La obra Crepúsculo le pertenece a Meyer; La trama es mía, los personajes que no aparecen de la saga son inventados.
Capítulo beteado por Teresa Saravia Serrano, Beta FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction
Capítulo 8
Alice POV
Recosté mi cabeza en el respaldar del asiento y suspiré resignada. Cerré los ojos mientras en mi cabeza maldecía a Edward, su actitud tan depresiva y sus tendencias suicidas. Mi hermano, al parecer, nunca cambiaría, siempre seguiría siendo el idiota emo y dramático.
Sinceramente no entendía como Bella lo soportaba, corrección, como lo soportaría, porque si de algo estaba segura es de que Bella sería mi cuñada, como que me llamo Alice Cullen y las compras, después de Jasper, por supuesto, son mi vida. Con este pensamiento me tranquilicé un poco y una enorme sonrisa se extendió por mi rostro; pronto vería a mi hermana.
Aún no tenía mucha idea de lo que sucedía dado que mis visiones últimamente resultaban borrosas, pero al menos tenía claro tres cosas. Primera, Bella estaba vivita y coleando. Segunda, estaba relacionada con la gata y se traía algo con el chico de ojos raros y su compañero vampiro. Y tercera, ambos andaban buscando a mi amiga y, no solo a ella, si no también a la gata. Además, por alguna razón, la felina también era importante para Edward.
Fruncí el ceño, no tenía mucha información, pero al menos ya había tomado un avión directo a Alaska y pronto averiguaría el resto. No creía que me fuera muy difícil averiguarlo puesto que ya sabía sus paraderos. Respecto a Edward, solo tendría que ponerme delante suya y exigirle respuestas. En relación con el vampiro y el chico que tenía el gato raro, tendría que dialogar bastante pero al final conseguiría lo que necesitaba, siempre lo hacía. Además, no estaban muy lejos unos de los otros. Edward estaba en alguna parte del bosque cerca de Alberta y los otros chicos, la gata y mi amiga, en Manitoba.
No fue muy difícil descubrir donde se encontraban, con mis visiones encontrar a alguien resultaba sencillo y más si estaban tan relacionados con mi amiga y mi hermano. A Edward fue muy sencillo verlo. Bella me costó un poco porque siempre las visiones me salían borrosas y nunca podía verla a ella si no a su alrededor, era extraño, pero al menos me daba su paradero. En el caso del chico de ojos raros, lo pude ver con un poco más de claridad centrándome en la habitación junto con el vampiro. Antes de que terminara pude ver a la gata apenas un segundo, pero al menos comprobé que se encontraba con ellos.
Cerré los ojos y me relajé, pronto estaría en Alaska y pondría mi plan, de unir a Edward y a Bella nuevamente, en marcha. Todo lo tenía fríamente calculado, nada podía fallar.
Edward POV
No había ni un pequeño rastro al que pudiese aferrarme. El chico había desaparecido como por arte de magia, no quedaba nada de él, ni de Bella. Ya no sabía dónde buscar, había recorrido cada pequeño rincón del pueblo sin obtener nada por lo que aquí no estaban. Entonces, ¿a dónde más pudieron haber ido?
Tal vez estuviese en algún otro estado cercano o en los alrededores, o inclusive habían podido montarse en un avión e ir a cualquier parte. Eran muchas las suposiciones y nada lo seguro.
Suspiré frustrado y tiré de mis cabellos cobrizos en señal de desesperación, si seguía así terminaría quedándome calvo. Volví a suspirar y marqué nuevamente el teléfono de Alice, escuchando otra vez la irritante voz del contestador. ¡¿Dónde demonios estaba Alice cuando la necesitaba?! Había estado llamándola la última hora y no respondía, si no contestaba el infernal aparato pronto la preocupación me comería vivo. ¡Maldita sea, Alice! Contesta el teléfono de una buena vez.
Volví a marcar alrededor de unas veinte veces más, y al no obtener resultados apreté los puños con fuerza tratando de contener la ira que de pronto me embargó. ¡Maldito hijo de puta! Todo era su culpa, Bella estaba bien conmigo y él se la había llevado, había desaparecido en el aire con ella en sus brazos. El aparato cayó en pedazos totalmente destruido por la fuerza ejercida, no le di importancia y abrí mi puño dejando que los resto del teléfono terminaran de caer. No era el primero que destruía y si Alice seguía sin contestarme tampoco sería último.
No volví a llamarla, no tenía caso seguir intentando, estaba apagado y eso no cambiaría de un segundo a otro. Más bien tenía que pensar otra forma de encontrarla ya que, por lo visto, Alice no me ayudaría. Podía buscar a mis alrededores y en pueblos y ciudades cercanas. No podía haber desaparecido por arte de magia, ¿verdad?
Maldije nuevamente al hijo de puta que se llevó a mi ángel. ¿Para qué la querría? ¿Le haría daño? ¿De dónde la conocía? ¿Era el causante de lo que le había pasado a mi Bella? Las dudas volvieron a mi cabeza y, en esta ocasión, se quedaron allí estancadas martirizándome una y otra vez. Necesitaba encontrarla, me dije, ya no dispuesto a quedarme en esta cabaña esperando a que Alice respondiera a mi llamado. Suspiré y tomé uno de los teléfonos de repuesto que Alice me había enviado por correo hace sólo unos cuántos meses. Salí de la cabaña y seguí con mi búsqueda, nada me impediría encontrar a mi amor.
…
El sol comenzaba a ocultarse y la desesperación iba en aumento, no había encontrado nada. Horas buscando de pueblo en pueblo y de mente en mente sin obtener siquiera un pequeño indicio de su paradero. Literalmente su olor se había desvanecido, no había dejado rastro alguno. ¿Cómo era aquello posible? Estaba claro que ese chico no era humano pero eso no explicaba su forma desaparecer, ¿es que acaso se había ido volando? Me imagino al chico en el callejón con unas grandes alas de plumas negras como las de un cuervo, extendidas y haciendo pequeños movimientos de adelante, atrás, adelante, atrás. No, dudaba que algo como eso pasara o existiera.
La otra opción era la misma que me había estado rondando por la cabeza, magia. ¿Aquello existía? ¿El chico sería un mago, hechicero, brujo o como sea que se llamen esas cosas? Era más razonable que a un hombre al que le salieran alas, además, eso explicaría cómo Bella había llegado a convertirse en aquel adorable animalito.
"O tal vez tenía un amigo con un helicóptero, éste los sacó de allí y solo te estás creando historias de fantasía" dijo una voz interna cargada de sarcasmo. Ignoré el tono en que lo había dicho y sopesé aquella idea. Era algo más lógico que la magia, y mucho más razonable, pero definitivamente eso no había sucedido. Si hubiera estado un helicóptero volando tan cerca, alguien lo hubiera visto o notado, aquello no hubiera pasado tan desapercibido en ese pequeño pueblo como para que nadie se diese cuenta. Además, estaba seguro de que había leído cada una de las mentes de los humanos que habían estado fuera de sus casas ese día.
Definitivamente, de las tres hipótesis, me quedaba con la magia. ¿Por qué no existiría la magia cuando si lo hacían los vampiros, licántropos e hijos de la luna? Nosotros no éramos los únicos seres sobrenaturales, debía haber más y el chico rarito de ojos morados lo demostraba. Su olor no era completamente humano, su corazón latía más rápido y sus ojos eran extraños, no solo por el color, sino porque parecían brillar de una forma que no había visto en ningún ser humano.
Me dejé caer junto a un árbol, cerré los ojos y anhelé la compañía de mi ángel . ¿Por qué tenían que arrebatármela de esa manera? Había cometido un error al dejarla y me arrepentía por eso. Deseaba verla y tenerla entre mis brazos, sentir su aroma a fresias y trazar su rostro delicadamente con mis fríos dedos. Tal vez ya no tenía perdón y solo me quedaba sufrir una existencia solo. ¿Ese era el castigo por dañar tanto a un ángel? Si eso debía ser, yo ya no la merecía.
Lo más probable era que ella estuviese bien con el chico mientras yo estaba aquí convenciéndome a mí mismo de que debía salvarla. Había notado en la visión el rostro de felicidad del chico, como ambos se comunicaron en señas y, sobre todo, la emoción y felicidad de mi amor cuando él se giró hacia ella. El problema era que no quería aceptar que ella era feliz con alguien más, mi egoísmo no me dejaba, así que comenzaba a crear excusas y, por suerte, encontré una perfecta.
Bella, por alguna razón, se había convertido en un gato, alguien lo había hecho y dudo que lo hiciera por hacerle un favor. Si el causante de eso había sido el chico, era porque no tenía buenas intenciones. Por tanto, tenía que alejarla de él y encontrar la manera de transformarla en lo que era antes. En el caso de que ya no fuera posible, la haría feliz y la cuidaría de igual manera, porque tuviera la forma que tuviera, la amaba. Esa era una verdad que no podía negar.
Mi parte egoísta se encontraba satisfecha de encontrar una razón por la que debía seguir buscándola, ignorando su felicidad al encontrarse con el chico. Supongo que todos, seamos vampiros, humanos o licántropos, tenemos un lado egoísta. Deseaba que ella fuera feliz, pero no podía evitar añorar que esa felicidad fuera conmigo.
—¡Edward! —Era Alice, me estaba llamando. Ella era quien gritaba con aquella vocecita cantarina suya, tan irritante para mí, muchas otras veces. Hoy, sin embargo, estaba de lo más dichoso al ver como su pequeña figura aparecía de entre los gruesos troncos de los árboles y la nieve, vistiendo unos grandes abrigos, gorros y guantes de lana como si realmente sintiera aquel frío atroz.
—¡Alice! —la llamé emocionado, tomándola en brazos y abrazándola como no había hecho nunca antes. Ella me correspondió de inmediato.
—¿En serio creíste que te iba a dejar solo buscándola? Sabes que por más gruñón y sangrón que seas siempre estaré allí para entrometerme —dijo con sus pequeños brazos a mi alrededor—. Quieras o no —sentenció, y supe que sonreía como solo mi hermana podía.
Poco a poco nos fuimos separando y los ánimos volvieron. Alice tenía ese efecto en las personas, su personalidad tan hiperactiva, feliz y optimista siempre llena de ideas, le levantaba el ánimo a cualquiera.
—¿Qué viste? —pregunté de inmediato. Alice frunció el ceño y me miró con molestia, iba a reñirme. No sé por qué pero no tenía muchas ganas de oír los gritos de Alice.
—¡Edward Cullen! ¿Cuándo vas a empezar a tomar un poco de conciencia? —gritó y sin esperar a que le contestara siguió— Estuviste a punto de suicidarte. ¡Suicidarte! ¿En qué demonios pensabas? No puedes actuar de esa forma. Estoy cansada de tu depresión, así que te recomiendo que dejes de ser un idiota y le digas la verdad a Bella sobre lo mucho que la amas. Mira que traté de darte tu espacio y no meterme para que recapacitaras pero, como veo que no lo harás por ti solito, los voy a encerrar y hasta que no escuche que estén bien y que seré la dama de honor en su boda no los dejaré salir. ¿Me escuchaste? Espero que no te pongas…
—¡Basta Alice! —grité yo también. ¡Dios! ¿Cómo podía hablar tanto y sin detenerse? Ya había olvidado lo exasperante que podía ser. Alice entrecerró los ojos, iba a ponerse a gritar otra vez pero la detuve antes de que empezara—. Alice, cálmate. Sé que actué mal pero créeme, no tienes que obligarme a hacer nada, lo único que quiero es encontrarla de una vez y decirle la verdad.
—Entonces, ve de una buena vez y hazlo —dijo.
—No es tan fácil —le respondí irritado. Nunca me dejaba terminar de hablar—. ¿Acaso estás enterada de todo lo que ha sucedido últimamente aquí?
—No sé mucho. La visiones siempre son borrosas. Sé que Bella, Fabián, un vampiro y una gata están involucrados en todo este rollo. Así que empieza a contar.
¿Fabián?
—¿Quién es Fabián?
—El chico que vi contigo en la cafetería. Ojos morados, cabello castaño, pálido y con ropa a la moda. Por cierto, su apellido al parecer es Swan, Fabián Swan —habló Alice rodando los ojos, como si aquello resultara de lo más obvio.
—¿Cómo sabes que se llama Fabián? —Pregunté confuso.
—Porque él me lo dijo cuando se presentó —afirmó molesta—. Estás evadiendo el tema. Dime qué ha ocurrido —me exigió colocando sus brazos en sus caderas como si me estuviese diciendo: "Hablo en serio."
—Alice necesito saber todo detalle de ese tal Fabián —le rogué. Tal vez las visiones no serían necesarias para encontrar al hijo de puta.
—No, nada de eso, habla tú primero y dime de una buena vez qué sucede —contestó cruzándose de brazos, dejándome bien claro que no pensaba dar su brazo a torcer.
…
—Edward, ¿estás seguro de que te sientes bien? —Me preguntó Alice cuando terminé de narrarle los acontecimientos de los últimos días. Rodé los ojos.
—Sí, Alice, me encuentro bien —bufé.
—¿Es qué acaso te estás oyendo? ¿Bella… un gato? Tal vez cuando se lo preguntaste el gato estaba distraído con algo y movió la cabeza. Sé que estás dolido y extrañas a Bella pero… —habló Alice buscándole una explicación.
—Alice si te digo que es Bella, es porque es ella, incluso su olor era el mismo —le repliqué—. Ella escribió en la nieve "Soy Bella", asentía y negaba a cada una de mis preguntas, entendía todo perfectamente. Era ella y no tengo ninguna duda —le dije muy seguro. Alice me miró atentamente evaluándome, pues no parecía muy convencida de mis suposiciones.
—Edward, los humanos no se convierten en gatos —dijo Alice, como si estuviera tratando de explicarle a un niño que santa Claus no existe, en vez de estar hablando conmigo.
—¿Por qué no? —Pregunté entrecerrando los ojos—. Los vampiros existen, los licántropos también. ¿Por qué no la magia? ¿Y si aquel chico fuera un hechicero, brujo o como sea que se llame y le hizo eso a Bella? —cuestioné tratando de que entendiera y aceptara mis sospechas.
—Acepto que la magia puede existir y que Fabián no es humano pero, ¿por qué él le haría algo así a Bella? Por lo que pude averiguar en España, Fabián, Bella y un vampiro de nombre Alex viven en una pequeña residencia desde hace cinco años. Los tres llevan el apellido Swan y son hermanos; según la Sra. Harris, su vecina, son bastante unidos —me explicó Alice pensativa.
—¿Qué tanto sabes de ellos? —Le pregunté más calmado. Al menos sabía que el chico no le haría daño.
—El día que planeaste ir a Italia a verte con los Vulturis, enseguida fui al aeropuerto y tropecé con él, se presentó como Fabián Swan y habló de estar muy preocupado por su hermana Isabella Swan. En aquel momento estaba más pendiente de llegar antes de que cometieras una estupidez por lo que no me pude quedar a interrogarlo —narró ella. Tomó aire y siguió hablando—. Cuando llegué al aeropuerto, todos lo vuelos se habían suspendido pues la tormenta era muy fuerte. Traté de verte en mis visiones y, aunque eran borrosas, pude ver que ya no te proponías a suicidarte así que decidí esperar que el tiempo mejorara.
—¿Por qué no me llamaste? —La interrumpí. Ella de inmediato paró de hablar y me fulminó con la mirada bastante molesta.
—Sí te llamé. Estuve llamándote toda la tarde pero alguien no se dignó a coger el teléfono —contraatacó muy a la defensiva—. Bueno, eso lo discutiremos luego. Como decía, el tiempo no mejoraba y esperé en el aeropuerto para ver si tenía suerte y lograba convencer a una aerolínea de llevarme a Canadá. A la hora de haber llegado, Fabián también se presentó allí. Lo oí hablando con la chica que vendía los boletos y le decía que necesitaba el primer vuelo a Canadá. Me resultó extraño pues ya le había dicho que estaba allá, así que lo seguí y noté que lo acompañaba un vampiro. Ambos entraron al baño de hombres y allí mismo desaparecieron, no dejaron ningún olor ni rastro. Como si se hubiesen desvanecido —dijo lo último bastante pensativa.
—Como cuando desapareció en el callejón —aseguré.
—¡Exacto! —me contestó—. Tienes razón al decir que no es humano, pero eso no significa que sea mago. Además, en tal caso, él no le hizo eso a Bella —me rebatió con su semblante todavía pensativo.
—Eso no puedes saberlo, te estás basando en lo que dicen los humanos y ellos no saben nada —le dije de pronto preocupado. ¿Y si él deseaba hacerle daño?
—No, no me baso solo en eso. Después de que ellos desaparecieron, empecé a buscar y descubrí que ellos se habían mudado hace cinco años. Alex y Fabián eran mellizos y Bella era su hermana menor. Un chico que estudió con ellos me dijo que siempre iba acompañada de ambos en las clases y pasillos; que sus hermanos eran muy celosos con ella, pero también, que Bella estaba muy a gusto con los chicos y se veía que los quería mucho —habló Alice bastante segura de lo que decía—. Además —agregó—, cuando Fabián me dijo que buscaba a su hermana lucía bastante preocupado, incluso su juego de llaveros tiene una foto de los tres riendo. Parece que cuando la tomaron estaban desprevenidos, lo que indica que Bella con ellos era feliz.
Era feliz sin mí. Tal vez ya me había superado y me había olvidado. Ella era feliz y no tenía que interrumpir más en su vida.
—Edward Cullen, sé lo que estás pensando y será mejor que no te eches para atrás, porque de que vamos a encontrar a Bella, lo haremos. Tú hablarás con ella y le explicarás todo, ¿me entendiste? —Preguntó volviendo a colocar sus manos en la cadera.
—¿Ahora me crees cuando te digo que Bella ya no es humana? —Le pregunté extrañado. Para ser Alice, cambió de opinión muy rápido.
—No creer hasta ver. ¿De acuerdo? —Contestó.
Me encogí de hombros, la verdad era que no me importaba mucho si me creía o no. Lo único que quería era encontrar a Bella. No importaba si ella estaba con alguien pero al menos necesitaba decirle mis sentimientos y desmentir aquella blasfemia que había dicho hace ya ocho años.
—De acuerdo —le dije, y de inmediato añadí— Entonces, ¿sabes dónde está?
—Por supuesto que lo sé, ¿por quién me tomas?
Bella POV
Iba a tomar cada uno de los miembros de Alex y Fabián y luego les prendería fuego."Sí, eso mismo haría, los desmembraría" me dije segura. Sinceramente no sé en qué demonios estaba pensando cuando me propusieron viajar de esta forma, aunque claro, ellos se guardaron muchos detalles importantes que yo ignoraba.
El día de ayer, después de leer la carta, solo pensaba en volver a reencontrarme con Edward. Debía hacerlo, quería aclarar las cosas de una vez, estaba harta de vivir una mentira. No podía negar que estaba molesta con él. Me había mentido, me había roto el corazón y me había causado mucho daño, pero lo amaba y esa era una verdad que no podía negar.
Traté de distraerme y olvidar por unos minutos todo el tema de Edward y la carta. Cuando volviera a caminar en dos pies me ocuparía de eso. Di dos pequeños pasos al frente y vi el resto de la cabina, no era el único animal aquí dentro, había gatos, perros, pájaros, conejos e incluso gallinas. ¿Quién monta una gallina en un avión? En realidad no me importaba saber la repuesta. Era mejor preguntarme, ¿qué demonios hacía aquí? Sabía la respuesta, solo no podía creer que hubiera dado pie a esto. Suspiré, volví a dar algunos pasos atrás y a cobijarme en la chaqueta de mi amado que todavía poseía aquel olor tan dulce y varonil que tanto me gustaba. "Al menos tenía la chaqueta" pensé positivamente, y tan rápido como el pensamiento apareció, desapareció.
El avión se sacudió de forma que varias cajas contenedoras de animales cayeron, otras rodaron y se voltearon. La mía cayó porque estaba montada en una de las repisas; luego del gran golpe dio varias vueltas hasta chocar con una pared.
"Definitivamente jamás volvería a montarme en un avión" fue lo primero que pensé después de que la turbulencia pasó y las cajas dejaron de moverse. Dolorida me levanté con cuidado, jurándome a mí misma que en cuanto volviera a tener mi aspecto de siempre me metería en una de esas protestas de maltrato animal, y apoyaría al menos la idea de que no deberían estar encerrados en jaulas. ¿Acaso los animales no tenemos derecho a estar sentados en los asientos del avión junto a los demás humanos? Era injusto tener que viajar en una jaula mientras ellos se daban la gran vida en sus asientos. "Malditos" refunfuñé parándome en mis cuatro patas un poco doloridas.
El avión volvió a sacudirse y la jaula transportadora, como le decía Fabián, volvió a rodar y a chocar con otras. Los gallos, repito, ¿quién monta gallos en un avión? Junto a los perros, gatos y pájaros empezaron a maullar, ladrar y chillar alborotados. ¡CÁLLENSE! Quise pegar un grito, pero dado que solo saldrían maullidos decidí no abrir la boca y quedarme quietecita donde estaba. Bastante dolido que estaba mi pequeño cuerpo peludo.
—"Vamos, duerme, tal vez cuando despiertes ya el avión haya aterrizado" —Me animó Conciencia. Había estado en silencio bastante tiempo y, por más raro que pareciera, no había soltado ninguna palabra insultante desde anoche. Supongo que era un avance en nuestra relación, además, tenía que admitir que tener a alguien con quien hablar que no fueran gatos, perros, conejos o gallinas, realmente era un alivio.
Le di la razón a Conciencia y me envolví en la chaqueta inhalando profundamente e inspirando todo aquella deliciosa fragancia. Otra turbulencia, el avión se sacudió nuevamente y, por tercera vez, la caja transportadora rodó y chocaron unas contra otras. El golpe me mareó más de lo que estaba pero poco me importó, estas turbulencias ya estaban comenzando a preocuparme. ¿El avión estaba teniendo problemas? ¿Se iba a caer? ¿Iba a morir?
—"Dios, pero qué exagerada, solo son turbulencias. Tal vez no sea nada grave y aquí estás tú pensando que vas a morir. Alex tiene razón al decir que al pasar el tiempo te vuelves más dramática." —Ignoré su comentario, no tenía fuerzas para comenzar una discusión con ella, prefería invertir ese tiempo durmiendo.
Pasaron minutos y nada. El sueño no llegaba a mí, me sentía cansada pero al parecer no lo suficiente para echar una siestecita. Me movía incomoda tratando de buscar posiciones cómodas, pero no encontraba ninguna. Más bien, me sentía encerrada, no soportaba estarlo. Quería salir de aquí, me quejé dándole una mirada fulminante a las puerta de las jaulas que me impedían hacerlo, pero para mi sorpresa estas estaban abiertas. Al parecer los golpes y porrazos que habían llegado a la jaula habían podido más que la hora en que había estado empujándola y maldiciéndola.
Entusiasmada pegué un salto sin importarme que todavía seguía dolorida. Salí de inmediato de la caja llevando la chaqueta conmigo, tal vez conseguiría un buen lugar donde dormir y para eso necesitaba la esencia de Edward.
El exterior no era más que un cuarto no muy grande pero tampoco pequeño. En él había más de una jaula ubicada una encima de otra, de diversos tamaños y con diferentes animales: perros, gatos, gallos y pájaros. Había tanto estos como conejos, peces, morochos y creo que una ardilla y unos cuantos monos.
Algunas de estas jaulas seguían ordenadas o cargaban animales muy pesados e iban bien sostenidas. También había otras como las mías que se habían caído e incluso unas cuantas iban abiertas. Salí a pasos lentos alejándome de la jaula y explorando mi alrededor. Ahora que veía mejor diría que la habitación era inmensa, claro, si teníamos en cuenta que con mi actual tamaño era normal que todo me pareciera grande.
Me acerqué a una de las jaulas caídas, era más grande que la mía y de un color lila bastante bonito. Me acerqué un poco más y noté que estaba vacía, miré a mi alrededor y vi un gato blanco parecido a mí pero un poco más grande. Se me quedó mirando al igual que yo a él, segundos después apartó la vista y se alejó caminando muy tranquilo. Me quedé unos cuantos minutos allí parada, buscando un buen lugar para dormir, estaba bastante distraída por lo que no me di cuenta de que uno de los animales que estaba suelto era un perro.
Era negro y peludo, no muy grande para mi anterior tamaño, pero para el actual era lo suficiente como para masacrarme con esos pequeños dientes, que apuesto que también eran más grandes que los míos.
Abrí los ojos sorprendida cuando este comenzó a correr hacia mí, soltando varios ladridos y mostrándome su dientes amarillos. —"¡Corre!" —gritó Conciencia. No dudé en hacerle caso, tomé la chaqueta entre mis dientes, no la dejaría por nada del mundo, y enseguida me metí en la caja transportadora que había pertenecido al anterior gato. En cuanto entré no lo pensé dos veces y cerré la puerta. Prefería estar encerrada y sufrir claustrofobia a ser devorada por un perro que antes no me hubiera llegado ni a las rodillas.
Ahora entendía por qué en los viajes de avión tenían que encerrar a los animales, solo había un pequeño problema. ¡Yo no era un animal! —"Ah, ¿no? ¿Entonces, qué eres?" —Preguntó sarcástica Conciencia. Un fenómeno, concluí. No era vampiro, no era humana, era solo un ser con un liga de ambas especies que ahora estaba en el cuerpo de un gato, un fenómeno.
Conciencia no me respondió, así que disfruté de la paz que había y, acurrucándome en la chaqueta, me dejé llevar. En algún momento ya había caído en los brazos de Morfeo.
