Capítulo 7
Capítulo beteado por Teresa Saravia Serrano
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Fabián POV
—¿Si fuera un gato, dónde me escondería? —Me pregunté terminando de acomodar algunas prendas en los pequeños cajones del hotel. —"¿No crees que Bella estará buscándolos y no escondiéndose?" —dijo Fili respondiendo a mi anterior pregunta; al menos él intentaba animarme.
Al principio creí que tener una vocecita en mi cabeza sería irritante, pero al pasar los días me di cuenta de que me había ganado un amigo, así que en vez de llamarla conciencia había decidido ponerle por nombre Fili. Me parecía un nombre que llevaría un chico genial de esos que siempre sonríen amablemente y se llevaban bien con todo el mundo. La verdad no sabía por qué Bella se llevaba tan mal con su conciencia si eran de lo más agradables.
Si nos poníamos a pensarlo, Bella podía ser algo amargada y depresiva cuando se lo proponía, nunca la había visto reír a carcajadas, sonreír con verdadera y latente felicidad, ni mucho menos había visto sus ojos brillar de alegría. Me sentí mal al mismo tiempo que un intenso odio me embargaba, todo era culpa de ese chico que le había roto el corazón, maldito capullo, en cuanto lo encontrara lo mataría.
—Fabián, levántate. Hay que comenzar a buscar —Escuché la voz de Alex, de inmediato me giré y lo vi entrando a la habitación. Estaba vestido con uno de esos pantalones que había comprado de la colección pasada y una chaqueta gris un poco holgada que había adquirido Bella un año atrás. Como a Alex le había encantado, a los pocos días había desaparecido del armario de ella, iniciando un eterna pelea entre ambos. Cada vez que a Bella le apetecía ponerse la cazadora a Alex le pasaba lo mismo y viceversa. ¿Qué maldito encanto le veían a la cosa esa? ¡No sólo tenía una hermana que odia la moda, si no también un hermano que la ignora alegando que nada de eso era importante! —"Cálmate Fabián, recuerda que no todos tenemos los mismos gustos ni hobbies" —habló Fili tratando de mediar conmigo. Rodé los ojos, ni mi conciencia me entendía, ni a mí ni a la moda, por lo menos era un voz y no se vestía. Con dos era más que suficiente.
—¡Ya voy! —Le respondí después de soltar un largo suspiro, más de frustración que de cansancio. Ayer habíamos pasado toda la tarde buscándola pero no habíamos encontrado nada.
—Fabián, sé que ayer no dormisteis bien pero no tenemos tiempo que perder, además, ya sé dónde buscar —me dijo al mismo tiempo que una deslumbrante sonrisa se extendía por su rostro.
Abrí los ojos como platos, anonado y lleno de emoción. —¡Me hubiera dicho antes! —Me quejé un poco molesto. ¿Desde cuándo lo sabía? Hubiéramos podido ir a buscarla en seguida.
—No lo sé con exactitud, es sólo es una suposición —me aclaró Alex rápidamente al ver mi expresión. La emoción de hace un momento se disolvió dejando paso a la decepción. Sabía que no debía desanimarme pues encontrarla, considerando lo grande que era el mundo, no era nada fácil. Suspiré profundo por tercera vez en el día, y eso que apenas estaba comenzando.
Me senté en la cama de un sopetón y en seguida alcé la vista fijándome en Alex muy detenidamente. Su rostro estaba igual de pálido y perfecto que siempre, con sus clásicas ojeras debajo de sus ojos miel; su nariz perfilada y rasgos definidos le daban un toque serio, de lo que no tenía nada, o por lo menos anteriormente, porque ahora su rostro carecía de aquella sonrisa despreocupada y burlona que acostumbraba a lucir.
No se parecía nada al Alex que había conocido hace años. La desaparición de nuestra hermana no sólo me tenía ansioso y preocupado a mí, también a él. Aquella curva hacia abajo en sus labios y sus ojos dorados inundados de incertidumbre lo demostraban.
—Alice planeaba tomar el avión 180, ¿verdad? —Comenzó a hablar Alex después de un segundo de silencio. Sin perder tiempo, se acercó al gran croquis de toda Alaska que habíamos comprado en el aeropuerto. Era enorme y por lo tanto útil, nos mostraba cada uno de los lugares esenciales y pueblos que existían, e incluso algunos hoteles y bosques.
—Ese vuelo debió haberla llevado al aeropuerto de Nuevo Brunswick —siguió hablando sin esperar respuesta. Señaló un dibujo de un avión, indicando no solamente el aeropuerto y el destino de Alice, sino también nuestro paradero.
—Como ya sabes, hemos estado buscando por todas la zonas de la ciudad. Su aroma no está en ninguna parte por lo que deduzco que no está aquí, sino allí. —Señaló esta vez un pequeñísimo espacio de color verde con manchas más oscuras a su alrededor. Incliné mi cabeza hacia un lado intentado buscarle una forma a esas manchas.
—¿No lo entiendes? —Me preguntó frunciendo el ceño. Sin darme tiempo a responderle, volvió a hablar—. Este es el pueblo más cercano. Queda a sólo dos horas, además es el más nublado de todo Alaska y como podemos ver aquí —señaló todas las manchas verdes— su vegetación es abundante y tiene grandes bosques, y donde hay bosque hay animales y esto significa…
—Que el vampiro tiene una fuente de alimento y la seguridad de salir a la luz del día —completé yo emocionado. Por primera, y tal vez última, vez en mi vida podía decir que Alex era un puto genio, pues todo lo que había dicho hasta ahora tenía lógica. Edward debía estar en ese pueblo y si él estaba allí Bella también debía estar con él o cerca de él. ¿Por qué no lo pensé antes? Era más que obvio que el vampiro buscaría lugares poco soleados y con abundante fauna. Al menos ya teníamos una idea.
—Alex ve a buscar sal y mi libros de hechizos —le pedí levantándome de un salto. Teníamos que empezar a buscar ya y no perder tiempo. En coche perderíamos mucho, era mejor utilizar la magia. Por sorprendente que suene, Alex no se quejó por el uso de magia, él también sentía deseos de encontrarla de una buena vez, estaba igual de preocupado que yo. Pronto no habría razón de estarlo, lo sabía, porque aunque sólo haya sido una suposición de Alex, algo me decía que ella estaba allí, en ese pueblo, y por lo tanto, movería cielo y tierra para encontrarla. Si algo había aprendido, era que la familia era un tesoro y yo sólo tenía dos hermanos a los que amaba, no importando si no compartíamos sangre. "La familia es aquella que te apoya y te quiere incondicionalmente" había dicho mi hermana hace ya siete años.
….
—Fabián, creo que lo mejor será que vayas a comer de una buena vez —me aconsejó Alex un poco cansado. Esta no era la primera vez que me lo pedía. Iba a negarme y a responderle de mala forma si seguía con su insistencia, pero en cuanto abrí la boca para rebatir, mi estómago sonó bastante alto pidiendo alimento. Tenía hambre, por supuesto que la tenía, pero no quería abandonar la búsqueda cuando Alex ya había encontrado parte de su fragancia. Iba a intentar volver a negarme, pero me envió una de esas mirada autoritarias tan extrañas en él. Cuando nos miraba a Bella o a mí de aquella forma sabíamos que no daría su brazo a torcer, por lo que sólo nos quedaba asentir y hacer lo que sea que nos estuviese pidiendo.
Entrecerré los ojos en desacuerdo pero, al final, asentí resignado y me fui a buscar qué comer, aunque no antes de hacerle prometer que nos encontraríamos en una hora en esa misma habitación.
Comencé a caminar por la calles del pueblo examinando cada uno de los puestos o locales de comida. Yo era muy exigente respecto a la higiene, no me gustaba ni iba a lugares donde hubiera olores desagradables o incluso mesas o pisos sucios, todo tenía que estar impecable. Sabía que podía ser algo exagerado, pero vender comida también requería sanidad.
Después de pasar unos cuantos minutos caminando, pasé por varios locales hasta llegar al último de la calle, "El buen comer".
Ya había comido antes ahí. ¿Cómo pude olvidarlo? Hace ya 5 años que no había estado en Alaska y la última vez había venido junto a Alex y Bella. Habíamos decidido comer aquí después de que Bella se quejara de andar caminando tanto.
Me estremecí cuando un viento helado me pegó de lleno en el cuerpo. ¡Dios! —¿Cuándo había cambiado tanto el clima? —Me pregunté viendo como el sol ya casi había desaparecido y ahora caía nieve a montones.
Apresuradamente entré a la cafetería buscando calor. Dentro, la calefacción estaba al máximo, lo cual era un gran alivio. Al entrar, pude notar que no había cambiado casi nada. Sus paredes seguían pintadas del mismo verde manzana y negro de la última vez, aunque, probablemente ya le habrían pasado una nueva capa de pintura. El suelo de madera seguía estando impecable, las mesas seguían adornadas con un mantel de cuadritos y la barra de comida era lo primero que se veía al entrar en la esquina derecha.
Era sorprendente ver como este lugar no había cambiado casi nada considerando que ya habían pasado 5 años. Estaba igual de impecable, además de acogedor.
Me senté en una de las sillas esperando que una de las camareras me atendiese mientras tomaba la carta y comenzaba a ver los posibles alimentos. Con echarle un sólo vistazo a la carta supe que quería comer, tortilla con jamón y queso. Bella siempre lo preparaba de desayuno en las mañanas y yo gustoso me lo comía entero, además de acompañarlo con unas tacitas. Ante mi recuerdo, no pude evitar desanimarme.
—¿Dónde estás? —murmuré al aire sabiendo que nadie me respondería. —"Fabián, no te pongas mal, la encontrarán. Alex ya localizó su rastro, apuesto a que no tardará nada" —me animó Fili después de mantenerse callado algunas horas. Eso me gustaba de él, respetaba mi privacidad y no hablaba a menos de que fuera necesario y yo empezara una conversación.
No le contesté, en cambio, me puse a pensar en sus palabras. Tenía razón, en realidad casi siempre la tenía. Alex ya había encontrado su rastro, más no había podido hacer mucho. Sus sentidos vampíricos habían sido afectados por la transportación. Cuando un vampiro u hombre lobo eran parte de un hechizo, los afectaba levemente, aunque de forma algo molesta. Se les nublaban sus sentidos, principalmente oído y olfato. Podían sentir efluvios, pero rastrearlos con seguridad era más difícil. De esta manera, sólo podían conocer dónde pudo haber estado aquella persona y dónde se encontraba en ese momento.
Con los hombres lobo pasaba algo parecido, su olfato dejaba de ser tan bueno por algunas horas, pero nada más. Ellos seguían siendo parte humanos, y ni a estos ni a los magos, les sucedían este tipo de cosas. Tenía sentido, según la Madre Naturaleza nosotros venimos de los humanos, con la diferencia de poseer más capacidades. Los vampiros y hombres lobo son nuestros enemigos naturales aunque, por supuesto, yo no le daba mucha importancia a esto. Queda demostrado en mi relación con un vampiro y una híbrida que ahora está desaparecida. Suspiré, era frustrante pues sabíamos que estaba aquí pero, ¿dónde?
—¿Qué puedo servirle? —me preguntó una chica sobresaltándome.
—Una tortilla de jamón y queso, por favor —Me limité a contestarle. Después de pasar la sorpresa inicial, ignoré el tono coqueto con que me había hablado. La mesera frunció el ceño molesta por no haberle seguido el juego, por lo que se marchó echando chispas.
En una situación normal me reiría, pero todavía seguía preocupado por mi hermana. Traté de distraerme mientras esperaba la comida leyendo el resto del menú. Así pasé varios minutos hasta que vi como una persona se sentaba a mi lado y me miraba fijamente. No le hice demasiado caso porque sinceramente, aquello me daba igual. Al ver que pasaban los segundos y el chico no despegaba la vista de mí, me giré un poco molesto. ¿Por qué me miraba tanto?
—¿Y tú qué miras? —le pregunté a la defensiva girándome. En seguida tragué en seco, era un vampiro, su piel pálida y perfecta lo demostraban, además de sus ojos dorados y ojeras bajo estos. No mostré mucha sorpresa pues encontrarme con vampiros era normal, además de que vivía con dos. Lo examiné del mismo modo que había hecho él conmigo al saber que no era humano, porque él lo sabía, su rostro lo decía todo. Apuesto a que no tenía ni idea de lo que era, muchos de los seres mitológicos no sabían nada de brujos. Nos manteníamos ocultos de ellos, e incluso los Vulturis pensaban que estábamos extintos.
—Sólo me pareciste conocido —mintió el vampiro antes de girarse. Lo imité y me giré despegando mi vista de él para ponerla en cualquier otro punto de la cafetería.
Mientras, una duda me carcomía vivo… ¿sería Edward Cullen? No lo sabía, Bella nunca me había mostrado una foto o si quiera me lo había descrito. Para el caso, daba igual que fuese él o no, Bella no estaba aquí. Si de algo estaba seguro es de que aquí no permitían animales, eso nos lo habían dejado muy claro la última vez que estuvimos aquí. Alex había decidido tener una mascota, exactamente había sido un perrito diminuto que había conseguido en las calles. El mismo día en que lo había encontrado había desaparecido. Definitivamente dejarle un animalito a Alex era una sentencia de muerte para el pobre.
Ignoré al vampiro y me dispuse a observar el local, nada perdía intentándolo, pero al cabo de unos segundos me rendí. Ella no estaba aquí y posiblemente este chico tampoco era Edward Cullen, me lamenté tomando la carta nuevamente. Tenía que despejar un poco mi mente y tranquilizarme. —Encontraríamos a Bella —me aseguré, tenía que hacerlo.
—Mami, ¡mira! —escuché la voz de un pequeño. No se por qué, pero al oírlo me giré y vi como un niñito apuntaba a una gatita blanca. Mis ojos se abrieron de golpe, incapaz de creer lo que estaba sucediendo. —"Cálmate Fabián, es sólo un gato. No sabes con seguridad si en realidad es ella" —habló Fili atrayéndome a la realidad. Tenía razón, pero no dejé que aquello deshiciera mis esperanzas sin antes comprobarlo.
La gatita cargaba encima una chaqueta negra que, comparada con su diminuto tamaño, era inmensa. Ella, al percatarse de que había sido descubierta, corrió fuera del alcance del niño llegando a la barra. Y, como si estuviera buscando algo, alzó la cabeza y de inmediato se encontró conmigo teniendo así la vista entera de su pequeña carita. Sus ojos marrones, eran los ojos de Bella, de mi hermana. Tan llenos de vida y expectantes de inteligencia.
—¿Eres tú? —articulé en silencio. Por la chaqueta que llevaba, me imaginaba que no estaba sola, que el vampiro estaba con ella, como Alex y yo habíamos supuesto. Si él la tenía era porque la había reconocido, y yo no quería que ese vampiro que le había hecho tanto daño se acercase más a ella. La gatita asintió rápidamente y, sin perder tiempo, la tomé entre mis brazos con cazadora incluida y salí de la cafetería.
El frío me caló en los huesos, nevaba y la brisa era helada. Mi suéter era muy fino para tales condiciones climáticas, si me quedaba parado aquí afuera se me congelarían las manos. Rápidamente tomé la decisión de teletrasportarme a la habitación. No quedaba muy lejos por lo que el hechizo sería sencillo.
Me encaminé velozmente al callejón más cercano mientras el frío se hacía cada vez más insoportable. Cuando me aseguré de que ningún ojo humano estuviese a la vista realicé el hechizo. Este funcionó de inmediato, haciendo que la vista se volviera negra y a los segundos volviese a aparecer. Esta vez en la calidez de la habitación del hotel.
…
Bella POV
Alex de inmediato se paró y se acercó bastante emocionado.
—¡Bells eres tú! —gritó feliz y un poco aliviado. Sin esperar, me cogió de los brazos de Fabián y me abrazó con fuerza, con mucha fuerza. Se me estaba haciendo imposible respirar. ¡Maldición! —Necesito aire para vivir—me quejé mentalmente. Al parecer Alex no tenía muy claro aquel dato, seguía apachurrándome contra él con toda la emoción posible.
—No sabes lo preocupados que estábamos. Jamás, escúchame bien, jamás vuelvas a hacer algo así —habló esta vez con voz un poco más moderada.
Por un momento me sentí mal. Mis hermanos, a pesar de sus bromas y peleas, me cuidaban y sobre protegían mucho. Yo me quejaba continuamente y ellos sólo me respondían que como hermanos mayores debían hacerlo, además que no se imaginaban una eternidad sin "su hermanita". Aquellas palabras me habían llegado al fondo y me habían hecho darme cuenta de lo mucho que los quería.
Lástima que el momento en que me sentí mal duró tan poco. En cuanto comencé a recordarlo sentí como la respiración me faltaba, desesperada traté de buscar aire mientras maldecía una y otra vez a Alex y su fuerza bruta.
—¡Alex vas a matarla! —gritó Fabián. ¡Al fin alguien se daba cuenta! Alex soltó su agarre de mí y se sentó en la cama dejándome sobre ella. Sin fuerza y, sobre todo, sin aire me quedé tumbada incapaz de hacer mucho dadas las circunstancias. —¡Aire! Dulce aire —pensé inhalando profundamente y moviendo mis patitas y cabecita todavía buscando más oxígeno.
—Lo siento, Bells —se disculpó Alex arrepentido viendo como mi pecho bajaba y subía un poco más calmado. En cuanto tuviera la fuerza lo asfixiaría para recordarle lo necesario que era respirar. —"Los vampiros no respiran, genio" —se burló Conciencia después de un largo tiempo de no molestar. Lamentablemente tenía razón, así que no le respondí y la ignoré. Me relajé más sintiendo como mi respiración se normalizaba.
—Alex, recuerda que ahora es pequeñísima, hay que tener cuidado —habló Fabián acercando su mano y acariciándome con delicadeza la cabeza y el lomo. Respondí a su caricia gustosa, feliz de estar con mis hermanos aunque uno de ellos estuvo a punto de matarme asfixiada.
—No sabes todo lo que nos has hecho pasar, pequeña —me habló Fabián. Él de vez en cuando me llamaba pequeña, por cariño, decía que era su hermanita no importaba cuanto peleáramos. Sonreí. A pesar de estar lejos de Edward me sentí feliz por estar junto a mi pequeña familia, más no me sentí completa como estos últimos días.
—¿Por qué Fabián me llevó de aquel modo? Era como si intentase llevarme lejos de Edward. —En cuanto recordé lo sucedido este interrogante se coló inevitablemente en mis pensamientos. Me aparté de la mano de Fabián sintiéndome confusa. —¿Acaso él sabía que el vampiro era Edward? ¿Cómo me habían encontrado? ¿Qué estaba pasando? —Ambos me miraron interrogantes por mi actitud. Necesitaba respuestas, más no podía hablar. ¿Qué mierda se supone que debía hacer?
—¿Pasa algo? —preguntó Alex levemente confuso.
—¿Qué si pasaba algo? Por supuesto que pasaba algo —pensé mal humorada. —"Cálmate, ya estás con Fabián y Alex. Pronto volverás a tener tu cuerpo" —me dijo Conciencia, pero esto no logró tranquilizarme, sino todo lo contrario, me hizo darme cuenta de la realidad y una profunda tristeza se extendió desde mi pecho a cada poro de mi cuerpo mientras punzadas de dolor se clavaban en mi pecho. —Ya no vería a Edward —pensé. La herida que por años había tratado de cerrar se abrió, pues esta jamás terminó de cicatrizarse.
Desde un principio había sabido que volver a ver a Edward no era nada bueno, que luego me dolería. No le había dado más importancia, lo había ignorado por completo y me había aferrado y acostumbrado a su presencia en tan sólo dos días, a sus ojos miel, llenos de dulzura, su sonrisa torcida, su manos heladas y a la vez tan cálidas. Dolor, sólo eso sentía. Ya nada tenía sentido.
—Isabella, ¿estás bien? —preguntó Alex preocupado terminándose de acostar en la cama para quedar a mi altura—. No puedes hundirte otra vez, habla con él y descubre cuáles son sus sentimientos. Si no son los esperados, siempre puedes vengarte de alguna u otra forma. —No había reproche en su voz sino, más bien, se oía triste.
Su contestación me sorprendió, parecía querer darme ánimos. En estas circunstancias eso era imposible, ya estaba hecho. El dolor no se iría tan fácilmente y en el fondo sabía que no volvería a enamorarme, porque un amor como el que yo le profesaba era imposible de destruir por más dolida que estuviese.
—Alex, ¿podrías pedir comida china en la recepción? —le pidió Fabián. Alex frunció el ceño en desacuerdo, pero al ver como Fabián lo miraba inseguro asintió y salió de la habitación, no sin antes de darme una pequeña caricia y un "te quiero hermanita".
Después de que Alex se fue miré a Fabián interrogante, normalmente él pedía la comida examinando siempre todo antes de comprarla… Algo estaba pasando.
—Es por Edward —No fue una pregunta, fue una afirmación. No contesté, no tenía fuerzas para hacerlo, además, él no necesitaba una confirmación, ya lo sabía.
—¿Él sabía quién eras tú? —preguntó acercándome a él. Asentí. La habitación quedó en silencio, nadie sabía ni tenía nada que decir. Él notaba que estaba mal y probablemente lo estuviese por un largo tiempo.
—Iré a buscar a Alex, no vaya a ser que no traiga costillitas o se quede coqueteando con la recepcionista —bromeó Fabián tratando de hacerme sentir mejor. Al ver que ni una pequeña sonrisa había podido sacarme soltó un suspiro y se fue, dándome privacidad.
Una de las cosas que más me agradaba de mi hermano era que me daba mi espacio, me sentía mal y quería estar sola. En cuanto lo estuve, me senté en la cama. No había forma de sacarme a Edward de la cabeza, ni del corazón, así es como se siente amar y no ser correspondido. Yo muchas veces había rechazado a vampiros y humanos que habían intentado acercarse. ¿Se sentirían ellos de igual forma? Lo dudaba, pues ninguno de esos chicos me amaba, sólo les atraía. La atracción y el amor eran dos cosas distintas.
Iba a enrollarme y dejarme llevar por el despecho cuando algo me hizo parar abruptamente, la chaqueta. Estaba sobre la cama, Fabián me había tomado con la cazadora y esta ahora estaba aquí. Rápidamente caminé hacia donde estaba y me dejé caer sobre ella, tenía su aroma. Reprimí un sollozo cuando me di cuenta de que posiblemente lo único que tuviese para recordarlo sería esto. Con ese pensamiento me acurruqué en ella.
Sinceramente la chaqueta era incómoda, tenía el aroma de Edward y eso hacía que valiese una fortuna para mí, pero tenía que admitir que como cobija, no servía. Me paré un momento y traté de acomodarme mejor. Me di cuenta de que la chaqueta no era la incómoda si no lo que había dentro del bolsillo, que me pegaba en la espalda y no me dejaba dormir.
Curiosa comencé a husmear entre los bolsillos y en ninguno había nada, a excepción del delantero. Parecía contener una hoja de papel bastante arrugada. —¿Qué será tan importante para que Edward lo guarde? —Pensé. Él no era de esas personas que guardaban basura, además, sólo le he visto con un papel en la manos… la carta. —El papel era la carta —me dije apresurándome a sacarla. Como yo sospechaba lo era, una carta que había escrito él hacía tiempo y que estaba dirigida a mí. Nunca me la había dado.
Querida Bella,
Sé que debes estar confusa por mi comportamiento últimamente, pero tengo mis razones y sólo espero que me entiendas. Antes de comenzar quiero decirte que te amo, que eres mi luz y mi alma gemela, nunca amaré a nadie como te amo a ti.
El día de tu cumpleaños me hizo darme cuenta del peligro constante al que te sometía. Primero yo, después James, Jasper y quién sabe cuántos peligros vengan a continuación. No puedo vivir conmigo mismo sabiendo que te estoy dañando. Además, tú no mereces un futuro como el nuestro. Siendo un monstruo, no vas a ser feliz, llegará un día en el que te vas a arrepentir por sacrificar tu alma por algo tan poco valioso como lo soy yo. Por eso he tomado la decisión de irme, dejarte el camino libre para que algún día conozcas a un buen hombre y seas feliz a su lado. Él podrá darte lo que yo no puedo, una vida humana. No espero que entiendas mis razones porque, probablemente, en este momento me estés odiando. Sólo te pido que te cuides y no hagas nada estúpido. Si no lo quieres hacer por mí, no lo hagas, pero piensa en Charlie y en lo mucho que sufriría si te pasara algo.
En esta carta te digo adiós y te deseo una vida humana feliz.
Te amo, siempre tuyo. Edward.
Con ojos asombrados leí y releí la carta incapaz de moverme. Por eso su trato tan sobreprotector, por eso me cuidaba tanto, era importante para él. No sólo eso, sino que me amaba. Edward me amaba. Aquello cambiaba todo…
Disculpen la tardanza pero ya comencé las clases y primero que nada están mis deberes y estos me ocupan mucho tiempo. Estoy dividida entre el liceo, el gym, mi trabajo de solo medio tiempo (y solo tres días a la semana) el propedéutico (curso de 6 meses que te prepara para la prueba interna de la universidad ) , además de las tareas que me mandan tanto en el liceo como en el propedéutico…
El capitulo ya lo empecé pero apenas y tengo una página y más o menos para el domingo de la semana que viene tenga listo el capitulo, pero contando que teresa lo valla a vetear estaré actualizando para el vienes o sábado de la próxima, próxima semana…
Gracias a Angela, Xoam, Cullen-21-gladys, Connie1, eddieIlove, Renesmee Black Cullen1096 por sus comentarios en verdad me animan mucho a escribir…
El adelanto se los mando en cuanto tenga al menos la mitad del capítulo listo….Estoy pensando es crear un grupo en faceboock donde puedas montar los adelanto y los avance del capítulo para que las personas que no tienen cuenta en FF puedan leerlos, pero bueno eso todavía no es seguro así que les digo después
Ahora sí, eso es todo que disfruten lo que resta del fin de semana
