiar? —Me pregunté. ¿Habrá sido el hecho de que ahora sabía que estaba bien y no muerta? No quería saber la repuesta, pues si esta era un sí, me haría ilusiones que después se convertirían en desilusiones y en un dolor insoportable.

Sonreí animosamente escondiendo debajo la tristeza que de pronto me invadió. No quería que Edward lo notara. Él siempre estaba al pendiente de mí, así que rápidamente salté de la cama y corrí hacia la puerta de madera que parecía más vieja que yo. Afinqué mis patas delanteras a la puerta y con mi hocico señale la ventana. Quería salir, llevaba encerrada desde ayer y me iba a dar algo, además, tenía hambre y aquí no había comida.

—¿Quieres salir? —me preguntó Edward inseguro. Asentí convencida.

—¿Para qué? —Arrugó la frente. Al parecer él no tenía las mismas ganas que yo de salir de esta pocilga, aquí seguía oliendo mal.

Rodé los ojos. ¿No podía simplemente abrirme la puerta? Podía cuidarme solita y conseguir comida. —"Sí, claro" —se burló Conciencia—. "La última vez que pisaste tierra tu sola, estuviste a punto de ser devorada por tres perros y de ser arrollada por un camión". Ya decía yo que estaba muy calladita. Me quejé pensando en una forma de responderle a Edward, pues este seguía esperando una respuesta. Con cuidado de no saltarme nada busqué con la mirada algo que me facilitara la tarea, había libros, discos, una cama, polvo y polvo, más polvo y… La bolsa negra donde Edward había traído la carne de ayer, serviría, era mejor que nada.

Casi de inmediato avancé hacia lo que antes había sido una bandeja llena de carne y, en cuanto llegué, busqué entre la bolsa. Con mi pequeño hocico tomé la bandeja de aluminio y la saqué para que Edward la viera. Este frunció el ceño levemente confundido. Seguía sin entender a que me estaba refiriendo. Bufé exasperada, definitivamente la mímica no era lo mío. Comencé a buscar otra forma de comunicarme, pero antes de darme cuenta mi estómago estaba resonando pidiendo alimento.

—¿Tienes hambre? —me preguntó cuando la comprensión llegó a él. Rodé los ojos, ¿es que acaso no escuchaba como mi estomago gruñía?

—Tienes hambre —afirmó Edward. Asentí levemente molesta con Fabián, por su maldita culpa estaba atrapada en este pequeño cuerpo de animal sin alguna posibilidad de hablar. —¡Perfecto! —Pensé sarcásticamente.

—"No te quejes tanto, por lo menos estas con Edward" —dijo Conciencia, y con eso todo mi mal humor se esfumó. Estaba con Edward y lo aprovecharía al máximo…

Edward POV

¡Qué extraño! —Pensé al ver como el clima cambiaba tan rápido. Hace un momento el sol brillaba en lo alto del cielo sin ningún impedimento, y al siguiente, la nieve caía fuerte sin ningún rastro del sol. Miré el cielo extrañado, pero seguí con mi recorrido. Corrí a paso vampírico hasta llegar al final del bosque donde ya estaba a la vista de cualquier ojo humano curioso, así que tenía que actuar con normalidad. Lo más normal posible para un vampiro de más de un siglo.

Mientras seguía avanzando sentí como Bella se estremecía en mis brazos. Instantáneamente me detuve y la miré buscando algún signo que me dijera qué estaba mal. Bella parecía tan frágil e indefensa con ese pequeño cuerpo y más con el frío que nos rodeaba, pues temblaba cada cierto tiempo y al parecer se removía en busca de calor. Al darse cuenta de que me detuve levantó su cabecita echando sus pequeñas orejitas para atrás y mirándome con sus grandes y hermosos ojos chocolate.

—¿Tienes frío? —le pregunté. Ella asintió de inmediato y me sentí mal. Al sacarla, yo había sido consiente de la temperatura tan fría del exterior y no me había detenido a pensar en las consecuencias de mi acciones. Rápidamente me saqué la chaqueta y la envolví en ella con cuidado. En seguida me dirigí al primer local que encontré. Una cafetería de nombre "El buen comer". No era muy grande, más bien podía llamarla acogedora, a un extremo del local se encontraba una barra de madera con varias sillas donde algunas personas comían felices. El resto del espacio estaba distribuido por unas siete mesas con coloridos manteles de cuadritos azules y verdes. El suelo de madera estaba completamente impecable y sus paredes pintadas de un color verdad manzana le daba un toque armonioso. Las personas parecían disfrutar de la comida, por lo que suponía aquel era buen sitio y tampoco era muy llamativo, me parecía un lugar perfecto para que mi ángel comiera.

Al entrar sentí las miradas de todo ser viviente en esta cafetería, traté de ignorarlas y tomé asiento en una de las mesas más alejadas. Ya estaba acostumbrado a esto. Al menos nadie notó a mi ángel, pues la traía envuelta en mi chaqueta y sólo habían podido notar un montón de tela.

Menos mal —Pensé viendo como una chica rubia me miraba fijamente devorándome, me sentía violado. Me estremecí y con cuidado coloqué a Bella junto a la chaqueta en la silla, tapándola con la mesa y la pared de la vista de los demás, tenía un pequeño presentimiento de que aquí no se permitían animales.

—No te muevas. Pido unos huevos revueltos y vengo en seguida —le dije antes de esconderla detrás de la mesa. Caminé a paso humano a la barra todavía sintiendo la mirada de la rubia… "¡Pero que chico más bueno y violable! Provoca tenerlo desnudo y esposado…" —¡Para, no lo escuches, ignóralo! —Me dije al ver hacia donde iban sus pensamientos. Definitivamente iba a tener un trauma severo si cada vez que me encontraba con una chica ella me veía en una situación muy comprometedora y con falta de ropa.

Tenso, llegué a la barra y me senté junto a un chico un poco extraño. Su efluvio era muy dulzón para ser humano, eso lo sabía, pero tampoco se parecía a un licántropo. ¿Qué era? ¿Había más seres mitológicos que vampiros y licántropos? Me pregunté mientras examinaba al chico. Su tez era levemente morena y junto a su cabello negro, que le llegaba un poco más arriba de los hombros, le daba un toque rebelde. Sus ojos eran impactantes, de un azul turquesa. Vestía con unos jeans ajustados y una chaqueta igualmente ajustada que parecía bastante cara y sacada de esos desfiles de moda a los que a Alice les encantaba ir. El chico con olor extraño notó mi mirada y se giró hacia mí, arrugando tenuemente la frente, confuso.

—¿Y tú, qué miras? —preguntó. De la misma forma que yo, él me examinó. Él no era humano y él sabía que yo tampoco lo era.

—Sólo me pareciste conocido —le dije mostrando indiferencia. Lo mejor era "fingir demencia" como decía Alice, yo no vi nada y no sé nada. El hizo lo mismo y se dedicó a comer, yo en cambio me giré y me aseguré de que mi ángel estuviese bien. La mesa se encontraba totalmente sola y escuchaba como su corazón latía, eso era bueno, más no podía verla pues seguía escondida debajo de esta y aquel mantel de cuadritos que no dejaba nada a la vista.

De pronto sentí una terrible ansiedad, pero decidí ignorarla, ella estaba bien, nada le pasaba me dije y me giré nuevamente a la barra tratando de llamar la atención de una camarera. Ninguna pareció hacerme mucho caso, cada una estaba ocupada atendiendo a otra persona. Solté un suspiro, sólo me quedaba esperar.

—Buenos días jovencito, ¿en qué puedo ayudarle? —me saludó después de unos minutos una señora de unos cincuenta años bastante agradable. En ese preciso instante, el chico que estaba a mi lado se levantó de un salto de su silla de una forma que podía considerarse un poco brusca, curioso, iba a voltearme a ver el porqué de la reacción del chico, pero al final decidí ignorarlo y no perder tiempo.

—Buenos días —le sonreí, al menos no me había tocado una de esas camareras que se la pasaban inhumándose.

—¿Qué tiene para comer? —le pregunté, pensando en qué le gustaría a mi Bella. Volví a darme la vuelta asegurándome de que no había nadie cerca y me giré esperando la respuesta de la amable humana.

Bella POV

En cuanto le había dicho a Edward que tenía frío había salido volando hacia el primer local que encontró, que desafortunadamente, no permitía animales. Había podido ver el pequeño cartelito que me lo indicaba antes de que mi sobre protector vampiro me cubriera con su chaqueta. Aquello, aunque exagerado, me hizo sentir muy bien, no sólo porque el frío disminuyó, sino porque me encantaba saber que para Edward era alguien importante y, qué mejor forma de demostrármelo que cuidándome de aquella manera.

Sentí como Edward seguía andando, pero yo no veía nada dado que me había envuelto completamente. No sabía si era para aumentar mi calor o para que nadie viera que traía consigo a un animal. Bufé ofendida hacia aquella palabrota. ¡Yo no era un animal! —"Ja, ¿entonces qué eres?" —habló Conciencia. ¿Por qué siempre se metía en lo que no le importaba? —"Soy sólo una vocecita creada por magia, ¿recuerdas? No puedo hacer otra cosa que no sea hablar, así que te mortifico. Si no me encuentras otro pasatiempo, hablamos. ¿Te parece?" —Me dijo irónica. Rodé los ojos irritada, algún día me desharía de ella, aunque fuese lo último que hiciera…

A los pocos segundos sentí la calefacción de la tienda. ¡Gracias a Dios! Por un momento, cuando Edward corría por el bosque creí morir de hipotermia. Me removí entre el suéter de Edward, no era tan malo, estaba impregnada de su magnífica esencia, además de proveerme calor suficiente.

—No te muevas. Pido unos huevos revueltos y vengo enseguida —me dijo antes de colocarme sobre una superficie plana bastante cómoda. ¿Quedarme dónde? No veía nada, ni a nadie, esta chaqueta era más grande de lo que pensaba. —"Por eso te metes en tantos problemas, siempre tienes que andar por ahí de curiosa, ¿acaso no te han dicho que la curiosidad mató al gato?" —dijo Conciencia cuando al fin pude salir a la superficie, y aspiré profundamente.

Dulce aire, me encantaba la fragancia de Edward y aquello no lo podía negar, pero ahora que estaba en un establecimiento con una calefacción al máximo no era recomendable estar dentro de esa cazadora. Iba a terminar por morir asfixiada y no por un ataque de rabia producido por mis hermanos, como siempre he supuesto.

Un mantel de cuadritos azules y verdes, fue lo primero con lo que me topé al salir de mi encierro "chaquetístico".

—"Sabes que esa palabra no existe" —habló Conciencia.

—¡Tú no me molestes! —La callé enfurruñada mientras buscaba una forma de ver a mi alrededor y no caerme de la silla. Traté de saltar por encima de la mesa pero no llegaba. Exasperada decidí bajarme de la silla.

—"¿No te dijeron que te quedaras tranquilita?" —Se quejó nuevamente Conciencia.

Sólo quiero ver en dónde estoy, eso no tiene nada de malo —le expliqué rodando los ojos. Avancé al borde de la silla con cuidado, dispuesta a bajar. Por más cuidado que tuve al caminar mi torpeza natural salió a flote y de alguna extraña forma terminé enredándome con la, ahora estúpida, chaqueta y cayendo con ella de la silla. Afortunadamente, la prenda acolchonó mi caída, pero no por eso, no dolió, porque mierda… sí que lo hizo. Sentí el suelo chocar contra mi columna, mi ahora muy dolorida columna vertebral. ¡Maldita Madre Naturaleza! ¿No se suponía que los gatos caían de pie?

Esperé unos segundos y, cuando parte del dolor punzante en mi pobre y lastimada espalda pasó, me arrastré saliendo de mi escondite con cuidado de todo ojo curioso, para después ubicar a Edward. Como ya saben, lo primero que vi al bajar fue el duro, muy duro y sólido suelo de madera, pero luego pude observar la acogedora cafetería, ya había estado aquí.

Hace unos años yo había viajado junto a Fabián y Alex a Alaska. A eso nos dedicábamos, a viajar sin paradero alguno, parecíamos nómadas, solo que en vez de pasarnos todo el día corriendo, nos parábamos a descansar porque simplemente Fabián y yo lo necesitábamos.

¡Cómo no lo reconocí antes! —Me quejé conmigo misma. Habían cambiado algunas cosas, pero en realidad eran cosas mínimas. Algunas carreteras nuevas, también nuevos establecimientos. El parque lo habían remodelado y todo se veía tan grande… —"¿No será que tu te encogiste?" —dijo sarcásticamente Conciencia. Bufé y estuve a punto de ponerme a discutir con ella, ya molesta. ¿Es que acaso no podía guardarse sus comentarios? Todo esto era culpa de Fabián, culpa de él y de su maldita idea de ponerme una vocecita molesta y parlanchina que se hace pasar por una conciencia.

Como dije anteriormente, "estuve a punto" porque en cuanto tuve la vista completa de la pequeña cafetería pude ver las paredes pintadas de un verde manzana en la parte de arriba. En la de abajo había unos dos metros de pintura negra, mesas no muy altas con personas charlando en ellas y comiendo felices y la barra. Allí no sólo estaba el amor de mi vida, sino también un chico pálido, cabellos castaños, morenos, ojos raros, ropa ajustada y a la moda… ¡FABIAN! ¡DIOS ERA ÉL! Y justo en el momento en que pude localizarlo éste se giró a Edward y le dijo algo que no pude oír.

Rápidamente avancé a la barra pegada de la pared intentando no ser detectada por ningún ojo humano y aprovechando que el muy sólido suelo, ya comprobado, era oscuro y la parte baja de la pared era de igual color que la chaqueta. La tomé. La utilicé de camuflaje, como habían hecho en una película de comedia que había visto con los chicos hace décadas. Caminé velozmente, pegada siempre a la pared y todavía con la chaqueta encima. Justo cuando estaba a punto de llegar a la barra, que también estaba pegada a la pared, tuve que pasar una mesa donde madre e hijo desayunaban tranquilamente. Por desgracia no pude pasar tan infraganti.

—Mami, ¡mira! —dijo un pequeño de unos cinco o seis años apuntándome con su pequeño dedito. Me quede inmóvil.

—"¡Corre!" —gritó Conciencia diciendo, por segunda vez en su vida, algo realmente útil. Sin otra opción, le hice caso. —¡Qué mierda! —Me quejé ante mi poca habilidad de espionaje, al menos ya estaba cerca de la barra y en un abrir y cerrar de ojos ya me encontraba en ella al lado de la silla de Fabián y Edward. Este último justo se había girado a ver a la camarera pidiendo la orden. Fabián, en cambio, había apartado la vista de él y ahora me miraba a mí de forma dudosa.

—¿Eres tú? —dijo solo moviendo los labios. Fruncí el ceño. ¿Por qué hablaba de aquel modo? Como si no quisiese que alguien lo escuchara. Después le preguntaría. Asentí efusivamente, feliz de verle. Eso fue todo lo que necesitó mi hermano para lanzarse de la silla y cogerme en brazos, cazadora incluida.

Justo después salió de la cafetería y se metió en el callejón más cercano, haciendo de inmediato su clásico hechizo de transportación. Como ya estaba acostumbrada, no me sentí tan terriblemente mareada en el momento en que todo se volvió negro. Segundos después, la vista volvió a mi y pude observar una pequeña habitación iluminada bastante acogedora. ¡Qué mierda!

—Bells, ¿eres tú? —gritó Alex saltando de la cama donde anteriormente había estado recostado…

¿Qué mierda estaba pasando?

Edward POV

La camarera muy amablemente anotó mi orden y yo le agradecí de la misma forma. Ansioso, me encaminé hacia la mesa del fondo, pero me detuve abruptamente cuando escuché los pensamientos de un pequeño de unos pocos años…

"¡Qué lastima que el señor se llevara al gatito! A mí me gustaba mucho" se lamentaba recordando como el chico raro se levantaba de su silla y tomaba al gatito blanco, a mi Bella… Abrí mis ojos sorprendido y preocupado. ¡No! Esto no estaba pasando, traté de convencerme llegando a la mesa y vi como efectivamente ella no estaba ahí.

—¡No! —grité negándome a creerlo y con los ojos atónitos de los humanos todavía en mí. Salí de la cafetería. La encontraría. Ella debía estar bien, me convencí sintiendo su aroma. Esto no me alivió en absoluto, pues no estaría bien nuevamente hasta tenerla protegida en mis brazos. Sin perder tiempo seguí su aroma desesperado y éste me llevó a un callejón bastante cercano. No estaba, ni ella ni el chico, más su rastro terminaba ahí. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué se la había llevado?

—¡No! —grité más fuerte apretando mis puños con fuerza. Iba a encontrarla, de alguna u otra forma lo haría, y luego mataría al chico si se atrevía a hacerle daño. De golpe solté toda la presión acumulada en mis palmas y en seguida salí del callejón. No podía perder tiempo.

Primero que nada gracias a todos por sus comentarios, en verdad me animan mucho…

Segundo, ya se que me quieren matar y que los e dejado en suspenso, pero ya e empezado con el próximo, pero sigo sin saber cuándo actualiza porque como ya saben mi pobre computadora sigue dañada asi que dependo de la Tablet de mi papa y la computadora de mi hermanita para escribir

tercero y ultimo …les gusto el capi? Que creen que aga Edward? Como ya saben luego les envio un adelanto a su cuentas de ff y nos leemos luego

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