Los personajes utilizados para esta historia son propiedad de Naoko Takeuchi, la historia es propiedad mia, Espero les guste!

Había pasado un año desde la fiesta de la cosecha, éste año había otra fiesta y de nuevo serían invitados los asquerosos cerdos que violaban a las chicas sin piedad. La vida en la mansión de la duquesa había sido un infierno para Serenity, ya no miraba hacia otro lado que no fuera hacia el suelo, había aprendido a golpes que nadie hacía o decía nada que a la duquesa le molestara. Todos los esclavos o sirvientes eran azotados, humillados y aterrorizados. Neherenia había amenazado varias veces a Serena con llevarla con el Conde quien había quedado insatisfecho desde la fiesta anterior debido a que no recordaba nada de lo que incluso Neherenia había asegurado que ocurrió.

Serenity procuraba permanecer sucia porque no quería que nadie la volteara a ver, no quería ser el motivo de la ira de la duquesa, incluso si eso representaba despertar antes que cualquiera para ensuciar sus ropas, su cabello y su rostro. Para los empleados de alto rango ella era peor que un cerdo restregándose en la mugre, a nadie le gustaba tanto ensuciarse como a ella, porque eso era el motivo que la había mantenido alejada de las miradas.

Neherenia la había dejado en paz por varios días hasta que se hartó de su asqueroso olor, un olor que le calaba hasta la garganta y removía sus entrañas.

-Se acabó, llévate a esta sucia alimaña lejos de mí, véndela a quien sea, no me importa pero llévatela.

Había ordenado a Rubeus, su leal súbdito, que se deshiciera de ella, la llevó en la parte trasera de la carreta. Se había librado de Neherenia… no había vuelta atrás, desde el momento en que había salido de la mansión con tan solo una pequeña bolsa con sus pertenencias las cuales eran un par de guantes para el frio, un gorro y un par de zapatos no había nada más que lamentar. Ahora la atormentaba que no sabría hacia donde iría a parar esta vez, las dudas iban arremolinándose en su mente hasta llegar a su estómago que se encogió cuando Rubeus le ordenó bajar de la carreta. La arrastró innecesariamente hacia el mercado de esclavos, estaban a unos pasos de la casa donde se vendían los esclavos mas indeseados cuando Rubeus chocó contra un hombre alto de fuerte musculatura.

-¡Hey! ¿Por qué no se fija por donde va? Pedazo de… Oh… disculpe Lord Shields! Discúlpeme no me fijé por donde iba, la culpa ha sido mía, ¿le he hecho daño?

El hombre alto lo miró por encima, para Lord Shields cualquier empleado de la duquesa Moon era digno de cualquier concesión debido al trato que ésta les daba, pero Rubeus también era conocido por torturar a las sirvientas por lo que lo miró con asco y desprecio pero una pequeña figura detrás de el pelirrojo se removió frotando su muñeca por donde la estaba jalando Rubeus.

-¿A qué has venido Rubeus? ¿Tu ama te mandó a comprar otra esclava?

-Oh no mi Lord, esta vez he venido a vender a esta esclava, es una sucia, nadie soporta su asqueroso olor, le encanta la suciedad tanto como a los cerdos, Lady Moon no desea tenerla más tiempo, me ha enviado a deshacerme de ella

-Imagino que el precio es alto

-Por el contrario mi Lord, si acaso consigo dos monedas será un milagro, solo mírela, es horrenda

Rubeus la jaló frente a él haciendo que se tambaleara pero aún así la tomó por la mandíbula como si fuera una muñeca de trapo. Alzó su rostro hacia Lord Shields para que la viera bien, pero ella no levantó los ojos, se limitó a mantenerlos hacia abajo, casi cerrados, no debía ver a la aristocracia a los ojos, no debía siquiera tocar sus rostros con su mirada.

Lord Shields sintió que su corazón se apretaba... la recordó, recordó haber besado esos labios tan dulces, sintió en sus manos el calor de sus pechos suaves, era ella, la doncella a la que le había dado un pedazo de su corazón aquella noche en la mansión Moon.

-Si tanto deseas deshacerte de ella yo la compraré

-No, no mi Lord, temo que solo será una molestia para usted

-Insisto, si deseas venderla por tan solo 2 monedas te daré 10, puedes quedarte con 8 y entregar a tu señora las otras 2, nadie lo sabrá, solo tu y yo- le ofreció tentándolo con el dinero

Rubeus sintió la tentación, aceptó casi de inmediato.

-De acuerdo mi Lord si es lo que usted desea, aunque le advierto que la chica es horrible y tiene el hábito de ensuciarse cada mañana

-Viviré con ello, gracias por tan excelente trato

Tomó a la chica por el hombro violentamente y la giró hacia donde Lord Shields se dirigía arrojándola detrás de él, Lord Shields lo miró furioso y tomó a la chica por la muñeca con suavidad, arrojó las monedas a las manos de Rubeus y lo dejó atrás contando sus monedas y pensando en el licor que se compraría con ellas.

La subió al carruaje cubierto de terciopelo en su interior, era elegante y ella tan sucia que se sintió avergonzada, se encogió en el rincón opuesto en el suelo, no quería moverse ni darle ningún disgusto a su nuevo amo, ni siquiera se atrevió a levantar la vista para ver el rostro del que la había comprado por 10 monedas, ella no era tan valiosa, podría haber dado 5 y aun sentirse timado. Él la miró con ternura, tanto tiempo y verla así le hacía sentir un nudo en la garganta y un dolor en el pecho le atravesaba.

-¿Estas bien? Puedes sentarte en el asiento, no en el piso.- le propuso amable y con voz suave.

Silencio.

-¿Tienes sed, hambre o tienes algo de frio?

La chica solo movió la cabeza lentamente en señal de negación.

-Eres muy callada, así no podré tener una conversación contigo, dime ¿Cómo te llamas?- le animó con voz divertida.

-Se… Serenity

Su voz salió rasposa, con la diminuta fuerza de una voz que ha sido olvidada, incluso le dolió la garganta cuando pronunció su propio nombre.

-Serenity… es un hermoso nombre- le dijo casi en un susurro, intentado que sonara a caricias pero ella pareció imperturbable.

Silencio.

Lord Shields intentó sacarle palabras pero ella solo negaba o afirmaba con la cabeza y si decía algo eran monosílabos, no quiso ser insistente y el carruaje se sumió en silencio total.

Cuando pararon frente al portal de hierro forjado Serenity se atrevió a levantar la vista solo un poco para ver lo que su vista le permitía, un lugar verde parecido a la mansión Moon. Solo que ésta mansión era más como un castillo blanco con ventanas doradas, una fuente al frente tan blanca que lastimaba por su reflejo con el sol. Volvió a bajar la mirada preguntándose los horrores que ahí le esperarían. ¿Tendría que seguir siendo la chica sucia? O acaso ¿este hombre la tomaría cada noche? No quería pensar más en eso, la debilidad le llegó de pronto.

Él recordaba vívidamente aquella noche en que la conoció, tan hermosa, con su cabello rubio hermosamente recogido, sus ojos, aunque escondidos, azul como el cielo en primavera, Su cuerpo era tan delicado que le daba miedo tocarla con demasiada fuerza, pero esta vez su cabello era opaco, la delgadez de sus brazos le daba miedo, su rostro cansado escondía esos ojos sin expresión que le lastimaban.

Desde aquella noche no la había vuelto a ver, evitaba todas las reuniones de Neherenia que podía pero aun así cuando había asistido siempre la buscaba con la mirada sin éxito, en sus sueños la había hecho suya, él se había casi obsesionado con el recuerdo de tenerla en sus brazos, no lo calificaba de amor pero ella se había quedado con un trozo de su ser aquella noche. Se preguntaba si ella aún pensaba en él, aunque ni siquiera mostro indicio alguno de reconocerlo y eso lo decepcionó mucho.

Cuando bajaron del carruaje procuró ir detrás de su nuevo amo, no muy cerca para no sofocarlo con su olor, pero no tan lejos para que no creyera que huiría. Entraron en la mansión donde lo recibieron unos sirvientes generosamente ataviados, todos limpios y con sonrisas en sus rostros, cuando la vieron ella se sintió aún más diminuta al ver sus caras de lástima.

-Buenas tardes Lord Shields ¿Cómo estuvo su tarde en Humpthinton?

Uno de los empleados le quitaba el abrigo a sus espaldas mientras formulaba la pregunta.

-Ah Kunzite, todo iba bien hasta que me topé con Rubeus, ya sabes, el lamesuelas de Lady Neherenia, estaba vendiendo a esta chica ¿puedes creerlo?

-Me lo imagino mi Lord, no se preocupe le daremos el baño que esta chica se merece y le daré el uniforme, si me permite preguntar ¿en qué área de servicio estará ella?

-No mi viejo amigo, ella no será una sirvienta, será una amiga para Hotaru y mi protegida, asígnale una habitación y arregla con las mujeres para que le preparen todo lo que necesita para asearse.

-Por supuesto que si mi Lord

El caballero de cabello largo y blanco, de uniforme impecablemente blanco la llevó con él hacia un apartado de la casa, le asignó una habitación tal como el hombre al que se dirigían como Lord Shields le había encomendado. La dejó ahí y un ejército de mujeres entró con una tina que llenaron rápidamente con agua humeante en la que la sumergieron. Le restregaron todo el cuerpo, se sentía avergonzada pero ni un solo músculo de su cuerpo delató sus emociones, solo se dejaba hacer.

Le amarraron el cabello largo en dos coletas altas, el vestido azul que le pusieron apenas y le quedaba pues era extremadamente delgada, temía que en cualquier momento se le resbalara entre los hombros para caer al suelo y mostrara su desnudes.

Cuando bajó de nuevo vio al hombre de espaldas abrazando por los hombros a una chica de cabellos negros cortos hasta el hombro que le correspondía.

-Su Excelencia, la señorita Serenity Winston esta lista- le habló la mujer rubia, ama de llaves

-Minako, gracias, wow, han hecho un fantástico trabajo- Sonrió amable Lord Shields

-Solo hicimos lo que nos pidió excelencia, nada más, con permiso

-Endymion, ¿Quién es ella?- preguntó la chica de cabello negro

-Te presento a Serenity, era una esclava de la Duquesa Neherenia Moon

-Pobre chica, imagino lo que debió sufrir, por eso estás tan delgada seguramente- La chica se acercó a Serenity dandole un abrazo a su cuerpo que se veía tan frágil y delgado.

Serenity se limitó a permanecer corresponder el abrazo con la vista en el suelo, su rostro no dejaba ver ninguna moción.

-Serenity quiero presentarte a mi hermana Lady Hotaru Shields, espero que sean amigas

-Nos llevaremos muy bien- Aseguró la chica mientras la soltaba.

-Un placer excelencia- Serenity se inclinó en señal de respeto pero en ningún momento levantó la mirada.

Hotaru miró a su hermano con evidente lástima hacia la chica y le hizo una mueca para indicarle que no sabía qué hacer si ella no levantaba la mirada para verla así que se fue hacia el piano y comenzó a tocar una bella melodía.

Endymion puso su mano en la barbilla de la chica levantándole el rostro suavemente a lo que ella se dejó llevar.

-Mírame- le ordenó con voz suave y baja

Serenity no quería mirarlo, pero tampoco quería ser descortés y llevarse una paliza. Levantó su mirada y lo vio directamente a los ojos. Él exploró esos ojos inexpresivos, ella se enamoró en ese instante de la belleza del rostro del hombre, sus hermosos ojos azules como zafiros la atraparon pero no debía fiarse, nunca se sabía lo que había dentro de un hombre, podía haber sido generoso al darle un baño, una habitación y un vestido hermoso, pero sus intenciones no las conocía.

Perdieron la noción del tiempo, Endymion estaba deseoso por volver a besar esos labios pero Serenity estaba sumergida en el océano de sus ojos hasta que Hotaru interrumpió lo que para ellos era un momento mágico.

-¿No tienen hambre? Creo que Minako ya sirvió los platos deberíamos de ir- Hotaru se levantó cerrando la tapa del piano.

Endymion dio un respingo y alejó la mano del rostro de Serenity.

-Por supuesto, vamos.

Ofreció su brazo a Serenity que lo miró confundida, al ver que ella no hacía movimiento alguno por tomarlo del brazo él tomo la iniciativa tomándola por la mano y colocándole el brazo engarzándolo al suyo, por el otro brazo se colocó Hotaru feliz.

Para Serenity comer en el comedor principal era algo inimaginable, ni en sueños se atrevió a pensar en estar sentada junto a un hombre tan atractivo y galante y a una hermosa dama como Hotaru.

-Sere, dime ¿Cómo es que terminaste como esclava de Neherenia?- Preguntó Hotaru curiosa.

-No era algo que debía suceder, simplemente paso.- Ambos la miraron expectante, sintió sus miradas en ella por lo que tuvo que continuar- Mi madre murió cuando yo nací y mi padre me crio solo, pero debido a que yo estaba creciendo y había muchas cosas que no me expresaba se aficionó al juego… terminó perdiéndolo todo… sin proponérselo yo ya estaba dentro de la apuesta y me perdió- su rostro por primera vez demostró una emoción... dolor y resignación al mismo tiempo- no lo volví a ver y eso ya tiene 3 años, anteriormente estuve en otros mercados de esclavos cerca de Medio Oriente, después fui comprada y llevada a la casa que la duquesa, fue peor de lo que yo hubiera esperado, la bienvenida a la mansión no era exactamente lo que yo esperaba.

-¿Te refieres al baile de la cosecha?- Preguntó Endymion curioso por saber si lo recordaba

-Si, fue lo más horrible que me pude imaginar, pero un hombre, nunca supe quien fue, me salvó del conde Nephrite Metalia, la verdad no sé qué hubiera sido de mí si él no hubiera llegado a salvarme

-Que romántico- Comentó Hotaru

-¿Y supiste quién era?- Insistió Endymion

-No, nunca supe quién era y tal y como él lo dijo, era mejor no saberlo, de haberlo sabido me hubiera enganchado a una historia que jamás existió, solo deseo que esté bien. No volví a pensar en él hasta ahora, pero no hay mucho que pensar en realidad. Debía concentrarme en mis tareas, si cometía un mínimo error sería azotada por la duquesa, preferí no arriesgarme.

-Esa mujer es un demonio- Hotaru le dio la razón a Serenity, rabiosa por lo que ya sabía de la Duquesa Moon y por lo que debió pasar Serenity

Endymion por su parte sintió un pinchazo en el corazón, no había pensado en él luego de ese día, se decepcionó y le dolió pero sabía que podría volver a estar con ella en un futuro con toda seguridad.